8 de julio de 2009

Ray Brown y la esfera de cristal -Débora Goldstern

Ray Brown y la esfera de cristal
Débora Goldstern





Hoy Crónica Subterránea quiere volver a referirse a un tema, que en su oportunidad fue desarrollado en nuestro artículo: La Tecnología Perdida de la Atlántida, donde relatábamos un fabuloso descubrimiento, realizado por un submarinista norteamericano Ray Brown que a finales de los 60’ halló una increíble gema de cristal, reliquia que algunos suponen de la perdida Atlántida.


La pieza fue presentada en contadas oportunidades, desapareciendo luego de la luz pública, ignorándose hasta la actualidad su paradero así como el de su poseedor, Ray Brown. Quiénes tuvieron oportunidad de contemplar la pieza, hicieron mención de increíbles poderes, que la gema parecía manifestar dependiendo del observador, sin embargo salvo estos testimonios y algún libro escrito sobre el hallazgo, poca información nueva surgió en estos años, y quién escribe pensó que la gema ya no volvería a emerger a la superficie, ocultada vaya saber donde.

Sin embargo quizo el destino dar una nueva señal sobre esta reliquia, y así pudimos enterarnos sobre su estado actual, gracias a los oficios de Proyecto Camelot, quiénes en la entrevista realizada al actual poseedor de la Calavera de Cristal que fuera propiedad de Anna Mitchel Hedges, aportan nuevos datos sobre la misteriosa gema.


Según se desprende del video, antes de fallecer, Ray Brown entregó la esfera a quién fuera su maestro, y le recomendó no mostrársela a nadie. Otro dato más que importante es que la Calavera logró reunirse con la esfera de cristal, ocurriendo un extraño fenómeno, ya que la Calavera se tornó totalmente blanca en contacto con la esfera, y a su vez esta adquirió una tonalidad dorada. En esta fotografía, que le fuera facilitada al equipo de Proyecto Camelot se observa la increíble interacción entre las dos piezas.




Adjuntamos como aporte final, además de los videos correspondientes, algunos pasajes de uno de los pocos libros que trató sobre la historia de la esfera, encontrada por Ray Brown. Se trata de La pirámide sumergida en el Triángulo de las Bermudas
[1], de Marcos Silverman, que data de 1984.





¿Sólo existe una pirámide sumergida?




En 1967 Robert Brush sobrevolaba con su avión la zona de las Bahamas, a unos cien kilómetros de la costa sur de La Florida, llamada así por los conquistadores españoles al ser descubiertas sus tierras el día de Pascua Florida. Cuando el piloto volaba sobre las islas de Bimini y Andros, percibió de pronto algo a través del agua que llamó especialmente su atención, porque además de piloto de aviación Brush era un estudioso de la arqueología submarina y buscador de tesoros perdidos en el área del Caribe. El avión describió una amplia curva en el aire y sobrevoló varias veces el mismo punto, al norte de la isla de Andros, cerciorándose de la realidad material de una forma sumergida de figura geométrica, sólo atribuible a la mano del hombre, y no al capricho de la naturaleza.


En aquellas latitudes, y en las zonas próximas a la costa, el agua suele ser transparente como el cristal, permitiendo ver lo que hay bajo las aguas. En cuanto a la profundidad del mar, oscila desde los 200 metros hasta fosas marinas que se abren repentinamente y que alcanzan profundidades de más de seis mil metros. Asombrado de su hallazgo, Robert Brush sacó varias fotografías que a su regreso mostró al francés Dimitri Rebikoff, especializado en fotografía submarina y capaz por tanto de ratificar la veracidad del hallazgo. Más tarde, las fotografías fueron examinadas por el profesor Manson Valentine, del Museo de Ciencias de Miami, quien había impartido clases en la universidad de Yale y era un profundo conocedor de las civilizaciones precolombinas. El resultado fue la organización de una expedición con objeto de reconocer y examinar desde el punto de vista arqueológico la zona donde se habían tomado las fotografías del hallazgo.

