9 de junio de 2008

Tierra Hueca -Madre de Todas las Conspiraciones Parte II - El Extraño Periplo del Almirante Richard E. Byrd - Débora Goldstern


EL EXTRAÑO PERIPLO DEL ALMIRANTE

RICHARD E. BYRD

Débora Goldstern©




Después del fracaso nazi en su intento por comprobar la realidad de su existencia, la teoría de la Tierra Hueca entró en un cono de sombras. En un mundo que transitaba la Era Atómica, y se despertaba a duras penas de los horrores de la Segunda Guerra, la mención de la Tierra Hueca no parecía ofrecer más que vagas tesis sin sustento, siendo considerado un capítulo cerrado, y cuyo tópico se adecuaba mejor al terreno de la Ciencia Ficción. Pero en menos de dos años, la infame teoría volvió al ruedo, y lo hizo por la puerta grande, de la mano de un afamado Almirante nativo de EE.UU, que continuando con la tradición instaurada por Symmes casi un siglo antes, fue el promotor “involuntario” de su regreso.

Antes de introducir al lector en el caso Byrd, debemos señalar que es a partir de aquí cuando la palabra conspiración asociada a la Tierra Hueca tiene lugar. En nuestra investigación de los hechos a exponer, encontramos desconcertantes pistas que apuntan en una sola dirección, la de manipular el asunto hasta lograr instalar en el público la falsa idea de un colosal ocultamiento gubernamental, que según dicen, se extendería hasta nuestros días. Una nueva mirada revela, que la tal mentada conspiración es producto de la complicidad de autores desencantados y proclives al sensacionalismo, entremezclados con oscuros personajes de afiliación nazi, donde para éstos un IV Reich aún es posible.

Quizás si el protagonista de esta historia no contara con credenciales tan importantes, el asunto se hubiera catalogado como “simple rumor” y de lo más descabellado, pero como el hombre vinculado a los sucesos de la Antártida no era un hombre cualquiera, aquello que comenzó como “rumor” abandonó la categoría de chisme, para transformarse con los años en “una cuestión de estado”.

Richard Evelyn Byrd, “nació en Winchester Virginia el 25 de octubre de 1888. Hijo de una familia de sólida raigambre sureña (era hijo del fundador de Richmond), Byrd estudió en la Universidad de Virginia para ingresar luego a la Academia Naval de los Estados Unidos, de la que egresó como guardiamarina a la edad de 24 años de edad. Aprendió a volar durante la Primera Guerra Mundial y se convirtió en un pionero de la aviación naval mundial. Su principal preocupación fue diseñar métodos para asegurar el vuelo sobre aguas abiertas, para la cual numerosos prototipos de instrumental, muchos de los cuales se siguen utilizando hoy día”. // “En 1925 se le confió el comando del equipo de vuelo de la famosa expedición ártica de MacMillian”. Un año después “Byrd y Floyd Bennet informado haber alcanzado el Polo Norte en su famoso vuelo transpolar[1] desde Spitzbergen”. A su regreso a Estados Unidos, luego de esta importante hazaña, Byrd recibió elogios, pero también críticas “le recriminaron, en particular, el regreso a la base antes de haber sobrevolado efectivamente el polo geográfico”. Evidencias posteriores darían por tierra con las afirmaciones iniciales de Byrd, ya que en realidad fue el noruego Roald Amundsen el primer explorador en llegar a destino.


“En 1927 atravesó el Océano Atlántico, desde Nueva Yory hasta llegar a La Mancha, a continuación del vuelo efectuado por Charles Lindbergh, unos días antes”. Para “1928 organizó su primera expedición antártica, instalando su base en las bahía de las ballenas y que llamó Little América”. Luego de recibir el título de Contralmirante en 1933 retornó a la Antártica estableciéndose durante “muchos meses en una estación metereológica ubicada en la plataforma de Ross. Decidió quedarse allí para evitar la llamada fiebre de los campamentos, queriendo estudiar las aureolas boreales y una serie de fenómenos metereológicos.
Todo este período, transcurridos en la noche antártica a temperaturas que alcanzaron a menudo los 80º C bajo cero, lo describe en el libro “Alone”.

Luego de esta experiencia en las soledades polares, la reputación de Byrd aumentó, y le fueron confiadas misiones cada vez más complejas, una de las cuales fue la Operación High Jump (1946-1947), de vital importancia para los intereses norteamericanos en la región. Se enviaron “4.700 hombres, embarcaciones y 15 aviones situados en el portaviones “Philippine Sea”. “El despliegue de tropas comenzó en el Mar de Ross –al sur de Nueva Zelandia - y llegó hasta el Polo Sur dividido en tres grupos” //”El grupo principal de reconocimiento aéreo magnético y fotográfico operó desde una pista continental construída para lanzar aviones DC3, adaptados para vuelos de largo alcance de relevamiento aerofotográfico”.[2]




Para comprender la Operación High Jump necesitamos profundizar en las motivaciones políticas de los Estados Unidos, finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Los norteamericanos “carecían de títulos históricos al territorio antártico y no había presentado reclamaciones oficiales, absteniéndose de reconocer las reclamaciones, que habían hecho los otros países fueran éstas basadas en el descubrimiento, derechos coloniales o continuidades o contigüidad geográfica. Este país enfatizaba –inicialmente- la necesidad de tener ocupación efectiva del territorio aludido, sin siquiera poder cumplir con esos requisitos ellos mismos”. Se concentraron “en conocer más acertadamente los recursos y riquezas que encerraba el continente y fortalecer sus aspiraciones frente a las de otros países europeos y latinoamericanos. En cuanto a su relación con los países antárticos latinoamericanos, ella se basaba en los planteamientos de la Guerra Fría y la necesidad de defender el continente frente a la amenaza comunista.”.[3]

Teniendo en cuenta este punto ya no resulta creíble pensar “que el propósito principal de la expedición es el adiestramiento de los hombres en temperaturas glaciares y determinar lo que pueden lograr los barcos, aeroplanos y equipos, incluyendo en efecto del disparo de las armas de fuego”, como declararon los miembros de High Jump ante los medios de comunicación. No existen dudas que el verdadero objetivo fue Geopolítico, ni más ni menos.

Por eso no resulta extraño que el Almirante Byrd dijera a un diario[4] sudamericano: “no intento asustar a nadie, pero la amarga realidad es que, de ocurrir una nueva guerra, los Estados Unidos serán atacados por aviones que volaran sobre uno a ambos polos”. Una observación en concordancia con la época.

Finalizada la Operación High Jump, se sucederían otras expediciones hacia la Antártida, aunque sin alcanzar la magnitud de ésta última.

La carrera militar de Byrd continuó brillando. Una de sus últimas intervenciones públicas fue en 1955 cuando comandó la Operación Big Freeze, que “estableció tres bases permanentes que aún existen y están habitadas: la Base Bahía de las Ballenas, la Base Mc Murdo Sound y la Base Admunsen-Scott en el Polo Sur. El Almirante Byrd “murió el 12 de marzo de 1957 a la edad de 68 años, y recibió durante su vida 22 condecoraciones, menciones y citaciones en despachos navales. Nueve de las condecoraciones fueron al coraje, y dos de ellas por salvar las vidas de otros. También se le dedicaron en vida tres desfiles en su honor. Entre las medallas recibidas por Byrd se encuentran la Medalla de Honor de la Marina, la Cruz de Servicio Distinguido (dos veces), la Medalla del Congreso al Rescate de Vidas, la Cruz de Vuelo Distinguido, la Legión al Mérito (dos veces) y la Gran Cruz Naval de los Estados Unidos”.

