18 de julio de 2008

El Imperio Invisible -Raymond Bernard -IV

El Imperio Invisible
por Raymond Bernard

PARIS

Al hablar de París, mí pluma vacila, porque París no se describe, se murmura, se confía, se cuenta, se tararea . . . París, es cada parisién, de origen o de adopción, es cada visitante llegado de no se sabe donde y a menudo de muy lejos. París, es una historia y es la gran historia. París es un misterio o una catedral, es un cuadro, una escultura, una comedia o bien una ópera, una canción, en fin y quizá una sonrisa. Es todo eso París y nada ha sido dicho y no diré nada, puesto que París, es Vd., soy yo y es el mundo. Cada uno tiene “su” París, porque París es de todos y yo ten-do el mío, seguramente, pero como el suyo no se puede compartir.


El Café de la Paix, tiene su lugar de elección, en medio de los lugares históricos de París, al mismo título que su vecino, la Opera o la célebre Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, los Inválidos, las Tullerías y otros monumentos prestigiosos. Los más grandes personajes se sientan a menudo en sus mesas, las más humildes algunas veces. . . el misterio se instaló en él largo tiempo con Gurdgieff y con él una técnica particular hacia el conocimiento... Hoy, si estas gentes que percibo, supieran QUIÉN está allí, en el interior, conmigo, todos estoy seguro de ello, olvidarían sus ocupaciones o su ociosidad, para intentar con curiosidad o con interés ver, comprender . . . Fuí puntual, pero ya el Maestro Desconocido había llegado y no osé preguntarle si me había esperado.

Cada cual admitirá que tales circunstancias, como que son inhabituales, encierran siempre un elemento de incertidumbre, de duda. No se encuentra corrientemente a un Maestro en una plaza común, en un gran hotel o en un café renombrado. Ciertamente, no hay duda sobre la PRESENCIA del Maestro y sobre el mensaje que transmite. La incertidumbre y la duda conciernen a las circunstancias, al escenario. Cierto, tengo consciencia que estoy en este momento en París, en el Café de la Paix, como tenía consciencia de estar en la Gran Plaza de Bruselas, después en el hotel Presídent de Ginebra, pero tendría de ello una consciencia TAN VIVA, si me hubiera encontrado psíquicamente, o bien, si el Maestro, juzgando la idea de esos diversos “exteriores” apropiados, los habría “sugerido” a mi consciencia, sin dejar su residencia y sin que yo dejare la mía. Actualmente, no estoy menos CONSCIENTEMENTE en el Café de la Paíx y SE que el Maestro está conmigo.

¿No es esta VERDAD secreta la que se cuenta desde el momento QUE YO LA PERCIBO, QUE YO LA VIVO? Aquí el Maestro Desconocido me ha “preparado” de manera diferente, Sin ostentación, ha puesto su mano derecha sobre la mía y sus ojos fijos sobre los míos, ha “creado” el ESTADO que le permite ahora hacerse “entender” COMPLETAMENTE:

“En esta última conversación, terminaré el precioso mensaje del que por otra parte Vd. tiene, actualmente, lo esencial, puesto que hemos culminado juntos un largo viaje en la historia secreta y considerado lo que se tiene que examinar en un término próximo, en comparación con ese lejano pasado”.


“Vd. sabe ahora, lo que ha representado antiguamente la Atlántida Y LO QUE NO CESA DE REPRESENTAR. Ella esta SIEMPRE presente para la humanidad, sin que ella se de cuenta, es EL PRIMER OBJETIVO a alcanzar. Tiene Vd. conocimiento de los ciclos de la humanidad, de las eras que ha atravesado y en la que ella acaba de entrar. Esos ciclos, esas eras donde OTROS velan que se cumplan en las condiciones normales, constituyen por el momento, las diferentes etapas HACIA ese objetivo que es el RETORNO DE LA ATLÁNTIDA. Ante todo, “vuelo” hacia fines más elevados en un itinerario repetido en el curso de las edades futuras, de lo que simbolizan las constelaciones zodiacales, será preciso PRIMERO que la época del “retorno”, con lo que ella implica, sea franqueada con éxito. Parece que me repito, pero ese punto es de una importancia fundamental. A cada cambio de era, se produce el fin DE UN mundo. Cuando el tiempo de la GRAN ELECCIÓN se presentará, ello podrá ser por la locura de los hombres, el fin DEL mundo. Está permitido esperar, que será más bien, el punto de partida hacia más altas cimas. La humanidad, ciertamente, podrá cometer el error fatal, ya que dispone por sí misma, pero el universo le ha atribuido buenos guías y es probable que ella siga los impulsos que emanan de ellos, aunque no sea más que por instinto de conservación. De todas maneras, el plan universal ha previsto todas las eventualidades, comprendida la del fracaso.

