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1 de septiembre de 2011

Louis Jacolliot - Impresiones sobre Agartha - Débora Goldstern

Louis Jacolliot
Impresiones sobre Agartha
Débora Goldstern

Louis Jacolliot


Fue en la Doctrina Secreta, la monumental obra de Helena Petrovna Blavatsky, donde por primera vez accedí a referencias sobre Louis Jacolliot. La obra de este estudioso francés fue material capital en la redacción de la saga blavataskiana, en especial por sus profundos conocimientos del pasado prehistórico de la India, país, en el cual Jacolliot residió por varios años.

Desgraciadamente pocas obras de casi una centena de su autoría, se encuentran a disposición pública, pudiéndose citar La Historia Oculta de la India, y Las Leyes del Manú como alguno de los títulos más destacados.

Autor hoy día casi olvidado, su rescate por parte de Crónica Subterránea obedece a los informes que sobre el Agartha recogió Jacolliot en su paso por la India, material que más tarde retomaría el famoso esoterista Alexander Saint Alveydre, aunque agregando más datos al enigma del Agartha.

El capítulo escogido para ilustrar al lector sobre Louis Jacolliot, pertenece a “El Mundo Perdido de Agharti"de Alec Maclellan.





LOS BUSCADORES DE UN MUNDO PERDIDO


El hombre que se abría camino por entre las casetas apretadas del bazar de Calcuta difícilmente era mirado dos veces por la gente que se arremolinaba a su alrededor. El ruido y el hedor del lugar no parecían perturbar aquella pequeña figura, aunque de inmediato resultaba evidente por su traje bastante desaliñado y los rasgos pálidos que no era un indio. Un sombrero de color blanco deslucido ocultaba en parte su rostro barbudo, y la chaqueta de color claro que vestía estaba ya manchada de sudor por la espalda y de suciedad por la parte delantera, por donde el hombre tenía que empujar a través de un estrecho vacío entre las casetas, o frotarse contra un nativo sucio y gesticulante. Aunque los extranjeros no resultaban en absoluto raros en el bazar de esta activa capital India a mediados del siglo X IX, solían conducirse de un modo bastante más imperioso que el de este hombrecillo tan poco atractivo. Al fin y al cabo, la ciudad era la sede del Gobierno de la India británica, y con su posición en la salida natural del río Ganges se había convertido en un gran centro comercial e industrial. 

Como era de esperar, el lugar era una mezcla de magníficos palacios construidos por los principales indios, espléndidos edificios administrativos construidos por los Raj británicos, y algunos de los barrios más horribles de toda la India. Incluso hoy día siguen persistiendo algunas de las temibles condiciones que habían sido resumidas por los acontecimientos de "agujero negro de Calcuta" cien años antes. Pero ni esos recuerdos ni la miserable atmósfera en que se encontraba el extranjero parecían molestarle lo más mínimo. Daba la impresión de hallarse tan sumido en sus pensamientos que era totalmente inconsciente de cuanto le rodeaba.

Aquel hombre era Louis Jacolliot, un funcionario consular francés que servía en la capital, pero también un hombre apasionadamente dedicado a la búsqueda y colección de información arcana. No era un cómodo investigador de biblioteca, de los que rebuscan los límites tranquilos y ordenados de esas sedes del aprendizaje; prefería buscar material sin recoger, tradiciones orales que sólo se podían encontrar entre las gentes del lugar. Y para asegurarse esos elementos tenía que sumergirse en todos los estratos sociales de la vida ciudadana, desde las deslumbrantes mansiones palaciegas de los indios de alta casta a las calles cubiertas de enfermedades de los barrios y bazares, donde los pobres de Calcuta llevaban vidas miserables. 

Pero al pasar de .la aparente absorción en sus pensamientos, Jacolliot apenas se perdía nada de cuanto ocurría a su alrededor en el bazar. Hacía tiempo que había aprendido a tener un aspecto discreto, lo que le ayudaba a ganar la confianza de la gente en un lugar como ése. Por contra, también era capaz de conducirse con cortesía y dignidad cuando le era necesario. En suma, se había entrenado cuidadosamente para tener la mente alerta y un cerebro inquisitivo en servicio de su ardiente deseo de información sobre la antigua historia de la India. Jacolliot era impulsado por una convicción simple y compulsiva. Solía decir: "Estudiar la India es rastrear las fuentes de la Humanidad." En el primero de los veintiún libros que iba a producir durante su vida, La Bible dans L 'Indie (1868), demostraba haber llegado ya a las mismas conclusiones sobre la influencia de este poderoso subcontinente sobre las otras civilizaciones que había alcanzado el profesor Friedrich Muller y sus contemporáneos que trabajaban con él.

Jacolliot escribía: "La propia antigüedad tenía una antigüedad que estudiar, que imitar y que copiar, del mismo modo que la sociedad moderna se codea con la antigüedad a cada paso, que nuestros poetas han coplado a Homero y Virgilio, Sófocles y Eurípides, a Plauto y a Terencio; que nuestros filósofos se han inspirado de Sócrates, Pitágoras, Platón y Aristóteles; que nuestros historiadores toman como modelo a Tito Livio, Salustio o Tácito; que nuestros oradores copian a Demóstenes o Cicerón; nuestros médicos estudian a Hipócrates, y nuestros códigos transcriben el Justiniano. Eso es lo más lógico y más simple. ¿No se preceden y suceden los pueblos unos a otros? ¿El conocimiento dolorosamente conocido por una nación se limita a su propio territorio y muere con la generación que lo produjo? ¿Qué hay de absurdo en la sugerencia de que la India de hace 6.000 años, brillante, civilizada, sobrante de población, imprimiera en Egipto, Persia, Judea, Grecia y Roma un sello tan imborrable, unas impresiones tan profundas, que sigan impresas aún sobre nosotros?"

Basándose en esta convicción, Jacolliot llevó a cabo gran parte de su investigación, y los hechos que recogió y presentó en sus veinte libros siguientes subrayan aún más sus palabras. Lo que sigue siendo un enigma hasta hoy es el motivo de que hubieran sido tan tristemente despreciados y tan poco citados; pues no nos debe caber duda de su importancia, como sus "discípulos" Pauwels y Bergier han afirmado en su libro, El retorno de los brujos (1960); aunque ellos mismos no le dedican más que una página, afirman: "Jacolliot escribió algunas obras proféticas muy importantes, comparables, si no superiores, a las de Julio Verne. También dejó varios libros que tratan de grandes secretos de la raza humana. Muchos y grandes autores ocultistas, profetas y milagreros han tomado prestado de sus páginas lo que, completamente despreciado en Francia, es bien conocido en Rusia." Madame Helena Blavatsky, la emigrada rusa que, como veremos más adelante en este capítulo, tomó prestados libremente y con frecuencia cosas de Jacolliot sin citarlo, apreciaba también su importancia, aunque se guardó de alabarle.

Escribió lo siguiente en su Isis desvelada (1877): "Sus veinte o más volúmenes sobre temas orientales [de JacolIiot] son realmente un curioso conglomerado de verdad y ficción. Contienen gran cantidad de hechos y tradiciones, filosofía y cronología india, junto con muchas opiniones valerosamente expresadas. Pero parece como si el filósofo se viera constantemente superado por lo romántico. Es como si dos hombres estuvieran unidos en su autoría: uno de ellos cuidadoso, serio, erudito, el otro un novelista francés sensacionalista y sensual, que juega los hechos no como son sino como él los imagina. Sus traducciones del Manu son admirables; su capacidad de controversia, marcada; su opinión de la moral sacerdotal, injusta; y en donde reveló, aunque precavidamente, detalles de un vasto y antiguo reino subterráneo que decía había llegado a conocer por medio de "la traducción de todos los antiguos manuscritos de hoja de palma que he tenido la fortuna de que los brahmanes de las pagodas me hayan dejado ver". 

El relato más específico que encontró aparecía en una obra, el Agrouchada Parikshai {Libro de los espíritus), que habla de un paraíso subterráneo que floreció "siglos antes de nuestra era". Estaba presidido por el Brahm -atma, o jefe supremo, el dirigente de los iniciados, un gran cuerpo de seguidores devotos, descendientes de una antigua civilización. El supremo pontífice, el Brahm-atma, era el único poseedor de una fórmula mística, descrita corno "que simbolizaba todos los secretos iniciáticos de las ciencias ocultas" y representada por las letras
AUM, que significaban:

A
Creación
U
Preservación
M
Transformación

Según el Agrouchada Parikshai: "El Brahm-atma sólo podía exponer su significado en la presencia de los iniciados del tercer y supremo grado." Jacolliot comenta: "Este mundo desconocido, del que ningún poder humano, lncluso ahora que la tierra superior ha sido machacada por las invasiones mongolas y europeas, puede forzar a ser revelado, se conoce como templo de Asgharta ... Quienes allí habitan poseen grandes poderes y tienen conocimiento de todos los asuntos del mundo. Pueden viajar de un lugar a otro por pasadizos que son tan antiguos como el reino mismo." La localización de Asgharta bajo una tierra "machacada por las invasiones" era el modo típico de Jacolliot de poner en palabras su convicción -basada, como todas sus creencias, en la investigación y la intuición- de que el reino se hallaba en algún lugar bajo la tierra central de Asia. Ello disfrazaba también sin duda-su frustración por no haber tenido nunca la oportunidad de poner a prueba su teoría viajando por Asia, pues sus últimos traslados en el consulado le llevaron a las Indias Orientales, Tahití, y luego de vuelta a Francia. Por tanto, la historia de Asgharta siguió siendo un enigma para él durante el resto de sus días. Pero no se puede negar el importante papel que ya había jugado al publicar esos hechos.

Un nuevo y extraño acontecimiento le ocurrió a Louis Jacolliot antes de abandonar la India que creo debe ser incluido aquí. Estaba convencido, como él mismo decía, de que el pueblo de Asgharta estaba formado por los descendientes de una civilización prevédica, y que eran maestros en los poderes secretos. Cuando en compañía de un viejo fakir observaba un ritual, se elevó un "espíritu" que él creía podía haber sido el alma de una de esas gentes. Enfatizo el término "podía", porque Jacolliot no hace tal afirmación, aunque al menos un estudioso de sus obras cree que la posibilidad es muy grande.

