17 de junio de 2008

Tierra Hueca -Madre de Todas las Conspiraciones -Parte III - Raymond Bernard - El Gurú de la Tierra Hueca


Raymond Bernard
El Gurú de la Tierra Hueca
Débora Goldstern©



El nombre de Raymond Bernard es sinónimo de Tierra Hueca. De todas las obras hasta aquí reseñadas, ninguna alcanzó tanto suceso y supuso una gran influencia, como el libro que este autor publicara a mediados de los 60’ bajo el título de “Tierra Hueca: el mayor descubrimiento geográfico en la historia”. Podemos decir que Bernard realizó la mejor compilación, además de establecer una visión más esotérica y mística que sus anteriores divulgadores. Todos aquellos que se inician en la teoría de la Tierra Hueca, utilizan su trabajo como referencia de cabecera, y sus capítulos son citados como si de la Biblia se tratara. A diferencia de sus predecesoras, la obra de Bernard resulta difícil de ignorar, y hasta sus más encarnizados enemigos deben aventurarse en su lectura, si se desea entender el porque de su fascinación actual. En nuestro caso no solo vamos a adentrarnos en los pormenores de esta obra, sino, que intentaremos buscar referencias sobre su autor, empresa que adelantamos como difícil. Comencemos con lo segundo. Y sí, somos algo masoquistas.

Una de las primeras cosas que destacan de Tierra Hueca: el mayor descubrimiento geográfico en la historia, es precisamente el nombre de su autor, Raymond Bernard. Pero, ¿qué lo que hace tan especial? Supondríamos que al buscar datos sobre este escritor encontraríamos valiosa información de tan singular narrador, pero nuestra fe es puesta a prueba al advertir la inexistencia de una hoja de vida, fechas, y anteriores trabajos acerca del perfil de Raymond Bernard. Ninguna de las ediciones que esta autora pudo consultar de tan famoso libro, reseñan una sola línea sobre la identidad de Bernard. ¿No es extraño que después de varias reimpresiones sigamos sin conocer al hombre tras el libro? Tampoco contamos con fotografías. Desde ya suponemos que Raymond Bernard es un seudónimo, pero ¿de quién? La primera conexión apunta a la Antigua y Mística Orden Rosacruz (AMORC). Brevemente diremos los rosacruces son un movimiento que se dice nació en los templos sacerdotales egipcios, y se consideran así mismos como descendientes de los desaparecidos atlantes, establecidos en las riberas del Nilo, luego de un violento cataclismo. Perpetuarían los ritos y tradiciones de esa cultura olvidada y aún no reconocida.



Raymond Bernard (1913-2006) comenzó como su carrera en la orden, bajo la tutela del famoso Imperator Ralph C. Lewis. En 1959 es nombrado Gran Maestre para la Orden Rosacruz Francesa, cargo que conservó hasta 1977. Ese mismo año expande su liderazgo hacia Europa y Resto del Mundo. Cesa sus actividades para la Orden en 1986. Bernard legó un extenso catálogo de obras escritas, destacándose como un exquisito narrador, cualidad que se refleja en dos de sus trabajos más recordados, El Imperio Invisible (alegoría sobre Agartha) y Las Mansiones Rosacruces. Su candidatura como el autor tras La Tierra Hueca estaría más que fundamentada. La orientación ideológica, el pensamiento místico que lo acompaña, y el nombre Orden Rosacruz, son elementos suficientes para establecer una correspondencia, pero el problema surge cuando al revisar en la Bibliografía de Bernard se intenta encontrar el título en cuestión. No hay indicios de Tierra Hueca, ninguna mención. Algún amante de las conspiraciones podría sugerir que Bernard no quiso arriesgar su reputación, y prefirió no revelar su participación en el tema.

