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27 de junio de 2011

La Misteriosa Búsqueda de Fawcett - Sergio Fritz Roa

La Misteriosa Búsqueda de Fawcett

Sergio Fritz Roa ©




Hablar sobre el coronel Percival H. Fawcett es referirse a uno de los enigmas más importantes, que en la materia tiene nuestra amada Sudamérica. Por nuestra parte, en 2008 publicamos un trabajo sobre las peripecias del famoso explorador y posterior desaparición al cual titulamos, El misterio de H. P. Fawcett y las ciudades perdidas del Amazonas, donde profundizamos sobre alguno de sus misterios.

Sin embargo, admitimos que aún existen innumerables cabos sueltos que necesitan profundizarse, como es el caso de la estatuilla Fawcett, que tantas controversias continúa provocando. Es por eso que solicitamos la palabra autorizada de nuestro colega y amigo Sergio Fritz Roa, a quién este sitio entrevistó en el 2009 -Un genionano en los Andes-, trasandino genial, y gran versado en la materia, quién exclusiva para Crónica Subterránea, recoge algunos pasajes inéditos de un tema del cual veremos, “aún no está todo dicho”.

Atienda el lector!

INTROITO

América del Sur aún esconde misterios

Nosotros mismos hemos realizado investigaciones al respecto, internándonos en el paisaje austral de este continente a la vez que hemos intentado conocer la historia sagrada de los pueblos anteriores a la llegada de Colón. Pensamos que solo así podremos entender nuestro sentido y destino en tanto americanos.

Sin duda el deseo de profundizar en los secretos de América, fue lo que llevó a Percival Harrison Fawcett a realizar una exploración en la región del Amazonas, viaje externo e interno que implicó incluso poner en riesgo su vida y la de sus compañeros.

Fawcett había leído relatos sobre viejas ciudades colosales que los invasores europeos y algunos euro-descendientes codiciaban. Escuchó a indígenas y él mismo encontró ciertas pruebas de otras culturas, más antiguas y avanzadas que las tribus que habitan actualmente el Amazonas. Buscaba especialmente lo que denominaba “Z”, “ciudad Z” o “Ciudad de Raposo” (llamada así por la narración de un portugués de nombre Francisco Raposo, quien habría entrado a dicho lugar abandonado), una especie de Eldorado o Ciudad de los Césares en territorio brasileño.

A ello sumaba su formación de teosofista, lo cual sin duda ampliaba el amor por lo enigmático y los mundos antiguos.

Antes de desaparecer durante la expedición de 1925, el gran aventurero habría legado a los futuros investigadores una clave. Se trata de la fotografía de una estatuilla de basalto, la cual estaría relacionada con ciudades perdidas en la selva y que le obsequió el escritor H. Rider Haggard (el célebre autor de varias obras fantásticas, entre ellas “La Minas del rey Salomón”, “Ella” y “Cleopatra”, escritor que por lo demás demuestra, especialmente en “Ella”, un saber de orden esotérico).

Hemos dicho que Fawcett habría entregado una clave. Sí, porque creemos que el desciframiento de la estatuilla mencionada puede implicar una revelación inmensa en cuanto al pasado americano.


FAWCETT Y LA ESTATUILLA






(La “estatuilla Fawcett”, incluida en el libro “Exploración Fawcett”, P.H.Fawcett, Editora Zig-Zag, Santiago de Chile, 1953)

Fawcett era un hombre cercano a las ideas de los teosofistas (Madame Blavatsky y su círculo). Sus búsquedas en América como en otras partes del mundo no obedecían solo a cuestiones de orden laboral o de obtención de status, sino que estaban guiadas por el deseo de hallar la sabiduría primordial de ciertos pueblos desconocidos por la historiografía oficial.

El británico creía en la existencia de una realidad más sutil y más rica que la meramente visible y estaba lejos del dogmatismo cientificista.

Entre sus amigos se contaban H. Rider Haggard y Arthur Conan Doyle, los dos en menor o mayor medida influidos por el teosofismo, e interesados por el espiritismo y lo paranormal.

Como ya indicamos, habría sido el autor de “Ella” quien le entregó una estatuilla de la cual el explorador nunca se alejará y que habría sido hallada en Brasil. Para Fawcett esta era la “prueba” de la existencia en la selva sudamericana de culturas avanzadas emparentadas con la Atlántida.

Pero lo que se plasmaba en tal figura no era lo único asombroso (una escritura desconocida), sino que la energía que descargaba cuando uno la tocaba. Este fenómeno no debe ser considerado mera fantasía y nosotros mismos lo hemos vivido con una estatuilla pascuence, de la cual en su momento escribiremos.