El acontecimiento está registrado en su libro Phénoménes et Manifestations (1877), en el que describe a los fakires como "los únicos agentes entre el mundo y los iniciados quienes raramente cruzan los umbrales de su sagrada habitación". Los dos hombres estaban sentados en un antiguo templo, y así es como Jacolliot describe lo sucedido: "El fakir continuaba sus evocaciones con más voluntad que nunca; una nube opalescente y opaca empezó a suspenderse cerca del pequeño brasero, que por petición del hindú yo había alimentado constantemente con carbones encendidos. Poco a poco asumió una forma enteramente humana, y distinguí el espectro, pues no puedo llamarlo de otra manera, de un viejo sacrificador brahmán arrodillado cerca del pequeño brasero. 



"Llevaba en su frente los signos sagrados de Vishnú, y alrededor de su cuerpo el triple cordón, signo de los iniciados de la casta sacerdotal. Unió sus manos por encima de su cabeza, como durante los sacrificios, y sus labios se movieron como si estuviera recitando oraciones. En un momento dado, tomó un pellizco de polvos perfumados y lo arrojó sobre los carbones; debía ser un compuesto extraño, pues un espeso humo se elevó al instante e invadió las dos cámaras. "Cuando se disipó percibí el espectro que, a dos pasos de mí, me extendía su mano sin carne; la tomé entre la mía, haciendo una salutación, y me asombré al comprobar que, aunque huesuda y dura, estaba caliente y viva.

"En ese momento le pregunté: "¿Eres tú un antiguo habitante de la tierra?" "No había terminado la pregunta cuando la palabra AM (sí) apareció y luego desapareció en letras de fuego sobre el pecho del viejo brahmán, con un efecto muy semejante al que la palabra producirla si se escribiera en la oscuridad con una vara de fósforo. "¿No me dejarás nada como presente de tu visita?", volví a preguntar. "El espíritu rompió el triple cordón, compuesto de tres hebras de algodón, que tenía anudado a su cintura, me lo dio y desapareció a mis pies:' No es sorprendente que Jacolliot se sintiera perplejo por lo que había visto. Más tarde escribió: 

"La única explicación que hemos podido obtener sobre el tema de un brahmán ilustrado, con quien me unía una estrecha intimidad, fue ésta: "Habéis estudiado la naturaleza física y habéis obtenido, mediante las leyes de la naturaleza, maravillosos resultados: vapor, electricidad, etc.; durante veinte mil años o más nosotros hemos estudiado las fuerzas intelectuales, hemos descubierto sus leyes, y. obtenemos, haciéndolas actuar a solas o en concierto con la materia, fenómenos todavía más sorprendentes que los vuestros." Si aceptamos la validez de lo que Jacolliot vio y nos contó, y no hay nada que impida que no debemos hacerlo-, entonces es que pudo haber experimentado la extraña fuerza conocida como Poder Vril que se dice poseen las gentes de Aqharti. Fuera así o no volveremos a discutir con detalle más adelante este misterioso poder.

Aunque las referencias de Louis Jacolliot a Asgharta eran muy breves, tomadas en el contexto de sus amplios veintiún volúmenes sobre la historia antigua de la India, fueron sin embargo lo bastante intrigantes para atraer la atención de otros dos contemporáneos, cada uno de ellos tan diferentes de él y del otro como quepa imaginar. El primero era un extraño y grandilocuente ocultista francés llamado Saint-Yves d' Alveydre, y el otro una ex¬traordinaria dama rusa que fundó la Sociedad Teosófica, Madame Helena Blavatsky. Ambos, cada uno a su modo, estaban buscando a Agharti, e hicieron sus contribuciones específicas al desarrollo del interés por el tema.

15 de mayo de 2010

Civilizaciones desaparecidas bajo las arenas del Gobi - Débora Goldstern



Civilizaciones desaparecidas
bajo las arenas del Gobi
Débora Goldstern



Desierto del Gobi


Así como Atlántida lidera el ránking de las civilizaciones desaparecidas que más fervor despierta, otras antiguas culturas no registradas aún en la historia, supieron captar en su momento la atención de los medios, aunque siempre enmarcadas dentro del misticismo y leyenda popular, ya que hasta  la fecha carecemos de mayores evidencias.

Una de esas narraciones menciona que bajo las arenas del desierto del Gobi, donde confluyen países como China, Mongolia y Rusia, se hayan enterradas ciudades desconocidas, que los locales dicen, se remontan a miles de años.

En
Encuentro con Hombres Notables, Gurdjieff hace mención a estos enigmáticos restos, aunque advierte que el secreto de su localización conservado de generación en generación, penaba con la muerte a quién se atrevía a divulgarlo.

La ocultista por excelencia
Helena P. Blavatsky, también aludió, a la existencia de una civilización primigenia que situaba en el desierto del Gobi.

Sin embargo, no fue hasta que
James Churchward un coronel inglés quién popularizó la idea sobre Mu a través de varios trabajos publicados, haciendo referencia a un antiguo continente erigido, según dijo en el Océano Pacífico, que la historia sobre ciudades desaparecidas del Gobi retomó la atención pública.

Para Churchward no había duda, que Mu era la responsable de aquellos remotos vestigios, aunque nunca pudo presentar prueba alguna avalando lo narrado en sus libros, que vieron la luz a principios del siglo XX.

Sin embargo, tiempo antes que los libros del viejo coronel inglés instalaran el concepto de Mu a nivel mundial, un misterioso norteamericano,
Baird T. Spalding, dio a luz una obra, conocida como La Vida de los Maestros, donde se refería a estas mismas historias, sobre ciudades muertas enterradas en el Gobi, con la salvedad que su experiencia databa de 1894 y la hizo conocida en 1924, dos años antes de que Churchward escribiera sobre Mu.

Un examen de La Vida de los Maestros realizados por esta autora, arroja que sin lugar a dudas, y teniendo en cuenta la fecha de publicación, esta obra, inspiró principalmente a J. Churchward, quién parece haber tomado pasajes enteros de la mismas en función de su propio trabajo. Al leer, El continente perdido de Mu, se advierten semejanzas más que notables con el escrito de Spalding, por no decir, casi copia fiel de algunos pasajes, aunque para no ser injustos con el viejo coronel, debemos decir que su información sobre los hermanos naacanales llegados de Mu, fue muchísimo más ampliada.

Otro autor que parece haber caído bajo el inlflujo de La Vida de los Maestros, fue el famoso fundador del movimiento Yo Soy, Guy Ballard. Su ya clásico
Misterios Desvelados, revela la ascendencia de Spalding en la construcción de las historias dedicados a reseñar el pasado de las civilizaciones del Gobi.

Retomando La Vida de los Maestros, el autor presenta intrigantes capítulos sobre estas misteriosas ciudades, aunque tampoco aporta demasiadas pruebas, y aunque señala que tomó fotografías certificando los hallazgos, estas evidencias nunca fueron publicadas.
Muchos investigadores creen que en realidad Spalding inventó la historia de su viaje hacia aquellos parajes ignotos, y que su libro no tiene ninguna validez.

Sin embargo vale la pena acercarse a estas referencias, ya con los recaudos señalados.

Juzgue el lector.




Capítulo I. Pág. 137-139
La mañana del primero de enero nos encontró levantados muy temprano, plenamente despejados. Cada uno de nosotros tenía la sensación de que un futuro acontecimiento nos haría considerar nuestras experiencias pasadas como simples mojones en el camino. Mientras nos reuníamos alrededor de la mesa del desayuno, vimos llegar al amigo que habíamos conocido en la terraza de la casa de Emilio, en el pequeño pueblo donde habíamos parado cuando nos dirigíamos hacia aquí. Se trataba de aquel hombre que había interpretado mi sueño. Después del intercambio de saludos, dijo: «Habéis estado con nosotros más de un año. Como os quedaréis aquí hasta el mes de abril o mayo, he venido a invitaros a ir al templo de la gran cruz en 'T, tallado, como habéis observado, en la pared rocosa que hay justo a la salida del pueblo». Observamos que las estancias de ese templo habían sido excavadas en la propia roca, que formaba una pared vertical de más de doscientos metros de altura. Las cavidades eran lo bastante profundas como para dejar un buen muro en el costado de la pared exterior.

Por todos lados se sentía la necesidad de ventanas para la luz o la ventilación. Se habían hecho aberturas en ese muro, que daba al sol del mediodía. Las ventanas medían alrededor de un metro cuadrado y cada estancia tenía dos, salvo la primera, que se encontraba en el nivel inferior. Aquella estancia no tenía más que una salida que comunicaba con una gran grieta, formada por la erosión, en la muralla rocosa al este del templo. Se podía entrar en el cuarto inferior solamente por el túnel cavado en plena roca y a través de la grieta. La ventana de este cuarto no fue hecha hasta más tarde. Al principio, la entrada del túnel estaba escondida por una gran piedra que formaba parte de un pliegue de la pared. Esta piedra estaba situada sobre un reborde y había sido colocada de tal manera que se podía dejar caer para bloquear la entrada desde el interior. La piedra cerraba la entrada y, cuando estaba en su lugar, no se podía mover desde el exterior. Era imposible acceder a ese reborde más que por una escalera de una veintena de metros. Las aberturas que hacían de ventanas estaban provistas de grandes piedras planas insertadas en las ranuras, de modo que podían ser deslizadas para bloquear las ventanas. De esa forma, ninguna abertura resultaba visible para un observador que mirase desde el pueblo. Nos informaron que se había recurrido a ese modo de construcción para proteger el templo contra las bandas de merodeadores que infestaban la comarca más al norte. Estas bandas bajaban algunas veces hasta el pueblo, que ya había sido saqueado varias veces sin que sus habitantes sufrieran daño alguno, ya que se refugiaban en el templo.

Nuestros amigos no habían edificado el templo. Lo habían adquirido a sus habitantes para conservar allí numerosos archivos a los que daban un gran valor. Desde esta adquisición, las incursiones de los bandidos habían cesado, los habitantes del pueblo no habían vuelto a ser molestados y todo el mundo vivía en paz. Se decía que algunos de esos archivos databan de la llegada a la tierra de los hombres civilizados que provenían directamente de la Tierra Materna. Se trataba de los naacales o Hermanos Santos, aparecidos en Birmania y que enseñaron a los Nagas, lo cual parece probar que los ancestros de estas gentes eran los autores de la Sourya Siddhanta y de los Vedas primitivos. La Sourya Siddhanta es la obra conocida más antigua de astronomía. Según los archivos que mencionamos, la obra se remonta a treinta y cinco mil años atrás. Los Vedas primitivos datarían de cuarenta y cinco mil años. No se nos dijo que los documentos fueran todos originales, ya que muchos habían sido copiados de las mismas fuentes que los archivos babilónicos y traídos aquí con vistas a su preservación. Los documentos primitivos eran los originales de los tiempos de Osiris y la Atlántida.


