19 de mayo de 2009

Alejandro Agostinelli

Alejandro Agostinelli
Entrevista para entendidos
Débora Goldstern©



La primera vez que leí un artículo de Alejandro Agostinelli fue a principios de los años 90’, cuando el periódico argentino Página/12 publicó Invasores, título profético en la carrera posterior de su autor, donde se relataban las andanzas de la secta L.U.S.[1], y cuyo centro de operaciones se ubicaba en pleno barrio capitalino de Congreso, a pocas cuadras de mi casa. Tan contundente fue aquella nota, que decidí archivar el recorte, conservándolo hasta la actualidad. De alguna manera ese periodista captó mi atención, y a partir de ahí seguí sus pasos.

Años después una productora polaca intentó reunirnos para sumarnos a una serie de documentales sobre enigmas, pero el proyectó nunca se realizó. Aquella vez no coincidimos en forma personal, y tiempo más tarde Alejandro me confesaría que cuando los pícaros polacos arribaron a la Argentina, tras inconfesables fines, él como buen anfitrión, los llevó a degustar una ovípara comida, que pagó de sus bolsillo. Esa fue la última vez que los vería, ya que se los tragó la tierra. En mi caso particular, el encuentro con los polacos, solo me costó una caminata hacia su hotel, para mantener una reunión, que cuando surgió la palabra “retribución”, finalizó con un escueto: “nos hablamos”.

La conexión con Agostinelli finalmente se estableció en el 2004, año, en que comencé mi investigación de la Cueva de los Tayos. De esa comunicación, nació mi actual amistad con Alejandro Chionetti, y con el cual sigo manteniendo un intercambio fluido sobre el tema en común, el de la ya famosa cuevita ecuatoriana.

Finalmente los caminos con Alejandro coincidieron en forma más frecuente a través de nuestra pertenencia a Planeta UFO, lista de la cual ambos somos miembros.

A sabiendas que acaba de sacar Invasores, su primer libro dedicado al fenómeno ufo en la Argentina, decidimos entrevistarlo. Teniendo en cuenta su militancia escéptica, y precedido por una fama de personaje irónico, cuyos comentarios suelen poner nerviosos a más de un investigador, desde Crónica Subterránea tomamos coraje y lo invitamos a dialogar sobre su reciente publicación o como diría el inefable Woody: “todo aquello que siempre quisimos saber sobre Alejandro Agostinelli, y nunca nos atrevimos a preguntar”.

Remontarse en la génesis del fenómeno ovni dentro país supone descubrir la influencia que el movimiento espiritista jugó en el desarrollo de los primeros grupos que difundieron el tema. No es fácil digerir que los primeros contactos con las supuestas entidades et, surgieron al calor de las sesiones mediúmnicas.

¿Por qué no es fácil de digerir? La apropiación espiritista de la idea de que somos visitados por extraterrestres no se dio sólo en la Argentina. Fue una constante en todo el mundo. Los médiums son los antepasados de los contactados, aunque las entidades con las cuales buscaban comunicarse no fueran espíritus de terrestres desencarnados sino inteligencias de otros mundos. Esos vínculos “familiares” son notables aunque a los médiums les empezaran a llamar “antenas” o reemplazaran la concentración que permite la incorporación espiritual por artefactos conceptuales modernos, como la telepatía. Del mismo modo, los metapsíquicos de comienzos del siglo XX se parecen a los ufólogos, que aparecerán a mediados del mismo siglo.

En ambos casos, son creencias asociadas con el progreso de la ciencia. Así como el trampolín de muchos descubrimientos de la ciencia moderna fueron convicciones originadas en la religión, la religión siempre ha tomado cosas prestadas del conocimiento científico. Ambas corrientes han buscado la salvación, a veces colectiva, como ocurre en los movimientos de cuño milenarista, o individual, como es el caso de los contactados aislados, que no han promovido grupos ni se han insertado en los grupos existentes. Estas cosas que digo tampoco son ideas mías. Ni patrimonio de los hermanos Duclout[2], aunque no deja de ser curioso que sus experimentos espiritistas comenzaran antes de que se conociera el encuentro de George Adamski con Orthon, el visitante de Venus.

