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15 de junio de 2015

Ciudad Arco Iris- Leyenda antártica que se niega a morir -Débora Goldstern©

"Ciudad Arco Iris"
Leyenda antártica que se niega a morir
Débora Goldstern©



¿Qué ocurre cuando se vincula a Lovecraft, Manuscrito Hefferlin, Robert Dichoff, Michael X, con diarios del Almirante Byrd, tierra hueca, ovnis, habitantes reptilianos, y nazis? Pues nada menos que la leyenda de Ciudad Arco Iris. Aunque en nuestro monográfico sobre Tierra Hueca, hicimos alusión sobre algunos tópicos del tema, es necesaria una mayor profundización en algunas aristas no profundizadas, y aún en constante evolución. 

Como primer antecedente tenemos “En las Montañas de la Locura”, novela de 1931, y que lleva la firma del escritor norteamericano H.P. Lovecraft. Ambientanda en las gélidas tierras antárticas, Lovecraft construye una de sus historias más simbólicas, muñida de trazos teosóficos en algunas de sus consignas, donde se presenta al lector un mundo habitado por supervivientes de Lemuria, (Antiguos Primordiales), dueños de una tecnología avanzada, los cuales sobreviven en el interior del casquete polar sur.

Esta narración sería la base más tarde replicada en texturas más o menos afines, en una continuación sin fin, tomando como eje principal la genial narración de Lovecraft, motor principal de la incipiente leyenda. 

Quién primero recoge el guante es el matrimonio Hefferlin, quiénes en la década del cuarenta darían a luz, Rainbow City (Ciudad Arco Iris), basado en una canalización personal, que recuerda al libro de Urantia, aquel tratado revelado muy de moda durante aquella época. 

Cabe agregar que el manuscrito de los Hefferlin, se publicó en una de las ediciones de Amazing Stories, setiembre del 46', revista dirigida por Ray Palmer, el cual tuvo un papel destacado en la saga de Ciudad Arco Iris. Aquí algunas citas narradas por los Hefferlin acerca de esta enigmática ciudad:


“La ciudad está hecha de plástico, las calles están pavimentadas con plástico; y todos los edificios están construidos de manera que se utilizan todos los colores del arco iris. Para el color en aquellos días parecía haber tenido un significado. En el corazón de esta gran superficie es un gran templo, centro de la educación superior y un museo de la cultura de esta antigua civilización de los nuestros, y sus máquinas. Por debajo de esta ciudad son cinco niveles subterráneos, parte de la ciudad de la superficie, y las principales terminales de un vasto sistema de tren del túnel, con miles de metros, trenes de pie listo para las líneas principales, y los mapas de la antigua superficie de la tierra, que muestran donde los grandes túneles conducen”.


Una década más tarde promediando los 50’, la idea sería retomada por Robert Dickoff, un monje budista, también norteamericano, quién escribiría acerca de Agartha, donde además de hacer alusión a unos de los misterios subterráneos por excelencia, se adelantaba a la discusión reptiliana, hoy día adoptada por Icke y autores varios, presentando a Ciudad Arco Iris como asentamiento subterráneo de esta especie serpiente, la cual sindicaba Marte como su patria originaria. 

Sin embargo Dickoff en su bibliografía no hacía una sola mención a los Hefferlin, figurando esta fuente como ausente dentro de su polémico trabajo

Casi veinte años más tarde el tema volvería a luz de la mano de Michael X, (en realidad Michael Barton), siendo conocido como "Rainbow City and the Inner Earth People", 1969, que cuenta con la particularidad de abordar el espinoso caso Byrd, que más tarde se materializaría en la publicación de sus polémicos diarios.

Como colorario, promediando los 70’, Secret Nazi Polar Expedition, cuyo autor Christof Friedrich (seudónimo de Ernst Zundel, un canadiense jefe de la Fundación Antártica Germana), se despacharía con la presencia nazi en la Antártida, fugados de la Segunda Guerra diría, entre los cuales menciona a Hitler, quiénes habrían penetrados al Polo Sur internándose en túneles, donde actualmente se encontrarían residiendo. 


Zundel además se presentaba como partidario de la tierra hueca, negando en su propaganda anti judía, el Holocausto, sin dejar de lado la cuestión de Ciudad Arco Iris, retomando los inexistentes contactos del almirante Byrd con los supuestos moradores de la ciudad cristalina antártica. ¡Continuará


Ernst Zundel


31 de agosto de 2012

Enemigo Sobrenatural - Vimanas en Afganistán - Débora Goldstern


Enemigo Sobrenatural
“Vimanas en Afganistán”
Débora Goldstern©




Hace poco tuve oportunidad de ver “Enemigo Sobrenatural”, cuyo título en inglés es “The Objetive”, aunque también se conoce como “El Objetivo 648”, y que data del 2008.

Debo decir que ignoraba la existencia de este film, al cual accedí en forma casual, mientras me encontraba navegando por youtube que la recoge en forma completa.

En un principio pensé se trataría de la típica historia yanqui en cuanto a sus tristes incursiones imperiales en Oriente, pero mi sorpresa sería mayor cuando descubriría que el argumento de The Objetive, hundía sus raíces en una noticia que desde hace dos años circula en la red.

Según se desprende del rumor de tinte conspiranoico, lanzado por la bloguera rusa Sorcha Faal, un vimana, fue detectado en una cueva de Afganistán, al cual se le computan 5.000 años de antigüedad, y que según se cree, aún se encontraría en perfecto funcionamiento. Rápidamente las tropas norteamericanas se hicieron con el hallazgo transportándolo a su país, lo cual luego provocó una especie de represalia por vehículos del mismo origen. En fin …!

Claro que la primera anomalía sobre esta historia, surge cuando se comparan los años del film con el de la noticia apócrifa del sitio de Sorcha Faal, ya que el primero lleva ventaja puesto la película fue editada en el 2008, en cambio la data viral de la bloguera rusa recién apareció en Internet en el 2010. Lo cual resta pensar que Sorcha Faal ideó su fantástico cuento, luego del ver el film.

Sin embargo es menester hacer hincapié en otro dato que encaja perfecto en el rompecabezas. Según se cree, Sorcha Faal, es en realidad un espía de la CIA conocido como David Booth, y curiosamente el protagonista del film, del cual ahora vamos hablar, es un lacayo de la misma agencia citada ¿casualidad?

Más allá de estas “curiosidades”, The Objetive, film dirigido por el ideólogo del “Proyecto Blairwitch”, Daniel Myrick, bucea en un terreno poco explorado por los cineastas norteamericanos, y que creo es considerado casi tabú por muchos realizadores, los cuales casi siempre omiten cualquier referencia esotérica o mística en la mayoría de los films centrados en esta temática, ridiculizándolos en su mayoría.

Sin embargo, The Objetive elude esas controversias y se mete de lleno en un terreno, que como digo pocas veces es abordado por el cine actual. La historia se desarrolla en Afganistan, un país que en las pantallas de los medios casi siempre muestra como una región tribal, codiciada por los imperios a lo largo de la historia, gracias a su posición estratégica, y generalmente inaccesible, siendo considerada actualmente una de las regiones más peligrosas e inestable del planeta.

El argumento que para algunos puede pasar desapercibido, alude a la existencia de una fuerza desconocida, que opera en la región intrigando a los servicios norteamericanos, los cuales envían a uno de sus agentes para investigar el fenómeno.

Mi intento no es desmenuzar todo el film, que aliento los lectores de Crónica Subterránea tengan ganas de indagar en el mismo, sino, en remarcar ciertos aspectos de “The Objetive” que a mi parecer, son esenciales en cuanto al camino esotérico, única vía válida en cuanto a tratar de indagar en el pasado de la tierra y sus enigmas.

En The Objetive es necesario atender dos puntos primarios. Uno es el tema de los vimanas, y el segundo el de los jinas (djiins), que sería los espíritus tutelares de esas regiones, los famosos “genios” de los cuentos infantiles, y que los más entrenados conocemos como entidades invisibles, anteriores a nuestra actual raza adámica. Aunque circula mucha información sobre vimanas, y jinas, prometemos en una próxima entrega ahondar en los mismos.

No puedo si sustraerme a la influencia de la tan maltratada Afganistán, como una de las cabezas espirituales del Oriente Medio, así como señalar que fue en esta región donde nacieron los más importantes maestros sufíes, y señalándose que el famoso monasterio descripto por Gurdjieff, la mítica Hermandad de Sarmung, tiene refugio en sus moradas.

Tampoco olvidar que fue un príncipe afgano, Hardij Schripf, quién reveló en 1885 al esoterista francés, Alejandro Saint-Yves d’Alveydre, los lineamientos del Agartha.


The Objetive (2008)

1 de septiembre de 2011

Louis Jacolliot - Impresiones sobre Agartha - Débora Goldstern

Louis Jacolliot
Impresiones sobre Agartha
Débora Goldstern

Louis Jacolliot


Fue en la Doctrina Secreta, la monumental obra de Helena Petrovna Blavatsky, donde por primera vez accedí a referencias sobre Louis Jacolliot. La obra de este estudioso francés fue material capital en la redacción de la saga blavataskiana, en especial por sus profundos conocimientos del pasado prehistórico de la India, país, en el cual Jacolliot residió por varios años.

Desgraciadamente pocas obras de casi una centena de su autoría, se encuentran a disposición pública, pudiéndose citar La Historia Oculta de la India, y Las Leyes del Manú como alguno de los títulos más destacados.

Autor hoy día casi olvidado, su rescate por parte de Crónica Subterránea obedece a los informes que sobre el Agartha recogió Jacolliot en su paso por la India, material que más tarde retomaría el famoso esoterista Alexander Saint Alveydre, aunque agregando más datos al enigma del Agartha.

El capítulo escogido para ilustrar al lector sobre Louis Jacolliot, pertenece a “El Mundo Perdido de Agharti"de Alec Maclellan.