El indicado hecho lo señala claramente el investigador Pablo Villarrubia: “Fawcett, con ayuda de un paragnosta, procedió a un análisis de las propiedades psicométricas del ídolo que así las definió: “Se basa (la psicometría) en la teoría de que todo objeto material preserva en sí mismo el registro de sus vicisitudes físicas y que, tal registro, permanece al alcance de personas que sean lo suficientemente sensibles para sincronizarse con las respectivas vibraciones”.

Sujetando la estatua de basalto, el psicometrista pudo ver la destrucción de Atlántida y la fuga de algunos supervivientes hacia la ciudad perdida que buscaba Fawcett, en la región central de Brasil. Según estas visiones, los habitantes, en su mayoría, murieron ahogados o fueron victimados por los terremotos y furia volcánica. El psicometrista se refería a muchos templos en la región. En algunos, sobre los altares, se exhibía un “gran ojo”.

Una de las escenas captadas por el paragnosta era la de un sacerdote atlante entregando el ídolo – el mismo que poseía Fawcett – a otro sacerdote que durante la hecatombe logra huir de la capital de Atlántida hacía tierras más seguras. Un detalle: el rostro del ídolo era exactamente igual al del sacerdote que aparentemente falleció en Atlántida”.

EJERCICIOS HERMENÉUTICOS EN TORNO A LA ESTATUILLA

Varias han sido las propuestas explicativas acerca del origen y significado de la estatuilla.

Desde ya, la que habría propuesto el psicometrista al cual concurrió Fawcett; es decir su fuente era atlante.

Se ha creído también que la escritura demuestra claras influencias semíticas (fenicias y/o hebreas).

Acerca del origen de esta lengua, el investigador Aldo Ottolenghi dice: “Esta forma de escribir (que emparentamos, en parte, en la escritura de la Isla de Pascua), es más antigua que la que encontramos en la época histórica en la escritura paleohebrea, en la aramea y en la fenicia; llegué por lo tanto a la conclusión de que esa escritura vertical hallada en América es más antigua que las escrituras consonánticas semitas horizontales y que, si por lo tanto existe un parentesco entre las mismas, es más probable que el área cultural –por el momento desconocida- en la cual surgió la escritura de Fawcett, haya influencia, en el área de las escrituras semitas del Medio Oriente”.

Por su parte, para Timothy Paterson, sobrino de Fawcett “los 22 signos sagrados que estaban incisos en la estatuilla que desapareció con Fawcett no eran otra cosa que los caracteres del arcaico alfabeto de Atlántida, del cual derivarían luego el de los Fenicios y los Hebreos. También el estudioso italiano Pincherle analizó el dibujo del supuesto alfabeto que estaba impreso en la estatuilla y llegó a la conclusión de que se trataba realmente de caracteres desconocidos antediluvianos. Pincherle interpretó también la incisión puesta al pie de la estatuilla como UT NAISFM, muy similar al babilonio UT NAPHISTIM, es decir, Noé. Según los dos estudiosos, también el nombre Manoa, muy indicado como la sede de la arcaica ciudad reconocida como el verdadero El Dorado, significaría Puerto de Noé, o bien, el lugar donde Noé habría atracado después del diluvio y donde habría fundado una civilización prodigiosa”.

Todo lo anterior nos parece de alguna manera plausible, pero solo respecto a ciertas letras. Lo mismo puede decirse en el caso que se tratara de jeroglíficos egipcios.

Factible es que nos encontremos frente a un sistema escritural vinculado o emparentado con alguno de los anteriores; pero, a nuestro juicio, las tesis anteriores no nos dan una respuesta de traducción completa y convincente de lo plasmado en el objeto de basalto.

NUESTRA OPINIÓN



(Tablilla incluida en “Secret Societies” de Arkan Darual. La semejanza con la estatuilla Fawcett es impresionante)

Queremos aportar una comparación que puede ayudar a desentrañar el misterio de la estatuilla de basalto.

En el libro “Secret Societies” de Arkon Daraul se contiene la lámina de más arriba, donde se aprecian dos hombres (al parecer un escriba y un ángel) a los costados de una escritura desconocida. Para Daraul quienes confeccionaron tal obra habrían sido templarios. De ser esto cierto, nos confirmaría varias cosas…

Pero vamos paso a paso.

Primero, fácil es observar la gran semejanza artística existente entre la estatuilla Fawcett y la del libro de Daraul, al punto que parecen diseñadas por el mismo artífice. El rostro del hombre del primero y su vestimenta nos recuerda a la del segundo. Pero además las letras, muchas de las cuales, al menos cinco, son idénticas a la vez que las demás mantienen cierta semejanza de estilo.