¡Hay, en el universo, muchos “cuerpos” en que las almas - personalidad podrían proseguir su ascensión hacia la toma de conciencia integral, término de su evolución!. No consideramos, sin embargo, una salida de ese género. Por mi parte, tengo confianza. En los momentos en que su “destino” está en juego, el mundo no carece ni de clarividencia. “Una pregunta que Vd. ciertamente se ha formulado, concierne al grado de civilización que había alcanzado la Atlántida. He respondido implícitamente a esta pregunta. Ciertos autores han hecho de los atlantes un pueblo preocupado esencialmente por la agricultura y eso es inexacto. Sin ninguna duda, los atlantes habían desarrollado una agricultura próspera, pero se trataba de una consecuencia, de una aplicación de sus vastos conocimientos. La Atlántida era un país altamente industrializado y en él se trataban muchos metales y aleaciones perdidos posteriormente y de los cuales solamente algunos, han sido “vueltos a encontrar”. No puedo más que repetir lo que he declarado en una conversación precedente: Todo lo que nuestro siglo ha adquirido en “descubrimientos” y en la civilización material, la Atlántida lo poseía y será lo mismo con todo lo que será adquirido a ese respecto en el futuro y esto hasta la hora de la GRAN ELECCIÓN. “Es un tema sobre el cual debo insistir. En el mundo en general, numerosas almas-personalidad actualmente encarnadas, han vivido ya en tiempos de la Atlántida. Ellas han morado en cuerpos atlantes y a medida que el objetivo del cual tanto he hablado se acercará más y más, estas almas habrán “reaparecido” sobre la tierra. Tiene Vd. ahí, una explicación de la resonancia que provoca en muchos, la historia atlante. Esta atracción era prácticamente nula en el pasado. Aumenta ahora sin cesar. ¡Qué prueba, aunque innecesaria, de la perfección de lo creado! La humanidad está PREPARADA para las condiciones que está llamada a sufrir para su propio bien. Jamás se encuentra desprevenida. Una “situación” se instala lentamente y cuando el fin esté a la vista, una mayoría de los habitantes de la tierra estará formada de almas de atlantes y así el ACONTECIMIENTO no les sorprenderá al nivel de la percepción interior. Si pudiera emplear ese término, diría que verdaderamente todas las “oportunidades” son concedidas a la humanidad. De hecho, está sobre todo eso, el resultado de la ley kármíca y el respeto de la noción de responsabilidad, puesto que seres responsables de una situación pasada se volverán a encontrar frente a una situación similar y esta vez, perfectamente conscientes de la elección que se les propone ...

“Constato, en diversas ocasiones, que el Maestro Desconocido se repite o bien se aleja en apariencia de su tema, para volver a él enseguida, pero conozco demasiado la técnica iniciática para no estar penetrado en la importancia que atribuye a cada una de sus palabras. Lo que me parece por el momento sin gran significado - como palabras usuales -, mí memoria lo registra también con fidelidad, porque YO SÉ que, reflexionando a solas conmigo mismo un poco más tarde, me-diré entonces más aún los considerables prolongamientos por una comprensión completa del tema. Nunca he sido, gracias a Dios, de esos que claman por cualquier cosa: “No encuentro en eso nada de nuevo . . . ¡Eso no me ha aportado gran cosa!”. Hay una sorprendente suficiencia, con tintes de un estúpido orgullo en las observaciones de ese género. El yo objetivo, está en efecto, puesto de este punto en adelante con sus límites y sus simplezas, que sería vano el argumentar. Quien hace como sí lo supiera todo, aunque asegure lo contrario, no está preparado para una luz más grande. Ahora bien, la luz no es transmitida por las doctas obras donde se ve un intelecto exacerbado. Brota de textos exteriormente simplistas.