LOS BUSCADORES DE UN MUNDO PERDIDO


El hombre que se abría camino por entre las casetas apretadas del bazar de Calcuta difícilmente era mirado dos veces por la gente que se arremolinaba a su alrededor. El ruido y el hedor del lugar no parecían perturbar aquella pequeña figura, aunque de inmediato resultaba evidente por su traje bastante desaliñado y los rasgos pálidos que no era un indio. Un sombrero de color blanco deslucido ocultaba en parte su rostro barbudo, y la chaqueta de color claro que vestía estaba ya manchada de sudor por la espalda y de suciedad por la parte delantera, por donde el hombre tenía que empujar a través de un estrecho vacío entre las casetas, o frotarse contra un nativo sucio y gesticulante. Aunque los extranjeros no resultaban en absoluto raros en el bazar de esta activa capital India a mediados del siglo X IX, solían conducirse de un modo bastante más imperioso que el de este hombrecillo tan poco atractivo. Al fin y al cabo, la ciudad era la sede del Gobierno de la India británica, y con su posición en la salida natural del río Ganges se había convertido en un gran centro comercial e industrial. 

Como era de esperar, el lugar era una mezcla de magníficos palacios construidos por los principales indios, espléndidos edificios administrativos construidos por los Raj británicos, y algunos de los barrios más horribles de toda la India. Incluso hoy día siguen persistiendo algunas de las temibles condiciones que habían sido resumidas por los acontecimientos de "agujero negro de Calcuta" cien años antes. Pero ni esos recuerdos ni la miserable atmósfera en que se encontraba el extranjero parecían molestarle lo más mínimo. Daba la impresión de hallarse tan sumido en sus pensamientos que era totalmente inconsciente de cuanto le rodeaba.

Aquel hombre era Louis Jacolliot, un funcionario consular francés que servía en la capital, pero también un hombre apasionadamente dedicado a la búsqueda y colección de información arcana. No era un cómodo investigador de biblioteca, de los que rebuscan los límites tranquilos y ordenados de esas sedes del aprendizaje; prefería buscar material sin recoger, tradiciones orales que sólo se podían encontrar entre las gentes del lugar. Y para asegurarse esos elementos tenía que sumergirse en todos los estratos sociales de la vida ciudadana, desde las deslumbrantes mansiones palaciegas de los indios de alta casta a las calles cubiertas de enfermedades de los barrios y bazares, donde los pobres de Calcuta llevaban vidas miserables. 

Pero al pasar de .la aparente absorción en sus pensamientos, Jacolliot apenas se perdía nada de cuanto ocurría a su alrededor en el bazar. Hacía tiempo que había aprendido a tener un aspecto discreto, lo que le ayudaba a ganar la confianza de la gente en un lugar como ése. Por contra, también era capaz de conducirse con cortesía y dignidad cuando le era necesario. En suma, se había entrenado cuidadosamente para tener la mente alerta y un cerebro inquisitivo en servicio de su ardiente deseo de información sobre la antigua historia de la India. Jacolliot era impulsado por una convicción simple y compulsiva. Solía decir: "Estudiar la India es rastrear las fuentes de la Humanidad." En el primero de los veintiún libros que iba a producir durante su vida, La Bible dans L 'Indie (1868), demostraba haber llegado ya a las mismas conclusiones sobre la influencia de este poderoso subcontinente sobre las otras civilizaciones que había alcanzado el profesor Friedrich Muller y sus contemporáneos que trabajaban con él.

Jacolliot escribía: "La propia antigüedad tenía una antigüedad que estudiar, que imitar y que copiar, del mismo modo que la sociedad moderna se codea con la antigüedad a cada paso, que nuestros poetas han coplado a Homero y Virgilio, Sófocles y Eurípides, a Plauto y a Terencio; que nuestros filósofos se han inspirado de Sócrates, Pitágoras, Platón y Aristóteles; que nuestros historiadores toman como modelo a Tito Livio, Salustio o Tácito; que nuestros oradores copian a Demóstenes o Cicerón; nuestros médicos estudian a Hipócrates, y nuestros códigos transcriben el Justiniano. Eso es lo más lógico y más simple. ¿No se preceden y suceden los pueblos unos a otros? ¿El conocimiento dolorosamente conocido por una nación se limita a su propio territorio y muere con la generación que lo produjo? ¿Qué hay de absurdo en la sugerencia de que la India de hace 6.000 años, brillante, civilizada, sobrante de población, imprimiera en Egipto, Persia, Judea, Grecia y Roma un sello tan imborrable, unas impresiones tan profundas, que sigan impresas aún sobre nosotros?"

Basándose en esta convicción, Jacolliot llevó a cabo gran parte de su investigación, y los hechos que recogió y presentó en sus veinte libros siguientes subrayan aún más sus palabras. Lo que sigue siendo un enigma hasta hoy es el motivo de que hubieran sido tan tristemente despreciados y tan poco citados; pues no nos debe caber duda de su importancia, como sus "discípulos" Pauwels y Bergier han afirmado en su libro, El retorno de los brujos (1960); aunque ellos mismos no le dedican más que una página, afirman: "Jacolliot escribió algunas obras proféticas muy importantes, comparables, si no superiores, a las de Julio Verne. También dejó varios libros que tratan de grandes secretos de la raza humana. Muchos y grandes autores ocultistas, profetas y milagreros han tomado prestado de sus páginas lo que, completamente despreciado en Francia, es bien conocido en Rusia." Madame Helena Blavatsky, la emigrada rusa que, como veremos más adelante en este capítulo, tomó prestados libremente y con frecuencia cosas de Jacolliot sin citarlo, apreciaba también su importancia, aunque se guardó de alabarle.

Escribió lo siguiente en su Isis desvelada (1877): "Sus veinte o más volúmenes sobre temas orientales [de JacolIiot] son realmente un curioso conglomerado de verdad y ficción. Contienen gran cantidad de hechos y tradiciones, filosofía y cronología india, junto con muchas opiniones valerosamente expresadas. Pero parece como si el filósofo se viera constantemente superado por lo romántico. Es como si dos hombres estuvieran unidos en su autoría: uno de ellos cuidadoso, serio, erudito, el otro un novelista francés sensacionalista y sensual, que juega los hechos no como son sino como él los imagina. Sus traducciones del Manu son admirables; su capacidad de controversia, marcada; su opinión de la moral sacerdotal, injusta; y en donde reveló, aunque precavidamente, detalles de un vasto y antiguo reino subterráneo que decía había llegado a conocer por medio de "la traducción de todos los antiguos manuscritos de hoja de palma que he tenido la fortuna de que los brahmanes de las pagodas me hayan dejado ver". 

El relato más específico que encontró aparecía en una obra, el Agrouchada Parikshai {Libro de los espíritus), que habla de un paraíso subterráneo que floreció "siglos antes de nuestra era". Estaba presidido por el Brahm -atma, o jefe supremo, el dirigente de los iniciados, un gran cuerpo de seguidores devotos, descendientes de una antigua civilización. El supremo pontífice, el Brahm-atma, era el único poseedor de una fórmula mística, descrita corno "que simbolizaba todos los secretos iniciáticos de las ciencias ocultas" y representada por las letras
AUM, que significaban:

A
Creación
U
Preservación
M
Transformación

Según el Agrouchada Parikshai: "El Brahm-atma sólo podía exponer su significado en la presencia de los iniciados del tercer y supremo grado." Jacolliot comenta: "Este mundo desconocido, del que ningún poder humano, lncluso ahora que la tierra superior ha sido machacada por las invasiones mongolas y europeas, puede forzar a ser revelado, se conoce como templo de Asgharta ... Quienes allí habitan poseen grandes poderes y tienen conocimiento de todos los asuntos del mundo. Pueden viajar de un lugar a otro por pasadizos que son tan antiguos como el reino mismo." La localización de Asgharta bajo una tierra "machacada por las invasiones" era el modo típico de Jacolliot de poner en palabras su convicción -basada, como todas sus creencias, en la investigación y la intuición- de que el reino se hallaba en algún lugar bajo la tierra central de Asia. Ello disfrazaba también sin duda-su frustración por no haber tenido nunca la oportunidad de poner a prueba su teoría viajando por Asia, pues sus últimos traslados en el consulado le llevaron a las Indias Orientales, Tahití, y luego de vuelta a Francia. Por tanto, la historia de Asgharta siguió siendo un enigma para él durante el resto de sus días. Pero no se puede negar el importante papel que ya había jugado al publicar esos hechos.

Un nuevo y extraño acontecimiento le ocurrió a Louis Jacolliot antes de abandonar la India que creo debe ser incluido aquí. Estaba convencido, como él mismo decía, de que el pueblo de Asgharta estaba formado por los descendientes de una civilización prevédica, y que eran maestros en los poderes secretos. Cuando en compañía de un viejo fakir observaba un ritual, se elevó un "espíritu" que él creía podía haber sido el alma de una de esas gentes. Enfatizo el término "podía", porque Jacolliot no hace tal afirmación, aunque al menos un estudioso de sus obras cree que la posibilidad es muy grande.

El acontecimiento está registrado en su libro Phénoménes et Manifestations (1877), en el que describe a los fakires como "los únicos agentes entre el mundo y los iniciados quienes raramente cruzan los umbrales de su sagrada habitación". Los dos hombres estaban sentados en un antiguo templo, y así es como Jacolliot describe lo sucedido: "El fakir continuaba sus evocaciones con más voluntad que nunca; una nube opalescente y opaca empezó a suspenderse cerca del pequeño brasero, que por petición del hindú yo había alimentado constantemente con carbones encendidos. Poco a poco asumió una forma enteramente humana, y distinguí el espectro, pues no puedo llamarlo de otra manera, de un viejo sacrificador brahmán arrodillado cerca del pequeño brasero. 