Las habitaciones del templo estaban dispuestas una sobre la otra: siete plantas que se comunicaban por medio de escaleras talladas en plena roca. El acceso a los escalones se encontraba en un rincón de cada habitación. Cada escalera subía, en una pendiente de cuarenta y cinco grados, hasta un rellano donde se abría la planta siguiente. Entre el techo de una estancia y el suelo de la otra, la piedra tenía alrededor de dos metros y medio de espesor. El techo de la habitación superior, en el séptimo piso, se encontraba a unos cuatro metros por debajo de un largo saliente del precipicio que, a su vez, estaba a una treintena de metros de la cima. Una escalera partía de esta habitación y comunicaba con la estancia central: un conjunto de cinco habitaciones excavadas en la pared del saliente. Había dos a la derecha y dos a la izquierda de la habitación central, de manera que el plano de la construcción tenía la forma de una inmensa T. Los cuartos superiores estaban excavados de tal modo que el saliente hacía la función de balcón. La roca era de granito suave de grano grueso. El trabajo, evidentemente, había sido hecho a mano, con herramientas rudimentarias, y llevó numerosos años terminarlo. Ninguna pieza de madera había sido empleada en la construcción

Capítulo II pág. 149-151
“Habíamos llegado al pie de la escalera. La subimos y entramos en el túnel con los dos hombres que nos acompañaban. El túnel había sido excavado en la roca y pensamos que estaría oscuro, pero se hallaba lo suficientemente iluminado como para permitirnos ver de lejos; además, la luz parecía rodearnos de un modo que no proyectaba ninguna sombra. Habíamos notado ese mismo fenómeno durante el día anterior, pero ninguno había comentado nada al respecto. Mas tarde, resolvieron nuestras dudas cuando nos explicaron que la luz estaba alrededor de nosotros, tal y como la habíamos percibido. Cuando no había nadie en el túnel, éste permanecía oscuro. Lo atravesamos y subimos las escaleras hasta llegar a la tercera habitación, que era un poco más grande que las dos de las plantas inferiores. Había un gran número de tablillas, una al lado de otra, a lo largo de las paredes. Descubrimos que otra gran habitación había sido excavada detrás de ésa y supimos, más adelante, que estaba igualmente llena de esas tablillas de un marrón rojizo oscuro y cuidadosamente barnizadas. Algunas tenían un tamaño de cuarenta por sesenta centímetros, su espesor era de cinco centímetros y su peso de cinco a seis kilogramos. Otras eran mucho más grandes. Estábamos muy intrigados por saber cómo habrían sido transportadas a través de las montañas. Se nos respondió que esas tablillas no habían sido llevadas a través de las montañas, sino que las habían traído del país del Gobi en la época en que esa comarca era una tierra fértil y bien poblada, antes de que las montañas se hubiesen elevado. Mucho tiempo después del surgimiento de las montañas, fueron guardadas en ese lugar para preservarlas de cualquier peligro.

Antes del nacimiento de las montañas, parece que un inmenso maremoto había inundado una gran zona del país y asolado o destruido a la mayor parte de la población. Los supervivientes quedaron aislados del mundo y privados de los medios necesarios para su supervivencia. Ellos fueron los ancestros de las bandas errantes de bandidos que, todavía hoy; infestan la planicie del Gobi.

El gran Imperio Uigour se extendía entonces en la región del Himalaya y en el desierto del Gobi. Había grandes ciudades y una civilización muy avanzada. Después de la destrucción de las ciudades a causa de la gran inundación, las ruinas quedaron cubiertas por las arenas movedizas del desierto. Tomamos nota de todos estos detalles que nos iban traduciendo de las tablillas. Más tarde, descubrimos dónde estaban ubicadas tres de esas ciudades. Algún día, cuando las excavaciones se completen, la autenticidad de esos archivos será verificada. Ellos afirman que el origen de esta civilización se remonta a muchos centenares de miles de años. Pero, como no es nuestra intención escribir sobre arqueología, damos por terminada esta digresión”

Interpretación de las tablillas pág 158-159

“Nuestra anfitriona se volvió hacia la tablilla y prosiguió: «En estas tablillas se halla registrado que Dios fue llamado Principio Director -Cabeza, Mente-, y que se simbolizó mediante un carácter parecido a vuestra letra M, que se llamaba M-u. Traducido a vuestro lenguaje, eso sería DIRECTOR o CONSTRUCTOR. »Este Principio Director estaba por encima de todo y lo controlaba todo. El primer Ser que creó fue llamado la expresión del Principio Director, y fue creado con la forma del Principio, pues el Principio carecía de otra forma que la Suya para expresarse.

Este Ser creado por el Principio Director era la expresión externa del propio Principio. Fue creado a imagen de éste, pues el Principio Director carecía de otra forma o muestra. El Principio Director otorgó a Su creación todos Sus atributos y esta creación tuvo acceso a todo lo que tenía el Principio. Se le dio poder sobre toda forma externa. Tenía la forma de Su Creador, los atributos de Su Creador y el poder de expresarlos de la manera perfecta en que se expresa el Creador, siempre y cuando la creación permaneciese en armonía con el Principio. No se desarrolló ninguno de los atributos del ser creado, pero el Creador, que tenía en mente el ideal o plan perfecto que debía expresar Su creación, situó a ésta en un entorno ideal o perfecto donde existían todas las condiciones para llevar a cabo su desarrollo perfecto. Una vez logradas dichas condiciones, se situó a ese Ser entre ellas; se le llamó Señor Dios, y al lugar en que se Le colocó; se le denominó M-u o M, que más tarde se conocería como la cuna o madre. Quisiera que os dieseis cuenta de que para explicar todo esto utilizo palabras de vuestro lenguaje para que podáis comprenderlo”.

Capítulo IX pág. 197-199
“A partir de ese momento, nos aplicamos con diligencia al estudio del alfabeto bajo la dirección de Chander Sen. Los días pasaban con una rapidez vertiginosa. A finales del mes de abril, cuando la fecha de nuestra partida hacia el desierto del Gobi se acercaba, la mayor parte de los archivos estaban todavía sin traducir. Nos consolábamos con la idea de que podríamos regresar para acabar el trabajo. Nuestros amigos habían traducido para nosotros una gran parte de los documentos, pero habían insistido en que estudiáramos los caracteres de las escrituras para poder traducirlas nosotros mismos. Anteriormente, en el mes de septiembre, nos habíamos reunido con el grupo que nos acompañaría en el desierto del Gobi hasta las tres antiguas ciudades en ruinas, cuya ubicación se ofrecía en algunos de estos códices. Aunque entonces no los habíamos visto, nos habían hablado de su existencia. Los que habíamos conocido no eran más que copias, que habían despertado nuestra curiosidad, de las crónicas que teníamos ahora ante nosotros. Ambos documentos remontan la existencia de esas ciudades en más de doscientos mil años. Se señala que sus habitantes disfrutaban de un elevado grado de civilización, pues conocían las artes y los oficios, y trabajaban los metales; el oro era un metal tan común que lo utilizaban para hacer vasijas y herrar los caballos.

