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15 de mayo de 2010

Civilizaciones desaparecidas bajo las arenas del Gobi - Débora Goldstern



Civilizaciones desaparecidas
bajo las arenas del Gobi
Débora Goldstern



Desierto del Gobi


Así como Atlántida lidera el ránking de las civilizaciones desaparecidas que más fervor despierta, otras antiguas culturas no registradas aún en la historia, supieron captar en su momento la atención de los medios, aunque siempre enmarcadas dentro del misticismo y leyenda popular, ya que hasta  la fecha carecemos de mayores evidencias.

Una de esas narraciones menciona que bajo las arenas del desierto del Gobi, donde confluyen países como China, Mongolia y Rusia, se hayan enterradas ciudades desconocidas, que los locales dicen, se remontan a miles de años.

En
Encuentro con Hombres Notables, Gurdjieff hace mención a estos enigmáticos restos, aunque advierte que el secreto de su localización conservado de generación en generación, penaba con la muerte a quién se atrevía a divulgarlo.

La ocultista por excelencia
Helena P. Blavatsky, también aludió, a la existencia de una civilización primigenia que situaba en el desierto del Gobi.

Sin embargo, no fue hasta que
James Churchward un coronel inglés quién popularizó la idea sobre Mu a través de varios trabajos publicados, haciendo referencia a un antiguo continente erigido, según dijo en el Océano Pacífico, que la historia sobre ciudades desaparecidas del Gobi retomó la atención pública.

Para Churchward no había duda, que Mu era la responsable de aquellos remotos vestigios, aunque nunca pudo presentar prueba alguna avalando lo narrado en sus libros, que vieron la luz a principios del siglo XX.

Sin embargo, tiempo antes que los libros del viejo coronel inglés instalaran el concepto de Mu a nivel mundial, un misterioso norteamericano,
Baird T. Spalding, dio a luz una obra, conocida como La Vida de los Maestros, donde se refería a estas mismas historias, sobre ciudades muertas enterradas en el Gobi, con la salvedad que su experiencia databa de 1894 y la hizo conocida en 1924, dos años antes de que Churchward escribiera sobre Mu.

Un examen de La Vida de los Maestros realizados por esta autora, arroja que sin lugar a dudas, y teniendo en cuenta la fecha de publicación, esta obra, inspiró principalmente a J. Churchward, quién parece haber tomado pasajes enteros de la mismas en función de su propio trabajo. Al leer, El continente perdido de Mu, se advierten semejanzas más que notables con el escrito de Spalding, por no decir, casi copia fiel de algunos pasajes, aunque para no ser injustos con el viejo coronel, debemos decir que su información sobre los hermanos naacanales llegados de Mu, fue muchísimo más ampliada.

Otro autor que parece haber caído bajo el inlflujo de La Vida de los Maestros, fue el famoso fundador del movimiento Yo Soy, Guy Ballard. Su ya clásico
Misterios Desvelados, revela la ascendencia de Spalding en la construcción de las historias dedicados a reseñar el pasado de las civilizaciones del Gobi.

Retomando La Vida de los Maestros, el autor presenta intrigantes capítulos sobre estas misteriosas ciudades, aunque tampoco aporta demasiadas pruebas, y aunque señala que tomó fotografías certificando los hallazgos, estas evidencias nunca fueron publicadas.
Muchos investigadores creen que en realidad Spalding inventó la historia de su viaje hacia aquellos parajes ignotos, y que su libro no tiene ninguna validez.

Sin embargo vale la pena acercarse a estas referencias, ya con los recaudos señalados.

Juzgue el lector.




Capítulo I. Pág. 137-139
La mañana del primero de enero nos encontró levantados muy temprano, plenamente despejados. Cada uno de nosotros tenía la sensación de que un futuro acontecimiento nos haría considerar nuestras experiencias pasadas como simples mojones en el camino. Mientras nos reuníamos alrededor de la mesa del desayuno, vimos llegar al amigo que habíamos conocido en la terraza de la casa de Emilio, en el pequeño pueblo donde habíamos parado cuando nos dirigíamos hacia aquí. Se trataba de aquel hombre que había interpretado mi sueño. Después del intercambio de saludos, dijo: «Habéis estado con nosotros más de un año. Como os quedaréis aquí hasta el mes de abril o mayo, he venido a invitaros a ir al templo de la gran cruz en 'T, tallado, como habéis observado, en la pared rocosa que hay justo a la salida del pueblo». Observamos que las estancias de ese templo habían sido excavadas en la propia roca, que formaba una pared vertical de más de doscientos metros de altura. Las cavidades eran lo bastante profundas como para dejar un buen muro en el costado de la pared exterior.

