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24 de octubre de 2012

Triángulo de las Bermudas - Hallaron una Ciudad Sumergida Bajo el agua - Manipulando la Realidad Virtual - Débora Goldstern



Triángulo de las Bermudas 
Hallaron una Ciudad Sumergida Bajo el Agua 
Manipulando la Realidad Virtual 
Débora Goldstern© 


Ciudad Mega

En el día de ayer, el amigo Fernando Rabbia conociendo mi interés en los misterios de las civilizaciones desaparecidas, me hizo llegar un artículo, el cual a todas luces se revelaba impactante.

Bajo el sugerente título: “Triángulo de las Bermudas: hallaron una ciudad sumergida bajo el agua”, en el mismo se aludía a un descubrimiento sensacional, y que conduciría a la mítica Atlántida. Intrigada, decidí repasar la información que en su momento me pareció sospechosa, circulando como data viral por toda la red.

La primera duda surgió cuando leí el nombre de uno de los implicados en los hallazgos centroamericanos, Pauline Zalitzki, que curiosamente presentaba errores de ortografía, lo cual me sorprendió ya que la noticia, como digo, no paraba de citarse en varios sitios prestigiosos, aunque la fuente no estaba clara.

Y es que en realidad, Pauline Zalitzki, era nada menos que Paulina Zelitsky, ingeniera oceanógrafa de origen polaco, la cual cursó sus estudios en Rusia, para convertirse más tarde en ciudadana canadiense.

Para aquellos memoriosos Zelitsky saltó a la fama mundial en el 2001, cuando anunció que bajo aguas de territorio cubano, lindante con México, se detectó un verdadero complejo piramidal, el cual fuera bautizado como Mega.

Recuerdo que a cuentagotas, se fueron liberando datos de información sobre el fabuloso hallazgo, que en aquel principio del milenio, sonaba como la noticia arqueológica más importante que se tenga memoria, y aunque mucho se especuló desde el 2008, no se volvió a saber nada del intrigante complejo, reflotándose siempre las mismas imágenes, así como audios y videos existentes.

No tardaron en surgir comentarios de todo tipo que aludían la misteriosa parada de sangría sobre Mega, a la intervención de los agentes conspiranoicos de siempre, que impedían sacar el descubrimiento a la luz. Así se citó la negativa de los gobiernos mexicanos y cubanos en ceder los permisos necesarios, para continuar con la exploración, el sideral aporte en fondos necesarios, que se estimó en treinta mil billones de dólares, sin hablar de presión norteamericana para detener la investigación por las implicancias en materia histórica ... 

En fin ...

Ahora bien, revolviendo la babélica red me encuentro con una noticia recogida por un medio norteamericano, que menciona el arresto de la oceanógrafa polaca en México, acusada de actividades de fraude, fechándose su detención en el 2009!

Teniendo en cuenta estos antecedentes, y sin saber si Zelitsky aún continúa sus litigios judiciales en México, resulta muy llamativo la aparición de esta "aparente nueva novedad sobre su hallazgo", que no es más que un reflote aderezado con condimentos más exitantes de corte atlante, como son las pirámides de cristal y esfinges, así como la introducción del Triángulo de las Bermudas como escenario principal.

Como señalé, la fuente primaria que echó correr la noticia en Internet, no está definida, aunque tengo la sospecha que su procedencia deriva de medios rusos, debido a dato que surge del sitio argentino TN, que también se hace eco.

¿Será que este nuevo ataque viral obedece a llamar la atención sobre este hallazgo, tal vez en la búsqueda de financiación, teniendo en cuenta los grandes fondos necesarios para su continuación? ¿O responde al 2012 tan en boga? ¿Quién y para que digita esta información "dañada en su contenido" y que solo busca confundir?

Recuerden: nunca tomen nada como literal, y menos de la red ...


Véase:
Noticia viral 2012:
“Triángulo de las Bermudas: hallaron una ciudad sumergida bajo el agua”
(Sitio de TN, nótese fuente citada)
http://m.tn.com.ar/internacional/cuba-hallaron-una-ciudad-sumergida-bajo-el-agua_282115

Noticia original 2001:
Descubren ciudad sumergida de tecnología avanzada de 6 mil años de antigüedad.
http://jorgeamarante.obolog.com/descubren-ciudad-sumergida-tecnologia-avanzada-6-mil-anos-antiguedad-1294110

Detención de Paulina Zelitsky en 2009:
http://www.thestar.com/news/gta/article/733940--caledon-woman-s-mexican-arrest-crazy-lawyer-says

Se confirma mi tesis, el sitio desde donde se deriva la noticia es "Rusia Today" 
http://www.diariodecuba.com/cuba/13623-sobre-una-noticia-reportada-por-la-agencia-oficial-prensa-latina 

Reportaje a Paulina Zelitsky realizado por el investigador mexicano Rodolfo Garrido, 2008

8 de julio de 2009

Ray Brown y la esfera de cristal -Débora Goldstern

Ray Brown y la esfera de cristal
Débora Goldstern





Hoy Crónica Subterránea quiere volver a referirse a un tema, que en su oportunidad fue desarrollado en nuestro artículo: La Tecnología Perdida de la Atlántida, donde relatábamos un fabuloso descubrimiento, realizado por un submarinista norteamericano Ray Brown que a finales de los 60’ halló una increíble gema de cristal, reliquia que algunos suponen de la perdida Atlántida.


La pieza fue presentada en contadas oportunidades, desapareciendo luego de la luz pública, ignorándose hasta la actualidad su paradero así como el de su poseedor, Ray Brown. Quiénes tuvieron oportunidad de contemplar la pieza, hicieron mención de increíbles poderes, que la gema parecía manifestar dependiendo del observador, sin embargo salvo estos testimonios y algún libro escrito sobre el hallazgo, poca información nueva surgió en estos años, y quién escribe pensó que la gema ya no volvería a emerger a la superficie, ocultada vaya saber donde.

Sin embargo quizo el destino dar una nueva señal sobre esta reliquia, y así pudimos enterarnos sobre su estado actual, gracias a los oficios de Proyecto Camelot, quiénes en la entrevista realizada al actual poseedor de la Calavera de Cristal que fuera propiedad de Anna Mitchel Hedges, aportan nuevos datos sobre la misteriosa gema.


Según se desprende del video, antes de fallecer, Ray Brown entregó la esfera a quién fuera su maestro, y le recomendó no mostrársela a nadie. Otro dato más que importante es que la Calavera logró reunirse con la esfera de cristal, ocurriendo un extraño fenómeno, ya que la Calavera se tornó totalmente blanca en contacto con la esfera, y a su vez esta adquirió una tonalidad dorada. En esta fotografía, que le fuera facilitada al equipo de Proyecto Camelot se observa la increíble interacción entre las dos piezas.




Adjuntamos como aporte final, además de los videos correspondientes, algunos pasajes de uno de los pocos libros que trató sobre la historia de la esfera, encontrada por Ray Brown. Se trata de La pirámide sumergida en el Triángulo de las Bermudas
[1], de Marcos Silverman, que data de 1984.





¿Sólo existe una pirámide sumergida?




En 1967 Robert Brush sobrevolaba con su avión la zona de las Bahamas, a unos cien kilómetros de la costa sur de La Florida, llamada así por los conquistadores españoles al ser descubiertas sus tierras el día de Pascua Florida. Cuando el piloto volaba sobre las islas de Bimini y Andros, percibió de pronto algo a través del agua que llamó especialmente su atención, porque además de piloto de aviación Brush era un estudioso de la arqueología submarina y buscador de tesoros perdidos en el área del Caribe. El avión describió una amplia curva en el aire y sobrevoló varias veces el mismo punto, al norte de la isla de Andros, cerciorándose de la realidad material de una forma sumergida de figura geométrica, sólo atribuible a la mano del hombre, y no al capricho de la naturaleza.


En aquellas latitudes, y en las zonas próximas a la costa, el agua suele ser transparente como el cristal, permitiendo ver lo que hay bajo las aguas. En cuanto a la profundidad del mar, oscila desde los 200 metros hasta fosas marinas que se abren repentinamente y que alcanzan profundidades de más de seis mil metros. Asombrado de su hallazgo, Robert Brush sacó varias fotografías que a su regreso mostró al francés Dimitri Rebikoff, especializado en fotografía submarina y capaz por tanto de ratificar la veracidad del hallazgo. Más tarde, las fotografías fueron examinadas por el profesor Manson Valentine, del Museo de Ciencias de Miami, quien había impartido clases en la universidad de Yale y era un profundo conocedor de las civilizaciones precolombinas. El resultado fue la organización de una expedición con objeto de reconocer y examinar desde el punto de vista arqueológico la zona donde se habían tomado las fotografías del hallazgo.

Concretamente, ¿qué era lo que había fotografiado Robert Brush? ¿En qué consistía su importancia, importancia que motivó la entusiasta y decidida adhesión de Rebikoff y Valentine, hasta el punto de realizar una expedición reestudio y prospección al Gran Banco de las Bahamas? ¿Compartían los componentes de la expedición la opinión de Pierre Carnac, visible en el título de su obra La historia empieza en Bimini (y por lo tanto en la famosa zona conocida como «Triángulo de las Bermudas»)? Posiblemente se trataba de algo que guardaba relación con lo que un año después, en 1968, descubriría en la misma área de las Bahamas el doctor Ray Brown, cuando se encontraba en la zona del Caribe con un equipo de buscadores de tesoros submarinos. La zona del Caribe es famosa por la gran cantidad de naufragios en otros siglos por los galeones españoles que emprendían el regreso a España cargados con sus tesoros de plata, oro y especias, tesoros que llevaban a Castilla como diezmo de los virreyes y gobernadores asentados en el Nuevo Mundo.

Los barcos emprendían el regreso a España reunidos en una importante escuadra, con objeto de protegerse de las acometidas de los navíos piratas que navegaban en busca de presa por aguas del Caribe. Al gran número de galeones cargados de tesoros se les denominaba «La Flota de la Plata», y la carga que almacenaban sus bodegas era conocida como la «quinta del rey», por ser la quinta parte de las riquezas reunidas anualmente por los virreyes españoles. Gran número de tales navíos naufragaron en la zona del Caribe, unos a causa de los numerosos arrecifes existentes y otros por las violentas tempestades. Todavía hoy el fondo de los mares está sembrado de los tesoros de muchos galeones españoles que aún no han sido recuperados. En 1968 el doctor Brown se encontraba en las Bermudas trabajando con un equipo de recuperación de tesoros perdidos en los fondos marinos. En uno de los descensos descubrió los restos de una ciudad submarina, y en otras de sus exploraciones, como hombre rana, halló una «pirámide sumergida».

En el informe realizado después por el mismo Brown, éste describía la existencia de una «pirámide submarina» compuesta de piedras pulimentadas que encajaban perfectamente unas en otras. Nació alrededor de la construcción remontándose hasta la cima de la pirámide, que aparecía truncada y en la cual se levantaba una especie de pequeño templete. Penetró por una abertura que poseía el templete y se halló en una sala en cuyo centro, sobre un soporte de piedra, dos manos de metal sostenían una pequeña esfera vítrea que, cuando fue examinada, resultó ser de cuarzo. En 1970, dos años después de sus hallazgos, unos expertos la valoraron en veinte mil dólares. Se trataba de una esfera geométricamente perfecta. Había sido encontrada entre la isla de Andros y la de Bimini.

¿Guarda alguna relación esa esfera perfecta de materia cristalizada con el «gnomón» o esfera de cristal de cuarzo que remataba el piramidión de basalto el cual a su vez coronaba las pirámides egipcias? Al «gnomón», que se sostenía en el vértice del piramidión de las pirámides, se le atribuyó capacidad eléctrica para captar los rayos. En cuanto al piramidión, de durísimo basalto gris, solía tener grabado en su superficie «el ojo de Dios», como en el caso de la pirámide de Amenemenes en Dashur. Aunque venía a ser como la rúbrica de la pirámide dada por terminada —indicando que la obra divina había tocado a su fin—, no falta quien se pregunta si acaso el objeto del piramidión, debido a la dureza de su materia y al hecho de figurar como remate de la pirámide, no sería otro que el de resultar indestructible por el rayo. Por eso la esfera «gnomántica» hallada por el profesor Brown podía poseer, como él mismo declaró, insospechadas propiedades que luego se explicarán.

Otro informe vino a sumarse a los que testimoniaban la existencia de una o más pirámides sumergidas en el llamado Triángulo de las Bermudas; el de un marino dedicado a la pesca, el capitán Don Henry. En efecto, cuando éste se hallaba en su pesquero, atareado en localizar grandes bancos de peces, detectó por medio de la sonda acústica algo que en el gráfico se transformó en perfiles correspondientes a una pirámide sumergida de cúspide truncada. La altura de la misma, calculada en el gráfico, era semejante a la pirámide de Keops, en Gizeh, de 137 metros de altura y con una base de 150 metros de lado. El famoso psicólogo y visionario norteamericano Edgard Cayce, célebre por su revelación de las significaciones del Libro de los Muertos, realizada —así como muchas de sus conferencias— en estado hipnótico, había predicho que en el año 1968 quedarían al descubierto reveladoras ruinas arqueológicas pertenecientes a la civilización atlante.