Pero utilizando algo de lógica podríamos preguntar, porque un refinado Gran Maestro de una de las Orden más famosas del Mundo se involucraría en un trabajo que desde el vamos se aleja del espíritu rosacruz. Que se sepa la Ufología nunca fue un tópico dominante en sus enseñanzas, salvo que Bernard se haya permitido un desliz, pero para ser sinceros lo dudamos. Debe saber el lector, que fueron enviados varios mails a las sedes Rosacruces tanto de Argentina como el exterior, con el objetivo de satisfacer nuestra duda, no recibiendo jamás respuesta alguna a nuestra inquietud. No estamos seguros si debemos interpretar el desaire como “afirmación” o “negación”. Pero después de un largo coloquio con la almohada tenemos el presentimiento que el Gran Maestre no es el hombre en cuestión. Y la pregunta del millón es ¿quién? A no desesperar que en la manga escondemos un segundo candidato.

Para tratar de resolver el enigma acudimos a los escritos de Dennis Crenshaw, a quién ya conocimos, quién presenta el testimonio del que fuera secretario del misterioso Bernard, Guy C. Harwood, y a Walter Kafton Minkel, que realizó una extensa investigación sobre el caso, publicando sus conclusiones en un trabajo que diera a conocer en 1989: “Subterranean Worlds: 100.000 years of dragons, dwarts, the dead, los races & UFOs from inside the Earth”. También consultamos el libro de Alan Baker: “Invisible Eagle: The History of Nazi Ocultism” (2000). Estos tres autores consideran que tras la fachada de Raymond Bernard se esconde la personalidad del Dr. Walter Siegmeister.

Según los datos recogidos, Siegmeister nació en New York, EE.UU (1901). La familia de Walter eran inmigrantes judíos de origen ruso. Su padre se desempeñaba como cirujano, y eso tal vez explique la fascinación que desde temprana edad sintió por la “reproducción sexual del hombre , y el aparato reproductivo de la mujer”. Walter se convirtió más tarde en un aplicado estudiante de la Universidad de Columbia, donde se especializó en Eugenesia, Bioquímica y Endocrinología, obteniendo una beca de grado, luego un Master y después un Doctorado en estas disciplinas. Durante su estadía en Alemania se interesó por las virtudes de la lecitina, utilizada en los alimentos como emulgente de las grasas. La lecitina era considerada como un suplemento nutricional y se la tenía como un excelente regenerador celular. De regreso a Estados Unidos decidió comercializar la sustancia presentándola en forma de jarabe líquido para consumo. De inmediato surgió la controversia. Una entidad gubernamental, la Administración de Comida y Droga (FDA), acusó a Siegmeister de fraude, y levantó una demanda en su contra por venta ilegal de lecitina, que decían no tenían ninguna propiedad terapéutica. A pesar de estos obstáculos Siegmeister fue absuelto por la justicia, lo cual no impidió que siguiera bajo sospecha oficial por sus actividades.

Después del entuerto legal, Siegmeister decidió tomar una nueva identidad, que desde entonces pasó a ser conocida como la de Raymond Bernard. Como la persecución no cesaba, el recién bautizado Bernard abandonó los Estados Unidos y viajó hacia Centroamérica, estableciendo cuartel en Puerto Rico. Por ese entonces las creencias de Siegmeister pasaban por un obsesivo interés en el rejuvenecimiento del cuerpo, equilibrándolo con una dieta sana. En un curioso ensayo, “Menstruación. Su Causa y Cura”, sostenía que ese proceso fisiológico femenino podía desaparecer si se reducía la frecuencia de relaciones sexuales, proponía una vez al año, e ingiriendo comidas naturales a base de vegetales.
Espiritualmente se sentía atraído por los Esenios, secta religiosa del siglo I (a.c.), que retirados a orillas del Mar Muerto (Israel), practicaban el naturismo y celibato. Rechazaba en cambio su ascendencia judía, y tampoco compartía el catolicismo.