Ya en 1988, en su libro Los extraterrestres, Jean-Bruno Renard dejaba en claro, con buenos ejemplos históricos, que los primeros contactados son herederos del movimiento espiritista, aunque en sus doctrinas incorporasen otras creencias, como las procedentes de los Rosacruces, la Teosofía o directamente de la ciencia ficción. Otros trabajos que aportaron datos preciosos en el mismo sentido son los del antropólogo Ignacio Cabria García, autor de Entre ufólogos, creyentes y contactados (1995), cuando revisó las fuentes culturales en las que abrevaron los fundadores de Misión Rama, desde 1974. En 1996, en el Journal of Contemporary Religion, Jennifer Porter, en su artículo “Spiritualists, Aliens and UFOs: Extraterrestrials as Spirit Guides”, hizo un completo balance de esta cuestión. En el libro de Wiktor Stoczkowski, Para entender a los extraterrestres (2001), vas a encontrar un estudio etnológico exhaustivo de las raíces espiritistas que tiene la saga de los contactados con alienígenas.



Sorprende comprobar la cantidad de ufólogos que se adhirieron a la propuesta, teniendo en cuenta tu declarada militancia escéptica. ¿A que lo atribuís?

No lo sé, debe haber tantas causas como ufólogos. Supongo que algunos me ayudaron por que me quieren, me respetan o ambas cosas. O me conocían menos, o no me conocían. O porque confiaron. En general, el ufólogo es buena gente, más solidaria y trabajadora de lo que otros ufólogos y algunos escépticos creen. Debe haber otras causas que se me escapan, pero la verdad es que estoy muy agradecido con todos. También con los que me escribieron para agradecer haber sido respetuoso con sus vivencias o sus investigaciones. Eso no es frecuente y me halaga, porque mi premisa, antes de escribir Invasores, fue: “No debo olvidar que yo también fui ufólogo”. Fui uno de ellos en una encarnación por la que guardo mucho cariño. También he descubierto que los menos visibles, los que no se afanan por figurar en los medios, son personas encantadoras.


En muchos de los pasajes del libro se detecta una cierta mirada paternalista, casi melancólica. Algunos podrían pensar: “Agostinelli se ablandó”, pero un examen más profundo revela una bajada de línea, sutil, pero marcada.

Uno no puede hacer gran cosa para vencer a su propia subjetividad, a sus propias convicciones. También sería desleal con la propia identidad. Por más que intentes zafar de vos mismo -correrte de tu propio lugar-, en algún punto perdés. Pero también creo que si ese proceso es transparente gana el lector. Ese que escribe soy yo y ahora, en este momento, no en otro. Aún así, todos nos parecemos un poco al Comandante Clomro. Todos salimos a enfrentar el mundo con nuestras propias máscaras. Eso tampoco significa que me haya querido disfrazar de alguien distinto del que soy. En el primer capítulo explico cuánto me costó luchar contra el peor enemigo a la hora de contar historias increíbles, que es mi propio escepticismo. Esa “sutil bajada de línea” que percibiste deben ser las batallas perdidas. Lo siento.


Teniendo en cuenta que conocías a la mayoría de los protagonistas, ¿te resultó difícil tomar distancia?

No. Porque cuando no había distancia, no me propuse tomarla. Un amigo es un amigo, sea un testigo, un ufólogo o un extraterrestre. Ahora, si me preguntás qué me gusta del libro, te diría que es mi mejor intento por reflejar lo que escuché, ví y percibí en la experiencia más agradable que un periodista puede disfrutar, que es la experiencia de hacer contacto con otras personas con ganas de contarte lo más interesante que les sucedió en sus vidas. Y digo que eso es lo que más me gusta del libro porque creo que esa frescura es evidente. Tampoco oculto mis emociones. Hasta cuento un sueño que tuve antes de entrevistar a Raúl Dorado, el chacarero a quien un plato volador le abdujo el celular. Tené en cuenta que el libro está escrito en primera persona, y el cronista de Invasores es un protagonista más, tal vez más fascinado por el seres humanos que por los extraterrestres. Los ufólogos me tuvieron paciencia pese a que soy consciente de que a veces les debió fastidiar mi obsesión por la precisión histórica. Tengo la peregrina idea de que en el futuro puede haber alguien interesado en estos relatos.


La salida del clóset de Clomro[3], supone un golpe mortal a la leyenda urbana que te señalaba como el rostro tras la capucha. Igual creo que el corte umbilical no es tal, ya que Clomro aún te ve como su padre putativo.