También se señala que esa gente gozaba de un buen grado de dominio de todas las fuerzas naturales, así como de sus propios poderes otorgados por Dios. De hecho, las leyendas -si es que son tales- que hacen referencia a este asunto se parecen bastante a las de la mitología griega. Si los mapas son correctos, este vasto imperio abarcaba la mayor parte de Asia y Europa, alcanzando el mar Mediterráneo, hasta lo que hoy se conoce como Francia, y su punto más alto estaba tan sólo a doscientos metros por encima del nivel del mar. Se indica que se trataba de una gran llanura, muy productiva y muy poblada, una colonia de la Patria. No hay duda de que encontrar algún resto de dichas ciudades sería un importante hallazgo histórico, ya que la descripción que los códices ofrecen de este país eclipsa a la del antiguo Egipto en cuanto a pompa y esplendor durante las dinastías de sus siete reyes. Se dice que antes del reinado de esos reyes, había sido incluso más próspero. El pueblo se gobernaba a sí mismo; no había guerras, vasallos ni esclavos. Llamaron a su soberano «Principio Director», y amaron y obedecieron a ese Principio Director. Las crónicas aseveran que el primer rey de la primera dinastía usurpó el gobierno al Principio Director y se autoproclamó soberano.
Capítulo XII pág 228-231 Rayrnond preguntó a Bagget Irand si quería hablarnos de los pueblos que habían habitado en esa región y edificado ciudades corno aquellas cuyas ruinas se encontraban bajo nuestro campamento. Él respondió: «Poseernos sobre ese asunto escritos celosamente conservados, de generación en generación, desde hace más de sesenta mil años. Según esos documentos, la ciudad sobre la que estarnos acampados fue fundada hace unos doscientos treinta mil años. Los primeros habitantes vinieron del Oeste, mucho antes de la fundación de la ciudad, y colonizaron el Sur y el Suroeste. A medida que las colonias se desarrollaban, una parte de sus habitantes emigraba hacia el Norte y el Oeste, y al final todo el país quedó poblado. Tras haber plantado jardines fértiles y sembrado los campos, los colonos comenzaron a fundar las ciudades. Al principio, éstas no eran grandes, pero, con el correr de los años, los colonos del país consideraron que. era útil poder reunirse y asociarse para poner en práctica sus conocimientos de artes y ciencias. Edificaron templos, pero no los destinaron al culto, ya que la vida que llevaban era ya en sí un ejercicio de adoración continuo. Su existencia estaba dedicada a la gran causa de "la vida, y mientras esto duró, la vida no les falló jamás. »En esta época era habitual encontrar hombres y mujeres de varios miles de años. Ellos no conocían la muerte, pasaban de un nivel de comprensión a otro, hacia estados cada vez más elevados de vida y de realidad. Aceptaban la verdadera fuente de la vida, y la vida les daba a cambio sus tesoros ilimitados. »Pero antes de seguir, me desviaré un poco del terna. Volvamos a los templos. Eran lugares donde se conservaban documentos escritos con todos los conocimientos alcanzados en el ámbito de las artes, las ciencias y la historia, a fin de que aquellos que quisieran aprender pudieran acceder a ellos. Los templos no eran lugares para hablar de asuntos científicos profundos. Los actos de adoración eran parte de la vida cotidiana del individuo; no había horas señaladas, ni personas seleccionadas para el culto. »Los habitantes idearon nuevas vías de comunicación e inventaron el empedrado. Aprendieron a edificar casas confortables. Supieron cómo explotar las canteras de piedra, idearon el ladrillo y el mortero; desarrollaron todas esas cosas que vosotros ya conocéis y así, edificaron sus moradas y sus templos. »Comprendieron que el oro era un metal excepcionalmente útil, a causa de su inalterabilidad. Encontraron la manera de extraerlo de las arenas auríferas y de las rocas, hasta que se convirtió en un metal común para ellos. También trabajaron otros metales, que había en abundancia, según la medida de sus necesidades.
Después de esto, las comunidades dejaron de depender enteramente de la agricultura. Comenzaron a suministrar a los trabajadores del campo artículos manufacturados que les permitían extender su zona de trabajo. Los núcleos poblacionales se agrandaron y se desarrollaron hasta convertirse en ciudades de cien mil y hasta doscientos mil habitantes. »Sin embargo, no había jefes temporales ni gobernadores. El gobierno era confiado al consejo elegido por los propios habitantes. Este consejo cambiaba sus delegaciones con las de otras comunidades. No se promulgaban leyes ni reglas para la conducta de los individuos. Cada uno era responsable de sí mismo y vivía según la ley universal. Las leyes humanas eran inútiles, no había necesidad de ellas. »Enseguida, aquí y allá, algunos individuos comenzaron a desviarse. Pronto se convirtieron en amos, situándose por delante de los demás, al tiempo que desaparecían los hombres que apreciaban su trabajo. El amor, que no había sido completamente desarrollado por todos, produjo una separación imperceptible que no cesó de acentuarse, hasta el día en que un hombre de una personalidad extremadamente fuerte se instauró corno rey y dictador temporal. Corno gobernó sabiamente, las gentes aceptaron su ley sin pensar en el porvenir. Algunos tuvieron una visión de lo que vendría y se retiraron a comunidades cerradas, viviendo desde entonces una vida más o menos recluida y buscando el modo de mostrar a sus conciudadanos la locura de la separación. El rey fundó la primera orden de gobernadores temporales, en tanto que los disidentes formaron la primera orden monástica. Se necesitarían profundos estudios e investigaciones para entender el laberinto de caminos seguidos por los disidentes. Algunos conservaron la doctrina simple y vivieron según ella. Pero, en general, la vida se volvió muy compleja; tan compleja que la mayoría dejó de creer que existía una forma de vida más simple, más equilibrada, en cooperación directa con el creador de toda vida. Estas gentes ya no veían que su existencia era un camino complejo y rudo, ni que la vida simple, en armonía con la gran causa creadora, aporta la abundancia. Pero es necesario que continúen en este Camino hasta que descubran otro mejor». Dicho esto, el orador interrumpió su discurso y se quedó un momento en silencio. Apareció súbitamente ante nuestros ojos una imagen, inmóvil al principio, que después fue animándose. Las formas comenzaron a moverse y las escenas a cambiar, a veces de un modo espontáneo, y otras a medida que el orador las comentaba. Bagget Irand parecía poder mantener estas escenas y reproducirlas a voluntad según las preguntas y las explicaciones dadas. Se trataba de escenas que presumiblemente habían tenido lugar en aquella ciudad en ruinas sobre la que acampábamos. No era muy diferente a cualquier ciudad populosa del Oriente de hoy en día, salvo que las calles eran más anchas y estaban bien conservadas. Las gentes iban bien vestidas, con ropajes de gran calidad. Tenían el rostro luminoso y alegre.
No se veía en ninguna parte soldados, ni pobres o mendigos. La arquitectura atrajo nuestra atención; los edificios parecían sólidos, bien construidos y tenían un aspecto agradable. Aunque no se observaba demasiada fastuosidad, uno de los templos sobresalía por su magnificencia. Se nos informó que había sido enteramente construido por voluntarios, y que era uno de los más antiguos y bellos del país. Si esas imágenes eran verdaderamente representativas, la gente, en general, era ciertamente feliz y estaba satisfecha. Se nos dijo que los soldados no aparecieron hasta después de los doscientos años del segundo rey de la primera dinastía. Con el fin de mantener la pompa de su corona, este rey comenzó a poner impuestos y a reclutar soldados. Al cabo de unos cincuenta años la pobreza apareció en algunas zonas aisladas. Es en ese momento cuando una parte de la población abandonó la ciudad y se retiró, descontenta del reino y de los hombres en el poder. Bagget Irand y su familia descendían directamente de ese grupo de personas”.

Capítulo X- Segunda Parte Pág. 341-348
“A la mañana siguiente, mientras esperábamos al abad, llegó un mensajero que anunció que se esperaba que acudiésemos ante el Dalai Lama a las dos en punto de esa tarde. A continuación, fuimos en busca del abad y le encontramos cuando se disponía a abandonar la sala de audiencia. Su rostro resplandecía, pues en su mano sostenía nuestro permiso para viajar a voluntad por el país. Tras leer la orden traída por el mensajero, dijo: «No se trata de una orden; es sólo una solicitud. La audiencia es para entregaros este permiso». Como estábamos todos juntos, propuso ir inmediatamente a ver los códices. Nos aguardaba una gran sorpresa. Encontramos miles de tablillas de arcilla y textos en placas de cobre y bronce, así como bellas tablillas cinceladas en fino mármol blanco. Como ésa era nuestra primera oportunidad de entrar en contacto con ese tipo de registros, decidimos examinarlos inmediatamente. El abad nos dijo que no estaba familiarizado con las tablillas, pero que le habían contado que eran de origen persa y que intentaría encontrar al lama que las conocía. Así que salió y nosotros nos quedarnos examinándolas. Los caracteres no le resultaron familiares a nadie de nuestro grupo. Las tablillas consistían en dos losetas de puro mármol blanco de alrededor de medio centímetro de grosor, unidas mediante un cemento que no pudimos identificar. Los bordes aparecían bellamente biselados y a su alrededor tenían un margen de unos cinco centímetros con figuras cinceladas. Muchas de esas figuras eran incrustaciones de oro puro, mientras que todos los títulos aparecían damasquinados en oro puro, pero sin relieves. Las tablillas estaban cuidadosamente numeradas por grupos y cada grupo recibía un número de serie. Las fechas venían indicadas mediante dibujos de coronas de flores entrelazadas con hojas de parra. Según este sistema, si tuviéramos que señalar una fecha corno 1 de enero de 1894, el primer mes del año aparecería representado con el tallo de una flor, que no acabase en yema, con una incrustación de jade. El primer día del mes estaría encarnado por el tallo rematado por un capullo, con una incrustación de oro. El de la cifra 1894, aparecería representado con el tallo con un capullo lo suficientemente abierto corno para revelar el pistilo de la flor. Los pétalos de la flor eran incrustaciones de lapislázuli, con el pistilo en oro y un pequeño diamante embutido en oro.

El 8 es la flor que muestra ocho estambres; cada uno de ellos tiene-una incrustación de oro alrededor del pistilo, con un diamante más pequeño en el oro. El 9 aparece representado por una rosa de nueve pétalos totalmente florecida, con un pétalo de lapislázuli, otro de jade, y otro de calcedonia; repitiéndose esta secuencia en tres ocasiones. Eso señala que ya no hay más dígitos. El sistema iba del O al 9, y se repetían las secuencias para expresar números mayores. El 4 es un lirio en el proceso de abrirse, mostrando los pistilos y tres estambres. La copa del lirio es una incrustación de jade pálido, los estambres son de ópalo rojizo con cuatro pequeños diamantes, y el pistilo es de lapislázuli, con cuatro pequeños diamantes.
El espacio por encima del texto estaba adornado con una especie de parra con incrustaciones de oro, mientras que las hojas eran de jade verde; podía apreciarse hasta el más mínimo detalle. Las tablillas eran una joya en sí mismas. El tipo de tablilla y el método de fechado eran del período atlante temprano. Cada tablilla podría costar una fortuna, en caso de ser puestas a la venta. Mientras cavilábamos sobre todo ello, llegaron el abad y el superior, acompañados por el anciano lama que se encargaba de los registros. Nos sumergirnos de tal manera en ese recital de historia que el abad tuvo que avisarnos de que se acercaba la hora de nuestra cita con el Dalai Lama y que debíamos cambiarnos de indumentaria para ello. Cuando llegamos a nuestros aposentos, hallarnos túnicas para cada uno de nosotros, pero cómo ponérnoslas fue todo un desafío. El tiempo había pasado con tal rapidez que decidirnos intentarlo sin consultar y acabarnos vistiéndonos de cualquier manera. Resultó que algunos nos las habíamos puesto al revés, otros habían dejado la parte interna de la túnica hacia fuera, mientras que sólo unos cuantos se las habían puesto correctamente.
Al llegar a la cámara de audiencias vimos al Dalai Lama cruzar el salón con su guardia y entrar en la cámara a través de las enormes puertas. Estuvimos seguros de haber visto una amplia sonrisa en su rostro. Nos quedarnos aguardando a que abrieran la puerta lateral, que era la señal que esperábamos para entrar en la cámara. La puerta no tardó en abrirse y nos condujeron al interior, que lucía una de las decoraciones más lujosas que jamás hemos visto. El techo de la habitación remataba en una gran bóveda central. En esta bóveda había tres grandes lucernarios por los que penetraban grandes haces de luz solar, que iluminaban la estancia con un brillo y esplendor demasiado magníficos para ser descritos. Las paredes se hallaban totalmente cubiertas de tapices bordados en oro, con figuras entretejidas en hilo de plata. En el centro de la sala, sobre un estrado elevado y cubierto con un tejido hilado en oro, se sentaba el Dalai Lama, ataviado con un manto de hilo de oro ribeteado de púrpura e hilo de plata. El abad y el superior nos condujeron ante el Dalai Lama, y, al igual que en la ocasión anterior, permanecieron a cada extremo de la fila. Tras darnos la bienvenida, el Dalai Lama bajó del estrado y se puso de pie frente a nosotros. Elevó las manos, nos arrodillarnos y recibirnos sus bendiciones. Al incorporarnos, el Dalai Lama se acercó a nuestro jefe.
Después, le prendió un broche sobre el pecho y habló a través de un intérprete: «Esto os permitirá tanto a vos como a vuestros compañeros circular con libertad por estas tierras. Podéis ir y venir según tengáis a bien y; por ello, os concedo esta encomienda que os otorga el estatus de ciudadano del Tíbet. Os concedo el título de Señor del Gran Gobi». Luego recorrió toda la fila, prendiendo broches más pequeños, aunque similares, sobre el pecho de cada uno de nosotros, diciendo: «Ésta es una muestra de mi estima. Os dará acceso a toda la tierra del Tíbet. Es vuestro salvoconducto allí donde vayáis». De manos del abad, tomó el pergamino que contenía el nombramiento y se lo entregó a nuestro jefe. Los broches estaban bellamente labrados en oro, guarnecidos de filigrana, con una imagen del Dalai Lama en el centro tallada en relieve sobre jade, como un camafeo. Para nosotros fue una joya que apreciamos con la más alta estima. El Dalai Lama fue todo bondad a lo largo de la ceremonia. Lo único que pudimos decir fue: «Gracias». El anciano lama encargado de los códices entró y nos informaron de que compartiríamos la cena con el Dalai Lama. Una vez acabada la comida, la conversación derivó hacia el tema de las admirables tablillas. El Dalai Lama, así como el lama anciano, nos ofrecieron un detallado relato -a través de un intérprete- acerca de la historia de las tablillas, que anotamos cuidadosamente. Parece ser que esas tablillas fueron descubiertas por un sacerdote budista itinerante en unas criptas halladas bajo las ruinas de un antiguo templo en Persia. El sacerdote dijo que las había hallado al escuchar -mientras estaba sentado en samadhi- una bella voz que parecía emanar de las ruinas. Las canciones eran tan dulces y la voz tan clara que finalmente se interesó en ellas, y; al seguir la dirección de la que provenían, se encontró con la cripta. La voz parecía venir de debajo. Tras realizar una inspección en profundidad y no encontrar abertura alguna, se decidió a localizar el origen de la voz.