En Puerto Rico se relacionó con una vidente, apodada Payita. Esta mujer tuvo una gran importancia en su vida e influyó en sus posteriores estudios. Según Payita, una entidad que se denominó la Diosa (Gran Madre), se le aparecía en sus visiones. Al parecer La Diosa creo una raza de supermujeres en Urano, que se reproducían por partogénesis, sin necesidad de contacto masculino. El problema se presentó cuando nació una “hembra defectuosa”, que resultó ser un hombre, posteriormente conocido como Lucifer. Su progenie de corrupción se expandió por todo el sistema solar, hasta alcanzar la Tierra. Allí fue establecida una raza de casi 4 metros de alto (Terras-uranitas), que se establecieron en la Atlántida. Después de un violento cataclismo se refugiaron en la Tierra Hueca. Los sobrevivientes serían los actuales homo sapiens que degeneraron por las radiaciones. Payita también predijo que en 1965 se produciría una hecatombre nuclear. Serían salvos aquellos que rechazaran el apego al dinero, no tuvieran sexo y solo ingirieran vegetales. Ayudados por los Terras del interior, serían llevados a Marte en sus discos espaciales. ¡Se prohíbe cualquier comentario, que esto aún no termina!

Estas revelaciones trascendentales llevaron a Bernard a marcharse al Ecuador,[1] ingresando en el país en 1941. Allí tomó contacto con un viejo amigo, John Wierlo con el que decidió iniciar una comuna experimental. La idea era formar una nueva raza, que apartada de la sociedad se erigiría como modelo a seguir. Junto con cuarenta seguidores, se establecieron en la selva ecuatoriana.

En las cartas que Siegmeister escribiera a su secretario Guy C. Harwood se revelan los objetivos perseguidos por la colonia.

“¡Una nueva raza nace! Una nueva esperanza para la Humanidad amanece en un mundo oscurecido por los horrores de la guerra, y por la reversión de una gran parte de la Humanidad civilizada en una nueva forma de barbarismo mecanizado. Cuando una vieja raza degenera y se dirige rápidamente a la destrucción, la mano benéfica de la Naturaleza viene a la ayuda de la Humanidad creando una nueva mutación de la especie humana en forma de pioneros de una nueva y mejor raza. Lo mismo ocurrió en épocas históricas pasadas, cuando civilizaciones más viejas se tambalearon, y sus razas degeneraron mientras nuevos pioneros surgieron para crear un futuro mejor en su medio, para acomodar en la existencia una nueva raza”. // “La civilización es verdaderamente como un barco en hundimiento; y al menos que una minoría sea llevada en un bote salvavidas, desarrollando gradualmente una nueva raza, no habrá esperanza para la Humanidad.

Necesitamos hoy una nueva Arca y un nuevo Noé, para salvar a los dignos de ahogarse con los demás, y de ellos encontrar una nueva raza. Nosotros nos damos cuenta que es imposible poner a toda la Humanidad presente en un Arca, para la mayoría como ésos, el día de Noé será sordo a tal apelación. Ello viven el hoy, y no pueden mirar más allá del mañana. Pero hay ciertos individuos aquí y allá, que escucharán y responderán a tal llamada, ellos serán salvados de la destrucción emigrando a una Nueva Tierra donde establecerán las colonias que serán Cunas de una Nueva Raza. Es a tales pioneros que este mensaje es dirigido”.

“Cada persona que se une a nuestro movimiento debe considerarse a sí mismo, creador potencial de una Nueva Raza, y debe prepararse para la paternidad eventual de nuevos niños de la Raza. Además debe consagrar su vida a traer Super- niños al mundo. Esta debe ser nuestra religión y nosotros debemos estar dispuestos a sacrificarnos para su realización”. // “No es que tratamos de salvar a la Humanidad presente trayendo un sin número de personas fuera de nuestra civilización para establecer colonias, pero nuestra meta es acercarlos a una nueva idea religiosa eugenésica de crear un nuevo Mesías para salvar a la Humanidad de la degradación y reversión al barbarismo”.