Al analizar la imagen del libro de Daraul nos llama la atención que se encuentre lo que sería dos runas sieg. Esto arroja una pista a todo este asunto. Este símbolo recuerda una serpiente. Y sería precisamente la manera como los antiguos concebían o representaban América. Así lo habría declarado Francisco Nuñez de la Vega, obispo de Chiapas a inicios del s. XVIII, quien atestiguó la existencia de un documento en lengua tzentak de comienzos de la era cristiana. En tal fuente se representaba al viejo mundo a través “de dos figuras verticales, una sobre otra, en forma de S, símbolo personal de Wotán-Odón, el Chan. El otro representaría el nuevo mundo mediante las dos mismas figuras, pero horizontales (una al lado de la otra), SS” (Homet, “Chan Chan, la misteriosa”, p.37).

Por otro lado la doble sieg, inevitable es recordarlo, fue el símbolo de la Schutzstaffel nacional-socialista, la cual llegó a su cúspide con la dirección de Heinrich Himmler, personaje interesado en ocultismo, jesuitismo y templarismo, y quien por lo demás intentó de alguna manera emular algo de estas dos órdenes.

Aun cuando es dudoso, ¿no habrá existido algún motivo “secreto” y vinculado a América, por el que la SS nazi utilizó dicho símbolo? ¿No estaría aquí la razón por la cual se habrían realizado expediciones alemanas durante el III Reich a Sudamérica, como las de Edmund Kiss a Tihuanaco, o la supuesta en busca del Bastón de Mando en Argentina?






(Las SS o runa sieg doble, tal cual la encontramos en la estatuilla del libro de Daraul, quien atribuye a los templarios tales signos)

Sobre la S como símbolo de América, esbozaremos algunas tesis. Y así ello puede deberse a varias razones. Una relativa al amplio culto a la serpiente que encontramos en los pueblos precolombinos (ver libro sobre el culto a la serpiente). La otra a la forma del continente (América del Norte como la parte superior de la S; siendo el punto de unión Centroamérica; y América del Sur la parte inferior).

Volviendo a la estatuilla Fawcett, Aldo Ottolenghi ha observado algo no menor: el hombre nos está mostrando un libro abierto. Es decir, está haciéndonos partícipe de un saber. Fulcanelli nos enseña que en la decoración de las catedrales no es raro encontrar este simbolismo: el libro abierto que representa el saber exotérico, y el libro cerrado que es señal de lo esotérico.

El hecho de que se trate, tal como cree Daraul, de una figura y escritura templarias sería un argumento en favor de quienes como Jacques de Mahieu creen que los templarios conocían la existencia de América. La cruz que estaba pintada en las velas de los barcos con que llegó Colón recuerda a la cruz patada de los templarios. El misterio del origen de Colón y de su conocimiento de la existencia de este continente a través de mapas hoy desaparecidos solo ayuda a contribuir a este tipo de tesis. Basta recordar las citas de Piri Reis en su mapa.

Por otro lado, no se olvide que muy cerca de España, en Portugal, los templarios luego de su persecución se habían unido a la Orden de Cristo, manteniendo sus símbolos y en gran parte su poder. Por tanto, no es extraña una hipótesis como la aquí planteada.

Pensamos que otra herramienta para una adecuada interpretación del mensaje de la estatua de Fawcett y considerando que se trata de un objeto encontrado en Brasil, es el análisis de las culturas que se dieron en dicho territorio para determinar si hay alguna similitud. Y creemos que es plenamente factible hallar semejanzas. Así por ejemplo con las misteriosas inscripciones de la “Pedra Pintada”, ubicada cerca del río Parimé, en el Amazonas. Podemos encontrar algunas letras que se repiten en la estatuilla y lo que es más importante, la forma combinada de letras con imágenes de animales es común a ambos testimonios líticos.

(Dos dibujos con las inscripciones enigmáticas de “Pedra Pintada” en el Brasil. Algunos petroglifos recuerdan la estatuilla Fawcett)





CONCLUSIÓN

Todo lo relacionado con la estatuilla de Fawcett se nos presenta como un gran enigma. Desde su origen, pasando por la manera que fue descubierta a la interpretación correcta de sus caracteres… Todo está cubierto por esa misma neblina inquietante que cubrirá la desaparición del coronel británico.

Hemos querido entregar para su resolución algunos elementos de análisis, mostrando un derrotero que puede ayudar a los investigadores a la comprensión no solo de este objeto arcaico, sino también de esta misma América sacra en la cual vivimos.