Ayudándose de herramientas bastante toscas, empezó a cavar entre los escombros, descubriendo una losa que parecía formar parte del suelo de la cripta en ruinas. Se sintió desanimado, ya que durante un momento había pensado que la voz le guiaba por el camino adecuado a través de las ruinas. Antes de abandonar el lugar, se sentó en meditación durante unos instantes y la voz se hizo más clara y concreta, finalizando con el requerimiento de que continuase. Mediante un esfuerzo casi sobrehumano consiguió levantar la losa. Al apartarla descubrió una abertura que daba a un pasadizo. Se metió por la abertura y el pasadizo se iluminó con una fuerza invisible que brillaba delante de él. Siguió la luz y ésta le condujo hasta la entrada de una gran cripta, cerrada con enormes puertas de piedra. Se detuvo unos instantes ante las puertas. Las bisagras comenzaron a crujir y el gran bloque de piedra empezó a girar lentamente, revelando una hendija por la que pasó. Al cruzar el umbral, la voz cantó con más claridad y dulzura, como si su dueño estuviese también allí. La luz, que se había quedado en la puerta, se trasladó al centro de la gran cripta, iluminándola por completo. Allí, en nichos abiertos de las paredes de esta cripta, cubiertas con el polvo de las eras, se hallaban las tablillas. Examinó unas cuantas y, tras percibir su belleza y valor, decidió esperar hasta que pudiera hablar con dos o tres compañeros de confianza, a fin de considerar con ellos la posibilidad de trasladar las tablillas a un lugar más seguro. Salió de la cripta, volvió a colocar la losa y la cubrió de nuevo con cascotes. Luego, inició la búsqueda de compañeros que creyesen su historia y que contasen con la fortaleza de ánimo y los medios suficientes para llevar a cabo su plan.
Esa búsqueda le llevó más de tres años. Casi todos a los que les relató la historia creyeron que se había vuelto loco. Finalmente, un día, durante una peregrinación, dio con tres sacerdotes a los que había conocido en el transcurso de otro peregrinaje, y les contó la historia. Al principio se mostraron escépticos, pero una noche, exactamente a las nueve, mientras se hallaban sentados alrededor de una hoguera, la voz empezó a cantar y a hablar de los textos. Al día siguiente los cuatro se alejaron del resto de la compañía e iniciaron el viaje hacia las ruinas. A partir de ese momento, a las nueve en punto de la noche, la voz siempre volvía a cantar. Si se encontraban cansados o abatidos, la voz cantaba con más dulzura. Al final del viaje, cuando ya se acercaban a las ruinas, una hora antes del mediodía, se les apareció una forma juvenil, que empezó a cantar y los condujo hacia las ruinas. Cuando llegaron, quitaron la losa y entraron inmediatamente en la cripta. Al acercarse, las puertas se abrieron de par en par y entraron. Una corta inspección convenció a los sacerdotes del valor y la veracidad del descubrimiento. Estaban tan cautivados por el hallazgo que no durmieron en tres noches. Se apresuraron para llegar al pueblo, que se hallaba a unos ciento diez kilómetros, a fin de conseguir los camellos y suministros que les permitirían trasladar las tablillas a un lugar más seguro. Finalmente consiguieron doce camellos; los cargaron y regresaron. Embalaron las tablillas para que no sufrieran daños durante el transporte. Tras hacerse con tres camellos más, iniciaron el largo viaje a través de Persia y Afganistán, hasta llegar a Peshawar.

Cerca de Peshawar, ocultaron su carga en una gruta apartada, Permanecieron en aquel lugar durante cinco años. Uno de los sacerdotes siempre se quedaba sentado en samadhi, ante la cueva, a fin de proteger las tablillas. Desde Peshawar las trasladaron a Lahnda, en el Punjab. Allí se quedaron diez años. Luego, en etapas cortas, las fueron trayendo hasta aquí, y, finalmente, las depositaron en el palacio del Gran Lama. Todo esto les llevó más de cuarenta años. Desde este palacio deberían ser llevadas hasta Shambala. En otras palabras, las habíamos visto de paso.

En ese momento, un asistente entró con cuatro tablillas y las colocó, con sumo cuidado, sobre un mueble elevado que hacía las veces de mesa. Nos sentamos alrededor para tenerlas de frente. Cuando las manecillas del reloj señalaron las nueve, se escuchó una voz cantarina, infinitamente dulce, y, no obstante, en un tono muy agudo que recordaba la voz de un muchacho imberbe. Ésta es la traducción de las palabras que oímos: «Que existe un Espíritu omnisciente e inteligente, y que esa inteligencia es Divina e infinita y que penetra todas las cosas, es algo que no puede negarse. Como esta inteligencia lo penetra todo, es infinita y es la fuente de todo. Es Divina y su Divinidad manifiesta en forma de pensamiento o materia visible es el hecho o verdad de todas las cosas. »Podéis llamarlo Espíritu omnisciente, inteligente, Dios o Bien, o lo que deseéis, ya que el ser humano debe darle nombre a todas las cosas. Una vez que le ha dado nombre a algo, dispone del poder de hacerlo existir. Si un ser humano da nombre a cualquier cosa con verdadera reverencia, veneración y alabanza, puede convertirse, y se convierte, en lo que nombra. »Podéis ver que el ser humano puede, por elección, convertirse en Dios o en un animal. Se transforma en el ideal que se decide a seguir. De este modo, es muy fácil darse cuenta de que el ser humano es el Hijo unigénito de Dios, o el hijo unigénito del animal. Dependiendo de su elección, el ser humano puede convertirse en mal o maligno si su vista contempla el mal; o puede convertirse en Dios, si su vista contempla a Dios. »En este estado informe, el Espíritu omnisciente e inteligente permanecía silente y contemplativo; no obstante, la inteligencia estaba presente y se consideraba a sí mismo tanto productor como espectador de todas las cosas animadas e inanimadas. En este estado silente, el Espíritu omnisciente e inteligente vio que no existía modificación; y decidido a emanar o manifestar el universo, esta inteligencia elaboró una imagen de cómo sería el universo. Como no podía hacer más que seguir la imagen perfecta o plan Divino, el universo aceptó de buena gana la forma dirigida por la inteligencia. »La imagen del Ideal Divino se amplió hasta que se hizo perfectamente visible. Ése es el Universo tal y como lo vemos en la actualidad, que sigue el plan perfecto que debe seguir. »Esta inteligencia es, y siempre ha sido, el observador y director de su plan de Ideal Divino.
»Esta inteligencia sabía que era necesario manifestar forma animada y dotarla de todos los potenciales, a través de lo que podría expresarse por completo. Es lo que se conoce como hombre inmortal. Este Ideal Divino, que se manifiesta en todas las fases y direcciones, es lo inmortal de cada ser humano actual. Como este ser humano fue creado en el Ideal Divino de la Inteligencia o Espíritu omnisciente, apareció manifestado como el Hijo del Principio, con dominio sobre todos los atributos y condiciones. Hijo significa "unión con", no "sirviente de". Era necesario que este Hijo tuviese total libertad de elección y que de ninguna manera se convirtiese en esclavo o marioneta. «Este ideal inmortal siempre debe incluir una porción o chispa de la llama central que lo manifestó o proyectó en la existencia. Esta proyección fue la primera célula que finalmente terminó convirtiéndose en el cuerpo del ser humano y es la chispa de vida que permanece para siempre y que nunca muere. Esta célula recibe el nombre de Cristo. Esta célula, aunque dividida y repetida muchos millones de veces, retiene la imagen del Espíritu Divino proyectada e implantada en ella y no puede ser pervertida por el pensamiento humano. Por ello el ser humano siempre es Divino”.


Ancient Uyghur Civilization (1)-Cave art by ancient Uyghurs

17 de marzo de 2009

Helena Petrovna Blavatsky - Sacerdotisa de lo Oculto

HELENA PETROVNA BLAVATSKY
SACERDOTISA DE LO OCULTO
Débora Goldstern ©


“Viajaba yo cierto día entre Baalbeck y el río Orontes, cuando vi una caravana en el desierto; era la de Mme. Blavatsky, y acampamos reunidos. Había allí un gran monumento junto a la aldea del Marsum, entre el Líbano y el Ante Líbano. Este monumento mostraba unas inscripciones que nadie había podido descifrar, y como yo sabía algo acerca de las cualidades extraordinarias de Mme. Blavatsky, y lo que ella podía conseguir respecto de los espíritus, le rogué tratase averiguar algo acerca de dicho monumento. Para ello, fue preciso esperar la llegada de la noche. Entonces ella trazó un círculo en derredor suyo y nos hizo entrar a todos en él. Se encendió fuego y se echó en él gran cantidad de incienso, recitando seguidamente conjuros o mantrams. Volviese a echar incienso, y entonces ella, con su dedo, nos mostró el monumento, sobre el que se veía un gran globo de una blanco fuego.