Concretamente, ¿qué era lo que había fotografiado Robert Brush? ¿En qué consistía su importancia, importancia que motivó la entusiasta y decidida adhesión de Rebikoff y Valentine, hasta el punto de realizar una expedición reestudio y prospección al Gran Banco de las Bahamas? ¿Compartían los componentes de la expedición la opinión de Pierre Carnac, visible en el título de su obra La historia empieza en Bimini (y por lo tanto en la famosa zona conocida como «Triángulo de las Bermudas»)? Posiblemente se trataba de algo que guardaba relación con lo que un año después, en 1968, descubriría en la misma área de las Bahamas el doctor Ray Brown, cuando se encontraba en la zona del Caribe con un equipo de buscadores de tesoros submarinos. La zona del Caribe es famosa por la gran cantidad de naufragios en otros siglos por los galeones españoles que emprendían el regreso a España cargados con sus tesoros de plata, oro y especias, tesoros que llevaban a Castilla como diezmo de los virreyes y gobernadores asentados en el Nuevo Mundo.

Los barcos emprendían el regreso a España reunidos en una importante escuadra, con objeto de protegerse de las acometidas de los navíos piratas que navegaban en busca de presa por aguas del Caribe. Al gran número de galeones cargados de tesoros se les denominaba «La Flota de la Plata», y la carga que almacenaban sus bodegas era conocida como la «quinta del rey», por ser la quinta parte de las riquezas reunidas anualmente por los virreyes españoles. Gran número de tales navíos naufragaron en la zona del Caribe, unos a causa de los numerosos arrecifes existentes y otros por las violentas tempestades. Todavía hoy el fondo de los mares está sembrado de los tesoros de muchos galeones españoles que aún no han sido recuperados. En 1968 el doctor Brown se encontraba en las Bermudas trabajando con un equipo de recuperación de tesoros perdidos en los fondos marinos. En uno de los descensos descubrió los restos de una ciudad submarina, y en otras de sus exploraciones, como hombre rana, halló una «pirámide sumergida».

En el informe realizado después por el mismo Brown, éste describía la existencia de una «pirámide submarina» compuesta de piedras pulimentadas que encajaban perfectamente unas en otras. Nació alrededor de la construcción remontándose hasta la cima de la pirámide, que aparecía truncada y en la cual se levantaba una especie de pequeño templete. Penetró por una abertura que poseía el templete y se halló en una sala en cuyo centro, sobre un soporte de piedra, dos manos de metal sostenían una pequeña esfera vítrea que, cuando fue examinada, resultó ser de cuarzo. En 1970, dos años después de sus hallazgos, unos expertos la valoraron en veinte mil dólares. Se trataba de una esfera geométricamente perfecta. Había sido encontrada entre la isla de Andros y la de Bimini.

¿Guarda alguna relación esa esfera perfecta de materia cristalizada con el «gnomón» o esfera de cristal de cuarzo que remataba el piramidión de basalto el cual a su vez coronaba las pirámides egipcias? Al «gnomón», que se sostenía en el vértice del piramidión de las pirámides, se le atribuyó capacidad eléctrica para captar los rayos. En cuanto al piramidión, de durísimo basalto gris, solía tener grabado en su superficie «el ojo de Dios», como en el caso de la pirámide de Amenemenes en Dashur. Aunque venía a ser como la rúbrica de la pirámide dada por terminada —indicando que la obra divina había tocado a su fin—, no falta quien se pregunta si acaso el objeto del piramidión, debido a la dureza de su materia y al hecho de figurar como remate de la pirámide, no sería otro que el de resultar indestructible por el rayo. Por eso la esfera «gnomántica» hallada por el profesor Brown podía poseer, como él mismo declaró, insospechadas propiedades que luego se explicarán.

Otro informe vino a sumarse a los que testimoniaban la existencia de una o más pirámides sumergidas en el llamado Triángulo de las Bermudas; el de un marino dedicado a la pesca, el capitán Don Henry. En efecto, cuando éste se hallaba en su pesquero, atareado en localizar grandes bancos de peces, detectó por medio de la sonda acústica algo que en el gráfico se transformó en perfiles correspondientes a una pirámide sumergida de cúspide truncada. La altura de la misma, calculada en el gráfico, era semejante a la pirámide de Keops, en Gizeh, de 137 metros de altura y con una base de 150 metros de lado. El famoso psicólogo y visionario norteamericano Edgard Cayce, célebre por su revelación de las significaciones del Libro de los Muertos, realizada —así como muchas de sus conferencias— en estado hipnótico, había predicho que en el año 1968 quedarían al descubierto reveladoras ruinas arqueológicas pertenecientes a la civilización atlante.