Bibliografía:

Fawcett, P.H. (1953). Exploración Fawcett. Santiago de Chile: Ziz-Zag.

Hatcher Childress D. (2005). El secreto de Colón. La flota templaria y el descubrimiento de América. Madrid: Nowtilus.

Homet, M. (1967). Los Hijos del Sol. Barcelona: Juventud.

Homet, M. (1977). Chan Chan, la misteriosa. Barcelona: Juventud.

May, R. (1961). Los enigmas de la tierra y del mar. Santiago: Ziz-Zag.

Ottolengui, A. (1980). Civilizaciones Americanas Prehistóricas. Buenos Aires: Hachette.

En la web:

Fritz Roa, S. (2009). La tablilla de Fawcett y el misterio de América I. Recuperado el 26 de Junio 2011, de http://geografiasacra.blogspot.com/2009/09/la-tablilla-de-fawcett-y-el-misterio-de.html

Goldstern, D. (2008). El misterio de P.H. Fawcett y las ciudades perdidas del Amazonas. Recuperado el 26 de junio 2011, de http://cronicasubterranea.blogspot.com/2008/10/el-misterio-de-p-h-fawcett-y-las.html

Leveratto, Y. (2009). La epopeya de Percy Fawcett y los misterios de la Serra del Roncador. Recuperado el 26 de Junio 2011, de http://www.yurileveratto.com/articolo.php?Id=83

Villarrubia Mauso, P. (2011). Percy H. Fawcet: el enigma de la desaparición del verdadero “Indiana Jones”. Recuperado el 26 de junio 2011, de http://villarrubia.wordpress.com/articulos/henry-fawcet/


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Percy Fawcett - Perdidos no Amazonas Parte 1

14 de octubre de 2009

Sergio Fritz Roa - Un guenoniano en los Andes -Débora Goldstern

SERGIO FRITZ ROA
Un guenoniano en los Andes
Débora Goldstern©





Cuando iniciamos Crónica Subterránea pensamos que este sitio tendría una tarea solitaria, entendiéndose poco la tarea emprendida desde este espacio. Sin embargo hace muy poco descubrimos que existen otras voces, compañeros de ruta, sintonizando la misma visión.

Este hallazgo llevó a conectarnos con Sergio Fritz Roa[1], que a través de Geografía Sacra, irradia un mensaje enriquecedor, que hoy deseamos presentar a los lectores del blog. Este guenoniano dedicado, esoterista de rango, así como escritor y estudioso de nuestra América pasada, es un invitado digno, que lleva la palabra “entrevista” hacia otro escalón, y que resulta imperdible lectura para profundizar en los temas que también son materia de éste blog.


En tu escrito “El mito de los centros espirituales ocultos y en especial de la Ciudad de los Césares ”, se brinda una reseña magistral sobre el significado de los centros tradicionales americanos asociado a lo “subterráneo”. Se enfatiza el carácter esotérico como vía de abordaje e introducción, a un tema que disociado de este factor, no encuentra la recepción debida perdiéndose en vericuetos confusos, donde lo fantástico y legendario son moneda corrientes. Creo que uno de los grandes problemas con los cuales se enfrenta este tema, es la negación del aspecto iniciático, que sin las claves correctas se transforma en vía muerta.

Efectivamente, no habrá comprensión real y absoluta de lo que denomino “centros espirituales ocultos” (Aghartta, Ciudad de los Césares, Paititi, etc.) mientras no se los encuadre dentro de una visión que sólo el esoterismo puede dar. Para ello, la doctrina cíclica (las cuatro edades del mundo: edad del Oro, de la Plata, Bronce y Hierro; sapiencia que por lo demás es universal y no solo propia de los antiguos griegos) y la geografía sacra nos serán útiles. Ello por cuanto el ocultamiento actual de dichos centros de sabiduría se debe al nivel de involución espiritual en que se encuentra la humanidad. Oscuridad –precisamente, la Edad de Hierro es la que vivimos, la cual es regida por la diosa Kali y que se caracteriza por una fuerte densificación de las cosas, incluso del tiempo- que dice relación con la radical separación microcosmo-macrocosmo que ha creado el modernismo, y que se expresa en el antropocentrismo, la destrucción ecológica, la masificación, el racionalismo, etc.

