3 de julio de 2008

Piedras de Ica - Gliptolitos de Discordia - Débora Goldstern

PIEDRAS DE ICA
GLIPTOLITOS DE LA DISCORDIA

DÉBORA GOLDSTERN©


En diciembre del 2001 fallecía luego de una penosa enfermedad, Javier Cabrera Darquea. Médico de profesión, y peruano por nacionalidad, sus revolucionarias teorías acerca de las Piedras de Ica, causaron sensación, y lo convirtieron en una pequeña celebridad, aunque su trabajo provocó controversias a nivel internacional.

Aunque durante toda su vida buscó reconocimiento por su labor, Cabrera, fue ignorado por la mayoría de los académicos, y murió sin obtener la aceptación por sus descubrimientos. Durante los cuarenta años al mando del Museo de Ica, que fundara para resguardar los controvertidos Gliptolitos, como gustaba llamarlos, intentó por todos los medios despertar la simpatía por su causa. Para desgracia del médico iqueño, la difusión del tema a nivel mundial intensificó el rechazo y oposición, por un asunto que desde sus inicios, se catalogó como “maldito”.

Cinco años antes de su muerte, la revista española “Año Cero” publicó una extensa investigación sobre el tema, titulado “Las Piedras de Ica, el fin de un mito” firmado por Vicente Paris. El artículo resultó un golpe devastador para la credibilidad del hallazgo, y sentó precedentes. En resumidas cuentas se apuntaba a un fraude orquestado por los residentes locales con la complicidad de Cabrera, señalado, como el verdadero mentor detrás de las ideas impresas en las piedras.

Aunque el reportaje no mostraba fisuras ante las pruebas presentadas, si contaba con una particularidad. La mayoría de las revelaciones provenían de Irma Gutiérrez Aparcana, que en un principio había colaborado con Cabrera, aunque luego sería retirada de escena, dejando lugar a Basilio Uchuya como el único tallador oficial. ¿Motivo? Según palabras de Irma: “cuando el Dr. vio que yo decía la verdad a la gente, dejó de darme trabajo y empezó a decir que yo estaba loca. A partir de entonces sólo encargó trabajos a Basilio”. Textual, sic.

Pero las idas y vueltas de los ayudantes de Cabrera no son historia nueva, las contradicciones entre los supuestos implicados, contabilizaban años de afirmaciones y posterior retractación.


Recorramos la historia.

A principio de la década del 70’, comienzan a filtrarse los primeros informes en la prensa sobre las controvertidas piedras. Por ese entonces aún no se discute la autenticidad de los Gliptolitos.

Otro periódico, “El Dominical” (28/08/71), publicaba, “El secreto de las 11.000 piedras. ¿Posibilidad de un cataclismo arqueológico?”, aseverando: “Es difícil admitir tales cosas que sobrepasan nuestra imaginación. Pero esto es posible, puesto que aquí, delante de nuestros ojos, están las piedras y porque se pueden fabricar una, dos, tres, cuarenta, ¡pero no once mil!”.

“En Ica hay unas piedras raras que son un enigma”, del diario “Ultima Hora” (02-09-71), se declara que el descubrimiento de Ica, ha dado la vuelta al mundo, pero que todavía no es conocido en el Perú” // “señala la existencia de grabados representando secuencias de intervenciones quirúrgicas y de trasplantes de órganos, que el doctor Cabrera tiene la intención de presentar con motivo de un congreso internacional de medicina”.

Toda esta aparente calma se esfumó en cuanto se conoció “El enigma de los Andes” (1974) del escritor francés Robert Charroux.

El investigador galo dedicó gran parte del libro a las Piedras de Ica, bautizadas desde entonces como la Biblioteca de los Atlantes. En él se demostraba una defensa apasionada del descubrimiento, que Charroux, consideró uno de los más importantes del Siglo.

“El Doctor Cabrera Darquea es no sólo el más grande descubridor del siglo, sino de todos los tiempos. Su museo de piedras y sus tesis abrirán dentro de algunos años la era del conocimiento verdadero que nos fue ocultado hasta ahora por las conjuras de mentira. Estaría orgulloso de ser su discípulo, si él lo quisiera, y desde aquí le dedico toda mi admiración y afecto”.

Las repercusiones no se hicieron esperar.

El 17 de Enero de 1975, la revista limeña Mundial, da a publicidad una nota sensacionalista acerca del Museo de Cabrera, donde en trece páginas se dedica a destrozar la tesis del médico, y poner en tela de juicio la verosimilitud de los Gliptolitos. Irónicamente, el informe no lleva firma, y se sabrá después, que el mismo es producto de un conjunto de redactores del medio aludido.

El escándalo es mayúsculo, y se advierte detrás, una campaña muy bien orquestada, quizás, la más virulenta en contra del “ilustre de Ica”, que desde ese entonces verá su reputación empañada.

Las figuras de Basilio Uchuya e Irma Gutiérrez de Arcapana, toman vuelo propio, y es a partir de este suceso cuando sus nombres se convierten en materia obligada, cada vez que se desea ridiculizar el tema de las piedras ante la opinión pública.

Una rápida lectura del artículo revela unas cuantas anomalías, que hacen levantar una cuota de sospecha.

La alerta se enciende con la declaración de la mujer de Uchuya, quién cuenta a los reporteros del Mundial:

“Hace varios días mi esposo y la señora Aparcana fueron llevados por unos señores del PIP (Policía de Investigación del Perú) para que declaren si las piedras son falsas o legítimas. Es decir, si las han grabado ellos o han huaqueado. Y ya mi esposo dijo que todas las piedras que le vendió al doctor Cabrera fueron grabadas por él. Que no las ha desenterrado de ninguna parte. La señora Irma de Aparcana también dijo lo mismo”.

Pregunta ¿Por qué la intervención oficial? ¿Algo que ver con la ley 6634 sobre Protección de Monumentos Arqueológicos? Porque si el lector ignora, de aplicarse la legislación existente en ese país, el delito por “tráfico” se paga con multa o el encierro en la cárcel.

El asombro continúa cuando el numerito de Irma hace su aparición, imagen calco que repetiría casi diez años más tarde, pero esta vez para un público aún mayor, a través de Año Cero.