¡Que te recontra! ¡Ja, ja! “Padre putativo”, sí… Ese cordón umbilical existe y es la amistad. Con Clomro nos queremos mucho y somos muy amigos. Pero hay algo que es cierto. Cuesta contar la historia de alguien que siente aprecio por uno, así como cuesta contar la historia de alguien por el cual uno siente aprecio. Acá corresponde blanquear esa amistad con honestidad. El hombre que escondía su rostro siente respeto profesional por mi trabajo y un poco por eso, y otro poco por la amistad que nos une, se entregó de corazón a todo lo que saber. El confió en que iba a ser útil aportar mi propia visión sobre su personaje. Ahora, ¿en serio que alguien pensó que yo era Clomro? Es mucho más flaco y fachero que yo, che. No creo que nadie haya pensado seriamente en eso.

Aunque te cueste creerlo, pensar lo pensaron, así como actualmente circula el rumor de que sos agente de la SIDE. Buen momento para aclararlo, jejeje

¡Ja! En realidad, soy un MIB al servicio de los reptoides trotskistas de las Pléyades (Risas). Entre tantas creencias en circulación que nadie verifica, si a alguien le gusta creer que trabajo para la SIDE[4] no me debería sorprender en absoluto. ¡Ah! ¡Deben ser los mismos que creyeron que yo era el Comandante Clomro!


Al reconstruir para Invasores los famosos casos Vidal[5] y Villegas-Peccinetti[6] te noto algo crispado, como perdiendo la paciencia ante las idas y vueltas que en sus declaraciones tuvieron y aún tienen los testigos sobrevivientes.

Puede ser. A lo mejor se filtró la tensión que a veces provoca la realidad. En este caso, la realidad era una fecha de entrega. Pero mi editora en Sudamericana, Glenda Vieites, fue piadosa y no le importó correr esa fecha a medida que encontraba nuevas puntas porque sabía que ese tiempo extra iba a mejorar el libro.

El capítulo que le dediqué al caso Vidal estaba cerrado antes de que aceptaran hablar el muñeco Mateyko y Tito Jacobson. Pero obtener sus testimonios era fundamental. Otra desviación imprevista surgió cuando Silvia Pérez Simondini, creadora del Museo Ovni de Victoria, me dijo que dejara de buscar, ya que su hermano Wilfredo (lamentablemente falleció antes de que el libro se publicara: un tipo encantador) había tratado personalmente al matrimonio teleportado.


En muchos casos forcé la búsqueda más allá de lo que me daba el cuerpo. Por ejemplo, el libro ya estaba terminado cuando después de un año de búsqueda infructuosa apareció Juan Carlos Peccinetti, uno de los empleados del casino que tuvieron su tropezón callejero con cinco humanoides aficionados al pirograbado de automóviles antiguos. Peccinetti me dio la “mala noticia” de que no tenía inconvenientes en conversar conmigo. Viajé hasta Mar del Plata para encontrarme con él, resignado a que me iba a repetir la “versión oficial”. Más o menos eso fue lo que pasó, pero él no sabía que lo que más me interesaba era saber quién era él, qué había hecho de su vida en todo este tiempo. Creo que se quedó un poco sorprendido de que me interesara más su propia biografía que su caso ovni.

Su llamada alborozada cuando recibió el libro fue el mejor premio que recibí. En la dedicatoria que les escribí puse algo así: “Porque los únicos pactos en que creo son los pactos de amistad, con cariño…”. Cuando me llamó para agradecerme me dijo que “era de los suyos”. Pero el agradecido soy yo. Su reconocimiento fue mucho más estimulante que el momento en que decidió contarme “la verdad” cuando el libro ya estaba en la calle. Pero de eso todavía no puedo hablar. Esclavo de mis principios, ahora soy parte del pacto de amistad. ¡¡Ja ja!!


¿Entonces se pude decir que el caso Vidal, es un asunto cerrado? Te lo pregunto, porque hay muchos investigadores que aún no se convencen con las soluciones aportadas.