Bien. El lector que sigue el hilo de esta historia, más allá de las curiosidades redactadas se estará preguntando ¿Cuál es la relación de la Antártida con la Tierra Hueca? Y segunda inquietud ¿Dónde encaja Byrd en este punto? Pónganse cómodos y verán.


Todo comienza un año después del fallecimiento de Byrd. Un tal Francis Amadeo Giannini que se presenta como filósofo y científico, residente en Cambridge (Massachussets), da a conocer un trabajo de su autoría, (1959) “Mundos más allá de los Polos: Continuidad Física del Universo”.

Según Giannini “los extremos norte y sur de la Tierra, desde el punto de vista físico, no representan límites. La Tierra no puede ser circunnavegada en el sentido estricto del término. La afirmación es válida aunque ciertos vuelos catalogados como vuelta al mundo hayan contribuido a difundir la errónea idea según la cual la Tierra puede ser circunnavegada al norte y al sur.”. Para Giannini los Polos continuarían en otras tierras y el Planeta mismo formaría parte de un Universo Paralelo a su vez enlazado con otro, una eterna continuidad sin fin.

La creencia de Giannini se remonta a 1916, cuando siendo joven se perdió en un bosque de Nueva Inglaterra donde tuvo una visión. Guiado por una percepción extra -sensorial el descubrió que la Tierra no era redonda y que en realidad los Polos no existían como tales, sólo son meras ilusiones diría. En sus comienzos no creía en la existencia de la Tierra Hueca, pero la “revelación” lo convenció.


¿Alguna semejanza con Cyrus Teed?

Aunque recién pudo presentar su trabajo en 1959, Giannini no era un completo desconocido, ya que desde 1928 venía dando conferencias en Universidades de Estados Unidos, aunque sin obtener mucho eco acerca de sus ideas. Para que “Más Allá de los Polos” viera la luz debió disponer de fondos propios para la edición, ya que nadie se mostraba interesado en publicar su manuscrito. Podríamos pensar que estamos ante uno de los tantos libros hasta aquí reseñados, pero la particularidad de la obra de Giannini y que traza una diferenciación clara en cuanto a estudios anteriores, es que por primera vez presenta pruebas, “pruebas” que como el lector habrá adivinado, provienen del desaparecido Almirante Richard Evelyn Byrd.

Giannini fundamenta su hipótesis en dos viajes enigmáticos realizado por Byrd, a las regiones polares. Asevera, que durante esas travesías se hizo uno de los mayores descubrimientos mundiales, que fue silenciado por los Estados Unidos.

Como primera fecha se toma el 19 de Febrero de 1947.[5]

Según narra el escritor, Byrd se adentró 1.700 millas más allá del Polo Norte,[6]donde se topó con un territorio despejado de nieve, “compuesto por montañas, bosques, vegetación lujuriante, lagos y ríos. Refirió, además, haber vislumbrado, en medio de un boscaje, un animal semejante a uno de los mamuts hibernados por el Mar Glacial Ártico”. Para dar mayor verosimilitud a su historia, Giannini menciona un supuesto radiomensaje que le trasmitiera a Byrd a través de la Oficina de Investigaciones de la marina estadounidense en New York en el cual le desea “éxito para su empresa”. Agrega, que “al mismo tiempo, el Almirante Byrd anunciaba por medio de la prensa: “Querría ver la tierra más allá del Polo. Esa tierra es el centro de la Gran Incógnita”.
Durante esa misma época, un mes antes del “vuelo en cuestión, el autor, con la certeza de que Byrd habría efectivamente llegado más allá de ese punto imaginario que es el Polo Norte, habría vendido a una agencia internacional de prensa una serie de artículos sobre dicho asunto”.[7]

Nueve años más tarde, el 13 de Enero de 1956, Byrd volvió a efectuar un viaje de “2.700 millas, partiendo de la base de Mc Murdo, 400 millas al oeste del Polo Sur”, donde penetró 2.300 millas en una tierra que se extiende más allá del Polo”, según manifestara luego. Habría dicho: “Nuestra expedición ha encontrado un gran territorio nuevo”.[8]

Como si fuera poco Giannini cita además de Byrd, a otro descubridor, el capitán George Hubert Wilkins (1888-1958), un explorador polar y aviador australiano, quién en diciembre 12 de 1929 habría avistado “esas tierras desconocidas”, durante su estancia en el Polo Sur.[9]

Si se esperaba que Más Allá de los Polos causara algún revuelo, eso no aconteció, el libro pareció condenado de entrada y nadie le prestó mayor atención; pero cuando ya se esperaba un certificado de defunción, sucedió el milagro, la providencia apareció y se encarnó en la figura de Ray Palmer.


Nativo de Winsconsin, Ray Palmer (1910-1977), fue desde su juventud un fanático confeso de la literatura de Ciencia Ficción. Durante su infancia sufrió un accidente que derivó en una operación de su médula espinal, dando como resultado una disminución en su estatura. Debido a esta particularidad, con el tiempo se lo reconocería como el gnomo de las “pulp fiction”.
Su dedicación al género lo llevaría a dirigir una de las publicaciones más populares de la década del 30’, “Amazing Stories”, que bajo su tutela alcanzaría un gran éxito. Para comprender el interés de Palmer en la obra de Giannini hay que referirse a Richard Sharpe Shaver.



Cuenta la leyenda que un día comenzaron a llegar a la redacción de “Amazing Stories” extrañas cartas escritas por Shaver quién decía “que a través de su herramienta de soldadura, había escuchado durante años las voces de los Deros, extraños seres obsesionados con el sexo y la tortura, que no lo dejaban en paz. Estas conversaciones habían llevados a Shaver a cometer actos desesperados que le habían valido pasar temporadas en hospitales psiquiátricos como en prisión. Y precisamente cuando el estaba en la cárcel, cierto día, una mujer se materializó ante Shaver y gracias a una tecnología desconocida, lo llevó a conocer un mundo secreto en el interior de la tierra y también recibió explicación de los orígenes de esa raza.