"Llevaba en su frente los signos sagrados de Vishnú, y alrededor de su cuerpo el triple cordón, signo de los iniciados de la casta sacerdotal. Unió sus manos por encima de su cabeza, como durante los sacrificios, y sus labios se movieron como si estuviera recitando oraciones. En un momento dado, tomó un pellizco de polvos perfumados y lo arrojó sobre los carbones; debía ser un compuesto extraño, pues un espeso humo se elevó al instante e invadió las dos cámaras. "Cuando se disipó percibí el espectro que, a dos pasos de mí, me extendía su mano sin carne; la tomé entre la mía, haciendo una salutación, y me asombré al comprobar que, aunque huesuda y dura, estaba caliente y viva.

"En ese momento le pregunté: "¿Eres tú un antiguo habitante de la tierra?" "No había terminado la pregunta cuando la palabra AM (sí) apareció y luego desapareció en letras de fuego sobre el pecho del viejo brahmán, con un efecto muy semejante al que la palabra producirla si se escribiera en la oscuridad con una vara de fósforo. "¿No me dejarás nada como presente de tu visita?", volví a preguntar. "El espíritu rompió el triple cordón, compuesto de tres hebras de algodón, que tenía anudado a su cintura, me lo dio y desapareció a mis pies:' No es sorprendente que Jacolliot se sintiera perplejo por lo que había visto. Más tarde escribió: 

"La única explicación que hemos podido obtener sobre el tema de un brahmán ilustrado, con quien me unía una estrecha intimidad, fue ésta: "Habéis estudiado la naturaleza física y habéis obtenido, mediante las leyes de la naturaleza, maravillosos resultados: vapor, electricidad, etc.; durante veinte mil años o más nosotros hemos estudiado las fuerzas intelectuales, hemos descubierto sus leyes, y. obtenemos, haciéndolas actuar a solas o en concierto con la materia, fenómenos todavía más sorprendentes que los vuestros." Si aceptamos la validez de lo que Jacolliot vio y nos contó, y no hay nada que impida que no debemos hacerlo-, entonces es que pudo haber experimentado la extraña fuerza conocida como Poder Vril que se dice poseen las gentes de Aqharti. Fuera así o no volveremos a discutir con detalle más adelante este misterioso poder.

Aunque las referencias de Louis Jacolliot a Asgharta eran muy breves, tomadas en el contexto de sus amplios veintiún volúmenes sobre la historia antigua de la India, fueron sin embargo lo bastante intrigantes para atraer la atención de otros dos contemporáneos, cada uno de ellos tan diferentes de él y del otro como quepa imaginar. El primero era un extraño y grandilocuente ocultista francés llamado Saint-Yves d' Alveydre, y el otro una ex¬traordinaria dama rusa que fundó la Sociedad Teosófica, Madame Helena Blavatsky. Ambos, cada uno a su modo, estaban buscando a Agharti, e hicieron sus contribuciones específicas al desarrollo del interés por el tema.

18 de octubre de 2010

El Agartha - Débora Goldstern

El Agartha
Débora Goldstern


Mapa señalando el Agarthi

Hoy Crónica Subterránea presenta un texto clásico, dentro de la bibliografía subterránea. Bajo la tutela de Alec Maclellan, El Mundo Perdido de Agarthi (1980), resulta un particular estudio de este autor, que luego de protagonizar una extraña experiencia en las campiñas inglesas, se adentra en en la búsqueda de respuestas, sobre el "enigma de los enigmas".

Aunque por mucho tiempo traté de hacerme con el material, ya que actualmente resulta un libro muy difícil de conseguir en las bateas, gracias a los oficios del amigo Marcelo Martorelli, pude acceder finalmente a su lectura.

El escrito resume a los autores más representativos del tema, y es una interesante introducción para aquellos neófitos que deseen comenzar a transitar la aventura subterránea. Sin embargo para quién escribe, el autor no deja de caer en los mismos errores o confusiones cometidos también por otros investigadores, que en su apresuramiento no consiguen traspasar la "puerta", en cuanto a este misterio, arañando tan solo una superficie no siempre muy sólida.

Por otra parte Maclellan, basa su visión en Agartha, lo cual repetimos no debe confundirse con Shambhallah, mezclando por momentos ambos centros en una terminología que sin la seña correcta conduce al "error".

Más allá de estas recomendaciones, el libro cuenta con datos interesantes, y desde ya alentamos a los lectores no perder la oportunidad de tenerlo como referencia en cuanto al mundo subterráneo.

Como muestra, reproducimos uno de los capítulos más inquietantes, y que creemos vale la pena conocer.



UNA EXTRAÑA EXPERIENCIA SUBTERRÁNEA
EL MUNDO PERDIDO DE AGHARTI - Alec Maclellan






El día en que iba a tener una de las experiencias más extrañas e intimidantes, de mi vida, pero en última instancia más fascinante, empezó de un modo bastante ordinario.

En compañía de algunos parientes, me hallaba de vacaciones en el West Riding de Yorkshire, en el austero pero agradable pueblo de Keighley, muy cerca del famoso Llkley Moor. Era un día de verano, y el cielo azul claro y la fuerte luz del sol ponían de relieve las colinas del norte. Apenas merecen el nombre de montañas, pues son anchas y achaparradas, y la más alta, Great Whemside, sólo mide 649 metros de altura.

Aquella mañana había partido en dirección al Great Whemside. Me había levantado pronto y dirigido hacia Grassington, desde donde tenía pensado caminar por el agradable valle del río Wharfe. Como me encanta la historia antigua, difícilmente podía haber elegido un lugar mejor para empezar mi paseo que Grassington, pues allí, en Lea Green, están los restos de un pueblo de la Edad del Hierro que estuvo ocupado desde el año 200 a. de C. al 400 de nuestra era. Los pequeños montículos circulares y las piedras trabajadas cubiertas de hierba ofrecían una evidencia muda de que éste fue uno de los puntos más poblados de los valles durante la Edad del Hierro, y mostraban también, el motivo por el que se le considera una de las sedes prehistóricas más interesantes de Inglaterra. Como ha escrito Lettice Cooper en Yorkshire West Riding (1950):

"Grassington ha sido siempre fa metrópoli de Wharfedale. Hay restos allí de una ciudad prehistórica anterior al momento en que los romanos descubrieron las minas de plomo que le dieron importancia. Grassington y Untan, en el valle inferior, son particularmente ricos en flores silvestres y cuentos de hadas. Hay leyendas que hablan de los temidos "barguest", los perros fantasmas de los valles, cuya apancron predice el desastre; y Fairy Hole (agujero de hadas) es el nombre que se da a una abertura baja en la roca caliza."

Todo era paz y tranquilidad cuando inicié mi paseo por el valle. Es extraño, sin embargo, que volvieran a mi mente algunas palabras que había leído la tarde anterior; eran de Daniel Defoe y trataban sobre su gira por West Riding en los primeros años del Siglo XVIII. Hablaban de las montañas del Upper Wharfadel que tenía delante de mí bajo la luz caliente del sol, y decían: Son mas terribles que cualquiera de las Monmouthshire o Derbysire, especialmente Pingent Hill." Miré hacia delante a mi izquierda y pude divisar apenas la cima plana de "Pingent Hill", conocido ahora como Penyghent, y me sorprendió que Defoe se hubiera sentido tan perturbado ante aquella escena. Sabia que había vivido en una época en la que no se admiraba la belleza salvaje, pero su hostilidad llegaba casi al miedo. Inesperadamente, un estremecimiento recorrió mi columna vertebral. Entonces entendí lo que es un presagio... . . "

Caminé por Grassington Moor y VI la primera evidencia de las minas que, en parte, me atrajeron hacia aquella zona. Por lo que pude leer antes de llegar a Yorkshire, sabía que en el valle del río Wharfe había habido minería de plomo durante Siglos, y que se había trabajado con pozos y niveles, en lugar de con desenterramientos por medio de corrientes, método más tradicionales. Como es natural, por este motivo acudieron los curiosos además de los mineros. El reverendo Baily Harker, en su guía pionera, Rambles in Upper Wharfedale, publicada en 1869, estimulaba de hecho a los turistas a que visitaran las minas. "Recomendaría a los visitantes un viaje por el subsuelo", escribía, aunque el descenso pueda asustarles un poco. Se puede llegar al fondo de algunos de los pozos mediante escaleras, yen algunos otros casos mediante cuerdas.

Las minas, desde luego, llevaban cerradas casi un siglo, aunque ocasionalmente podía verse a un alma fuerte rebuscando entre los montones de desperdicios para encontrar pedazos de varitas y mena de plomo que hubieran dejado los antiguos mineros. En mi caminata pasé junto a algunos de esos montones de desechos, y por las notas que tenía pude identificar algunas de las famosas minas de Moss, Sara, Beaver, Turf Pits y Perú. Me era posible sentir que en algún tiempo ese paisaje había rebullido con la actividad de unos mineros que producían plomo por valor de miles de libras anuales. Ahora, bajo la luz del sol de la mañana, todo estaba quieto y silencioso.

Para ser sincero, sin embargo, he de decir que no sólo las minas me habían atraído a Wharfe Valley. También estimularon mi interés las historias de cuevas y túneles antiguos que se decía abundaban en la zona. Unos días antes había hecho una visita al Pig Yard Club Museum, en Settle, que contiene una serie de recuerdos, todos los cuales te hacen apreciar el motivo de que de las cuevas de esta zona se haya dicho que eran "un vademécum de la vida en los tiempos remotos". Contemplando aquella notable colección recordé el comentario que hacía G. Bernard Woods en su Secret Britain (1968) de que "deberíamos comprender nuestra pertenencia a un mundo casi ilimitado en el que aún bullen los secretos, algunos de ellos medio dichos".

