16 de octubre de 2008

Misterioso Mundo Subterráneo Lunar

Misterioso Mundo Subterráneo Lunar

Hoy Crónica Subterránea rinde homenaje a la Luna. El misterioso satélite circundante, que desde siempre acompaña a nuestra humanidad terrestre en su devenir histórico, guarda muchos secretos, que ni todas las expediciones lanzadas a explorar la misteriosa superficie rocosa, donde la vida se antoja casi imposible, han podido develar.

Se habla de seres gigantescos, que morarían en su interior. ¿Verdad o fantasía? Este mismo planteamiento fue objeto de un libro, que se publicó a fines del siglo XIX, y que algunos creen reconocer la figura del genial Julio Verne, que decidió camuflar su identidad bajo el nombre de Pierre de Sélènes. No pudimos hacernos con el libro, de difícil acceso en la actualidad, pero si recogimos algunos datos sustanciales.


El informe es imperdible.

En 1.865 Barbicane, Ardan y Nicholl, los inolvidables personajes del libro De la Tierra a la Luna escrito por Julio Verne consiguieron hacer volar la imaginación de nuestros bisabuelos. Con el tiempo los avances científicos nos mostraron un frío satélite incapaz de albergar vida alguna, relegando al olvido una segunda parte de la obra titulada Un mundo desconocido. Dos años en la Luna escrita bajo el misterioso seudónimo de Pierre de Sélènes (Piedra de las Lunas), en donde se presentó por primera vez a unos seres extraterrestres elevados espiritualmente más allá de lo humano. El libro profusamente ilustrado por el dibujante francés Gerlier fue un éxito editorial traducido a varios idiomas siendo publicado en 1.897 en castellano.

Selene fue nombre dado por los antiguos griegos a la Luna. Tomada innumerables veces como una influyente diosa en el devenir humano o como posible albergue de seres vivos, ha incitado a la especulación durante incontables años. En el siglo pasado los astrónomos ya describieron sus características principales que impedían el mantenimiento de la vida, por ello el libro de Sélènes sorprende con sus descripciones de la humanidad lunar. Se trata de una extraña mezcla entre Viaje al centro de la Tierra y De la Tierra la Luna en donde, contrariamente a lo ocurrido con los terrestres, la gran evolución ética y moral de los selenitas les ha llevado al desarrollo de la tecnología, gracias a la cual sobreviven en el interior de un cuerpo celeste cada día más inhóspito debido a causas naturales que han transformado en inhabitable la superficie lunar al faltar el oxígeno.

Siendo el autor francés cabe la posibilidad de que se tratará de una novela escrita por Julio Verne y publicada bajo seudónimo, pudiendo de este modo recrearse en todo aquello que sus lectores no le hubiera permitido de haber utilizado su verdadero nombre. El antiamericanismo se encuentra claramente representado en unas páginas que describen el "pufismo" americano como llama el autor a la actitud de un pueblo cuyo poder económico le permite olvidar pronto los caprichos caros. Así el material empleado para el primer viaje a la Luna yace olvidado por todos durante 18 años, hasta que en una subasta es comprado por un inglés y dos franceses por 250.000 dólares (1.000.000 de ptas. en esa época), ante la indiferencia de unos asistentes que ni tan siquiera reaccionan frente a los alegatos patrióticos del subastador. No faltan las semejanzas con la personalidad de Julio Verne aunque se trate de un texto más rígido y moralista de lo habitual en su estilo. Como era usual en él podemos encontrar extraños pasajes que nos llevan a pensar en que no se está hablando de nuestro satélite, incluso indicaciones ocultas del modo de acceder a ese mundo habitado por entidades sobrehumanas, y descripciones técnicas tan sólo logradas muchos años después.

