14 de mayo de 2018

Juan Pérez - El enviado del Cielo - Débora Goldstern

Juan Pérez
El enviado del Cielo
Débora Goldstern



Ayer estuve en Village Recoleta, donde finalmente pude ver Testigo de Otro Mundo. Aún recuerdo cuando Alan me comentó por primera vez los esbozos de este proyecto, continuando lo trazado con Humano, en cuanto a interrogantes existenciales. 

Qué un director argentino accediera a llevar adelante una temática tan controversial, como es la cuestión ufológica, no es un dato menor, teniendo en cuenta el poco abordaje dentro la filmografía nacional, reticente en cuanto a ésta problemática. 

Pero hablamos de Alan Stivelman, y conociéndolo un poco, sabía él estaba dispuesto a cambiar esta situación, por lo cual decidió tomar la historia del caso Pérez como base para su film. 

Según rezan los archivos ovnis sobre esta historia, en setiembre de 1978 éste gaucho santafesino de nombre Juan Pérez, con tan sólo doce años de edad, protagonizó un hecho inusual, marcado por un encuentro en pleno campo, con los desconocidos aéreos de siempre. 

Aquel hecho ganó tal repercusión mundial, haciendo el prestigioso astrofísico Jacques Vallée se interesara en la historia, llevándolo más tarde a viajar hacia la Argentina, produciéndose su visita ese mismo año

Transcurridos treinta años de estos sucesos casi olvidados, el film de Alan Stivelman recupera para la memoria, narrativa asombrosa, especialmente por su testigo, el enigmático Juan Pérez, un ser que como describe Néstor Berlanda, es casi MÁGICO, y ya lo creo. 

El inicio de la película es marcado por una frase de Stivelman, cuando transmite: -busco las respuestas a cuestiones universales, y ni si quiera sé cómo plantar una lechuga-, sintetizando un estado de desconcierto ante los misterios, que plantea el espinoso asunto de los ovnis, cuyas intromisión en nuestra vida diaria, supone desafío aún no resuelto. Durante las secuencias de pantalla, vamos conociendo lentamente a Juan Pérez, convertido hoy día en todo un hombre, aunque su alma nunca haya abandonado la sensibilidad de la niñez -¿Por qué a mí? - No cesará de repetir, como un latiguillo interior que espera sane algunas heridas pendientes. Y es que para Juan Pérez, los sucesos de 1978, marcan un antes y después. 

Pero Juan no está solo. Un Jacques Vallée inesperado irrumpirá en el film, acercando su visión sobre el caso, que para él está claro, no es uno más, convirtiéndose en uno de los momentos más fascinantes de toda la película, hablándonos de esa otra realidad paralela que convive con el hombre, y señalando la importancia de escuchar al testigo, especialmente cuando lo protagoniza un niño. La cuestión guaraní, es otra de las sorpresas que nos aguardan en escenas posteriores, marcando pulso impensado en cuanto a la fenomenología ovni, el cuál después de extensas décadas de estudio, apenas comenzamos a decodificar. Ellos dirán: -el hombre está distraído-, educándonos sobre esa realidad invisible, pero existente, y sobre todo viva.

¿Por qué yo? volverá a interrogarse Juan Pérez. Enigma que quizás resuelva su propio espíritu interno, tocado por lo profundo, y donde los sabios guaraníes pontificarán: -sin mancha y cristalino-, ganándose el apelativo, de “enviado del cielo”.

Perlita que invito al espectador a descubrir, es la existencia de una montaña, que en una rápida escena se erige pasajera, y cuya vinculación con su par norteamericana, se revela como inquietante paralelismo. 

Y es que Testigo de Otro Mundo, es una mirada para ahondar, una y otra vez.

A la salud de Alan Stivelman!

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