Entre los elementos de la colección se halla el cráneo de un gran oso de cueva, evidencias de un elefante de co/mi 1I0s rectos y un rinoceronte de esbelta nariz, un arpón de pesca hecho con un Cuerno de ciervo y una gran variedad de ornamentos Y monedas antiguas; todo ello desenterrado de las cuevas de la zona. Mi emoción al contemplar todas aquellas muestras se asemejó mucho a la de Mr. Wood, quien también escribió en su libro:" Los problemas modernos se me sitúan pronto en perspectiva al contemplar tales evidencias de peligros pasados, de humildes tareas hogareñas, o quizá de felicidad doméstica." _
.
No necesitaba de más estímulo para explorar Wharfe Valley. Sin embargo, sabía también que aunque algunas de las cuevas y túneles estaban fechadas en el mesolítico, neolítico, y los períodos del bronce y del hierro, había otras mucho más asombrosas, mucho más misteriosas, pocas de las cuales fueron investigadas de pleno y conocía la extraordinaria declaración de un tal Dr. Buckland, que exploró la Kirkdale Cave en 1882, y había querido demostrar en su libro, Reliquieae Diluvianae, que los restos que él halló "pertenecieron a hombres que habían sido barridos por el diluvio de Noé".

Caminar por el valle en aquel día de verano no resultaba duro, y antes de darme cuenta de ello me encontraba a la sombra del Great Whernside. Había ya visto muchas evidencias de las cimas que forman en la zona un gran sistema subterráneo natural, y que atraen a muchos espeleólogos cada año, pero en lo que me hallaba más interesado era en las cuevas. Me encontraba en un punto intermedio entre los pequeños pueblos de Kettlewell y Starbotton, en donde los escarpados bordes de la colina cercan el valle, cuando vislumbre fugazmente la entrada de una cueva en la ladera de la colina. Desde donde me encontraba ni siquiera tenía la seguridad de que se tratara de una cueva, pero para entonces estaba ya ansioso por explorar algo y volví mis pasos en aquella dirección.

Al acercarme, me di cuenta de que no me habla equivocado: aunque la entrada a la cueva era muy pequeña y estrecha., Saque la linterna que llevaba e iluminé con su haz de, luz a través de la pequeña abertura. Sólo la oscuridad se extendía ante mis ojos, y podía oír el sonido suave del agua que goteaba desde el techo de la cueva. En cuanto entré, percibí una corriente de aire frío. Vacilé un momento, y me pregunté si realmente valía, la pena explorar algo tan poco prometedor. Pero ¿era ése el autentico motivo de mis dudas, me pregunté a mí mismo, o podía achacarlas al nerviosismo que sentía? .


Me decidí, por tanto. Había llegado tan lejos para contemplar una cueva, y lo haría. Me abotoné la chaqueta y el cuello de la camisa, y me puse en movimiento siguiendo el poderoso haz de luz blanca de la linterna. Las paredes de la cueva parecían descender gradualmente y luego tomaron una forma de túnel más regular. El suelo que pisaba era duro y rocoso, aunque de vez en cuando chapoteaba en pequeñas charcas de agua. Sólo el sonido de mi respiración y mis pasos rompía el silencio, y delante de mí la luz revelaba que el túnel continuaba descendiendo gradualmente sin apenas curva alguna. Me volví una vez para mirar a mis espaldas, pero sólo comprobé la oscuridad impenetrable.

Debí andar unos diez minutos antes de detenerme. No había ningún indicio de que el túnel fuera a cambiar de altura o pendiente, y me pregunté a mí mismo por cuanto tiempo proseguiría

Pensé que había encontrado y explorado uno de los extraños túneles subterráneos del West Riding. No era espeleólogo, y por tanto de nada servía que siguiera más allá. Algo arrepentido ya, pensé que hasta podría ponerme en peligro si me equivocaba en algo.

El sentido común, y quizá una sensación de inquietud, me hicieron decidirme. Investigué con la linterna a mi alrededor, y cuando iba a volver sobre mis pasos algo me detuvo. Al haber movido la linterna había captado con el rabillo del ojo un débil brillo lejos, delante de mí en el túnel. Evidentemente, la luz penetrante de mi linterna lo había ocultado hasta aquel momento.

Escudriñé más para asegurarme de que no estaba equivocado. No, había claramente un brillo apagado a alguna distancia por delante de mí. Dudé durante un momento. ¿Debía investigar o regresar? Mientras estaba allí, detenido a la luz del túnel, parecía crecer en intensidad, aunque podía tratarse sólo de una ilusión. Con precauciones, volví a desplazarme de nuevo hacia delante, dirigiendo ahora el haz de una linterna a los pies. Caminé con cuidado, reteniendo casi la respiración, durante unos 50 metros. Desde allí pude darme cuenta de que la luz era de color verde y de que parecía titilante. No tenía la menor idea de cuál podía ser su origen y me detuve de nuevo.

Entonces sucedió algo aún más extraordinario, Al principio pensé que aquel sonido era el de mi propia respiración, pero luego discerní con claridad un suave zumbido que gradualmente iba creciendo en intensidad. Mientras así lo hacía, sentí que, bajo mis pies, el suelo comenzaba a vibrar, al principio muy suavemente, pero creciendo de modo uniforme en intensidad. El zumbido se había convertido en un retumbar, y simultáneamente la luz verde parecía titilar con mayor fuerza. Sentí el latido de mi corazón, y en la oscuridad me sobrecogió un repentino terror. Tenía la impresión de que algo venía hacia mí.


¿Qué demonios estaba sucediendo? ¿Qué era aquella extraña luz? ¿Y qué estaba causando aquella vibración bajo mis pies? Creí hallarme en el túnel de alguna mina de Yorkshire largo tiempo olvidada, pero mis sentidos parecían decirme que había entrado en un lugar mucho más extraordinario.

En los momentos siguientes, el titilar de la luz y el movimiento del suelo crecieron aún más, y llegué a pensar que el túnel caería sobre mí. Ese pensamiento deshizo el sentimiento de asombro que me había sobrecogido, y sin pensarlo más me di la vuelta y corrí hacia atrás por el pasadizo.
No dejé de correr hasta que salí, jadeante, a través de la entrada del túnel y sentí la luz del sol y el calor de aquel día de verano. Me dejé caer exhausto sobre el suelo y traté de recuperar la respiración. Gradualmente, desapareció mi pánico y traté de comprender lo sucedido.



No cabía duda respecto a la luz verde que había visto ni a la sensación de que la tierra temblara bajo mis pies. Si las minas de aquella zona del país estuvieran siendo aún trabajadas, hubiera tratado de convencerme de que me había acercado mucho a algún pozo subterráneo. Si en alguna zona de esta parte de Yorkshire existiera un tren subterráneo, podría haber pensado que había entrado en un pozo de ventilación. Pero no pude encontrar ninguna explicación lógica a la experiencia que acababa de vivir. * CITA 1

La extraña luz verde era diferente a cualquiera que hubiese visto antes, y el ruido me dio la impresión de proceder de una enorme máquina. ¿Pudo tratarse de una luz y de algún extraño medio de transporte subterráneos? En aquel momento no estaba seguro de por qué esos pensamientos llegaban a mi mente. Y ahora, una década más tarde, no estoy seguro de que sean la solución correcta, aunque, como este libro trata de demostrar, pueden no estar muy lejos de la verdad. He de admitir que nunca he vuelto para encontrar ese túnel, y dudo de que pudiera hacerlo ahora. Aquel mismo día, al regresar al Keighley, comenté mi experiencia con mis parientes y amigos, y lo que me dijeron me convenció de que no se había tratado de un sueño o una ilusión y de que, con toda probabilidad, había experimentado las mismas sensaciones que dieron lugar a la gran tradición en el West Ridingde Yorkshire, que dice que en alguna parte de los valles se encuentra la entrada a un mundo subterráneo. Era común la afirmación de que este reino subterráneo era el albergue de hadas, duendes y enanos; pero algunas personas mantienen que, en realidad, es el lugar donde habitan personas como nosotros que han vivido ocultas a la vista del hombre desde tiempo inmemorial. Aunque en mi investigación posterior, en la que traté de solucionar el misterio de mi experiencia, encontré abundantes detalles acerca de un "submundo de hadas" (cfr. A Tour of the Caves, 1781, del Reverendo John Hotten, quien ha escrito que las cuevas de Wharfedale eran "alternativamente el hábitat de gigantes y hadas, según predominara una diferente mitología en el país"), fue en realidad en el trabajo de un hombre-que vivía en esos momentos en Wharfedale donde encontré la evidencia más notable de todas. Ese hombre era Charles James Cutcliffe-Hyne (1865¬1944), quien, aunque en la práctica es un autor olvidado hoy en día, sigue siendo recordado por algunos viejos lectores como el creador del duro e implacable aventurero, el capitán Kettle.

Lo que me interesó en un principio de Cutcliffe-Hyne fue el hecho de que hubiera vivido en Kettlewell, a tan sólo unos kilómetros de la extraña cueva donde viví mi experiencia. En segundo lugar, que hubiera ganado cierta fama como osado aventurero que gustaba de la exploración, y que estaba obsesionado con la leyenda de la perdida Atlántida. * Cita 2 Y, en tercer lugar, que había escrito un libro, actualmente muy raro de encontrar, Beneath Your Ver! Boots (publicado en 1889), sobre un reino subterráneo, que según las murmuraciones de Wharfedale estaba basado en hechos que había descubierto realmente.

Cuando pude obtener un ejemplar y leerlo, descubrí que algunos de los hechos coincidían exactamente con mis propias experiencias. La historia cuenta las aventuras de un tal Anthony Haltoun en un mundo subterráneo al que consigue entrar por una cueva "en el valle del Wharfe, cerca de su principio". La entrada está en "el flanco norte del valle", y el joven entra a pesar de un aviso de un habitante de la localidad para que "deje las cuevas en paz, evitando que le cacen las gentes que viven en ellas". Haltoun nos dice que el pasadizo no tenía nada que ver con el de una mina de plomo, "pues las minas de Wharfeale son casi todas horizontales", mientras que este se dirigía hacia abajo, con una pendiente gradual. Al caminar por él, se encuentra con una luz brillante que titilaba en la oscuridad y descubría a un grupo de hombres que avanzaban hacia mí". Al acercarse a aquellos hombres, la tierra empezaba también a moverse y temblar, y el asombrado Haltoun se desmayó.