Persistencia del saber atlante



La perfecta esfera de cristal de cuarzo hallada por el doctor Ray Brown en el templete de la pirámide sumergida recuerda las esferas utilizadas por los adivinos, los espejos de obsidiana usados por los mayas, así como el ave que tenía un espejo en la cabeza y ala que Moctezuma II aparece consultando en un códice florentino. Las esferas de cristal, al igual que el agua perfectamente quieta en una escudilla, servían para centrar el pensamiento visionario y así poder percibir el futuro y el pasado. En el caso de la descubierta por el doctor Ray Brown, este investigador reveló que había podido constatar en ella poderes misteriosos. Así, exhibida en una exposición y libremente ofrecida al tacto ajeno, al ser tocada por la mano de una enferma ésta recobró la salud. Pero curiosamente, al ser tocada de nuevo, en otra ocasión, por una persona distinta, ésta adquirió la enfermedad de que habíase librado la anterior.


De creer en la palabra de Ray Brown, la singular esfera posee propiedades asombrosas, dignas de una profunda investigación. En una ocasión fue robada, pero lo más extraordinario es que al día siguiente, sin que nadie supiera cómo, apareció de nuevo en el mismo punto de donde había sido tomada. Se sabe que el ladrón, quien había sido identificado (se dedicaba a la venta de antigüedades), no regresó jamás a su hogar, ni se volvieron a tener noticias de él. Desapareció para siempre, y toda investigación resultó infructuosa. ¿Cuáles serían pues los misteriosos poderes de la esfera de cuarzo? ¿Serían sus pirámides interiores, repetidas indefinidamente, como punto de fijación para lograr la hipnosis de quien miraba en ella? Conocido es el efecto hipnótico que produce en los automovilistas el conducir de noche, cuando en la oscuridad de la carretera destaca pertinaz la interminable línea blanca. Este fenómeno se da asimismo en las gallinas. Sí se sujeta a una de estas aves, apoyando su pico en una línea trazada con tiza blanca en el suelo, y se la mantiene durante unos instantes inmóvil en esta posición, la gallina acaba hipnotizada por la línea de tiza. Al soltarla mantiene su inmovilidad hasta que se la cambia de postura.

Ahora bien, en el caso de la esfera de cuarzo descubierta por el doctor Brown, sus facultades no radican sólo en su poder de captación hipnótica, sino asimismo en su poderosa fuerza magnética, de extraordinarios efectos, sin duda aumentados por haber permanecido dicha esfera bajo la cúpula piramidal que cubría el templete en que fue descubierta. En el relato del doctor Brown figuran pormenores desconcertantes: «La superficie de la pirámide parecía un espejo… Las piedras estaban perfectamente pulidas y el trabajo era fantástico. Le di la vuelta a la cúspide tres veces. Durante la tercera vuelta descubrí una abertura. En mis vueltas anteriores no había visto ninguna, y estuve observando atentamente aquella estructura. No puedo explicar por qué al principio no había ninguna abertura y después sí. Mi primer pensamiento fue que si había una abertura debía de existir una puerta. No había puerta alguna, nada que pudiera abrirse».

A lo largo de su extenso relato el doctor Brown va facilitando un gran número de detalles concretos, como la descripción del templete dentro del cual se halló al trasponer la abertura. El ara sobre la cual se alzaban dos manos de bronce —pero cuyas palmas parecían de oro— que sostenían la esfera de cristal de cuarzo. O el cilindro de unos ocho centímetros de diámetro que descendía de la bóveda piramidal del techo y cuyo extremo disponía de una piedra roja engastada que a modo de punta de lanza apuntaba sobre la esfera de cuarzo, la cual despedía una luminosidad propia y radiante. La sala del templete disponía de varios asientos alrededor del ara, uno de los cuales quedaba más alto que los demás, como reservado al individuo de más alta jerarquía. El aposento estaba claramente iluminado, sin que resultara visible la fuente de luz que todo lo alumbraba. Asimismo se hallaba limpio, si bien ocupado por el agua. Singularmente, no se había introducido por la abertura ni siquiera un grano de arena, ni un alga, ni polvillo de plancton. Tampoco se había adherido ningún organismo a las caras de la pirámide, las cuales eran lisas y perfectamente pulidas.

