29 de febrero de 2012
Rudolf Steiner - Naturaleza Viva - Débora Goldstern
2 de diciembre de 2009
Christian Rosacruz - El Gran Maestre- Débora Goldstern

Orden Rosacruz, 1623.
Una de las características del trabajo emprendido por Rosacruz, fue su poca visibilidad entre sus contemporáneos manteniendo una aureola de misterio, que lo rodeó hasta su muerte. Justamente su desaparición física acrecentaría la leyenda, ya que 120 años después de su partida, según rumores no comprobados, su tumba fue descubierta por miembros de la Orden Rosacruz, quiénes describieron al santuario con su cuerpo incorrupto, como “una bóveda de siete lados y esquinas, cada lado de cinco pies de ancho, y con ocho pies de altura. La bóveda estaba iluminada con un sol interno[2]. En el centro en vez de lápida, había un altar con una placa de bronce, con una inscripción enigmática[3]. El piso estaba dividido en triángulos”. Sergei Hutin, en Sociedad Secretas, agrega más datos: “los discípulos hallaron, además del cuerpo del Maestro que llevaba en la mano un libro simbólico escrito sobre pergamino, toda suerte de objetos rituales: «espejos de diversas virtudes, campanillas, lámparas encendidas (las famosas "lámparas perpetuas" de los Rosacruces), extraños cantos artificiales (¿una máquina parlante?)”. Se dice que su tumba oculta en una gruta, fue edificada por el propio Rosacruz, quién pasó sus últimos años en ese retiro, y que adecuó como una especie de cámara del conocimiento. Hay quién sugiere que esta bóveda se encuentra en el interior de la tierra[4], lo cual lleva a quién escribe a vincularlo a ese mundo subterráneo, que una vez más se revela a nuestros ojos, y por ende su relación con la misteriosa Hermandad Blanca.
Para profundizar en la historia de este maestro aún desconocido, ofrecemos un texto que proviene de tres conferencias entregadas por el que para nosotros representa uno de los esoteristas más importantes del siglo XIX, Rudolf Steiner, y a quién en varias oportunidades hicimos referencia desde Crónica Subterránea. En este trabajo del genial ocultista austríaco, encontramos datos más que importantes sobre la educación recibida por Rosacruz, que fue instruído por el “Círculo de los Doce”, una pista importante en nuestra búsqueda diaria sobre el mundo subterráneo.

CONFERENCIA I
EL MISTERIO DE CHRISTIAN ROSACRUZ
Me llena de honda satisfacción estar por primera vez en esta Rama, de reciente fundación, que lleva el sublime nombre de Christian Rosenkreutz[5], lo que me permite hablar por primera vez con más amplitud sobre esta personalidad ¿En que consiste el misterio de Christian Rosenkreutz. En una sola noche no se puede agotar este tema; lo dividiremos en dos sesiones: dedicaremos nuestra plática de hoy a la figura de Christian Rosenkreutz, y la de mañana a su obra. Hablar sobre Christian Rosenkreutz presupone una gran confianza, no en la persona, sino en los grandes secretos de la vida espiritual, de la misma manera que la fundación de una nueva Rama presupone siempre la fe en esa vida espiritual.
Christian Rosenkreutz es una individualidad que actúa, lo mismo cuando mora en un cuerpo físico que cuando no lo habita; actúa, no sólo como entidad física mediante energías físicas, sino también, y sobre todo, espiritualmente mediante energías superiores. Como sabemos, el hombre vive no sólo para sí mismo, sino vinculado a la gran evolución de la humanidad. Cuando el hombre normal muere, su cuerpo etéreo se disuelve en el universo; pero de ese cuerpo etéreo en vías de disolución, siempre se conserva una parte, de modo que estamos circundados por doquiera, de restos de cuerpos etéreos, lo que puede ser benéfico o perjudicial para nosotros, según seamos buenos o malos. De los cuerpos etéreos de grandes individualidades irradian hacia nosotros efectos de gran alcance. Así, del cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz emana una gran fuerza que puede actuar sobre nuestra alma y sobre nuestro espíritu.