Cuando recobra el sentido, el narrador descubre que ha caído en manos de una raza subterránea llamada los nradas, gentes de piel blanca y cabellos rubios que han vivido en un estado de armonía y paz desde tiempos prehistóricos. No eran partidarios de la guerra, y fue su "odio a los combates lo que les hizo, en primera instancia, buscar abrigo bajo el suelo, pues se estaba produciendo una carnicería". Haltoun pregunta a sus huéspedes: "-¿ He de entender que hay una colonia haciendo vida normal en esta cueva? .


-Bien sí en parte; pero en vez de colonia hay que hablar de nación, y en vez de cueva de un laberinto casi interminable. Nuestras habitaciones y los túneles que las conectan se ramificaban bajo la totalidad de las Islas Británicas, y en muchos lugares debajo de los mares.". Los nradas le explicaron que estaban gobernados por un Radon, "quien es supremo tanto en las cosas temporales como en las espirituales. El es al mismo tiempo, gobernante y deidad. Se dice que Radon es una figura mavestática, vestida con ropas de oro que vive en una ciudad hermosa y cavernosa. El numero .de los 'habitantes de esta metrópoli subterránea "es un poco superior a diez mil. .. , aunque hay otros veinte mil más en un Circuito de diez millas que circunda aquélla".

Los nradas le dicen también a Haltoun que se aprovecharon de la estructura de la tierra para crear su mundo subterráneo. "En primer lugar, la corteza terrestre es vesicular, es decir, esta llena de agujeros formados por convulsión titánica o por la erosión irresistible del agua; y en segundo lugar, todas estas cavidades están ventiladas por invisibles pozos de aire." La mayona, de estos túneles eran de formación natural; pero "aquí y allá un túnel más simétricamente esculpido era indicativo de la mano del hombre. (Posteriormente, Haltoun llega a creer que esos pasadizos fueron taladrados con herramientas giratorias acabadas en diamantes que habían sido extraídos del subsuelo.) Para iluminar su mundo, y también para impulsar los vehículos que los transportaban a través de los túneles, los nradas habían utilizado "el poder interno de la tierra, extraído con profundos taladros".

Cutcliffe-Hyne niega a sus lectores detalles más exactos del mundo subterráneo que he citado aquí. Pero en su autobiografía, My Joytul Lite, publicada en 1935, se refiere a esta novela y a una leyenda en la que está basada; y al hacerlo así añade una dimensión totalmente nueva a la historia que es la que me impulsó a la investigación de la que finalmente ha resultado este libro. En My Joytul Lite, volumen muy difícil de encontrar ahora Cutcliffe-Hyne describe primero el modo en que llegó a interesarse por las minas de West Yorkshire cuando era un niño:

"Sospecho que debo ser un poco la reencarnación de algún antepasado cavernícola, pues mis gustos han sido siempre algo troglodíticos. Mi padre era vicario de Bierley, un pueblo grande y desordenado de West Riding, donde abundaban las minas de carbón. Yo tenía mucho trato con uno de sus feligreses, un capataz de mina, y con él solía descender a los pozos de la zona siempre que quería llevarme. Puede decirse que entré muy joven en la minería, puesto que "cargué" mi primera vagoneta de carbón a la edad de diez años. Los pozos de Bierleyeran pequeños y (mirando hacia atrás) muy primitivos. Las viejas máquinas de vapor, los engranajes y la ventilación del horno hubieran inquietado mucho a un inspector gubernamental de hoy. Pero me enseñaron a vencer el vértigo y la claustrofobia, y a cuidar instintivamente de la seguridad de mi propia piel."

* La creencia en la existencia de una entrada al mundo subterráneo en esta parte de Yorkshire se expresa también en la novela Land Under England, de Joseph O'Neill (1886-19531, publicada en 1935. O'Neill, que fue secretario permanente del Departamento de Educación del estado libre irlandés desde 1923 a 1944, describe una antigua sociedad totalitaria de gentes que vivían bajo el suelo en cuevas y pasadizos, y que utilizaban la telepatía para controlar la mente de sus habitantes. En aquel tiempo, el libro fue considerado en parte como un ataque alegórico a la Alemania nazi. Esta introducción al mundo "bajo nuestros pies" fue también la causa de que se interesara por las innumerables leyendas sobre las cuevas y minas del West Riding. Posteriormente, cuando estaba en la universidad de Cambridge, aprendió alpinismo y fue presidente del Ciare Alpine Club; "la dignidad se concedía. por saltar a través del cañón que separaba nuestra capilla del Trinitv Hall, depositando en los escalones del tejado un tarro vacío de mermelada, y volver a casa indemne". Esta escapada le fue útil en su vida posterior, cuando la aventura le llevó por todo el mundo, a lugares como Europa, Escandinavia, Africa, México, Sudamérica, "tanto por precipicios como por cuevas y minas profundas:'.

La exploración de cuevas se convirtió en la afición principal de Cutcliffe-Hyne, y en su autobiografía describe haber explorado pasadizos subterráneos en Yorkshire, en varios lugares de Europa y Africa, y haber buscado un tesoro perdido en una cueva de México. En estas expediciones oyó por primera vez historias sobre un reino subterráneo que se decía estaba vinculado a todas las naciones del mundo. "En Sudamérica oí decir que existían enormes túneles que atravesaban el continente, y que finalmente estaban en conexión con aquel lugar prohibido. Más curioso aún eran las conversaciones similares en Europa, e incluso algunos ancianos del West Riding conocían la historia y creían que había entradas en sus propias cuevas. Se decía que aquel reino tenía el nombre de Agharti". Leí el libro de Cutcliffe-Hyne con absoluta fascinación. La idea de un reino subterráneo conectado con todos los continentes del mundo por una gigantesca red de pasadizos era sorprendente y ponía en ebullición la mente. Si la leyenda era cierta, debía existir un mundo perdido bajo nuestros pies que ni el tiempo ni las actividades de la humanidad habían perturbado durante generaciones y así empecé mi investigación acerca de este mundo perdido llamado Agharti, y de su extraordinaria y antigua historia, tal como describiré en las páginas que siguen ...

La idea de la existencia de un mundo oculto bajo la superficie de nuestro planeta es, ciertamente, muy antigua. Innumerables', cuentos populares y tradiciones orales en muchos países del mundo hablan de pueblos subterráneos que han creado un reino de armonía y alegría que no se ve perturbado por el resto de la humanidad. También la literatura cuenta con varias obras sobre este tema -Niels Ktim's Journey Underground, del danés Ludvig Baron von Holberg (1741), es quizá el ejemplo preeminente-, y los artistas y poetas también se han sentido atraídos por el tema en numerosas ocasiones.

A primera vista, muchos de los relatos sólo parecen fantasías; deliciosos cuentos de seres etéreos que están siempre a flor de la conciencia humana. Pero cuando estas historias se unen y se comparan, resultan evidentes algunas sorprendentes similitudes entre todas ellas. Con independencia de cuál puede ser su origen existe un curioso hilo de verdad subyacente a todas ellas. Nicholas Roerich, explorador, artista y sabio ruso, de quien hablaremos detalladamente más adelante, ha expresado este hecho del modo más convincente en su libro Abode of Light (1947):

"Entre las innumerables leyendas y relatos de hadas de diversos países se pueden encontrar los cuentos de tribus perdidas o habitantes subterráneos. En amplias y diversas direcciones, los pueblos hablan de hechos idénticos. Pero al correlacionarlos, se ve rápidamente que no son más que capítulos de la misma historia. Al principio parece imposible que exista alguna conexión entre estos rumores distorsionados, pero después se empieza a captar una coincidencia peculiar en estas múltiples leyendas de pueblos que son incluso ignorantes de los nombres de los otros. "Se reconoce la misma relación en el folklore del Tíbet, Mongolia, China, Turkestán, Kashmir, Persia, Altai, Siberia, los Urales, Caucasia, las estepas Rusas, Lituania, Polonia, Hungría, Francia, Alemania ... ; desde las más altas montañas hasta los océanos más profundos, cuentan cómo una tribu sagrada fue perseguida por un tirano y cómo el pueblo, no deseando someterse a la crueldad, se encerró en el interior de las montañas. Incluso te preguntan si quieres ver la entrada por la que huyó el pueblo santo ... "

Con el paso de los años, este reino de los exiliados recibió diversos nombres. Si se le consideró como un lugar del mal, se le ha denominado Infierno, Hadas o Tártaro. Pero si, como suele haber sucedido, se le ha considerado como un lugar de bondad y luz, se le ha denominado Shangri-Ia, Shamballah o, sobre todo, Aghar-(Hay que señalar que esta palabra, Agharti, se ha escrito como Asgharta, Agharta o Aghanti; pero que como aparece mas generalmente es en esta última forma; por tanto, es la que he adoptado a lo largo de todo el libro). Tomando la leyenda en su forma más básica, se dice que Agharti es un misterioso reino subterráneo situado en alguna parte bajo Asia, y vinculado con los otros continentes del mundo mediante una gigantesca red de túneles. Estos pasadizos, en parte formaciones naturales y en parte debidas al trabajo de la raza que creó la nación subterránea, proporcionan un medio de comunicación entre todos los puntos, y así ha sido desde tiempo Inmemorial. De acuerdo con la leyenda, hoy día existen grandes longitudes de túneles: el resto ha quedado destruido por cataclismos. Se dice que sólo algunos altos iniciados conocen la localización exacta de estos pasadizos y sus medios de entrada, y que los detalles son cuidadosísimamente guardados, pues el reino mismo es un gran almacén de conocimiento secreto. También se dice que hay manuscritos pertenecientes a la civilización perdida de la. Atlántida, e inclus. de un pueblo anterior que estuvo constituido por los primeros seres inteligentes que habitaron la tierra.