“La ubicación exacta de nuestra colonia será mantenida en secreto. Esto es por muchas razones. Primeramente no deseamos que meros buscadores de curiosidades violen nuestra intimidad. Nosotros no deseamos personas que malinterpreten nuestras enseñanzas, o que no tengan serias intenciones para aplicarlas. Admitimos que hay personas buenas que no desean hacer los sacrificios necesarios para alcanzar la meta en la que estamos trabajando”.

Dentro de la comuna no se utilizaba el dinero, muchos optaban por el celibato y la dieta era estricta. Como fiel soldado de su ideología, Siegmeister renunció al aseo personal, y la mayoría del tiempo organizaba expediciones en busca de una entrada alternativa a la Tierra Hueca. Según algunos rumores de la época, el excéntrico doctor frecuentaba maestros tibetanos residentes en la región y hasta se lo hizo protagonista de sucesos milagrosos, como por ejemplo la habilidad de caminar por el agua. Más tarde Wierlo negaría esta “supuesta habilidad”, aduciendo un fraude orquestado por el propio Siegmeister.


Entrada la década de los 50’, Siegmeister abandona los placeres de la jungla para retomar a los Estados Unidos, donde se dedica a escribir sobre temas naturistas. Aún receloso por los antiguos problemas con la justicia de su país, opta por un nuevo alias para darse a conocer, el de Dr. Uriel Adriana. Esta vez decide vender el material por correspondencia. En 1955 fallece su madre , heredando un importante dinero. Ya sin preocupaciones materiales, Siegmeister-alias Bernard-Uriel, elige viajar a Brasil para continuar con su búsqueda espiritual, lugar que lo inspiraría a escribir su trabajo más famoso. Sin embargo antes de lanzarse a la redacción de Tierra Hueca, publica una antesala del tema bajo el sugestivo nombre de “Escape desde la Destrucción: como sobrevivir en la Era Atómica” (1956). Allí, alerta sobre el uso de la energía nuclear y las terribles consecuencias de producirse un abuso en la utilización, que mal empleada provocaría radioactividad en la atmósfera, envenenamiento de los alimentos y contaminación del agua. Propone como única posibilidad de supervivencia, refugiarse en el interior de la Tierra Hueca además que los extraterrestres intervendrán en la catástrofe atómica, trasladando algunos elegidos en sus platos voladores hacia Marte, para continuar con la raza humana.

Tal vez inspirado por los nuevos aires sudamericanos el doctor Siegmeister se transformó en un escritor voraz. De aquella época, mediados de 1956, datan: “Danger we all face: The Radioactive Peril”, “DeadScrolls and the Life of the Ancient Essene”, “Apollonius The Nazarene: Mystery Man of the Bible”, títulos de carácter apocalíptico, y donde da rienda suelta a viejas obsesiones espirituales. Luego de esta diversidad de temas decide dedicar todos sus esfuerzos al asunto de la Tierra Hueca. El despegue se produce en 1957. Según él mismo relata “mientras curioseaba las estanterías de una librería en San Pablo, fijó su atención en un libro intitulado “From the Subterraneam World to the Sky: Flying Saucer” (“Del mundo subterráneo hacia el cielo: los platos voladores”). El autor de este texto era O.C. Huguenin. Según la tesis por él propuesta, los OVNI no son naves espaciales procedentes de otros planetas, sino que son de origen terrenal y pertenecen a una raza que vive en el interior de la Tierra”. Huguenin del cual nada sabemos, estaba en relación con altos mandatarios de la Sociedad Teosófica de Brasil, quienes fueron los promotores en su país de esta corriente. Sus principales aliados eran el Comandante Paulo Justino Strauss y el profesor Enrique José de Souza. Strauss era un “oficial de la marina de guerra brasileña y miembro, del comité directivo de la Sociedad Teosófica”. Este militar estaba convencido que “el origen de los OVNIS es terrenal y que los mismos no proceden de ninguna de las naciones conocidas.

