2 de julio de 2009

Prana - La fuerza Motríz de los Ovnis

En la historia de los Ovnis, la ruptura establecida por Jacques Vallée con Pasaporte a Magonia, supone un nuevo camino en cuanto al tratamiento del fenómeno, que hasta ese momento parecía confinado a la visión extraterrestre. A partir de allí, aunque muchos investigadores intentaron seguir la senda trazada por el astrónomo galo, pocos lograron superar lo alcanzado en aquel mítico libro, que supuso un antes y después. Sin embargo aunque tener a Vallée como referente puede volverse un obstáculo, por la magnitud entregada desde su impecable visión, hay algunos autores, que nutridos de ese mismo espíritu, consiguieron emitir nuevas vías, en la búsqueda por dar respuestas a la problemática ovni.

Uno de esos talentos fue David Tansley. Nacido en Londres 1934, este británico “graduado en agricultura, emigró a Canadá y posteriormente a California, donde profundizó en filosofía y religiones comparadas”. Con el tiempo fue atraído “por la medicina marginal”, dedicándose a la radiónica, convirtiéndose con el tiempo en una autoridad mundial sobre el tema. Su introducción en campo de los ovnis se produce en 1975, estudiando durante casi dos años sobre la temática, que daría como resultado Mensajeros de la Luz. El aporte que consigue Tansley, es bucear en las doctrinas esotéricas antiguas, donde logra extraer datos más que inquietantes, evidenciando que el fenómeno ufo solo podrá ser comprendido en su totalidad cuando se vuelvan a comprender antiguas leyes ocultas, hoy olvidadas, además de las poderes latentes en el propio hombre, imposibilitado por el momento de activar esos mecanismos que una vez supo detentar, y que le permitían una mejor relación con su entorno.




El Prana, fuerza motríz del Ovni
LA ENERGÍA VITAL UNIVERSAL



La ciencia moderna no admite la existencia de una fuerza vital universal, pero los Misterios tienen mucho que decir sobre ella. Esta fuerza misteriosa que impregna toda la creación tiene muchas denominaciones. Los hindúes la llamaron Prana, los kahunas de Polinesia, Mana; Hermes Trismegisto la llamó Telesma, e Hipócrates la Vis Medicatrix Naturae. El alquimista Robert Fludd la denominó Spiritus, y Mesmer Fluido Magnéti¬co. Bajo cualquiera de estos nombres, esta energía vital universal se considera el hálito de la vida, que penetra todo el espacio y yace bajo las actividades de todas las formas, desde un átomo a un planeta. Es, en efecto, la fuerza motriz de toda vida; es el fuego, según los antiguos, que sostiene el cuerpo material del hombre para que pueda manifestarse físicamente; es el principio vital, del cual dicen los Upanishads:


Es grande, es ilimitado, más allá de él no hay nada, todo lo abarca, llena todo el espacio y al mismo tiempo es idéntico a la consciencia de uno mismo, al alma que llevamos dentro. La fuerza vital ha sido tema de investigación y experimentación para muchos hombres brillantes, ninguno de los cuales permitió que las doctrinas ortodoxas del momento les apartasen de sus esfuerzos. Por algún motivo, esta fuerza guarda celosamente sus secretos, y todos los que se le aproximan están sujetos al acoso y la maledicencia de sus colegas y de las autoridades. Exploremos, pues, la obra de algunos de estos hombres que intentaron arrancar a la oscuridad uno de los más capitales secretos de la naturaleza; repasemos sus teorías, sus vidas y su obra para ver si lo que descubrieron se ajusta a las teorías del teniente Plantier y a los fenómenos de ovnis en general. La fuente de la energía cósmica existe ya, según los sabios, y hay innumerables indicios de su existencia, y esto coincide con el primer supuesto del teniente Plantier.

EN LAS FRONTERAS DE LO DESCONOCIDO

En los tres últimos siglos, cuatro genios se han esforzado en desencadenar los secretos de la fuerza vital y poner sus beneficios al servicio de la humanidad. Su obra, como veremos, arroja mucha luz sobre el fenómeno de los ovnis. Daré sus nombres para mostrar cómo los agentes de la Jerarquía vienen desde los planos interiores relevándose unos a otros, pare servir a sus hermanos los hombres. Esta continuidad no es casual; es Uf' esfuerzo deliberadamente planeado por su parte, aunque inconscientemente, para llevar a cabo la misión que tienen que cumplir, y de pase aprender la lección de que no deben apegarse al fruto de sus trabajos. Estos hombres son:

Barón Karl van Reichenbach (1788-1869)
Dr. Edwin Babbitt (1829-1905).
John Keely (1837-1898).
Dr. Wilhelm Reich (1897-1957).