“La piedra grabable se extrae de un promontorio de unos 50 metros de elevación, ubicados a unos dos kilómetros de su casa. Al llegar al sitio vimos dos perforaciones. Cada una tendría dos metros de diámetro y uno de profundidad, más o menos. Después de picar media hora en el suelo con la barretilla, Irma de Arpacana logró hacer un hoyo de un metro de diámetro, aproximadamente y de unos cincuenta centímetros de profundidad, hasta que al fin nos dijo: -Aquí hay una-. Era una piedra de unos 500 gramos de peso, casi del tamaño de una mandarina. ¿Sólo esta?, le preguntamos. -Ya les dije que son muy escasas-, nos respondió, limpiándose el sudor del rostro”.

Otro detalle perturbador es la declaración por escrito de Basilio, una verdadera confesión de culpabilidad. Las faltas de ortografía corren por cuenta del artesano.

“Yo Basilio Uchuya Mendoza reconosco que todas las piedras del doctor javier Cabrera han sido trabajadas por mí bajo el sistema quemado de piedra luego trasada con cierra coble filo y luego bañadas con barro y después son limpiadas con un pequeño trapo y después son embetunadas, este trabajo lo bengo realizando desde ase 10 años y a la única persona que le he bendido mi trabajo es al doctor Sotil”. O sea, a Cabrera.

“Me ví obligado”, diría por esos días el pobre Basilio, admitiendo que su confesión fue alentada por el propio Cabrera “quién le recomendó que mintiese afirmando que él mismo había hecho los dibujos que figuraban representados en las piedras”. Era eso o la cárcel.

Juanjo Benítez en Existió Otra Humanidad (1975), recogería más evidencias que apuntaban en esa dirección.

“Irma, al igual que Uchuya y el resto de las fami­lias que habita Ocucaje, llevaba muchos años —posi­blemente desde 1962— viendo las piedras que salían del fondo del desierto. Esto podía explicar perfecta­mente que los motivos elegidos por ella para «gra­bar» la piedra depositada sobre la arena de su corral fueran parecidos —o trataran de parecerse, para ha­blar con propiedad— a los de las auténticas «ideografías» de la colección de Javier Cabrera. En realidad —y según me confesó minutos des­pués Tito Aisa—, el verdadero objetivo de la vieja Irma no era precisamente vender la piedra, sino «pro­tegerse» de aquellos que realmente podían colocarla en apuros. Tito se refería, por supuesto, a los policías o arqueólogos oficiales. Aquella piedra a medio gra­bar era la mejor prueba de que ella «trabajaba» los cantos rodados...”.

Si los artesanos mentían, Cabrera los justificó, después de todo nadie podía culparlos por querer desviar la atención. Sin embargo, cuando un año más tarde publicó El Mensaje de las Piedras Grabadas de Ica (1976), el médico volvió a la carga, insinuando ser objeto de una conspiración.

“Aquellos campesinos que abiertamente venden ejemplares de Gliptolitos en el caserío de Ocucaje, no creo que sean los que han hallado los depósitos que uso la Humanidad Gliptolítica para guardar las piedras. Los que conocen los depósitos extraen las piedras y las llevan al caserío con dos finalidades inmediatas: mantener la imagen que son producto de artesanía local y mantener en secreto el lugar de los depósitos. Pero tampoco creo que estos campesinos como los que venden las piedras sean los únicos interesados en que se sigan vendiendo sin tropiezo alguno. Deben ser instrumentos de una organización cuyos jefes han urdido todo este embuste tan propio de una auténtica mafia, que envenenada por el ansia de hacer dinero, no le importa que su propósito sea alcanzado aún a costa, de atentar contra el más importante patrimonio arqueológico, no solo del Perú sino también de la Humanidad. Esto no es imaginación. Hay indicios reveladores, e incuestionables. Los periodistas autores de la revista Mundial no fueron directamente a Ocucaje; antes se entrevistaron con alguien en la ciudad de Ica, quién les dio los nombres de los supuestos artesanos de las piedras, a quienes debían entrevistar, según se informa en el artículo. ¿Quién es esa persona?. El hecho de que la revista exhiba fotos de una sola piedra falsificada demuestra que no encontraron los miles de piedras cuya paternidad atribuyen a los supuestos artesanos; si las hubieran encontrado las habrían fotografiado.

“En el reportaje que publica el diario el Correo y que recoge las opiniones de Adolfo Bermúdez Jenkins, Director del Museo Regional de Ica, se exhiben fotos de una sola piedra. Las fotos de las revistas y el reportaje son de la misma piedra, y una de las fotos se utiliza en ambas publicaciones. ¿Quién a proveído de la misma foto a dos órganos periodísticos diferentes cuyos artículos tienen el mismo propósito?. ¿Por orden de quién?. Y finalmente, son reveladoras, las palabras vertidas por el Prefecto del departamento de Ica ingeniero Enrique Egoaguirre, a los periodistas de la revista Mundial. Luego de señalar respecto de Basilio Uchuya e Irma Gutiérrez de Aparcana, “nos hemos limitado a tomar sus declaraciones y nada mas”: el prefecto agregó: “Esto a pesar de que hay gente interesada en este asunto. Gente que incluso me ha llamado desde Lima para decirme porque no hacemos esto o aquello”. ¿A quiénes se refería el Prefecto?. Responder a estas interrogantes puede conducir no sólo a conocer quiénes son los más interesados en que se sigan vendiendo estos auténticos especimenes arqueológicos, sino también a conocer los depósitos de donde se las sigue extrayendo por millares. Así se habrá logrado develar el misterio de Ocucaje”.

Al parecer los redactores de Año Cero no se interesaron en investigar las contradicciones de los artesanos, como así tampoco en las sombras que se cernían sobre el tema; prefiriendo sacrificar a Cabrera, el chivo expiatorio perfecto para un asunto que estaba lejos de aclararse. Un dato no menor y que se daba como al pasar en ese mismo artículo, es que Vicente Paris lleva a España piedras extraídas no del Museo de Cabrera, sino de algún sitio de extracción, y que fue un grupo de aficionados a los fenómenos paranormales quiénes realizaron los análisis condenatorios. En un párrafo de la nota se cuenta como al pasar dos geólogos argentinos sustrajeron una piedra del Museo “para analizarla en su facultad. El resultado fue concluyente: los grabados habían sido realizados con instrumentos modernos”.

Sin comentarios.


La vida de las Piedras de Ica anterior a Basilio e Irma.
Breve Cronología.


1613: El comentarista indígena Juan Santa Cruz Pachacuti Llamqui escribió en Relación de antigüedades de este reyno del Pirú, que en los tiempos del inca Pachacútec, fueron halladas en el reino de Chincha, en Chinchayunga, muchas piedras labradas denominadas mancos.