De acuerdo con Shaver, la tierra estuvo habitada, en algún tiempo por dos razas parecidas a los Dioses, los Titanes y Atlantes, quienes construyeron unas civilizaciones monumentales. Un cambio en la radiación del sol obligó a los superseres a refugiarse debajo de la tierra, a fin de protegerse de los rayos del sol. No obstante, incluso esta solución resultó solo temporal y los Titanes y Atlantes tuvieron que abandonar tierra, dejando el planeta en manos de la inferior raza humana. Algunos de los seres humanos hallaron camino a las cavernas subterráneas de las superrazas y empezaron a jugar con la maravillosa maquinaria dejada por estas. Los resultados fueron desastrosos, pues la radiación emanada por las máquinas afectó a esas personas en algo que Shaver llamó “Detremital Robots” o “Deros”. Los malvados Deros llegaron a controlar la maquinaria y la utilizaron para provocar accidentes, desapariciones y toda clase de cosas desagradables en la superficie de la tierra. Casi todo mal podía atribuirse a las acciones de los Deros. Ahora los Deros no eran más que idiotas sádicos que poseían la avanzadísima tecnología de los Titanes, la cual usaban para aumentar sus placeres carnales durante las orgías que celebraban constantemente ya que era adictos a ellas. También, se decía que los Deros utilizaban esa tecnología para torturar los humanos que raptaban de la superficie y a lo Teros (Robots Integrativos) descendientes buenos de los antiguos Titanes, muy inferior en número que sus degenerados hermanos”.


Valga decir que los relatos de Shaver causaron gran conmoción, y sedujeron a miles de lectores en todo el país que agotaron las tiradas de “Amazon Stories”. La mezcla de civilizaciones desaparecidas aderezadas con connotaciones sexuales, resultó un cóctel explosivo que Palmer utilizó en su provecho, consiguiendo aumentar la circulación del magazín. Por lo bajo se dijo que si bien la idea era de Shaver, las historia en sí fue pulida por el propio Palmer. Aunque las ventas se dispararon, la historia de Shaver fue destrozada por los críticos, y se convirtió con el tiempo en una pesada carga para los fundadores de “Amazon Stories”, que no soportaron la pérdida de prestigio, dando por finalizada su relación con Palmer. Ni lerdo ni perezoso, el “gnomo del pulp”, inició otro proyecto que bautizó “Fate”, centrado en los fenómenos paranormales. La revista tuvo su bautismo de honor cuando en la primavera de 1948, un tal Kenneth Arnold[10], “publicó en el primer número de “Fate” su artículo “I did See the Flying Saucer”. Una vez que la narración de Arnold se conoció, la publicación se agotó de inmediato.
Las repercusiones fueron enormes, y Ray Palmer se transformó en el primer promotor de temática ovni a nivel mundial, y en uno de sus más fervientes defensores. Con los ovnis bajo el brazo, Palmer decidió hacer otra jugada, ideando una nueva revista “Flying Saucers from Other World” (1957), donde el libro de Giannini encontraría finalmente cobijo. Palmer no tardó en comprender que la tesis de la Tierra Hueca presentaba un enorme atractivo que bien explotado ayudaría a ganar nuevos subscriptores. Sin embargo consideró que para que la historia se difundiera con mayor celeridad, necesitaba incorporar un nuevo elemento, por lo cual incluyó en el combo “Tierra Hueca-Byrd”, a los ovnis, su más reciente descubrimiento.

Armado del manuscrito de Giannini, Palmer dio comienzo a su cruzada. El primer artículo consagrado al tema se publicó en diciembre de 1959 (“Los platillos voladores proceden de la tierra. Un desafío al secreto”)

¿Conocemos realmente la Tierra? ¿No existe alguna zona de ella que pueda ser considerada como origen de los platos voladores? En mi opinión hay dos. Las zonas más importantes son en el Ártico y el Antártico. Los dos vuelos del almirante Byrd prueban que la conformación de nuestro globo tiene, en las proximidades de las regiones polares algo “extraño” // “Los pla tos voladores podrían proceder de esas tierras desconocidas situadas más allá de los polos. En opinión de los redactores de nuestra revista, la existencia de esos territorios no puede ser negada por nadie si se consideran los hechos relativos a las dos expediciones a que nos hemos referido”. // “El extraordinario libro escrito por Giannini nos ofrece la única posibilidad de demostrar que definitivamente la Tierra tiene, tanto en el Polo Norte como en el Polo Sur, una extraña conformación. No está necesariamente hueca de un extremo a otro, pero se presenta como uno de sus pasteles llamados “bombas” cuando se los ha freído más de la cuenta, de modo que presenta una profunda depresión en cada extremidad, como un gigantesco neumático montado. Ningún ser humano ha volado jamás directamente sobre el Polo Norte y ha continuado en línea recta. El director de esta revista piensa que ello debe ser llevado a cabo, einmediatamente. Para eso tenemos aviones. Además, está convencido de que una expedición aérea de ese tipo no se concluiría en una de las regiones que circundan el Polo, exactamente en el punto opuesto al de la partida. La navegación no debe, empero, se efectuada utilizando la brújula o las triangulaciones sobre los mapas existentes, sino empleando solamente la brújula giroscópica, que permite mantener una dirección fija, sin desviaciones de rumbo desde el momento de la partida hasta el momento del aterrizaje. Y no sólo de una brújula giroscópica de plano horizontal, sino también de una de plano vertical (que servirá una vez que se haya entrado en la abertura polar). Se trata de un punto de partida, indudablemente positivo”.[11]

“Los resultados de años de investigación que les presentamos en este número nos permiten enunciar la posibilidad de que los platos voladores no pertenezcan a nuestro planeta ni proceden, tampoco, del espacio atmosférico o interplanetario. Una enorme cantidad de pruebas nos demuestra la existencia de un lugar DESCONOCIDO y de gran extensión que (podemos afirmarlo con certeza) no ha sido aún explorado”. // “Según los redactores de Flying Saucers, de ahora en adelante quién pretenda discutir el origen polar de los platos voladores deberá hacerlo con pruebas y hechos concretos. Todo mentís deberá ser acompañado de pruebas válidas. Flying Saucers estima que se pueden suministrar tales pruebas. Nuestra revista sugiere a todos los grupos interesados en los platos voladores estudiar el problema desde el punto de vista según el cual la Tierra es hueca, reunir todos los elementos disponibles en los últimos doscientos años que apoyen este modo de ver e investigar atentamente todos los elementos que pongan en duda dicha teoría”. // “La cuestión de los platos voladores se ha convertido en la más importante de la historia actual. Los graves interrogantes que hemos planteado en este artículo exigen una respuesta clara. El almirante Byrd arribó a un nuevo y misterioso territorio, “el centro de la Gran Incógnita”, y cumplió, al mismo tiempo, el más grande descubrimiento de todos los tiempos. Lo sabemos por sus propias palabras, palabras de hombre cuya rectitud fue siempre intachable y cuya mente era una de las más brillantes de los tiempos modernos. Quién pretenda calificarlo de embustero que dé un paso adelante: ¡pero pruebe cuanto diga! ¡Los platos voladores proceden de la Tierra!

La segunda estocada de Palmer, se produjo dos años después , en marzo de 1962. Un nuevo artículo ilustró las páginas de Flying Saucers. (“El Polo Norte: Ulteriores testimonios sobre las misteriosas tierras polares – Doscientos años de exploraciones han llevado a los rusos a una nueva concepción del Polo que supera todos los conocimientos geográficos hasta ahora aceptados. Se cuenta con pruebas indiscutibles”).

