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28 de septiembre de 2015

Jack Churchward -El Legado de Mu - Entrevista Exclusiva - Débora Goldstern©

Jack E. Churchward
“El Legado de Mu”
Entrevista Exclusiva
Débora Goldstern©

Jack E. Churchward

La obra de James Churchward, militar y estudioso británico que en los primeros decenios del siglo veinte, introdujera a nivel mundial el concepto de Mu, continente que habría desaparecido en el Océano Pacífico, donde se habría desarrollado la primitiva humanidad, sobrevive lleno de enigmas, especialmente en lo respectivo a su mítico autor.

Iniciando una controversia que hasta la actualidad perdura, James Churchward legó un trabajo apasionante encarnado en varios libros de su autoría. Allí, no solo expuso a Mu como cultura primordial, sino que centró la discusión en la evolución humana, entregando una visión contrastante en cuanto a la historia tradicional.

Es por eso que Crónica Subterránea se contactó con Jack E. Churchward quién además de ser nieto del famoso escritor, viene desarrollando desde hace unos años, tarea titánica, a través de su magnífico sitio My-Mu. com, donde desgrana aspectos pocos conocidos acerca de su célebre pariente, y que en exclusiva para nuestro blog, decidió aceptar un mano a mano, entregando un reportaje impactante, y lleno de revelaciones.

Atienda el lector!


Mucho se discute la existencia de civilizaciones desaparecidas, anteriores a las oficialmente aceptadas por la historia tradicional. Dentro de ese contexto, Atlántida, se inscribe dentro de los continentes rechazados por el ámbito académico, negándose a validar a la misma. Sin embargo, la irrupción de Mu a través de la obra de James Churchward captó la atención mundial, iniciando una nueva controversia sobre el tema que hasta la fecha continúa, lo cual me obliga a preguntarle ¿Cómo se inscribe Mu dentro de éste escenario, teniendo en cuenta la negativa inicial por parte de la comunidad científica, reacios para aceptar la existencia de antiguos continentes omitidos dentro de la historia oficial?

Escritos sobre la Atlántida por el filósofo Platón en el siglo cuarto antes de Cristo, inspiraron más escritos e investigaciones en siglos posteriores, incluyendo a Sir Francis Bacon y otros. Examinando el contexto histórico de estos escritos se podría especular, que cuando la autoridades de las instituciones religiosas, se vieron debilitadas por el advenimiento de la aceptación de la razón científica, las interpretaciones bíblicas más tempranas acerca de los inicios del hombre comenzaron a ser cuestionadas. La situación en la que se consideraron las teorías alternativas como heréticas (y posiblemente la vida interminable) dio paso a lo que permite el libre pensamiento. 


La teoría científica del tiempo profundo, donde la tierra no es tan sólo 6.000 años de antigüedad como creían  estudiosos de la Biblia, pero muchos millones de años de antigüedad, siempre que la oportunidad de "rellenar los espacios en blanco" para los millones de años antes indocumentados. Se propusieron continentes hundidos para dar cuenta de la distribución de fósiles de plantas y animales y de ninguna manera Lemuria fue la única propuesta. El avance de la teoría de la Tectónica de las Placas, descarta la necesidad de continentes hundidos, y cuando se llevaron a cabo estudios sobre los mecanismos de cómo los continentes reorganizan a sí mismos, isostasia, o el equilibrio gravitatorio entre la corteza y el manto, se indica que los continentes no podían hundirse porque flotaban en el manto. Esta es la razón por qué la ciencia rechazó la idea de continentes hundidos. James Churchward escribió en la década de 1920 de sus aventuras en la India como un coronel de los lanceros de Bengala, donde se hizo amigo de un Rishi, quien eventualmente le mostró las tabletas Naacal, escritos antiguos que a él también se le enseñó a interpretar. Estas tabletas supuestamente contaban la historia de un continente hundido, del que su narrador, maestro Rishi, fue uno de los tres supervivientes de esa Jerarquía, tras el colapso de Mu. 

Los escritos sobre la masonería por su hermano, el Dr. Albert Churchward, también influyeron en James. Era amigo de Augusto Le Plongeon, un Mayista que creyó Yucatán fue la cuna de la humanidad. También de acuerdo con la biografía inédita de James, pasó muchas horas discutiendo el tema con mucha gente, incluyendo los teósofos, en la ciudad de Nueva York en el siglo XIX. Las teorías de James derivaron de teorías anteriores de continentes hundidos mencionándose Mu, situándose su ubicación en el medio del Océano Pacífico. Otra característica de sus escritos, es que atacó abiertamente la ciencia, menospreciando conclusiones y teorías científicas, que no estaban de acuerdo con su material.

Cuando se examina el trabajo de su abuelo con respecto a Mu, continente que se habría extendido por el Océano Pacífico entre otras latitudes, se tiene la sensación de estar ante un iniciado en estos misterios, y cuya formación, parece escapar a la educación tradicional de aquella época, rígida y conservadora. Teniendo en cuenta estos parámetros tan estrictos, ¿De dónde cree nace en James Churchward  ese espíritu tan innovador, que lo llevara a desarrollar una nueva concepción en cuanto a la historia conocida?

James nació en 1851 de una antigua familia de ingleses en Devonshire. Una nota en uno de sus libros de recuerdos, hace mención a la escuela en Torquay, Devon. A los 19 años, era un empleado de banco en Londres, y en 1871 se casó con María Julia que había heredado las plantaciones de té en Sri Lanka (entonces llamado Ceilán.) James y su nueva esposa se trasladaron a Sri Lanka,  iniciando una nueva la vida como propietarios de las plantaciones. Creo que su cambio de creencias, ocurrió con las interacciones de las personas que conoció en Sri Lanka y la India, de su viaje a través del Pacífico, así como las discusiones de la tardes de domingos, como se mencionó anteriormente.

Uno de los aportes más importantes al publicarse “El continente perdido de Mu”, 1926, tiene a las tablillas naacal como estrellas indiscutidas. La mención de un idioma madre, que pudiera servir como una especie de traductor universal y base para el desciframiento de lenguas antiguas, supuso un verdadero hallazgo, siendo una de las evidencias más importantes, el aporte realizado por el geólogo escocés William Niven durante sus excavaciones en México,1921, dando a luz ese material Teniendo en cuenta su reciente trabajo, “The Stone Tablets of Mu” ¿Cuál es su evaluación acerca de este hallazgo, hasta la fecha tenido como controversial?

En primer lugar me gustaría mencionar, que nadie antes que James se adelantó, y señaló conocer la procedencia de las tabletas Naacal. Fue duramente criticado después de la publicación del Continente Perdido de Mu, cuna de la humanidad (1926), recibiendo acusaciones de invención. Antes de la publicación de 1926, James no había conocido ni tenido correspondencia con William Niven sobre sus descubrimientos, a pesar de que incluía un artículo de William Niven, y fotos de sus excavaciones, desarrollando inclus todo un capítulo en su libro. Niven, comenzó una correspondencia con Churchward en 1927 que duró algunos años, y, finalmente, envió imágenes de algunas de las  2.500-2600 tabletas por él descubiertas. 


Para la Navidad de 1927, James escribió un pequeño "libro", que proporcionó ilustraciones e interpretaciones de algunas de las imágenes de la tabletas que había recibido de Niven por su editor, Edwin Rudge. Este trabajo fue titulado, “Copias de tablas de piedra encontrados por William Niven en Santiago City Ahuizoctla Cerca México y se ha escondido en una biblioteca durante décadas”. Después recibí una exploración pdf de la original, transcribí el texto y limpié las imágenes, que se incluyeron en el  apéndice de mi libro reciente, The Stone Tablets of Mu”. 