Sobre un sicomoro, que estaba al lado, parpadeaban otras pequeñas llamas. Nuevamente se quemó incienso, y entonces Mme. Blavatsky ordenó al espíritu en cuyo honor había sido alzado el monumento que apareciese. Bien pronto una vaporosa nubecilla se levantó velando a la débil claridad de la luna. Al echar más incienso aún, la nubecilla tomó la forma vaga de un anciano de lengua barba, quien, con vos lejana, pareció hablar a través de la nubecilla, diciendo que el monumento había sido el altar de un templo destruido hacía tiempo, y elevado en honor de un dios caído siglos antes de nuestra era. —Y vos ¿quién sois?, interrogó Mme. Blavatsky. —Soy Hiero, uno de los sacerdotes de este templo—. Entonces Mme. Blavatsky le ordenó nos mostrase el templo tal y como antaño existió. El anciano se inclinó, reverente, y por un instante pudimos contemplar la visión de un templo y de una gran ciudad, que cubría la llanura en todo lo que alcanzaba la vista. Después todo desapareció.” (Relato de la Condesa Pashkoff, publicado por el periódico norteamericano New York World el 21 de abril de 1878).[2]

La descripción citada, constituye una buena muestra sobre el problema a enfrentar. El estudio de una personalidad como la de Helena Petrovna Blavatsky —mejor conocida por sus iniciales “H.P.B”-, resulta para cualquier investigador una tarea riesgosa. A más de un siglo de su fallecimiento acaecido en 1891, seguimos sin conocer realmente quién era H.P.B. Súmese a este enigma sus biógrafos, y la ecuación se complica. Detractores furiosos, defensores acérrimos, las opiniones distan de ser coincidentes. Aclarado el concepto, entregamos nuestra propia versión de esta historia, con el temor de defraudar en el camino, a partidarios y enemigos blavatskianos.

Helena Petrovna Blavatsky, nació el 30 de julio de 1831 (12 de Agosto según el calendario ruso), en la ciudad de Ekaterisnolav, sur de Rusia. Era hija del coronel Meter Hahn, que descendía de los viejos cruzados de Mecklenburg, los Rotternstern Hans (Alemania). Su madre Helena Fedéff, durante su corta vida (ya que fallecería a la temprana edad de 27 años) logró cierta reputación como novelista, siendo considerada por los críticos como la George Sand rusa. La madre de ésta, quién más tarde se encargaría de la 3 educación de H.P.B y de sus restantes hermanos, fue la princesa Helena Dolgorouky, descendiente de una estirpe muy noble y de gran protagonismo en la historia de su país.

En este ambiente privilegiado se desarrollaron los primeros años de la joven Helena, que a la edad de 11 años, y después de perder a su madre, fue trasladada a la región de Saratoga para quedar bajo la tutela de su abuela, la princesa Dolgorouky. La misma Helena declararía después que “en aquella época de su vida se vio cuidada y mimada por un lado, castigada y endurecida por otro. Enferma y casi moribunda hasta los siete años u ocho años, sonámbula; poseída por el demonio. Gobernantas, dos. Niñeras, no sé cuántas, muchas... Una era medio tártara. Los soldados de mi padre cuidaban de mí...” De esta época data el apodo conferido por las tropas paternas a Helena y sus hermanas, que fueron conocidas como “las hijas del regimiento”.

Años más tarde una de sus mayores confidentes, su hermana menor Vera, escribiría una biografía titulada: La verdad acerca de Madame Blavatsky que brinda una mirada bastante peculiar sobre los primeros tiempos de Helena: “Era exclusivista, caprichosa, original, y a veces osada hasta la temeridad y la violencia, todos los maestros habían agotado su paciencia en Helena, quien jamás se avenía a horas fijas para sus lecciones, asombrándolos sin embargo, por su viva inteligencia, especialmente en lo relativo a la música y a los idiomas extranjeros”.

Sin embargo, esta inteligencia vivaz estuvo rodeada desde siempre por una atmósfera paranormal que la acompañó durante toda su vida. El primer reporte de estas “manifestaciones” lo tenemos en la ceremonia de su bautismo, según relato que nos lega Sinnet, estrecho colaborador en la Sociedad Teosófíca: “Estaba a punto de terminar la ceremonia. Los padrinos pronunciaban la renuncia a Satán y sus obras, que en la Iglesia ortodoxa va acompañada de tres salivazos contra el invisible enemigo. En aquel momento la chiquilla, jugando en el suelo con el cirio encendido, prendió fuego inadvertidamente a los largos y flotantes hábitos del sacerdote, sin que nadie reparara en el incidente hasta que ya fue demasiado tarde. Propagóse el fuego y resultaron varias personas, entre ellas el sacerdote, con varias quemaduras”. Cabe aclarar que HPB no sufrió daño alguno, siendo este considerado un presagio funesto y motivo de sobrenombre para la niña, ya que no se tuvo mejor idea que proclamársela “la concubina de Satán”.

En otro pasaje del libro de Sinnet leemos: “Era sumamente nerviosa y sensitiva, hablaba en voz alta, y a veces la encontraban sonámbula en los más apartados lugares de la casa y la volvían a la cama profundamente dormida. Una noche, cuando apenas contaba con doce años, la echaron de menos en su dormitorio, y, dada la alarma, fueron a buscarla, encontrándola paseando por uno de los largos corredores y en detenida conversación con alguien invisible para todos menos para ella”. Y preguntamos: ¿Contribuyeron estos desórdenes psíquicos a su desarrollo de las facultades mediúmnicas? Antes de brindar una respuesta a este interrogante, repasemos algunos puntos sobre el asunto.

Remito tres opiniones divergentes acerca del sonambulismo. Obsérvense las diferencias entre un punto y otro. Allan Kardeck[6], padre del espiritismo francés, explica en su obra El libro de los Espíritus que “... en el sonambulismo, el espíritu se pertenece a sí mismo completamente, y estando hasta cierto punto en estado cataléptico, los órganos no reciben las impresiones externas. Este estado se manifiesta especialmente durante el sueño, momento en que puede el espíritu abandonar provisionalmente el cuerpo, entregado como está éste al descanso indispensable a la materia. Cuando se producen los hechos sonambúlicos, débense a que el espíritu, ocupado de este o aquel asunto, se entrega a alguna acción que requiere el empleo del cuerpo, del cual se sirve de un modo análogo al uso que se hace de una mesa o cualquiera otro objeto material en el fenómeno de las manifestaciones físicas, o de la mano en el de las comunicaciones escritas. En los sueños de que se tiene conciencia, los órganos, incluso los de la memoria, comienzan a despertarse; reciben imperfectamente las impresiones producidas por los objetos o causas externas, y las comunican al espíritu que, reposando también entonces, no recibe más que sensaciones confusas e incoherentes con frecuencia y sin ninguna razón aparente de ser, mezcladas como están de vagos recuerdos, ya de esta existencia, ya de las anteriores. Fácil es entonces comprender por qué los sonámbulos no tienen ningún recuerdo y por qué los sueños cuyo recuerdo conservamos, no tienen sentido alguno las más de las veces. Digo las más de las veces, porque sucede que son consecuencia de un recuerdo exacto de acontecimientos de una vida anterior, y alguna vez hasta una especie de intuición del porvenir...”
René Genón, gran pensador también de origen francés, entrega otra visión del tema en su escrito “El Error del Espíritu”: “... Por lo demás, hay casos en los que el «subconsciente», individual o colectivo, explica todo por sí solo sin que haya la menor exteriorización de fuerza en el médium o en los asistentes; ello es así para los «médiums de encarnaciones» e incluso para los «médiums escritores»; estos estados, lo repetimos una vez más, son rigurosamente idénticos a los estados sonambúlicos puros y simples (a menos que se trate de una verdadera «posesión», pero eso no ocurre tan corrientemente).
A este propósito, agregaremos que hay grandes semejanzas entre el médium, el sujeto hipnótico, y también el sonámbulo natural; hay un cierto conjunto de condiciones «psicofisiológicas» que les son comunes, y la manera en que se comportan es muy frecuentemente la misma...”. Y para cerrar el menú, el gran psiquiatra suizo y sucesor de Freud, Carl Gustav. Jüng, con un pasaje extraído de su tesis doctoral “Sobre la psicología y patología de los así llamados fenómenos ocultos”: “... los síntomas de sonambulísticos son particularmente comunes en la pubertad, y muchos casos bien conocidos en esta edad son citados. El aumento de la personalidad inconsciente, está definido como el proceso automático cuyos resultados no están disponibles para la actividad síquica consciente del individuo ...”.

Quién escribe sostiene que hay pequeñas dosis de verdad en cada una de las posturas citadas, revelando para el intérprete aspectos esenciales de la personalidad de Blavatsky. Después de este pequeño break, retomemos nuestro estudio. Pero el sonambulismo sólo era uno de los fenómenos que desde pequeña perturbaban a la joven Helena.

Véase sino este relato: “... Con motivo de un asesinato que había sido perpetrado en la región de su residencia paterna, el comisario de la Policía, amigo de su padre, se lamentaba ante éste de las dificultades que hallaba para aclarar el misterio. El Coronel Hahn, padre de Helena, le sugirió que utilizara las dotes clarividentes de su hija. El policía rió de tan buena gana, que la muchacha herida en su amor propio, le desafió a que lo descifrase antes que ella. Y fue a sentarse con un libro en un rincón, malhumorada. De repente, se levanta. Y se dirige hacia el comisario para decirle en un tono perentorio y triunfal, no desprovisto de ironía: “Ud. Conoce al asesino, comisario; lo ha visto varias veces sin sospecharlo, se llama Samoilo Ivanov y se esconde en granero de Ulassov, un aldeano en Oreshkino. Si van ahora, podrán prenderle. El policía rió durante un buen rato, asegurando que no conocía al tal Ivanov. Es un soldado con permiso — replicó la muchacha—; estaba borracho y se peleaba con su víctima. No lo había premeditado. Fue un accidente más que un crimen”. Pasado su regocijo, el comisario quiso, no obstante, comprobar las revelaciones de la “vidente”, y el culpable fue detenido...”

Resulta un problema de envergadura para la mayoría de sus críticos más furiosos, tener que citar en cada biografía un relato como el descrito, que para su desazón está debidamente documentado.
Otro aspecto desconcertante es el enigma de su inmensa sabiduría. En muchos estudios sobre su persona, se asegura que su reputación de erudita se gestó años después de su partida de Rusia, a través de los innumerables viajes que realizó por el mundo y por el conocimiento trasmitido por sus Maestros. Su educación en esta etapa juvenil, aseguran, fue bastante mediocre. Pero hoy día investigaciones más actuales revelan una historia bien distinta, como por ejemplo, que a la edad de 16 años, sintiera interés por los libros místicos que encontró en la biblioteca de su abuelo. Además, se debe destacar que éstos contaban con una de las mejores colecciones de fauna, flora, y reliquias de animales antiguos a la que Helena tenía acceso, que sin duda le fueron de fuente de inspiración en la Redacción de la Doctrina Secreta.