Es nuestra tarea llegar a conocer estas fuerzas; a ellas apelamos como rosacruces. En sentido estricto, el movimiento rosacruz tuvo su origen en el siglo XII. En aquel entonces, esas fuerzas actuaban con vigor inusitado y dieron origen a una corriente vinculada con el nombre de Christian Rosenkreutz cuya continuidad en la vida espiritual sigue subsistiendo. Hay una ley según la cual esa corriente de energía espiritual debe manifestarse con particular intensidad cada 100 años más o menos. De esto es manifestación hoy el movimiento teosófico. En sus últimas disertaciones exotéricas, el propio Christian Rosenkreutz aludió a esta necesidad. En el año de 1785, las revelaciones esotéricas reunidas por los rosacruces se compendiaron en la obra "Los Símbolos secretos de los rosacruces" de Hinricus Madathanus Theosophus. Esta publicación contiene, aunque en cierto sentido limitado, alusiones a lo que como corriente rosacruz había actuado durante los cien años anteriores y que sólo halló expresión en los trabajos reunidos y recopilados por Hinricus Madathanus Theosophus. Otros 100años después, vemos manifestarse el efecto de la corriente rosacruz en las obras de H.P Blavatsky, particularmente en su libro "Isis sin velo". He aquí una obra que contiene un acervo de sabiduría occidental oculta, no totalmente aprovechada todavía, si bien el enfoque es a veces bastante confuso. Es interesante compara "Los símbolos secretos de los rosacruces" de Hinricus Madathanus Theosophus con la obra de H. P. Blavastsky. En sus obras posteriores, ella se alejó de esa corriente espiritual rosacruz, por lo que hemos de saber distinguir entre sus primeras y sus posteriores publicaciones, aunque ya en las primeras haya infiltraciones de la mente poco crítica de H.P. Blavastsky. El que digamos esto cuenta con el beneplácito de la propia H. P. Blavatsky aunque no pueda decírnoslo ahora de viva voz. Si enfocamos la particularidad de la conciencia humana en el siglo XIII, notamos que la clarividencia primitiva esa clarividencia elemental que los hombres de antaño poseían, había desaparecido paulatinamente. A mediados del siglo XIII se produjo un anticlímax a este respecto y de repente ya no hubo clarividencia, sino que para todos se extendió la obscuridad espiritual. Hasta los espíritus más iluminados, las personalidades más egregias y aun los iniciados, ya no tenían entonces acceso a los mundos espirituales, y sus afirmaciones respecto a esos mundos tenían que circunscribirse a lo que conservaban en el recuerdo. De los mundos espirituales sólo se sabía algo por tradición, o por lo iniciados que evocaban el recuerdo de lo que habían experimentado anteriormente, pues durante una breve época, ni incluso ellos tenían una visión directa de esos mundos.
Este breve período de ofuscamiento fue necesario para preparar lo preeminente de nuestra época, la civilización intelectualista que caracteriza la quinta época cultural postatlante. En la época cultural greco-latina no existía esa civilización en el mismo sentido; dominaba entonces la intuición directa en vez del pensamiento intelectual. El hombre se unió, se confundió con lo que veía y oía y hasta con lo que pensaba. En aquellos tiempos no se sutilizaba tanto como sucede y tiene que suceder hoy, pues en ello consiste la misión de la quinta época post-atlante. Más adelante volverá a alborear la clarividencia de los hombres, y surgirá la clarividencia del porvenir. El origen de la corriente rosacruz cae en el siglo XIII. En aquel tiempo había que seleccionar las personas particularmente idóneas para la iniciación; ésta, sin embargo, sólo pudo tener lugar transcurrido el breve tiempo de ofuscamiento. En un lugar de Europa que no se puede mencionar todavía, aunque en un futuro no muy lejano sea permitido identificarlo, se constituyó una logia de alta espiritualidad, un colegio de doce hombres que habían asimilado la suma total de la sabiduría espiritual de los tiempos antiguos y del suyo propio. Esto quiere decir que durante ese período tenebroso vivían doce hombres, doce espíritus egregios, unidos para fomentar el progreso de la humanidad. Ninguno de ellos poseía la visión directa del mundo espiritual, pero todos podían resucitar dentro de sí el recuero de lo que habían experimentado en una iniciación anterior. El karma de la humanidad había dispuesto que en siete de estos doce hombres se hallara incorporado lo que la humanidad había conservado de los restos de la antigua época atlante. En mi "Ciencia Oculta" ya se ha dicho que los siete antiguos Rishis, los santos instructores de la época cultural de la India primitiva, conservaban y transmitían lo que había quedado de la época atlante. Los siete hombres reencarnados en el siglo XIII, integrantes del Colegio de los Doce, eran los que podían remontarse a las siete corrientes de la antigua época atlante de evolución humana ya lo que persistía de estas siete corrientes. Cada una de esas siete individualidades no podía hacer fecunda para aquella época y para hoy más que una de esas corrientes. A estos siete se incorporaron otros cuatro que no tenían la facultad de retrotraer su mirada, como los primeros siete sabios, hacia aquellos tiempos prístinos, si bien eran capaces de remontarse hasta la sabiduría oculta que la humanidad se había apropiado en los cuatro períodos culturales post-atlante. El primero de ellos podía captar la realidad cultural de la antigua India, el segundo la de la Persia primitiva, el tercero la egipcio-caldeo-asiria y el cuarto la greco-latina. Estos cuatro, unidos con los otro siete, integraron el colegio de Sabios del siglo XIII. El doceavo miembro era el que menos se asentaba en el pasado; plenamente intelectual tenía la función de cultivar sobre todo las ciencias exteriores. Estas doce individualidades no vivían únicamente en las experiencias del ocultismo occidental, sino que las doce corrientes sapienciales confluían en un cuadro global. Alusión muy peculiar a esto la llamamos en el poema de Goethe "Los Secretos". De modo que hemos de referirnos a doce individualidades egregias y buscar, a mediados del siglo XIII, el punto de partida de una cultura nueva. En ese tiempo se había llegado a una especie de nadir de la vida espiritual. El acceso a los mundos espirituales estaba vedado incluso a los más desarrollados, y fue entonces cuando se constituyó aquella logia de alta espiritualidad. En un lugar de Europa no divulgado hasta ahora, se congregaron los doce hombres que presentaban la suma del saber espiritual de su época y que representaba las doce tendencias espirituales. En este Colegio de los Doce existía en parte una clarividencia basada en recuerdos únicamente y en parte una sabiduría de orden intelectual: los siete sucesores de los siete Rishis recordaban su antigua sabiduría; los otro cinco representaban la sabiduría de las cinco culturas post-atlantes.