“La exploración y la investigación han puesto en claro que una gran extensión de superficie terrestre, y consiguientemente una vasta zona desconocida podrían ser incluidas, en los años, en el ámbito de los conocimientos del hombre. Es una afirmación realmente apabullante. Reflexionemos acerca de su verdadero significado. Sostiene que no solo la exploración sino también la “investigación” han demostrado que una gran extensión de superficie terrestre y, CONSIGUIENTEMENTE, una vasta zona desconocida, podrían ser incluidas, en los próximos años, en el ámbito de los CONOCIMIENTOS del hombre. En pocas palabras: más allá de las zonas que podemos comprender y conocer mediante la exploración hay un vasto ámbito ignoto que podremos incluir en el conocimiento humano por medio de la investigación”. // “En otras afirmaciones, los rusos destacan las “perspectivas de desarrollo” del casquete polar. Tal casquete, si nos atenemos a las concepciones dominantes, no es más que un océano de hielo. ¿Qué perspectivas de desarrollo? ¿Cubitos de hielos para nuestros drinks? No por cierto. Debe haber posibilidades más lisonjeras, las posibilidades que oculta un enorme territorio desconocido, todavía por descubrir y desarrollar de punta a punta”. // “Incumbe a los opositores de la teoría de la existencia de una “tierra misteriosa en el Polo” demostrar que la misma es falsa; incumbe a ellos demostrar la veracidad de sus tesis: pero tales tesis han recibido golpes definitivos de parte de los científicos y exploradores de las dos máximas potencias mundiales”.

Palmer asumió el asunto de la Tierra Hueca como una cuestión de personal, y recibió la tesis de Giannini con los brazos abiertos. Un almirante condecorado y famoso, anexado con fantásticos aparatos voladores de una civilización desconocida residente en los Polos, era la historia soñada que hacía delirar a los lectores. Pero aunque Palmer logró interesar a una nueva audiencia con un viejo tema, los interrogantes aumentaban si se tomaban las afirmaciones de Giannini al pie de la letra, detectándose ciertas incongruencias en cuanto a fechas, que el hacedor de Flying Saucers decidió soslayar. Como ejemplo tomemos la época del primer viaje de Byrd hacia esas tierras desconocidas en el Polo Norte. Según escribe Giannini este periplo se realizó en febrero de 1947, pero hay dos inconvenientes para aceptar esta postura. En primer lugar en la fecha citada, Byrd se encontraba en plena operación High Jump, que finalizó en abril de ese año. Y en segundo lugar ¿cómo hizo para pasar de la Antártida al Artico? Matemáticamente es imposible que Byrd se haya trasladado en cuestión de horas de un polo a otro. Claro que si el Almirante descubrió un corredor dimensional oculto que le facilitó el trayecto, la cosa cambia, pero si se descarta este principio, el relato de Giannini sigue sin convencer.

Ninguno de estos cuestionamientos desalentó a Palmer, quién por años continuó con su cruzada. Una década después, a principios de los 70’, sobrevino la recompensa. Sucedió que la “Administración del Servicio de Ciencia del Medio Ambiente (ESSA), perteneciente al Departamento de Comercio de los Estados Unidos, proporcionó a la prensa unas fotografías del Polo Norte tomadas por el satélite ESSA-7 el 23 de noviembre de 1968. Una de las fotografías mostraba al Polo Norte cubierto por la acostumbrada capa de nubes; la otra, q ue mostraba la misma zona sin nubes, revelaba un inmenso agujero donde hubiera debido estar el Polo Norte”. Había estallado la controversia. Rápido de reflejos Palmer publicó las polémicas tomas en Flying Saucers y anunció que las imágenes correspondían a la Tierra Hueca. En números sucesivos se dedicó a reflotar el mito, captando nuevamente la atención pública.


Como era su costumbre Palmer ignoró las explicaciones oficiales[12] sobre las fotografías, y se dedicó a los ataques gubernamentales. Existía una conspiración y se ocultaba a los ciudadanos la verdad. El enigma que llegó para quedarse continuó perpetuando la fantasía de una tierra hueca y habitada. Ahí estaban las fotos, los dichos de Giannini, y el convencimiento de Palmer. Pero si los escépticos dudaban, un miterioso diario daría por tierra con las dudas existentes, diario, que haría acallar las críticas porque en él estaba la firma de Richard E. Byrd.


ARCO IRIS
Ciudad de los blancos arios

Cuando los ecos de los comentarios de Ray Palmer aún resonaban en las mentes de los cultores de la Tierra Hueca, sobrevino otro golpe de suerte, un nuevo regalo para los creyentes y signo de aliento para mantener la frente en alto ante las críticas despiadadas que despertaba una tesis tan resistida. Se conoció un diario, sendas páginas manuscritas firmadas por el Almirante Byrd. Como si se tratase de una reliquia invalorable, el relato fue preservado en la sombra por fieles seguidores, que luego de una meditación profunda decidieron darlo a conocer. La magia de Internet obró en forma de milagro, y la enigmática narrativa de uno de esos vuelos secretos se expandió por el mundo. Por fin la prueba definitiva. ¡Larga vida a las oquedades polares¡

Vayamos a los Diarios perdidos de Byrd.

“Debo escribir este diario a escondidas y en absoluto secreto. Se refiere a mi vuelo Ártico del 19 de febrero del año 1947. Vendrá un tiempo en el que la racionalidad de los hombres deberá disolverse en la nada y entonces se deberá aceptar la inevitable Verdad. Yo no tengo la libertad de divulgar la documentación que sigue, quizás nunca verá la luz, pero debo, de cualquier forma, hacer mi deber y relatarla aquí con la esperanza de que un día todos puedan leerla, en un mundo en el que el egoísmo y la avidez de ciertos hombres ya no podrán suprimir la Verdad".

..."Extensiones de hielo y nieve bajo nosotros, vistas coloraciones amarillentas con dibujos lineales. Alterada la ruta para un mejor examen de estas configuraciones coloreadas, también vistas coloraciones violáceas y rosadas". "Tanto la brújula magnética como la aguja giroscópica comienzan a girar y a oscilar, no nos es posible mantener nuestra ruta con los instrumentos. Señalamos la dirección con la brújula solar, todo parece aún en orden. Los controles parecen lentos en la respuesta y en el funcionamiento, pero no hay indicación de congelamiento".

..."29 minutos de vuelo transcurridos desde el primer avistamiento de los montes, no se trata de una alucinación. Es una pequeña cadena de montañas que nunca habíamos visto antes".

..."Además de las montañas hay algo que parece ser un valle con un pequeño río o riachuelo que discurre hacía la parte central. ¡No debería haber ningún valle verde aquí abajo! ¡Hay algo decididamente extraño y anormal aquí! ¡Deberíamos sobrevolar sólo hielo y nieve! A la izquierda hay grandes bosques en las laderas de los montes. Nuestros instrumentos de navegación todavía giran como enloquecidos".

..."Altero la altitud a 1400 pies y efectúo un giro completo a izquierda para examinar mejor el valle que está debajo. Es verde con musgo e hierba muy tupida. La luz aquí parece diferente. No soy capaz de ver el Sol. Damos otro giro a la izquierda y avistamos algo que parece ser algún tipo de gran animal. ¡Se parece a un elefante! ¡¡¡NO!!!. ¡Parece ser un mamut! ¡Es increíble! ¡Sin embargo es así!