En sus conferencias exclamaba que “debemos tomar en consideración la teoría más reciente y mas interesante que nos ha sido ofrecida para explicar el origen de los platos voladores: la existencia de un gran Mundo Subterráneo, con numerosas ciudades en las que viven millones de habitantes. Esta otra humanidad debe haber alcanzado un elevadísimo grado de civilización, una organización económica y social, un desarrollo cultural y espiritual con relación a los cuales la humanidad que vive en la superficie de la Tierra puede ser considerada una raza de bárbaros. Han de ser muchos los que se sorprendan ante la existencia de tal Mundo Subterráneo. A algunos les parecerá absurdo e imposible porque si existiera verdaderamente –argüirán- hace ya mucho tiempo que habría sido descubierto”.”Muchos Otros críticos señalan que la existencia de un mundo habitado dentro de la tierra resultaría imposible debido a la creencia que la temperatura aumenta en razón directa de la profundidad, y por ende que el centro de la tierra es una masa de fuego. Sin embargo, este aumento de temperatura no significa que el centro de la tierra sea de fuego, ya que puede ser una extensión limitada y surgir de las cavidades subterráneas, como los volcanes y arroyos calientes, situados en determinados niveles. Debajo de éstos, la temperatura vuelve a bajar a medida que se desciende más. La hipótesis de que la temperatura aumenta con el descenso en la corteza terrestre sostiene que esto ocurre hasta una profundidad de ochenta kilómetros (en la capa superficial de la tierra)”.

Huguenin quién prácticamente basó toda sus hipótesis en los postulados de Strauss decía “que el mundo subterráneo no se limita a cavernas, sino que es más o menos extenso y está situado en un hueco dentro de la tierra, lo suficientemente grande para contener ciudades y campos, donde viven seres humanos y animales de estructura física parecida a los de la superficie. Entre los habitantes, hay determinadas personas que vinieron de la superficie, descendieron y nunca retornaron, como el Coronel Fawcett y su hijo Jack”. ¡Textual!


Tratando de descifrar el misterio del mundo subterráneo, Huguenin se “pregunta como habrán surgido estas maravillosas ciudades subterráneas y la civilización avanzada. Responde que los constructores y la mayoría de los habitantes del mundo subterráneo son miembros de una raza antediluviana, proveniente de los continentes prehistóricos, sumergidos, Lemuria y Atlántida, que se refugiaron allí de la inundación que destruyó sus tierras de origen” “Sostiene que los habitantes de la Atlántida, mucho más avanzado que nosotros en desarrollo científico, volaron en aeronaves con el uso de una forma de energía directamente obtenida de la atmósfera, conocida como “vimanas”, idénticas a lo que, conocemos como platillos voladores. Antes de la catástrofe que destruyó Atlántida, sus habitantes hallaron refugio en el mundo subterráneo en el interior hueco de la tierra. Llegaron hasta allí con sus “vimanas”, o platillos voladores, por medio de las aberturas polares. Desde entonces, esos platillos voladores han estado en la atmósfera interior de la tierra y han sido utilizados, como medio de transporte de un punto a otro del cóncavo mundo inferior. En aquel mundo dentro de la corteza terrestre, una línea aérea recta es la distancia más corta entre dos puntos, sin importar a qué distancia estén. Después de la explosión atómica de Hiroshima, estas aeronaves salieron a la superficie por primera vez. Se las denominó platillos voladores”.


Tanto Huguenin como Strauss tenían como se dijo, activa vinculación la Sociedad Teosófica, de la cuales eran miembros regulares. Liderando la poderosa sociedad que en el siglo XIX fundara la esotérica rusa Helena Petrovna Blavatsky, se encontraba Henrique José de Souza.