Este libro proporciona información de fondo sobre Niven, sus excavaciones, Churchward y los informes en los medios de comunicación en el momento de sus descubrimientos, así como la forma en las tablillas en Copias de Stone Tablets ... se utilizaron en los libros posteriores de James. Los hechos demuestran que James, fue la única persona que declaró haber visto las Tablillas Naacal, y que después de su correspondencia con William Niven, utilizó sus descubrimientos acerca de las tabletas del Valle de México, como otra fuente de prueba para sus teorías, vinculándolas a las Tablillas Naacal. En “El Continente Perdido de Mu. Madre Patria del Hombre, 1926, James, incluyó cuatro imágenes numeradas de las tabletas de Niven, y algunas interpretaciones. En el “Continente Perdido de Mu”, 1926, se incluyen 49 imágenes numeradas de las tablillas así como la interpretación de cada una de ellas.

Khara Khoto
Existen algunos puntos sobre la historia narrada por su abuelo que me gustaría discutir. Por ejemplo, al mencionarse el Imperio Uigur, las ruinas de Khara Khoto, (desierto del Gobi, Mongolia), se alzan como una de las evidencias más importantes referenciadas en El Continente Perdido de Mu, donde se alega, fueron descubiertas por el arqueólogo ruso Koslov, computadas en 19.000 años. Sin embargo, datos actuales indican, que ese descubrimiento corresponde a Khara Khoto, (ciudad negra, Mongolia), excavadas por Pyotr Kozlov, geógrafo, arqueólogo y explorador ruso, siendo que esta ciudadela sería parte de la antigua dinastía Xía Occidental ¿Qué opinión le merecen estas nuevas informaciones?

Sí, aunque Khara Khoto era una ciudad importante en el imperio Tangut en el siglo 11. El tangut fue un pueblo tibetano que emigró al norte, y su imperio era conocido como el Xi Xia o Xia Occidental. No eran chinos, y estaban en desacuerdo con las dinastías Song y Liao. Los gobernantes de la dinastía Song, fueron incluso enviando tributo al Xi Xia. En cuanto a ser una ciudad "perdida", Khara Khoto, fue mencionada en los escritos de Marco Polo como la ciudad de Etzina en el siglo XIII. Incluída en mi libro, “Lifting the Veil of The Lost Continent of Mu: Motherland of Man, esta referencia, proviene de un recorte de periódico de uno de los libros de recuerdos de James, que contiene más información sobre Khara Khoto, siendo que la mayor parte de esta información proviene de este recorte.

Ud. menciona en muchas entrevistas que no se siente un continuador de su famoso abuelo, realizando aportes propios a la temática de Mu, como por ejemplo, “Lifting the Veil of The Lost Continent of Mu: Motherland of Man”, lo cual me obliga a inquirirle ¿Cómo encaja esta obra dentro del universo Mu, teniendo en cuenta su pronunciamiento sobre un legado tan especial?

Mi investigación no es una continuación del trabajo de mi bisabuelo. Después de muchos años de ser interrogado acerca de mi bisabuelo y sus teorías, decidí realizar mi propia investigación sobre su vida y teorías. Es por eso que mi investigación está contenida en el dominio, my-mu.com. Esta es mi investigación imparcial, y no tengo ningún interés financiero en la publicación de cualquiera de los libros de mi bisabuelo. A diferencia de algunos otros, yo soy libre de publicar lo que descubro en el curso de mi investigación sin temor a perder ingresos. En “Lifting the Veil of The Lost Continent of Mu: Motherland of Man", es mi intención estudiar las fuentes utilizadas por James Churchward. Con ese fin, incluí el texto original de 1926, añadido 270 nuevas notas al pie y dos apéndices, que cubren los autores y materiales que hacen una contribución significativa al libro. La información se presenta sin ningún juicio de mi parte; cada lector es libre de inventar su propia opinión acerca de la veracidad del contenido.

Uno de los aportes más fantásticos de su blog, tiene a los archivos de su abuelo especialmente en cuanto a correspondencia mantenida con otros estudiosos e interesados en Mu, como un material de enorme valía, y puesto a disposición del público a través de “Lost Gems of the Lost Contínent of Mu” ¿Cuál es su evaluación de este material epistolar?

Las cartas y otro material en “Lost Gems del continente perdido de Mu” se encuentran en algunos de los libros de recuerdos de James. El contenido demuestra que James mantuvo una correspondencia con muchas personas, y ofrece, la oportunidad de ver imágenes más completas de James Churchward para el lector.

En los últimos años algunas noticias manifiestan hallazgos que pudieran vincularse con Mu, como por ejemplo los descubrimientos realizado en la isla japonesa de Yonaguni, donde se detectaron estructuras muy peculiares, desconcertando a los expertos, aunque rápidamente declaradas como de conformación natural. Quizás el dato más significativo tenga que ver con una extraña escritura que se cree pudiera vincularse con la grafía conocida de Mu, pareciendo cubrir algunas de esas misteriosas ruinas ¿Estamos ante vestigios de Mu, o debemos esperar descubrimientos más contundentes?

Ruinas de Yonaguni, Japón.
En mi opinión, el concepto de Mu como un continente ahora hundido extendiéndose por el Océano Pacífico se ha demostrado que es poco probable. Sin embargo, yo no soy tan arrogante como para descartar la existencia de una antigua civilización avanzada en una ubicación diferente, sólo porque todavía tenemos que encontrar la evidencia. Los conceptos científicos de los orígenes del hombre siguen cambiando casi todos los meses, y nunca puede conocerse toda la verdad sobre el pasado de la humanidad en este planeta. En cuanto a la estructura descubierta en Okinawa conocida como el monumento de Yonaguni, al final de la última Edad de Hielo que se supone que fue por encima de las aguas, y algo de él puede haber sido trabajado por los seres humanos. Por otro lado, los geólogos que han estudiado la formación, indican que los procesos geológicos también podrían ser los culpables. Lo más probable, sea una combinación de ambos.

La región de andina es uno de los sitios dónde el término Mu, encuentra mayor adhesión, especialmente cuando se trata de buscar antecedentes sobre los constructores de algunas enigmáticas edificaciones que se extienden por esta parte del continente americano ¿Piensa existe realmente alguna conexión, que vincule la historia de Mu, con respecto a Sudamérica?

Creo que las estructuras de enigmáticas edificaciones detectadas en América del Sur, podrían ser evidencia de una civilización avanzada, sin embargo, sólo porque hoy no pueden (o no quieren) para racionalizar los métodos utilizados para crear estas estructuras, no significa que los pueblos indígenas no pudieran haberlos creados.

Retomando el tema de aportes significativos dentro de su magnífico sitio My-Mu.com, no puedo dejar de mencionar el trabajo del estudioso húngaro Jozep Czerep a quién conocía a través de uno de sus discípulos más distinguidos el gran János Móricz, descubridor de La Cueva de los Tayos ¿Qué puede decirse de una de las obras bibliográficas cumbres de Czerep, “America as the Prehistoric Cradle of the Caucasian Race”, dónde se adelanta una discusión aún en ciernes sobre el papel de América como raza madre?

El estudio del Dr. Czerep de documentos antiguos, produce alguna información interesante, y muestra que las obras de James, también influyeron en otros investigadores y científicos. En mi opinión la evidencia genética de hoy, indica, que la raza humana surgió de África,  poblando la Tierra en varias oleadas. Yo no soy tan arrogante como para creer que cualquier humano conoce la historia completa de la humanidad, pero sí que la evidencia demuestra hoy, la Humanidad, se originó en África, y no en Asia, u América.