De manera que en los Doce se conjugaba la suma total de la sabiduría atlante y post-atlante: once de ellos, privados de la visión espiritual directa, alcanzaban su saber sumergiéndose en los recuerdos de sus encarnaciones anteriores; y el doceavo era el que poseía en el más alto grado la sabiduría intelectual de la suya. Empero el punto de partida de una nueva cultura sólo fue posible gracias a que un treceavo entró en el círculo de los Doce. Este treceavo no era un erudito en el sentido de aquella época; era una individualidad que había estado encarnada en tiempos del Misterio del Gólgota. En encarnaciones subsiguientes se había preparado para su misión por un ánimo devoto y una vida de fervorosa entrega a Dios. Era una gran alma, un hombre devoto y profundamente místico que tenía innatas estas cualidades, no que las había adquirido simplemente. Si ustedes se imaginan a un joven muy devoto, en íntegra e incesante entrega a su Dios, tendrán ante sus ojos la imagen de cómo era la individualidad del treceavo. Este treceavo creció enteramente bajo el cuidado y la educación de los Doce y de cada uno de ellos recibió toda la sabiduría que eran capaces de darle. Se le educó con sumo esmero y de tal manera que sólo los Doce, y nadie más que ellos, pudieron ejercer una influencia sobre él. Se le mantuvo aislado del resto del mundo. En aquella encarnación del siglo XIII, era un niño muy endeble; de ahí que la educación que los Doce le otorgaron tuvo que influir hasta en su cuerpo físico. Los Doce, a su vez, profundamente compenetrados de sus respectivas misiones espirituales y profundamente henchidos de Cristianismo, eran conscientes de que el Cristianismo exterior de la Iglesia no era más que una caricatura del Cristianismo genuino. Pletórico de la grandeza del Cristianismo se les consideraba, exteriormente, sus enemigos.
Cada uno de ellos estudiaba y profundizaba solamente un aspecto del Cristianismo, en aspiración de reunir las diversas religiones en una gran unidad; estaban convencidos de que sus doce corrientes abarcaban la totalidad de la vida espiritual y cada uno de ellos, en la medida de sus fuerzas, ejercía su influencia sobre el discípulo. Su meta era llegar a la síntesis de todas las religiones, pero sabían que esto no podía alcanzarse por teorías sino sólo por la realización de la vida espiritual. Y para esto fue necesario la correspondiente educación del treceavo. Mientras las energías espirituales del treceavo se acrecentaban infinitamente, sus fuerzas físicas disminuían sin cesar. Esto les llevó al extremo de que cesó casi toda conexión del discípulo con la vida exterior, todo su interés por el mundo físico: vivía únicamente para el desarrollo espiritual, orientado por lo Doce; en él existía un reflejo de la sabiduría de los Doce. Finalmente el treceavo rehusó todo alimento y lentamente se consumía. Entonces sobrevino un acontecimiento realizable sólo una vez en la historia, uno de esos acontecimientos que pueden tener lugar cuando las potencias macrocósmicas, en atención a sus frutos, obran en conjunto. Tras algunos días, el cuerpo del treceavo se volvió completamente transparente y durante varios días estuvo como muerto. Entonces, entorno a él se reunieron los doce a ciertos intervalos, y en esos momentos fluía de su boca toda sabiduría. En breves fórmulas, comparables a rezos devotos, hacían fluir su sabiduría hacia el treceavo que yacía como si estuviera muerto. Lo mejor es imaginarse a los Doce agrupados en forma de círculo en torno al treceavo. Este estado terminó cuando el alma del treceavo, que había vivido una grandiosa transformación, pareció despertar como alma nueva. Existía en ella algo como un renacimiento de las doce sabidurías, de suerte que también los doce sabios pudieron aprender algo enteramente nuevo de ese joven. También el cuerpo transparente se vitalizó en forma tal que no puede compararse a nada. El treceavo pudo en adelante hablar de vivencias completamente nuevas; y los doce pudieron comprender que él había pasado por la experiencia de Damasco: se trata de una repetición de la visión que tuvo San Pablo en Damasco. En el curso de pocas semanas, el treceavo transmitía en forma nueva la sabiduría que había recibido de los Doce. A lo que él les revelaba los Doce lo llamaban el Cristianismo verdadero y el de la época en que vivían. El treceavo murió relativamente pronto y los Doce se dieron a la tarea de transcribir en forma de imaginaciones única en que era posible hacerlo, lo que el treceavo les había revelado.