Todo el relato es asombroso y fantástico, incluyendo la voz que, sin la presencia de aire para lograr la transmisión auditiva, recomienda al intruso del mundo submarino que abandone aquella área y jamás regrese. Así fue, pues, como el doctor Brown, dueño de la esfera de cristal, regresó a la superficie y se reunió con sus compañeros, quienes también habían hecho hallazgos no menos sorprendentes: los restos de una ciudad sumergida, posiblemente pertenecientes a la legendaria Atlántida. En la sorprendente historia del doctor Brown se puntualiza que jamás regresó a la zona de las Bahamas, pero que el lugar del hallazgo se encuentra entre las islas de Andros y Bimini. En su opinión, aunque no haya sido posible detectar de nuevo el asentamiento del portentoso descubrimiento, debido probablemente a que el movimiento submarino de arenas ha recubierto la pirámide, llegará un día en que se retirarán las arenas y de nuevo será visible la pirámide sumergida del Triángulo de las Bermudas. En una entrevista declaró que jamás volvería a la zona de su descubrimiento, ya que sus compañeros de inmersión en aquella ocasión, haciendo caso omiso a la misma voz que a él le había hablado, habían regresado, y todos habían perecido en diversas circunstancias, prueba patente de que la advertencia de la voz misteriosa no carecía de sentido. Por consiguiente, el relato del doctor Brown impulsa al lector interesado y reflexivo a algunas consideraciones, sin que pase por su mente el poner en duda la descripción de una realidad distinta de la realidad considerada racional.

Ya vimos que el descubrimiento del doctor Ray Brown no era único. El famoso autor de Sin rastro, Charles Berlitz, en una obra suya sobre el célebre Triángulo del Diablo —o «cementerio de barcos perdidos»— hizo mención de la existencia de una pirámide sumergida en la misma zona, pero no pudo concretar exactamente su localización, ni facilitar detalles sobre sus características.

La esfera gnomántica

La existencia de la pirámide sumergida descubierta por el doctor Ray Brown fue confirmada en abril de 1977 mediante un telegrama facilitado por la agencia France Presse, en el que se concretaba además que dicha pirámide tenía una altura de unos doscientos metros. Recordemos que la pirámide sumergida localizada por la sonda acústica del capitán Don Henry tenía una altura de unos 140 metros (curiosamente, la misma que la Gran Pirámide egipcia), y una base de 180 metros de lado. La noticia, transmitida por el propio Don Henry a Charles Berlitz, impulsó a dicho investigador a realizar una expedición al Triángulo de las Bermudas para comprobar tan singular hallazgo, que venía a confirmar el realizado por el doctor Ray Brown. En opinión de Berlitz, aunque sea prematura cualquier afirmación categórica, todo hace suponer que en las profundidades marinas del área de las Bahamas yacen los restos de la antiquísima civilización atlante. Con todo, antes de proseguir, volvamos a la encuesta que en su momento se le hizo al doctor Ray Brown, y deduzcamos de sus respuestas otras realidades más ocultas.

Viaje al pasado
«Vivimos en la superficie de nuestro ser», dijo Williams James, refiriéndose a que nuestra vida práctica no requiere sino el trabajo funcional del pensamiento, y que éste es receptor de los estímulos de nuestros cinco sentidos. Sin embargo, desde su punto de vista ésta es sólo la epidermis de nuestra naturaleza superior, pues existe en nosotros, en estado latente, la facultad de poder «conocer» por otros medios que los puramente sensoriales; por ejemplo, hay sujetos que pueden remontarse por encima de lo accidental inmediato, y conocer así el futuro tanto como el remoto pasado.