Una cosa es un “capítulo cerrado” y otra un “asunto cerrado”, y esto vale para el caso Vidal o para cualquier otro. No sólo sería soberbio de mi parte “cerrar” un caso, sino que no es algo que me hubiese propuesto hacer. Mi idea fue abrir el juego con testimonios e información de primera mano. Eso es lo que se espera de una investigación periodística y creo haber cumplido, más porque deseo que sea un libro de referencia para los jóvenes periodistas e investigadores. Por sus características, propias de una leyenda urbana, la historia del matrimonio Vidal está condenada a un continuo reciclaje. Por lo mismo, o por razones sorpresivas, siempre pueden aparecer otras pistas. Ese capítulo aporta varias informaciones nuevas.

Incluso hay algunas que contradicen las afirmaciones de Anibal Uset, quien relaciona directamente el caso con la promoción de su película, Che Ovni. O sea: no escondo nada para preservar una “hipótesis favorita”. También localicé y conversé con testigos obvios, como Martín Rappallini. Lo que sucedió con el entonces escribano es otra curiosidad. Desde 1968, nadie -mucho menos, los defensores de una improbable teleportación extraterrestre- lo había vuelto a entrevistar. Pero, te repito, mi idea no fue dar “respuestas definitivas” sino poner las cartas sobre la mesa para que juegue el lector.

Uno de los capítulos que más me gustó de Invasores, es el referido a la contactada Marta Green[7]. Admito que no conocía la historia, y me encantó el relato. Creo que es uno de los grandes hallazgos del libro.

¡Gracias! Sí, la historia de Marta Green es increíble. Entró en el libro a último momento. La conocí mientras buscaba gente que hubiese conocido a los hermanos Duclout; en este caso, había una Marta Green entre los testigos en la terraza del Kavanagh, en 1954. Estoy muy agradecido con Marta y con su hija Liliana, otra divina, por haberme permitido entrar en sus vidas y ampliar su historia, que ya había sido difundida en la autobiografía Ozonis – En algún lugar del Universo.

¿Sentís que el “ajuste de cuentas con el pasado está completo” o vas a necesitar de una segunda parte?

No lo sé, a lo mejor sí. Pero si tal cosa llegara a suceder, no sólo serán historias argentinas sino de Iberoamérica, España y quién sabe si de más allá. Quedaron varios capítulos afuera ¿sabías? El original era una cosa enorme. Publicar eso iba a encarecer mucho el libro. Entre las historias inéditas está el caso del cabo Valdés, y la vida alucinante de Verónica Paz Wells. Sólo por su generosidad, y el tiempo que me dedicaron, necesito saber que habrá una segunda parte que las contenga. Además, son historias formidables. El militar retirado y el fundador de Misión Rama, hoy transexual, tuvieron vidas fascinantes. Sus relatos son profundamente humanos y, literalmente, increíbles.

Visión de Crónica Subterránea sobre Invasores:

Aunque desde el vamos Invasores se revela como un estudio referencial, y casi autobiográfico, su lectura a posteriori sugiere, que estamos ante un gran radiografía de los últimos cincuenta años de la ufología argentina. Teniendo en cuenta la poca producción en la materia que se publica en Argentina, Invasores es un trabajo imprescindible para entender las raíces del fenómeno en el país. El lector se encontrará con casos legendarios que marcaron a fuego la ufología nacional, examinados bajo una nueva luz. ¡Quedan avisados!

Mini biografía:

“Nació en Buenos Aires el 29 de abril de 1963. Es periodista desde 1983. Se especializó en falsas ciencias y nuevas creencias a partir de un interés inicial en la ufología y en otras creencias relacionadas. Fue redactor y editor de varias revistas de divulgación científica publicadas en la Argentina. Se inició en el oficio creando revistas estudiantiles y dirigiendo centros dedicados al estudio del fenómeno OVNI; entre ellos, el Grupo Aficionado para la Investigación de Fenómenos Espaciales (GAIFE, 1977-1979), el Centro para el Estudio de Fenómenos Aéreos No Convencionales (CEFANC, 1979-1980) y la Comisión de Investigaciones Ufológicas (CIU, 1981-1986), siendo editor de sus publicaciones. A los 19 años, ingresó en la redacción del diario La Voz (1983-1985).