Así nacieron las figuras e imágenes simbólicas contenidas en las obras de Hinricus Madathanus Theosophus, y también las comunicaciones de H. P. Blavatsky en su obra "Isis sin velo". El proceso oculto hemos de imaginar que consistió en que el fruto de la iniciación del treceavo se conservó en su cuerpo etéreo postmortem y, por lo tanto, persiste en el aura espiritual de la tierra. Este fruto tuvo efecto inspirador sobre los Doce así como sobre sus discípulos posteriores de modo que de ellos pudo originarse la corriente rosacruz oculta. Y el cuerpo etéreo continuó activo, y al reencarnarse el treceavo de nuevo, ya en el siglo XIV, compenetró el cuerpo etéreo de éste. Más o menos nació a mediados del siglo y vivió en esa encarnación más de 100 años; se educó en el círculo de los discípulos y sucesores de los Doce, de manera semejante pero no tan ajeno al mundo como en su encarnación anterior. Al llegar a los 28 años de edad surgió en él un ideal extraño. Se sintió impelido a viajar y a salir de Europa. Primero fue a Damasco, y allí se repitió para él una vez más la Experiencia que San Pablo había tenido. Esta experiencia debe considerarse como fruto de un germen de la encarnación anterior. Todas las energías del maravilloso cuerpo etéreo de la individualidad del siglo XIII habían quedado intactas, y nada de él se desvaneció después de la muerte en el éter universal; era un cuerpo etéreo íntegro permanente, intacto desde entonces en las esferas etéreas. Ese mismo cuerpo etéreo, de sutil espiritualidad, iluminaba e irradiaba desde el mundo espiritual la nueva encarnación que esa individualidad tenía en el siglo XIV. De ahí el impulso de volver a vivir el Evento de Damasco. Esta es la individualidad de Christian Rosenkreutz; él era el treceavo en el círculo de los Doce y de esa encarnación en adelante se le llamó así. Esotéricamente él ya era Christian Rosenkreutz en el siglo XIII, pero no se le dio este nombre exotéricamente hasta el siglo XIV y los discípulos del treceavo, los sucesores de los Doce del siglo XIII, son los rosacruces.
Christian Rosenkreutz viajaba por todo el mundo conocido. Habiendo recibido instalada toda la sabiduría de los Doce, fecundada por la gran Entidad de Cristo, le resultó fácil asimilar, en el curso de siete años, toda la sabiduría de esa época. Regresó a Europa después de siete años de ausencia y aceptó como discípulo a los más avanzados de entre los discípulos y sucesores de los Doce y fue entonces cuando propiamente comenzó la labor de los rosacruces. Gracias a las irradiaciones del maravilloso cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz, fue posible emprender un enfoque del mundo totalmente nuevo. Ahora bien, el trabajo realizado por los rosacruces hasta nuestro tiempo ha sido externo e interno. El externo tuvo por objeto explorar lo que se halla detrás de maya, mundo fenoménico concebido como imagen falaz. Todo el macrocosmos se basa en un macrocosmos etéreo o cuerpo etéreo, en analogía al que tiene el hombre. Existe cierta transición limítrofe de la sustancia burda a la más fina. Dirijamos nuestra mirada sobre el límite entre la sustancia física y etérea. Nada en el mundo se parece a lo que se encuentra entre la sustancia física y la etérea; no es ni oro ni plata, ni plomo ni cobre; es una sustancia incomparable con cualquier otra sustancia física: es la esencia de todas ellas. Tenemos ahí una sustancia que está contenida en todas las demás substancias físicas, de modo que estas pueden considerarse como modificaciones de aquélla. Llegar a la visión clarividente de esa sustancia ha sido preocupación de los rosacruces. Ellos han considerado como preparación para el desarrollo de esa visión la actividad acrecentada de las energías morales del alma, actividad que luego hace visible la sustancia: en las energías morales del alma veían la potencia para la visión. Los rosacruces efectivamente contemplaron y descubrieron esa sustancia; encontraron que vive en forma determinada en el mundo, tanto en el macrocósmico como en el humano; Fuera, en el exterior, la veneraron como el gran manto, el ropaje del universo; en el interior, en el hombre la vieron brotar cuando en él existe una reacción armoniosa entre pensamiento y voluntad. Veían las energías volitivas en el hombre, sino también en el macrocosmos, por ejemplo, en el trueno y el relámpago. Asimismo, observaban también las energías intelectivas, por una parte en el hombre y, por otra, en el mundo exterior, en el arco iris o en aura. Los rosacruces buscaban en las irradiaciones del cuerpo etéreo del treceavo, de Christian Rosenkreutz, la energía para realizar en la propia alma esa armonía entre la voluntad y pensamiento. Ha sido regla entre los rosacruces que todos sus descubrimientos permanecieran secretos por cien años y que sólo transcurrido ese tiempo se comunicaran al mundo. Sólo después de una labor de cien años sobre algo nuevo, se permitía hablar de él en forma adecuada. Así se preparó del siglo XVII al siglo XVIII, lo que en 1785 halló la expresión en el libro "Los símbolos secretos de los rosacruces". También es de gran importancia saber que la inspiración rosacruz se transmite en cada siglo en forma tal que su mensajero nunca se identifica exteriormente. Sólo los supremos iniciados lo saben. Hasta hoy, por ejemplo, no se podía hablar públicamente de los acontecimientos de cien años atrás, período fijado para que se caractericen, ya que es demasiado grande la tentación de otorgar a una autoridad personificada, si es portadora de un mensaje, un culto de idolatría fanática, lo peor que puede suceder. Este peligro es muy natural, y la discreción es una necesidad, no sólo contra las tentaciones de la ambición y de la altanería, quizá neutralizables, sino, sobretodo, contra los ataques astrales ocultos que se dirigían continuamente hacia una individualidad de esas características. De ahí la importancia de no hablar de esos hechos durante cien años. A consecuencia de la labor rosacruz, el cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz se vigorizó y se hizo más potente de siglo en siglo. Ejercía su influencia no sólo a través suyo, sino asimismo a través de todos los que eran sus discípulos.