Descendemos a cota 1000 pies y uso un prismático para examinar mejor al animal. Está confirmado, se trata de un animal semejante al mamut".

…"Encontramos otras colinas verdes. El indicador de la temperatura exterior marca 24º centígrados. Ahora seguimos sobre nuestra ruta. Los instrumentos de abordo, ahora, parecen normales. Quedo perplejo ante sus reacciones. Intento contactar el campo base. La radio no funciona".

…"El paisaje circundante parece nivelado y normal. Delante de nosotros avistamos aquello que parece ser ¡¡¡una ciudad!!! ¡Es imposible! El avión parece ligero y extrañamente flotante. ¡Los controles se niegan a responder! ¡Dios mío! A nuestra derecha y a nuestra izquierda hay aparatos de extraño tipo. Se aproximan y algo irradia de ellos. Ahora están bastante cerca para ver sus insignias. Es un símbolo extraño. ¿Dónde estamos? ¿Qué ha sucedido? Otra vez tiro decididamente de los mandos. ¡¡¡No responden!!!Estamos atrapados firmemente por una especie de invisible cepo de acero".

..."¡Nuestra radio grazna y llega una voz que habla en inglés con acento que parece decididamente nórdico o alemán!. El mensaje es: - Bienvenido a nuestro territorio, Almirante. Os haremos aterrizar exactamente dentro de siete minutos. Relajaros, Almirante, estáis en buenas manos -. Me doy cuenta de que los motores de nuestro avión están apagados. El aparato está bajo un extraño control y ahora vira sólo".

..."Recibimos otro mensaje radio. Estamos iniciando la maniobra de aterrizaje y en breve el avión vibra ligeramente comenzando a descender como sostenido por un enorme, invisible, ascensor".


..."Algunos hombres se están aproximando, a pie, al avión. Son altos y tienen el pelo rubio. A lo lejos hay una gran ciudad destellante, vibrante con los colores del arco iris. No sé lo que sucederá ahora, pero no veo trazas de armas sobre los que se aproximan. Ahora oigo una voz que me ordena, llamándome por mi nombre, de abrir la puerta. Ejecuto".

Después de estos apuntes, sacados del "diario de abordo", el Almirante anota lo que sucede:

..."De este punto en adelante escribo los acontecimientos que siguen, volviéndolos a llamar a la memoria. Esto asienta la imaginación y parecería una locura sino hubiese acaecido verdaderamente.

El técnico y yo fuimos sacados del avión y acogidos cordialmente. Luego fuimos embarcados sobre un pequeño medio de transporte semejante a una plataforma pero sin ruedas. Nos condujo hacia la ciudad destellante con extrema celeridad. Mientras nos aproximábamos, la ciudad parecía hecha de cristal. Alcanzamos en poco tiempo un gran edificio, de un estilo que nunca, antes, había visto. ¡Parecía haber salido de los diseños de Frank Lloyd Wright, o quizás más precisamente de una escena de Back Rogers!

Nos ofrecieron un tipo de bebida caliente de algo que nunca había saboreado. Era deliciosa. Después de unos 10 minutos, dos de nuestros sorprendentes anfitriones vinieron a nuestro alojamiento, invitándome a seguirlos. No tenía otra elección que obedecer. Deje a mi técnico-radio y caminamos un poco hasta entrar en aquello que parecía ser un ascensor. Descendimos durante unos instantes, el ascensor se paró y la puerta se deslizó hacia arriba silenciosamente. Proseguimos luego por un largo corredor iluminado por una luz rosa que parecía emanar de las mismas paredes.

Uno de los seres hizo señal de pararnos ante una gran puerta. Encima de esta había una inscripción que yo no estaba en grado de leer. La gran puerta se deslizó sin ruido y fui invitado a entrar. Uno de los anfitriones dijo: - No tenga miedo, Almirante, vais a tener un coloquio con el Maestro. – Entré y mis ojos se adecuaron lentamente a la maravillosa coloración que parecía llenar completamente la estancia.

Entonces comencé a ver aquello que me rodeaba. Aquello que se mostró a mis ojos era la vista más sorprendente de toda mi vida. En efecto, era demasiado magnifica para poder ser descrita. Era deliciosa. No creo que existan términos humanos capaces de describirla, en cada detalle, con justicia. Mis pensamientos fueron interrumpidos dulcemente por una voz cálida y melodiosa: "Le doy la bienvenida a nuestro territorio, Almirante".

Ví un hombre de facciones delicadas y con las señales de la edad sobre su rostro. Estaba sentado en una mesa grande. Me invitó a sentarme en una de las sillas. Después de sentarme, unió la punta de sus dedos y sonrió. Habló de nuevo dulcemente y dijo cuanto sigue: - Lo hemos dejado entrar aquí porque usted es de carácter noble y bien conocido en el mundo de superficie, Almirante-. ¡Mundo de superficie! ¡Casi quede sin aliento!


"Si - recalcó el Maestro con una sonrisa - Usted se encuentra en el territorio de los Arianos, el Mundo sumergido de la Tierra. No retardaremos mucho su misión y seréis acompañados de vuelta sobre la superficie y además sin peligro. Pero ahora, Almirante, le diré el motivo de su convocación aquí. Nuestro interés comenzó exactamente inmediatamente después de la explosión de la primera bomba atómica por parte de vuestra raza sobre Hiroshima y Nagashaki, en Japón. Fue en aquel momento inquietante cuando expedimos sobre vuestro mundo de superficie nuestros medios voladores.

Los Flugelrads, para investigar sobre aquello que vuestra raza había hecho. Esta es, obviamente, historia pasada, Almirante, pero permítame seguir. Vea, nosotros nunca, antes de ahora, habíamos interferido en las guerras y en la barbarie de vuestra raza, pero ahora debemos hacerlo en cuanto vosotros habéis aprendido a manipular un tipo de energía, la atómica, que no es, de hecho, para el hombre. Nuestros emisarios ya han entregado mensajes a las potencias de vuestro mundo y sin embargo estas no los atienden.

Ahora usted ha sido elegido para ser testigo de que nuestro mundo existe. Vea, nuestra cultura y nuestra ciencia están miles de años por delante de las vuestras, Almirante". Lo interrumpí: "¡Pero todo esto que tiene que ver conmigo, Señor!". Los ojos del Maestro parecían penetrar de forma profunda en mi mente y después de haberme estudiado un momento, contestó: "Vuestra raza ha alcanzado el punto de no retorno, porque hay algunos, entre vosotros, que destruirían todo vuestro mundo antes que renunciar al poder, así como lo conocen…".

Asentí y el Maestro continuó: "Desde 1945 en adelante, hemos intentado entrar en contacto con vuestra raza pero nuestros esfuerzos han sido acogidos con hostilidad: se hizo fuego contra nuestro Flugelrads. Si, hasta fueron seguidos con maldad y animosidad por vuestros aviones de combate. Así ahora, hijo mío, le digo que hay una gran tempestad en el horizonte, para vuestro mundo, una furia negra que no se extinguirá durante varios años. No habrá defensa con vuestras armas, no habrá seguridad en vuestra ciencia. Asolará hasta que cada flor de vuestra cultura haya sido pisoteada y todas las cosas humanas sean dispersadas en el caos. La reciente guerra ha sido solamente un preludio a cuanto todavía debe advenir a vuestra raza.