Pero existe otro posible autor. El astrónomo y parapsicólogo Camille Flammarion no sólo escribió libros dedicados exclusivamente a su disciplina científica, aunque se desconocen obras suyas de cienciaficción. Observaciones técnicas y datos científicos incluidos en el libro podrían señalar hacia un escritor extremadamente conocedor de las teorías e hipótesis de ese período del conocimiento humano. Flammarion era también francés y un verdadero amante de su país que veía extenderse el poderío norteamericano ante una Europa dividida y mermada por sucesivas guerras que la habían imposibilitado para reaccionar ante la acometida del nuevo imperio económico. Además de ser nombrado en el libro se incluyeron dibujos suyos de la Luna para ilustrar una narración que intenta dar una explicación física de la telepatía la cual impide mentir a los selenitas. Por los mismos motivos que Verne, Flammarion pudo intentar ocultar su nombre a lo que se debe añadir el miedo al desprestigio causado por escribir un renombrado astrónomo una obra de cienciaficción, genero literario considerado entonces de tercera categoría por la férrea sociedad victoriana.



Sea quien sea su autor, sin duda, lo más importante de Un mundo desconocido. Dos años en la Luna es su contenido cargado de modelos tradicionales, que a su vez marcarían durante los últimos cien años del pensamiento la imagen que todos nos hemos hecho sobre la existencia de mundos subterráneos y elevados seres extraterrestres.

UNA NUEVA HUMANIDAD

Usando los mismos medios descritos por Julio Verne que facilitaron el primer intento de llegar a nuestro satélite y la misma nave a la que se le han realizado algunas mejoras entre las que se incluyen la utilización de oxigeno líquido en los cohetes para frenar la velocidad de caída, dos aventureros franceses, Marcelo y Santiago, y uno inglés, Lord Douglas Rodilan consiguen alunizar cayendo por accidente en una inmensa grieta que les lleva a las profundidades del satélite. Como si de un clásico cuento se tratara Santiago emprende la aventura para conseguir la mano de la bella Elena, pues su padre, el astrónomo Mathieu-Rollère, sólo la concederá al hombre que realice un gran descubrimiento astronómico. Marcelo es un verdadero aventurero que en sus trabajos de ingeniero en las Montañas Rocosas ha encontrado un proyectil con un mensaje que parece proceder de la Luna, y Lord Rodilan es un hastiado multimillonario que ya no encuentra sabor a la vida.

Siguiendo una tradición fuertemente arraigada en las narraciones populares los personajes de esta historia encerrados en una trampa natural se encuentran a punto de desesperar y perecer cuando los selenitas consiguen rescatarlos de aquel hondo abismo, llevándolos a una hermosa ciudad subterránea rodeada de montañas, valles y lagos iluminados gracias a una luz eléctrica proporcionada por la propia naturaleza. Por primera vez se produce un contacto entre habitantes de la Tierra y seres de otro mundo. En los meses siguientes los humanos aprenderán su lenguaje siéndoles permitido indagar en todo aquello que mueva su curiosidad.


Se trata de una sociedad jerarquizada en donde los Diemides (los que esperan a mejor condición) son inferiores por naturaleza y por lo tanto se encargan de los trabajos pesados. Les siguen los Meolicenos (los hombres de la inteligencia) que se encargan de la investigación científica y la filosofía. Por última casta están los Sabios. Todos ellos son dirigidos por un único líder político y religioso con poderes vitalicios asesorado por un consejo de eruditos. Las mujeres son las encargadas de mantener la custodia de los valores del espíritu que deben transmitir a sus hijos mediante el cuidado y la educación.

Sélènes no se aparta demasiado de las costumbres victorianas de su época, aunque introduce novedosos conceptos que sin duda no serían demasiado bien recibidos por sus coetáneos, por ejemplo al no existir el dinero cada uno toma aquello que necesita, el suelo es de todos y por lo tanto las características de las casas se acoplan a las necesidades de sus habitantes, los matrimonios entre diferentes castas sociales no es que estén permitidos sino que se trata de la forma habitual de relación.


El autor tras presentar un clásico ejemplo de civilización occidental intenta claramente insertar modificaciones que incluso le llevan a describir a unos selenitas capaces de adaptarse a cualquier cambio social aunque altere profundamente las costumbres establecidas.

La obra muestra otros aspectos incluso más interesantes que se pueden separar en tres grupos principales: los adelantos técnicos, la descripción de los seres y las posibles pistas para acceder a un mundo subterráneo que parece no encontrarse en el suelo lunar.