Karl van Reichenbach pasó gran parte de su vida totalmente absorbido por la resolución de los misterios de la fuerza vital. Sus impresionantes cualificaciones como brillante químico, metalúrgico, tecnólogo y experto en meteoritos le dieron la formación que necesitaba para su trabajo. Hav que añadir que, como químico, descubrió entre otras cosas la perafina y la creosota. Van Reichenbach llamaba a la fuerza vital Od, nombre derivado de una secuencia de raíces lingüísticas que explica así: Me he sentido llamado a hacer uso de esta propiedad de exenciór de toda obstructibilidad, para formar para ella un nombre adecuado, lo suficientemente flexible para adaptarse a las múltiples necesidades de la ciencia. «Va», en sánscrito, significa «moverse». «Vado», er latín, y «vada» en antiguo escandinavo significan «voy rápidamente, corro, avanzo». De ahí que «Wodan», en las antiguas lenguas germánicas, exprese la idea del ser que lo trasciende todo; en otros antiguar idiomas aparece como «Wuodan», «Odan» y «Odín», significando e poder que penetra toda la naturaleza, y que ha terminado personificándose en un dios germánico. «Od» es, por consiguiente, el término que expresa el concepto de una dynamis o fuerza que, con un poder que no admite obstrucciones, penetra rápidamente y fluye a través de todos los seres de la naturaleza.

En sus investigaciones, Van Reichenbach se sirvió de personas hipersensitivas que podían «ver» la fuerza ódica fluir en torno a diversos objetos especialmente imanes. De las doscientas y pico de personas con las que operó, cien tenían conocimientos científicos, y por lo menos cincuenta eran físicos, químicos, médicos, filosófos o matemáticos, y por lo tanto estaban en condiciones de describir correctamente las actividades y cualidades de la fuerza ódica que podían distinguir.


Las observaciones de la fuerza ódica que emanaba de un imán revelaron que la luz era especialmente brillante en torno a los polos. El polo norte estaba rodeado de una luz blanca, que se iba fundiendo en aureolas de rojo, amarillo, verde y por fin azul. El polo sur tenía una luz aún más brillante, primero blanca y luego derivando al rojo. El centro del imán despedía un resplandor verde. Estos colores eran de tonos delicadísimos, parecidos a una aurora boreal y comportándose en cierto modo como ellas. Colores parecidos se observaron saliendo de los dedos de algunas personas, y si se tendían cables con un extremo saliendo al exterior y expuesto al sol, los sujetos sensibles podían describir la corriente de la luz odílica que recorría el cable, hasta que una emanación en forma de llama aparecía en el extremo que quedaba dentro del laboratorio. No se puede evitar la comparación de estas descripciones de la fuerza vital con un pasaje del Chandogya-Upanishad:

El anaranjado, el azul, el amarillo y el rojo están tanto en las arterias del hombre como en el sol. Así como una gran carretera pasa entre dos aldeas, una a cada extremo, así los rayos del sol pasan entre este mundo y el mundo (sutil) de más allá. Fluyen desde el sol, entran en las arterias (nadis), vuelven a salir de las arterias y entran en el sol. Los colores que estos hipersensibles describieron eran todos tonos muy delicados y luminosos de rojo, azul, verde y amarillo, y un blanco que afirmaron ser especialmente brillante. Estos colores y su descripción tienen mucho en común con los que se ven rodeando a los ovnis. Esto puede ser un indicio de que usan en alguna forma la fuerza ódica universal, tal vez como materia prima y medio de propulsión.

Van Reichenbach afirmó que si se frota una pastilla de resina con un cepillo de pelo de zorro brota de ella una emanación llameante hasta una altura de unos cuarenta centímetros, y el propio cepillo toma el aspecto de un rodillo de luz blanca. A los pocos minutos, la «llama» baja, pero no sin haber emitido un «humo» luminoso que llega hasta el techo, dejando trazada allí una zona luminosa. Nos preguntamos si esta mancha luminosa estará relacionada con la que aparece frecuentemente bajo los platillos al cambiar de dirección, y si ambas serán el producto, de alguna fricción que afecta a la fuerza vital universal.