Desde el siglo XIV, Christian Rosekreutz ha encarnado una y otra vez. Todo lo que se promulga como Teosofía recibe el vigor del cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz, y lo que la proclaman dejan que les haga sombra este cuerpo etéreo que puede actuar sobre ellos lo mismo cuando Christian Rosenkreutz está encarnado que cuando no lo está. En el siglo XVIII, el conde Saint-Germain fue la reencarnación esotérica de Christian Rosenkreutz, sólo que ese nombre se atribuía también a otras personas, de modo que no todo lo que en diversas partes se dice del Conde de Saint-Germain es válido para el auténtico Christian Rosenkreutz. También hoy Christian Rosenkreutz se halla encarnado. De las irradiaciones de su cuerpo etéreo brotó la inspiración para la obra de H. P. Blavastsky "Isis sin velo". Esta misma influencia de Christian Rosenkreutz actuó también, invisible, sobre Lessing y le inspiró su escrito sobre "La educación del género humano" (1780).
Por el alud materialista se hizo más y más difícil lograr inspiraciones en sentido rosacruz. En el siglo XIX, el materialismo llegó a pleamar. En consecuencia, mucho pudo presentarse únicamente en rayos polirefractados. En 1851, Wiedenmann resolvió el problema de la inmortalidad, en el sentido de la reencarnación; su escrito fue premiado. Hacia 1850, Drossbach escribió en sentido reencarnacionista desde el punto de vista de la psicología. Así es como también en el siglo XIX las irradiaciones del cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz han seguido actuando. Y fue posible renovar la vida teosófica cuando, en 1899, había expirado el pequeño Kali Yuga. Por esta razón, el acceso al mundo espiritual es hoy más fácil, y el efecto espiritual es posible en mucha mayor medida. La entrega al ya poderoso cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz significará para los hombres la nueva clarividencia y despertará los poderes espirituales latentes, pero esto sólo será posible para las personas que sigan correctamente la disciplina de Christian Rosenkreutz. Hasta ahora se requería para ello la preparación rosacruz esotérica; el siglo XX tiene la misión de procurar que este cuerpo etéreo cobre tanto poder que pueda asimismo obrar exotéricamente. Los que reciban su influencia, podrán vivir la Experiencia que San Pablo tuvo ante las puertas de Damasco.
Hasta ahora, ese cuerpo etéreo sólo ha influido sobre el movimiento rosacruz; en el siglo XX habrá más y más personas que experimentarán ese efecto y de esta manera serán capaces de vivir la aparición de Cristo en su cuerpo etéreo. La labor de los rosacruces haráposible que tengamos la aparición etérea de Cristo y que aumente de día en día el número de quienes puedan percibirla. Hemos de atribuir esta reaparición a la magna labor de los Doce y del treceavo miembro en los siglos XIII y XIV. Una vez convertidos ustedes en instrumentos de Christian Rosenkreutz, podrán estar seguros de que hasta su más pequeño esfuerzo anímico tendrá valor para la eternidad.
[1] Sobre los orígenes rosacruces existe una gran polémica entre los estudiosos, ya que para algunos sus antecedentes no se remontan más allá del siglo XV, señalándose a Valentín Andrade como su verdadero fundador, y a su vez, el hombre tras Christian Rosacruz. Sin embargo, para quién escribe, y debido a la gran quema de documentos rosacruces practicadas, especialmente por los nazis, es probable que de la historia estén ausentes muchos datos, y en su intermedio se hayan erigidos pantallas, para desviar la atención, de la Hermandad Blanca, que aún continúa su intervención desde la sombras ¿subterráneas? El tiempo dirá …
[2] Se hace referencia a la posibilidad de una fuerte de energía desconocida, que no se apagaba nunca.
[3]“La persona que localizó la gruta vio brillar una luz, se acercó a ella y descubrió un sepulcro iluminado. En su interior había un cadáver en un estado de conservación extraordinario, con un aspecto de tener cuarenta años. En la pared del sepulcro aparecía grabada una inscripción: "Seré descubierto dentro de ciento veinte años". Al lado de su cuerpo se hallaron lámparas ardientes llamadas "eternas" que no cesaron de arder durante todos esos años en la cripta funeraria. Además, fueron encontrados libros, como el Microcosmos de Paracelso, campanillas y curiosos espejos de diversas virtudes”
[4] Vinculado al lema alquímico VITRIOL, que refiere: “Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem Veram Medicinam («Visita el interior de la Tierra, y rectificando encontrarás la lápida oculta que es la verdadera medicina».)”.