LOS ADELANTOS TÉCNICOS

También se recogen teorías astronómicas que apoyarían la hipótesis de que su autor fue Flammarion, de tal modo que la formación de nuestro satélite se debería a un desprendimiento de nuestro planeta mientras la Tierra todavía era una masa de gases girando en el espacio, y se defiende la existencia de otros seres en planetas pertenecientes a lejanos sistemas solares, idea mantenida por el astrónomo francés y recogida principalmente en su libro La pluralidad de los mundos habitados. Pero desde luego si algo se quiere resaltar en el texto es la existencia de unas ciencias físicas que permiten sobrevivir a la humanidad selenita cuya inteligencia y desarrollo espiritual es muy superior al humano.

La base de su tecnología es la electricidad que se absorbe continuamente del medioambiente. Gracias a ella se hacen mover los motores de los coches y volar a los ultraligeros, aunque el principal medio de transporte es un tren que circula por un único raíl cuyo diseño aerodinámico exterior le permite ahorrar energía y aumentar su velocidad. La vía férrea es una verdadera hazaña de la ingeniería que cruza mediante ciclópeos puentes incluso los obstáculos más impresionantes.

Los métodos de comunicación eléctrica permiten que el discurso de bien venida del líder selenita Aldeovazo sea transmitido en directo a todas las ciudades subterráneas. Conocen la televisión por cable con la que podían ver a su interlocutor y ser vistos a su vez, al mismo tiempo que han desarrollado un sistema de grabación que como los videos actuales permite el registro de voces e imágenes.

De nuevo la preocupación de Sélènes por los aspectos astronómicos hace pensar en Flammarion. Los selenitas han observado a la humanidad desde sus primeros balbuceos utilizando anticipados telescopios que asimismo les han permitido analizar la composición química de las lejanas estrellas, y descubrir sistemas planetarios en la mayoría de ellas. Son capaces de transformar las ondas de luz en sonido y sus métodos de investigación se han acoplado a este fenómeno.



Debido a que no necesitan alimentos sólidos los habitantes de la Luna preparan un liquido concentrado alimenticio para sus huéspedes, en el que se encuentran todas las substancias que los humanos necesitan para vivir, ante la exasperación de Lord Rodilan que continuamente recuerda los sabrosos platos terrestres y el buen vino de mesa. Aquí el autor comienza a realizar una verdadera descripción del traje de un astronauta, cuando detalla el atuendo utilizado por los selenitas para poder desplazarse sobre la superficie del satélite. Contrariamente a los rígidos modelos de los buzos de entonces que les permitía sumergirse en el mar, se trata de un traje articulado que facilita una gran libertad de movimiento. Una mochila acoplada a la espalda es la encargada de suministrar el aire interior que además de permitir la respiración mantiene la temperatura y protege al que lo lleva de la falta de presión exterior. Además la mochila se encuentra preparada con una batería gracias a la cual funcionan los sistemas autónomos de mantenimiento y los focos eléctricos que les permiten caminar en la oscuridad.

Sélènes da una importancia capital al aspecto tecnológico de la humanidad lunar y al uso que ésta hace de una inteligencia que no solamente la ha llevado al desarrollo de la tecnología sino también al espiritual. En ciertos aspectos el autor parece demasiado familiarizado con objetos que en su tiempo no existían. Pero contrariamente a la evolución material el pueblo extraterrestre es presentado de manera que su descripción nos hace pensar en una raza sutil y nos recuerda por muchas cosas a los genios, hadas y ninfas de las tradiciones populares.

LOS HABITANTES DE LA LUNA

El mundo del subsuelo selenita es un mundo sin estaciones, sin luz solar. Se trata de un gigantesco invernadero enclavado en lo más profundo de una Luna que día a día pierde el calor interno que permite la existencia de la vida. La vegetación al carecer de la luz del Sol presenta una falta de viveza en los colores sólo compensada por la diversidad de los tonos y los matices.