Debido al carácter iniciático de estas doctrinas, no todos podrán lograr una aprehensión real de lo que significan los centros espirituales ocultos. Pues no se trata de arqueología, de búsquedas de tesoros o mera comprobación de hermosas leyendas. Lo que está en juego es la valiosa posibilidad de contactarse con una realidad metafísica y por tanto de transmutarnos. Y ello tiene un alto costo, no precisamente mercantil…


A tu faceta esotérica se complementa la de un estudioso del pasado americano, en especial, los Andes, algo que en lo personal me identifica mucho. Antes de pasar a los descubrimientos que hace poco diste a luz, hay un tema que quiero desarrollar, y que se centra en la visión de algunos autores, sobre la historia de nuestro continente. Sudamérica en especial es donde la creencia de los “dioses blancos” cuenta con más difusores, idea, que fue compartida en gran medida por Jacques de Mahieu, y Miguel Serrano, entre otros. ¿Coincidís en esta postura?

Sí y no. La respuesta puede parecer ambigua, pero me explicaré:

Sí, toda vez que efectivamente las mitologías americanas recogen la creencia que los fundadores de ciertos pueblos de este continente eran blancos y barbados. De allí las leyendas sobre Bochica, Quetzacoatl, Viracocha, etc. A ellos se los asocia normalmente con el símbolo de Venus y también con la cruz. Pero la presencia “blanca” precolombina no solo se encuentra en la mitología y las leyendas, sino en infinitud de hechos, como las similitudes entre el arte de Tiahuanacu y las esculturas medioevales, el lenguaje rúnico en piedras de New England (USA), residuos de pueblos blancos (por ejemplo, lo que indican los cronistas respecto de Boroa, en el sur de Chile), etc...

No, toda vez que estos autores suelen ser algo unilaterales a la hora de hablar de los primeros habitantes de estas tierras o al menos de los creadores de cultura. En efecto, motivados por sus propias visiones políticas han querido solo ver la presencia blanca en América, olvidando que habría muchos más pueblos que pudieron estar en estas tierras. Por ejemplo, la presencia islámica precolombina es un tema que solo recién empieza a llamar la atención. Al respecto recomiendo el libro del Dr Abdullah Hakim Quick, “Deeper roots, Muslims in the Caribbean from before Columbus to the present”, donde se nos habla de la presencia islámica en América, incluso antes de la llegada de Colón (caso del geógrafo Abu ´Abd Allah Muhammad al-Idrisi, hacia 1150 DC); como de pueblos negroides, los que son representados en unas piedras halladas en el Yucatán, y cuya data estaría entre 800 y 654 A.C. También se sabe de evidencias chinas, fenicias, bereberes, egipcias, etc. Respecto a estos últimos, las investigaciones de Oscar Fonck como de Barry Fell parecen demostrarlo. Por otro lado, no solo blancos europeos (sean éstos vikingos, templarios o misioneros cristianos) pudieron haber llegado, sino judíos y romanos, tal como algunas investigaciones parecen demostrar.


Otro de los grandes interrogantes en cuanto al pasado del continente, lo constituyen los túneles que se extienden por la cordillera, que nos remite otra vez al tema subterráneo. Generalmente estas construcciones son tratadas por los arqueólogos y estudiosos en general, como algo anómalo y no integrado en el puzzle andino, que a su vez es el epicentro donde se asientan estas construcciones ciclópeas. Hay como una permanente disociación que buscan desvincular “piezas incómodas”, y que no encajan en la historia establecida para América.

Tienes razón, pues la historiografía oficial es bastante conservadora. Por ejemplo, las investigaciones que pueden cambiar la manera de datar la historia americana, son normalmente silenciadas o criticadas brutalmente. Oscar Fonck, al que he citado recientemente, nunca contó en Chile con la ayuda oficial, a pesar de sus grandes investigaciones. Y hay otros casos, por ejemplo, el mismo De Mahieu… Sus trabajos son sorprendentes y merecen estudios profundos de parte de quienes tienen los medios económicos y técnicos, es decir los científicos oficiales… ¿Quién de ellos hasta ahora los ha profundizado?... Y ¿qué pasó con las “momias blancas” halladas en Perú? ¿O cuál es la explicación dada por la ciencia oficial a la estatuilla barbada que se encontraría en el Museo Dillman Bullock? De todas maneras, pese al conservadurismo de la ciencia oficial, hay muchas personas que están tratando de abrir horizontes en estos temas, y así como hoy incluso los científicos ya aceptan la existencia de agua en la Luna y en Marte, cuestión que era anatema hasta hace poco, en algún momento deberán reconocer que varios de los descubrimientos para ellos considerados acientíficos son evidencias concretas.


Pasemos a uno de tus descubrimientos: los
Mapas Líticos. ¿Cómo se inicia este hallazgo, que desde su aparición concitó la atención internacional?