[5] Se cree que este personaje, pudo tener relación con el movimiento Cátaro, exterminado cruelmente por la Inquisición, brazo armado de la Iglesia Católica. Véase: http://www.revistabiosofia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=226&Itemid=47
Fuentes:
http://www.freemasons-freemasonry.com/zeldis17.html
Callejos, Jesús.El misterio de las lámparas perennes
http://www.paleoastronautica.com/157_lamparas_perennes.html
Christian Rosenkreutz:Father of Modern Western Esoteric Science
9 de marzo de 2009
Nuestros Antepasados los Atlantes


Nuestros antecesores los atlantes, diferían del hombre actual mucho más de lo que podrían imaginarse aquellos cuyo conocimiento se circunscribe del todo, al mundo de los sentidos. Esa diferencia no radicaba sólo en la apariencia externa, sino también en las facultades espirituales. El conocimiento que ellos tenían, sus artes técnicas, toda su cultura, era distinta de lo que hoy podemos observar. Si retrocedemos a los primeros períodos de la humanidad atlante, nos encontramos con una capacidad mental muy distinta a la nuestra. La razón lógica, el poder de asociación aritmética sobre el que descansa todo lo que hoy se produce, no existían entre los primeros atlantes. Por otro lado, poseían una MEMORIA altamente desarrollada, memoria que era una de sus facultades más prominentes. El atlante, por ejemplo, no realizaba sus cálculos como lo hacemos nosotros, aprendiendo reglas que luego se aplicaban. La "tabla de multiplicar" era algo totalmente desconocido en tiempos atlantes. Nadie imprimía en su intelecto el que tres por cuatro fueran doce, pues si alguien debía hacer ese cálculo, lo con seguía recordando situaciones idénticas o similares.
Mientras el poder de pensar lógicamente estaba ausente entre los atlantes (en particular los más antiguos), poseían, en su memoria altamente desarrollada, algo que daba un carácter especial a todo lo que hacían. Pero con la naturaleza de todo poder humano se relacionan siempre otros. La memoria, por ejemplo, está más cercana al fundamento natural del hombre que la razón, y vinculados a ella estaban desarrollados otros poderes más cercanos aún a los de los seres naturales subordinados, de lo que lo están los poderes humanos contemporáneos. Por eso, los atlantes podían controlar lo que llamamos la fuerza vital. Igual como hoy se extrae la energía térmica del carbón y se la transforma en poder motor para nuestros medios de locomoción, los atlantes sabían cómo poner la energía germinal de los organismos al servicio de su tecnología. Podemos hacernos una idea de ello si nos imaginamos lo siguiente: Imaginemos el núcleo de una semilla. En ella se oculta una energía latente, la energía que provoca que el tallo brote de la simiente. La naturaleza puede despertar esa energía que reposa en la semilla. El hombre moderno no puede hacerlo a su voluntad, ha de enterrar la semilla y dejar que ese despertar lo provoquen las fuerzas naturales.
Hemos de tener en cuenta que, a medida que ha ido pasando el tiempo, las condiciones de nuestra Tierra han variado muchísimo. Hoy en día, los citados vehículos atlantes serían totalmente inútiles. Su utilidad se apoyaba en la mucho mayor densidad de la atmósfera aérea que rodeaba entonces la Tierra. No nos importa aquí que con las actuales creencias científicas sea difícil imaginar esa extrema densidad del aire. Por su propia naturaleza, la ciencia y el pensar lógico no son los adecuados para decidir si algo es posible o imposible. Su única función es explicar lo que ha sido averiguado por la experiencia y la observación. La mencionada densidad del aire es tan cierta para la experiencia oculta como cualquier otro hecho que hoy nos suministren los sentidos. Pero es igualmente cierto el hecho, quizás más o menos inexplicable para la física y química contemporáneas, de que en aquella remota época el AGUA en toda la Tierra era mucho MAS TENUE. Por su ligereza, el agua podía ser dirigida por la energía germinal utilizada por los atlantes para usos técnicos hoy imposibles. Como resultado de la mayor densidad del agua, se ha hecho imposible moverla y dirigirla de los modos tan ingeniosos que una vez se desplegaron. De este hecho debiéramos hacernos la imagen clara de que la civilización del período atlante fue radicalmente distinta de la nuestra. También podrá comprenderse que la naturaleza física del atlante era muy distinta del hombre actual. El atlante ingería agua que podía ser utilizada por la fuerza vital de su propio cuerpo de un modo muy distinto al que hoy es posible en el cuerpo físico actual. A consecuencia de ello, el atlante podía usar voluntariamente sus poderes físicos de una manera totalmente distinta a la del hombre actual. Poseía medios para incrementar sus propios poderes físicos en su interior, cuando los necesitaba para lo que estaba haciendo. Con el fin de hacernos una idea precisa de los atlantes, hemos de saber que su concepción de la fatiga y del agotamiento de fuerzas era totalmente diferente a la del hombre actual.
Quien se familiarice con la idea de que los atlantes poseían dichos poderes espirituales y físicos descritos, comprenderá también que, en épocas aún anteriores, la humanidad presentaba una imagen que sólo en algunos puntos aislados está acostumbrada a ver hoy en día. No sólo los hombres han cambiado enormemente en el transcurso del tiempo, sino también la naturaleza circundante. Las formas vegetales y animales han variado, toda la naturaleza de la Tierra ha pasado por transformaciones. Regiones de la Tierra antaño habitadas, fueron destruidas, mientras que han aparecido otras nuevas.Los antecesores de los atlantes vivían en una región que ha desaparecido, la mayor parte de la cual radicaba al sur del Asia actual. En los escritos ocultos se los llama lemures. Tras pasar por diversos estados evolutivos la mayor parte de ellos declinaran, convirtiéndose en hombres disminuidos cuyos descendientes habitan aún hoy ciertas partes de la Tierra, formando lo que hemos llamado tribus salvajes. Sólo una pequeña parte de la humanidad lemuriana fue capaz de desarrollo ulterior y de esa parte se formaron los atlantes.