Basándose en tales premisas, se aplicaron procedimientos cognoscitivos de índole suprasensorial para desenvolver el misterio de la esfera de cristal de cuarzo encontrada por el doctor Brown en el tabernáculo de la pirámide sumergida. Ya en otra ocasión se había realizado una encuesta al doctor Brown, quien respondió a treinta y dos preguntas sobre su importante hallazgo. Algunas de ellas fueron extraordinarias. Destaca por ejemplo su cautela a la hora de mostrar la susodicha esfera, que hasta el día de hoy no ha sido exhibida al público sino cinco veces.

El doctor Ray Brown no pudo facilitar la localización exacta de la pirámide sumergida. La razón es que en las condiciones de excitación en que se encontraba no se le ocurrió detectar el lugar preciso del hallazgo. Según sus propias palabras, la pirámide está ubicada «muy cerca de la Gran Lengua del Océano», apuntando en línea recta hacia las islas Bari, a unos treinta kilómetros del borde de la fosa de la Lengua. Está bastante lejos de cualquier isla importante. A un lado tiene la isla de Andros, y el lugar habitable más cercano es la isla de Bimini». Jamás pudo explicar el doctor Brown cómo se encontró dentro de la pirámide. Fue como un sueño o una visión que cobrase realidad. Una realidad distinta de la que habitualmente percibimos por los sentidos. Como dijo muy acertada y sagazmente el doctor Albert Leprince, en Los errores de los clarividentes: «Nuestra educación tradicional científica, filosófica, social, etc. nos ha colmado de poderosos prejuicios, es decir de cuanto es necesario para estancarnos en la negación del nombre de los principios. Esta educación jamás ha puesto en nosotros algo que nos predisponga a comprender. Para nuestras mentes es un mundo nuevo. Tengamos pues el respeto debido a la naturaleza; quiero decir: mirémosla tal como es y evitemos caer en la fantasía de verla de otro modo que como realmente existe». Con lo que quería demostrar que la inercia de nuestra educación y el enfoque del uso de nuestros sentidos como mensajeros de toda información dirigida a nuestro cerebro nos vedan tolerar como posibles otras posibilidades de percepción. Uno de los datos más sugerentes del relato del doctor Brown fue quizás la voz sin palabras audibles que le aconsejó que no regresara jamás a la zona de la pirámide. Debido a que en modo alguno podía haber llegado la voz hasta él a través de las aguas, tuvo que tratarse en realidad de una comunicación de carácter telepático.

¿De dónde procedía el lenguaje mental, y quiénes eran el comunicante y sus semejantes? ¿Está el mundo submarino de la zona del Triángulo ocupado por seres inteligentes distintos de nosotros? ¿Quiénes son? ¿Cómo pueden ser denominados? ¿Cuál es su modo de vida? Preguntas a las que sólo las capacidades paranormales pueden dar respuesta cumplida, una vez liberada la mente de sus prejuicios.

Según el propio doctor Brown, el cristal de cuarzo perfectamente esférico que encontró en la pirámide sumergida posee propiedades fuera de lo corriente. Por ejemplo, sus propiedades electromagnéticas se ven extraordinariamente aumentadas si se halla al descubierto. Cuando fue encontrada se hallaba bajo una cúpula piramidal, lo que parece indicar que en el interior de la pirámide el cristal esférico condensa sus propiedades, y fuera de la misma vierte su fuerza al exterior. Según Brown, existe además una relación entre la actividad de la esfera de cristal de cuarzo y el ciclo lunar.

Pirámides y catedrales
Según el mismo Brown, unos treinta metros de la pirámide sumergida se encontraban a la vista, y el resto, hasta la base, cubierto por la arena del fondo marino. Curiosamente, las superficies de la pirámide se hallaban perfectamente limpias, sin el menor rastro de algas o incrustaciones orgánicas propias del océano.