Plancha encontrada en el Líbano.
Quisiera referirme a una reciente controversia desatada por Thomas Ritter y su encuentro con supuestos registros de Mu, en un templo hindú, desestimado como fraude absoluto ¿Supone esta historia un retroceso, teniendo en cuenta los esfuerzos para que el tema de Mu, algún día integre las discusiones de academicistas oficiales?

Thomas Ritter, quien lidera visitas a la India desde Europa, escribió un artículo en una revista detallando un su supuesto descubrimiento de las Tablillas Naacal en un templo en la India, incluyendo monjes que recordaban a mi bisabuelo. Teniendo en cuanta la edad de los supuestos monjes, tendrían que frisar los 130 años. Esta fue la primera pista que me sindicó la historia era un fraude. Después de intercambiar más correspondencia con el Sr. Ritter, él mismo me suministró imágenes de lo que identificó como las Tablillas Naacal. Estas imágenes no decían  nada de lo aportado por mi abuelo. Luego se comprobaría, que la supuesta plancha remitía a un hallazgo realizado tiempo atrás en Beirut, Líbano. Definitivamente no eran de Mu. No creo que una discusión académica sobre las teorías de Churchward sobre Mu, alguna vez se lleven a cabo.

Hay un asunto sensible que deseo abordar, tiene a ciertas fuentes bibliográficas, que pudieron haber influenciado a su célebre abuelo. Primero, tenemos el siempre espinoso caso teosófico centrado en La Doctrina Secreta publicada por H.P. Blavatsky, y luego, el libro escrito por Baird Spalding, “La Vida de los Maestros” con información muy elocuente sobre el asunto naacal, siendo este último especialmente desestimado dentro su blog, como referencia apócrifa ¿Cuáles es su sensación en cuánto a estas acusaciones, en cuanto a la autoría de Mu?

Es cierto que otras personas escribieron sobre el continente de Lemuria, antes de que James lo hiciera. Augusto Le Plongeon escribió sobre “Queen MOO” y cómo Atlantis fue rebautizado MOO en su honor. Por otro lado, James nunca se refirió a su continente perdido como Lemuria, y su continente fue nombrado Mu, no MOO. Un examen muy superficial de las diferentes teorías de las civilizaciones antiguas perdidas en el océano Pacífico, podrían llevar a la conclusión de que todas son iguales, sin embargo, un estudio más detallado de las teorías, produce una respuesta diferente. 

Claro, muchas de ellas son semejantes en cuanto a la antigua civilización hundida bajo las olas, pero más allá de eso, son muy diferentes. La Lemuria teosófica tenía millones de años de antigüedad y estaba habitada por aún no plenamente humanos. Otras teorías, sitúan Lemuria en diferentes lugares y tiempos diferentes, - todos con diferentes específicamente acerca de la gente, cómo vivían, qué tecnologías se utilizan, etc. Yo tendría que decir que cada una de las historias es diferente, y aunque algunos elementos son similares, cada uno de ellos es independiente.

Panfleto de la Lemurian Fellowship.
Uno de los autores más entusiasta acerca de la existencia de Mu, es el investigador David Hatcher Childress, quién en la década del 90’, volvió a poner el continente de moda, a través de “Las Ciudades Perdidas de Lemuria”, Childress describe en este trabajo, su asociación con “Lemurian Fellowship”, comunidad residente en California, quiénes le aportaron datos sugestivos para el desarrollo de su libro. Teniendo en cuenta esta organización se siente heredera del conocimiento de éste antiguo continente, ¿le generan alguna opinión estas reclamaciones?

La Lemuria Fellowship fue fundada en 1936 con el propósito de construir una nueva civilización basada en su conocimiento de la Hermandad de Lemuria, una antigua escuela de misterios encargadas de mantener la sabiduría del continente perdido de Mu. 


Siendo que James nunca usó el nombre "Lemuria" en ninguno de sus escritos, y los guardianes de la sabiduría antigua en sus libros fueron los Naacals, no veo una conexión
 

Desde hace casi un siglo el Monte Shasta viene siendo objeto de interminables rumores acerca de una extraña población que de vez en cuando se deja ver por las inmediaciones de la región, y a quiénes se cree supervivientes de Mu. Algunos testimonios de estos encuentros con esta comunidad en sombras, señalan, que los mismos residirían en recintos subterráneos, donde estos refugiados continuaron desarrollando su tecnificada civilización sin volver a integrarse a superficie ¿Cree posible estos rumores puedan tener algún tipo de credibilidad, o supone estos relatos, como parte del folklore de la región?

La primera mención de las historias Mount Shasta se produjeron en el siglo XIX, muchos años antes de que James escribiera su primer libro sobre Mu. Algunos escritos sugieren que el Monte Shasta es el lugar donde los sobrevivientes de Mu o Lemuria, se refugiaron después de la destrucción de su patria, o que los extraterrestres del espacio exterior, aterrizaron allí hace muchos años y todavía viven allí. Hay muchas historias diferentes sobre las civilizaciones avanzadas bajo el Monte Shasta, y como las historias de Lemuria, tienen varias características específicas que las hacen diferentes. Una cosa que todas estas historias tienen en común, consiste en que no han ofrecido ninguna prueba o evidencia más concreta. No creo muchas de estas historias sean creíbles.

Jack E. Churchward
¿Si actualmente se le ofreciera liderar una expedición para encontrar restos de Mu, cuál sería el lugar más apropiado para iniciar su búsqueda?

Como gran parte de la población mundial vive hoy en día a lo largo de la costa, yo esperaría que lo mismo sería cierto para los pueblos antiguos. Al final de la última Edad de Hielo, la costa estaban millas más lejos, por lo tanto, el lugar para comenzar sería un área que fue tierra seca en el final de la última Edad de Hielo y ahora está cubierta de agua. 

Para reducirla aún más, me gustaría examinar de cerca el fondo del océano para buscar el curso de los ríos antiguos, y la búsqueda a lo largo de la antigua línea de costa para las formaciones que serían adaptables en facilitar el asentamiento humano. Esto incluiría puertos naturales protegidos, montículos anómalos o pequeñas colinas, y nada con líneas rectas nominales o ángulos rectos. 

Estos datos debieran ser catalogados, clasificados y marcados en un mapa. Una vez finalizada la encuesta, se visitarían las zonas con mayor concentración de formaciones, así como de mayor probabilidad de presencia humana. 

Las muestras de núcleos se tomarían, y una encuesta bajo el agua se llevaría a cabo. El análisis de las muestras de núcleos, la composición de las muestras de roca, y el diseño de la zona, podrían convencer a alguien para financiar el desarrollo de la tecnología necesaria para explorar la zona de hasta 200 pies bajo el agua.

Aunque esto puede no sea válido para la búsqueda del continente perdido de Mu, los descubrimientos de William Niven en el Valle de México, tienen la apariencia de un enigma.

Como explico en mi libro, "The Stone Tablets of Mu," en la descripción de sus descubrimientos, Niven, habló de estatuas que se parecen a muchos pueblos de Asia, África y el Medio Oriente,  y a la existencia de antiguos murales de pared "que rivalizan con los de Babilonia, Nínive, y tan viejos  como los de Tebas ". Sobre el estilo de vida de estas personas, Niven encontró debajo de las cenizas volcánicas dos civilizaciones que lucharon por sobrevivir. Eran un pueblo que construyeron estructuras permanentes y sólidas, tenido tiempo suficiente tiempo, lejos de la supervivencia básica, para pintar murales exquisitos, crear joyas de oro detallada, y tallar símbolos y figuras en las rocas de andesita duros. Del examen de las estatuas de personas de todo el mundo allí encontradas, se podría especular que conocían estas personas, e interactuaron con ellos. La evidencia apunta a una antigua civilización cosmopolita poseedora de tecnología. Acerca sí los antiguos pobladores del Valle de México se conectaron o no, con continente perdido de Mu, no he sido capaz de encontrar una discusión académica de los descubrimientos de Niven. Tal vez, los relatos de los periódicos de la época eran exageradas, pero no todo pueden ser descartados.