La primera sub-raza de los atlantes se desarrolló partiendo de una parte muy avanzada de los lemures, con un alto potencial evolutivo. La facultad de la memoria apareció sólo en sus rudimentos entre los lemures y tan sólo en el último período de su desarrollo. Hemos de imaginarnos que si el lemur podía hacerse representaciones de lo que experimentaba, no podía retenerlas, pues inmediatamente olvidaba lo que se había representado. Sin embargo, el hecho de que viviera en una determinada cultura, con herramientas, construcción de edificios, etc., se lo debía no a sus propias capacidades representativas, sino a una fuerza espiritual en su interior que se le manifestaba de forma INSTINTIVA. Pero no hemos de imaginarnos que fuera el instinto actual de los animales, sino algo muy distinto.Los escritos teosóficos le dan el nombre de Rmoahals a la primera sub-raza de los atlantes. La memoria de esa raza se orientaba fundamentalmente hacia vívidas impresiones sensorias. Los colores que el ojo había visto, los sonidos que el oído habrá captado, dejaban una honda huella en el alma. Ello se expresaba en el hecho de que los Rmoahals desarrollaron SENTIMIENTOS que sus antepasados lemures desconocían. Por ejemplo, el apego a lo que se ha experimentado en el pasado, formaba parte
de esos sentimientos.
Con el desarrollo de la memoria, iba ligado el del LENGUAJE. En la medida que el hombre no retuviera lo pasado, no podía producirse ninguna comunicación verbal de lo que se había vivido. A raíz de que en el último período lemuriano habían aparecido los primeros rudimentos de la memoria, también fue posible, en esa época, que naciera la facultad de dar nombres a lo que se había visto y oído. Sólo quienes poseían la facultad de recordar podían utilizar el nombre que se le ha dado a cada cosa. El período atlante, por tanto, vio nacer y desarrollarse el lenguaje. Gracias a él se estableció un vínculo entre el alma humana y los objetos fuera del hombre. El generaba una palabra de lenguaje en su propio interior y esa palabra se correspondía con los objetos del mundo externo. Así se estableció también una nueva unión entre los hombres, por la comunicación verbal. Es cierto que todo esto se manifestaba de un modo aún muy juvenil entre los Rmoahals, pero ello los distinguía profundamente de sus predecesores lemures.
Los poderes anímicos de esos primeros atlantes tenían algo de las fuerzas naturales. Eran hombres mucho más vinculados a los seres naturales de su entorno de lo que lo estarían luego sus sucesores. Sus poderes anímicos estaban más conectados con las fuerzas de la naturaleza de lo que lo están los del hombre moderno. Por eso, la palabra hablada que ellos pronunciaban se asemejaba a un poder de la naturaleza, pues no sólo NOMBRABAN las cosas, sino que en sus palabras existía un PODER que se ejercía sobre ellas y sobre sus semejantes. La palabra de los Rmoahals no sólo tenía SIGNIFICADO, sino también PODER. El poder mágico de las palabras fue algo mucho más verídico para aquellos hombres, que para nosotros actualmente. Cuando un Rmoahal pronunciaba una palabra, esa palabra desarrollaba un poder semejante al del objeto designado. A consecuencia de ello, las palabras tenían un poder curativo, podían acelerar el crecimiento de las plantas, atemperar la furia de los animales y ejercer funciones semejantes. Todo ello fue debilitándose entre las posteriores sub-razas atlantes. Podría decirse que la original plenitud de ese poder fue perdiéndose paulatinamente. Los Rmoahals sentían esa plétora de poder como si fuera un don de la naturaleza y su relación con ésta poseía un carácter religioso. Para ellos, el lenguaje era algo particularmente sagrado. El mal uso de ciertos sonidos, que poseían un importante poder, era impensable. Cada ser humano sentía que ese mal uso le causaría un perjuicio enorme. La magia positiva de esas palabras se habría convertido en su opuesto, lo que habría traído tan sólo bendiciones por su uso adecuado, habría traído la desgracia a quien lo usara con fines criminales. En una especie de inocencia afectiva, los Rmoahals atribuían su poder no tanto a sí mismos, sino a la NATURALEZA DIVINA que actuaba en ellos.Pero en ese hecho reside también la razón de su degradación y declive. El desarrollo de la memoria conducía al poder prominente de una PERSONALI DAD. El hombre quería hacerse valer mediante su poder. Cuando mayor era éste, tanto más quería explotarlo para su propio beneficio. La ambición que se había desarrollado, se convirtió en un notable egoísmo, surgiendo así el mal uso de dichos poderes. Si consideramos las capacidades de los atlantes, que procedían de su dominio de la fuerza vital, comprenderemos que ese mal uso tuvo inevitablemente enormes consecuencias, Un amplio poder sobre la naturaleza podía ponerse al servicio del egoísmo personal. Eso lo llevaron a cabo del todo los miembros de la cuarta sub-raza, los Turanios Primigenios, que estaban adiestrados en el dominio de los poderes mencionados y que con frecuencia los utilizaban para satisfacer sus deseos egoístas. No obstante, cuando esos poderes se utilizan de ese modo, se destruyen mutuamente en sus efectos recíprocos. Es como si los pies quisieran tozudamente llevar a un hombre hacia adelante, mientras su tronco quisiera ir hacia atrás.