Nosotros, aquí, podemos verlo más claramente a cada hora... ¿Cree que me equivoco?" "No - contesté - ya ha sucedido una vez en el pasado; llegaron los años oscuros y duraron 500 años". "¡Si, hijo mío - replicó el Maestro - los años oscuros que llegarán ahora para vuestra raza, cubrirán la Tierra con un paño mortuorio, pero creo que alguno, entre vosotros, sobrevivirá a la tempestad, más que esto no sé!. Nosotros vemos en un futuro lejano emerger de nuevo, de las ruinas de vuestra raza, un mundo nuevo en busca de sus legendarios tesoros perdidos y estos estarán aquí, hijo mío, al seguro en nuestro poder. Cuando llegará el momento apareceremos para ayudar a vivir vuestra cultura y vuestra raza.

Quizás, para entonces, habréis aprendido la futilidad de la guerra y de su lucha... y después de aquel momento una parte de vuestra cultura y ciencia os serán restituidas para que vuestra raza pueda recomenzar. Usted, hijo mío, debe volver al Mundo de Superficie con este mensaje…".

Con estas palabras decisivas, nuestro encuentro parecía llegar a término. Por un momento me pareció vivir un sueño... y, sin embargo sabía que aquella era la realidad y por alguna extraña razón me incline levemente, no sé si por respeto o humildad. De improviso me di cuenta de que los dos fantásticos anfitriones, que me habían conducido aquí, estaban de nuevo a mi lado. "Por aquí, Almirante", me indicó uno de Ellos.

Me giré una vez más antes de salir y miré al Maestro. Una dulce sonrisa estaba impresa en su anciano y delicado rostro. "Adiós, hijo mío", me dijo e hizo un gesto suave con su grácil mano, un gesto de paz y nuestro encuentro llegó definitivamente a su fin. Salimo s rápidamente de la estancia del Maestro por la gran puerta y entramos otra vez en el ascensor. La puerta descendió silenciosamente y nos movimos inmediatamente hacía lo alto.

Uno de mis anfitriones habló de nuevo: "Ahora debemos apresurarnos, Almirante, en cuanto el Maestro no desea retardar más vuestro programa previsto y debéis volver a vuestra raza con su mensaje". No dije nada, todo esto era casi inconcebible y, una vez más mis pensamientos se interrumpieron apenas nos paramos. Entré en la estancia y estuve de nuevo con mi técnico-radio. Tenía una expresión ansiosa sobre su rostro. Acercándome dije: "Todo esta bien, Howie, todo esta bien".


Los dos seres nos señalaron el medio en espera, salimos y pronto alcanzamos nuestro avión. Los motores estaban al mínimo y nos embarcamos inmediatamente. La atmósfera, ahora, estaba cargada de un cierto aire de urgencia. Cuando la puerta estuvo cerrada, el avión fue inmediatamente transportado a lo alto por aquella fuerza invisible hasta que alcanzamos los 2.700 pies. Dos de los medios aéreos estaban nuestros flancos, a una cierta distancia, haciéndonos planear a lo largo de la vía del retorno. Debo remarcar que el indicador de velocidad no indicaba nada, sin embargo nos estábamos moviendo muy rápidamente.

...Recibimos un mensaje radio: "Ahora os dejamos, Almirante, vuestros controles están libres. ¡¡¡Wiedersehen!!! Miramos por un instante los Flugelrads, hasta que desaparecieron en el cielo azul pálido. El avión pareció, de improviso, capturado, por una corriente ascensional. Tomamos inmediatamente el control. No hablamos durante un rato, cada uno de nosotros estaba inmerso en sus propios pensamientos.

...Sobrevolamos nuevamente extensiones de cielo y nieve, a unos 27 minutos del campo base. Enviamos un mensaje radio, nos contestan. Tenemos condiciones normales... normales. Del campo base expresan alivio por haber establecido nuevamente el contacto.

...Aterrizamos suavemente en el campo base. Tengo una misión que cumplir.

...11 de marzo de 1947. He tenido, apenas, un encuentro de Estado Mayor en el Pentágono. He relatado enteramente mi descubrimiento y el mensaje del Maestro. Todo ha sido debidamente registrado. El Presidente ha sido puesto al corriente. Me retienen algunas horas (exactamente 6 horas y 39 minutos). Soy cuidadosamente interrogado por las Top Security Forces y por un equipo médico. ¡¡¡Es un tormento!!! Me ponen bajo estrecho control de los medios de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América. Me recuerdan que soy un militar y que, por consiguiente, debo obedecer las órdenes.

...Última anotación: 30 de diciembre de 1956. Estos últimos años, transcurridos desde el 1947 hasta hoy, no han sido buenos... He aquí, pues, mi última anotación en este singular diario. Concluyendo, debo afirmar que, debidamente, he mantenido secreto este argumento, como se me ordenó, durante todos estos años. He hecho esto contra todo principio mío de integridad moral. Ahora siento aproximarse la gran noche y este secreto no morirá conmigo, sino, como toda verdad, triunfará.

Esta es la única esperanza para el género humano. ¡He visto la verdad y esta ha revigorizado mi espíritu donándome la libertad! He hecho mi deber con relación al monstruoso complejo industrial militar. Ahora la larga noche comienza a aproximarse, pero habrá un epílogo. Como la larga noche del Antártico termina, así el sol brillante de la verdad surgirá de nuevo y aquellos que pertenecen a las tinieblas perecerán a su luz...

Porque yo he visto "Aquella Tierra más allá del Polo, aquel Centro del Gran Desconocido"


Que un militar de carrera como Richard Byrd se atreviera a dejar este supuesto testimonio recogido en forma de diario, es toda una declaración de principios y una alerta ante el proceder de su propio gobierno en cuanto al manejo de información comprometedora. Pero como vamos a demostrar a continuación, el supuesto relato no es más que un medio utilizado para instalar en el público una idea siniestra, donde el nombre de Byrd es mencionado como garantía de credibilidad. Los pasajes resaltados son la clave para desentrañar el engaño, que ya contabiliza casi dos décadas. Pongamos al descubierto a los maestros titiriteros, los verdaderos artífices de la operación bautizada: DIARIO SECRETO DEL ALMIRANTE BYRD.

Al grano.