Otro detalle sorprendente es que la cámara en la que el doctor Brown penetró estaba asimismo muy limpia y sin el menor rastro de arena. La pirámide aparecía con sus caras resplandecientes, totalmente blancas, lo mismo que si el material utilizado en su construcción hubiese sido de una blancura purísima, o después de construida se hubiese procedido a la pulimentación esmeradísima de sus caras. Indudablemente, la «pirámide sumergida», antes de su hundimiento en el océano, cuando estaba erguida en la superficie de la tierra, debía parecer una joya brillando a la luz del sol y de una atracción fascinante a la claridad de la luna, sobre todo en los períodos de luna llena. Precisamente, el color blanco de su masa pétrea correspondía al color lunar, el mismo color blanco cerúleo, lívido o plateado que corresponde a la luna y a Isis. La «pirámide sumergida», antes de su desaparición bajo las aguas, sin duda ofrecía un espectáculo grandioso y de sorprendente belleza.

Con anterioridad a su descubrimiento, el doctor Ray Brown comenta una terrible vivencia que iba a cambiar su personalidad. Después de la experiencia que sufrió se sintió un hombre distinto, y como ya predestinado a sucesos relacionados con el descubrimiento. En 1970 se encontraba realizando investigaciones submarinas con un equipo en la zona de las Bahamas, precisamente en la misma área donde descubrió posteriormente el cristal de cuarzo de tan singulares propiedades así como la pirámide sumergida.

Ignoraba mientras estaba sumergido realizando su trabajo de hombreraza que se encontraba cerca de un banco de pasajeros. Cuando de pronto y con el espanto subsiguiente vio las hélices del barco que iban arando el agua de mar y que de un momento a otro le alcanzarían. El pánico se apoderó de él. Instintivamente se encontró a unos quince metros bajo el agua. Cuando se recobró del pánico le sobrevino una sensación de tranquilidad y de sosiego. Era una paz inconmensurable. Experimentó la sensación de que su cuerpo no respiraba y sin embargo seguía viviendo. Si bien había evitado las hélices del barco, no había logrado esquivar el golpetazo de una lancha deportiva que, al encontrárselo en su camino, le había ocasionado el impacto que le sumergió a quince metros de profundidad. Fue este impacto el causante de aquella sensación de abandono total. Por lo que se desprende del relato de esta vivencia narrada prolíficamente por el mismo Ray Brown, éste se halló como a los que se encuentran fuera de su cuerpo y sin embargo siguen siendo conscientes de cuanto captan sus sentidos. Pueden ver, oír y sentir, pero desdoblados de su cuerpo material. Ellos se convierten en testigos de sí mismos. Pueden verse de cuerpo presente, oír lo que hablan aquellos que miran su parte física y hasta ver fuera de la envoltura corporal.

Algo así fue lo que le ocurrió al doctor Ray Brown. Explicó: «Miré hacia abajo y observé un pequeño pez brillante. Quedé intrigado por ese hermoso pececillo y fue como si algo dentro de mí centrara mi atención en él. El pececillo no me hablaba con palabras que yo pueda repetir, pero era algo así como "Hola, sé quien eres". Era sumamente tranquilizador». Seguidamente Brown refiere cómo aquella nueva sensibilidad que en nada le había desposeído de gozar de su total conciencia, le permitió como confundirse con el todo que le rodeaba y con las más diversas formas de vida. Tales relatos los hemos encontrado asimismo en el testimonio de otras personas que vivieron experiencias límites semejantes y en las que un fino hilo separaba su vida de la muerte. El regreso a la vida les había guardado el recuerdo de su experiencia en su total nitidez. Por lo mismo el doctor Ray Brown, cuando fue socorrido por sus compañeros de equipo, oyó perfectamente las palabras de quienes trataban de salvarle repitiendo que ya había fallecido. Una vez recobrado de la experiencia se encontró en la cama del hospital, como regresado a la vida. En su opinión, tal vivencia cambió totalmente el curso posterior de su existencia y el sentido de interpretación de la existencia que en él había prevalecido hasta entonces. Y según insistió repetidamente, fue tan extraordinaria experiencia vital la que le permitió, posteriormente, el hallazgo del cristal de cuarzo, así como el descubrimiento de la pirámide sumergida. ¿Qué quiso significar con tal afirmación? Posiblemente se puede desprender de tales afirmaciones que la experiencia anterior había despertado en su personalidad facultades desconocidas que hasta entonces habían permanecido escondidas pero latentes en su naturaleza pero que, una vez afloradas era fácil volver a provocar o repetir como por reflejo condicionado. Era como si de pronto hubiese despertado en él una nueva manera de ver, penetrando a través de otras dimensiones de las que estimamos como normales y únicas. ¿Fue esta nueva visión lo que le permitió descubrir y visionar la pirámide sumergida y que le fue concedido el favor o la distinción de hacerse con la esfera geomántica de cristal de cuarzo que tanto recuerda en su descripción a aquella otra que los antiguos egipcios colocaban en lo alto del vértice de la pirámide, coronando la dureza de la piedra basáltica de piramidión, como punto de referencia y vinculación de las fuerzas de la Tierra con el cosmos?