Antes de concluir este capítulo queremos referirnos al suceso que determinó su salida de Rusia. Hablamos de su frustrado casamiento con el General Nícero Blavatsky, una unión que sólo le reportaría el célebre apellido. Conozcamos la historia. En los pocos retratos que se conservan de H.P.B, se observa un rostro de rasgos asiáticos, corte tártaro-kalmuka, ciclópea e imponente. Tenía el cabello castaño claro, y unos ojos difíciles de olvidar. Según relata su primo, el conde Witte, “eran enormes de intenso y profundo color azul, brillaban dice, cuando hablaba, de una manera fulgurante, imposible describir”. El escritor catalán Juan Parellada de Cardellac cuenta “que su físico era más bien vulgar, era corpulenta y carecía de feminidad. Las cosas del amor la tenían sin cuidado, o mejor dicho, la repelían hasta el extremo de cuando sus amigas hablaban de alguna aventura con chicos de su edad, se le subía el estómago a la cabeza. Un día su padre, viéndola tan poco femenina le dijo que si seguía así, sería incapaz de conquistar siquiera a un viejo general amigo de la familia, conocido por su atractivo físico y su nariz de berenjena. Helena aceptó el reto y sedujo al anciano general que se apresuró a pedir su mano”.

En esta época, Helena tenía 17 años y al parecer el viejo General, en ese entonces Vicegobernador de la provincia de Ereván, Cáucaso, no era tan anciano como se dice sino que apenas pasaba los cuarenta. Ya antes de contraer matrimonio Helena le había prometido a su futuro esposo que sólo habría un desgraciado en este enlace y que precisamente no sería ella. “La misma noche de la boda, el general se llevó a su joven esposa a una dacha cercana a la frontera persa. Era el 7 de julio de 1848. Durante el viaje, Helena intentó sobornar a un cosaco de su séquito para que la llevara a Persia. Denunciada, fue considerada desde ese momento como prisionera. La encerró en la dacha día y noche, vigilada día y noche por los soldados. Intentó seducirla por todos los medios. La joven se resistía obstinadamente, lloraba, injuriaba, rompía muebles y objetos. El general le mandó a administrar severas correcciones por sus soldados. Todo fue inútil. Parecía insensible a los golpes. El general le administró un narcótico, bebió más de la cuenta e intentó violarla. Entonces se dio cuenta que su joven esposa presentaba una anomalía sexual. Transcurridos tres meses, un día Helena burló la vigilancia de sus guardianas y huyó al Tiflis, desde donde avisó a su padre, pero temiendo que éste la devolviera a su esposo, embarcó en un velero hacia Constantinopla y de ahí a Egipto...”.

Esta anomalía sexual se debía según un certificado médico que la propia Helena dio a conocer más tarde, a una caída de caballo que le había provocado un retorcimiento congénito del útero. Citándola: “no he podido tener nunca relaciones con un hombre porque me falta algo y en su lugar hay una especie de pepinillo retorcido”. Mucho se ha discutido sobre su sexualidad y se ha pontificado sobre sus preferencias en el terreno. Sin embargo el caso de Blavatsky se inscribe en la larga lista de personajes ocultistas que padecieron desarreglos similares, como por ejemplo el gran Aleister Crowley. El esoterista inglés hizo escuela con su iluminismo sexual, práctica controvertida que le valió la condena popular. Aunque Blavatsky no llegó a tales extremos, sí se encontró perturbada por esta deficiencia, que le causaba grandes desequilibrios en lo personal. Deberíamos preguntarnos si el desarrollo de cualquier facultad paranormal trae aparejado una atrofia o alteración en el aspecto sexual o si todo se reduce a mera casualidad.
Fuente:
Goldstern, Débora.
Sociedad Teosófica: Culto a los Mahatmas
En:
http://www.enigmasymisterios.net/nspip/article335.html

Madame Helena Petrovna Blavatsky



TEOSOFIA E MADAME BLAVATSKY

11 de julio de 2008

HISTORIA DE LA GOLDEN DAWN Y ALGUNOS APUNTES ACERCA DE LA TEOSOFÍA: ESCUELA BLAVATSKY Débora Goldstern.©

HISTORIA DE LA GOLDEN DAWN Y ALGUNOS APUNTES ACERCA DE LA TEOSOFÍA: ESCUELA BLAVATSKY
Débora Goldstern.©


Rosa Roja, orgullosa Rosa, triste Rosa de todos mis días.
Acércate a mí, mientras canto las antiguas melodías
W.B. Yeats. “The Rose” (1893)




La Orden Hermética de la Golden Dawn –que traducida al español significa Alba Dorada-, ve la luz allá por el 1887 o el 1888, no hay coincidencia en cuanto a su fundación. De lo que si se tienen datos precisos es que fueron tres individuos, Mathers ,Westcott, y Woodman quienes sentaron las bases de la futura Orden. Todos ellos habían participado en Logias Masónicas y eran reconocidos como ocultistas practicantes. Un misterio inquietante refiere a los documentos que le confirieron a la Golden Dawn la acreditación necesaria. Hay quién sostiene que su nacimiento se debió –al hallazgo aparentemente casual de unos documentos procedentes de una fuente de Nuremberg, que contenían rituales de iniciación hasta hoy desconocidos- Aunque desde la Orden se predica que –Mathers recibió los Manuscritos Cifrados para traducir. El código era simple y era un código del siglo XV creado por el abate Trithemius.


La historia registra que fue Westcott quién encargó a Mather traducir los manuscritos y usarlos como esqueleto para lo que luego se conocería como las Iniciaciones de la Orden Externa de la Golden Dawn. Se cree que Mathers y Wescott ya estaban iniciados en los Misterios Rosacruces y que los Manuscritos Cifrados eran un método de proteger su propio juramento de secreto.

En 1892 la Golden Dawn enfrentó una grave crisis que puso de manifiesto cuan frágiles eran las bases que le servían como sustento. Ocurrió que –la Orden había obtenido una cédula original y los rituales para los primeros cinco grados de una logia afín en Alemania, con la que mantenía abundante correspondencia.

Sin embargo, ni un solo miembro de Alba Dorada había visitado jamás la Logia Alemana, ni conocía a ninguno de sus miembros.

Los entusiastas magos incipientes ya pisaban terreno peligroso. Cundió la consternación cuando la Logia de Nuremberg se negó a entregar los cuatro grados de ascenso de los adeptos, los cuales conducían directamente a la comunicación con las jerarquías de inteligencias superiores- Gracias a la oportuna de intervención de Mathers la Logia Logró sobrevivir-en una reunión general de la Logia, anunció que él mismo había establecido contacto con los Poderes, que se le había presentado con los grados y rituales requeridos del Segundo Orden. Sin embargo él no se había comunicado con las jerarquías celestiales, sino con una jerarquías de Superhombres...-los jefes secretos del Tercer Orden-

Estamos llegando a un punto interesante en la historia de la Orden, crucial, diríamos, porque estas Jerarquías o Superiores Desconocidos no son patrimonio exclusivo de la Golden Dawn, la Teosofía también fue presa de estos contactos. Pero no adelantemos especulaciones.

Superada la crisis gracias a la rápida intervención de Mathers “la sociedad hermética tuvo un período de unos quince años de vida, suficientes para marcar la trayectorias vitales de muchos de sus afiliados”, que contó en sus filas con destacadas personalidades, como William Butler Yeats, Premio Novel de literatura inglesa en 1923, Bram Stocker , autor de Drácula, y que también albergó a científicos y actores. La Orden practicaba magia ceremonial “que incluían invocaciones a dioses de panteones extintos. La calidad literaria de muchos de tales rituales no es nada despreciable, con pasajes de alto contenido poético”. También fue permitida la entrada de mujeres, convirtiéndose en una Sociedad Hermética de orden abierto. Los adeptos de la Golden Dawn aprendían el alfabeto hebreo y el sefirótico árbol de la vida, además de tarot, astrología y geomancia. A diferencia de la Teosofía que tenía una estrecha relación con el pensamiento oriental, en la Golden Dawn se buscó un acercamiento con el legado de los egipcios, griegos, romanos, hermetistas, gnósticos y cabalistas.


EL LADO OSCURO DE LA GOLDEN DAWN

Escucha el silencio, deja que siga sonando
Ojos oscuros, implacables, asustados del sol
Podríamos pasárnoslo bien viviendo en la noche
Dejamos una destrucción ciega esperando nuestra vista
El libro de Thot
Aleister Crowley

La reputación de la Orden sufrió un duro revés, cuando saltó a la luz pública que su líder Mathers, se contactaba con unos seres, que afirmaban pertenecer a una categoría distinta a la del hombre y que más tarde fueron conocidos como los jefes secretos del Tercer Orden o Superhombres. De la noche a la mañana la Orden pasó de ser considerada como una mera Sociedad de Hermetistas, a ser vista como una Sociedad de Brujos, con un coqueteo no admitido de la Magia Negra . ¿Pero había razón para alarmarse?. Prestar atención a las palabras de Mathers : -“... Ni siquiera conozco sus nombres, y en rara ocasiones los he visto en cuerpos físicos ...


Mis encuentros con ellos me han mostrado lo difícil que es para un mortal, por muy avanzado que esté, soportar su presencia ... No quiero decir que durante mis pocos encuentros con ellos haya experimentado los mismos sentimientos de intensa depresión física que acompaña a la pérdida de magnetismo; al contrario, la sensación era la de estar en contacto con una fuerza tan terrible que solo puedo comparar con lo que usualmente experimenta una persona a la que un relámpago cae muy de cerca durante una violenta tormenta; esto unido a una dificultad respiratoria parecido al efecto estrangulador del éter. Debido a mi práctica en el trabajo ocultista, no puedo concebir que un iniciado mucho menos avanzado sea capaz de soportar una tensión de tal magnitud, ni aún durante unos minutos, sin que le sobrevenga la muerte..., la postración nerviosa después de cada encuentro es terrible y va acompañada de sudores fríos y hemorragias de la nariz, la boca y los oídos...”

No existe otra vía de información que certifique la validez de estos informes, todos provenientes de los archivos de la Golden Dawn, por lo tanto esta línea argumentativa recién expuesta, bordea y atenta contra los límites de la razón. Si la Golden Dawn realizaba ceremonias secretas, que incluían la expansión de los sentidos permitiendo al candidato el contacto con entidades ajenas a este universo o dimensión es una posibilidad no descartada, que queda como testimonio para futuros estudios e investigaciones. En cuanto a trucos parapsicológicos tampoco desalentamos. Con la llegada de Aleister Crowley a la cúpula de la Orden estos rumores se acrecentarían en forma desmesurada para convertirse en casi una certeza o confirmación ...