1626: Jesuita Fray Pedro Simón menciona en su libro “Noticias Historiales” (noticias 4 y 5) lo que él llama las piedras grabadas de Ica. Se cree que este religioso habría conocido muy bien el santuario secreto del cerro de Ocucaje. Incluso lo habría quizás inventariado en parte, sin revelar su existencia y significado. Por extremado celo devoto y tal como lo hicieron los clérigos de la Edad Media, habría según se dice, interporlado el mensaje de los Antecesores Superiores intercalando en la gliptoteca algunas piedras grabadas representando el pecado original, la Natividad, la fuga a Egipto y la Pasión de Jesús.

1909: el arqueólogo Carlos Belli, en colaboración de unos cuáqueros (el hecho es atestado por su propio hijo), efectúa una larga serie de sondeos en el valle de Nazca y del río Ica.

1955: Hermanos Carlos y Pablo Soldi. Llegan a coleccionar 114 piedras, más tarde donadas el Museo Regional de Ica.

1960: Se rumorea que el primer descubridor de las piedras fue un sepulturero del desierto de Ocucaje.

1961: El profesor Alejandro Pezzia Assereto conservador del museo de Ica, escribía las siguientes líneas en un libro editado en 1968 (Ica y el Perú Precolombino, Tomo I “Arqueología de la provincia de Ica). “En el valle de Ica, desde el año 1961, vienen apareciendo en el mercado gran número de piedras grabadas que se manifiestan como nuevo vestigio artístico elaborado por los artistas precolombinos iqueños. Es interesante hacer notar que las piedras de las que hablamos intrigan a los arqueólogos; hicieron su aparición por vez primera en 1960. Se las encuentra particularmente en los yacimientos ocultos bajo la vertiente de las colinas de las haciendas Ocucaje y Callando, en el valle del río Ica (a la entrada a las pistas)”.

1961: El profesor Augusto Calvo, rector de la Universidad Nacional de Ingeniería hace unas excavaciones en Ocucaje y descubre en unas tumbas precolombinas numerosas piedras grabadas de las que empieza a hacer colección. Prosigue sus exploraciones en el sector de Toma Luz de la hacienda Callando, en valle de Ica.

1965: Hermánn Buse de la Guerra, uno de los mayores historiadores peruanos, publica Introducción al Perú, haciendo mención a las Piedras de Ica.

1966: El Doctor Cabrera recibe de la mano de Félix Llosa Romero, amigo de la infancia, un pisapapeles, donde observa la figura de un pez desconocido.

1966: Los profesores Alejandro Pezzia Assereto y Augusto Calvo, excavan en el cerro Uhle del sector de la Banda, de la hacienda Ocucaje y encuentran unas piedras grabada., en Ocucaje, valle de Ica, en el año 1953, contenían solamente un cadáver y eran fosas estrechas, mucho más sencillas que las descritas, cubiertas con cantos de río circulares o masas de arcilla.

1972: Se realiza en Lima el Primer Congreso de Arqueología Andina donde Hermánn Buse expone el caso de las piedras de Ica, ante la incredulidad y falta de interés de los participantes.

El doctor peruano Julio C. Tello afirma que conoce la existencia de las piedras por su padre que tenía esta información por haberla oído de su abuelo.


A pesar de estos importantes antecedentes, uno de los puntos que a mi entender presentaba la mayor objeción se refería al sitio de extracción. Y no era un asunto menor. El silencio de Cabrera en cuanto a revelar la fuente madre de los Gliptolitos, enfurecía a sus críticos, que veían en esta negativa la comprobación de sus sospechas. Pero aunque nunca señaló la ubicación exacta, Cabrera, dejó pistas, una de las cuales recoge Benítez.

“Los arqueólogos —le dije— se preguntan por qué no señalas el lugar o yacimiento de donde se sa­can tantos miles de piedras grabadas. Y tienen razón, pienso. Eso aclararía la situación y haría progresar la investigación sensiblemente... Siempre tuve la impresión de que Javier Cabrera esperaba aquella pregunta final. Y no sabría precisar hasta qué punto nos relató todo lo que realmente co­nocía en ese momento. Siempre que he solicitado permiso para reali­zar excavaciones —respondió Cabrera Darquea muy serio— se me ha negado. Ya sé que no soy arqueólo­go. Pero, ¿es que acaso no se están concediendo esas licencias a personas que tampoco lo son?» Yo he hecho un estudio. Dispongo de un plano y tengo, lógicamente, información que me pondría en la pista de ese depósito en menos de un mes» Aquello me dejó atónito.

“Por un lado, Javier Ca­brera reconocía la existencia de ese yacimiento o de­pósito. Pero, por otra parte, parecía querer decirnos que él no había entrado en dicho lugar... Pero, ¡ojo! —prosiguió—, yo no haré público ja­más dicho yacimiento arqueológico mientras no ten­ga la seguridad de que el Ejército lo controla y protege. ¿El Ejército? —pregunté con extrañeza ¿y por qué precisamente el Ejercito? Javier Cabrera me miró en silencio e hizo un es­fuerzo para no seguir hablando. Fue precisamente en aquel instante cuando yo supe a ciencia cierta que el doctor había estado en el gran depósito, que había visto lo que realmente contenía y que —por ello— ­exigía la salvaguarda del Ejército”.


En otra frase enigmática se leía:

“Y yo sé que el presidente de la República, cuan­do sepa verdaderamente qué es lo que encierra el suelo de Ica, nos proporcionará todo su apoyo”.

Más definiciones sobre el depósito:

“Parte de ese túnel donde se en­cuentran las piedras sufrió los efectos de un movimiento sísmico y quedó inclinado. La mayor parte de las piedras que constituyen la «biblioteca» gliptolíti­ca rodaron y ocultaron gran parte de lo que acompa­ñaba a las piedras grabadas”.

¿Alguna pista de ese túnel?

Benítez dejaba entrever casi al final de Existió Otra Humanidad una probable conexión entre Perú y Ecuador, enlazados sus territorios por pasajes subterráneos antiquísimos, quizás una de las claves para resolver el misterio de los Gliptolitos. Hay que mencionar que por esa misma época se conoció el libro de Erich Von Däniken, El Oro de los Dioses (1975), que mencionaba el descubrimiento realizado en Ecuador por un aventurero húngaro pero nacionalizado argentino, Juan Moricz, que habría localizado restos de una civilización desconocida en los subsuelos selváticos.