¿Qué es más simple, que los Evangelios y otras Escrituras Sagradas, Upanishads comprendidos?. Sin embargo, estas Escrituras han nutrido a la meditación humana desde siglos y lo harán largo tiempo aún. Se me ocurre a menudo pensar, en relación con la enseñanza de la Orden Rosacruz AMORC, en la simplicidad aparente de las monografías y en los planteamientos difíciles y talentosos, en las verdaderas obras maestras de erudición que sabios y especialistas, miembros de la organización desde años, serán capaces de producir. La enseñanza es al contrario, celosamente mantenida TAL CUAL ES en su extrema simplicidad, porque es así como los objetivos deseados son obtenidos y lo han sido siempre, y esos objetivos no son ciertamente para alimentar un intelecto que desmesuradamente desarrollado cuando debe necesariamente serlo, pero CON MESURA , constituye un obstáculo más que superar en el Sendero.

Curiosamente, no son eso los sabios, los científicos verdaderos que reprochan su simplicidad a la enseñanza de la Orden Rosacruz AMORC. Expertos le atribuyen una EFICACIA de la que se benefician ellos mismos por su afiliación. Yo extraigo pues, del mensaje del Maestro Desconocido, consuelo y luz. Lo que me transmite es CONSIDERABLE y yo aprecio interiormente el precio de ello. A una noción legendaria, teórica le insufla LA VIDA. La dirección dada a mis pensamientos será, desde luego, de un efecto incalculable en la atención que pondré en lo sucesivo a una cuestión de una importancia tan vasta y en la manera en que la afrontaré en adelante. LA MANERA empleada por el Maestro Desconocido para transmitirme un mensaje es EN SI MISMA, una elección y un SIGNO...

Después de un breve silencio, prosigue: “Gracias a este conocimiento que le he dispersado, concerniente a la Atlántida y el modo en que la “luz” ha descendido sobre la tierra para proseguir en ella su obra, tiene Vd. Una CONFIRMACION de la transmisión ININTERRUMPIDA de la sabiduría primordial. Esta va de una galaxia a otra, de un planeta a otro - para el tiempo de la existencia de ésta - y se ofrece al “ser viviente” bajo la forma que le es adaptada. Ha habido, en el universo entero, los “PORTADORES DE LUZ”, los “comisionados”, como los venidos un día en la tierra para DESPERTARLA. La luz recibida por la humanidad será pronto llevada por ella a OTRAS PARTES y la transmisión se proseguirá de la misma manera y eso que llaman “tiempo y espacio” no son, para el plan universal, escollos. Bajo las tradiciones humanas, aprenda a percibir LA TRADICIÓN PRIMORDIAL y póngase a su ritmo en toda ocasión. Vd. distinguirá en ella, LA LUZ que brilla para siempre, no solamente en nuestro mundo, sino también, en el universo entero. Vd. participará mejor en la manera de “ayudar a los hombres a volver a encontrar la luz perdida” antiguamente en Atlántida .. “EL HILO CONDUCTOR le ha sido revelado. En Vd. está ahora, el utilizarlo para adquirir un conocimiento más exhaustivo sobre ese tema y sobre muchos otros. He cumplido con mesura mi misión y le he designado el camino. Tenga constantemente presente en el pensamiento, al Imperio Invisible de la Atlántida - un imperio no desaparecido o situado sobre algún plano inmaterial – pero VIVIENTE y perpetuándose en la tierra, EN MEDIO DE LOS HOMBRES.

“Vd. recordará que he prometido permitirle VER y las circunstancias se prestan, pero naturalmente no aquí.“¿Las circunstancias?”. No puedo retener esta pregunta y lo siento. El Maestro Desconocido lo acepta con comprensión y precisa: Vd. no ignora que ciertas EXPERIENCIAS, para un resultado efectivo, necesitan un conjunto de condiciones, sin las cuales el fin no puede ser alcanzado completamente. Ahora bien, la experiencia a la cual voy a conducirle necesita por una parte que esté Vd. preparado - y lo está - particularmente hoy y por otra parte, que ciertos influjos planetarios sean realizados en un momento dado, lo que es igual para el caso, para Vd., para mi y para el lugar donde nos encontraremos a las 11 de esta noche”.

“¿Y dónde se encuentra ese lugar, Maestro?”
“¡Es Notre-Dame!”
“Pero, si la catedral está cerrada a una hora tan tardía...

Apenas he formulado esta observación, me siento enrojecer de confusión. ¡Qué falta desconfianza en el Maestro! Mentalmente le suplico olvide mi inexcusable duda y sin prestar atención a mi interrupción, prosigue:

“Le esperaré cerca del gran portal . .