Persistencia del saber atlante



La perfecta esfera de cristal de cuarzo hallada por el doctor Ray Brown en el templete de la pirámide sumergida recuerda las esferas utilizadas por los adivinos, los espejos de obsidiana usados por los mayas, así como el ave que tenía un espejo en la cabeza y ala que Moctezuma II aparece consultando en un códice florentino. Las esferas de cristal, al igual que el agua perfectamente quieta en una escudilla, servían para centrar el pensamiento visionario y así poder percibir el futuro y el pasado. En el caso de la descubierta por el doctor Ray Brown, este investigador reveló que había podido constatar en ella poderes misteriosos. Así, exhibida en una exposición y libremente ofrecida al tacto ajeno, al ser tocada por la mano de una enferma ésta recobró la salud. Pero curiosamente, al ser tocada de nuevo, en otra ocasión, por una persona distinta, ésta adquirió la enfermedad de que habíase librado la anterior.


De creer en la palabra de Ray Brown, la singular esfera posee propiedades asombrosas, dignas de una profunda investigación. En una ocasión fue robada, pero lo más extraordinario es que al día siguiente, sin que nadie supiera cómo, apareció de nuevo en el mismo punto de donde había sido tomada. Se sabe que el ladrón, quien había sido identificado (se dedicaba a la venta de antigüedades), no regresó jamás a su hogar, ni se volvieron a tener noticias de él. Desapareció para siempre, y toda investigación resultó infructuosa. ¿Cuáles serían pues los misteriosos poderes de la esfera de cuarzo? ¿Serían sus pirámides interiores, repetidas indefinidamente, como punto de fijación para lograr la hipnosis de quien miraba en ella? Conocido es el efecto hipnótico que produce en los automovilistas el conducir de noche, cuando en la oscuridad de la carretera destaca pertinaz la interminable línea blanca. Este fenómeno se da asimismo en las gallinas. Sí se sujeta a una de estas aves, apoyando su pico en una línea trazada con tiza blanca en el suelo, y se la mantiene durante unos instantes inmóvil en esta posición, la gallina acaba hipnotizada por la línea de tiza. Al soltarla mantiene su inmovilidad hasta que se la cambia de postura.

Ahora bien, en el caso de la esfera de cuarzo descubierta por el doctor Brown, sus facultades no radican sólo en su poder de captación hipnótica, sino asimismo en su poderosa fuerza magnética, de extraordinarios efectos, sin duda aumentados por haber permanecido dicha esfera bajo la cúpula piramidal que cubría el templete en que fue descubierta. En el relato del doctor Brown figuran pormenores desconcertantes: «La superficie de la pirámide parecía un espejo… Las piedras estaban perfectamente pulidas y el trabajo era fantástico. Le di la vuelta a la cúspide tres veces. Durante la tercera vuelta descubrí una abertura. En mis vueltas anteriores no había visto ninguna, y estuve observando atentamente aquella estructura. No puedo explicar por qué al principio no había ninguna abertura y después sí. Mi primer pensamiento fue que si había una abertura debía de existir una puerta. No había puerta alguna, nada que pudiera abrirse».

A lo largo de su extenso relato el doctor Brown va facilitando un gran número de detalles concretos, como la descripción del templete dentro del cual se halló al trasponer la abertura. El ara sobre la cual se alzaban dos manos de bronce —pero cuyas palmas parecían de oro— que sostenían la esfera de cristal de cuarzo. O el cilindro de unos ocho centímetros de diámetro que descendía de la bóveda piramidal del techo y cuyo extremo disponía de una piedra roja engastada que a modo de punta de lanza apuntaba sobre la esfera de cuarzo, la cual despedía una luminosidad propia y radiante. La sala del templete disponía de varios asientos alrededor del ara, uno de los cuales quedaba más alto que los demás, como reservado al individuo de más alta jerarquía. El aposento estaba claramente iluminado, sin que resultara visible la fuente de luz que todo lo alumbraba. Asimismo se hallaba limpio, si bien ocupado por el agua. Singularmente, no se había introducido por la abertura ni siquiera un grano de arena, ni un alga, ni polvillo de plancton. Tampoco se había adherido ningún organismo a las caras de la pirámide, las cuales eran lisas y perfectamente pulidas.

Todo el relato es asombroso y fantástico, incluyendo la voz que, sin la presencia de aire para lograr la transmisión auditiva, recomienda al intruso del mundo submarino que abandone aquella área y jamás regrese. Así fue, pues, como el doctor Brown, dueño de la esfera de cristal, regresó a la superficie y se reunió con sus compañeros, quienes también habían hecho hallazgos no menos sorprendentes: los restos de una ciudad sumergida, posiblemente pertenecientes a la legendaria Atlántida. En la sorprendente historia del doctor Brown se puntualiza que jamás regresó a la zona de las Bahamas, pero que el lugar del hallazgo se encuentra entre las islas de Andros y Bimini. En su opinión, aunque no haya sido posible detectar de nuevo el asentamiento del portentoso descubrimiento, debido probablemente a que el movimiento submarino de arenas ha recubierto la pirámide, llegará un día en que se retirarán las arenas y de nuevo será visible la pirámide sumergida del Triángulo de las Bermudas. En una entrevista declaró que jamás volvería a la zona de su descubrimiento, ya que sus compañeros de inmersión en aquella ocasión, haciendo caso omiso a la misma voz que a él le había hablado, habían regresado, y todos habían perecido en diversas circunstancias, prueba patente de que la advertencia de la voz misteriosa no carecía de sentido. Por consiguiente, el relato del doctor Brown impulsa al lector interesado y reflexivo a algunas consideraciones, sin que pase por su mente el poner en duda la descripción de una realidad distinta de la realidad considerada racional.

Ya vimos que el descubrimiento del doctor Ray Brown no era único. El famoso autor de Sin rastro, Charles Berlitz, en una obra suya sobre el célebre Triángulo del Diablo —o «cementerio de barcos perdidos»— hizo mención de la existencia de una pirámide sumergida en la misma zona, pero no pudo concretar exactamente su localización, ni facilitar detalles sobre sus características.

La esfera gnomántica

La existencia de la pirámide sumergida descubierta por el doctor Ray Brown fue confirmada en abril de 1977 mediante un telegrama facilitado por la agencia France Presse, en el que se concretaba además que dicha pirámide tenía una altura de unos doscientos metros. Recordemos que la pirámide sumergida localizada por la sonda acústica del capitán Don Henry tenía una altura de unos 140 metros (curiosamente, la misma que la Gran Pirámide egipcia), y una base de 180 metros de lado. La noticia, transmitida por el propio Don Henry a Charles Berlitz, impulsó a dicho investigador a realizar una expedición al Triángulo de las Bermudas para comprobar tan singular hallazgo, que venía a confirmar el realizado por el doctor Ray Brown. En opinión de Berlitz, aunque sea prematura cualquier afirmación categórica, todo hace suponer que en las profundidades marinas del área de las Bahamas yacen los restos de la antiquísima civilización atlante. Con todo, antes de proseguir, volvamos a la encuesta que en su momento se le hizo al doctor Ray Brown, y deduzcamos de sus respuestas otras realidades más ocultas.

Viaje al pasado
«Vivimos en la superficie de nuestro ser», dijo Williams James, refiriéndose a que nuestra vida práctica no requiere sino el trabajo funcional del pensamiento, y que éste es receptor de los estímulos de nuestros cinco sentidos. Sin embargo, desde su punto de vista ésta es sólo la epidermis de nuestra naturaleza superior, pues existe en nosotros, en estado latente, la facultad de poder «conocer» por otros medios que los puramente sensoriales; por ejemplo, hay sujetos que pueden remontarse por encima de lo accidental inmediato, y conocer así el futuro tanto como el remoto pasado.

Basándose en tales premisas, se aplicaron procedimientos cognoscitivos de índole suprasensorial para desenvolver el misterio de la esfera de cristal de cuarzo encontrada por el doctor Brown en el tabernáculo de la pirámide sumergida. Ya en otra ocasión se había realizado una encuesta al doctor Brown, quien respondió a treinta y dos preguntas sobre su importante hallazgo. Algunas de ellas fueron extraordinarias. Destaca por ejemplo su cautela a la hora de mostrar la susodicha esfera, que hasta el día de hoy no ha sido exhibida al público sino cinco veces.

El doctor Ray Brown no pudo facilitar la localización exacta de la pirámide sumergida. La razón es que en las condiciones de excitación en que se encontraba no se le ocurrió detectar el lugar preciso del hallazgo. Según sus propias palabras, la pirámide está ubicada «muy cerca de la Gran Lengua del Océano», apuntando en línea recta hacia las islas Bari, a unos treinta kilómetros del borde de la fosa de la Lengua. Está bastante lejos de cualquier isla importante. A un lado tiene la isla de Andros, y el lugar habitable más cercano es la isla de Bimini». Jamás pudo explicar el doctor Brown cómo se encontró dentro de la pirámide. Fue como un sueño o una visión que cobrase realidad. Una realidad distinta de la que habitualmente percibimos por los sentidos. Como dijo muy acertada y sagazmente el doctor Albert Leprince, en Los errores de los clarividentes: «Nuestra educación tradicional científica, filosófica, social, etc. nos ha colmado de poderosos prejuicios, es decir de cuanto es necesario para estancarnos en la negación del nombre de los principios. Esta educación jamás ha puesto en nosotros algo que nos predisponga a comprender. Para nuestras mentes es un mundo nuevo. Tengamos pues el respeto debido a la naturaleza; quiero decir: mirémosla tal como es y evitemos caer en la fantasía de verla de otro modo que como realmente existe». Con lo que quería demostrar que la inercia de nuestra educación y el enfoque del uso de nuestros sentidos como mensajeros de toda información dirigida a nuestro cerebro nos vedan tolerar como posibles otras posibilidades de percepción. Uno de los datos más sugerentes del relato del doctor Brown fue quizás la voz sin palabras audibles que le aconsejó que no regresara jamás a la zona de la pirámide. Debido a que en modo alguno podía haber llegado la voz hasta él a través de las aguas, tuvo que tratarse en realidad de una comunicación de carácter telepático.

¿De dónde procedía el lenguaje mental, y quiénes eran el comunicante y sus semejantes? ¿Está el mundo submarino de la zona del Triángulo ocupado por seres inteligentes distintos de nosotros? ¿Quiénes son? ¿Cómo pueden ser denominados? ¿Cuál es su modo de vida? Preguntas a las que sólo las capacidades paranormales pueden dar respuesta cumplida, una vez liberada la mente de sus prejuicios.

Según el propio doctor Brown, el cristal de cuarzo perfectamente esférico que encontró en la pirámide sumergida posee propiedades fuera de lo corriente. Por ejemplo, sus propiedades electromagnéticas se ven extraordinariamente aumentadas si se halla al descubierto. Cuando fue encontrada se hallaba bajo una cúpula piramidal, lo que parece indicar que en el interior de la pirámide el cristal esférico condensa sus propiedades, y fuera de la misma vierte su fuerza al exterior. Según Brown, existe además una relación entre la actividad de la esfera de cristal de cuarzo y el ciclo lunar.

Pirámides y catedrales
Según el mismo Brown, unos treinta metros de la pirámide sumergida se encontraban a la vista, y el resto, hasta la base, cubierto por la arena del fondo marino. Curiosamente, las superficies de la pirámide se hallaban perfectamente limpias, sin el menor rastro de algas o incrustaciones orgánicas propias del océano.

Otro detalle sorprendente es que la cámara en la que el doctor Brown penetró estaba asimismo muy limpia y sin el menor rastro de arena. La pirámide aparecía con sus caras resplandecientes, totalmente blancas, lo mismo que si el material utilizado en su construcción hubiese sido de una blancura purísima, o después de construida se hubiese procedido a la pulimentación esmeradísima de sus caras. Indudablemente, la «pirámide sumergida», antes de su hundimiento en el océano, cuando estaba erguida en la superficie de la tierra, debía parecer una joya brillando a la luz del sol y de una atracción fascinante a la claridad de la luna, sobre todo en los períodos de luna llena. Precisamente, el color blanco de su masa pétrea correspondía al color lunar, el mismo color blanco cerúleo, lívido o plateado que corresponde a la luna y a Isis. La «pirámide sumergida», antes de su desaparición bajo las aguas, sin duda ofrecía un espectáculo grandioso y de sorprendente belleza.

Con anterioridad a su descubrimiento, el doctor Ray Brown comenta una terrible vivencia que iba a cambiar su personalidad. Después de la experiencia que sufrió se sintió un hombre distinto, y como ya predestinado a sucesos relacionados con el descubrimiento. En 1970 se encontraba realizando investigaciones submarinas con un equipo en la zona de las Bahamas, precisamente en la misma área donde descubrió posteriormente el cristal de cuarzo de tan singulares propiedades así como la pirámide sumergida.