Nacido (1913-1965) en San Salvador, Bahía, estado del norte de Brasil, Souza era hijo de una acomodada familia dedicada a la exportación, y actividades teatrales. Debido a la muerte de su padre, abandonó sus sueños de convertirse en médico, para pasar asumir el control de los negocios heredados. Desde muy joven se interesó en el mundo espiritual, siendo su primer acercamiento la escuela de Samyama, donde se estudiaba filosofía oriental. En 1924 funda Dhâranâ Sociedad Mental Espiritualista, que en 1928 transforma en Sociedad Teosófica Brasilera, y que más tarde mutó a Sociedad Brasileira de Eubiose. Su escuela templo se establecería en la en Barra de las Grazas estado de Mato Grosso, en la ladera sur de la famosa Sierra del Roncador.



De Souza creía que Brasil era una especie de tierra prometida, donde surgiría una nueva raza más avanzada. Eubiosis era una nueva concepción y estado mental, que abogaba por el “pleno funcionamiento de los siete centros, vórtices o uniones del cuerpo humano como más perfecta unión de la energía”. Esta probable evolución se desarrollaría en tres regiones de Brasil: Sierra Mantiqueira, Isla de Itaparaca y en la Sierra del Roncador. En esos lugares “se hallarían embocaduras o accesos (pasajes interdimensionales) hacia el espacio localizado en el ulterior del planeta” o sea un verdadero mundo subterráneo. Souza profetizaba la llegada de un nuevo Avatar, que conduciría esta transición, que denominó Maitreya. Durante su vida de Souza mantuvo correspondencia con Mario Roso de Luna, teósofo español, de gran renombre, y del que tradujo varias obras. De todos los libros que escribió destaca, “El verdadero camino de la iniciación” (1940), donde narra que el patriarca Noe, después del diluvio se refugió en Agartha. En 1955 una publicación de la época, “O Cruzeiro”, se hizo eco de un rumor que decía que Souza fue visitado por una aeronave de procedencia desconocida, tripulada por seres de alta estatura, que lo condujeron a una incursión intraterrena. Esta información fue divulgada por Joâo Martin[2] de la citada revista.
Ese mismo año, O Cruzeiro, en sintonía con estos temas, hizo público un reportaje al comandante Paulo Strauss, donde por primera vez enunciaba su teoría sobre la existencia de un mundo subterráneo.


Siegmeister absorbió todos estos conceptos, que luego impregnarían su mítico libro. La lectura de Huguenin lo llevó a conocer a de Souza, con quién trabó amistad. En 1960 da a conocer Agartha: el mundo subterráneo, cuya continuación sería Platos Voladores desde el interior de la Tierra (presentando los estudios de Gardner, Marshall y Olaf Jansen), culminando la saga, con La Tierra Hueca (1964) donde fusionaría todos estos relatos en uno solo. En esta trilo gía Bernard entregaría sus hipótesis, en base a los trabajos ya comentados de Huguennin, Strauss, y De Souza. También sería clave el libro de Ferdinand Ossedowsky, Bestias, Hombres y Dioses, uno de los primeros escritores europeos que se interesó por el misterio de las tradiciones asiáticas acerca del mundo subterráneo, y que fue de gran influencia en su tiempo. Otro nombre que se cuela en su obra es Carl Huni, naturalista norteamericano con quién Siegmeister aseguró mantener correspondencia.

Según Huni:

“La entrada a las cavernas está vigilada por los indígenas muercego, una raza de tez morena, tamaño pequeño y extraordinaria fuerza física. Su sentido del olfato está más que desarrollado que el de los mejores sabuesos. Aunque aprueben a una persona y le permitan entrar a las cavernas, me temo que esa persona estaría perdida para el mundo conocido, porque guardan el secreto con mucho cuidado, y tal vez no le permitan salir. Los indígenas murcego viven en cavernas y salen a la noche a las junglas que los rodean, pero no tienen contacto con los habitantes subterráneos. Estos habitan una ciudad subterránea donde forman una comunidad de población considerable que se autoabastece. Se cree que los habitantes de la Atlántida construyeron las ciudades subterráneas. Una cosa es segura: no le llegarán residuos radioactivos. Nadie sabe si aquellos que viven en las antiguas ciudades subterráneas de la Atlántida son los mismos habitantes u otros que se establecieron allí luego que los constructores originales se fueron. El nombre de las montañas donde existen estas ciudades es Roncador, en el nordeste de Matto Grosso. Si alguien va en busca de una de esas ciudades, debe responsabilizarse de su propia vida, pues tal vez nunca regrese, como le ocurrió al Coronel Fawcett”.