LA EXPERIENCIA


Mucho antes de la hora, vago cerca de la catedral, cruzándome con raros transeúntes que me miran con curiosidad, algunos con suspicacia, pero no los tengo en cuenta y mis pensamientos se repliegan sobre mí mismo, sobre mi existencia en la que tanto tiempo el “misterio” tiene su lugar. Como antes de toda gran etapa de mi vida, veo los años transcurridos y sus extrañas peripecias, asombrándome, el corazón lleno de gratitud, por los privilegios de que me he beneficiado. Considero la dualidad de mi ser - esa dualidad sin la que no sería el tercer punto que hace que yo sea -. ¡De qué manera debemos dar gracias por los límites de nuestra humana naturaleza!. Sin ellos, sin su incesante presencia que nos recuerda que somos TAMBIÉN hombres. ¿Cómo nos volveríamos en la orgullosa contemplación de nosotros mismos y de nuestro patrimonio divino. El tiempo pasado ante el espejo deformante de nuestra indulgencia en nuestra propia contemplación nos trenzaríamos paralizantes laureles y olvidaríamos la marcha santa hacia más luz y si algunos se les da más, es porque un servicio mayor es exigido de ellos. Exigido.., palabra impropia, puesto que servir es una satisfacción, un don precioso del alma.

¡Si es dado más a algunos!. Mi existencia está por excelencia consagrada al servicio de una inmensa causa y ciertamente algunas preciosas prerrogativas, me han sido impartidas por ello. En una fulgurante introspección, intento evaluarlas en su justa medida. ¿Cuál es la más importante?. Largo tiempo titubeo, después mi pensamiento al volver otra vez a la experiencia que me ha sido anunciada y a la “receptividad” a la cual ciertamente ella obliga, fijo mi elección en una “experiencia” muy definida de mi existencia y quizás de las que la han precedido:

No puedo, con toda evidencia, ver el mundo tal como aparece a la mayoría – entiendo naturalmente el mundo supuesto exterior a mí y tal como se ha querido enseñármelo -. Por una parte y no tengo por ello ningún mérito en la medida en que no es considerada mi encarnación presente, mi comprensión de lo que me rodea ha sido siempre diferente de la de los otros. Más precisamente, tan lejos como remonta mi recuerdo, he percibido constantemente las “apariencias como lo hacen todos los seres, pero a esta percepción por así’ decir “común”, se ha añadido siempre alguna otra cosa un “algo”, hecho de sensación o de impresión, a veces “visto’ y más raramente de “oído”. La mejor designación, me parece ser la de mi “estado” diferente y si puedo hoy proponer esta explicación, es que el desarrollo adquirido en la Orden Rosacruz AMORC, me ha conducido progresivamente a considerar - debería decir a saber - que este mundo de que digo tener consciencia, no es un último análisis, más que LA PROYECCIÓN DE MI PROPIA CONSCIENCIA. Dicho de otra manera, yo soy el creador de mi propio universo; esto no es más que la OBJETIVAClÓN de mi yo y contemplo así UNICAMENTE lo que he proyectado fuera de mi mismo, como un pintor al expresar sobre una tela virgen el mundo que lleva en sí mismo. Todo iniciado comprenderá lo que intento expresar. Lo comprenderá PORQUE LO VIVE. En realidad, este estado no es exclusivo del iniciado. Es el estado de todos los seres cualquiera que sean o se encuentren, con esta sola diferencia que raros son aquellos que tienen consciencia de ello. Los otros viven y se mueven en el océano de una colosal ilusión. Así, para regresar a mi experiencia personal, se encuentra que, muy pronto, he podido proyectar fuera de mí más que otros. Esto no significa que haya sido desde el principio consciente de ello.