Ignoraba mientras estaba sumergido realizando su trabajo de hombreraza que se encontraba cerca de un banco de pasajeros. Cuando de pronto y con el espanto subsiguiente vio las hélices del barco que iban arando el agua de mar y que de un momento a otro le alcanzarían. El pánico se apoderó de él. Instintivamente se encontró a unos quince metros bajo el agua. Cuando se recobró del pánico le sobrevino una sensación de tranquilidad y de sosiego. Era una paz inconmensurable. Experimentó la sensación de que su cuerpo no respiraba y sin embargo seguía viviendo. Si bien había evitado las hélices del barco, no había logrado esquivar el golpetazo de una lancha deportiva que, al encontrárselo en su camino, le había ocasionado el impacto que le sumergió a quince metros de profundidad. Fue este impacto el causante de aquella sensación de abandono total. Por lo que se desprende del relato de esta vivencia narrada prolíficamente por el mismo Ray Brown, éste se halló como a los que se encuentran fuera de su cuerpo y sin embargo siguen siendo conscientes de cuanto captan sus sentidos. Pueden ver, oír y sentir, pero desdoblados de su cuerpo material. Ellos se convierten en testigos de sí mismos. Pueden verse de cuerpo presente, oír lo que hablan aquellos que miran su parte física y hasta ver fuera de la envoltura corporal.

Algo así fue lo que le ocurrió al doctor Ray Brown. Explicó: «Miré hacia abajo y observé un pequeño pez brillante. Quedé intrigado por ese hermoso pececillo y fue como si algo dentro de mí centrara mi atención en él. El pececillo no me hablaba con palabras que yo pueda repetir, pero era algo así como "Hola, sé quien eres". Era sumamente tranquilizador». Seguidamente Brown refiere cómo aquella nueva sensibilidad que en nada le había desposeído de gozar de su total conciencia, le permitió como confundirse con el todo que le rodeaba y con las más diversas formas de vida. Tales relatos los hemos encontrado asimismo en el testimonio de otras personas que vivieron experiencias límites semejantes y en las que un fino hilo separaba su vida de la muerte. El regreso a la vida les había guardado el recuerdo de su experiencia en su total nitidez. Por lo mismo el doctor Ray Brown, cuando fue socorrido por sus compañeros de equipo, oyó perfectamente las palabras de quienes trataban de salvarle repitiendo que ya había fallecido. Una vez recobrado de la experiencia se encontró en la cama del hospital, como regresado a la vida. En su opinión, tal vivencia cambió totalmente el curso posterior de su existencia y el sentido de interpretación de la existencia que en él había prevalecido hasta entonces. Y según insistió repetidamente, fue tan extraordinaria experiencia vital la que le permitió, posteriormente, el hallazgo del cristal de cuarzo, así como el descubrimiento de la pirámide sumergida. ¿Qué quiso significar con tal afirmación? Posiblemente se puede desprender de tales afirmaciones que la experiencia anterior había despertado en su personalidad facultades desconocidas que hasta entonces habían permanecido escondidas pero latentes en su naturaleza pero que, una vez afloradas era fácil volver a provocar o repetir como por reflejo condicionado. Era como si de pronto hubiese despertado en él una nueva manera de ver, penetrando a través de otras dimensiones de las que estimamos como normales y únicas. ¿Fue esta nueva visión lo que le permitió descubrir y visionar la pirámide sumergida y que le fue concedido el favor o la distinción de hacerse con la esfera geomántica de cristal de cuarzo que tanto recuerda en su descripción a aquella otra que los antiguos egipcios colocaban en lo alto del vértice de la pirámide, coronando la dureza de la piedra basáltica de piramidión, como punto de referencia y vinculación de las fuerzas de la Tierra con el cosmos?

En aquella segunda ocasión en que el investigador relata su estancia dentro de la cámara de la pirámide en cuyo interior descubrió la esfera geométrica perfectamente tallada oyó las palabras sin voz que le hablaban: «Has venido, ahora tienes lo que viniste a buscar. Ahora vete y no vuelvas jamás». Cuando regresó a la superficie con la esfera geomagnética, vio sorprendido que sus demás compañeros de equipo habían hallado otras piezas demostrativas de la existencia de las ruinas arqueológicas en el fondo submarino de aquella zona, y que también ellos coincidían en el hallazgo de la ciudad submarina. También «la voz» les había recomendado que jamás regresaran a aquellas profundidades. Pero ninguno de ellos, a excepción del doctor Brown, obedeció el consejo. Así uno a uno, fueron perdiendo la vida en el mar al visitar de nuevo la ciudad submarina. De todo el equipo solamente el doctor Ray Brown respetó la recomendación. Jamás quiso volver a investigar en aquella área correspondiente a la zona del Triángulo de las Bermudas. Realmente sentía un gran horror. Lo que él había «visto» en el fondo marino era la existencia, además de la pirámide sumergida, de un sinnúmero de edificaciones que guardaban parecido con el arte egipcio y con las construcciones precolombinas de Sudamérica. Pero las caras de dichas pirámides, a diferencia de las sudamericanas, eran totalmente lisas y sin ningún signo ideográfico en sus caras, y carecían asimismo de ninguna clase de escalonamiento. Ciertamente, el doctor Ray Brown no pudo examinar con detenimiento tales construcciones aunque sí advertir la forma de sus estructuras.

De la singularidad de todo el relato, posiblemente lo que más sorprende entre tantos pormenores extraordinarios es la evidencia de que el submarinista era observado durante toda su inmersión. La entrada de la pirámide era invisible y, sin embargo, alguien que estaba al tanto de todas las evoluciones de Brown franqueó una entrada al interior de la pirámide que de otro modo no hubiese ofrecido al submarinista más que la forma externa de su volumen y arquitectura pero hubiese guardado el misterio de su cámara interna, con la disposición de las 7 sillas (recordemos que el 7 es un número sagrado), y tampoco le habría sido dada la oportunidad de contemplar las dos manos del desconocido metal (¿auricalco atlante?), así como el remanente sobre el que descansaban sosteniendo la esfera del cristal de cuarzo y el cilindro dorado con el remanente de su punta aristada en forma de flecha apuntando sobre la esfera de cuarzo.

¿Es cierta la hipótesis sostenida de la existencia en la zona del Triángulo de las Bermudas de una cala espacial, arco o entrada, agujero o espacio abierto en el muro de una distinta dimensión que, existente en las mismas energías de la naturaleza, a manera de una curvatura trazada entre el tiempo y el espacio, permitía, dadas ciertas circunstancias, penetrar en una dimensión distinta de tiempo y espacio? ¿Eran acaso como unas cortinas entre cuyos pliegues existían agujeros que de improviso permitían el tránsito a otros mundos desconocidos para nosotros pero reales?

Mundos distintos, mentes diferentes
¿Cómo explicarse que en el año 1940 el gran vidente Edgard Cayce profetizara el descubrimiento de las murallas submarinas de Bimini? Edgard Cayce predijo: «Los sistemas mediante los cuales los atlantes fabricaban y obtenían energía serán hallados en la parte sumergida del continente, que se encuentra parcialmente cerca de Florida, concretamente en Bimini, donde se halla uno de los templos».

A la revelación del vidente, uno no puede por menos que preguntarse si el templo a que se refirió Edgard Cayce correspondía a la pirámide sumergida descubierta por el doctor Ray Brown, y si uno de sus sistemas de obtener energía no sería asimismo el hallazgo de la singular esfera de cuarzo magistralmente tallado por las manos de un artífice ya que en modo alguno es posible que la naturaleza ofrezca al cuarzo en forma esférica.

Aunque Cayce no hizo alusión alguna al cristal de cuarzo, sí mencionó un equivalente similar para la obtención de energía, llamando piedras atómicas a aquellas que según su visión captaban energía solar reflejada por el espejo de la Luna. Las piedras en cuestión se hallaban situadas en el interior de una cúpula de forma piramidal, y en su parte superior dicha pirámide disponía de estrías o aberturas deslizantes que, a manera de los observatorios astronómicos, permitían distribuir la energía en todas direcciones, según la preferencia del manipulador. Curiosamente, la descripción pormenorizada de las piedras atómicas, llamadas así por el vidente, eran realmente cristales cilíndricos tallados en diversas facetas. Según Cayce, la parte superior estaba tallada por un lapidario de gemas y servía para la concentración de la energía en el interior del cilindro de cristal. La multiplicidad de las utilizaciones del cristal visionado por Cayce ha sido interpretada como una ingenua descripción de los rayos láser, desconocidos en la época de Cayce.


[1] Este material me fue facilitado por mi amigo Xentor Xentinels, a quién agradezco por su aporte.


Proyecto Camelot - El Cráneo de Cristal (Parte 3 de 3)






The Bimini Wall Part 3 - Ray Brown mostrando la esfera


27 de febrero de 2009

Conspiración contra la Atlántida - Débora Goldstern

Conspiración contra la Atlántida
Débora Goldstern

Hace pocos días, una noticia estuvo dando vuelta por los medios. La misma hacía mención a la posible localización de la Atlántida, de la cual según se precisaba, detectaron ciertas edificaciones. Sin embargo, rápidamente se desmintió, y el hallazgo del siglo, quedó para mejor ocasión.

No es novedad, que cada nuevo descubrimiento anómalo que sale a la superficie, sea relacionado con el continente perdido. Es el gran desafío arqueológico, y el premio mayor. Claro está que a estos estusiasta soñadores podríamos aguarles la fiesta si confesáramos que para nosotros, la Atlántida hace tiempo se conoce su localización, y que debido a intereses oscuros, su resurgimiento se mantiene en las tinieblas. Esta información sin embargo, es casi un secreto de estado, y aunque se niega en público, en privado se hacen los intentos por acumular datos sobre esta cultura madre, que sucumbió luego de un espantoso cataclismo si hemos de creerle al filósofo griego.

Como ya mencionamos en nuestro trabajo sobre Atlántida a disposición en el blog, sus restos, de encontrarse se cobijan bajos las aguas del Caribe, cerca del famoso Triángulo de las Bermudas. Cientos son los relatos que señalan aquel lugar, como su ubicación más precisa, y donde gran cantidad de edificaciones fueron observadas, ya sea por investigadores, pilotos de aviación, locales, que de algún modo testificaron a lo largo de los años sobre estos vestigios, rompiendo un tabú que se extiende desde su desaparición.

El texto que ahora vamos a conocer, relata uno de esos testimonios, de manos de un submarinista, que revela algunos de esos enigmas ocultos, mantenido fuera de los ojos públicos, revelando intrigas, sobre éste continente cuya existencia ya no se puede esconder.


Nuevamente saque el lector, sus propias conclusiones.




ALGO CAPAZ DE HACER LLORAR A LOS DIOSES (Capítulo VIII)

El agua era tibia y clara. Resultaba fácil bucear. Estaba a poco más de 100 m de la costa de Bimini y, al mirar a través del cristal de la mascarilla, vi una formación rocosa que me puso la piel de gallina. Las murallas de Ollantaitambo y de Tiahuanaco estaban reproducidas sobre el fondo del océano. Años de incrustaciones coralinas les habían dado un tono muerto y blanquecino; pero las peculiares ranuras de unión estaban allí. A mi entender, la mano de los maestros de obras del Altiplano aparecía claramente visible. Por consiguiente, habían llegado a este lugar.

La primera vez que oí hablar de la Muralla de Bimini fue durante una conversación con Alan Jay Lerner, El poeta y lírico, más conocido por My Fair Lady que por sus trabajos en Arqueología, había formado parte de expediciones que habían registrado el fondo del Caribe en busca de pruebas de visitas extraterrestres en la región. Estaba seguro de que las Bahamas ocultaban importantes claves.

Lo que ví en Biminí confirmó su descripción. Yo había llegado relativamente tarde al lugar este había sido objeto de intenso estudio por parte de buen número de expertos. Algunos habían declarado que la formación era natural. El factor que me hacía discrepar de ellos era la posición de las piezas individuales de muralla. Puedo como prender que corrientes submarinas erosionen la cara de una roca y formen canales en ella, pero jamás he visto una corriente que pueda tallar ángulos rectos y ranuras precisas.