Pregunta final. ¿Cuáles son las recomendaciones de Jack Churchward, a todos aquellos que se inician en los misterios de Mu?

Yo sugeriría que trabajan en las habilidades interpersonales, y creén interacciones positivas, con todos aquellos que entran en contacto para hacer de este un mundo mejor. La tecnología por sí sola no va a avanzar en nuestra civilización; no es una píldora mágica para resolver todos nuestros problemas. Incluso, si encontráramos la tecnología avanzada utilizada por los antiguos, el mundo seguiría siendo el mismo. Por otra parte, el respeto mutuo por los demás seres humanos, y el reconocimiento de nuestra existencia humana compartida pueden ponernos en un camino hacia una mayor civilización.

Jack E. Churchward
¡Infinitas Gracias!
Débora Goldstern

15 de mayo de 2010

Civilizaciones desaparecidas bajo las arenas del Gobi - Débora Goldstern



Civilizaciones desaparecidas
bajo las arenas del Gobi
Débora Goldstern



Desierto del Gobi


Así como Atlántida lidera el ránking de las civilizaciones desaparecidas que más fervor despierta, otras antiguas culturas no registradas aún en la historia, supieron captar en su momento la atención de los medios, aunque siempre enmarcadas dentro del misticismo y leyenda popular, ya que hasta  la fecha carecemos de mayores evidencias.

Una de esas narraciones menciona que bajo las arenas del desierto del Gobi, donde confluyen países como China, Mongolia y Rusia, se hayan enterradas ciudades desconocidas, que los locales dicen, se remontan a miles de años.

En
Encuentro con Hombres Notables, Gurdjieff hace mención a estos enigmáticos restos, aunque advierte que el secreto de su localización conservado de generación en generación, penaba con la muerte a quién se atrevía a divulgarlo.

La ocultista por excelencia
Helena P. Blavatsky, también aludió, a la existencia de una civilización primigenia que situaba en el desierto del Gobi.

Sin embargo, no fue hasta que
James Churchward un coronel inglés quién popularizó la idea sobre Mu a través de varios trabajos publicados, haciendo referencia a un antiguo continente erigido, según dijo en el Océano Pacífico, que la historia sobre ciudades desaparecidas del Gobi retomó la atención pública.

Para Churchward no había duda, que Mu era la responsable de aquellos remotos vestigios, aunque nunca pudo presentar prueba alguna avalando lo narrado en sus libros, que vieron la luz a principios del siglo XX.

Sin embargo, tiempo antes que los libros del viejo coronel inglés instalaran el concepto de Mu a nivel mundial, un misterioso norteamericano,
Baird T. Spalding, dio a luz una obra, conocida como La Vida de los Maestros, donde se refería a estas mismas historias, sobre ciudades muertas enterradas en el Gobi, con la salvedad que su experiencia databa de 1894 y la hizo conocida en 1924, dos años antes de que Churchward escribiera sobre Mu.

Un examen de La Vida de los Maestros realizados por esta autora, arroja que sin lugar a dudas, y teniendo en cuenta la fecha de publicación, esta obra, inspiró principalmente a J. Churchward, quién parece haber tomado pasajes enteros de la mismas en función de su propio trabajo. Al leer, El continente perdido de Mu, se advierten semejanzas más que notables con el escrito de Spalding, por no decir, casi copia fiel de algunos pasajes, aunque para no ser injustos con el viejo coronel, debemos decir que su información sobre los hermanos naacanales llegados de Mu, fue muchísimo más ampliada.

Otro autor que parece haber caído bajo el inlflujo de La Vida de los Maestros, fue el famoso fundador del movimiento Yo Soy, Guy Ballard. Su ya clásico
Misterios Desvelados, revela la ascendencia de Spalding en la construcción de las historias dedicados a reseñar el pasado de las civilizaciones del Gobi.

Retomando La Vida de los Maestros, el autor presenta intrigantes capítulos sobre estas misteriosas ciudades, aunque tampoco aporta demasiadas pruebas, y aunque señala que tomó fotografías certificando los hallazgos, estas evidencias nunca fueron publicadas.
Muchos investigadores creen que en realidad Spalding inventó la historia de su viaje hacia aquellos parajes ignotos, y que su libro no tiene ninguna validez.

Sin embargo vale la pena acercarse a estas referencias, ya con los recaudos señalados.

Juzgue el lector.




Capítulo I. Pág. 137-139
La mañana del primero de enero nos encontró levantados muy temprano, plenamente despejados. Cada uno de nosotros tenía la sensación de que un futuro acontecimiento nos haría considerar nuestras experiencias pasadas como simples mojones en el camino. Mientras nos reuníamos alrededor de la mesa del desayuno, vimos llegar al amigo que habíamos conocido en la terraza de la casa de Emilio, en el pequeño pueblo donde habíamos parado cuando nos dirigíamos hacia aquí. Se trataba de aquel hombre que había interpretado mi sueño. Después del intercambio de saludos, dijo: «Habéis estado con nosotros más de un año. Como os quedaréis aquí hasta el mes de abril o mayo, he venido a invitaros a ir al templo de la gran cruz en 'T, tallado, como habéis observado, en la pared rocosa que hay justo a la salida del pueblo». Observamos que las estancias de ese templo habían sido excavadas en la propia roca, que formaba una pared vertical de más de doscientos metros de altura. Las cavidades eran lo bastante profundas como para dejar un buen muro en el costado de la pared exterior.

Por todos lados se sentía la necesidad de ventanas para la luz o la ventilación. Se habían hecho aberturas en ese muro, que daba al sol del mediodía. Las ventanas medían alrededor de un metro cuadrado y cada estancia tenía dos, salvo la primera, que se encontraba en el nivel inferior. Aquella estancia no tenía más que una salida que comunicaba con una gran grieta, formada por la erosión, en la muralla rocosa al este del templo. Se podía entrar en el cuarto inferior solamente por el túnel cavado en plena roca y a través de la grieta. La ventana de este cuarto no fue hecha hasta más tarde. Al principio, la entrada del túnel estaba escondida por una gran piedra que formaba parte de un pliegue de la pared. Esta piedra estaba situada sobre un reborde y había sido colocada de tal manera que se podía dejar caer para bloquear la entrada desde el interior. La piedra cerraba la entrada y, cuando estaba en su lugar, no se podía mover desde el exterior. Era imposible acceder a ese reborde más que por una escalera de una veintena de metros. Las aberturas que hacían de ventanas estaban provistas de grandes piedras planas insertadas en las ranuras, de modo que podían ser deslizadas para bloquear las ventanas. De esa forma, ninguna abertura resultaba visible para un observador que mirase desde el pueblo. Nos informaron que se había recurrido a ese modo de construcción para proteger el templo contra las bandas de merodeadores que infestaban la comarca más al norte. Estas bandas bajaban algunas veces hasta el pueblo, que ya había sido saqueado varias veces sin que sus habitantes sufrieran daño alguno, ya que se refugiaban en el templo.

Nuestros amigos no habían edificado el templo. Lo habían adquirido a sus habitantes para conservar allí numerosos archivos a los que daban un gran valor. Desde esta adquisición, las incursiones de los bandidos habían cesado, los habitantes del pueblo no habían vuelto a ser molestados y todo el mundo vivía en paz. Se decía que algunos de esos archivos databan de la llegada a la tierra de los hombres civilizados que provenían directamente de la Tierra Materna. Se trataba de los naacales o Hermanos Santos, aparecidos en Birmania y que enseñaron a los Nagas, lo cual parece probar que los ancestros de estas gentes eran los autores de la Sourya Siddhanta y de los Vedas primitivos. La Sourya Siddhanta es la obra conocida más antigua de astronomía. Según los archivos que mencionamos, la obra se remonta a treinta y cinco mil años atrás. Los Vedas primitivos datarían de cuarenta y cinco mil años. No se nos dijo que los documentos fueran todos originales, ya que muchos habían sido copiados de las mismas fuentes que los archivos babilónicos y traídos aquí con vistas a su preservación. Los documentos primitivos eran los originales de los tiempos de Osiris y la Atlántida.