En un mar de un tamaño aproximado al del Mediterráneo plagado de islas sobrevive un pueblo de una única raza y lengua. No necesitan comer, la naturaleza les ha otorgado el don de poder extraer del aire todos los elementos que su organismo necesita. Les basta respirar para alimentarse y por ello mantienen una extremada precaución por su atmósfera. Los animales han seguido una evolución semejante. Se tratan de compañeros en la existencia que carecen de los fieros dientes y garras de sus parientes terrestres. Todo se desarrolla en el ocaso de un paraíso en donde la humanidad lunar es feliz pese a conocer su inevitable desaparición. Los niños juegan con esos cariñosos animales o hacen acudir con sus silbidos a aves de hermosos plumajes.




Sin necesidad de preocuparse por los alimentos han tenido la oportunidad de progresar sin los lastres de la avaricia o el deseo de lo ajeno. No conocen la guerra, nunca han necesitado luchar entre ellos por las posesiones materiales, algo que ha permitido el desarrollo de los valores éticos hasta límites que los humanos no llegan a entender del todo. Unos doce millones de selenitas conviven sin las cargas del egoísmo y los sentimientos mundanos.

Sélènes describe a hombres que recuerdan a dioses de la sabiduría y a unas mujeres llenas de sensibilidad y belleza semejantes a ninfas. Los ardorosos amores que Marcelo llega a sentir por la bella Orealis no son correspondidos y ni siquiera alteran a la espiritual muchacha, sin embargo ésta se encargará durante las largas conversaciones mantenidas a solas de que el aventurero no se desvíe de su objetivo científico.



Al igual como una musa que facilita la iluminación la joven selenita indicará sutilmente el camino a seguir.

En todo momento parecen arquetipos de entidades espirituales que el ser humano siempre ha deseado conocer, aunque el autor no pone nunca en duda de que se trate de seres físico, pues duermen, se alimentan y mueren como nosotros. Pero al igual que aseguran las tradiciones populares su descanso no es el mismo, su alimento no puede ser compartido por los humanos y sus vidas duran mucho más que las nuestras.

Cuando el lector termina las páginas del libro siente un extraño aroma familiar en la obra. ¿De verdad el autor está hablando de la Luna?, ¿ese mundo subterráneo se encuentra en nuestro satélite o en la propia Tierra?. Varias cuestiones hacen aparecer serias dudas sobre la cuestión.

Esa evolucionada humanidad conoció otros tiempos cuando habitaba en la superficie. Entonces existían gigantes y la lucha con una naturaleza hostil era constante. Poco a poco el oxígeno fue desapareciendo conforme envejecía el satélite. Abandonaron sus casas, sus ciudades y su mundo para adentrarse en simas oscuras, últimos refugios del aire imprescindible para sus existencias. Esta descripción es un mito perseverante en la historia humana: la necesidad de huir hacia el interior de la Tierra por cuestiones de devastaciones o cataclismos.

En un raro pasaje que no parece tener una clara relación con el resto del libro Sélènes podría estar señalando cómo acceder a este mundo. Se pueden encontrar muchas alusiones al tema en la literatura especializada, pero por primera vez el autor francés realiza una descripción invertida; es decir señala el camino desde el mundo interior al mundo exterior.

UNA EXTRAÑA EXPEDICIÓN

En la ficticia historia comienzan los preparativos para que los aventureros regresen a su planeta, pero antes uno de sus nuevos amigos, Rugel, les propone realizar un viaje de varias semanas por la superficie del satélite hacia zonas inexploradas por los selenitas actuales. Para ello se proveen del equipo necesario enfundándose en los trajes espaciales añadiendo a los cascos de los terrestres unos tubos que con un simple movimiento de cabeza pueden alcanzar y que les facilitarán el líquido especialmente diseñado para su alimento.

A los catorce días de camino abandonan la zona conocida adentrándose en la cara oculta de la Luna siempre invisible desde la Tierra, encontrándose repentinamente con una gran ciudad convertida en una auténtica ruina por el paso del tiempo. No faltan descripciones detalladas del territorio recorrido, no obstante la ciudad no es descrita con demasiada exactitud limitándose a dejarnos como señal una frase en latín:

Sciliet et tempus veniat cum finibus illis

Agricola inveniet...