Primera observación:

..."¡Nuestra radio grazna y llega una voz que habla en inglés con acento que parece decididamente nórdico o alemán

Segunda Observación:

..."Algunos hombres se están aproximando, a pie, al avión. Son altos y tienen el pelo rubio. A lo lejos hay una gran ciudad destellante, vibrante con los colores del arco iris
Tercera Observación:

Almirante Ud. se encuentra en el territorio de los Arianos, el Mundo sumergido de la Tierra


Cuarta Observación:

"Desde 1945 en adelante, hemos intentado entrar en contacto con vuestra raza pero nuestros esfuerzos han sido acogidos con hostilidad: se hizo fuego contra nuestro Flugelrads. Si, hasta fueron seguidos con maldad y animosidad por vuestros aviones de combate



Quinta Observación:

"Ahora os dejamos, Almirante, vuestros controles están libres. ¡¡¡Wiedersehen!!! Miramos por un instante los Flugelrads, hasta que desaparecieron en el cielo azul pálido

Hasta aquí tenemos:

· Acento alemán
· Hombres altos y de pelo rubio
· Territorio de los Arianos (Ciudad Arco Iris)
· Flugelrads (Extrañas máquinas voladoras similares a los actuales ovnis)
· Auf wiedersehen! (Significa Adiós en idioma alemán)

Pensemos: arios, rubios, acento alemán. ¿Se les ocurre alguna asociación? ¿O necesitan más pistas? Porque si el lector aún no se convence, tenemos más datos para aportar, como por ejemplo la verdadera procedencia del misterioso diario. Sí como leyeron, la verdadera procedencia, en la que nada tiene que ver el Almirante Byrd. No siempre todos los caminos conducen a Roma, algunos se desvían, como en este caso, hacia la Alemania de Hitler, que en su época engendró el Tercer Reich.



Para comenzar a desandar el camino debemos referirnos a ISCE (Internacional Society for a Complete Earth) de origen norteamericana, que se proclama dedicada al estudio del “mundo interior” o sea, la Tierra Hueca. Los inic ios del ISCE se remontan a 1977. La fundación de la organización se le atribuye a un Capitán alemán, apodado Ritter von X que durante Segunda Guerra prestó servicio como oficial naval para el Tercer Reich. En 1943 se lo asignó al grupo de flotillas de UBoat, que durante dos años luchó contra los aliados hasta decretar su rendición en 1945. Pero al Currículum de Ritter se agrega un dato curioso ya que “misterioso Capitán” alega haber participado ese mismo año, en un viaje a la Antártida, junto a Maximilian Hartman, hombre escogido por el mismísimo Führer, para esconder algunos tesoros de importancia, entre los cuales estaría una de las reliquias más importantes de la tradición cristiana, la Lanza Santa o de Longinos. Como es nuestra costumbre antes de proseguir reflexionemos sobre los dichos de Ritter.




Hasta ahora sabemos que fue un oficial de la marina alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Comandó un submarino y además tuvo involucrado en el ocultamiento de la Lanza Santa en territorio antártico. Como si fuera poco Ritter declara que en 1979 organizó una nueva expedición a la Antártida, auspiciada por capitales anónimos, cuyo objetivo principal fue recuperar la Lanza ocultada en 1945. La operación habría culminado con éxito, siendo la lanza una vez encontrada, trasladada a Europa. Menciona también a la Orden Santa de los Caballeros y la Lanza Sagrada, conformada después de la operación y actuales custodios del tesoro. La increíble historia no cayó en saco roto, sino que el material de Ritter fue tomado como fuente por Howard A. Buechner para redactar tres libros sobre el tema: “El Regreso de la Santa Lanza”, “Adolfo Hitler y los Secretos de la Santa Lanza” y “Las Cenizas de Hitler”. Según contara Buechner, un retirado coronel de la armada norteamericana, fue el propio Ritter quién lo puso al tanto de los sucesos de la Lanza, que se presentó con el seudónimo de Wilhelm Bernhart

Semejantes antecedentes colocan a Ritter como una de las figuras centrales del affaire Byrd, y es seguramente su pluma la que se pude detectar en el supuesto diario, aunque pensamos que el Capitán, de la cual se ignora su verdadera identidad, no es el único responsable en la redacción del material. Ritter, es parte de un colectivo que sigue directivas muy precisas, una de las cuales es recuperar el espíritu nazi, manteniéndolo vivo para la posteridad. En cuanto a la difusión del diario, Ritter entregó el material, que no sabemos como llegó a su poder, a Daniel Weiss, quién lo sucedió en la dirección del ISCE. Este suceso tuvo lugar en 1984.

Si pensaban que está historia estaban concluida, no contaban con la presencia de un personaje peculiar. Un nuevo aspirante al trono de los poseedores del diario secreto ¿o se creían que Ritter era el único iluminado? Agenden en su libreta a Harley Byrd, para más datos, nieto del famoso Almirante.


El bueno de Harley salió al ruedo a mediados de los 90’. Comenzó a prestar su testimonio a quién quisiera escucharlo, alegando estar en posesión del diario secreto de su difunto abuelo le fue entregado el mismo día de su fallecimiento. Si la memoria no falla hablamos de 1957. O sea que Mr. Harley esperó casi cuarenta años para darlos a conocer. Aunque el material presentado no difiere del de Ritter, tiene algunos detalles extras que le agregan más color a los escritos. Según Harley su “abuelo”, vio en la supuesta ciudad “Arco Iris” no solo a los seres altos, y rubios, con acento alemán, (Aryans), quiénes hicieron “pintar las svásticas en sus discos de vuelos”, sino que además observó a otras criaturas extrañas morando en la ciudad, como sasquatch, y grises grandes y pequeños ¿extraterrestres?
Uno de los acompañantes del Almirante tomó notas de la experiencia y curiosamente se refieren a él como de origen alemán.

Podemos imaginar la repercusión de semejante versión. Resistimos efectuar un análisis profundo. Si algún lector osado se atreve, después me avisa.


Podríamos darnos por satisfechos con lo aquí expuesto, pero creemos que podemos brindar un poco más. Una última relectura del diario agrega un nuevo motivo de duda, e invita al descarte definitivo del material. El crédito de este descubrimiento se lo adjudica Dennis Crenshaw, otro norteamericano apasionado por la Tierra Hueca y que tiene una página en Internet. A diferencia de sus colegas, Dennis tiene una visión más abierta, y algo crítica del asunto. En su excelente artículo El diario secreto del Almirante Byrd ¿realidad o ficción?, Dennis pone las cosas en claro.


En un párrafo del susodicho diario se habla que Byrd es recibido por un anciano sabio dentro de Ciudad Arco Iris, que le entrega un mensaje oral para ser elevado al Mundo de la Superficie. El venerable Maestro le profetiza que si los hombres no abandonan la carrera armamentista, se sucederá una catástrofe que sepultará la civilización actual.

“Nosotros, aquí, podemos verlo más claramente a cada hora... ¿Cree que me equivoco?" "No - contesté - ya ha sucedido una vez en el pasado; llegaron los años oscuros y duraron 500 años". "¡Si, hijo mío - replicó el Maestro - los años oscuros que llegarán ahora para vuestra raza, cubrirán la Tierra con un paño mortuorio, pero creo que alguno, entre vosotros, sobrevivirá a la tempestad, más que esto no sé! Nosotros vemos en un futuro lejano emerger de nuevo, de las ruinas de vuestra raza, un mundo nuevo en busca de sus legendarios tesoros perdidos y estos estarán aquí, hijo mío, al seguro en nuestro poder. Cuando llegará el momento apareceremos para ayudar a vivir vuestra cultura y vuestra raza”.

El amigo Crenshaw tiene un pálpito y cree reconocer la fuente original para tan inspirada narración. Pide a un colega que le alcance una vieja cinta realizada en 1937, Horizontes Perdidos, film clásico basado en el libro homónimo de James Milton.