Mucha observación y algo de intuición. En una caminata a la zona andina cercana a San Esteban, me percaté de una piedra en el suelo que tenía una imagen muy curiosa, parecida a un mapa de Sudamérica. Posteriormente en la misma zona hallé otra que representaría el contorno sudamericano y parte de lo que sería el oeste de Africa. Y luego un posible mapa que me cuesta definir si se refiere a Eurasia o a otro continente. En estos casos, he preferido la prudencia y he hablado de “posibles mapas líticos”, pues hay un margen de posibilidades que se trate de vetas de las piedras, aunque sea rarísima coincidencia hallar todos estos objetos en un perímetro de menos de un kilómetro. Por lo demás, no sería la primera vez que se encuentran en Chile esta clase de mapas líticos. Otro joven investigador, llamado Rafael Videla, ha descubierto en la zona andina del Maule otra representación americana. Ello, acaeció según Videla, el 2005. Como puntos en común se trata de mapas líticos encontrados en Los Andes, cerca de lugares arqueológicos (en el caso de Videla cerca de la misteriosa zona llamada El Enladrillado; y en el mío de un lugar donde la cultura Aconcagua repletó de petroglifos las rocas), y que representan América. En caso de ser dibujos realizados por manos humanas, surgen interesantes preguntas. Desde ya, ¿quiénes fueron sus dibujantes? ¿Y qué tipo de conocimiento les permitió dibujar con precisión el contorno americano?

¡Hay que estar atento a lo que la naturaleza nos quiere decir!

Otro interesante estudio que sacaste a la luz fueron
“Los megalitos de El Quisco y su simbolismo protohistórico”. Sin tuda su investigación revela que una cultura desconocida se extendió en América, y que podría tratarse de una civilización autóctona, concepto que no me resulta desconocido, ya que personalmente pienso que además de las migraciones registradas, este continente desarrolló una cultura propia, y cuyos vestigios más visibles se encuentran en las grafías halladas, que marcan una lengua aún más antigua que la de sus propios lugares de origen. Eso no lleva a pensar que quizás en un tiempo remoto, América exportó está civilización hoy ignorada.

A diferencia del caso de los posibles mapas líticos, en el cual por el momento no deseo afirmar en un 100% que se trata en todos los casos de figuras confeccionadas por el hombre; por el contrario, los megalitos de El Quisco no me merecen duda alguna, debido a la cantidad y forma de aquéllos. El conjunto constituye lo que sería un centro ceremonial o astrológico, o ambos a la vez. Allí hay formas pétreas que representan animales como tortugas, jabalís, ranas, etc. Y también hay de rostros de hombres, con sus tocados. Hay una similitud con los gigantes líticos de Marcahuasi y unidad conceptual con el “Intihuatana” de Rocas de Santo Domingo, a pocos kilómetros de El Quisco. Creo que estos dos centros (El Quisco y Santo Domingo) pueden ser efectivamente autóctonos; o en su defecto restos de una cultura de origen norafricano (egipcio, libio, etc.) asentada en la zona central chilena.

Respecto a lo último que señalas, habría mucho que decir. El difusionismo (es decir, la creencia que ya desde tiempos remotos existió intercambio marítimo entre los cinco continentes) parece estar en lo correcto. La teoría del aislacionismo no solo es un insulto para las inteligencias toda vez que considera que solo los europeos (y ¡solo desde el s.XV!) podrían haber llegado a estas latitudes y no viceversa, sino que además considera los océanos y mares no como puentes sino como barreras, lo cual es inexacto no solo históricamente sino que es cuestión de preguntarle a los marinos cómo consideran el mar; si como un muro o como senderos. Acerca de este interesante tema, la obra de Roberto Rengifo, un investigador chileno que llegó incluso a dictar charlas ante la Sociedad Científica de Chile en las primeras décadas del s.XX, se presenta de vital interés. Esto último, abro aquí un paréntesis, demuestra el gran nivel de apertura de los científicos chilenos de fines del s.XIX y principios del XX. Este caso no es aislado, también es prueba de dicha apertura el hecho que el gran erudito nacional José Toribio Medina dedicará decenas de páginas de su clásica obra de 1882, “Los aborígenes de Chile”, a las tesis de poblamiento americano y chileno, incluyendo muchas que jamás los historiadores posteriores se han atrevido siquiera mencionar en sus “manuales”. Volviendo a Rengifo, él postuló que la humanidad surgió en la Antártica y que luego la cultura se desarrolló en Chile, para difundirse por todo el mundo. La migración para Rengifo siguió un proceso sur-norte, y desde América se expandió la cultura a todo el mundo. Aun cuando hay ideas en Rengifo que son frágiles y cuestionables, estoy seguro que su obra exige un estudio serio y completo, pues puede aportar información y líneas de pensamiento considerables.