Una información aislada que recibiera una expedición española en 1994, con el objeto de comprobar las aseveraciones de Moricz, en Ecuador me puso en alerta. Allí se decía que “cuando hace años se construyó el aeropuerto de Cuenca, los operarios encontraron en el subsuelo una piedra triangular, en la que figuraba un sol en lo alto, debajo un elefante (¿un mamut acaso?), y bajo éste una serie de simbolos”, de factura similar a los declarados en su libro por Däniken.
Era un dato importante porque el hallazgo fue realizado por simples trabajadores, que no ganaban nada especulando con el tema
Quiso la suerte que un ingeniero de la zona de Ica, Ernesto Ayza me contactara hace un tiempo para relatarme su testimonio, una historia que después de leerla fue clave para relacionarla con el hallazgo de Ecuador. Ernesto me permitió reproducirla, pasajes que transcribo a continuación:

“Aproximadamente año 1993 en la ciudad de Lima, me encontraba con mi buen amigo e investigador de las piedras, Tiberio Petro León, y estábamos tomando un café cerca de la construcción de lo que es hoy el edificio más alto de esta ciudad, el CENTRO CIVICO. Habíamos llevado algunas piedras para ser analizadas y catalogadas geológicamente y el grueso de ellas estaba dentro de un maletín pero había una un poco mayor que no entraba en el maletín por lo que la pusimos a un costado de éste y sobre la mesa.

“A su vez se encontraba al lado de nuestra mesa una ocupada por tres obreros de la construcción con los respectivos cascos. Notamos que se interesaban mucho por nuestra piedra y nos preguntaron que de dónde procedía, a lo que contestamos, para no alargar la historia, que la habíamos comprado en Ica... acto seguido que ¿cuánto habíamos pagado?, respuesta rápida, que alrededor de cinco dólares por ésta; ¡gran revuelo entre ellos! y pelea verbal con recriminaciones....les preguntamos el porqué, y nos contaron que ellos en algún momento trabajaban para una compañía que construía una carretera alrededor de la bahía de Paracas, en un determinado momento del avance al pasar la retro excavadora empezaron a aparecer piedras como la nuestra por lo que se preguntaron qué hacer con ellas, uno de ellos propuso venderlas pero los demás opinaron que nadie les daría un centavo y ahora se daban cuenta del error ya que optaron por ponerlas en la cimentación”.

El análisis de estas dos informaciones sugiere no ya la existencia de un túnel aunque no se descarta, sino la posibilidad de algo mucho más profundo, y que apunta a los subsuelos sudamericanos, que por causas desconocidas tienen esparcidas en sus entrañas estos extraños objetos que cada tanto hacen su aparición. Esta reafirmación la obtenemos estudiando la genealogía de las Piedras de Ica, que confirma en parte esta suposición.

Para su mejor compresión recurrimos a Javier Cabrera.

“La llamada «Revolución de la Montaña» se produjo —según dice la Ciencia— en la Era Secundaria. Al final de dicha etapa —poco más o menos hace 65 millones de años— se registró un formidable cataclismo, saltando la mayoría de las montañas del planeta. Y aparecen los Apeninos, Montañas Rocosas, Alpes, Himalaya, Alto Atlas y, por supuesto, los Andes. Pero, el hecho de que la cordillera andina se levantara en esos tiempos no significa que el resto de la costa peruana, y concretamente, el departamento de Ica, “naciera” con ella…Y aquí está la prueba. Los técnicos peruanos han trazado este mapa geológico de Ica. ¿Y qué vemos en él? ¡Que Ocucaje pertenece a la Era Paleozoica! Es decir, surgió mucho antes que Los Andes.

“El terreno donde se encuentran las piedras grabadas corresponde, por tanto, a una era muy anterior a los Andes. Y junto a zonas del Paleozoico, los geólogos han descubierto también otras áreas del Mesozoico y del Terciario y —¡cómo no! — del Cuaternario… Ocucaje es una pura y constante sorpresa en ese sentido. En el departamento de Ica se han encontrado, incluso, diatomeas, que corresponden al Precámbrico. ¡Y en superficie! Eso nos remonta ya a tiempos anteriores a la Era Primaria, hace más de 500 millones de años. Sin embargo, nos empeñamos en afirmar que esta zona de la costa de Sudamérica se levantó única y exclusivamente cuando lo hicieron los Andes… Pero disponemos de un segundo dato, vital para completar este aspecto del problema. Porque una de las placas tectónicas del globo se encuentra precisamente aquí, en Nazca. Y abarca no sólo la citada área de Nazca, sino los departamentos de Ica, Ayacucho y bastante más. Entonces, si la placa tectónica de Nazca es mucho más antigua que Los Andes y las piedras grabadas han sido encontradas en dicha placa tectónica, ¿por qué los arqueólogos siguen empecinados en que esta “biblioteca” no puede ser anterior al surgimiento de Los Andes?

“Yo les pido nuevamente que se acerquen a Ica, que estudien las piedras, que analicen los terrenos… Según esto, ¿qué edad podrían tener los grabados y altorrelieves de las piedras? Nadie puede averiguarlo realmente. Podrían ser de finales del Mesozoico, con más de 65 millones de años. O del comienzo, con más de 200 millones… ¡Y quién sabe si mucho más…! Observa el plano geológico y te darás cuenta de otro detalle extraordinario. El verdadero “arqueólogo” de esta zona de Ocucaje ha sido el río Ica… Él ha abierto los estratos. Él los ha dejado al descubierto. Y aquí ves zonas que pertenecieron al Paleozoico… El río nos está mostrando una verdad incuestionable.”

Según escribiera Charroux en su libro Archivos de Otros Mundos (1977):


“Se comenzaron a encontrar las piedras, de forma masiva, hace unos quince años, cuando una especie de desviación del río Ica hizo afluir sus aguas sobre las tierras vírgenes de la zona de Ocucaje. Se hallaron entonces grandes cantidades de piedras grabadas” // “He aquí, pues la clave del enigma: en 1961, el río Ica abandona su curso normal y va zapar a los cerros del pueblo de Ocucaje. Las aguas arrastran las arenas de estas colinas desérticas y ponen al desnudo una necrópolis, o más exactamente un santuario, donde un pueblo desconocido ha depositado sus archivos prehistóricos.