Al contrario, nunca se me habría ocurrido la idea de que los otros no podían . . . digamos,“percibir” el mundo exterior de una manera semejante a mí. Cuando me di cuenta, en el umbral de la adolescencia, yo daba al mismo tiempo mis primeros pasos sobre el sendero del conocimiento y gracias a Aquel que me fue enviado, tengo el insigne privilegio de aprender no a percibir menos, sino a beneficiarme de una prerrogativa que debía aclarar y ampliar mi formación iniciática, velando cuanto se podía hacer, la prerrogativa de la que yo gozaba sin demasiado comprender, al principio, por qué. Es en el juego del mundo que me fue preciso así acostumbrarme y creo no haber salido demasiado mal de esta empresa, hasta el punto que un psicólogo, en su ciencia todavía rudimentaria, podría concluir simplemente en una disociación de la personalidad, puesto que, curiosamente, me volvía cada vez más conscientemente, el espectador de mí mismo, considerando las acciones, reacciones y asociaciones de mi ser objetivo COMPRENDIDO en él mi pensamiento, como los de otro y retirando de este análisis permanente, las conclusiones y el conocimiento que, seguidamente debían a su vez influir sobre mi comportamiento, en el cual, las enseñanzas rosacruces, es verdad, enderezaban progresivamente, de su lado, el curso. Es, sin embargo, más difícil y también más penoso de lo que se supone generalmente el esconder a los otros las posibilidades particulares de que se dispone. Pero tuve otro privilegio: el de ser guiado pronto hacia el conocimiento iniciático. Si éste no hubiera sido el caso, me estremezco pensando lo que habría podido advenir, al orgullo del que habría podido ser preso, con lo que implica error y seducción para el poder material o al contrario, en la vida neutra y apagada con que habría podido contentarme en los pliegues de una constante introspección o de un examen estéril y permanente de los demás...

Lo que algunos precipitadamente, llamarían quizás una “facultad especial”, me ha permitido en todo caso, tener muy pronto una concepción particular de nuestro universo. Decir que esta concepción ha sido, de golpe, lo que es ahora, sería por lo menos exagerado. Una concepción para ser valedera, para convertirse en verdad, debe sumergir sus raíces en la experiencia y el conocimiento que es sacado de ella. En el caso contrario, no es más que especulación intelectual. No sé si mi concepción presente se ampliará aún más al ritmo de las experiencias que me serán aún propuestas por la vida, es decir, en último análisis por mí mismo. Dudo sin embargo, que me sea dado superar mi experiencia presente, puesto que todo, comprendido lo “nuevo”, se integra en ella de una manera sorprendente, tan absoluta y definitiva es ella .

Para hacer comprender mejor, la exposición que va a seguir, estas explicaciones me han parecido necesarias. La concepción personal que acabo de mencionar impregnará, en efecto, mi relato, en particular en los comentarios que seré llevado a hacer a medida que se desarrollará el suceso. A partir de un conjunto de hechos tangibles, actuales, vividos, es sobre el plano dicho astral que seremos conducidos. Al fondo, el Imperio Invisible resurgido al dominio de la iniciación. Ciertamente, todo en este mundo, es iniciación, desde la pena ligera, hasta la intensa alegría interior, pero, ES SIEMPRE A NOSOTROS MISMOS A QUIENES INICIAMOS, porque somos el comienzo y el fin sin comprenderlo, hasta el segundo del FIAT que nos revela a nosotros mismos EN NUESTRA UNIDAD, en nuestra integridad, en una palabra, en el ABSOLUTO QUE SOMOS Y QUE NO HEMOS JAMAS CESADO DE SER.

¡El plano astral!. Mucho se ha escrito a este respecto, sin que el buscador ávido de saber, retire de ello otra cosa que la insatisfacción. Sin duda, esto es porque el plano astral, no está en ninguna otra parte que EN NOSOTROS - y la búsqueda, en último recurso - está en el infinito aquel del “Conócete a ti mismo”. Siento que es sobre todo a esa “facultad” a la que debo la experiencia que se me propone en esta hora de la noche . . . ¡La hora!. Bruscamente, recupero objetivamente la consciencia y consulto instintivamente mi reloj. ¡Dentro de algunos minutos, serán las 11!. Apresuro el paso EL ESTÁ ALLÍ, cerca de la catedral y sin una palabra, sin un gesto, me precede: SI, la catedral está abierta. ¡Cómo he podido dudar de que no lo estaría PARA ÉL! ... A algunos pasos del altar mayor, me hace señal de sentar y como dos sombras en la sombra, apenas teñida de vacilantes fulgores, en el corazón del inmenso edificio sagrado, henos aquí los dos juntos, al Maestro y a mí, discípulo en medio de los discípulos en busca de más luz, discípulo presto a recibir, discípulo en espera de que la potencia mágica del verbo y del pensamiento de un sabio todavía en este mundo sin ser de este mundo, se prepara a colmar de riquezas de una sublime experiencia:

“ ¿Estás preparado?”