De ese modo, la quinta sub-raza transfirió los impulsos para la acción hacia el interior del hombre. El hombre desea dominarse a sí mismo y saber lo que ha de hacer y lo que no. Pero lo que ganaba en su interior con respecto a la facultad del pensar, lo iba perdiendo en control de las fuerzas exteriores de la naturaleza. Con su pensamiento asociativo uno sólo puede dominar las fuerzas del mundo mineral, no las fuerzas de la vida. La quinta sub¬raza, por tanto, desarrolló el pensar a expensas del control sobre la fuerza vital. Pero fue precisamente el pensar el que produjo el germen del ulterior desarrollo de la humanidad. En esa época, la personalidad, el egocentrismo, incluso el egoísmo completo, pudieron crecer libremente; porque el pensar solo, que opera plenamente en el interior y ya no puede dar órdenes directas a la naturaleza, no es capaz de producir efectos tan devastadores como los poderes anteriormente mal utilizados. Los más dotados de esa quinta sub-raza, fueron seleccionados para sobrevivir al declive de la cuarta raza raíz y formar el germen de la quinta raza raíz, la Aria, cuya misión es el desarrollo completo de la facultad pensante.
A la edad de 25 se le encara la compilación de los trabajos científicos de Goethe para la edición de las obras completas, actividad que desarrolló por espacio de siete años, colaborando posteriormente en la edición de las obras de Schopenahauer. Su obra inmensa abarca la redacción de cerca de 6.000 escritos, entre Conferencias y Libros. A través de la Antroposofía, movimiento donde fundió conocimiento espiritual y científico, logró una alquimia que se irradió y aplicó en desarrollo de diversos campos sociales. Sus ramificaciones abarcan:
Ecología: Steiner fue un precursor en esta disciplina, que plasmó en la creación de la Agricultura Biodinámica. Sus métodos se basan en el estudio de la influencia lunar, productos naturales y alquimia, evitando cualquier intromisión química que entorpezca el normal desarrollo de la cosecha.
Economía: Impulsó el desarrollo de Bancos Sociales cuyo fin no sea obtener sólo el Capital, sino conectar a pequeños inversores con proyectos de desarrollo.
Educación: Creador del método pedagógico Waldorf, donde cada niño progresa según sus habilidades y necesidades.
Steiner es un genio desconocido y no reivindicado del pasado SXX. Una de las mentes más brillantes, que merecería ocupar un lugar más destacado en la Historia, y del que hasta el momento carece. Prometemos reparar esta omisión a través de un futuro trabajo que de a conocer aspectos desconocidos, como sucede hasta hoy, de una personalidad tan luminosa. Sólo intentamos ofrecer un paneo no muy abarcativo acerca de Steiner, para que el lector pueda comprender que las revelaciones que se van a citar a continuación en lo referido al caso Blavatsky-Mahatmas, no son productos de una mente menor , sino que se apoyan en la pluma de un hombre que para su época llegó a ser considerado una de las personalidades mejor informadas en cuanto a los temas esotéricos.
En 1899 la vida de Rudolf Steiner da un vuelco inesperado. El académico prestigioso publica un artículo fuera de lo común titulado: La Revelación Secreta de Goethe. En este ensayo basado en el misterioso cuento del literato alemán La Serpiente Verde y la Hermosa Azucena, Steiner descubre al público una faceta desconocida del escritor, resaltando los aspectos místicos del relato. El artículo trajo la atención de los Condes de Brockdorff, que lo invitaron a hablar en una de sus famosas tertulias semanales. Los Conde eran teósofos y fueron los primeros en darle una oportunidad para hablar sobre un tema que para Steiner estaba oculto en lo profundo de su alma: el de las facultades interiores de percepción espiritual que tenía desde la niñez y que fue desarrollando disciplinadamente desde entonces. Su incursión en la Sociedad Teosófica trajo críticas y recelos de sus antiguos colegas quiénes hasta llegaron a publicar un manifiesto atacándolo Pero Steiner veía que a su alrededor muchos aspectos de la cultura estaban en decadencia y se acercaba una profunda crisis
En el otoño de 1902 asume la dirección de la Sociedad Teosófica de Berlín. En 1903 crea la famosa revista teosofista Lucifer-Gnosis, y un año después publica el libro “Teosofía”. Como vemos la relación de Steiner con el movimiento teosófico fue estrecha desde sus inicios, y se prolongó por espacio de varios años. Luego sobrevino la ruptura motivada entre otras causas por el affaire Krisamurti, que llevó a Steiner a alejarse definitivamente de la Sociedad Teosófica y fundar su propio movimiento, la Antroposofía que estaba más acorde con su pensamiento. Después de abandonar la dirección del movimiento teosófico berlinés, Steiner comienza a dictar una seriede Conferencias, donde en forma muy abierta da entender cuales fueron algunas de las discrepancias que influyeron en su partida.
Goldstern, Débora. Rudolf Steiner: Naturaleza Viva.
Steiner, Rudolf. La crónica del Akasha. Buenos Aires: Antroposófica, 1987.