No cabe duda de que existen misteriosos pasadizos ba]o la superficie terrestre. John Michell y Robert J. M. Rickard han escrito en su libro, Phenomena (1977): "Cuando buscamos una evidencia física que apoye estos relatos, tropezamos con el mayor y más reprimido de los secretos arqueológicos: la existencia de vastos e inexplicables sistemas de túneles, en parte artificiales y en parte naturales; bajo la superficie de una gran parte de la tierra ... El libro de Baring-Gould, Cliff Castles and Cave Dwellings of Europe, contiene sorprendentes notas sobre las extensas estructuras de cuevas y túneles que hay bajo Francia y otros países. En Archsic England, de Harold Bayley, se dan informes de antiguos viajeros por grandes túneles que se extendían por una gran parte de Africa, incluyendo uno que hay bajo un río llamado Kaoma, "tan extenso que la caravana tardó desde el amanecer hasta la medianoche en traspasarlo". Mientras escribimos esto, en julio de 1976, se da la noticia de una expedición en Sudamérica respaldada militarmente, con el doble objetivo de investigar el enigma de las ciudades de piedra "tecnológicamente imposibles" de las altas montañas y explorar la gran red de túneles misteriosos que se dice recorren todos los Andes. Si queremos demostrar la existencia. de un mundo vivo debajo del nuestro, no tendremos dificultad en señalar las entradas al submundo y no faltan evidencias históricas de contactos entre los hombres y lo subterráneo." Michell y Rickard hacen también la siguiente interesante declaración: "Si suponemos, como muchos chiflados y grandes hombres han supuesto antes que nosotros, que existe vida en un mundo subterráneo que ocasionalmente se mezcla con la nuestra muchos de nuestros fenómenos extraños parecerán razonables":

Si observamos las doctrinas de los budistas, podemos encontrar también una serie de hechos relacionados con Agharti. De acuerdo con estas enseñanzas, el reino está localizado a gran profundidad dentro del planeta y habitado por millones de personas gentiles y pacíficas, Están gobernadas por un ser sabio e increíblemente poderoso llamado Ridgen Jyepo, "el Rey del Mundo" que vive en un magnífico hábitat en la capital de Agharti llamada Shamballah. Desde ahí tiene contacto con los representantes del "mundo superior", y por tanto puede influir en las costumbres del "mundo de la superficie". Se dice también que "el Rey del Mundo" se halla en comunicación directa con el Dalai Lama del Tíbet.



CITA 1
* Me han sugerido que la luz verde pudo haber sido causada por un extraño fenómeno conocido como fuego fatuo, que es el resultado del gas pantanoso en la tierra putrefacta y produce pequeñas llamas; y que el ruido se debía simplemente al movimiento repentino de algunas rocas subterráneas. Aunque es innegable que ambas explicaciones son posibles, no acaban de convencerme. .

CITA 2
* Una gran parte de la historia de Cutdiffe-Hyne es pura fantasía, con toda seguridad fantasía gozosa; pero en toda la obra hay también una poderosa vena de autenticidad, un sentimiento de que algunos de los hechos son ciertos, y que otros, aunque indemostrables, se basan en viejas tradiciones donde se pueden encontrar siempre elementos auténticos.

20 de octubre de 2008

"Bestias, Hombres y Dioses" - El Rey del Mundo - Ferdinand Ossendowski- Débora Goldstern


 "Bestias, Hombres y Dioses"
El Rey del Mundo - Ferdinand Ossendowski
Débora Goldstern 


Hoy vamos a tratar uno de los textos más representativos del Mundo Subterráneo. Se trata de: “Bestias, Hombres y Dioses”, de Ferdinand Ossedonwski. Este autor de origen polaco, narró sus peripecias en tierras tibetanas.

Sin embargo aquel estudio de corte biográfico, adquirió fama por uno de sus capítulos, donde se hacía mención al Rey del Mundo, y el Imperio Subterráneo de Agartha.

Ossedonwski, no fue el primero en introducir este tema en Occidente, ya que su antecesor fue un esoterista francés, el marqués de Alexander Saint –Yves d’ Alveydre, que en 1885 publicó Misión de la India en Europa, oscuro texto donde daba cuenta de su encuentro con un misterioso representante del Agartha.

“Bestias, Hombres y Dioses vió la luz en 1922. Aquí el fascinante relato.


El Misterio de los Misterios
El Rey del Mundo
Por Ferdinand Ossendowski
Capítulo XLVI

El Reino Subterráneo

¡Deteneos! -murmuró mi guía mongol un día que atravesábamos el llano cerca de Tzagan Luk-. ¡Deteneos!

Y se dejó resbalar desde lo alto de su camello, que se tumbó sin que nadie se lo ordenase. El mongol se tapó la cara con las manos en actitud de orar y comenzó a repetir la frase sagrada: Om mani padme Hung.

Los otros mongoles detuvieron también sus camellos y se pusieron a rezar.

-¿Qué sucede? pensé yo, mirando en torno mío la hierba verde pálido que se extendía por el horizonte hasta un cielo sin nubes, iluminado por los últimos rayos soñadores del sol poniente.

Los mongoles rezaron durante un momento, cuchichearon entre ellos y después de apretar lar cinchas de los camellos reanudaron la marcha.

-¿No habéis visto -me preguntó el mongol -cómo nuestros camellos movían las orejas espantados, cómo los caballos en la llanura quedaban inmóviles y atentos y cómo los carneros y el ganado se echaban en el suelo? ¿No observasteis que los pájaros dejaron de volar, las marmotas de correr y los perros de ladrar? El aire vibraba dulcemente y traía de lejos la música de una canción que penetraba hasta el corazón de los hombres, de las bestias y de las aves. La tierra y el cielo contenían el aliento. El viento cesaba de soplar; el sol detenía su carrera. En un momento como aquél, el lobo que se aproximaba a hurtadillas a los carneros hace alto en su marcha solapada; el rebaño de antílopes, amedrentado, retiene su ímpetu peculiar; el cuchillo del pastor, dispuesto a degollar al carnero, se le cae de las manos; el armiño rapaz cesa de arrastrarse detrás de la confiada perdiz salga. Todos los seres vivos, transidos de miedo, involuntariamente sienten la necesidad de orar, aguardando su destino. Esto era lo que entonces ocurría, lo que sucede siempre que el Rey del Mundo, en su palacio subterráneo, reza inquiriendo el porvenir de los pueblos de la tierra.

Así habló el mongol, pastor simple e inculto.

Mongolia, con sus montañas peladas y terribles, sus llanuras limitadas cubiertas de los huesos esparcidos de los antepasados, ha dado origen al misterio. Este misterio, su pueblo, aterrado por las pasiones tormentosas de la naturaleza o adormecido por la paz de la muerte, lo siente en su plena magnitud y los lamas, rojos y amarillos, lo perpetúan y poetizan. Los pontífices de Urga y Lhassa guardan su ciencia y su posesión.

Ha sido durante mi viaje a Asia central cuando he conocido por primera vez el misterio de los misterios, pues no puedo llamarlo de otra manera. Al principio no le concedí mucha atención, pero comprendí después su importancia al analizar y comparar ciertos testimonios esporádicos y frecuentemente sujetos a controversias.

Los ancianos de las riberas del Amyl me refirieron una antigua leyenda, según la cual una tribu mongola, intentando huir de las exigencias de Gengis Jan, se ocultó en una comarca subterránea. Más tarde un soyoto de los alrededores del Nogan Kul me mostró, así que se disipó una nube de humo, la puerta que sirve de entrada al reino de Agharti. Antaño penetró por esa puerta en el reino un cazador, y a su vuelta empezó a contar lo que había visto. Los lamas le cortaron la lengua para Impedirle hablar del misterio de los misterios. Ya viejo, volvió a la entrada de la caverna y desapareció en el reino subterráneo cuyo recuerdo tanto encantó y regocijó su corazón de nómada.

Obtuve informes más detallados de labios del hutuktu Jelyl Dyamsrap de Narabanchi Kure. Este me narró la historia de la llegada del poderoso Rey del Mundo a su salida del reino subterráneo, su aparición, sus milagros y profecías, y entonces solamente empecé a comprender que en esta leyenda, esta hipnosis, esta visión colectiva, de cualquier modo como se la interprete, se encierra, a m s de un misterio, una fuerza real y soberana, capaz de influir en el curso de la vida política de Asia. A partir de ese momento, comencé mis investigaciones.

El lama Gelong, favorito del príncipe Chultun Beyli, y el príncipe mismo, me hicieron la descripción del reino subterráneo.

-En el mundo -dijo el Cielong-, todo se halla constantemente en estado de transición y de cambio: los pueblos, las religiones, las leyes y las costumbres. ¡Cuántos grandes imperios y brillantes constituciones han perecido. Lo único que no cambia nunca es el mal, el instrumento de los espíritus perversos. Hace más de seis mil años, un hombre santo desapareció con toda una tribu en el interior de la tierra y nunca ha reaparecido en la superficie de ella. Muchos hombres, sin embargo, han visitado después ese reino misterioso: Sakya Muni, Nadur Gheghen, Paspa, Baber y otros. Nadie sabe dónde se encuentra situado. Dicen unos que en el Afganistán, otros que en la India. Todos los miembros de esta religión están protegidos contra el mal, y el crimen no existe en el interior de sus fronteras. La ciencia se ha desarrollado en la tranquilidad y nadie vive amenazado de destrucción. El pueblo subterráneo ha llegado al colmo de la sabiduría. Ahora es, un gran reino que cuenta con millones de súbditos regidos por el Rey del Mundo. Éste conoce todas las fuerzas de la naturaleza, lee en todas las almas humanas y en el gran libro del destino. Invisible, reina sobre ochocientos millones de hombres, que están dispuestos a ejecutar sus órdenes.