El tuteo magistral reviste aquí una solemnidad particular, a la cual mi emoción es sensible. “Estoy preparado, Maestro. Que vuestra voluntad se cumpla... De repente, ES LA NOCHE, total y absoluta, como si, por algún encantamiento maléfico, yo fuera brutalmente atacado de ceguera. Es la noche y ES LA ANGUSTIA, un tormento mortal del alma, castigando al cuerpo de una fatiga infinita y paralizando el pensamiento en un olvido torturante. Pero eso no durá más que un breve instante, el tiempo “de una” muerte y en el apaciguamiento de un inconcebible bienestar, mi mirada fascinada contempla ahora, en el coro, el emocionante espectáculo de hombres parados, que poco a poco se animan en innumerable “Clichés” donde revive todo un mundo. ¡LA ATLÁNTIDA!. Escribiendo ese nombre prestigioso, la confusión me penetra pero en el momento de LA EXPERIENCIA me inunda de su certidumbre y experimento con naturalidad su valor, SU PRESENCIA. A intervalos regulares, un rostro surge en primer plano, rebotando a lo lejos en el cuadro viviente sobre el cual aparece en sobreimpresión y la mirada fija sobre mí, se imprime para siempre en mi recuerdo. Lo que VEO, en lo que PARTICIPO, es la ilustración viviente del mensaje del Maestro. La abstracción misma toma vida, las palabras se convierten en objeto sin que ello me asombre, puesto que COMPRENDO. EL IMPERIO INVISIBLE DE LA ETERNA ATLÁNTIDA SE CONVIERTE DELANTE DE MI EN UN CUERPO PERCEPTIBLE A LA CONSCIENCIA DE MI ALMA y este cuerpo, lo recorro, lo conozco como si fuera el mío, como si ninguna separación existiere entre él y yo, como si, en la comunión en la que participo con él, TODO se semejase en una deslumbrante unidad en que yo me vuelvo a encontrar en el encanto del conocimiento. La última impresión, después de la imagen de grupos “en espera”, en un decorado que reconozco “actual”, es el de una asamblea de algunos hombres a los cuales, hago frente y que parecen decirme: “¡LA ATLÁNTIDA VIVE! ¡NOSOTROS SOMOS SUS GUARDIANES!’ Un FUEGO surgió de no sé dónde, aún es de noche y mis ojos deslumbrados se abren en la penumbra donde el Maestro me espera, su rostro muy cerca del mío. No siento ninguna fatiga, sino al contrario, una calma reconfortante, una paz raramente asequible. Me es imposible describir la experiencia de otro modo de como lo he hecho. Una experiencia de esta naturaleza es EXPERIMENTADA, no es comunicable bajo el vehículo de las palabras. Sólo el ESTADO y la impresión pueden transmitirse. EL CONOCIMIENTO adquirido es recibido al nivel del subsconsciente para ser “percibido” enseguida, poco a poco y eventualmente transmitido a otros. En esta experiencia lo he precisado, he VIVIDO el mensaje del Maestro Desconocido sin recibir indicaciones, completándolo o explicándolo. Habitualmente, el ritual hace pasar al dominio de la razón el fin a conseguir, como subraya la sabiduría rosacruz. Es “iniciador’, “introduce” el conocimiento, y es un comienzo. Mi experiencia, como la mayor parte de las experiencias de igual naturaleza, ha sido un coronamiento, el último aspecto de una enseñanza particular - de la “razón”, he sido elevado al “fin” y, en último análisis, la enseñanza de la Orden Rosacruz AMORC, en su fase terminal, cumple para sus miembros debidamente preparados, una obra similar al grado más elevado que exista .. “Yo me había comprometido. Las circunstancias se han prestado, y TU HAS VISTO. Ha llegado el momento de separarnos”. ¡Oh Maestro! ¡Solicito una bendición y que ésta se extienda sobre todos aquellos que escalan conmigo el Sendero!”.

Me arrodillo una última vez delante del Maestro, mis manos en las suyas, los párpados cerrados, el corazón vibrante de una inefable dicha, en silencio, le participo en la potencia de un OM que repercute hasta el infinito, bajo las bóvedas del templo santo, mientras que el incienso de una última comunión me envuelve del todo y recibo para mí y para otros, el milagro de una excepcional bendición.