Grandiaque effossis mirabitur ossa sepulcris.




Las reseñas concretas continúan siempre puntualizando desde el aspecto del suelo hasta los paisajes que en todo momento recuerdan a los terrestres hasta tal grado que son comparados con valles en Suiza o en los Pirineos. Especificaciones de accesos entre montañas, detalles determinados de pasos y desfiladeros parecen querernos indicar el camino a seguir.

El viaje prosigue llegando a un lugar en donde Sélènes parece indicarnos las pistas concretas con las que uno debe iniciarse. La larga marcha lleva a los aventureros a un lugar en donde colosales piedras adoptan formas tan sorprendentes como específicas. Catedrales, burgos alemanes y otras edificaciones terrestres han sido talladas por la naturaleza en las moles de rocas lunares. El panorama con que se encuentran no tiene sentido más que para Marcelo, Santiago y Lord Rodilan, pues los selenitas desconocen las construcciones. Así puede observarse la abadía de Westminster. En este descompasado momento de la narración se nos habla de los cristianos medievales, de cosas como cimientos o labores de piedra reflejados en las aguas del Támesis, detalles que parecen signo delatores para el lector experto.

Quizás a modo de disuasión para aquellos que no deban emprender la aventura de buscar el mundo subterráneo las palabras del libro describen la escena siguiente desarrollándose en un suelo lunar cuyo color de rojo sangre se encuentra invadido por formaciones en las piedras que recuerdan a rostros ensangrentados y cadáveres mutilados. De nuevo los habitantes de la Luna parecen ajenos a la escena, pues nada deben temer, y sólo los terrestres ven sus ánimos sobrecogidos por lo que se muestra ante sus ojos.

El punto cumbre del recorrido se encuentra en la localización de los últimos selenitas que viven en la superficie en el interior de un profundo valle que tiene sus días contados. Los expedicionarios serán su salvación al llevarlos con ellos a sus ciudades subterráneas.

La descripción final del autor sobre la cara oculta de la Luna es la de una grieta de insondable profundidad formada en el suelo de un terreno que es comparado con el cañón del Colorado. Esta hendidura únicamente es percibida cuando los rayos del Sol inciden sobre ella de una manera determinada y toda una gama de llamativos colores pueden delatar su situación. Después el autor vuelve a las explicaciones sobre los caminos a seguir y las direcciones a tomar para adentrarse hacia el mundo interior.

LA VUELTA A CASA

Como todo en esta vida la estancia en nuestro satélite de los personajes de Sélènes llega a su fin. Después de vivir junto a la humanidad lunar durante dos años deben regresar a su planeta de origen para comunicar y dar a conocer las maravillas que han visto y aprendido.

La elevación espiritual de los selenitas y las condiciones en que han vivido los aventureros transformara sus almas para siempre. Otra vez se repiten contenidos de una gran cantidad de tradiciones. Uno de los últimos sitios que desean visitar es el lugar en donde sus mentes tras un accidente con gases tóxicos consiguieron recuperar la razón bajo la guía de un sabio. Según marcan los viejos patrones es imprescindible alcanzar un estado transformado de consciencia si uno desea de verdad llegar allí a donde nadie llegó.

Un postrero secreto han guardado los terrestres a los selenitas: en su mundo existe la miseria, el hambre, la incomprensión. Aquello produce una honda conmoción entre un pueblo que ni siquiera conoce el dinero ni la posesión de bienes personales, y como han hecho a lo largo de las leyendas los clásicos duendes y elfos el último regalo es un enorme cofre de metal noble lleno de un increíble tesoro en piedras preciosas con el que los selenitas desean paliar el mal de sus congéneres en la Tierra. Otro modelo arquetípico se nos muestra cuando deben despedirse de la asamblea de sabios. Hombres ancianos que pueden rebasar con facilidad los cien años en perfectas condiciones físicas y mentales, escuchan a un Marcelo que ve en ellos una asamblea de dioses con sus largas barbas blancas y sus túnicas de estilo griego.