Retomando nuestra línea esotérica, me sumerjo en la concepción guenoniana en cuanto a la tradición subterránea, que reflejó en su escrito mayor
El Rey del Mundo. Creo que desconocer este escrito, hace perder un hilo muy importante cuando se trata de profundizar en estos misterios. De nuevo subrayo que sin una base esotérica la comprensión sobre el “mundo subterráneo”, queda desdibujada, convirtiéndose muchas veces en una caricatura. Además en El Rey del Mundo, Guenón pone las cosas en su lugar en cuanto al papel de Agartha como centro primordial.

Sí, estoy de acuerdo. En “El rey del mundo”, Guénon expone la teoría de los centros espirituales ocultos, en especial del Aghartta, tema que en aquellas décadas causaba gran polémica en los medios cultos, debido a dos libros: “Misión de la India en Europa” de Saint-Yves d'Alveydre y “Hombres, dioses, bestias” de Ferdinand Ossendowski. Estos textos junto al de Guénon, constituyen una imprescindible trilogía sobre Aghartta. En lo personal, creo que Guénon aprovechó la oportunidad de hablar sobre la doctrina de los centros espirituales, rectificando algunos puntos, y aclarando varias cuestiones al respecto, que los libros anteriores no supieron dilucidar. El metafísico de Bloy pudo integrar el “mito” de Aghartta a un asunto más complejo, que dice relación con lo que el esoterismo islámico llama Tasarruf. Digo lo anterior, porque si uno lee primero el texto de Saint-Yves d'Alveydre lo encontrará un texto flojo, incluso poco serio, mezcla de idealismos “esotéricos” con miradas políticas, etc. Y, por su lado, si únicamente leemos el de Ossendowski creeremos que Aghartta y el Rey del Mundo son solo leyendas asiáticas. La lectura de la obra guenoniana aquí se hace imprescindible, contextualizando las temáticas señaladas e incorporando a Aghartta dentro de la geografía sagrada.


En sintonía con el tema de Agartha, hace poco inicié una serie de reflexiones sobre aquello que a mi entender desvía del camino, en cuantos a los estudios del mundo subterráneo. Un ejemplo clásico, que señalo como error, es cuando se enuncia “Agartha, capital Shambhala”. Teniendo en cuenta que Agartha nace de la mano de Saint Alveydre, que lega su visión en
Misión de la India en Europa, publicado a fines del siglo XIX, resulta por lo tanto muy posterior a Shambhala, que si encuentra un ligazón histórico, mucho más extenso. Sin embargo para muchos estudiosos está asociación es indivisible, y no parece preocupar la confusión.

En estas materias hay mucha confusión. Las razones de ello se deben a varios problemas. Desde ya, la escasa cualificación de quienes pretenden tratar estos asuntos; falta de conocimientos lingüísticos; mucha desviación intencionada (la “contrainiciación” de la cual hablaba Guénon); etc. Además, la misma naturaleza de los temas signados no es fácil. También, se debe considerar la problemática de las fuentes. No creo que Saint Alveydre u Ossendowski hayan inventado Agarttha. Guénon demuestra que ello no fue así. Sin duda, las fuentes utilizadas por estos autores, como sus propias vivencias, son distintas a las recogidas por otros autores, especialmente exploradores; pero esto en nada niega la existencia de un Aghartta.

Una visión que también legó Guenón, fue el misterio de la contrainiciación, y que en algún punto lo asociaba al mundo subterráneo. Sin embargo la caverna como símbolo, está vinculado al renacimiento espiritual, que luego de un proceso iniciático, posibilita el acceso al interior actualmente no visible. ¿Es posible reconciliar conceptos tan disímiles?

En el caso de los símbolos hay en muchas situaciones una pluralidad de significados. Los símbolos no siempre son unívocos. Por ejemplo, el simbolismo del dragón. Mientras que para los chinos representa la divinidad y lo sagrado; para los cristianos medievales, en cambio, era la representación del mal.



Respecto, de las cavernas y en general el mundo subterráneo ocurre algo parecido. Desde cierta óptica son la residencia de las energías inferiores. Por ello, es en el inframundo donde moraba Hades en la antigua mitología griega. Pero no olvidemos que por otro lado la caverna tiene un claro significado iniciático. Se dice que los machis de los mapuches eran iniciados precisamente en las cuevas de los montes. La caverna alude a la matriz, a la fuerza generadora, al caos primordial. Es un retorno al origen.