Las habitaciones del templo estaban dispuestas una sobre la otra: siete plantas que se comunicaban por medio de escaleras talladas en plena roca. El acceso a los escalones se encontraba en un rincón de cada habitación. Cada escalera subía, en una pendiente de cuarenta y cinco grados, hasta un rellano donde se abría la planta siguiente. Entre el techo de una estancia y el suelo de la otra, la piedra tenía alrededor de dos metros y medio de espesor. El techo de la habitación superior, en el séptimo piso, se encontraba a unos cuatro metros por debajo de un largo saliente del precipicio que, a su vez, estaba a una treintena de metros de la cima. Una escalera partía de esta habitación y comunicaba con la estancia central: un conjunto de cinco habitaciones excavadas en la pared del saliente. Había dos a la derecha y dos a la izquierda de la habitación central, de manera que el plano de la construcción tenía la forma de una inmensa T. Los cuartos superiores estaban excavados de tal modo que el saliente hacía la función de balcón. La roca era de granito suave de grano grueso. El trabajo, evidentemente, había sido hecho a mano, con herramientas rudimentarias, y llevó numerosos años terminarlo. Ninguna pieza de madera había sido empleada en la construcción

Capítulo II pág. 149-151
“Habíamos llegado al pie de la escalera. La subimos y entramos en el túnel con los dos hombres que nos acompañaban. El túnel había sido excavado en la roca y pensamos que estaría oscuro, pero se hallaba lo suficientemente iluminado como para permitirnos ver de lejos; además, la luz parecía rodearnos de un modo que no proyectaba ninguna sombra. Habíamos notado ese mismo fenómeno durante el día anterior, pero ninguno había comentado nada al respecto. Mas tarde, resolvieron nuestras dudas cuando nos explicaron que la luz estaba alrededor de nosotros, tal y como la habíamos percibido. Cuando no había nadie en el túnel, éste permanecía oscuro. Lo atravesamos y subimos las escaleras hasta llegar a la tercera habitación, que era un poco más grande que las dos de las plantas inferiores. Había un gran número de tablillas, una al lado de otra, a lo largo de las paredes. Descubrimos que otra gran habitación había sido excavada detrás de ésa y supimos, más adelante, que estaba igualmente llena de esas tablillas de un marrón rojizo oscuro y cuidadosamente barnizadas. Algunas tenían un tamaño de cuarenta por sesenta centímetros, su espesor era de cinco centímetros y su peso de cinco a seis kilogramos. Otras eran mucho más grandes. Estábamos muy intrigados por saber cómo habrían sido transportadas a través de las montañas. Se nos respondió que esas tablillas no habían sido llevadas a través de las montañas, sino que las habían traído del país del Gobi en la época en que esa comarca era una tierra fértil y bien poblada, antes de que las montañas se hubiesen elevado. Mucho tiempo después del surgimiento de las montañas, fueron guardadas en ese lugar para preservarlas de cualquier peligro.

Antes del nacimiento de las montañas, parece que un inmenso maremoto había inundado una gran zona del país y asolado o destruido a la mayor parte de la población. Los supervivientes quedaron aislados del mundo y privados de los medios necesarios para su supervivencia. Ellos fueron los ancestros de las bandas errantes de bandidos que, todavía hoy; infestan la planicie del Gobi.

El gran Imperio Uigour se extendía entonces en la región del Himalaya y en el desierto del Gobi. Había grandes ciudades y una civilización muy avanzada. Después de la destrucción de las ciudades a causa de la gran inundación, las ruinas quedaron cubiertas por las arenas movedizas del desierto. Tomamos nota de todos estos detalles que nos iban traduciendo de las tablillas. Más tarde, descubrimos dónde estaban ubicadas tres de esas ciudades. Algún día, cuando las excavaciones se completen, la autenticidad de esos archivos será verificada. Ellos afirman que el origen de esta civilización se remonta a muchos centenares de miles de años. Pero, como no es nuestra intención escribir sobre arqueología, damos por terminada esta digresión”

Interpretación de las tablillas pág 158-159

“Nuestra anfitriona se volvió hacia la tablilla y prosiguió: «En estas tablillas se halla registrado que Dios fue llamado Principio Director -Cabeza, Mente-, y que se simbolizó mediante un carácter parecido a vuestra letra M, que se llamaba M-u. Traducido a vuestro lenguaje, eso sería DIRECTOR o CONSTRUCTOR. »Este Principio Director estaba por encima de todo y lo controlaba todo. El primer Ser que creó fue llamado la expresión del Principio Director, y fue creado con la forma del Principio, pues el Principio carecía de otra forma que la Suya para expresarse.

Este Ser creado por el Principio Director era la expresión externa del propio Principio. Fue creado a imagen de éste, pues el Principio Director carecía de otra forma o muestra. El Principio Director otorgó a Su creación todos Sus atributos y esta creación tuvo acceso a todo lo que tenía el Principio. Se le dio poder sobre toda forma externa. Tenía la forma de Su Creador, los atributos de Su Creador y el poder de expresarlos de la manera perfecta en que se expresa el Creador, siempre y cuando la creación permaneciese en armonía con el Principio. No se desarrolló ninguno de los atributos del ser creado, pero el Creador, que tenía en mente el ideal o plan perfecto que debía expresar Su creación, situó a ésta en un entorno ideal o perfecto donde existían todas las condiciones para llevar a cabo su desarrollo perfecto. Una vez logradas dichas condiciones, se situó a ese Ser entre ellas; se le llamó Señor Dios, y al lugar en que se Le colocó; se le denominó M-u o M, que más tarde se conocería como la cuna o madre. Quisiera que os dieseis cuenta de que para explicar todo esto utilizo palabras de vuestro lenguaje para que podáis comprenderlo”.

Capítulo IX pág. 197-199
“A partir de ese momento, nos aplicamos con diligencia al estudio del alfabeto bajo la dirección de Chander Sen. Los días pasaban con una rapidez vertiginosa. A finales del mes de abril, cuando la fecha de nuestra partida hacia el desierto del Gobi se acercaba, la mayor parte de los archivos estaban todavía sin traducir. Nos consolábamos con la idea de que podríamos regresar para acabar el trabajo. Nuestros amigos habían traducido para nosotros una gran parte de los documentos, pero habían insistido en que estudiáramos los caracteres de las escrituras para poder traducirlas nosotros mismos. Anteriormente, en el mes de septiembre, nos habíamos reunido con el grupo que nos acompañaría en el desierto del Gobi hasta las tres antiguas ciudades en ruinas, cuya ubicación se ofrecía en algunos de estos códices. Aunque entonces no los habíamos visto, nos habían hablado de su existencia. Los que habíamos conocido no eran más que copias, que habían despertado nuestra curiosidad, de las crónicas que teníamos ahora ante nosotros. Ambos documentos remontan la existencia de esas ciudades en más de doscientos mil años. Se señala que sus habitantes disfrutaban de un elevado grado de civilización, pues conocían las artes y los oficios, y trabajaban los metales; el oro era un metal tan común que lo utilizaban para hacer vasijas y herrar los caballos.