EL EXPERIMENTO DEL DISCO

Van Reichenbach realizó experimentos con un disco de hierro que medía 13,2 pulgadas de diámetro, y dentro de cuya circunferencia corría un alambre de hierro, de tal forma que tenía en torno un borde suave y liso, de un doceavo de pulgada de grueso. Este disco se colgó de un gancho y se colocó horizontalmente sobre el polo de un imán, pudiéndose poner a cualquier altura. Cuando el disco estaba sobre el polo norte de un imán en posición vertical, los observadores sensibles vieron cómo inmediatamente se extendió sobre él el resplandor odílico. En el centro de la cara superior del disco apareció una zona azulada de unas dos pulgadas de diámetro, y en la cara inferior otra similar, pero de un rojo brillante. Estas dos zonas de colores se iban fundiendo en amarillos, violetas y grises azulados que palpitaban sobre toda la superficie del disco como un arco iris circular. Otras veces, los bordes del disco estaban envueltos, hasta hacerse imprecisos, por una fina pelusa de fibras luminosas. Otros experimentos parecidos se realizaron con una esfera hueca de hierro con un imán inserto en sus polos; como en el disco, apareció una zona azul en la parte superior y roja en la inferior. «Este extraordinario color rojo- hace notar Van Reichenbach era de gran luminosidad y tonalidad muy intensa.»

Parece que estos colores odílicos que salen de las energías del Prana que rodean a un disco o esfera pueden verse también en los ovnis. Hugo Vega, que fotografió una nave exploradora venusiana en Perú, dio una descripción idéntica de la disposición de los colores. La describe así: Era del color de la plata bruñida. La parte superior parecía una cúpula. En su cúspide había una intensa luz azul, y debajo de ella una especie de torreta con pequeñas ventanas, que pudimos ver perfectamente. Debajo de ésta, el platillo terminaba en una gran plataforma de unos diez metros de diámetro, y debajo de ella, en el centro, tenía un cono que despedía una luz muy potente de un color rojo oscuro, y que parpadeaba.

Esto es, para mí, una fuerte sugerencia de que la nave estaba usando prana para cargar de energía su unidad propulsora, de cualquier clase que fuese; ¿cómo, si no, iba a aparecer la misma disposición de los colores?


NAVES DE ACERO VITREO


Los metales, observados en su contexto odílico, nos proporcionan unas similitudes aún más notables con los ovnis vistos por la gente. Uno de los observadores sensitivos describe el metal en los siguientes términos: Los metales, en el resplandor odílico, parecen transparentes, como resplandecientes bolas huecas.

El imán en observación se metió entonces en un recipiente con agua, desapareciendo muchas de las llamas odílicas, pero el metal se volvió luminoso y translúcido, apareciendo a los ojos del observador casi como cristal. El acero resplandeciente, transparente casi como un cristal. Apenas podría esperarse una descripción más parecida a la que Adamski hace de una nave venusiana. Sus propias palabras son: Era una pequeña y hermosa nave, de una forma más, parecida a la de una fuerte campana de cristal que a la de un platillo. Pero no pude ver a través de ella más que lo que se puede adivinar detrás de los ladrillos de cristal que se usan tanto ahora en las nuevas oficinas y viviendas, y que dejan entrar más luz que una pared opaca. Era translúcida y de un color exquisito.

Al acercarnos a ella, observé de pronto una sombra que se movía en su interior, pero no se veía claramente la silueta, y no pude decir si era un hombre o una mujer. Sin embargo, y para que quede claro, quiero decir que opino categóricamente que esta nave no estaba hecha de cristal, tal como nosotros lo conocemos. Era un metal que había sufrido un proceso especial.

Aproximadamente catorce meses después de que Adamski dijese haber fotografiado aquella nave en California, un muchacho, Stephen Darbishire, sacó dos fotografías parecidas en la región de los Lagos, en Inglaterra. Igual que Adamski, describió el aspecto argénteo y cristalino del aparato, como un plástico o un metal por el que entra la luz, pero a través del cual no se puede ver. Ambas descripciones tienen un inquietante parecido entre sí y con los imanes que observaron los sujetos sensibles.