No existe en ningún momento dentro de la narración ni la más pequeña desviación de los datos creados por Julio Verne para su viaje a la Luna, y tampoco ocurre con los científicos selenitas en la preparación del regreso a casa de sus nuevos amigos terrestres. Un gigantesco cañón lanza un proyectil cuya dirección ha sido perfectamente calculada y que tiene su destino en el océano Pacífico. En su interior se encuentra un alegre Santiago que pronto logrará la mano de su amada, un triste Marcelo al que le ha sido imposible lograr el amor de la espiritual Orealis, y un Lord Rodilan deseoso de volver a su mundo material. Tres sentimientos contradictorios pero no incompatibles que podrían pertenecer a un solo sujeto. La vuelta a lo físico, al universo de la realidad material, es deseado y al mismo tiempo resulta insoportable para la persona que se ha adentrado en los senderos del espíritu.



Al principio son recibidos con grandes honores y distinciones. Se organizan múltiples recepciones y fiestas para celebrar el primer contacto con una raza extraterrestre. No faltan premios y homenajes. Se consiguen mandar señales de una forma continua a la Luna y sus habitantes responden del mismo modo. Pero el habito transforma la novedad en costumbre que se puede olvidar. Los héroes pronto son olvidados, las comunicaciones se interrumpen tras una explosión en el satélite y pocos son los que se interesan por averiguar lo ocurrido. El libro termina con un anciano Marcelo que se pregunta si su experiencia habrá sido un sueño.

UN EXTRAÑO RELATO

La obra de Pierre de Sélènes parece una recopilación de aquello que ha incitado a generaciones enteras desde la época de nuestros bisabuelos o incluso antes. Adelantos científicos, novedosas teorías, aventuras, encontrarse con seres angelicales o alcanzar un mundo subterráneo, son presentados con unas palabras que denotan un profundo conocimiento de los temas que va más allá de la simple cienciaficción. Además los singulares datos y las raras insinuaciones parecen esconder las claves de olvidados secretos.


Aunque el término selenita era utilizado con anterioridad para nombrar a los habitantes de la Luna, su uso entre el público en general se debe al éxito que acompañó a la publicación del libro. Selenitas eran los personajes del seudónimo Sélènes y así alcanzaron una popularidad hasta entonces insospechada. El autor francés les dio un carácter entrañable y cálido como si se tratasen de seres espirituales, contrariamente a la corriente de la moda a finales del siglo XIX que solía presentar a los extraterrestres como despiadados invasores y que tendría su mejor representante en H. G. Wells cuando publicó en 1.898 su famosa obra La guerra de los mundos, en donde unos feroces habitantes de Marte intentan dominar a la raza humana mediante el uso de la fuerza. Sus selenitas recuerdan a esas entidades elementales de la naturaleza que nosotros hemos bautizado con diversos nombres como hadas, sílfides o elfos. Viven en un mundo subterráneo imposible de ser alcanzado por el hombre corriente.


Son ajenos a las necesidades físicas y a los sentimientos egoístas, al dolor y al sufrimiento. En ese mundo que tiene marcado el futuro han observado al hombre desde su aparición en la Tierra, permaneciendo apartados y manteniendo un limitado contacto. Este libro que maravilló a nuestros bisabuelos y que nosotros hemos relegado al olvido marcó los últimos cien años de la literatura utópica con sus aparentes descripciones fantásticas que cuando la obra es leída con detenimiento parecen tener unas bases extremadamente sólidas.

¿Quién fue Sélènes? Quizás Julio Verne, Camile Flammarion o un tercer personaje desconocido, pero, fuera quien fuera el autor, una de las facetas más singulares de su obra es la utilización de señales y descripciones, de grados, de longitud y latitud, de indicaciones de puntos concretos ¿Por qué utilizó el plural de la palabra Luna como seudónimo? ¿Quiso indicar la existencia de varios mundos habitados? Aunque estas preguntas son interesantes el principal mensaje extrañamente transmitido bajo un familiar seudónimo parece ser el de querernos guiar hacia un lugar en que según las propias palabras del autor "todo era sencillo, todo noble, todo grande".
Fuente:
Máñez, Francisco. Una leyenda olvidada: la luna de Pierre de Sélènes


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