También fue Secretario de Cierre del matutino El País (Córdoba, 1984). Más tarde, ingresó como redactor en Editorial Atlántida donde colaboró en las revistas Conocer y saber (luego Conozca Más), Misterios y Gente (1989-1992). Fue miembro fundador del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP) y asesor editorial de la revista de la entidad, El ojo escéptico (1991-1994). También colaboró en el diario Página/12 (1991-1998) y Enciclopedia Popular Magazine (1992-1993). En 1994 fue redactor en las secciones Política Nacional e Internacionales del diario La Prensa, destacándose sus coberturas del caso Fundación Escuela Yoga de Buenos Aires, el atentado a la AMIA, la operación anti-narcos RIO I (Río de Janeiro) y la guerra entre Ecuador y Perú (1994-1995). En La Prensa llevó En trance, la primera sección semanal crítica sobre “experiencias, fenómenos y creencias de fin de siglo” publicada en un matutino argentino (1994-1995). Desde 1986 participó como conferencista en congresos internacionales en los EE. UU., Europa, Chile y Brasil donde representó a la Argentina presentando trabajos sobre las temáticas relacionadas con sus especialidades. Publicó numerosas crónicas, reportajes e investigaciones en revistas especializadas en ciencia, pseudociencia y lo paranormal de los EE. UU. (The APRO Bulletin, The Anomalist), Europa (Flying Saucer Review, Lumieres Dans la Nuit, Phénomena, Giornale dei Misteri, Cuadernos de Ufología, La Alternativa Racional, Año Cero, Más allá de la ciencia, Enigmas y VSD) y Brasil (UFO).

Se desempeñó como productor de TV en los programas Secretos Revelados (ATC, 1995), en el área de investigaciones del noticiero de Canal 9 (1996) y en Frente a Frente (1997-1998, América 2 [hoy América]). En ese canal coordinó la producción del ciclo Por quererte tanto (1998). Luego ingresó en Editorial Perfil como Secretario de Redacción de Descubrir (1998), revista en la que -desde 1992- contribuyó con investigaciones sobre OVNIs, creencias, fraudes y pseudociencias, como así la sección "Vidas de Otros", dedicada a personajes urbanos heterodoxos. Integró el staff de Coleccionables/Multimedia de Editorial Perfil (1998-2002), fue Secretario de Redacción de las revistas Hombre (2003-2005) y NEO (2005-2006), publicadas por la misma editorial. También realizó obras infográficas, desarrolló contenidos para Internet (Sintesoft, 1999) y se especializó en cultura digital, colaborando en las secciones de Internet, nuevas tecnologías y sociedad para las revistas Web!, Rolling Stone, Bitniks, Gatopardo (1999-2002) y El Cacerolazo (2002). En 2001-2002 produjo para Zona de Investigación (Azul TV, Argentina) varios informes, dos de ellos dedicados a las acusaciones por abuso sexual contra el gurú indio Sathya Sai Baba, otros sobre fraudes en salud y un programa especial sobre creencias milenaristas a raíz de los atentados del 11-09-01 en los EE.UU. Es Editor General de Dios!”.