Además de Bimini, hay otros lugares en las costas de las Bahamas donde pueden encontrarse pruebas «elocuentes» de antiguas civilizaciones. El problema de su localización está en el celo con que son guardadas. El elevado precio que alcanzan los objetos de arte antiguos ha hecho que los hallazgos arqueológicos sean tan valiosos como los legendarios barcos españoles con tesoros. Siempre hay buceadores sin escrúpulos dispuestos a apoderarse de cualquier nuevo descubrimiento. Esto dificultaba aún más mi búsqueda. En cuanto planteé la cuestión a un profesional, éste me correspondió con un mudo recelo y cuando, al fin, logré convencer a los, individuos de que lo único que buscaba era información y de que no constituía una amenaza, para su hallazgo, cedieron un tanto, pero, exigiéndome un secreto absoluto. Como dijo un submarinista: «Mire usted, si diese mi nombre y describiese mi hallazgo, diecisiete, tipos que saben aproximadamente dónde he estado buceando, bajarían allí y echarían a perder toda mi dura labor,»

Les prometí el secreto y obtuve más información prometedora.
-Yo me sumergí y descubrí catorce edificios –me dijo un explorador submarino. Su voz cortó el adormilado susurro de las olas y hubo una breve pausa. Yo necesité un momento para digerir la sorprendente noticia. El hombre se refería a un reconocimiento, que había hecho de las islas Bahamas. Las Bahamas son setecientas y pico de islas -han sido llamadas el «archipiélago dorado» -desparramados en 250.000 kilómetros cuadrados de océano, precisamente al este de Florida y Cuba.
¿Dónde se sumergió? -le pregunté.
Frente a la isla de Andros. ¿La conoce? Pocos americanos saben gran cosa de las Bahamas, aparte Nassau. Pero como yo estaba especialmente interesado, conocía Andros.
Tiene unos 150 km de, longitud, y es la única isla grande de todas las Bahamas. Hay partes de su interior boscoso y surcado de riachuelos que nunca fueron pisadas, por el hombre. Sólo unas pocas y pequeñas aldeas salpican su zona costera. A pesar de su extensión y de que sólo está a quince minutos por aire de Nassau, Andros es uno de los lugares menos visitados de las Bahamas. Supongo que no se sumergiría usted en el lado Oriental -le dije.
Al este de, la isla, un cañón submarino, llamado lengua del Océano, se hunde hasta, una profundidad de mil brazas. En cambio, en los otros tres lado, está, el Great Bahama Bank, que tiene muy poca profundidad y llega a medio camino de Florida.
-¡No, por mil diablos! -gruñó, sin más explicaciones.
-Está bien. ¿Qué clase de edificios encontró? -Edificios de piedra. Piedra caliza. Las paredes tienen más de un metro de grosor.
-Bueno, esto concuerda -.murmuré-. La piedra caliza es el lógico material de construcción en cualquier parte de las Bahamas.
Desde luego, la piedra caliza es una roca sedimentaria, formada por el peso del océano que aplasta lentamente los fósiles de trillones de criaturas del mar muertas hace largo tiempo. Yo sabía que había piedra caliza debajo de todo el complejo de las Bahamas.
-Claro -dijo-; la piedra caliza sería el material que utilizaría usted aquí, si se propusiese construir edificios de piedra. Fíjese que digo “sí”

-¿Quiere decir que los indígenas no lo hicieron jamás?
Movió la cabeza en sentido negativo.
-Cuando Colón llegó aquí, no encontró un solo edificio de piedra, ni siquiera en ruinas. En realidad, ningún indio del Caribe construía con piedras. Vivían en cuevas y en chozas bardadas.
-¿Y qué me dice de los españoles?
-Estaban demasiado ocupados buscando oro en América del Sur para que pensasen siquiera en colonizar estas Islas. Y de todos modos, los muros que descubrí allí abajo están mucho mejor construidos que los muros españoles.
-Mejor construidos. ¿En qué sentido?
-Están hechos de grandes bloques cuadrados de piedra bellamente tallada y perfectamente ajustados.
-¡Hum! Los bloques cuadrados se parecen a los materiales de construcción de los Andes -dije.
Contemplé reflexivamente el mar. Los vientos alisios arrancaban suaves plumas blancas de las chispeantes, olas verdes ¡Y yo no dejaba de pensar en lo lejos que se hallaba Tiahuanaco de la isla de Andros! El viaje habría requerido un avión, a menos que sea abriesen paso en la imponente cordillera, remontasen la costa del Pacífico, cruzasen la América Central y navegasen por el Caribe hasta mas allá de Haití, de Cuba y de casi todas las Bahamas.
-¿Están muy juntos los,' edificios? -le pregunté.
-Algunos lo están bastante, a unos doscientos metros los unos de los otros. Pero los hay que distan algunos kilómetros del más próximo.
¿Quiere describirme, uno de los edificios grandes?
-Uno tenía setenta y cinco metros de largo por veinticinco de ancho, y estaba dividido en tres habitaciones. No tenía ventanas. Tampoco pude ver el suelo, aunque tal vez estaba muy hundido en la arena.
-¿Qué creyó usted que era el edificio? -le pregunté.
-Tal vez un templo. Una cosa puedo decirle: hay un templo en Yucatán cuya planta tiene el mismo diseño. Algunos lo llaman el Templo de los Enanos otros, el Templo de las Tortugas. Está en Uxmal. He observado bien este templo, y le aseguro que tiene la misma configuración.

Le pinché un poco:
-¿No podría ser esa estructura una trampa para coger peces o un vivero para guardar tortugas o esponjas después de capturadas? –
¡Qué va! Ya sé lo que dijeron los arqueólogos acerca de otras formas de la costa, de Bimini Pero esto no era un vivero de tortugas subacuático. ¿Por qué había de construir alguien un pozo para tortugas con una forma rectangular tan exacta? ¿Por qué cortar unos bloques tan grandes de piedra caliza y arrastrarlos hasta allí desde, la playa? ¿Por qué ajustarlos con tanta perfección? No era una obra más primitiva que las murallas del Perú.
Seguimos hablando durante largo rato. Él me explicó que había excavado en varios sitios, cerca del edificio más grande, en el silencio verde. Había encontrado vasijas y figuritas de cerámica enterradas. Pero no tenía la menor idea de la civilización que las había hecho.
Después, su investigación llegó a un callejón sin salida. Durante dos años, envió fotografías a expertos de todo el mundo, y ninguno de ellos había visto nunca vasijas o figuritas similares. Pero nadie se atrevía a clasificarlas o a citar una posible zona dé origen, por miedo a que algún otro experto le pusiese en ridículo.

Más tarde me dijo:
-Todos temen verse envueltos en la controversia sobre la Atlántida.
Sin embargo, descubrió una interesante clave.
Cualquier objeto que haya sido cocido, en un horno puede ser sometido a pruebas científicas, pruebas mediante las cuales puede, calcularse aproximadamente su edad. Pues bien, las pruebas parecían indicar que aquellas piezas habían sido confeccionadas entre los años 5000 y 3000 a. de J.C. Aparte esto el enigma continúa.

La Arqueología subacuática es una de las nuevas ramas de la Ciencia. Pero solo adquirió, su aspecto práctico en 1942, cuando Jacques Costeau inventó el pulmón acuático (aparato para respirar debajo del agua), Este maravilloso ingenio permitió a los hábiles buceadores rastrear el fondo del mar, abriendo, así casi cinco millones de kilómetros cuadrados de tierra, sumergida a una investigación minuciosa.

En las cuevas, sumergidas de Francia y Gran Bretaña los buceadores encontraron valiosísimas reliquias, pre-cristianas y algunos de los murales más antiguos del mundo. En el Mediterráneo, descubrieron diversos testimonios de los grandes antepasados de la civilización occidental que habían surcado aquellos mares: egipcios, fenicios, etruscos, griegos, romanos. En las Bahamas, pensé, podrían encontrar las claves más interesantes.

Hay mucha agua en las Bahamas -dijeron los navegantes-, y en numerosos puntos es poco profunda.» Esta agua de los bajíos es la más cla­ra del mundo, porque no hay ríos en las islas (salvo el pequeño Goose River, de Andros). Los aviadores han dicho a menudo que vieron pare­des, edificios, plazas y calzadas, a pocas brazas de profundidad en los llanos cristalinos. Incluso han circulado rumores sobre una ciudadela de 1,6 ha frente a las costas de Cuba.[1]

Pero yo no podía distinguir toque había de real y de ficticio en estos relatos. Con frecuencia, los hallazgos desaparecen al poco tiempo, cubier­tos por las movedizas arenas del fondo ... Sin em­bargo, mis incursiones en las Bahamas confirma­ron algunos hechos para mi satisfacción.

El conjunto de Bahama Banks es una masa de tierra. que estaba sobre el nivel del" mar en tiempos bastante recientes, según cuentan el tiem­po los geólogos y los arqueólogos. ¿Por qué es­toy tan seguro de esto? Contemplad un mapa de profundidades del océano alrededor de las Bahamas. Tomad un lápiz y seguid el borde de la zona de menos de 15 m de profundidad. Vereís una enorme isla, rodeada por el verdadero océano, y que comprende incluso el cañón submarino, la Lengua del Océano, que se hunde en los bancos, de las Bahamas, directamente al este de Andros.

Los buceadores han descendido siguiendo la abrupta base oriental de Andros. En la cara de este declive descubrieron cavernas y grutas llenas de estalactitas y estalagmitas. Las estalactitas se formaron el lento goteo y evaporación de un agua que lleva minerales en disolución; eviden­temente, no podía haber evaporación debajo del mar. Las estalagmitas surgen del suelo de una cueva al caer gotas de agua desde el techo e ir depositando granos de mineral y el agua sólo puede goteara través de una capa de aire.
Por consiguiente, las cuevas tenían, que estar en tie­rra seca durante los largos períodos en que se formaron aquellas estructuras rocosas. ¿Por qué he dicho que los bancos de las Ba­hamas estaban secos «recientemente»? Los geólogos afirman que en la última Edad de Hielo, grandes masas de hielo se extendían hasta Wisconsin, y que la «sabana» helada inició su lenta retirada, hacia el Norte alrededor del año 9000 a de J.C. En los siglos posteriores, al derretirse centímetro a centímetro, y después palmo a palmo, las montañas de agua helada, empezaron a subir los mares, probablemente hasta cien metros o más por encima de .su anterior nivel durante los milenios en que se fundió el agua atrapada en los glaciares. Esta subida inundó antiguas islas y las plataformas costeras de los continentes.

En este período «reciente» --digamos entré los anos 8000 y 2000 a. de J.C., según un cálculo aproximado-, los moradores de las plataformas actualmente sumergidas tuvieron que abandonar sus poblaciones. Seguramente, los pueblos de antes de la inundación que sobrevivieron a ésta transmitieron inolvidables leyendas sobre las lluvias, los desbordamientos y las invasiones del mar, de que habían sido víctimas.

A mi entender, esto explica el relato del Antiguo Testamento sobre el Diluvio, que coincide de un modo sorprendente con otras narraciones que circularon entre tribus indígenas y civilizaciones cultas de muchas partes del mundo
Yo sabía que en las ruinas de Ur, Mesopotamia, había innumerables indicios de una catastrófica inundación que había depositado una capa de barro de tres metros de grueso; las tablíílas de arcilla de, Nínive describían una épica lucha contra una capa móvil de barro que niveló el suelo hasta dejarlo «liso como un techo»; leyendas sobre 'el Diluvio perduraron durante siglos en Australia, India, Polinesia, Tíbet, Cachemira e incluso en Lituania.

Los mismos descubrimientos geológicos y arqueológicos explicaban, a mi modo de ver, las ruinas sumergidas en los mares Mediterráneo y Egeo, los edificios de piedra a pocas brazas de profundidad de las Bahamas, y las: referencias contenidas en los antiguos escritos griegos y romanos sobre continentes perdidos, islas misteriosas y ciudades olvidadas que «desaparecieron en el mar»

Bueno, cabía admitir que algunos, de estos lugares, se hubiesen hundido súbitamente a consecuencia de un terremoto. Pero la explicación más probable de casi todos ellos era, sencillamente, que se hubiesen sumergido en los tiempos de las catastróficas inundaciones de finales de la Edad del Hielo.

Estas catástrofes eran, sin duda, capaces de hacer llorar a cualesquiera colonizadores procedentes del espacio exterior, que, después de enseñar y construir nuevas e misiones acá y allá, se hubiesen encontrado con que la inexorable subida de los mares sumergía sus colonias.

Si sospecharon que las aguas podían seguir subiendo hasta cubrirlo todo salvo los montes más altos, unos superhombres como Viracocha y/o Ouetzalcóatl y/o Kukalcán pudieron muy bien emprender el vuelo en una nave espacial; jurando tristemente regresaren un imprevisible momento del futuro.

Supongamos que Tiahuanaco fue la primera base de seres procedentes de otro mundo. Supongamos, como ya hemos hecho en anteriores capítulos que, estos seres enviaron emisarios a través de, los Andes mezclando su esperma con la de los indígenas y poniendo, grandes y mudas señales en el desierto peruano, para guiar a las naves espaciales que, llegasen más tarde. ¿Cuál habría sido su paso siguiente?

Yo presumo que el paso siguiente habría sido construir otra base en lo que era entonces una tierra vasta y agradable: la meseta Bahama.

Confieso que la única prueba sólida que apoyaba, hasta entonces, esta conjetura, era el estilo arquitectónico de aquellos muros de piedra caIiza. Sus grandes bloques, perfectamente tallados y ajustados, eran más parecidos a los de las ruinas andinas que cualesquiera otras construcciones descubiertas en el mundo. Pero aunque el estilo de la edificación resultase algo diferente después de un examen más completo, yo seguía preguntando: ¿Dónde aprendieron los desconocidos constructores, de Andros, la tecnología necesaria para cortar y manipular unos cubos de piedra tan grandes?
Los arqueólogos no habían descubierto seña les de buena ingeniería o de tecnología avanzada en el pueblo prehistórico de otros lugares de las Bahamas ... o de las Indias Occidentales, en Cuba o Haití o en cualquier otra tierra del Caribe, o incluso en la costa atlántica de las Américas.