ALEISTER CROWLEY: “LA GRAN BESTIA”


Aunque la estancia de Crowley dentro de la Golden Dawn solo cubre un corto período, los destinos de la Orden y del mago más temido de Inglaterra aún se asocian y se entremezclan por el legado de extravagancia, locura y controversia que acompaño la gestión del que alcanzó el título de “Frater Perdurabo” dentro de la Golden Dawn. Hojeemos el Necronomicrón para chequear algunos datos de la Gran Bestia.

Edward Alexander Crowley nació en Leamington, Warwickshire, el 12 de Octubre de 1875. Su padre murió a edad temprana y fue educado por un tío que lo puso en manos de un tutor, que fue el que lo “inició en las carreras de caballos, juegos de apuestas, billares, y mujeres”. Todo un aprendizaje. Su formación adulta prosiguió en los claustros de la prestigiosa Cambridge, y a imitación de su ídolo de juventud Oscar Wilde, se inició en la homosexualidad y en la poesía, aunque en este terreno no alcanzó la misma gloria que su querido idolatrado.
De esa época queda como recuerdo una colección de poemas pornográficos titulado White Satin (Satin Blanco), “crónica de un poeta que desciende a un universo de necrofilia, bestialidad y muerte”. Y solo tenía, 21 años.



La entrada de Crowley al mundo de la magia tiene lugar entre 1899 o 1900. Enseguida demuestra un gran dominio en estos asuntos que le valen la aceptación inmediata de los grandes maestros ocultistas de la época. La irrupción de Crowley en la Golden Dawn es recibida con recelo, a pesar de que fue el propio Mathers quién lo eligió como adepto y posible sucesor. Pero poco después de estos hechos se produce la disolución de la Orden y acto seguido Crowley se aleja de la Golden Dawn para iniciar su propia Logia, el Astrum Argentinum. Trevor Ravenscroft brinda en uno de los capítulos de Hitler: Conspiración de las Tinieblas, una descripción aterradora acerca de las verdaderas intenciones de la Gran Bestia “... Pasó rápidamente por las técnicas de aficionado de culto y se dedicó en serio a la práctica efectiva de la magia negra, de una forma nueva por completo. En comparación con Crowley, puede decirse que todos los miembros de Alba Dorada no eran más que muñecas durmientes jugando a las charadas ceremoniales.// “...Sus estudios se concentraban en todas las formas del iluminismo sexual y, hacia 1912, había alcanzado el Noveno Grado de una falsa y clandestina logia de Berlín, “Ordo Templi Orientis”, que se ocupaba tan solo de la magia sexual. Ascendiendo a través de la magia autosexual, una forma de masturbación mágica, llegó a los grados más altos, en los que el acto sexual se convertía en el punto central de la ceremonia, en el que los participantes tomaban el elixir de la vida, extraído de la mezcla de las secreciones masculinas y femeninas...”


En otro párrafo Ravenscroft detalla “...En la época que Crowley había pasado por la Abadía de Thelema (La Abadía de Thule), en Sicilia, se había implicado en prácticas sexuales más perversas y sádicas en grado sumo. Sus ritos incluían sacrificios animales, orgías heterosexuales, flagelaciones cruentas, sodomía, ya que había descubierto que los excesos en los rituales más sádicos despertaban la visión penetrante hacia los instrumentos de las inteligencias malvadas, y además invocaba poderes mágicos fenomenales....”//”...Crowley había invocado al Anticristo para que se manifestara, a la Bestia de la revelación invocada por Ernest Pretzsche y Guido Von Lizt en Viena, el mismo espíritu apocalíptico que se había aparecido a Dietrich Eckart y Alfred Rosenberg en las sesiones espiritistas del grupo Thule, en Munich...”


CONEXIÓN CROWLEY-ALEMANIA



Nada de lo aquí mencionado tendría algún interés, sino fuera porque Crowley influyó de manera efectiva en la Logia Thule Alemana, que tuvo en el mago inglés un gran mentor. Pero a diferencia de Crowley quién nunca mató a nadie, la Thule, citando a Ravenscroft, era conocida en varios círculos de la época como una “Sociedad de Asesinos”. Sin embargo, los lazos de Crowley con Alemania no se redujeron a intercambiar recetas mágicas, también hubo muestras concretas de parte de Aleister hacia los germanos, sobre todo en le período de la Primera Guerra Mundial, “ya que a instancias de un alemán residente en New York, George Silvestre Viereck, acabó dirigiendo las revistas The Fatherland y The International, sin olvidar su ya mencionada conexión con el grupo gnóstico alemán O.T.O. (Ordo Templis Orientis), encabezado por cierto Theodore Reuss, que lo nombró a cargo de la filial británica y le encargó la escritura de un rito que Crowley bautizó La Misa Gnóstica”.


Crowley tuvo un final menos ruidoso del que provocó en vida, falleció en soledad de afectos en 1947. Y se dijo que sus últimas palabras fueron: “A veces me odio a mi mismo”


La Golden Dawn con su etapa Crowley incluía son una acabada demostración de que existían lazos de comunicación entres las Logias de Alemania e Inglaterra. Sin embargo los ocultistas alemanes no fenecieron en Ordenes Secretas, y Círculos Mágicos, su prédica, alcanzó los estratos más altos del engranaje nazi, que le permitió la entrada y le dio su venia.


TEOSOFÍA: ESCUELA BLAVASTSKY
No hay religión más elevada que la verdad

Helena Petrovna Blavastky


Un punto que vale la pena aclarar es el caso Helena Petrovna Blavatsky, la ocultista rusa que en el Siglo XIX causó un pequeño revuelo con su Escuela Teosófica y a quién muchos investigadores e historiadores le atribuyen una cuota de responsabilidad ideológica, por la influencia que la misma tuvo en muchos dirigentes del Partido Nazi. Pero ¿hasta que punto estas acusaciones resultan ciertas?. Nadie puede negar que muchos jerarcas del Régimen Hitleriano eran teósofos confesos, pero las ideas que alimentaban sobre la Doctrina Secreta se basaban en adaptaciones poco felices de los postulados de la Maestra Rusa, que a no dudarlo, hubiera disentido con las extremas interpretaciones que de su obra hicieron estos discípulos.
Al repasar los contenidos de la Doctrina Secreta no deja de sorprender la sabiduría que emana de sus escritos, considerando que la obra se apresta a cumplir ciento doce años, y aún resulta de vital importancia para la comprensión del ocultismo.
No resulta difícil adivinar el porque los nazis pusieron sus ojos en ella, ya que Blavastky no se privó de hablar de temas que en aquel entonces apenas se tenía alguna noción. Así, a través de los ojos escrutadores de H.P.B., desfilan nombres como la Atlántida, la ignota civilización que se habría desarrollado en el Período Mesozoico, otros Continentes de gran antigüedad y sus correspondientes razas–estas últimas en franca oposición a la Teoría Evolucionista de Darwin-, ataques a las Religiones Judeocristianas, y reivindicación de Lucifer como una fuerza liberadora de la Humanidad. Incluso Blavatsky describe los orígenes y el significado de la Svástica, el símbolo rúnico por excelencia, enmarcado dentro de los estudios teosóficos acerca de la Religión y Filosofía Oriental.
Quién haya leído la Doctrina Secreta coincidirá en los excesos y exaltaciones literarias que se desprenden de la obra. El carácter extravagante y explosivo de la rusa salpican un legado que corregido en su momento hubiera evitado males mayores. Hay que recordar que Blavatsky como buena hija de su época, además de europea y de raza blanca, no escapó a la cosmovisión occidental y racista que dominaba la esfera de aquellos días. La supervivencia del más fuerte, preeminencia de una especie sobre otra, no son solo patrimonio de Darwin, él, tan sólo encendió la mecha. La Doctrina Secreta a pesar de no comulgar con muchas de las teorías del naturalista inglés, compartía en cambio la idea de que las distintas razas no habían evolucionado de la misma manera, sino, que los diferentes estadios o grados de cada una, se debían a la superioridad o inferioridad del desarrollo de la capacidad intelectual. Por es no es de extrañar que en el seno del pensamiento teosófico se sostuviera que la Raza Aria, continuadora del legado atlante, y nacida en las estepas de Asia Central, sea identificada con la raza Blanca mientras que las tribus africanas y austropolinésicas sean solo sombras pobres en proceso de desaparición. Como dice Blavastky : -la extinción de las razas inferiores es una necesidad kármica”.

Otra alusión se dirige al pueblo judío de quién Blavatsky llegó a escribir “que los mismos constituyen una raza artificial aria pero degenerada en espiritualidad” ¿Blavatsky antisemita? Aunque no se intenta una justificación, los dichos forman parte de una estrategia de la Teosofía para atacar las Religiones Oficiales, a las que detestaban, ya que se inclinaban a los cultos orientalistas. Como simpatizantes neopaganas las bravuconadas de Blavastky servían muy bien a esos propósitos. Sin embargo hay informes que señalan que durante su estancia en París, Rabinos y Sacerdotes la consultaban y departían sobre la interpretación de la Kábala y el Esoterismo Católico. Por lo visto ellos habían comprendido que tras los excesos verbales se escondían unas cuantas verdades.


De todas las críticas que se alzaban contra la Teosofía, la que más fuerte se oía era la que cuestionaba la existencia de los Mahatmas con quién Blavastky decía estar en contacto. Estos Maestros que se creía pertenecían a una Orden Secreta del Tíbet, y de que nada se sabe, fueron los instructores de la rusa, y los mentores principales de la Teosofía. Si existieron o fueron parte de la propaganda Teosófica , es un tema que escapa a nuestra compresión, como en la Golden Dawn con sus misteriosas Jerarquías de Superhombres invisibles, en la Teosofía, al parecer se utilizaban los mismos recursos. En los reinos del ocultismo todo es posible.


Resumamos. Los nazis se apropiaron de algunas de ideas de la Teosofía y la utilizaron a su favor. ¿Cuáles fueron?. Por ejemplo, el creerse descendientes de los divinos atlantes encarnados en la Raza Aria, y que estaban en pugna con la raza degenerada o artificial (judíos). Y vale aclarar que en ningún capítulo de la Doctrina Secreta hay una relación que una a los alemanes con la Atlántida ... En cuanto a la Svástica, se beneficiaron con la detallada descripción que de la Cruz Gamada realiza H.P.B., pero nadie imaginó que el símbolo se iba a convertir en estandarte nazi. Y de seguro, Blavastky, tampoco.