También se señala que esa gente gozaba de un buen grado de dominio de todas las fuerzas naturales, así como de sus propios poderes otorgados por Dios. De hecho, las leyendas -si es que son tales- que hacen referencia a este asunto se parecen bastante a las de la mitología griega. Si los mapas son correctos, este vasto imperio abarcaba la mayor parte de Asia y Europa, alcanzando el mar Mediterráneo, hasta lo que hoy se conoce como Francia, y su punto más alto estaba tan sólo a doscientos metros por encima del nivel del mar. Se indica que se trataba de una gran llanura, muy productiva y muy poblada, una colonia de la Patria. No hay duda de que encontrar algún resto de dichas ciudades sería un importante hallazgo histórico, ya que la descripción que los códices ofrecen de este país eclipsa a la del antiguo Egipto en cuanto a pompa y esplendor durante las dinastías de sus siete reyes. Se dice que antes del reinado de esos reyes, había sido incluso más próspero. El pueblo se gobernaba a sí mismo; no había guerras, vasallos ni esclavos. Llamaron a su soberano «Principio Director», y amaron y obedecieron a ese Principio Director. Las crónicas aseveran que el primer rey de la primera dinastía usurpó el gobierno al Principio Director y se autoproclamó soberano.
Capítulo XII pág 228-231 Rayrnond preguntó a Bagget Irand si quería hablarnos de los pueblos que habían habitado en esa región y edificado ciudades corno aquellas cuyas ruinas se encontraban bajo nuestro campamento. Él respondió: «Poseernos sobre ese asunto escritos celosamente conservados, de generación en generación, desde hace más de sesenta mil años. Según esos documentos, la ciudad sobre la que estarnos acampados fue fundada hace unos doscientos treinta mil años. Los primeros habitantes vinieron del Oeste, mucho antes de la fundación de la ciudad, y colonizaron el Sur y el Suroeste. A medida que las colonias se desarrollaban, una parte de sus habitantes emigraba hacia el Norte y el Oeste, y al final todo el país quedó poblado. Tras haber plantado jardines fértiles y sembrado los campos, los colonos comenzaron a fundar las ciudades. Al principio, éstas no eran grandes, pero, con el correr de los años, los colonos del país consideraron que. era útil poder reunirse y asociarse para poner en práctica sus conocimientos de artes y ciencias. Edificaron templos, pero no los destinaron al culto, ya que la vida que llevaban era ya en sí un ejercicio de adoración continuo. Su existencia estaba dedicada a la gran causa de "la vida, y mientras esto duró, la vida no les falló jamás. »En esta época era habitual encontrar hombres y mujeres de varios miles de años. Ellos no conocían la muerte, pasaban de un nivel de comprensión a otro, hacia estados cada vez más elevados de vida y de realidad. Aceptaban la verdadera fuente de la vida, y la vida les daba a cambio sus tesoros ilimitados. »Pero antes de seguir, me desviaré un poco del terna. Volvamos a los templos. Eran lugares donde se conservaban documentos escritos con todos los conocimientos alcanzados en el ámbito de las artes, las ciencias y la historia, a fin de que aquellos que quisieran aprender pudieran acceder a ellos. Los templos no eran lugares para hablar de asuntos científicos profundos. Los actos de adoración eran parte de la vida cotidiana del individuo; no había horas señaladas, ni personas seleccionadas para el culto. »Los habitantes idearon nuevas vías de comunicación e inventaron el empedrado. Aprendieron a edificar casas confortables. Supieron cómo explotar las canteras de piedra, idearon el ladrillo y el mortero; desarrollaron todas esas cosas que vosotros ya conocéis y así, edificaron sus moradas y sus templos. »Comprendieron que el oro era un metal excepcionalmente útil, a causa de su inalterabilidad. Encontraron la manera de extraerlo de las arenas auríferas y de las rocas, hasta que se convirtió en un metal común para ellos. También trabajaron otros metales, que había en abundancia, según la medida de sus necesidades.
Después de esto, las comunidades dejaron de depender enteramente de la agricultura. Comenzaron a suministrar a los trabajadores del campo artículos manufacturados que les permitían extender su zona de trabajo. Los núcleos poblacionales se agrandaron y se desarrollaron hasta convertirse en ciudades de cien mil y hasta doscientos mil habitantes. »Sin embargo, no había jefes temporales ni gobernadores. El gobierno era confiado al consejo elegido por los propios habitantes. Este consejo cambiaba sus delegaciones con las de otras comunidades. No se promulgaban leyes ni reglas para la conducta de los individuos. Cada uno era responsable de sí mismo y vivía según la ley universal. Las leyes humanas eran inútiles, no había necesidad de ellas. »Enseguida, aquí y allá, algunos individuos comenzaron a desviarse. Pronto se convirtieron en amos, situándose por delante de los demás, al tiempo que desaparecían los hombres que apreciaban su trabajo. El amor, que no había sido completamente desarrollado por todos, produjo una separación imperceptible que no cesó de acentuarse, hasta el día en que un hombre de una personalidad extremadamente fuerte se instauró corno rey y dictador temporal. Corno gobernó sabiamente, las gentes aceptaron su ley sin pensar en el porvenir. Algunos tuvieron una visión de lo que vendría y se retiraron a comunidades cerradas, viviendo desde entonces una vida más o menos recluida y buscando el modo de mostrar a sus conciudadanos la locura de la separación. El rey fundó la primera orden de gobernadores temporales, en tanto que los disidentes formaron la primera orden monástica. Se necesitarían profundos estudios e investigaciones para entender el laberinto de caminos seguidos por los disidentes. Algunos conservaron la doctrina simple y vivieron según ella. Pero, en general, la vida se volvió muy compleja; tan compleja que la mayoría dejó de creer que existía una forma de vida más simple, más equilibrada, en cooperación directa con el creador de toda vida. Estas gentes ya no veían que su existencia era un camino complejo y rudo, ni que la vida simple, en armonía con la gran causa creadora, aporta la abundancia. Pero es necesario que continúen en este Camino hasta que descubran otro mejor». Dicho esto, el orador interrumpió su discurso y se quedó un momento en silencio. Apareció súbitamente ante nuestros ojos una imagen, inmóvil al principio, que después fue animándose. Las formas comenzaron a moverse y las escenas a cambiar, a veces de un modo espontáneo, y otras a medida que el orador las comentaba. Bagget Irand parecía poder mantener estas escenas y reproducirlas a voluntad según las preguntas y las explicaciones dadas. Se trataba de escenas que presumiblemente habían tenido lugar en aquella ciudad en ruinas sobre la que acampábamos. No era muy diferente a cualquier ciudad populosa del Oriente de hoy en día, salvo que las calles eran más anchas y estaban bien conservadas. Las gentes iban bien vestidas, con ropajes de gran calidad. Tenían el rostro luminoso y alegre.
No se veía en ninguna parte soldados, ni pobres o mendigos. La arquitectura atrajo nuestra atención; los edificios parecían sólidos, bien construidos y tenían un aspecto agradable. Aunque no se observaba demasiada fastuosidad, uno de los templos sobresalía por su magnificencia. Se nos informó que había sido enteramente construido por voluntarios, y que era uno de los más antiguos y bellos del país. Si esas imágenes eran verdaderamente representativas, la gente, en general, era ciertamente feliz y estaba satisfecha. Se nos dijo que los soldados no aparecieron hasta después de los doscientos años del segundo rey de la primera dinastía. Con el fin de mantener la pompa de su corona, este rey comenzó a poner impuestos y a reclutar soldados. Al cabo de unos cincuenta años la pobreza apareció en algunas zonas aisladas. Es en ese momento cuando una parte de la población abandonó la ciudad y se retiró, descontenta del reino y de los hombres en el poder. Bagget Irand y su familia descendían directamente de ese grupo de personas”.