¿Qué útiles se emplearon para cortar los bloques de piedra de Tiahuanaco, de las ciudades incas y, por implicación, de Andros?
Debían de ser unos útiles sumamente sencillos y compactos, ya: que, por lo visto, sus usuarios podían traerlos desde grandes distancias.
Casi con toda seguridad, tenían que ser útiles eléctricos de alguna clase. Sin embargo, nada ví en las Bahamas: que indicase una fuente de energía prehistórica. Escaseaban los materiales minerales. Difícilmente podía pensarse en potencial hidráulico. La fuente debía- de ser algo más exótico, algo desconocido aún de la Ciencia moderna.
Descubrí una vaga clave, de esta fuente de energía. La clave estaba en otro misterio persistente, que flotaba desde hacía muchos años sobre una región cercana del océano.[2]

[1] La información resulta más que sugerente, teniendo en cuenta que este libro data de 1974. Efectivamente en las costas de Cuba se localizó hace unos años, una ciudadela, bautizada como Mega que se rumorea podría tener que relación con la Atlántida. Sin embargo hay mucho secretismo en cuanto a este hallazgo, y actualmente un manto de silencio se impuso, una costumbre que no sorprende. Véase: http://caribelindo.blogspot.com/2005/11/mega-uno.html
[2] El autor alude al enigmático Triángulo de las Bermudas.
Véase:
Fuente:Landsburg, A. En Busca de Antiguos Misterios. Barcelona: Plaza & Janes, 1977.

Is Cuba Part of Atlantis?



Is Atlantis Found On Google Earth?



Brads Scuba Cam, Bimini Road

3 de junio de 2008

La Tecnología Perdida de la Atlántida - Débora Goldstern

La Tecnología Perdida de la Atlántida
Ciencia Imposible
Débora Goldstern©


Cuando Platón habló sobre la Atlántida en sus célebres diálogos “El Timeo y Critias”, hace ya más de 2.500 años, lejos estaba de imaginar la polémica que se iba a desatar con su escrito. Pensar que el viejo filósofo solo hizo referencia a una sociedad utópica en su descripción del mítico continente, es desconocer una realidad, en la cual Platón se revela como un iniciado de primer orden, versado en antiguos misterios, herencia de conocimientos olvidados. Admitiendo este punto, y aceptando que Platón fue educado en estas escuelas esotéricas, algunas de las cuales superviven en la actualidad, se puede comprender entonces la tremenda verdad que se esconde tras el enigma de la Atlántida.

Como todo buen iniciado, Platón solo reveló una parte de la historia[1], omitiendo pasajes comprometedores que aún no podían darse a conocer al público. Un relato fragmentado, donde la verdad y la leyenda se mezclan por igual, fue la forma en que el sabio griego realizó la transmisión, velando información que los siglos posteriores recién comenzaron a mostrar.[2]

Una de las primeras escuelas esotéricas en romper el hermetismo sobre la Atlántida, fue la Sociedad Teosófica, fundada en 1878 por la estudiosa de origen ruso Helena Petrovna Blavatsky. En su obra cumbre, La Doctrina Secreta compuesta por seis volúmenes, Blavatsky legó pista sobre misterioso continente, aunque manteniendo reserva sobre algunos puntos en particular. Sin embargo, considerando el año en que la Doctrina Secreta fue publicada (1884), la visión de una Atlántida tecnológica, casi de ciencia ficción no deja de sorprender.

“Y el Gran Rey de la Faz Resplandeciente, el jefe de todos los de de faz amarilla, se entristeció al ver los pecados de los de faz negra. Envió él sus vehículos aéreos (Viamanas[3]) a todos los jefes hermanos (jefes de otras naciones y tribus) con hombres piadosos dentro diciendo: Preparaos. Alzaos vosotros hombres de la Buena Ley, y cruzada la tierra mientras (aún) esté seca. Los Señores de la tempestad se aproximan. Sus carros se aproximan a la Tierra. Solamente una noche y dos días más vivirán los Señores de la Obscura Faz (los hechiceros) en esta tierra paciente. Está ella condenada y tienen que hundirse con ella. Los señores inferiores de los Fuegos (los Gnomos y los Elementales del Fuego) están preparando sus Agnyastras mágicas (armas de fuego construidas por medio de la Magia. Pero los Señores de mirada Tenebrosa (“Mal de Ojo”) son más fuertes que ellos (los Elementales), y éstos son los esclavos de los poderosos. Están ellos versados en el Astra (Vidya, el conocimiento mágico más elevado). Venid y usad los vuestros (esto es, vuestros poderes mágicos, para contrarrestar los de los Hechiceros).

Que los Señores de la Faz resplandenciente (los adeptos de la Magia Blanca) hagan que los Vimanas de los Señores de la Obscura Faz pasen a sus manos (o posesión), a fin, de que ninguno (de los Hechiceros) pueda escapar por su medio de las aguas, evitar las Varas de las Cuatro (Deidades Kármicas) y salvar a sus perversos (secuaces o pueblos). Que los de Faz Amarilla envíen sueños de si mismo (¿mesmerismo?) a los de Faces Negras. Que aún a ellos (los Hechiceros) se les evite el dolor y el sufrimiento. Que todos los hombres a los Dioses Solares aten (paralicen) que dependen de los Dioses Lunares, para que no sufran y escapen a su destino. Y que los de rostro amarillo ofrezcan su agua de vida (sangre) a los animales parlantes[4] de los de Faz Negra, para que no despierten a sus amos. La hora ha sonado la negra noche pronto está”.

Analizado el pasaje citado[5], encontramos a unos atlantes versados en tecnología aérea, que a su vez mezclaban conocimientos del orden psíquico con artes mágicas. Esta combinación resultó explosiva, y probablemente con el tiempo los condujo a la destrucción, como relatan casi todas las crónicas esotéricas al carecer, según decían, de avances en el orden moral. Para Blavataky no había duda que esta raza dominó además de la Aeronáutica otras ciencias, como la Meteorología, Metrografía, Geomancia, Física, Química, Alquimia, Mineralogía, Geología y Astronomía. Pensar que una cultura que se atribuye su existencia a una era pre-glacial pudo lograr tal grado de desarrollo, es contradecir la historia misma, siendo rechazada y catalogada como fantasía. Sin embargo, las fuentes que inspiraron a Blavatsky en su visión controversial de los atlantes, provienen de manuscritos de origen hindú, algunos de los cuales fueron introducidos en Occidente durante ese período, para consternación de los académicos de la época.

Casi diez años después de la publicación de la Doctrina Secreta, vio la luz un curioso libro: “Habitante de Dos Planetas o la División del Camino, por Phylos[6] el Tibetano, entidad que reveló conocimientos sobre la Atlántida a un joven escritor Frederick Spencer Oliver oriundo de Monte Shasta, EE.UU, siendo considerado uno de los primeras obras canalizadas. Teniendo en cuenta esta última particularidad, se podría descartar rápidamente su lectura obviando el material como fuente de estudio, pero a pesar de estos obstáculos Habitante de Dos Planetas contiene información que merece atención, aunque con recaudos. Veamos:

“Los Poseidanos encontraron que en el reino más allá del mgnetismo habría todavía más fuerzas de pulsación, superior y más intensas; fuerzas operadas por la mente. Y la mente viene de nuestro Padre, así como la fuerza creadora habidas y por haber” // “He dicho que los Atlantes reconocían que la Naturaleza en su totalidad era la Deidad exteriorizada. Su filosofía afirmaba que su fuerza se movía, no en líneas rectas sino en círculos; es decir, que siempre retornaba al mismo lugar. Si el dinamismo que estaba operando en el universo actúa en progresiones circulares, entonces un aumento de vibración infinito posible para la Substancia Única sería un concepto insostenible. Debe haber un punto en el círculo donde los extremos se encuentran y recorren el camino otra vez, y esto lo encontramos entre la catocidad y el magnestismo. Así como la vibración trajo la substancia al reino de la luz, también debe sacarla. Esto es lo que hace, la lleva a lo que los Poseidanos llamaban “Navaz, el lado de la Noche de la Naturaleza”, donde la dualidad se manifiesta, el frío oponiéndose al calor, la obscuridad a la luz, y donde la polaridad positiva se opone a la negativa, todas las cosas son antípodas. El frío es tanto una entidad substancial como el calor, y la obscuridad como la luz. Hay un prisma de siete colores en cada rayo de luz blanca; también hay un prisma séptuplo de entidades negras en la más negra penumbra –la noche está tan preñada como el día.

El investigador Poseidano, pues, llegó a reconocer las maravillosas fuerzas de la naturaleza las que podía manejar para el uso de la Humanidad. El secreto se había descubierto; el descubrimiento era esa atracción de esa gravitación, la ley del peso, se había puesto contra la “repulsión de la levitación”; que la primera pertenecía al Lado Luminoso de la Naturaleza, y el segundo a Navaz, el Lado de la Noche; que la vibración gobernaba la oscuridad y el frío” // “A través de esta sabiduría, fue posible para la Atlántida ajustar el peso (positividad) a la falta de peso (negatividad) tan equitativamente que no se manifestaba una “lucha”. Este logro fue muy significativo. Significaba navegación aérea sin alas o abultados tanques de gasolina, porque usaban la ventaja de la repulsión por medio de la levitación opuesta en fuerza igual a la atracción de la gravitación. Que la gravitación de la Substancia Única gobernaba y era parte de todos los reinos fue un descubrimiento que resolvió el problema de la conducción de imágenes de luz, fotos de formas, así como de sonido y calor, exactamente como el teléfono que conoces tan bien conduce imágenes de sonido, sólo que en Poseida no se requerían alambres u otro material conductor, a ninguna distancia, ya sea teléfonos o telefotos, ni siquiera en la conducción de calor”.

Y hablamos de 1894. Para pensar …!

En años posteriores la bibliografía acerca de la Atlántida crecería en número, aunque los autores evitaban introducir el tema tecnológico, punto polémico que provocaba encendidos debates entre los investigadores, que buscaban convencer a la comunidad científica de interesarse en la posibilidad de la existencia de aquel continente esquivo, casi fantasma. ¿Como podía lograrse este objetivo, si a la problemática que sumaba aceptar un supuesto continente desarrollado en plena era secundaria, sindicado como puente entre las Américas y Europa, además, se especulaba con una ciencia casi de vanguardia y tan de avanzada que más de la Tierra parecía originada por visitantes espaciales? Tal razonamiento no tenía cabida, y no entraba en ninguna mente racional. Sin embargo, algunos osados continuaban por esta vía, uno de los cuales fue el vidente nortearmericano Edgar Cayce.

Quién fuera conocido como el Profeta Durmiente nació en Hopkinville, Kentucky el 18 de marzo de 1877.

Ya desde niño “desplegó poderes[7] de percepción que parecían extenderse más allá de su alcance. A la edad de seis o siete años, aseguró a sus padres que le era posible ver y hablar con visiones, en ocasiones con parientes que habían fallecido recientemente. Sus padres atribuyeron esto a la imaginación demasiado activa de un niño solitario, influido por el dramático lenguaje de las reuniones religiosas populares en ese sector del país. Años más tarde, al dormir con la cabeza sobre sus libros escolares, desarrolló una forma de memoria fotográfica que le ayudó muchísimo a lograr un rápido avance en la escuela del lugar. Sin embargo, esto se desvaneció y desapareció con el tiempo y Edgar estuvo solamente en actitud de terminar el séptimo grado antes de tener que buscar su propio lugar en el mundo.

En 1898, a la edad de veintiún años, se convirtió en vendedor para una compañía papelera mayorista. Más o menos por esa época se le desarrolló fuertemente una parálisis gradual de los músculos de la garganta, que le amenazó con la pérdida de la voz. Cuando los médicos declararon su impotencia para descubrir la causa física de esta enfermedad, se intentó la hipnosis, pero ésta dejó de producir efectos curativos permanentes. Como último recurso, Edgar pidió a un amigo que le ayudara a volver a entrar en el mismo tipo de sueño hipnótico que le había permitido memorizar sus libros escolares cuando niño. Su amigo le hizo la sugestión necesaria y una vez que se encontró en trance autoinducido, Edgar pudo enfrentarse y examinar sus propios problemas. En esa ocasión se recomendó medicamentos y terapia manipultiva, cosa que le permitió recuperar con todo éxito su voz y curar las molestias de la garganta.