“Horizontes Perdidos”, es una bella alegoría sobre Shangri-La, remota comunidad oculta en las montañas del Himalaya, donde sus habitantes no envejecen y viven en perpetua armonía. Volviendo a Dennis, una vez que la película llegó a sus manos se puso a revisar las escenas, hasta encontrar el pasaje justo que enlaza con el encuentro de Byrd. La similitud surge en el momento que el protagonista, tiene una audiencia con el Dalai Lama dentro de Shangri-La.

Desgraciadamente esta autora no cuenta con el material fílmico para verificar la sospecha de Crenshaw, pero si tiene el libro de Hilton, un viejo ejemplar de la editoria l española Plaza & Janes, el cual recurrimos a consultar. En las páginas 219-220 se revela la cruel verdad.

Maestro: -“La tormenta …, esta tormenta de que usted habla. Será tal como el mundo no habrá visto jamás. No habrá salvación por la armas, ni socorro por las autoridades, ni cobijo en el silencio”.-

Conway: -“No, creo que es posible que tenga Ud. razón” // “Ya ha sucedido un choque semejante y la época de la oscuridad duró 500 quinientos años”-

Maestro: -“Y la edad oscura que surgirá ahora cubrirá con sus tinieblas toda la Tierra” // “Creo que usted. sobrevivirá a la tormenta … Y luego, durante la época de la desolación, continuará viviendo, haciéndose más viejo, más sabio y más paciente. Conservará la fragancia de nuestra historia y añadirá a ella los frutos de su cerebro. Acogerá benévolamente a los extraños y les enseñará las reglas de la edad y de la sabiduría … Y uno de esos extranjeros le sucederá a usted cuando sea excesivamente viejo. Más allá de eso mi visión se debilita, más me parece ver muy lejos a un nuevo mundo alzándose en las ruinas humeantes, elevándose llenos de esperanza en el futuro y buscando entre los escombros sus perdidos y legendarios tesoros … Y vosotros hijos míos, continuaréis aquí”.-

Como apostilla agreguemos que James Hilton escribió “Horizontes Perdidos” en 1937, diez años antes del supuesto vuelo de Richard E. Byrd.


[1] El avión fokker trimotor bautizado”Josephine Ford.”
[2] Se tomaron 70.000 fotografías de la Antártida e islas adyacentes
[3] “En 1947, USA firmó un Tratado de Asistencia Recíproca (TIAR), obligándose a defender el Hemisferio Occidental incluido el sector antártico- de intromisiones extra-continentales”.
[4] Sobre este punto en un foro se menciona que “al leer el microfilm, del Mercurio (Diario de Chile) del 5 de Marzo de 1947 en la biblioteca nacional, el tema ufológico se esfuma, y también en grado menor el asunto de una misteriosa conspiración” // Lo real y verificable, es que Byrd no menciona objetos voladores (flying object), sino que Estados Undios podría ser atacada por aeronaves hostiles desde uno o ambos polos, es decir bajo un contexto de guerra fría Byrd profetiza en forma genial y responsable, la amenaza nuclerar sobre USA, que en el futuro próximo de 1947, sobre polo norte, representaría por parte de la fuerza aérea rusa con el bombardero radial, por ejemplo un avión cruzando el Pacífico sobre el buque Mount Olympus (difícil en 1947 pero no imposible). Uno de los participantes se pregunta “¿Por qué esa entrevista no apareció en otros diarios de Australia, USA o de otros países?”. http://extrados.mforos.com/1278849/3522088-fotografia-satelital-detecta-anomalia-en-la-antartica-highjump/?pag=2
[5] “Hay algunas personas que afirman haber visto un noticiario sobre dicha expedición al Polo Norte, en el que se veían “sus montañas, árboles, ríos y un gran animal identificado como mamut. Una mujer escribió a Ray Palmer acerca de este noticiario, asegurando que lo había visto en White Plañís, New Cork, en 1929”. Pero la fecha no coincide con el supuesto primer viaje de Byrd al Polo Norte.
14 Un vuelo que le insumió siete horas.
[7] Según Giannini la Oficina de Informaciones de marina militar le habría realizado una visita después de la publicación
de esos artículos.
[8] Marzo de 1956
[9] Giannini declaró que estuvo con Wilkins en la expedición que este realizara en 1928 al Polo Norte, un año antes del
pretendido avistamiento. Alega haber ayudado en la confección de la carta de navegación de ese viaje.
[10] “El 24 de junio de 1947, Kenneth Arnold, un industrial de Boise (Idaho) de 32 años de edad, volaba en su avioneta desde Chehalis a Yakima en el Estado de Washington. Arnold retrasó en una hora su llegada a Yakima para participar en la búsqueda de un transporte C-46 de la Marina de los Estados Unidos, que se suponía se había estrellado en las proximidades del Monte Rainer. Cuando sobrevolaba los montes Cascade a una altura aproximada de 3.000 metros, Arnold observó una serie de flashes brillantes a su izquierda. Se movían en formación, a enorme velocidad, en dirección del Monte Rainer. Eran nueve objetos discoidales que estaban a una distancia aproximada de 30 ó 40 kilómetros, medían unos quince metros de diámetro y se desplazaban a una velocidad estimada a 2.700 kilómetros por hora, algo totalmente imposible para los aparatos convencionales de la época. La observación duró entre dos y tres minutos”. Con el avistamiento de Arnold, se inicia la era de los ovnis en la época moderna.
[11]
En “La Tierra Hueca: el mayor descubrimiento geográfico de la historia”, Raymond Bernard (1969), se hace referencia a un extraño incidente que casi hace fracasar la distribución de este ejemplar. Escribe Bernard que “cuando el camión llegó paraentregar al editor las revistas que venían de imprenta, ¡no había revistas en el camión! El editor (el señor Palmer) llamó por teléfono al impresor y descubrió que no había recibo de que se hubiera hecho un envío. Como había pagado las revistas, el editor pidió al impresor nuevas copias, pero las matrices no estaban disponibles y aparecían tan dañadas, que no fue posible hacerlo. ¿Dónde estaban las miles de revistas? ¿Por qué no había recibo de envío? Si se hubieran perdido o enviado a una dirección errónea, tendrían que haber aparecido, pero no fue así. Como resultado, 5000 suscriptores no recibieron la revista. Un distribuidor que recibió 750 copias para vender en su kiosco, desapareció junto con las revistas. Las había recibido con el encargo de devolver las que no se vendieran, pero nunca se recuperaron. Ya que la revista desapareció por completo, se volvió a publicar y se envió a los suscriptores varios meses más tarde”.
[12] Se supone que “la fotografía es un mosaico de imágenes de televisión tomadas por el satélite durante 24 horas, que muestran la Tierra desde diversos ángulos. Las imágenes fueron procesadas por una computadora y unidas de modo que formasen una visión total de la Tierra como si el observador se hallase en un punto directamente encima del Polo. Durante esas 24 horas, todos los puntos en las latitudes ecuatoriales y medias recibieron luz solar durante algún periodo de tiempo, y aparecen iluminados en la fotografía compuesta. Pero las regiones cercanas al Polo estaban en ese momento sumidas en la oscuridad permanente del invierno ártico. Por ello hay un área no iluminada en el centro de la foto”.

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