Hay muchos otros informes que dan descripciones parecidas. El presidente de una pequeña línea aérea canadiense y su portero de noche vieron a las 10.45 de la noche del 20 de agosto de 1955, en el Canadá Septentrional, un objeto cuya descripción se ajusta a las de Adamski y Stephen Darbishire. Algunos extractos del informe dicen lo siguiente:

Parecía chispear, como si de todas sus caras saliese corriente eléctrica o aire muy caliente ... Tenía un hermoso color blanco plateado y parecía despedir rayos de su superficie ...

El color era blanco plateado. No puedo describir el color. Nunca he visto nada parecido … Era brillante, pero no iluminaba a su alrededor. Parecía más bien un resplandor fluorescente... Era un centelleo continuo, como el de un diamante. Era una cosa brillante, con un aspecto precioso. Si nos ponemos a espigar en todos los informes, podremos encontrar muchas más descripciones de éstas, así que es posible que nuestro examen de la obra de los pioneros de la investigación de la energía vital arroje nuevas luces sobre el fenómeno de los ovnis. Así pues, sigamos adelante.


Mientras el barón Von Reichenbach trabajaba incesantemente en su castillo de Alemania para desentrañar los misterios de la fuerza vital, el Dr. Edwin Babbitt, que estaba al corriente de los experimentos de Von Reichenbach, seguía en América su propia línea de investigación. Babbitt nació el1 de febrero de 1829 en Hamden, Nueva York. Se educó en varias academias y viajó mucho por los Estados Unidos ampliando sus conocimientos. Se convirtió en una combinación bastante singular de artista, místico, médico y científico, que fue para él una sólida base cuando empezó sus trabajos experimentales con la energía vital. Fue famoso por sus trabajos con los colores y la relación que tenían con las diversas propiedades curativas de las medicinas. Fue conocido como un taumaturgo en su época por las curaciones que realizó a través del color. Su libro The PrincipIes of Light and Colour (Los principios de la luz y del color) se publicó en 1878.

Consciente de la naturaleza de la fuerza odílica, y teniendo indudablemente acceso a algunos secretos de la naturaleza en virtud de su capacidad innata para entrar en los mundos interiores, Babbitt expuso una singular teoría sobre el átomo, cuya descripción ocupa unas setenta páginas de su libro. Por supuesto, no podemos exponerla aquí en todos sus detalles, pero el siguiente extracto es como un resumen que nos puede aclarar ideas sobre dicho punto: Un átomo es, así, el epítome del universo, teniendo una gradación de órbitas elípticas y espirales a imitación de las del sistema solar; tiene también un centro axial en torno al que giran sus espirales externas como un principio de diversidad; tiene su polo positivo, gobernado por la repulsión, y su polo negativo, cuyo principio dominante es la atracción; es la más maravillosa de las máquinas, con ruedas insertas en otras ruedas accionadas por agua, incluso por el agua del éter, alguna de la cual es más rápida que el rayo; se parece también a un animal, con venas, arterias, nervios, espina dorsal, vísceras, sangre, fuerza nerviosa, etc. En su forma general se asemeja al huevo, que en tiempos se consideró el punto inicial de toda vida, «Omne vivum ex ovo», como escribió Harvey. Y, ciertamente, los átomos son los huevos de los que se forma todo el universo, aunque a partir de otro principio completamente distinto. Sus actividades son tan asombrosas, que si se pudiera aumentar uno al tamaño de la cabeza de un hombre, como está construido de un material millones de veces más fuerte que ningún otro conocido, y con el tremendo torbellino de fuerzas que giran por sus espirales, y que a su velocidad normal vibran varios trillones de veces por segundo, ¿cuál sería el efecto? Si se pusiera un átomo así en medio de la ciudad de Nueva York, crearía tal turbión que todos sus majestuosos edificios, los barcos, los puentes y las poblaciones de sus alrededores, con casi dos millones de personas, serían absorbidos, hechos pedazos y arrastrados al cielo.