“Más de 10.000 piedras tapizan el suelo: no hace falta sino agacharse para recogerlas. El pueblo de Ocucaje está en las cercanías (aproximadamente un kilómetro) y los habitantes no tardan en notar la presencia de aquellas piedras negras o grises, pero todas grabadas con dibujos fantásticos. Transportan estas piedras misteriosas hasta sus pobres moradas, a menudo con gran esfuerzo, ya que algunas ¡pesan 400, 600 kilos y más¡ Las depositan contra las paredes, en las bodegas oscuras que flanquean sus habitaciones, incluso las dejan sobre la plaza del pueblo”.

La visión de Charroux el primer investigador europeo en interesarse por las Piedras de Ica, se refuerza una vez más con las revelaciones del ingeniero Aysa a quién me permito citar nuevamente, testimonio que considero excepcional proviniendo de un residente local:

“Allá por el año 1985 yo era gerente de una compañía de turismo y como siempre encima de mi escritorio solía tener algún ejemplar de las piedras de Ica y el libro de Javier…resulta que uno de los chóferes de la flota entró a mi solicitud para recibir instrucciones acerca de su trabajo y luego de recibirlas me preguntó sobre la piedra grabada que tenía frente a él, recuerdo que le resumí sobre el asunto y entonces el me preguntó si quería saber acerca de su experiencia sobre el tema, a lo que lógicamente respondí que me interesaba efectivamente. Me contó entonces que siendo él aún muy joven, en ese momento le calculo que debería frisar los sesenta y algo, se tuvo que alejar de su tierra en busca de trabajo, creo debe haber sido alrededor de los años cuarenta, y lo contrataron con algunos otros obreros para realizar trabajos en unas tierras a la altura de la desembocadura del río Ica; el referido trabajo consistía en hacer una zanja de aproximadamente 150 metros de largo por uno y medio de profundidad por uno de ancho…me contó que entre los muchos cantos rodados que sacaban empezaron a aparecer una buena cantidad de ellos que ostentaban dibujos como los de la piedra de mi escritorio.

“Mi pregunta obviamente fue de que se hizo de aquellas piedras, a lo que me contestó que ellos, su cuadrilla, eran personas sin mayor cultura y que les llamaba muchísimo la atención por lo cual dilucidaron entre todos ellos y no faltó por allí algún “sabiondo” que aconsejó que las desaparecieran enterrándolas junto con las mezclas de cemento en aquella pared ya que de no hacerlo podría intervenir alguna entidad y les quitarían este trabajo, por lo que así procedieron. Está claro que luego de tantos años de lo sucedido le llamó enormemente la atención encontrarse con otro ejemplar de estos, él no conocía que Javier ya tenía un museo de ellas en Ica”.

Si las Piedras de Ica están esparcidas por toda la región de Ocucaje, y tal vez prolongándose su influencia a otras regiones o países, eso explica porque no se puede dar una solución a corto plazo que ayude a resolver el enigma. Aún aceptando la existencia de un plano, como el mencionado por Cabrera señalando uno de esos sitios de extracción, el problema de fondo continuaría, porque de encararse un trabajo en este sentido, la tarea sería casi ciclópea.

Cabe preguntarse entonces que pudo provocar un desplazamiento de tal magnitud. ¿Resultado de un cataclismo? Cabrera así lo creía, pero ¿tenemos pruebas?

Volvamos a citar al médico iqueño en su larga charla con Benítez:

“-Este continente que ves a la izquierda de lo que hoy es Sudamérica era Mu. Actualmente, sin embar­go, esta masa continental ya no existe frente a nues­tras costas. ¿Por qué? En razón de la "deriva" de los continentes, Mu fue desplazándose hacia Occidente. Y con el trans­curso de millones de años chocó con la India, Arabia y parte de Europa, formando lo que hoy es Asia. Mu, por tanto, deberíamos buscarlo en la actualidad en la zona asiática... Pero ese lento desplazamiento de Mu a través de lo que hoy llamamos océano Pacífico provocó el na­cimiento de decenas de archipiélagos y miles de islas que quedaron "descolgados" de la primitiva masa continental... Aquello me hizo acudir rápidamente a uno de los mapamundis que Javier Cabrera tenía colgado de una de las paredes del museo. Mis ojos buscaron frente a las costas de Chile. Sí —me dije a mí mismo—, allí estaba. Pero, ¿cómo era posible? ¿Es que aquel desplazamiento podría tener alguna relación con la misteriosa y enig­mática isla de Pascua?

“Al regresar frente a la piedra donde Javier Cabre­ra me había señalado el citado continente Mu, le pre­gunté sin rodeos: ¿Qué relación puede haber entonces entre este desaparecido continente y Pascua? Todo. Miré al investigador con incredulidad. -Todo, repito. Como te digo, la «deriva» del con­tinente Mu dejó un «rastro» de islas a todo lo largo del océano Pacífico. En muchos casos, ese desgajamiento de la masa continental coincidió con zonas donde existía una floreciente cultura, tal y como se refleja en estos miles de piedras grabadas. Y Pascua fue uno de estos ejemplos. La Poline­sia, repito, no es otra cosa que el "reguero" dejado por el continente Mu en su camino hacia lo que hoy constituye Asia. Pero las gentes que pudieron quedar en esos archipiélagos e islas terminaron por mezclar­se. Y también los habitantes de Mu —una vez que el continente formó definitivamente Asia— se vieron sometidos a constantes cambios. En esa nueva área del globo, el medio ambiente resultaba totalmente distinto-.


“Durante mis viajes por diversas zonas del Perú había observado un hecho para el que no tenía expli­cación. En numerosos poblados y ciudades —espe­cialmente en aquella región de Ica— los indígenas ofrecían a los turistas las más variadas tallas de ma­dera. Tallas que, en un principio, yo consideré pro­ducto de la artesanía local. Pero un hecho posterior, ocurrido en el desierto de Ocucaje, así como los testi­monios de numerosos peruanos —expertos en la ma­teria—, me hicieron comprender que muchas de aque­llas tallas de madera negra y desconocida tenían una gran antigüedad. Los indígenas y campesinos —se­gún pude comprobar en el citado desierto de Ocuca­je— dedicaban buena parte de su tiempo a «huaquear» o rastrear las zonas arqueológicas, desenterrando mu­chas de estas Millas entre los restos de las tumbas prehispánicas.