El príncipe Chultun Beyli agregó: -Este reino es se extiende a través de todos los accesos subterráneos del mundo entero. He oído a un sabio lama decir al Bogdo Jan que todas las cavernas subterráneas de América están habitadas por el pueblo antiguo que desapareció de la tierra. Aún se encuentran huellas suyas en la -superfice del país. Estos pueblos y estos espacios subterráneos, dependen de jefes que reconocen la soberanía del Rey del Mundo. En ello no hay gran cosa sorprendente. Sabéis que en los dos Océanos mayores del Este y el Oeste habla remotamente dos continentes. Las aguas se los tragaron y sus habitantes pasaron al reino subterráneo. Las cavernas profundas están iluminadas con un resplandor particular que permite el crecimiento de cereales y otros vegetales y da a las gentes una larga vida sin enfermedades. Allí existen numerosos pueblos e incontables tribus. Un viejo brahmán budista de Nepal, obedeciendo la voluntad de los dioses, hizo una visita al antiguo reino de Gengis, Siam, y en ella encontró un pescador, quien le ordenó que ocupase su barca y bogase con él hacia el mar. Al tercer día arribaron a una isla donde vivía una raza de hombres con dos lenguas, que podían hablar separadamente idiomas distintos. Les enseñaron animales curiosos, tortugas de dieciseis patas y un solo ojo, enormes serpientes de sabrosa carne y pájaros con dientes que cogían los, peces del mar para sus amos desconocidos.

Esos isleños les dijeron que habían venido del reino subterráneo y les describieron ciertas regiones.

El lama Turgut, que me acompañó en mi viaje de Urga a Pekín, me proporcionó otros informes.

La caipital de Agharti está rodeada de villas en las que habitan los grandes sacerdotess sacerdotes y los sabios. Recuerda a Lhassa, donde el palacio del Dali Lama, el Potala, se halla en la cima de un monte cubierto de templos y monasterios. El trono del Rey del Mundo se alza entre dos millones de dioses encarnados. Estos son los santos panditas. El palacio mismo se halla circundado por la residencia de los Goros, quienes Poseen todas las fuerzas visibles e invisibles de la tierra, del infierno y del cielo, y pueden disponer a su antojo de la vida y la muerte de los hombres. Si nuestra loca humanidad emprendiese la guerra contra ellos, serían capaces de hacer saltar la corteza de nuestro planeta, transformando la superficie de éste en desiertos. Pueden secar los mares, cambiar los continentes en oceanos y convertir las montañas en arenales. A su mando, los árboles, las hierbas y las zarzas empiezan a retoñar; los hombres viejos y débiles se rejuvenecen y vigorizan y los muertos resucitan. En extraños carros, que nosotros no conocemos, recorren a toda velocidad los estrechos pasillos del interior de nuestro planeta. Algunos brahmanes de la India y ciertos Dala¡ Lamas del Tibet, han conseguido escalar los picos de las cordilleras, nunca hollados hasta entonces por el pie humano, y vieron inscripciones grabadas en las rocas, pisadas en la nieve y señales de ruedas de carruajes. El bienaventurado Sakya Muni encontró en la cima de un monte unas tablas de piedra con letreros que sólo logró descifrar a edad muy avanzada, y penetró luego en el reino de Agharti, del que trajo las migajas del saber sagrado que pudo retener en la memoria. Allí, en palacios maravillosos de cristal, moran los jefes invisibles de los fieles: el Rey del Mundo, Brahytma, que puede hablar a Dios como yo os hablo, y sus dos auxiliares: mahytma, que conoce los acontecimientos futuros, y Mahynga, que dirige las causas de acontecimientos.

Los santos panditas estudian el mundo y sus fuerzas. A veces, los más sabios de ellos se reúnen y envían delegados a los sitios donde jamás llegó la mirada de los hombres. Esto lo describe el Tashi Lama, que vivió hace ochocientos cincuenta años. Los panditas más altos, con una mano en los ojos y la otra en la base del cráneo de los sacerdotes más jóvenes, les adormecen profundamente, lavan sus cuerpos con infusiones de plantas, les inmunizan contra el dolor, les hacen tan duros como la piedra, les envuelven en bandas mágicas y se ponen a rezar al Dios poderoso. Los jóvenes, petrificados, acostados, con los ojos abiertos y los oídos atentos, ven, oyen y se acuerdan de todo. Enseguida un Goro se acerca y clava en ellos una mirada penetrante. Lentamente los cuerpos se levantan de la tierra y desaparecen. El Goro sigue sentado, con los ojos fijos en el sitio al que los envió. Unos hilos invisibles le sujetan a su voluntad y algunos de ellos viajan por las estrellas, asisten a los acontecimientos y observan los pueblos desconocidos, sus costumbres y condiciones. Escuchan las conversaciones, leen los libros y se percatan de las dichas y las miserias, de la santidad y los pecados, de la piedad y del vicio... Los hay que se mezclan a la llama, ven la criatura de fuego, ardiente y feroz, combaten sin tregua, derriten y machacan los metales en las entrarías de los planetas, hacen hervir el agua de los geysers y fuentes termales, funden las rocas y derraman sus materias en fusión sobre la superficie de la tierra y en los orificios de las montarías. Otros se lanzan en busca de los seres del aire, infinitamente pequeños, evanescentes y transparentes, empapándose en sus misterios y descubriendo el objeto de su existencia. Algunos se deslizan hasta los abismos del mar y estudian el reino de las útiles criaturas del agua que transportan y esparcen el calor saludable por toda la tierra, rigiendo los vientos, las olas y las tempestades. En el monasterio de Erdeni Dru vivió antaño Pandita Hutukta, que estuvo en Agharti. Al morir habló del tiempo en que moró, por voluntad del Goro, en una estrella roja del Este, y de cuando voló sobre el Océano cubierto de hielos y vagó entre las llamas ondulantes que arden en las profundidades de la tierra.

Estas son las historias que oí contar en las yurtas de los príncipes y en los monasterios lamaistas. El tono con que me las referían me impedía formular la menor objeción.

Misterio...

CAPÍTULO XLVII

EL REY DEL MUNDO ENFRENTE DE DIOS

Durante mi estancia en Urga intenté hallar una explicación a esa leyenda del Rey del Mundo. Naturalmente, el Buda vivo era quien mejor podía documentarme, y procuré, por tanto, hacerle hablar acerca de ello. En una conversación con, él cité el, nombre del Rey del Mundo. El anciano pontífice volvió bruscamente la cabeza hacia mi lado y fijó en mí sus ojos inmóviles y sin vida. A mi pesar, me quedé callado. El silencio. se prolongó y el pontífice reanudó el diálogo de manera que comprendí no deseaba abordar el tema. En las cams de las demás personas presentes observé la expresión del asombro y espanto que mis palabras hablan producido, especialmente en el bibliotecario del Bogdo Jan. Se comprenderá fácilmente que todo aquello contribuyó a aumentar mi curiosidad y mi afán de profundizar en el asunto.

Cuando salí del despacho del Bogdo Hutuktu, encontré al bibliotecario que, se habla ido antes que yo, y le pregunté si consentiría en que visitase la biblioteca del Buda vivo. Empleé con él una treta inocente.

-Sabed, mi querido lama-le dije, que yo estuve un día en medio del campo, a la hora en que el Rey del Mundo conversaba con Dios, y experimenté la conmovedora impresión del momento.

Sorprendiéndome mucho, el viejo lama me repuso con tono sereno.

-No es justo que el budismo y nuestra religión amarilla lo oculten. El reconocimiento de la existencia del más santo y poderoso de los hombres, del reino bendito, del gran tan templo de la ciencia sagrada, es tan consolador para nuestros corazones de pecadores y nuestras vidas corrompidas, que ocultarlo a la humanidad sería un pecado. Pues bien, oíd -añadió el letrado-: el año entero el Rey del Mundo dirige los trabajos de los panditas y goros de Agharti. A veces, acude a la caverna de¡ templo, donde reposa el cuerpo embalsamado de su antecesor, en un féretro de piedra negra. Esta caverna está siempre obscura, pero cuando el Rey del Mundo entra en ella, en los muros surgen rayas de fuego, y de la cubierta de¡ féretro suben lenguas de llamas. El goro mayor se mantiene junto a él, tapadas la cabeza y la cara, con las manos cruzadas sobre el pecho. El goro no se quita nunca el velo del rostro, porque su cabeza es una calavera de ojos chispeantes y lengua expeditiva. Comulga con las almas de los difuntos.


El Rey del Mundo habla largo rato, luego se aproxima al féretro, extendiendo la mano. Las llamas brillan más intensamente; las rayas de fuego de las paredes se extinguen y reaparecen entrelazándose, formando signos misteriosos del alfabeto vatannan. Del sarcófago empiezan a salir banderolas transparentes de luz apenas visible. Son los pensamientos de su antecesor. Pronto el Rey del Mundo se ve rodeado de una aureola de aquella luz, y las letras de fuego escriben, escriben sin cesar en las paredes los deseos y las órdenes de Dios. En aquel instante, el Rey del Mundo está en relación con las ideas de todos los que dirigen los destinos de la humanidad: reyes, zares, kanes, jefes guerreros, grandes sacerdotes, sabios, hombres poderosos. Conoce sus interiores y sus planes. SI agradan a Dios, el Rey del Mundo los favorecerá con su ayuda sobrenatural; si desagradan a Dios, el Rey provocará su fracaso. Esta facultad la posee Agharti por la creencia misteriosa de OM, vocablo con el que principian todas nuestras plegarias. Om es el nombre de un antiguo santo, el primero de los Goros, que vivió hace trescientos mil años. Fue el primer hombre que conoció a Dios, el primero que enseñó a la humanidad a creer, esperar y a luchar con el mal. Entonces Dios le otorgó poder absoluto sobre las fuerzas que gobiernan el mundo visible.