En aquella segunda ocasión en que el investigador relata su estancia dentro de la cámara de la pirámide en cuyo interior descubrió la esfera geométrica perfectamente tallada oyó las palabras sin voz que le hablaban: «Has venido, ahora tienes lo que viniste a buscar. Ahora vete y no vuelvas jamás». Cuando regresó a la superficie con la esfera geomagnética, vio sorprendido que sus demás compañeros de equipo habían hallado otras piezas demostrativas de la existencia de las ruinas arqueológicas en el fondo submarino de aquella zona, y que también ellos coincidían en el hallazgo de la ciudad submarina. También «la voz» les había recomendado que jamás regresaran a aquellas profundidades. Pero ninguno de ellos, a excepción del doctor Brown, obedeció el consejo. Así uno a uno, fueron perdiendo la vida en el mar al visitar de nuevo la ciudad submarina. De todo el equipo solamente el doctor Ray Brown respetó la recomendación. Jamás quiso volver a investigar en aquella área correspondiente a la zona del Triángulo de las Bermudas. Realmente sentía un gran horror. Lo que él había «visto» en el fondo marino era la existencia, además de la pirámide sumergida, de un sinnúmero de edificaciones que guardaban parecido con el arte egipcio y con las construcciones precolombinas de Sudamérica. Pero las caras de dichas pirámides, a diferencia de las sudamericanas, eran totalmente lisas y sin ningún signo ideográfico en sus caras, y carecían asimismo de ninguna clase de escalonamiento. Ciertamente, el doctor Ray Brown no pudo examinar con detenimiento tales construcciones aunque sí advertir la forma de sus estructuras.

De la singularidad de todo el relato, posiblemente lo que más sorprende entre tantos pormenores extraordinarios es la evidencia de que el submarinista era observado durante toda su inmersión. La entrada de la pirámide era invisible y, sin embargo, alguien que estaba al tanto de todas las evoluciones de Brown franqueó una entrada al interior de la pirámide que de otro modo no hubiese ofrecido al submarinista más que la forma externa de su volumen y arquitectura pero hubiese guardado el misterio de su cámara interna, con la disposición de las 7 sillas (recordemos que el 7 es un número sagrado), y tampoco le habría sido dada la oportunidad de contemplar las dos manos del desconocido metal (¿auricalco atlante?), así como el remanente sobre el que descansaban sosteniendo la esfera del cristal de cuarzo y el cilindro dorado con el remanente de su punta aristada en forma de flecha apuntando sobre la esfera de cuarzo.

¿Es cierta la hipótesis sostenida de la existencia en la zona del Triángulo de las Bermudas de una cala espacial, arco o entrada, agujero o espacio abierto en el muro de una distinta dimensión que, existente en las mismas energías de la naturaleza, a manera de una curvatura trazada entre el tiempo y el espacio, permitía, dadas ciertas circunstancias, penetrar en una dimensión distinta de tiempo y espacio? ¿Eran acaso como unas cortinas entre cuyos pliegues existían agujeros que de improviso permitían el tránsito a otros mundos desconocidos para nosotros pero reales?

Mundos distintos, mentes diferentes
¿Cómo explicarse que en el año 1940 el gran vidente Edgard Cayce profetizara el descubrimiento de las murallas submarinas de Bimini? Edgard Cayce predijo: «Los sistemas mediante los cuales los atlantes fabricaban y obtenían energía serán hallados en la parte sumergida del continente, que se encuentra parcialmente cerca de Florida, concretamente en Bimini, donde se halla uno de los templos».