En cuanto a la contrainicación, cabe recordar que para Guénon la mejor representación de ésta a nivel geográfico más que las cavernas eran las llamadas “Torres del Diablo”, las cuales ocupaban parte importante de su correspondencia con el rumano Vasile Lovinescu.


Desde hace unos años se está hablando de un despertar espiritual que tiene como base nuestro continente, en especial Sudamérica. Más allá de los “cotilleos new age”, ¿podemos asentir con esta realidad, que muchos místicos vienen sosteniendo, y que en el pasado tuvo al Tíbet como centro mayor?

Más allá de los dichos por “maestros”, “iluminados”, etc. sobre esta traslación energética, no hay duda que los americanos, y sudamericanos en especial, tenemos una tierra santa y una gran labor. Respecto a esto último se hace necesario en primer término una depuración espiritual. En la gran mayoría de los casos, no somos aborígenes ni descendientes de ellos ni europeos. Nuestra visión no debe ser por tanto ni el indigenismo ni el europeísmo. Hemos nacido en esta mágica tierra por algo y debemos alejar de nuestro ser la imitación servil de patrones europeos y estadounidenses, como también el simplista modo de pensar que solo lo indígena tiene que ver con este paisaje. En los siglos que han pasado, aquél se ha ido modificado y la naturaleza ha perdido su carácter sagrado. Masas de hombres y mujeres caminan como zombies en las ciudades de cemento, en una vida rutinaria y materialista. Los jóvenes están desencantados de la vida y por ello imitan cualquier moda que provenga de afuera. La falta de reflexión, unida a una sed de rebeldía muchas veces sin sentido, no llevará a nada positivo. Debemos, en segundo lugar, estudiar lo antiguo. Los orígenes. Finalmente, lo que es más importante: amar este continente. Sentir con todo nuestro ser la solemnidad de la arquitectura inka, el frío de las montañas andinas, la aridez del Desierto de Atacama, la selva amazónica, observar los petroglifos plasmados en todos los países sudamericanos, nutrirse de las viejas leyendas. En fin, no transformarnos en depredadores, sino hacernos uno con este glorioso paisaje. Solo así podremos estar preparados para el momento crucial en que Enlil o Eldorado abran sus puertas áureas.

Segio Fritz, infinitas gracias!

-Las gracias son para ti, pues has sido muy amable en entrevistarme, a la vez que has hecho preguntas que me parecen son mejores que mis respuestas-.


[1] Escritor, ensayista y conferenciante chileno, estudioso de metafísica tradicional, religiones comparadas y simbolismo hermético. Es Director de la revista "Bajo los Hielos. Tradición y Poesía Trascendente". Es autor de la novela «El Jardín de Trincheras» (Ediciones Bajo los Hielos, Santiago de Chile, 2003; próxima edición en italiano a través de la editorial Nuovi Cieli e Nuova Terra) y coautor de la enciclopédica obra "Codex Templi" (Aguilar, Madrid, 2005), Ha sido incluido en el libro de fantasía y ciencia ficción chilenas "Poliedro I" (Primeras ediciones, Rancagua, 2006), y coautor de "Templarios: cruz y medialuna" (Ediciones Bajo los Hielos, 2007). Prologó el ensayo sobre religiones comparadas “Los rayos de la rueda. Los caminos de la religión” de Raúl Mera M. (Editorial Forja, Santiago de Chile, 2008). Es además autor de varios artículos sobre espiritualidad tradicional y Literatura Fantástica.

Ha publicado artículos en distintas revistas europeas y americanas, entre ellas: «L’Idea. Il Giornale di Pensiero» (Italia); «Lhork», (España); «Ciudad de los Césares» (Chile), «Casa del Tiempo» (México); y «Serpiente Emplumada» (Perú). Ha sido exponente en el Primer Encuentro de la América Románica (Palacio La Rioja, Viña del Mar, Chile, 1996) y en las Semanas Guenonianas de Buenos Aires los años 2004 y 2007(Biblioteca del Congreso de la Nación, Buenos Aires, Argentina).

Ha dictado cursos sobre “Religiones Comparadas”, “Antropología Integral” y realizado investigaciones de carácter simbólico para universidades chilenas. Prepara una serie de libritos acerca de la historia de la filosofía hermética y la alquimia en América.
Algunos sitios webs que dirige:

Revista Bajo los Hielos
Estudios sobre Sufismo
Geografía Sacra
Mercurio Radiante

Actualmente da charlas sobre pensamiento tradicional y religiones comparadas.