Un grupo de físicos de Hopkinville y Bowling Green, Kentucky, aprovecharon su excepcional talento para diagnosticar a sus pacientes y pronto descubrieron que lo único que Cayce necesitaba era el que se dieran el nombre y dirección del paciente y entonces se sintonizaba telepáticamente con la mente y cuerpo de esa persona, donde quiera que ésta estuviera, con tanta facilidad como si ambos se encontraran en la misma habitación. No le era necesaria, ni se le proporcionaba, ninguna otra información en relación con algún paciente”.[8]

Cayce falleció el 3 de Enero de 1945 en Virginia Beach, Virginia, legando “más de catorce mil registros estenográficos[9] perfectamente documentados, de las comunicaciones telepáticas y de clarividencia que había impartido a más de ocho mil personas diferentes durante un lapso de cuarenta y tres años. A estos documentos se los conoce como “lecturas”. Estas lecturas constituyen uno de los registros más grandes e impresionantes de percepción psíquica que haya llegado a emanar de un solo individuo” //”Un desglose aproximado de las lecturas, de acuerdo con el tópico cubierto por el título, indica que cerca del sesenta por ciento son diagnósticos físicos, veinte por ciento “lecturas de vida y el veinte por ciento puede agruparse bajo el encabezado de “diversos”. Esta categoría de diversos incluye lecturas sobre tópicos comerciales, temas mentales y espirituales, interpretación de sueños y una gran variedad de asuntos misceláneos”.

De las catorce mil lecturas que Cayce dejó como testimonio de su excepcional poder, 2.500 son lectura de vida, muchas de las cuales tratan de la reencarnación de individualidades consultantes, a través de la historia. A las 2.500 lecturas debemos restarle 700, correspondientes a la visión del vidente sobre Atlántida, abarcando un período de veinte años, que van de 1924 a 1944. A diferencia de los ocultistas “que presentaban un cuadro complicado de la Atlántida y de la conciencia humana”, Cayce centró sus lecturas en la “historia de sus individuos y de su desarrollo personal”.


En la versión ofrecida por Cayce sobre la Atlántida, ésta se presenta como una sociedad tecnificada, y ferozmente dividida en dos bandos[10] irreconciliables que estuvieron continuamente en guerra. El enfrentamiento se daba entre los Hijos de Belial, de tendencia materialista y autoritaria, contra los Hijos de la Ley de Uno, más espirituales y compasivos. Ambos grupos jamás pudieron dirimir sus diferencias y su eterna pugna condujo al continente a un terrible final, que culminó con su destrucción, luego de un devastador cataclismo inducido por manejos egoístas.

Las lecturas no dejan duda sobre la ubicación de la Atlántida, así como de la existencia de su asombrosa tecnología.

“La posición … el continente que la Atlántida[11] ocupaba, se encuentra entre el Golfo de México, por un lado, y el Mediterráneo, por el otro. Evidencias de esta civilización perdida deben encontrarse en los Pirineos y en Marruecos, Honduras Británica, Yucatán y Norteamérica. Existen algunas porciones que sobresalen … y que deben haber sido en una época una parte de este gran continente. Las Indias Occidentales Británicas o las Bahamas, son una porción del mismo que pueden verse en la actualidad. Si se llevara a cabo una investigación geológica en alguno de estos lugares, especialmente y de manera notable en Bikini, y la corriente del Golfo por esta proximidad, éstas quizás lleguen todavía a determinarse”. (Febrero de 1932).

“En tierra atlante, durante los periodos de máxima expansión, en relación con modos, medios y maneras de proporcionar mayores comodidades al pueblo de la tierra, cosas para el transporte, el aeroplano, como ahora se llama, pero que entonces se conocían como naves del aire, pues viajaban no solo en el aire sino también en otros elementos”. (Enero de 1941).

“En tierra atlante cuando se crearon aquellas cosas hechas para que fuerzas motrices las impulsaran y llevaran a la gente a las diversas porciones de tierra así como a otras tierras. La entidad fue entonces un connotado navegante”. (Octubre de 1931)

“En tierra atlante, cuando los pueblos entendían la ley de las fuerzas universales[12], la entidad era capaz de llevar mensajes a través del espacio a otras tierras; guiaba naves de ese período” (Febrero de 1930).

“En tierra atlante, en la época de la creación de fuerzas eléctricas, que tenían relación con la transportación de aparatos de un lugar a otro, tomando fotografías a distancia, leyendo inscripción de muros aún a distancia, venciendo la misma gravedad, preparación del cristal, el terrible cristal poderoso; mucho de esto motivó la destrucción”. (Febrero de 1934).

“En una tierra conocida como Poseidia, fue músico en el templo, producía sonidos de toda índole en instrumentos. La civilización materialmente superior a la de hoy; en una posición donde era adorado por el pueblo en una porción de esa tierra”. (Junio de 1928).

“En la Atlántida, durante el estado más elevado de civilización, maestro del pensamiento psicológico y estudio, especialmente el de la transmisión del pensamiento a través del éter”. (Mayo de 1925).

“En la ciudad de Peos, en la Atlántida, entre gente que logró entender la aplicación del lado nocturno de la vida o aquellas influencias negativas en las esferas de la tierra, de aquellos que dieron mucha compresión a la manera del sonido, voz e imagen y semejantes a pueblos de ese período”. (Junio de 1930).

“En Poseidia la entidad habitó entre aquellos que tenían a su cargo el almacenaje de las fuerzas motrices de los grandes cristales que de tal manera condensaban las luces, las formas de las actividades, como para guiar a los barcos en el mar y el aire, y en artículos de confort para el cuerpo, como la televisión y la grabación de la voz”. (Febrero de 1935).

Las lecturas son claras en este punto. Estudios de telepatía, psicología, medios de comunicación como la televisión, navegación aérea y por mar, así como manejo de energías poderosas, tal vez del tipo nuclear. Conocimiento de electricidad y fotografía. Mención de cristales como fuerzas motrices, de las cuales extraían casi toda su ciencia para la manipulación de estos aparatos. Cabe mencionar que muchos de los adelantos mencionados por Cayce, recién se hicieron realidad en años posteriores, lo cual no deja de ser inquietante.

Como el lector debe suponer, nadie tomó en serio esta información sobre la Atlántida, siendo estas interpretaciones ignoradas como fruto de la fantasía y apartadas del estudio riguroso, por sus desvaríos. Pero el tiempo se encargaría de demostrar cuan delicada puede ser la línea de cordura, cuando se trata del continente perdido.


Cuando Cayce se refirió a la Atlántida, no solo mencionó su antigua ubicación y tecnología, sino que también dio precisiones sobre como localizar algunos de sus restos. En especial se refirió a Bimini[13] como la zona en la cual centrar las investigaciones.

La primera referencia data de 1926:

“Si, tenemos la tierra llamada Bimini, en el Océano Atlántico (…) Es la parte más elevada que quedó sobre las olas de un continente que una vez fue grande, sobre el cual la civilización ahora existe en el mundo encontró gran parte de lo que utilizaría para alcanzar tal civilización”.

En 1933 dijo:

“En las partes sumergidas de la Atlántida, o Poseidia, donde todavía puede descubrirse una parte de los templos, bajo el cieno de siglos del agua del mar, cerca de lo que ahora se llama Bimini[14], junto a la costa de Florida”.

Dos años después, en 1935, una aviadora afirmó que durante su vuelo por Bimini divisó “un pozo de agua dulce (…) rodeado de un muro en su borde superior, con piedras de composición peculiar y con símbolos extraños”. Sin embargo todo quedó en la nada.

Ajeno a las controversias, Cayce continuó pronunciándose sobre la Atlántida, y seguramente jamás esperó que una de sus lecturas obtuviera reconocimiento mundial después de su muerte.

“ Y Poseidia estará entre las primeras partes de la Atlántida que se levante de nuevo. Esperadla en el sesenta y ocho o sesenta y nueve (1968 o 1969). No está muy lejos! (1940).

El milagro se produjo en 1968.

Dos pilotos veteranos de la Segunda Guerra Mundial, Trigo Adams y Robert Brush[15] “detectaron lo que parecían ser los cimientos sumergidos de un edificio, cerca de la isla de Andros, que es la isla más grande y próxima a Bimini”. La zona detectada en Andros era Pine Key (USA) y “consistía en una construcción rectangular cubierta por algas y plantas marinas, muy cerca de la superficie del agua y estaba divida en varias partes. Sus primitivas murallas se encuentran aún bajo la arena submarina, mientras que el pavimento si existe, aún no ha sido descubierto por los arqueólogos”.

Los primeros comentarios sobre esta edificación no se hicieron esperar y entre los argumentos esgrimidos para descalificarlo, se sugirió que “que podía tratarse de un fortín levantado por los conquistadores españoles (aunque no pueden explicar como se encuentra bajo el mar), una especie de trampa para atraer peces (aunque cuesta trabajo creer que se construyera una estructura de piedra tan perfecta para tan vulgar finalidad), o incluso un depósito submarino, conchas, esponjas o tortugas”. Por otra parte la construcción mostraba similitudes con la arquitectura maya.

Seguidamente un nuevo hallazgo salió a la luz. “Una construcción ciclópea en piedra de 900 metros de profundidad y a un kilómetro, aproximadamente” a la orilla del Norte de Bimini. Los descubrimientos tuvieron lugar gracias a los esfuerzos de “ J. Mason Valentaine, antropólogo y arqueólogo; Dimitri Rebikoff, inventor y arqueólogo submarinista y Jacques Mayol, campeón mundial de inmersión subacuática sin escafandra”.
Bautizado como Carretera o Muralla de las Bimini, “a primera vista, y desde un bote cuando el mar estaba especialmente claro y no había movimiento en la superficie, era según las palabras de Valentaine, un extenso pavimento de piedras lisas, rectangulares y poligonales de diverso tamaño y grosor que, obviamente, habían sido diseñadas y alineadas para formar una estructura muy armoniosa. Era obvio también que estas piedras habían permanecido sumergidas durante un largo período, a juzgar por los bordes de las más grandes, que se habían alisado y le daban una apariencia de almohadones o trozos de pan gigantescos. Algunas eran absolutamente rectangulares y en ocasiones casi formaban perfectos cuadrados.[16]

Las piezas más grandes, que tenían un largo de unos tres a cinco metros, por lo menos, estaban colocadas a menudo a lo ancho de las avenidas situadas en forma paralela mientras las más pequeñas formaban pavimentos tipo mosaico y cubrían secciones más amplias … Las avenidas compuestas por las piedras, son paralelas y de bordes rectos; la más larga está constituida por una serie doble, interrumpidas por dos expansiones que contienen piedras lisas y muy grandes, sujetas en los extremos por piezas verticales (como los antiguos Dólmenes de Europa Occidental). El extremo suboriental de esta gran carretera termina en una esquina hermosamente curva: los tres cortos diques, construidos con grandes piedras cuidadosamente alineadas, tienen una anchura uniforme y terminan en piedras angulares”.
Mason Valentaine,[17] quién fuera motor del descubrimiento venía trabajando en la zona desde 1958, “tomando fotografías desde avionetas”. A sabiendas que la “plataforma subacuática de las Bahamas se encontraba sobre el nivel del mar durante el período glaciar, y quedó sumergida por la subsiguiente elevación del nivel de las aguas”, intentaba probar la hipótesis geológica que decía “si las grandes plataformas sumergidas de las Bahamas eran tierra seca en tiempos relativamente recientes como parece ser cierto, ahora estando hundidas bajo agua de poca profundidad, forzosamente tendrán que mostrar indicios de su antigua ocupación por le hombre primitivo”. El arqueólogo pensaba que la Carretera de Bimini podría tratarse de una “ruta ceremonial que llevaba a algún lugar especial”, y que sus constructores tenían relación con las antiguas culturas sudamericanas, “razas prehistóricas capaz de transportar y de colocar en posición piedras ciclópeas, y que lo hacían de una manera que sigue siendo un misterio para nosotros”.

Para la arqueología oficial estos descubrimientos solo eran hallazgos fortuitos, no relacionados con las visiones psíquicas del Cayce. Tampoco pensaban que eran construcciones realizadas por el hombre, ya que enseguida fueron considerados como caprichos naturales, en especial la Carretera. La sugerencia que antiguos habitantes de la zona de la región habían realizado estas edificaciones sonaba al absurdo, ya que el hombre americano, según las tesis más ortodoxas, no habría ni siquiera existido en la época de esas supuestas realizaciones arquitectónicas, datadas en miles de años. Eso no impidió que las expediciones a la zona aumentaran, y muchas solventadas por organismos prestigiosos, que se apuraron a registrar esas ruinas, ya catalogadas como malditas, que aunque despotricadas en público no cesaban de generar interés oficial. Esta controversia aún sigue en nuestros días, pero no es este lado del tema que deseamos abordar, nuestro objetivo es otro, aunque guarde estrecha correspondencia con lo hasta aquí citado.

En medio de la batalla que la arqueología oficial llevaba adelante en contra de estos postulados, surgió otro descubrimiento, un descubrimiento que pasó casi desapercibido, y que podría catalogarse como uno de los más malditos de todos los sucesos relacionados con la Atlántida. Un verdadero oopart.