A la revelación del vidente, uno no puede por menos que preguntarse si el templo a que se refirió Edgard Cayce correspondía a la pirámide sumergida descubierta por el doctor Ray Brown, y si uno de sus sistemas de obtener energía no sería asimismo el hallazgo de la singular esfera de cuarzo magistralmente tallado por las manos de un artífice ya que en modo alguno es posible que la naturaleza ofrezca al cuarzo en forma esférica.

Aunque Cayce no hizo alusión alguna al cristal de cuarzo, sí mencionó un equivalente similar para la obtención de energía, llamando piedras atómicas a aquellas que según su visión captaban energía solar reflejada por el espejo de la Luna. Las piedras en cuestión se hallaban situadas en el interior de una cúpula de forma piramidal, y en su parte superior dicha pirámide disponía de estrías o aberturas deslizantes que, a manera de los observatorios astronómicos, permitían distribuir la energía en todas direcciones, según la preferencia del manipulador. Curiosamente, la descripción pormenorizada de las piedras atómicas, llamadas así por el vidente, eran realmente cristales cilíndricos tallados en diversas facetas. Según Cayce, la parte superior estaba tallada por un lapidario de gemas y servía para la concentración de la energía en el interior del cilindro de cristal. La multiplicidad de las utilizaciones del cristal visionado por Cayce ha sido interpretada como una ingenua descripción de los rayos láser, desconocidos en la época de Cayce.


[1] Este material me fue facilitado por mi amigo Xentor Xentinels, a quién agradezco por su aporte.


Proyecto Camelot - El Cráneo de Cristal (Parte 3 de 3)






The Bimini Wall Part 3 - Ray Brown mostrando la esfera


4 comentarios:

  1. es una pregunta tonta que ojala leas y puedas responder, los diagramas como el thetraedron y etc dice sacado de legendas y textos atlantes, y la verdad hace dias que busco informacion grafica sobre esos dibujos.... seria mucha molestia decirme de donde los sacastes o a que infrome o libros pertenecen... te agradeceria mucho esa molestia..

    te dejo un mail por si escribis cortito la respuesta ahi... l2san@yahoo.com.ar

    gracias... espero lo leas.
    Ruben

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  2. Ruben:

    La verdad que las imágenes las tomé en su momento de la red, para ilustrar el artículo, o sea no guardé el enlace que las emitió.

    Por mi rastreo, me parece actualmente ese site está desaparecido, no aparece.

    Si en algún momento surge una pista sobre el mismo, lo postearé.

    Por ahí dos autores comprometidos con ese trabajo son Drúnvalo Melchezidek y David Wilcox, te diría busques por ese lado.

    Un abrazo, Débora

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  3. Hola debora. De verdad que si tuviera los medios organizaría expediciones para investigar y descubrir el asunto acerca de las pirámides Por ejemplo ¿por que una voz de advertencia diciendo: nunca regreses? Debe haber una razón de mucho peso para algo así. O allí hay algún conocimiento que no debemos saber o sucedió algo muy malo supongo yo.Debo felicitarte por que tu blog condensa de muy buena forma toda la información acerca de este tema,todo lo relacionado con el doctor brown y los demas testimonios de primera mano.Felicidades

    Att: Un investigador amateur

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  4. Hola Investigador Amateur:

    Sin duda la Atlántida y el Triángulo de las Bermudas, resultan una combinación explosiva, en todo sentido, especialmente por el trasfondo esotérico que siempre se cuela en estos temas.

    Se hace imposible no vincular al continente perdido con el matíz ocultista, ambos intrínsecamente relacionados y única vía a mi entender para comprender algunos enigmas que se presentan con la Atlántida.

    Siempre conjeturé que bajo los aguas del Triángulo se hallan parte de sus restos, no tengo dudas, es una creencia que comparto desde muy joven, cuando me inicié en su estudio. El porque no se lográ poner a la luz estas evidencias responden a intereses marcados, que tiene motivaciones históricas como eje.

    Pero la potencia mayor ya sabe que bajo esas aguas misteriosas, reposa la perdida Kusha, como la denominaba la Teosofía.

    Algún día sabremos la verdad.

    Débora

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