Véase:
http://www.dios.com.ar/paginas/grupos/0-home/HOME.htm

http://criticadigital.com/magiacritica/

http://invasoresellibro.wordpress.com/


[1] Lineamiento Superior Universal (L.U.S.). Movimiento encabezado por la contactada brasileña Valentina de Andrade. En su momento se la consideró, una de la sectas más peligrosas de la argentina. Después de recibir graves denuncias por su accionar mesiánico, L.U.S., pasó a mejor vida cesando sus actividades en el país, aunque en la actualidad se anuncia por Internet.
Véase:
http://www.bibliotecapleyades.net/vida_alien/revelacion_cosmos/lus.htm
[2] Duclot, Jorge; Duclot, Napy. Origen, estructura y destino de los platos voladores. Buenos Aires: América Técnica, 1956. Los hermanos Duclot escribieron uno de los primeros libros sobre contactismo ufo en la Argentina, resultado de sus canalizaciones espiritistas cuyos mensajes dijeron proceder de Júpiter. Fueron precursores de los futuros movimientos ufo, y de la particular relación contactista entre esos grupos y Júpiter, como centro de procedencia de los mensajes aliens.
[3] Famoso personaje que hizo las hizo las delicias de los televidentes argentinos, con sus particulares apariciones. El encapuchado extraterrestre, como se lo conoció, fue por mucho tiempo un personaje emblemático dentro del ambiente ufológico, cuyas peculiares salidas mediáticas provocaban más de una sonrisa, así como también un entrecejo. En Invasores, finalmente revela su identidad. ¡Imperdible!. Véase:
http://www.geocities.com/clomro/
[4] SIDE, sigla argentina para Secretaría de Inteligencia del Estado.
[5] Uno de los casos ovnis más famosos de la Argentina, que tuvo en su momento amplia repercusión mundial. La teleportación de un matrimonio de apellido Vidal, desde el país hacía México, por mucho tiempo fue uno de los sucesos más comentados de 1968. Sin embargo, con los años, el caso entró en una zona oscura, y se comenzó a develar su misterio. Controversial si lo hay, el caso Vidal despierta amores y odio en la comunidad ufológica argentina. Véase: http://ar.geocities.com/mitosdelmilenio2001/mytoCA020.htm
[6] Otro caso emblemático, fue el protagonizado por dos empleados de un casino mendocino, Juan C. Peccineti y Fernando Villegas, quiénes también en 1968, declararon ser abordados por cinco humanoides, que a su paso dejaron grabado un mensaje en el auto de los protagonistas.
Véase:
http://dragoninvisible.com.ar/mendo02.htm
[7] En Ozonis – En algún lugar del Universo, la autora relata una historia “supuestamente novelada” donde cuenta su historia sentimental con un extraterrestre. Narración exquisita, Ozonis sorprende con su cuidada composición de factura onírica, que lo convierten en un escrito diferente. Altamente recomendado. Alguien diría que aunque la historia suene a monumental fantasía, si no estuviera ya creada, habría que inventarla.

Invasores, entre David Vincent y Alejandro Agostinelli (COMANDANTE CLOMRO)



INVASORES Historias reales de extraterrestres en la Argentina (COMANDANTE CLOMRO)

7 comentarios:

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  2. No entendí lo de "padre putativo". Si quieren seguir con que el personaje extraterrestre de pasamontañas es un invento de Agostinelli, allá ustedes los que quieran creerlo así. Alejandro descubre cosas existentes y ayuda a que se sepa de ellas, no necesita inventarlas: no es padre putativo de nadie, y nadie a quien haya llevado a la TV lo puede ver como tal cosa. Saludos Débora.

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  3. Saludos Comandante Clomro.

    Es un honor tenerlo por Crónica Subterránea.

    La entrevista sirvió para aclarar cosas que circulaban sobre Alejandro, entre ellas la que se acota en el mensaje, y otras pavadas que el gran Agostinelli se encargó de desterrar.

    Lo de padre putativo corre por mi cuenta y es con afecto, espero no se sienta ofendido por el apelativo.

    Desde ya repito Crónica Subterránea es uno de sus fans más acérrimos, y tribuna abierta para lo que quiera decir. Un gran abrazo desde el Obelisco.

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  4. Gracias Débora. Lo del apelativo podrá ser con afecto y, sin ser ofensivo, puede confundir porque eso no refleja la forma en que es sabido que veo a Alejandro: yo no me proyecto desde él para considerar alguna paternidad, más bien confluyo con él en un tramo de nuestros muy diferentes caminos quién sabe si hacia lo mismo o a distintos rumbos; eso en cuestiones temáticas, porque en cuestiones de amistad, las diferencias y afinidades han quedado en segundo plano. Un abrazo desde Monterrey.

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  5. Comprendido Comandante, valga la aclaración. Un abrazote, Débora

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  6. Patetico... muy patetico Agostinelli con sus pretendidas "investigaciones" y sus "elucubraciones. Sobre su libro opino: trescientas y pico de paginas para decir: Nada. Tratando, como siempre, de quedar bien con todos para poder seguir chupando del esfuerzo de otros.
    Y de Clomro que decir, lo patético a la máxima potencia. Un ridículo sin ton ni son.
    Del blog, por el contrario, resulta muy interesante.

    Sldos

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  7. Soy un viejo católico menchevique y, por ello, no sé por qué me siguen atrapando estos temas y estos abordajes. Leí el libro de Agostinelli, sintiéndome totalmente identificado con el personaje que lo escribió, con su rigor erudito, quiero decir. Pero en cada página esperaba que algo quedar en pie... y algo quedó en pie en todas esas historia... la humanidad que trasuntan.

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