Tuvo lugar en 1970. Un submarinista, el doctor Ray Brown, “conocedor de las Islas Berry, en las Bahamas donde había buscado galeones españoles, con tesoros allí hundidos, se encontró de pronto con un tesoro inesperado. En una entrevista que le realizara Charles Berlitz, que incluyó en su popular obra “La Atlántida el Octavo Continente” contó:

“Cuando regresamos a donde habíamos estado con anterioridad en busca de galeones hundidos, se alzó un violento temporal. Fue tan violento, que tuvimos que capearlo, en vez de regresar a puerto. Nos embestían olas de 1,54 y 2,5 m, y perdimos casi todos nuestros aparatos. Por las mañanas advertimos que las brújulas giraban locamente y que los restantes instrumentos magnéticos no funcionaban.

Emprendimos rumbo al nordeste de la isla. Las agujas estaban embarradas, pero, de repente, vimos edificios bajo el agua. Aquello parecía ser una amplia zona al descubierto de una ciudad sumergida. Éramos cinco submarinistas, y los cinco nos lanzamos al agua, en busca de cuanto pudiéramos encontrar. A medida que nadábamos, el agua fue aclarándose.

Me encontraba cerca del fondo, a unos 40 m, y preocupaba mantenerme a la par que submarinista que me precedía. Moví la cabeza hacia donde caía la luz del sol y, a través de las embarradas aguas, vi una forma piramidal que brillaba como un espejo. A unos 10 o 12 m de la cumbre había una apertura. Sentí cierta renuencia a meterme allí, pero entré. La apertura formaba un corto túnel que desembocaba en una habitación interior. Vi algo que brillaba. Era un cristal sostenido por dos manos metálicas. Tenía puesto los guantes e intenté arrancar el cristal. Conseguí sacarlo de su soporte. Y tan pronto lo tuve en mis manos, me di cuenta que había llegado el momento de irme de allí, para no volver. No soy la única persona que ha visto estas ruinas. Otras las han visto desde el aire y dicen que tienen una anchura de 7,5 km y una longitud de 1,5 km”.

En posteriores entrevistas Brown amplió el relato, brindando detalles aún más desconcertantes:

“La superficie de la pirámide parecía un espejo; las piedras estaban perfectamente pulidas y el trabajo era fantástico. Le di vueltas a la cúspide tres veces. Durante la tercera vuelta descubrí una abertura. En mis vueltas anteriores no había visto ninguna atentamente aquella estructura. No puedo explicar porque al principio no había ninguna abertura y después sí”. Sobre el templete hallado al trasponer la abertura dijo: “se trataba de un ara sobre la cual se alzaban dos manos de bronce, cuyas palmas parecían de oro y sostenían la Esfera de Cristal de Cuarzo, o el cilindro de unos 8 cms de diámetro que descendía de la bóveda piramidal del techo y cuyo extremo disponía de una piedra roja desgastada que, a modo de punta de lanza, apuntaba sobre la Esfera de Cuarzo, la cual despedía una luminosidad propia y radiante.

La Sala del Templo[18] disponía de varios asientos, uno de los cuales quedaba más alto que los demás, como reservado al individuo de más alta jerarquía. El aposento estaba claramente iluminado, sin que resultara visible la fuente de luz que todo lo alumbraba. Así también se hallaba limpio, si bien ocupado por el agua. Singularmente, no habían introducido por la abertura, ni siquiera un grano de arena, ni un alga, ni polvillo de plancton. Tampoco se había adherido ningún organismo a la cara de la pirámide” En medio de esta situación Brown aseguró escuchar una voz en su cabeza que le recomendó: “Has venido; ahora tienes lo que viniste a buscar. Ahora vete y no vuelvas jamás. Cuando regresó a la superficie con la esfera geomagnética, vio sorprendido que sus demás compañeros de equipo habían hallado otras piezas demostrativas de la existencia de las ruinas arqueológicas del fondo submarino de aquella zona, y que también ellos coincidían en el hallazgo de la ciudad submarina. También la voz les había recomendado que jamás regresaran a aquellas profundidades”.

Sobre la estructura piramidal declaró que presentaba semejanzas con las de Egipto “que a diferencia de las sudamericanas, eran totalmente lisas y sin ningún gráfico en sus caras. Así mismo, carecían de escalonamiento”.[19]

De los cinco submarinistas participantes, tres no aceptaron las recomendaciones de la voz, y volvieron en busca de más pruebas de la ciudad sumergida, que creyeron era la Atlántida. Jamás regresaron de su periplo, sobreviviendo tan solo dos testigos de aquella fabulosa experiencia uno de los cuales fue Ray Brown, quién jamás volvió a explorar esa zona. Sobre el sitio de extracción, nunca reveló las coordenadas exactas, aunque dejó en claro, que las ruinas se encontraban en algún punto de las Islas Andros y Bimini.[20]

Los análisis que se le practicaron “al cristal revelaron que ampliaba la energía que pasaba a través de él”.

El descubrimiento de Brown ponía otra vez el centro de atención algunas de las lecturas de Cayce, quién mencionó la utilización de cristales en la Atlántida como fuente de energía, y que según creía fueron causa del desastre que la hundió en el océano. El mismo año en que el vidente predijo el levantamiento del continente, 1940, hizo referencia a un poderoso cristal que denominó Tuaoi, la piedra de fuego, base de todo el sistema tecnológico atlante.

“Tenía la forma de una figura de seis lados, en la que aparecía la luz como medio de comunicación entre lo infinito y finito, o como medio por el cual se producían las comunicaciones con esas fuerzas de las que emanaban las energías, como centro que salían las actividades radiales que guiaban las diversas formas de transiciones o de viajes durante aquellos periodos de actividad de los atlantes. Estaba dispuesta como un cristal, aunque de manera muy diferente de la habitual entre nosotros. No confundáis las dos, por lo tanto, pues están a muchas generaciones de distancia. Eran en aquellos periodos en que se dirigían los aeroplanos, o los medios de transporte; aunque ellos, en aquellos tiempos, podían viajar por el aire, o por el agua, o bajo el agua, indiferentemente. Pero la fuerza con la que se gobernaban estaba en esta central de energía, la piedra de Tuaoi, que era como el rayo como el que actuaba. En un principio, era la fuente de la que procedía el contacto mental y espiritual”.

Más allá de las visiones de Cayce ¿el cristal encontrado por Ray Brown, tenía alguna validez para los estudiosos? ¿Podía ser tomado en serio? No en forma oficial, como pasa siempre en estos casos tan dudosos, pero evitando su desecho como falsa prueba. Tratando de ampliar los datos del cristal encontrado por el submarinista, comenzamos a buscar más evidencias de esta historia y alguna fotografía, que sabíamos existía, pero nuestra sorpresa fue mayor al comprobar que en la era de la información no había datos de mayor valía, salvo el legado por Berlitz, y ya citado. Sin embargo nuestra pesquisa tuvo su recompensa, y conseguimos el ansiado, material, que a través de un viejo video de History Channel[21], de la década del 80’, el cristal aparece en su esplendor junto su descubridor en un especial dedicado a la Atlántida.

Después de casi 28 años, podemos hacernos una idea de aquella pieza tan insólita surgida de un lugar misterioso del océano. Debemos destacar que los programas de la aquella época, se mostraban más permisivos en cuanto a imágenes, y no tenían miedo de esbozar teorías más osadas que las actuales, cada vez más conservadoras.
¿Será ese el motivo, que este tema jamás se menciona asociado con la Atlántida? Pero vayamos al cristal majestuoso, para juzgar con nuestros propios ojos si nuestra persistencia obtuvo su premio.
El cristal fue mostrado por primera vez en 1975, cinco años después de su descubrimiento. Consciente de su hallazgo y temiendo una confiscación, Ray Brown, como ya dijimos, no reveló jamás el lugar de extracción, y mantuvo el secreto para siempre.

Los primeros asistentes que pudieron contemplar la extraña pieza, describieron diferentes sensaciones trasmitidas por el cristal, que parecía poseer propiedades inusuales desafiando leyes físicas conocidas.

En primer lugar el cristal presentaba una estructura piramidal de tres caras, distribuidas de mayor a menor tamaño. Uno de los primeros efectos que causaba el cristal, es el estado alfa, donde aquellos que caían inducidos en este trance, mencionaron una cuarta pirámide “en el primer plano de las otras tres”. Desde otro ángulo y en condiciones especiales, muchos testigos pudieron ver un gran ojo humano mirándolos serenamente.

El cristal parecía cambiar caprichosamente de forma, y según Ray Brown, aparecían “miles de pequeñas líneas de fractura”, similares a los “circuitos microscópicos”. Fenómenos de corte paranormal parecían acompañar a la esfera, y así muchos sensitivos declararon que sintieron vientos de tipo iónico con capas de diferentes temperaturas, frías y cálidas, rodeando al cristal. Luces fantasmas, voces y hormigueos, también fueron reportados. Experimento realizados con brújulas cerca del objeto, mostraron la alteración de las agujas, que eran direccionadas hacia el lado contrario, estando a solo dos pulgadas de distancia. Los metales son inmediatamente magnetizados una vez que entran en contacto con él.

También se registran curaciones, ya que personas enfermas fueron sanadas por la esfera, pero trasmitiendo la dolencia a la siguiente persona en tocarla, como si pudiera extraer o activar trastornos humanos a voluntad.

Para muchos el cristal del Ray Brown es un amplificador de energía, una especie de radiotransmisor y sintonizador de frecuencias cósmicas, potenciadas por la pirámide que lo cobijó, hasta su retiro por el submarinista.

Es innecesario decir que las cualidades descriptas en este objeto, no encuentran paralelismo con ninguna tecnología terrestre y rompe con todos los esquemas conocidos. Un sinnúmero de interrogantes se plantean con su existencia, interrogantes, que en la actualidad no pueden ser resueltos al ser ignorado el paradero de la pieza, así como el de Ray Brown. No extrañaría que algún coleccionista privado haya pagado una buena suma por la esfera, que en la actualidad no encontraría espacio histórico sustentable, y es mejor tener oculta hasta mejor oportunidad de exhibición.

Pero si pensaban que este cristal es el único testimonio a presentar en esta historia, tenemos reservada una sorpresa. Invitamos al lector a trasladarse al cono sur del continente americano, en la zona cordillerana de Chile.

El caso que ahora vamos a conocer, tuvo lugar en 1995. La noticia que se difundió es que en el volcán de Licancabur[22], a 6000 metros de altura, ubicado en la región de San Pedro de Atacama, norte de Chile, se encontró una bola de cristal en el fondo de la laguna del cráter. El descubrimiento lo realizó Henry García buzo de Jacques Costeau.

No pasaría de ser una curiosidad más, sino fuera porque la bola de cristal parecía mostrar extrañas anomalías, que escapaban a cualquier explicación racional.
Como único testimonio del hallazgo quedó una fotografía, retrato obtenido por Ana Mará Barón[23], arqueóloga chilena participante de la expedición que ascendió al volcán durante esa época, y que buscaba “batir un récord de buceo en alta montaña”.[24]
Gracias a una entrevista realizada a Barón por el investigador peruano Ricardo González, conocimos más detalles de lo ocurrido durante aquel ascenso.


Veamos algunos extractos:

-¿Y la esfera que era aquello?-
En verdad no lo sé, -lanzó a boca de jarro sorprendiéndonos- Pero era extraordinaria … Brillaba! Era una cosa especial …
Entonces como sincerándonos nos dijo: por esas cosas que a veces uno no entiende, antes de involucrarme en esta expedición, tuve una charla con un hombre de acá de San Pedro. Es un amigo, un hombre mayor y muy sabios en las creencias andinas. Me habló de la importancia de ir al volcán de subir con humildad, y que era necesario pedirle perdón, porque allí estaba el secreto para que todo saliera bien. Me encontraba en un momento de mi vida donde tenía muchas preguntas, se estaban diversos cambios. Y sus palabras fueron exactas.
-Y entonces subió con esa actitud a la cumbre del Licancabur?-
Claro! –respondió segura- por ello pienso que la aparición de la esfera en el cristal, fue un “regalo” del Licancabur.
-¿Cómo ocurrió? –consultamos-
Fue de pronto –nos dijo-, Henry salió con algo brillando en sus manos, diciendo: “mira lo que tengo para ti Ana María”. Entonces se acercó, y allí noté que era una esfera perfecta. Cuando Henri se acercó con el cristal, sentí como si éste me trasmitiese una energía muy especial, que me hizo sentir muy bien; sentí incluso que el tiempo se detuvo, y que de esta esfera salió una esfera de energía que me liberó de todo lo malo que yo tenía …
-¿Y? –ansiosos interrumpimos una nueva pausa de la arqueóloga
Entonces le pedí a Henry que posara y le tomé la foto que conocen de la esfera –contestó- Es prácticamente el único testimonio gráfico del hallazgo … Otro detalle extraño –añadió- es que la esfera empezó a quemar el guante de Henry. Pero no fue por esto que la esfera cayó en la laguna. Lo que sucedió que al querer cruzar a la otra orilla para que el resto del equipo la pudiera filmar, dejó caer accidentalmente la esfera. Inmediatamente se lanzó a buscarla pero no la volvió a encontrar.
-¿Qué piensa que era aquel objeto? ¿Tiene alguna explicación racional? – queríamos escuchar la última palabra sobre este enigma-
-Miren- nos dijo entonces tomando impulso -, soy arqueóloga, y los que les comento escapa a cualquier parámetro establecido. Quizás la esfera quemó el guante de Henry, porque estaba hecha de un cristal transparente, capaz de concentrar como una lupa los rayos del sol. Sin embargo, como les digo, era una cosa especial … Presenté todo esto en un Congreso de Arqueología acá en Chile –reflexionaba – y casi me toman por loca. No puedo decirles que era ese cristal, o quién lo puso allí. Pero eso sí, lo hallamos en la laguna de Licancabur.