Capítulo X- Segunda Parte Pág. 341-348
“A la mañana siguiente, mientras esperábamos al abad, llegó un mensajero que anunció que se esperaba que acudiésemos ante el Dalai Lama a las dos en punto de esa tarde. A continuación, fuimos en busca del abad y le encontramos cuando se disponía a abandonar la sala de audiencia. Su rostro resplandecía, pues en su mano sostenía nuestro permiso para viajar a voluntad por el país. Tras leer la orden traída por el mensajero, dijo: «No se trata de una orden; es sólo una solicitud. La audiencia es para entregaros este permiso». Como estábamos todos juntos, propuso ir inmediatamente a ver los códices. Nos aguardaba una gran sorpresa. Encontramos miles de tablillas de arcilla y textos en placas de cobre y bronce, así como bellas tablillas cinceladas en fino mármol blanco. Como ésa era nuestra primera oportunidad de entrar en contacto con ese tipo de registros, decidimos examinarlos inmediatamente. El abad nos dijo que no estaba familiarizado con las tablillas, pero que le habían contado que eran de origen persa y que intentaría encontrar al lama que las conocía. Así que salió y nosotros nos quedarnos examinándolas. Los caracteres no le resultaron familiares a nadie de nuestro grupo. Las tablillas consistían en dos losetas de puro mármol blanco de alrededor de medio centímetro de grosor, unidas mediante un cemento que no pudimos identificar. Los bordes aparecían bellamente biselados y a su alrededor tenían un margen de unos cinco centímetros con figuras cinceladas. Muchas de esas figuras eran incrustaciones de oro puro, mientras que todos los títulos aparecían damasquinados en oro puro, pero sin relieves. Las tablillas estaban cuidadosamente numeradas por grupos y cada grupo recibía un número de serie. Las fechas venían indicadas mediante dibujos de coronas de flores entrelazadas con hojas de parra. Según este sistema, si tuviéramos que señalar una fecha corno 1 de enero de 1894, el primer mes del año aparecería representado con el tallo de una flor, que no acabase en yema, con una incrustación de jade. El primer día del mes estaría encarnado por el tallo rematado por un capullo, con una incrustación de oro. El de la cifra 1894, aparecería representado con el tallo con un capullo lo suficientemente abierto corno para revelar el pistilo de la flor. Los pétalos de la flor eran incrustaciones de lapislázuli, con el pistilo en oro y un pequeño diamante embutido en oro.

El 8 es la flor que muestra ocho estambres; cada uno de ellos tiene-una incrustación de oro alrededor del pistilo, con un diamante más pequeño en el oro. El 9 aparece representado por una rosa de nueve pétalos totalmente florecida, con un pétalo de lapislázuli, otro de jade, y otro de calcedonia; repitiéndose esta secuencia en tres ocasiones. Eso señala que ya no hay más dígitos. El sistema iba del O al 9, y se repetían las secuencias para expresar números mayores. El 4 es un lirio en el proceso de abrirse, mostrando los pistilos y tres estambres. La copa del lirio es una incrustación de jade pálido, los estambres son de ópalo rojizo con cuatro pequeños diamantes, y el pistilo es de lapislázuli, con cuatro pequeños diamantes.
El espacio por encima del texto estaba adornado con una especie de parra con incrustaciones de oro, mientras que las hojas eran de jade verde; podía apreciarse hasta el más mínimo detalle. Las tablillas eran una joya en sí mismas. El tipo de tablilla y el método de fechado eran del período atlante temprano. Cada tablilla podría costar una fortuna, en caso de ser puestas a la venta. Mientras cavilábamos sobre todo ello, llegaron el abad y el superior, acompañados por el anciano lama que se encargaba de los registros. Nos sumergirnos de tal manera en ese recital de historia que el abad tuvo que avisarnos de que se acercaba la hora de nuestra cita con el Dalai Lama y que debíamos cambiarnos de indumentaria para ello. Cuando llegamos a nuestros aposentos, hallarnos túnicas para cada uno de nosotros, pero cómo ponérnoslas fue todo un desafío. El tiempo había pasado con tal rapidez que decidirnos intentarlo sin consultar y acabarnos vistiéndonos de cualquier manera. Resultó que algunos nos las habíamos puesto al revés, otros habían dejado la parte interna de la túnica hacia fuera, mientras que sólo unos cuantos se las habían puesto correctamente.
Al llegar a la cámara de audiencias vimos al Dalai Lama cruzar el salón con su guardia y entrar en la cámara a través de las enormes puertas. Estuvimos seguros de haber visto una amplia sonrisa en su rostro. Nos quedarnos aguardando a que abrieran la puerta lateral, que era la señal que esperábamos para entrar en la cámara. La puerta no tardó en abrirse y nos condujeron al interior, que lucía una de las decoraciones más lujosas que jamás hemos visto. El techo de la habitación remataba en una gran bóveda central. En esta bóveda había tres grandes lucernarios por los que penetraban grandes haces de luz solar, que iluminaban la estancia con un brillo y esplendor demasiado magníficos para ser descritos. Las paredes se hallaban totalmente cubiertas de tapices bordados en oro, con figuras entretejidas en hilo de plata. En el centro de la sala, sobre un estrado elevado y cubierto con un tejido hilado en oro, se sentaba el Dalai Lama, ataviado con un manto de hilo de oro ribeteado de púrpura e hilo de plata. El abad y el superior nos condujeron ante el Dalai Lama, y, al igual que en la ocasión anterior, permanecieron a cada extremo de la fila. Tras darnos la bienvenida, el Dalai Lama bajó del estrado y se puso de pie frente a nosotros. Elevó las manos, nos arrodillarnos y recibirnos sus bendiciones. Al incorporarnos, el Dalai Lama se acercó a nuestro jefe.
Después, le prendió un broche sobre el pecho y habló a través de un intérprete: «Esto os permitirá tanto a vos como a vuestros compañeros circular con libertad por estas tierras. Podéis ir y venir según tengáis a bien y; por ello, os concedo esta encomienda que os otorga el estatus de ciudadano del Tíbet. Os concedo el título de Señor del Gran Gobi». Luego recorrió toda la fila, prendiendo broches más pequeños, aunque similares, sobre el pecho de cada uno de nosotros, diciendo: «Ésta es una muestra de mi estima. Os dará acceso a toda la tierra del Tíbet. Es vuestro salvoconducto allí donde vayáis». De manos del abad, tomó el pergamino que contenía el nombramiento y se lo entregó a nuestro jefe. Los broches estaban bellamente labrados en oro, guarnecidos de filigrana, con una imagen del Dalai Lama en el centro tallada en relieve sobre jade, como un camafeo. Para nosotros fue una joya que apreciamos con la más alta estima. El Dalai Lama fue todo bondad a lo largo de la ceremonia. Lo único que pudimos decir fue: «Gracias». El anciano lama encargado de los códices entró y nos informaron de que compartiríamos la cena con el Dalai Lama. Una vez acabada la comida, la conversación derivó hacia el tema de las admirables tablillas. El Dalai Lama, así como el lama anciano, nos ofrecieron un detallado relato -a través de un intérprete- acerca de la historia de las tablillas, que anotamos cuidadosamente. Parece ser que esas tablillas fueron descubiertas por un sacerdote budista itinerante en unas criptas halladas bajo las ruinas de un antiguo templo en Persia. El sacerdote dijo que las había hallado al escuchar -mientras estaba sentado en samadhi- una bella voz que parecía emanar de las ruinas. Las canciones eran tan dulces y la voz tan clara que finalmente se interesó en ellas, y; al seguir la dirección de la que provenían, se encontró con la cripta. La voz parecía venir de debajo. Tras realizar una inspección en profundidad y no encontrar abertura alguna, se decidió a localizar el origen de la voz.