El Maestro me ha dejado solo y me dirijo ahora, prisionero voluntario de mis pensamientos y de mi recuerdo, hacia el mundo donde me espera el servicio, donde me esperan mis hermanos. Es a ellos a quienes confiaré el mensaje, pues no lo he recibido más que PARA ELLOS. Así será cumplida la voluntad de los Maestros, la voluntad de un Maestro Desconocido.

CONCLUSIÓN

La Atlántida es un tema del más alto interés para cualquiera que, respondiendo a las incitaciones iluminadas por su yo profundo, se lanza sobre el sendero del conocimiento. Mi esperanza es que, después de la lectura del Imperio Invisible, la atracción por el sabio continente desaparecido, sea en todos más potente todavía que antes. Un estudio de este género, conducido por un adepto de la sabiduría tradicional, teniendo por “hilo conductor” el mensaje del Maestro Desconocido, le sea provechoso hasta tal punto, que difícilmente se puede sospechar a primera vista. Sabrá ligar entre sí las investigaciones efectuadas por la ciencia clásica y distinguir en las obras especializadas, lo que aporta una justificación a sus conclusiones propias. Igualmente en el racionalista rabioso que rechaza con precarios argumentos la existencia de la Atlántida, encontrará a menudo una confirmación más. En fin, removiendo con curiosidad para completar su información acerca de las tradiciones calificadas erróneamente de primitivas, proseguirá sus investigaciones en un dominio donde exaltantes satisfacciones le serán procuradas.

La lista de obras que hago redactar en atención a mis lectores, comporta las obras que es preciso, a mi entender, haber leído para poseer, en cuanto a la Atlántida, y a las tradiciones que “pueden serle imputadas”, las bases sólidas y extensas del edificio de concepciones valederas que cada uno está en el derecho de forjar por sí mismo. Las llaves entregadas por el Maestro Desconocido, son no obstante, esenciales en toda búsqueda emprendida sobre la civilización atlante y serán holgadamente suficientes para quien no esté dispuesto a profundizar este tema. Una advertencia es necesaria antes que nos separemos. La cuestión de los “Maestros” es fundamental para el discípulo de la tradición verdadera y la Orden Rosacruz AMORC lo incluye con atención en su enseñanza. Los más altos grados de la organización sugieren a este respecto, las precisiones más seguras y más elaboradas que existen y si esas precisiones han sido reservadas para la etapa terminal de la formación rosacruz, es porque el interés de cada postulante sobre el sendero lo requiere. La prudencia es en la evolución mística, una ley a la cual no se la infringe sin consecuencias graves, a veces peligrosas y a esa ley de prudencia se aplica en particular al respecto de los maestros.

El rosacruz debe estar advertido y esta advertencia, la orden rosacruz AMORC y sus dirigentes, con riesgo de repetirse, no cesarán jamás de prodigarla a los que tienen el cargo de dirigir, recomendándoles la PRUDENCIA y la PACIENCIA y asegurándole que la enseñanza de la que se benefician incluye TODOS LOS CONOCIMIENTOS que cada uno puede esperar de una de las más vastas y más antiguas fraternidades del mundo, los temas sin embargo, no son tratados más que en el momento en que están en estado de llenar en objetivo de sabiduría y de asumir un carácter práctico para el discípulo. Habiéndose recordado esto, es con profunda satisfacción que continuaré compartiendo con mis lectores las aventuras excepcionales en que tenga el privilegio de encontrarme. Confieso dudar todavía en relatar ciertas experiencias, aunque no ignoro el interés que presentarían para muchos de entre vosotros, pero la mayor parte conciernen a un plano diferente del nuestro. Están relacionadas a lo que se llama nivel astral o psíquico y relego constantemente para más tarde este proyecto, por miedo a sembrar involuntariamente la confusión entre quienes asumo la responsabilidad en el cargo de la orden rosacruz AMORC. Si me decido un día a emprender un trabajo de esta naturaleza, me rodearé, al escribirlo, de todas las garantías posibles, renovando muchas veces una advertencia ya prodigada a menudo. Pero antes de llegar a la relación de experiencias tan personales, puede ser, que en alguna parte, nuevas revelaciones sean preparadas y yo tenga la misión de comunicarlas de una manera o de otra. Si tal es el caso, SE sabe que estoy disponible y siempre a punto, para serviros, para responder a toda llamada, si place a los Maestros de dirigirlo hacia el discípulo que soy para siempre, como cada uno de vosotros.

TOSSA DE MAR,
28 de Abril 1969

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