Babbitt describió su modelo de átomo como una estructura en forma de corazón, atravesado por un conducto que denominó «Ligo Tube», llamando a la parte superior el «Vórtice» y a la inferior el «Torrente». Según él, la fuerza vital entraba en el átomo por el vórtice o polo negativo, recorría toda una serie de espiritas, a las que llamaba termoespirales positivas y negativas, para crear una serie de cambios de color que recorrían todo el espectro, antes de salir por el torrente o polo positivo. Transformador de energía cósmica que fluye o se extrae del espacio por el polo negativo del vórtice, circula a una velocidad imposible de imaginar y se descarga por el polo positivo o torrente. Si se pudiese diseñar un motor basado en los principios de Babbitt, se cumpliría el segundo supuesto básico de Plantier.

Por si esto está empezando a sonar a exageración, consideremos cuidadosamente la siguiente descripción de los efectos que produce el flujo de la fuerza vital a través del átomo: ... se forman distintos colores con espirilas de distinto tamaño en relación con los diferentes grados de éter que pasan a través de esas espirilas. Pero ¿qué es, por ejemplo, lo que hace que el oro sea amarillo, el carbón negro o la nieve blanca? El oro es amarillo porque tiene una espirila con el grado exacto para repeler o reflectar el éter constitutivo del amarillo, y otras espirilas que reciben los éteres de los otros colores en mayor o menor grado, absorbiéndolos y ocultándolos. Si todas las espirilas tuvieran una afinidad similar para los otros éteres de los colores, y sus átomos pudieran polarizarse de forma que a los éteres les fuera posible pasar totalmente a su través, sería transparente como el aire o como un cristal claro.
Esto puede ser muy bien una explicación del aspecto cristalino de las naves venusianas de Adamski, que se ajustan claramente a esta descripción. Si las naves fuesen de metal, y si la energía cósmica que cruzaba su motor polarizase los átomos del metal, la nave tendría el aspecto de un cristal, o sería totalmente invisible.

Volvamos ahora a la descripción de Babbitt de la corriente de éter que atraviesa el átomo, y veamos si continúa, relacionándose directamente con lo que sabemos de la conducta de los ovnis: Si sus espirilas rechazasen activamente todos los éteres de los colores, a nuestros ojos el resultado sería el blanco; si son lo suficientemente afines a ellos para absorberlos dentro de su superficie, daría el negro; si absorben parte de cada éter de color y reflectan otra parte, el efecto será el color gris normal; si se reflecta una mayoría, sale un gris claro, y si la mayoría se absorbe, un gris oscuro.

Toda la gama de cambios de color descrita por Babbitt forma parte de las visiones de ovnis. El blanco, como todos sabemos, es un color corriente en sus apariciones, a menudo tan brillante que hace daño a la vista. En Europa se han hecho películas de ovnis con campos energéticos en forma


Pienso que lo que describe Babbitt podría ser muy bien el núcleo central o motor de un platillo volante. Pensemos por un momento en los supuestos básicos del teniente Plantier. En primer lugar, está la ilimitada energía del cosmos que haría falta para mover lá nave interplanetaria; podemos adelantar la hipótesis de que sea el prana de la tradición védica. En su segundo supuesto dice que el aparato debe estar en condiciones de transformar la energía cósmica basándose en la diferencia de potencial que la pondría en movimiento. Si es correcto lo que Babbitt pudo observar en los planos internos de la naturaleza, su modelo de átomo es el perfecto de halo negro, y se dice que es esta aureola negra la que los hace invisibles a simple vista. También el gris es un color que muchos testigos han visto, un gris de calidad metálica. Sigue diciendo Babbitt: Si el rojo y parte de los otros colores fuesen reflectados, resultaría un rojo-gris, y el mismo principio se aplicaría a los otros grises. Si casi todo el rojo o el azul fueran transmitidos, mientras los otros colores eran absorbidos, reflectados o ligeramente transmitidos, tendríamos el efecto de cristal rojo, o de cristal azul, o cristal de cualquier otro color, según el que predominase.

A estas alturas ya no podemos dudar de que estos pasajes nos dan un material asombroso en relación con el tema de los ovnis. No son una prueba, pero sería difícil encontrar unas descripciones más detalladas para relacionar los platillos volantes con las doctrinas mistéricas, y que al mismo tiempo nos faciliten un material asociado a los tres supuestos básicos del teniente Plantier. Puede que valga la pena añadir ahora que, desde el punto de vista esotérico, las fuerzas del prana actúan en los cuatro éteres bajo la ley de atracción y repulsión, en relación con el movimiento rotatorio de los átomos y de todas las formas de vida.

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