“Cuando estuve en Brasil, oí hablar mucho sobre estas cavernas y ciudades subterráneas. Sin embargo están muy lejos de Guiaba. Están cerca del río Araguaya, que desemboca en el Amazonas. Están al nordeste de Guiaba, al pie de una cadena montañosa increíblemente larga llamada Roncador. Desistí de investigar más porque oí que los indígenas murcego vigilan con gran celo, la entrada a los túneles, de personas que no están suficientemente evolucionadas, pues no quieren problemas. Básicamente no quieren a nadie que todavía esté engarzado en la comercialización y ambicione el dinero”. // “También hay cavernas en Asia, que mencionan los viajeros del Tíbet, pero hasta donde yo sé, las más grandes están en Brasil y existen entres niveles diferentes.


Estoy seguro que obtendría permiso si quisiera unirme a ellos, y que me aceptarían como uno de ellos. Sé que no emplean dinero y que su sociedad está organizada sobre una base estrictamente democrática. La gente no envejece y vive en armonía perpetua”.

La creencia en este mundo subterráneo que cruzaría los subsuelos de Brasil llevó a Siegmeister a tratar de encontrar una entrada a esos dominios ocultos, tal como lo intentara en Ecuador, aunque sin suerte. El mismo año que diera a conocer el primer libro de la saga, o sea 1960, recibe una extraña carta de Ottmar Kaub, miembro de “UFO Reasearch”. Según el ufólogo, un tal Dr. George Marlo, deseaba ponerse en comunicación con él, ya que deseaba ponerlo en contacto con una comunidad intraterrena del Sur de África, donde vivían dos seres, Sol-Mar y Zola, a quién Marlo conocía. La ciudad habitada por Somar y Zola, era Masars II. Allí se describía a “la tierra hueca como un paraíso de perfecto clima, frutas gigantes, hermosos pájaros con una envergadura de 30 pies, y donde la gente tenían una altura de 12 pies”.

Durante años Marlo lo sedujo con la idea de “un encuentro con Sol-Mar y Zola, encuentros, que siempre fueron inevitablemente pospuestos por varias razones. Eventualmente, Siegmeister comprendió que Marlo mentía acerca de sus contactos con los intraterrenos y decidió continuar su búsqueda solo”.

Sin embargo el doctor no desanimó por este fracaso y continuó con su indagación. En La Tierra Hueca escribe: “uno de los primeros colonizadores alemanes de Santa Catarina, Brasil, escribió y publicó un libro, en alemán antiguo, sobre un Mundo Subterráneo, con información obtenida de los indígenas. El libro describía la tierra como hueca, con un solo central. Decía que el interior de la tierra era habitado por una raza longeva, que vivía libre de enfermedades y se alimentaba con frutas. También sostenía que este Mundo Subterráneo estaba sostenido estaba conectado en la superficie por medio de túneles abiertos en su mayoría, en la zona de Santa Catarina y alrededores en Brasil. El autor invirtió seis años en la investigación y el estudio de los misteriosos túneles que abundan en Santa Catarina, obviamente construidos por una raza antigua, para llegar a las ciudades subterráneas. Las investigaciones continúan. En una montaña cerca de Joinville, los cantos corales de los hombres y las mujeres de la Atlántida se oyen en forma repetida, además del “canto galio” (gallo que canta), que es una indicación típica de la existencia de una abertura de túnel que lleva a una ciudad subterránea. No es un animal vivo el que produce el sonido, sino probablemente una máquina”.