En el año 2000, cinco años después de la desaparición de la bola de cristal, se apersonó una nueva expedición del lugar “con el objetivo de rescatar la esfera de la profundidad de la laguna. Al parecer lo lograron y prueba de ello es que le mostraron la esfera a Barón”. La arqueóloga manifestó que la esfera tenía muchas semejanzas con la hallada por el buzo francés, “sin embargo la persona que hizo el hallazgo empezó a tener una serie de problemas y percances en su vida desde que hurtó el cristal de Licancabur. Como si se tratase de una maldición, no le habría quedado otra opción que devolver el cristal al volcán, y así liberarse de los males que le perseguían”.

Hasta aquí.

Para la realización de este trabajo tomamos la vía más arriesgada en cuanto a la Atlántida, por no decir temeraria. Nuestro enfoque se basó en aquellos documentos y crónicas que imbuidos del factor psíquico, no son tomados como fuentes de consultas y que para los especialistas están descartados como material de lectura, al carecer del rigor científico solicitado para discutir la problemática atlanteana.

Sin embargo, la existencia de ciertos objetos que cada tanto devuelven los océanos o lagunas, como los descriptos en este artículo, obliga a revisar estas historias rechazadas, porque creemos que allí encontraremos pistas que ayuden a resolver el enigma que estas piezas presentan.

Quizás el misterio de la Atlántida persista por mucho tiempo, quizás ya se descubrió y su secreto se oculte, hay mucho información a ese respecto. En cuanto a la existencia de su tecnología fabulosa, nuestra cultura actual está sumamente avanzada, y muchos de los descubrimientos atribuidos a esa fabulosa civilización ya fueron recreados, otros, como el poder de las esferas citadas, aún sorprenden por sus cualidades extraordinarias y desconocidas. Especulando, podemos imaginar que un poder semejante manipulado por manos equivocadas, llevaría al desastre, como ocurrió al parecer en aquel continente. Pero la ascendencia de la Atlántida en la historia humana es tan fuerte, que no dudamos un día esta tecnología perdida regrese en todo su esplendor.

Esperemos entonces, estar mejor preparados.



BIBLIOGRAFÍA

Libros:

Berlitz, Charles. El triángulo de las Bermudas. Barcelona: Pomaire, 1975.
Berlitz, Charles. La Atlántida, el octavo continente. Barcelona: Planeta, 1984.
Berlitz, Charles. Misterios de los mundos olvidados. Barcelona: Bruguera, 1974.
Berlitz, Charles. Sin rastro. Barcelona: Pomaire, 1977.
Blavatsky, H.P. La doctrina secreta: Antropogénesis. Vol III. 8ª.ed. Buenos Aires: Kier, 1980.
Blavatsky, H.P. La doctrina secreta: Antropogénesis. Vol IV. 10ª.ed. Buenos Aires: Kier, 1991.
Cayce, Evans Edgar. Edgar Cayce y la Atlántida. Distrito Federal (México): Diana, 1975.
Cayce; Cayce Schwartzer; Richards. Misterios de la Atlántida. Madrid: Edad, 1993.
González, Ricardo. Licancabur: la activación de los discos de poder, 2003.
Pauwles; Bergier. El Retorno de los Brujos. Barcelona: Plaza & Janés, 1973.
Phylos el Tibetano. Habitante de Dos Planetas. Buenos Aires: C.S., 1994.

Webs:

La pirámide sumergida y la esfera de cristal
http://www.saltoalinfinito.com/

Dr. Ray Brown's Discovery of an aincient technology!
http://www.sciforums.com/showthread.php?t=1184

Otey, Jacqueline
Ana María Barón: la mujer que desenterró un tesoro
http://www.tercera.cl/medio/articulo/0,0,38039818_90162750_307276591_1,00.html

Video

The Bimini Wall (documental) In Search Of, 1980. History Channel


[1] Para los iniciados “tan secreto era el conocimiento de la última isla de la Atlántida, en verdad – a causa de los poderes sobrehumanos que poseían sus habitantes, los últimos descendientes directos de los Dioses o Reyes Divinos, según se creía –que el divulgar su situación o existencia era castigado con la muerte”. Esta prohibición se mantuvo hasta los comienzos del Neoplatonismo.
[2] El relato del filósofo ateniense está lleno de contradicciones: “así en Critias, dice que la llanura que rodeaba a la ciudad estaba a su vez rodeada a su vez por cordilleras de montañas, y que la llanura era suave, y nivel y de figura oblonga, extendiéndose hacia el Norte y hacia el Sur, tres mil estadios en una dirección y dos mil en la otra; la llanura hallábase rodeada por un enorme canal y dique, de 101 pies de profundidad, 606 de ancho y 1.250 millas de largo. Ahora bien; en otros sitios de expone el tamaño total de la isla de Poseidonis poco o más o menos asignado solo a la “llanura alrededor de la ciudad”. Es evidente que una parte que se dice pertenece al gran Continente, y la otra al último resto, o sea la isla de Platón. Por otra parte el ejército activo de la Atlántida se declara como más de un millón de hombres; su armada de 1.200 barcos y 240.000 hombres. ¡Semejantes afirmaciones son por completo inexplicables al estado de una pequeña isla del tamaño de Irlanda!”.
[3] Según la Doctrina Secreta: “De la Cuarta Raza es de donde los arios primitivos adquirieron su conocimiento del conjunto de cosas maravillosas (de) el Sabha y Mayasabha (asamblea de aquellos versados por Maya el arquitecto). De ellos aprendieron la Aeronáutica, la Vimana Vidya, el conocimiento de volar en vehículos aéreo”.
[4] Decía Blavatsky, que eran “unos animales maravillosos, construidos artificialmente, semejantes en cierto modo a la creación de Frankenstein, que hablaban y avisaban a sus amos de los próximos peligros. Sus amos eran “Magos Negros”; el animal mecánico estaba animado por Djin, un Elemental, según los relatos. Solo la sangre de un hombre puro podía destruirlos”
[5] Pasaje tomado de las Stanzas de Dzyan. Piense el lector, que la autora de la Doctrina Secreta escribió esta obra a fines del Siglo XIX. En el momento de su publicación estos escritos armaron un gran revuelo, sobre todo en Europa, iniciando una polémica que aún perdura. En la actualidad no existen análisis más detallado sobre el manuscrito, teniéndose a éste como un producto hindú de viejas tradiciones y leyendas. Pero, irónicamente, la India considera a los señores de Dzyan como aquellos que vinieron de las Estrellas. Contradiciones aparte, las Estancias de Dzyan han dejado una interesante visión de la Atlántida, nombrada aquí, como el Cuarto Continente. (Annie Bessant, sucesora de H.P.B., da una pista sobre cual habría sido el nombre de Atlántida en aquellos remotos días, que se habría llamado KUSHA). Esta visión, no solo abarca su desarrollo espiritual, sino que incluye sus increíbles adelantos técnicos, un punto en que muchos atlantólogos estarán rotundamente de acuerdo. Los críticos más severos reprocharán y tendrán como inaceptable, la idea de un hombre viviendo en el Período Terciario, y que encima vuela en sus Vimanas por los cielos. Nuevamente el eterno enigma de cual fue primero ¿el huevo o la gallina? La gallina dirán, pero, ¿cómo saberlo?
[6] Este Phylos quién habría vivido como la personalidad de Zailem en la Atlántida, se le apareció en el transcurso de 1883 a un norteamericano de apellido Oliver, y por un periodo de tres años le reveló aspectos de la vida atlante, valiéndose para su cometido de la clarividencia y clariaudiencia. Aunque la historia relatada en Habitante de Dos Planetas transite el terreno de lo inverosímil, detalla con profusión muchos aspectos de la ciencia y tecnología atlante.
[7] Preguntado acerca del funcionamiento de su habilidad declarará que una vez dormido atravesaba un túnel rodeado de luz, imágenes y sonidos. Su conciencia era atraída hacia otras dimensiones que le permitían obtener información. A esa región brillante la llamó el "Registro Akáshico"." … Cayce se hallaba en condiciones de ponerse en contacto con cualquier cerebro humano viviente y de utilizar las informaciones contenidas en aquel o en aquellos cerebros para dar el diagnóstico y el tratamiento de los casos que se le presentaban. Era tal vez una inteligencia distinta la que animaba a Cayce, y que utilizaba todos los conociemintos de la Humnaidad, como se utiliza una biblioteca, pero casi instantáneamente, o al menos a la velocidad de la luz o de la electromagnética…"
[8] “Uno de los jóvenes médicos, el doctor Wesley Ketchum presentó un informe sobre este procedimiento tan poco ortodoxo a la sociedad de investigación clínica de Boston. El 9 de octubre de 1910, The New Cork Times publicó un artículo de dos páginas, con encabezados, títulos y fotografías y, a partir de ese día, inválidos de todas partes del país acudieron al hombre prodigio en busca de ayuda”.
[9] “Para preservar estas lecturas se formó una fundación conocida como Fundación Edgar Cayce, ubicada en la calle 67 y Avenida Atlantic, de Virginia Beach, Virginia. En 1932 se organizó una sociedad de investigación de libre membresía, la Association for Research and Enlightenment, Inc. (Asociación para Investigación y Educación abreviada A.R.E.), P.O. Box 595, Virginia Beach, Virginia 23451 y ésta continúa catalogando y preparando índices de la información, inicia investigaciones y experimentos y promueve conferencias, seminarios y disertaciones en relación con estas lecturas y material conexo. Hasta recientemente los hallazgos publicados por la A.R.E., se han puesto a disposición primordialmente de sus miembros, a través de sus propios servicios editoriales”.
[10] “Para Cayce estas personas eran extremistas. Sus capacidades, bien aplicadas, les conducían a grandes avances espirituales y materiales; pero cuando se aplicaban mal producían unos retrocesos espirituales igualmente importantes, y a la satisfacción de los deseos y de la lucha física”.
[11] Consultado en esta misma lectura acerca del tamaño de la Atlántida, Cayce dijo: “Como comparación, el de Europa, contando el Asia Europea”. Agregando que luego de erupciones volcánicas que azotaron el continente, este quedó dividido en islas de enorme tamaño.
[12] ¿Fuerza nuclear tal vez?
[13] Perteneciente a las Bahamas, en América Central.
[14] Bimini fue descubierta en 1515 por Ponce de León, lugarteniente de Colón. Esta isla es la más cercana al Continente Americano.
[15] Ambos pilotos eran miembros de la Fundación Cayce, y se cree que trataban de confirmar la profecía del vidente, que por lo visto se cumplió.
[16] Hay que recordar que “las formaciones naturales en las líneas rectas, no se dan jamás”.
[17] “Curador honorario del Museo de Miami, Florida, veterano de expediciones a Yucatán y al Pacífico Sur” este explorador se pasó 15 años en las Bahamas, buscando civilizaciones desaparecidas.
[18] Ray Brown describió que en el aposento había seis sillas, rodeando un pedestal desde donde salían dos manos metálicas de oro sosteniendo la esfera. Todo el lugar desprendía una extraña luminosidad. El pedestal y las sillas dan como resultado, el número siete, guarismo sagrado según los ocultistas. Juan Moricz también menciona en su descubrimiento de la Cueva de los Tayos, un recinto con una mesa pulida de piedra y siete sillones, del mismo material.
[19] Ray Brown no solo encontró una pirámide lisa, sino que habló de un complejo de edificios, similares al arte egipcio y construcciones sudamericanas.
[20] Pleno Triángulo de las Bermundas
[21] El programa se tituló Bimini Wall, y se trasmitió el 21 de febrero de 1980, cuarta temporada. El documental pertenece a una serie de producciones de caracter controversial, In Search Of, que se desarrolló de 1976 a 1982. La conducción estuvo a cargo del actor Leonard Nimoy, famoso por su participación en Viaje a las Estrellas.
[22] Este volcán está considerado como un lugar sagrado. Se cree que los indígenas hacían ofrendas. Hay quién dice que sus aguas guardan un tesoro, y es meca de buscadores de tesoro del todo el mundo. Muy cerca se encuentran ruinas de manufactura inca.
[23] Considerada como la versión femenina de Indiana Jones en San Pedro de Atacama, Barón es una arqueóloga que se ha dedicado durante 30 años a esta profesión. En la década del 80’ descubrió Tulor, un asentamiento indígena de 3.000 años de antigüedad.
[24] El ex buzo consiguió el récord de altura, estableciendo una nueva marca para el Libro Guinnes.