“El propio profesor Cabrera Darquea disponía de una formidable colección de estas figuras de madera­. Pero lo que verdaderamente me llamó la atención desde un principio en las citadas tallas fue la abru­madora semejanza con los gigantescos «moais» de la referida isla de Pascua. Muchos de aquellos idolillos tenían un claro perfil «pascuense». Pero, ¿cómo po­día ser? Mi asombro llegó al máximo en una clara mañana del invierno peruano cuando, mientras visitaba el Mu­seo Regional de Ica, uno de mis acompañantes me se­ñaló un arcaico y artístico remo de madera. En uno de sus extremos habían labrado ocho figurillas que me recordaron inmediatamente las mencionadas es­tatuas gigantes de la enigmática isla de Pascua. Aque­llas figuras encontradas por azar en un remo incaico, posiblemente anterior a la llegada de los conquista­dores españoles, se tocaban, incluso, con los mismos gorros o sombreros que aún lucen algunos de los «moais». Como se sabe, en un principio parece ser que la totalidad de estas formidables estatuas de pie­dra disponía de los citados gorros. En la actualidad, y quizá como consecuencia de movimientos sísmicos o de sucesivas catástrofes, esos adornos de piedra apa­recen desgajados de las cabezas de las estatuas y es­parcidos por las proximidades de los «moais».Mil veces me formulé la misma pregunta: ¿A qué se debía aquel parecido, aquella semejanza, entre es­tas tallas de madera encontradas a miles en las tierras Peruanas y los fantásticos y desconocidos seres que quedaron representados en las estatuas de Pascua?

“Ahora, al escuchar al profesor Cabrera, al oír que el desaparecido continente Mu fue dejando un exten­so «rastro» de islas en su camino hacia lo que hoy es Asia, todo parecía más claro. ¿Es que ésta podía ser la explicación a la descon­certante isla del Pacífico? Estas tallas encontradas en Perú —le planteé a Javier Cabrera— y las estatuas de la isla de Pascua tienen una profunda semejanza. ¿Por qué? -No olvides que esta remotísima civilización que dejó las piedras grabadas cubría y se extendía por todo el planeta. Había una intercomunicación. Las tallas encontradas en los desiertos y tumbas del Perú son muy similares, en efecto, a las estatuas de la isla de Pascua. Sin embargo, ¿por qué los «moais» no son similares a los habitantes actuales de dicha isla? ¿No te lo has preguntado? La razón confirma una vez más la gran antigüedad de esta civilización. Los hombres representados en las estatuas de Pascua no se parecen a los actuales «pascuenses» porque el tiem­po transcurrido entre ambos es enorme. Sin embar­go, los «moais» sí son idénticos a los seres represen­tados en el altiplano peruano de Marcahuasi. Ambos son hombres de eras remotas del planeta. Y al igual que sucede con los animales, también las distintas Humanidades que han ido poblando el mun­do han ido cambiando. El hombre de Tiahuanaco, por ejemplo, era rechoncho, de gran cabeza, piernas cortas, brazos largos y cuatro dedos en cada mano. Muy parecido, por tanto, al hombre "gliptolítico". Pero, ¿qué raza actual se asemeja a ese hombre de Tiahuanaco o al de las piedras grabadas? Esto, necesariamente, nos remonta a un pasado de la Tierra del que desconocíamos casi todo. Ahora, con la aparición de esta "biblioteca", la mente del hombre de nuestro "filum" cambiará»”.

Una fotografía recibida el año pasado a través de una colega amigo, fue clave para empezar a encauzar la hipótesis de Cabrera.


En esa toma, se observa una línea de Nazca dirigiéndose hacia el Océano Pacífico.

A su vez en Fantástica Isla de Pascua, libro de Francis Mazière que visitara la tierra de los Moai en la década del 60’, se lee: “Debíamos examinar de nuevo el problema de las famosas calzadas enlosadas que penetran en el mar, y que han llevado a muchos autores a pensar que la Isla de Pascua era en otros tiempos más basta”. Sin embargo Mazière pudoroso se rehúsa a pensar en una extensión territorial.

No es el caso de Franz Kowacs en “La misteriosa Isla de Pascua”, que con vehemencia escribe: “para la arqueología oficial, estas calzadas sumergidas sencillamente no existen. En el mejor de los casos se trataría solo de corrientes de lava agrietada… o de rampa para barcos. Desearíamos dejarnos convencer por esas tranquilizantes conclusiones si no existieran, a algunos miles de kilómetros al oeste de la Isla de Pascua, en el otro extremo de la base del triángulo polinesio, en el archipiélago de las Tongas, unas rutas originariamente encajonadas y cuya función es un completo misterio. Una de estas rutas divide la isla Ualeva en dos partes, su ancho es de dos metros y está cubierta por una abundante vegetación que acentúa su trazado. Otra ruta está en la isla Vavau, y tal como las “calzadas” de la isla de Pascua, sale de la costa y sube en línea recta por la ladera del monte Kafoa. Según el arqueólogo americano McKern, que las ha estudiado detenidamente, no hay duda de que se trata de rutas. ¿Sus constructores eran los mismos que hicieron las avenidas pascuenses, o bien se pretenderá que ahí también se está en presencia de “corrientes de lava”?”

Calzadas y líneas que se dirigen al mar. ¿Reminiscencias de una antigua masa continental con base en el Pacífico?


En “Dioses del Pasado”, Renato Longato escritor e investigador peruano residente en USA, brinda datos importantes que refuerzan nuestra hipótesis en cuanto a la conexión Ica-Pascua. “No debemos dejar de lado las serias dudas con respecto a la presencia de una masa de tierra hoy sumergida en la extensa área del pacífico sur que bien pudo haber desaparecido producto de una serie de terremotos del llamado círculo del fuego. Esta gran zona sísmica se extiende desde las costas de Sudamérica hasta Alaska. En toda la zona podemos afirmar que todos los movimientos sísmicos son cosas de cada día. La existencia de numerosas islas esparcidas a lo largo del Pacífico Sur sugiere la alta posibilidad de una masa de tierra en toda esa área. Mi interés se centraba en saber en que placa tectónica se asienta la Isla de Pascua debido a su “aislada ubicación” en comparación con otras islas del mundo”.