Como se mencionó desde un comienzo, la gran habilidad de Siegmeister fue sintetizar todos estos conceptos en su libro La Tierra Hueca, donde además añadió material de Palmer, Giannini y Byrd. Que Siegmister es el verdadero autor de este trabajo, lo deja traslucir este párrafo:


“No existe la ancianidad en Agartha, tampoco la muerte. Es una sociedad en que todos lucen jóvenes aunque tengan varios siglos o miles de años. Esto parece increíble para los habitantes de la superficie, expuestos a los efectos de la radiación solar y la autointoxicación por los alimentos de una mala dieta. Los síntomas de la vejez no son los resultados del paso del tiempo o de un proceso de envejecimiento, sino que se deben a condiciones y hábitos biológicos dañinos.

La senilidad es una enfermedad, y dado que los habitantes de Agartha están libres de enfermedades, nunca envejecen. Los dos sexos viven separados, y el matrimonio no existe. Cada uno es independiente y libre. Ninguno de los dos depende del sostén económico del otro. La reproducción se realiza por parto-nogénesis y los bebés nacidos de la virginidad son todos del sexo femenino. En esta civilización matriarcal, la mujer es considerada el sexo normal, perfecto y superior. La crianza de los niños está a cargo de maestros especiales, no de familias particulares. La comunidad los mantiene, así como a las madres. La cultura científica superior de la gente subterránea, cuyos platillos voladores son un ejemplo, es el resultado del desarrollo cerebral superior, de cerebros más poderosos. Esto se debe a que las energías vitales fluyen hasta el cerebro, en vez de disiparse por los canales sexuales, como ocurre entre las razas supuestamente “civilizadas” de la superficie. En realidad, la práctica sexual no forma parte de sus vidas. A raíz de la dieta vegetariana –de frutas básicamente-las glándulas endocrinas tienen un estado de equilibrio perfecto y funcionamiento armonioso, como ocurre en los niños, y no se ven estimuladas a la actividad anormal, por las toxinas metabólicas, como las producidas por la carne, las aves, el pescado, y los huevos y afrodisíacos, como la sal, la pimienta, el café, el tabaco y el alcohol. Al tener la sangre pura y libre de toxinas, los habitantes subterráneos pueden vivir en continencia absoluta, conservar todas las energías vitales y convertirlas en poder intelectual. Conforman la raza que creo los platillos voladores”.

Publicado en 1964, “Tierra Hueca”, se convirtió en un libro de culto desde su aparición. Siegmister fallecería un año después, afectado de pulmonía, sin haber logrado cumplir su máxima aspiración, la de penetrar en una de esas moradas subterráneas que durante toda su vida buscó.


[1] Walter Siegmeister no estaba solo en su cruzada naturista. En esa misma época, y también residiendo en el Ecuador, se
encontraba un compatriota, Johnny Lovewisdom (1919-2000). Fanático vegetariano, amante de las dietas y verduras crudas, Lovewisdom fue iniciado en la Escuela Gnóstica de los Primeros Cristianos, que lo declaró su representante en aquel país, en calidad de Arzobispo. Su conversión tuvo lugar en una Caverna, por un representante, se dice, de la Gran Logia Blanca. Todo un símbolo. Tema para otro estudio.


[2] Joâo Martin fue uno de los periodista que más tarde estuvo involucrado en un famoso caso ufológico que tuvo lugar en
Barra de Tijuca (Brasil).

3 comentarios:

  1. El "Raymond Bernard" de la tierra hueca no es el mismo Bernard de AMORC. Son dos personas distintas

    ResponderEliminar
  2. "Note: Raymond Bernard has two known namesakes; one is a film director (1891-1977) and the other is the pseudonym of a writer who signed "The Hollow Earth". ver: http://en.raymond-bernard.net/

    ResponderEliminar
  3. They are not the same person, I have resolved that issue. Raymond Bernard (Hollow Earth), is actually called Walter Siegmister and died in the sixties. The Rosicrucian leader died in the decade of the 90. Check.

    ResponderEliminar