Después de su coloquio con su antecesor, el Rey del Mundo reúne el Supremo Consejo de Dios, juzga las acciones y los pensamientos de los grandes hombres y les ayuda o les anonada. Mahytma y Mahynga hallan el puesto de esas acciones e intenciones entre las causas que manejan el mundo. Enseguida, el Rey del Mundo entra en el templo, y a solas reza y medita. El fuego brota del altar, y poco a poco se propaga a todos los altares próximos, y a través de la llama ardiente se vislumbra cada vez más claro el rostro de Dios. El Rey del Mundo participa respuestuosamente a Dios las decisiones del Consejo, y recibe a cambio las instrucciones inescrutables del Omnipotente. Cuando abandona el templo, el Rey del Mundo exhala un resplandor divino.

CAPÍTULO XLVIII

¡REALIDAD O FICCIÓN MÍSTICA?

¿Ha visto alguién al Rey del Mundo? -pregunté-

-Sí -contestó el lama-. Durante las fiestas solemnes del primitivo budismo, en Siam y las Indias, el Rey del Mundo se apareció cinco veces. Ocupaba una carroza magnífica tirada por elefantes blancos, engalanados con finísimas telas cuajadas dé oro y pedrería. El Rey vestía un manto blanco y llevaba en la cabeza la tiara roja, de la que pendian hilos dé brillantes que le tapaban la cara. Bendecía al pueblo con sordos oyeron, los impedidos echaron a andar y los muertos se incorporaban en sus tumbas por doquiera fijaba la mirada el Rey del Mundo. También se apareció hace ciento cincuenta años, en Erdeni Dzu, y visitó igualmente el antiguo monasterio de Sakkal y Narabanchi Kure.

Uno de nuestros Budas vivos y uno de los Tashi Lamas recibieron de él un mensaje escrito en caracteres desconocidos y en láminas de oro. Nadie podía leer aquel documento. El Tashi Lania entró en el templo, puso la lámina de oro sobre su cabeza y empezó a rezar. Gracias a su plegarla los pensamientos de¡ Rey de¡ Mundo penetraron en su cerebro, y sin haber leído los enigmáticos signos, comprendió y cumplió la regia disposición.

-¿Cuántas personas han ido a Agharti?- pregunté.

Muchas contestó el lama-, pero todas guardan el secreto de lo que vieron. Cuando los Olets destruyeron Lhassa, uno de sus destacamentos, recorriendo las montañas del Sudoeste, llegó a los límites de Agharti. Aprendieron algunas ciencias misteriosas y las trajeron a la superficie de la tierra. He aquí por qué los Olets y los Kalniucos son tan hábiles magos y adivinos. Ciertas tribus negras del Este se internaron también en Agharti y allí estuvieron varios siglos. Más tarde fueron expulsados del reino y regresaron a la faz del planeta poseedores del misterio de los augurios según los naipes, las hierbas y las líneas de la mano. De esas tribus proceden los gitanos. Allá, en el norte de Asia, existe una tribu en vías de desaparecer, que residió en el maravilloso Agharti. Los miembros de ella saben llamar a las almas de los muertos cuando flotan en el aire.

El lama permaneció silencioso un buen rato. Luego, como respondiendo a mis pensamientos, continuó:

-En Agharti, los sabios panditas escriben en tablas de piedra toda la ciencia de nuestro planeta y de los demás mundos. Los doctos budistas chinos no lo ignoran. Su creencia es la más alta y pura. Cada siglo, cien sabios de China, se reúnen, en un lugar secreto, a orillas del mar, y de las profundidades ,de éste salen cien tortugas inmortales. En sus conchas, los chinos escriben las conclusiones de la ciencia divina del siglo.

Esto me recuerda la historia que me contó un viejo bonzo del templo del Cielo en Pekín. Me dijo que las tortugas viven más de tres mil años sin aire ni alimento y que esta es la razón por la cual todas las columnas del templo azul del Cielo tienen por base tortugas vivas, a fin de evitar quepudra la madera.

-Varias veces los pontifices de Urga y Lhassa han enviado embajadas a la Corte del Rey del Mundo-, agregó el lama bibliotecarío- Peero les fue imposible dar con ella. Sólo un cierto caudillo tibetano, después de una batalla con los Olets, encontró la caverna con la célebre inscripción: "Esta puerta conduce a Agharti". De la caverna salió un hombre de buena presencia que le mostró una plancha de oro con letras desconocidas y le dijo:

-El Rey del Mundo aparecerá delante de todos los hombres cuando llegue la hora de que se ponga al frente de los buenos para luchar con los malos; pero esa hora no ha sonado todavía. Los más malos de la humanidad aún están por nacer.

El chiang chun, barón Ungern, nombró embajador suyo en el reino subterráno al joven príncipe Punzig, pero éste regresó con una carta del Dali Lama de Lhassa. El barón le envió de nuevo y la segunda vez no volvió.

CAPÍTULO XLI

LA PROFECÍA DEL REY DEL MUNDO EN 1890

El hutuktu de Narabanchi me refirió lo siguiente cuando tuve ocasión de visitarle en su monasterio al empezar el año 1921: -La vez que el Rey de¡ Mundo se apareció a los lamas de nuestro monasterio, favorecidos por Dios, hace treinta años, hizo una profecía relativa a los cincuenta años inmediata y correlativamente venideros. Hela aquí.

«Cada día más se olvidarán los hombres de sus almas y se ocuparán de sus cuerpos. La corrupción más grande reinará en la tierra. Los hombres se asemejarán a animales feroces, sedientos de la sangre de sus hermanos. La Media Luna se borrará y sus adeptos se sumirán en la mendicidad y en la guerra perpetua. Sus conquistadores serán heridos por el sol, pero no subirán dos veces; les sucederá la peor de las desgracias y acabarán entre insultos a los ojos de los demás pueblos. Las coronas de los reyes, grandes y pequeños, caerán. uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho... Habrá una guerra terrible entre todos los pueblos. Los océanos enrojecerán... La tierra y el fondo de los mares se cubrirán de, esqueletos, se fraccionarán los reinos, morirán naciones enteras... el hambre, la enfermedad, los crímenes desconocidos de las leyes... cuanto el mundo no habrá contemplado aún. Entonces vendrán los enemigos de Dios y del Espíritu Divino que residen en el hombre. Quienes cojan la mano de otro, perecerán también. Los olvidados, los perseguidos. se sublevarán y llamarán -la atención del mundo entero. Habrá nieblas y tempestades, Las montañas peladas se cubrirán de bosques. Temblará la tierra... Millones de hombres cambiarán las cadenas de la esclavitud y las humillaciones por el hambre, las enfermedades y la muerte. Los antiguos caminos se llenarán de multitudes que Irán de un sitio a otro. Las ciudades mejores y más hermosas perecerán por el fuego... una, dos, tres... El padre luchará con el hijo, el hermano con el hermano, la madre con la hija. El vicio, el crimen, la destrucción de los cuerpos y de las almas imperarán sin frenos... Se dispersarán las familias... Desaparecerán la fidelidad y el amor... De diez mil hombres, uno solo sobrevivirá... un loco, desnudo, hambriento y sin fuerzas, que no sabrá construirse una casa, ni proporcionarse alimento... Aullará como un lobo rabioso, devorará cadáveres, morderá su propia carne y desafiará airado a Dios... Se despoblará la7 tierra. Dios le dejará de su mano. Sobre ella esparcirán tan sólo sus frutos la noche y la muerte. Entonces surgirá un pueblo hasta ahora desconocido que, con puño fuerte, arrancará las malas hierbas de la locura y del vicio y conducirá a los que hayan permanecido fieles al espíritu del hombre, a la batalla contra el mal. Fundarán una nueva vida en la tierra purificada por la muerte de las naciones. Dentro de cincuenta años no habrá más que tres grandes reinos nuevos que vivirán felices durante setenta y un años. En seguida vendrán diez y ocho años de guerras y cataclismos... Luego los pueblos de Agharti saldrán de sus cavernas subterráneas y aparecerán en la superficie de la tierra.

Mongolla orienta¡, camino de Pekín, me pregunté frecuentemente,

-¿Qué sucedería, si todos estos pueblos y tribus tan distintos y de tan diferentes razas y religiones comenzasen a emigrar al Oeste?

Ahora, en el momento de escribir estas últimas líneas, mi mirada se dirige involuntariamnte a ese vasto corazón del Asia central, teatro de mis correrías y aventuras. A través de los. torbellinos de nieve o de las tempestades de arena del Gobi, veo el rostro del hutuktu de Naraban, tono reposado me descubra el secreto de su pensamiento, señalando al horizonte con su fina mano de aristócrata.

Cerca de Karakorun, a orillas del Ubsa Nor, contemplo los Inmensos campamentos multicolores, los rebaños de toda clase de ganado, las yurtas azules de los jefes. Sobre esto se alzan los estandartes de Gengis Jan, de los reyes del Tíbet, de Siam, del Afganistán y de los príncipes indios; los signos sagrados de los pontificess lamaístas, los escudos de los Janes y de los Olets y los sencillos atributos de las tribus mongolas del Norte. No oigo el rumor de la agitada multitud. Los cantores no cantan los aires melancólicos de las montarías, de las llanuras y de los desiertos. Los jinetes mozos no disfrutan corriendo en sus ágiles caballos. Masas y masas de innumerables ancianos, mujeres y niños, ocupan el terreno y más allá al Norte y al Oeste, hasta donde la vista puede alcanzar, el cielo se tiñe con rojeces de llama y se oye el retumbar y el crepitar del incendio y el estruendo horrísono de la batalla y a matanza que lleva a los guerreros asiáticos entre ríos de sangre propia y de los enemigos, a la conquista de Europa. ¿Quién gula esas multitudes de ancianos sin armas? En ellas domina un orden severo, una comprensión profunda y religiosa del fin que se proponen, la paciencia y la tenacidad. Es la nueva emigración de los pueblos, la última marcha de los mongoles.

Quizás Karma ha abierto una nueva página en la historia ¿Qué ocurrirá si el Rey del Mundo está con ellos?

Pero este gran misterio de los misterios continúa siendo impenetrable.



La Atlántida