Longato entrevista con este objetivo a un sismólogo, y vulcanólogo que le confirman lo siguiente: “la Isla de Pascua está ligeramente al este de la Placa del Pacífico extendiéndose hacia el centro a lo largo de las cadenas de las Islas Salas y Gómez. Estas cadenas eventualmente se fusionan con la cadena de Nazca, siendo que ésta última se introduce debajo del Perú.”. Termina su informe diciendo: que “el hecho de encontrarse en su propia micro placa y poseer volcanes inactivos le ha permitido ser favorecida geológicamente a diferencia de otras islas que pudieron desaparecer en épocas remotas”. Confirmando a su vez “la latente posibilidad de una actividad telúrica entre las placas del Pacífico, Sudamericana y Nazca”.

A través de los aportes de Longato se confirma las suposiciones esgrimidas por Cabrera en cuanto a este punto, pero las similitudes entres estas dos regiones son aún más perturbadoras, porque desentrañando Pascua, tal vez resolvamos algunos de los misterios de Ica.

Retomemos las palabras del iqueño: “Los hombres representados en las estatuas de Pascua no se parecen a los actuales «pascuenses» porque el tiem­po transcurrido entre ambos es enorme”. Le contaron a Francis Mazière: “Los primeros habitantes de la Isla son supervivientes de la primera raza del mundo. De color amarillo, muy altos, de brazos largos, tórax poderoso, enormes orejas pero sin lóbulos relajados, pelo rubio puro, cuerpo lampiño y brillante. No conocen el fuego. Esa raza existía antaño en otras dos islas de la Polinesia. Vinieron en barco de una tierra situada detrás de América”.

¿Cuál era su origen entonces? La leyenda de la isla cuenta la historia de Hotu Matua, mítico rey que arribó a Pascua con un séquito de casi 17 personas que escaparon de una gran catástrofe marítima. El lugar de procedencia era Hiva, aunque se desconoce su localización. Además de enseres y barco este Noé del Pacífico trajo consigo miles de tablillas rongo rongo, indescifrables en la actualidad. ¿Estaba Hiva situado detrás de América como contó el lugareño a Maziére?


En las piedras de Ica hay dos Gliptolitos que muestran la conformación de la Tierra en épocas pasadas. Uno de ellos muestra el continente americano, con sus dos hemisferios unidos –norte-sur-, conformando una sola masa territorial.

El Gliptolito cuenta además con otros dos hemisferios: uno al oeste, sobre el océano Pacífico y otro al este, en el Atlántico. ¿Mu y Atlántida?


Para Cabrera no había dudas. Y aquí entramos otra vez en el tema de un posible cataclismo, como se explica al principio.


Volvamos a Pascua.

La escritura rongo-rongo, quizás uno de los últimos enigmas que quedan por resolver, guarda secretos no revelados. Muchos fueron los intentos por encontrar una clave que ayude en la traducción de los pictogramas ininteligibles. Por años los principales expertos mundiales lucharon por descifrar el misterio que se esconde en esas tablillas apodadas “parlantes”. Verdaderas guerras entre especialistas, que ante la ausencia de una Piedra Rosetta, como la encontrada por Champollión en Egipto, vieron hasta el momento frustrado sus ansias de gloria. Quizás uno de los impedimentos que impidió mayores avances en el campo, fue mantener una postura local, donde se veía a la escritura de Pascua, como un producto aislado y sin correspondencia. Para 1921 se realizó un descubrimiento que rompía con el estigma del aislacionismo pascuense, y que aunque no aceptado, y ferozmente discutido, brindaba al tema una perspectiva global, fuertemente resistido por sus implicancias. Tuvo lugar en la región de la India.

Dos ciudades Mohenjo Daro y Harappa salieron a luz, e iniciaron una especie de revolución arqueológica. “Las pruebas irrefutables aportadas por Marshall y Daya habían conseguido dar por tierra con la opinión generalizada que afirmaba que ninguna cultura organizada (¡ni qué decir de una adelantada!) había podido existir en ese lugar. Capitales gemelas, Harappa y Mohenjo-Daro fueron en la India el punto de partida de una vasta sociedad comercial y agrícola cuyo dominio abarcó un área estimada en unos 1.500 Km. de largo por otros 800 kms. de ancho. De estructura arquitectónica compleja, y más adelantada en términos comparativos – para la misma época – que la de los egipcios u otros pueblos de Asia occidental, estas ciudades del Valle del Indo contaban, incluso, con baños con agua caliente y modernas redes cloacales”.

Pero la verdadera hecatombe se desató en 1932 cuando un especialista húngaro Guillermo de Hevesy, presentó a la Academia de Inscripciones y Bellas Artes de París un informe que daba cuenta, de la semejanza “existente entre los signos de la escritura pascuense clásica y un gran número de glifos (130 signos similares sobre un total de 270) hallados en los sellos de los templos de las antiquísimas ciudades de Mohenjo-Daro y Harappa, ambas situadas en el Valle del Indo, que habían sido descubiertas poco antes, y señaladas como centro de una cultura desaparecida unos dos mil setecientos años de la era cristiana”. ¿Era posible? Culturas separadas por miles de kilómetros compartiendo una similitud de escrituras.
Pero había más, estas ciudades del Valle del Indo presentaban un signo perturbador, la existencia de esqueletos con radiación de graduación más elevada que la desatada en Hiroshima. ¿Explosión atómica? Quizás.

La revisión de los glifos hallados en Mohenjo Daro y Harappa dejó a la vista más interrogantes, ya que se detectaron animales desconocidos así como extrañas plantas fusionadas con ellos. Algo que se repite en Pascua si atendemos las observación realizada por un misionero que en 1864 contó: “en todos las chozas se encuentran tablillas de madera o palos cubiertos de varios tipos de caracteres jeroglíficos: son figuras de animales desconocidos en la isla que los indígenas trazan con piedras afiladas”. ¿En las ideografías que adornan los gliptolitos no encontramos fauna y flora también extraña al continente americano?

Dijeron los locales a Meziére: “La primera raza inventó la escritura Rongo-Rongo, que inscribió sobre piedras. Esta escritura solamente subsiste en Asia entre las cuatro partes del mundo habitado en otros tiempos por la primera raza”.

¿La escritura de Mohenjo Daro es el nexo con Pascua, unidos en el pasado por un continente? El lector tiene la decisión.

De nuevo a Ica.


Otro Gliptolito registra la caída de un cuerpo esférico ¿meteorito o planetoide?, estrellándose con el planeta.

Un tema que en Pascua adquiere resonancia.