Ayudándose de herramientas bastante toscas, empezó a cavar entre los escombros, descubriendo una losa que parecía formar parte del suelo de la cripta en ruinas. Se sintió desanimado, ya que durante un momento había pensado que la voz le guiaba por el camino adecuado a través de las ruinas. Antes de abandonar el lugar, se sentó en meditación durante unos instantes y la voz se hizo más clara y concreta, finalizando con el requerimiento de que continuase. Mediante un esfuerzo casi sobrehumano consiguió levantar la losa. Al apartarla descubrió una abertura que daba a un pasadizo. Se metió por la abertura y el pasadizo se iluminó con una fuerza invisible que brillaba delante de él. Siguió la luz y ésta le condujo hasta la entrada de una gran cripta, cerrada con enormes puertas de piedra. Se detuvo unos instantes ante las puertas. Las bisagras comenzaron a crujir y el gran bloque de piedra empezó a girar lentamente, revelando una hendija por la que pasó. Al cruzar el umbral, la voz cantó con más claridad y dulzura, como si su dueño estuviese también allí. La luz, que se había quedado en la puerta, se trasladó al centro de la gran cripta, iluminándola por completo. Allí, en nichos abiertos de las paredes de esta cripta, cubiertas con el polvo de las eras, se hallaban las tablillas. Examinó unas cuantas y, tras percibir su belleza y valor, decidió esperar hasta que pudiera hablar con dos o tres compañeros de confianza, a fin de considerar con ellos la posibilidad de trasladar las tablillas a un lugar más seguro. Salió de la cripta, volvió a colocar la losa y la cubrió de nuevo con cascotes. Luego, inició la búsqueda de compañeros que creyesen su historia y que contasen con la fortaleza de ánimo y los medios suficientes para llevar a cabo su plan.
Esa búsqueda le llevó más de tres años. Casi todos a los que les relató la historia creyeron que se había vuelto loco. Finalmente, un día, durante una peregrinación, dio con tres sacerdotes a los que había conocido en el transcurso de otro peregrinaje, y les contó la historia. Al principio se mostraron escépticos, pero una noche, exactamente a las nueve, mientras se hallaban sentados alrededor de una hoguera, la voz empezó a cantar y a hablar de los textos. Al día siguiente los cuatro se alejaron del resto de la compañía e iniciaron el viaje hacia las ruinas. A partir de ese momento, a las nueve en punto de la noche, la voz siempre volvía a cantar. Si se encontraban cansados o abatidos, la voz cantaba con más dulzura. Al final del viaje, cuando ya se acercaban a las ruinas, una hora antes del mediodía, se les apareció una forma juvenil, que empezó a cantar y los condujo hacia las ruinas. Cuando llegaron, quitaron la losa y entraron inmediatamente en la cripta. Al acercarse, las puertas se abrieron de par en par y entraron. Una corta inspección convenció a los sacerdotes del valor y la veracidad del descubrimiento. Estaban tan cautivados por el hallazgo que no durmieron en tres noches. Se apresuraron para llegar al pueblo, que se hallaba a unos ciento diez kilómetros, a fin de conseguir los camellos y suministros que les permitirían trasladar las tablillas a un lugar más seguro. Finalmente consiguieron doce camellos; los cargaron y regresaron. Embalaron las tablillas para que no sufrieran daños durante el transporte. Tras hacerse con tres camellos más, iniciaron el largo viaje a través de Persia y Afganistán, hasta llegar a Peshawar.

Cerca de Peshawar, ocultaron su carga en una gruta apartada, Permanecieron en aquel lugar durante cinco años. Uno de los sacerdotes siempre se quedaba sentado en samadhi, ante la cueva, a fin de proteger las tablillas. Desde Peshawar las trasladaron a Lahnda, en el Punjab. Allí se quedaron diez años. Luego, en etapas cortas, las fueron trayendo hasta aquí, y, finalmente, las depositaron en el palacio del Gran Lama. Todo esto les llevó más de cuarenta años. Desde este palacio deberían ser llevadas hasta Shambala. En otras palabras, las habíamos visto de paso.

En ese momento, un asistente entró con cuatro tablillas y las colocó, con sumo cuidado, sobre un mueble elevado que hacía las veces de mesa. Nos sentamos alrededor para tenerlas de frente. Cuando las manecillas del reloj señalaron las nueve, se escuchó una voz cantarina, infinitamente dulce, y, no obstante, en un tono muy agudo que recordaba la voz de un muchacho imberbe. Ésta es la traducción de las palabras que oímos: «Que existe un Espíritu omnisciente e inteligente, y que esa inteligencia es Divina e infinita y que penetra todas las cosas, es algo que no puede negarse. Como esta inteligencia lo penetra todo, es infinita y es la fuente de todo. Es Divina y su Divinidad manifiesta en forma de pensamiento o materia visible es el hecho o verdad de todas las cosas. »Podéis llamarlo Espíritu omnisciente, inteligente, Dios o Bien, o lo que deseéis, ya que el ser humano debe darle nombre a todas las cosas. Una vez que le ha dado nombre a algo, dispone del poder de hacerlo existir. Si un ser humano da nombre a cualquier cosa con verdadera reverencia, veneración y alabanza, puede convertirse, y se convierte, en lo que nombra. »Podéis ver que el ser humano puede, por elección, convertirse en Dios o en un animal. Se transforma en el ideal que se decide a seguir. De este modo, es muy fácil darse cuenta de que el ser humano es el Hijo unigénito de Dios, o el hijo unigénito del animal. Dependiendo de su elección, el ser humano puede convertirse en mal o maligno si su vista contempla el mal; o puede convertirse en Dios, si su vista contempla a Dios. »En este estado informe, el Espíritu omnisciente e inteligente permanecía silente y contemplativo; no obstante, la inteligencia estaba presente y se consideraba a sí mismo tanto productor como espectador de todas las cosas animadas e inanimadas. En este estado silente, el Espíritu omnisciente e inteligente vio que no existía modificación; y decidido a emanar o manifestar el universo, esta inteligencia elaboró una imagen de cómo sería el universo. Como no podía hacer más que seguir la imagen perfecta o plan Divino, el universo aceptó de buena gana la forma dirigida por la inteligencia. »La imagen del Ideal Divino se amplió hasta que se hizo perfectamente visible. Ése es el Universo tal y como lo vemos en la actualidad, que sigue el plan perfecto que debe seguir. »Esta inteligencia es, y siempre ha sido, el observador y director de su plan de Ideal Divino.
»Esta inteligencia sabía que era necesario manifestar forma animada y dotarla de todos los potenciales, a través de lo que podría expresarse por completo. Es lo que se conoce como hombre inmortal. Este Ideal Divino, que se manifiesta en todas las fases y direcciones, es lo inmortal de cada ser humano actual. Como este ser humano fue creado en el Ideal Divino de la Inteligencia o Espíritu omnisciente, apareció manifestado como el Hijo del Principio, con dominio sobre todos los atributos y condiciones. Hijo significa "unión con", no "sirviente de". Era necesario que este Hijo tuviese total libertad de elección y que de ninguna manera se convirtiese en esclavo o marioneta. «Este ideal inmortal siempre debe incluir una porción o chispa de la llama central que lo manifestó o proyectó en la existencia. Esta proyección fue la primera célula que finalmente terminó convirtiéndose en el cuerpo del ser humano y es la chispa de vida que permanece para siempre y que nunca muere. Esta célula recibe el nombre de Cristo. Esta célula, aunque dividida y repetida muchos millones de veces, retiene la imagen del Espíritu Divino proyectada e implantada en ella y no puede ser pervertida por el pensamiento humano. Por ello el ser humano siempre es Divino”.


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