“En el año 1973 un lingüista brasileño llamado Vaz de Melo, afirmó haber descifrado las tablillas rongo-rongo. Hablarían según él, de un gigantesco maremoto con olas de más de treinta metro de alto que habría hundido un archipiélago del que formaba parte la Isla de Pascua”. “Se habla de habitantes aterrizados que trataban en vano “de hacerse a la mar sus embarcaciones, cuando una enorme bola de fuego (quizás un meteorito) se estrelló contra una extremidad del archipiélago, provocando una violenta sacudida telúrica que sumergió en las aguas a todos los islotes adyacentes, produciendo la muerte de todos los habitantes”.
Vaz de Melo se negó a revelar su método de traducción.


¿Podemos tomarlo en serio?

Emmanuel Velikovsky en su polémico libro Mundos en Colisión “emitió la hipótesis según la cual el planeta Venus habría sido literalmente arrojado de Júpiter en una época que se remontaría a unos miles de años solamente. Al pasar cerca de la Tierra, Venus habría provocado un maremoto planetario del que todas las tradiciones del mundo guardan el recuerdo bajo la forma del Diluvio”. El Chilam Balam libro sagrado de los Mayas descubierto en Yucatán “habla de un enorme meteorito caído en la Tierra hace varios miles de años. Este espectacular caída habría causado el hundimiento de muchas tierras y una completa modificación del mapa del mundo”. Otro autor Louis Claude Vincent continuador de las teorías de James Churchward, “que ha estudiado todas las tradiciones referidas a la caída de una “estrella” sobre nuestra planeta en tiempos muy remotos, el choque provocado por este suceso produjo una brusca inversión de los polos”. Muchas leyendas amerindias señalan que el sol no apareció por más de 50 años, y que sufrieron innumerables penurias en ese terrible período. Hay quién lo describe como un terrible invierno nuclear.

Si un cataclismo de estas características tuvo lugar, eso explica las anomalías de las Piedras de Ica, su extraña similitud con Pascua y de ésta con las del Valle del Indo. ¿Estamos ante restos de esa primera raza madre que habitó el Pacífico?

Más pruebas. El Candelabro o Tridente de Paracas. Según J.J. Benítez el “eje central del candelabro señala al sur. Exactamente a 180”. O sea hacia el Pacífico. Coincidimos con el escritor navarro que en el Perú no se encuentran registros acerca de su origen.

Claro que enfocando el asunto como una visión global, como venimos tratando hasta ahora, el candelabro encuentra su sitio en la escritura enigmática de Pascua y las ciudades del Indo.


A continuación un ejemplo.






Un sabio vasco argentino del que poco se acuerdan, Florencio de Basaldúa, escribió varios libros sobre la prehistoria americana. Fue contemporáneo de Florencio Ameghino, y creía que en América se habían desarrollado civilizaciones muy avanzadas. Postuló la existencia de un continente desaparecido, que llamó Austerría que habría comunicado al continente americano con Asia en el pasado. Basaldúa sostuvo que el glifo de Paracas era el símbolo dominante del Manu (legislador), que en eras remotas llegó de Austerría con una colonia hacia América.


Taylor Hensen fue una etnóloga que se dedicó a estudiar las leyendas y mitos del pueblo Apache. Cual sería su sorpresa cuando identificaron a Tiahuanaco, la ciudadela muerta enclavada en los andes bolivianos, como el lugar de origen de sus antepasados, “describiendo, sin haberla visto nuca, la estatua del "blanco barbudo". El dios empuña dos espadas en posición vertical, lo que significa "amistad hasta cierto limite". Las espadas forman ángulo recto con los antebrazos, y con la cabeza un tridente, que es nuestra señal secreta de reconocimiento. Allá donde se alza la estatua, es el lugar de nuestro origen”. Y no debemos olvidar que Tiahuanaco siempre estuvo asociado con un continente desaparecido, para ser más precisos del Pacífico.


Nuestra tarea concluye aquí. Este trabajo intenta un acercamiento diferente en cuanto al tema de las Piedras de Ica. Si se enfoca el espinoso tema desde una visión globalizadora veremos como las piezas comienzan encajar en este rompecabezas. El error es seguir considerando al descubrimiento como una expresión aislada, sin conexión con otras culturas. Creemos que más allá de la autenticidad de las piedras, y de su dudosa para algunos procedencia, los Gliptolitos merecen con lo aquí expuesto una nueva oportunidad. Abrimos una puerta, esperemos que no la cierren.

Y para concluir una “nueva coincidencia”, esta vez desde Argentina. En este país se desarrolló una cultura muy poco conocida y altamente avanzada. Se la conoció como La Aguada. Se cree que floreció hace más de mil años. Construyeron zigurats al estilo mediterráneo y trabajaron en forma magistral el metal. Los arqueólogos creen que fueron parte de una cultura solar. Y es aquí donde encontramos un nuevo rastro de de las Piedras de Ica gracias al ojo experto de un investigador ítalo-argentino, Gabriele Baraldi, ya fallecido quién advirtió las semejanzas.

Una imagen vale más que mil palabras.









Bibliografía

Libros


Benítez, Juan José (1975). Existió Otra Humanidad. Barcelona: Plaza & Janés.
Cabrera Darquea, Javier (1976). El Mensaje Grabado de las Piedras de Ica. Lima: Inti-Sol.
Charroux, Robert (1974). El Enigma de Los Andes. Barcelona: Plaza & Janés.
Charroux, Robert (1977). Archivos de Otros Mundos. Barcelona: Plaza & Janés.
Kolosimo, Peter (1970). Tierra sin tiempo. Barcelona: Plaza & Janés.
Kowacs, Franz (1981). La Misteriosa Isla de Pascua. Barcelona: Javier Vergara.
Longato, Renato (2005). Dioses del pasado. Lima: Renato Longato.
Maziére, Francis (1976). Fantástica Isla de Pascua. Barcelona: Plaza & Janes.


Artículos:

Paris, Vicente. Las Piedras de Ica: fin de un mito. En: Revista Año Cero, 1994.
La verdad sobre las Piedras de Ica. En: Revista Más Allá Nro 190, 2004
De Dalmau, Ángela: El Misterio de la Cueva de Los Tayos. En: Revista Más Allá Nº 65

Webs:

www.piedrasdeica.es
www.renatologato.com
http://www.gabrielebaraldi.arq.br/index.htm
http://www.chauvet-translation.com/
http://www.jjbenitez.com/

Planeta Encantado - La Huella de los Dioses - Nazca
Juan José Benítez





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