Por todos lados se sentía la necesidad de ventanas para la luz o la ventilación. Se habían hecho aberturas en ese muro, que daba al sol del mediodía. Las ventanas medían alrededor de un metro cuadrado y cada estancia tenía dos, salvo la primera, que se encontraba en el nivel inferior. Aquella estancia no tenía más que una salida que comunicaba con una gran grieta, formada por la erosión, en la muralla rocosa al este del templo. Se podía entrar en el cuarto inferior solamente por el túnel cavado en plena roca y a través de la grieta. La ventana de este cuarto no fue hecha hasta más tarde. Al principio, la entrada del túnel estaba escondida por una gran piedra que formaba parte de un pliegue de la pared. Esta piedra estaba situada sobre un reborde y había sido colocada de tal manera que se podía dejar caer para bloquear la entrada desde el interior. La piedra cerraba la entrada y, cuando estaba en su lugar, no se podía mover desde el exterior. Era imposible acceder a ese reborde más que por una escalera de una veintena de metros. Las aberturas que hacían de ventanas estaban provistas de grandes piedras planas insertadas en las ranuras, de modo que podían ser deslizadas para bloquear las ventanas. De esa forma, ninguna abertura resultaba visible para un observador que mirase desde el pueblo. Nos informaron que se había recurrido a ese modo de construcción para proteger el templo contra las bandas de merodeadores que infestaban la comarca más al norte. Estas bandas bajaban algunas veces hasta el pueblo, que ya había sido saqueado varias veces sin que sus habitantes sufrieran daño alguno, ya que se refugiaban en el templo.

Nuestros amigos no habían edificado el templo. Lo habían adquirido a sus habitantes para conservar allí numerosos archivos a los que daban un gran valor. Desde esta adquisición, las incursiones de los bandidos habían cesado, los habitantes del pueblo no habían vuelto a ser molestados y todo el mundo vivía en paz. Se decía que algunos de esos archivos databan de la llegada a la tierra de los hombres civilizados que provenían directamente de la Tierra Materna. Se trataba de los naacales o Hermanos Santos, aparecidos en Birmania y que enseñaron a los Nagas, lo cual parece probar que los ancestros de estas gentes eran los autores de la Sourya Siddhanta y de los Vedas primitivos. La Sourya Siddhanta es la obra conocida más antigua de astronomía. Según los archivos que mencionamos, la obra se remonta a treinta y cinco mil años atrás. Los Vedas primitivos datarían de cuarenta y cinco mil años. No se nos dijo que los documentos fueran todos originales, ya que muchos habían sido copiados de las mismas fuentes que los archivos babilónicos y traídos aquí con vistas a su preservación. Los documentos primitivos eran los originales de los tiempos de Osiris y la Atlántida.


Las habitaciones del templo estaban dispuestas una sobre la otra: siete plantas que se comunicaban por medio de escaleras talladas en plena roca. El acceso a los escalones se encontraba en un rincón de cada habitación. Cada escalera subía, en una pendiente de cuarenta y cinco grados, hasta un rellano donde se abría la planta siguiente. Entre el techo de una estancia y el suelo de la otra, la piedra tenía alrededor de dos metros y medio de espesor. El techo de la habitación superior, en el séptimo piso, se encontraba a unos cuatro metros por debajo de un largo saliente del precipicio que, a su vez, estaba a una treintena de metros de la cima. Una escalera partía de esta habitación y comunicaba con la estancia central: un conjunto de cinco habitaciones excavadas en la pared del saliente. Había dos a la derecha y dos a la izquierda de la habitación central, de manera que el plano de la construcción tenía la forma de una inmensa T. Los cuartos superiores estaban excavados de tal modo que el saliente hacía la función de balcón. La roca era de granito suave de grano grueso. El trabajo, evidentemente, había sido hecho a mano, con herramientas rudimentarias, y llevó numerosos años terminarlo. Ninguna pieza de madera había sido empleada en la construcción

Capítulo II pág. 149-151
“Habíamos llegado al pie de la escalera. La subimos y entramos en el túnel con los dos hombres que nos acompañaban. El túnel había sido excavado en la roca y pensamos que estaría oscuro, pero se hallaba lo suficientemente iluminado como para permitirnos ver de lejos; además, la luz parecía rodearnos de un modo que no proyectaba ninguna sombra. Habíamos notado ese mismo fenómeno durante el día anterior, pero ninguno había comentado nada al respecto. Mas tarde, resolvieron nuestras dudas cuando nos explicaron que la luz estaba alrededor de nosotros, tal y como la habíamos percibido. Cuando no había nadie en el túnel, éste permanecía oscuro. Lo atravesamos y subimos las escaleras hasta llegar a la tercera habitación, que era un poco más grande que las dos de las plantas inferiores. Había un gran número de tablillas, una al lado de otra, a lo largo de las paredes. Descubrimos que otra gran habitación había sido excavada detrás de ésa y supimos, más adelante, que estaba igualmente llena de esas tablillas de un marrón rojizo oscuro y cuidadosamente barnizadas. Algunas tenían un tamaño de cuarenta por sesenta centímetros, su espesor era de cinco centímetros y su peso de cinco a seis kilogramos. Otras eran mucho más grandes. Estábamos muy intrigados por saber cómo habrían sido transportadas a través de las montañas. Se nos respondió que esas tablillas no habían sido llevadas a través de las montañas, sino que las habían traído del país del Gobi en la época en que esa comarca era una tierra fértil y bien poblada, antes de que las montañas se hubiesen elevado. Mucho tiempo después del surgimiento de las montañas, fueron guardadas en ese lugar para preservarlas de cualquier peligro.

Antes del nacimiento de las montañas, parece que un inmenso maremoto había inundado una gran zona del país y asolado o destruido a la mayor parte de la población. Los supervivientes quedaron aislados del mundo y privados de los medios necesarios para su supervivencia. Ellos fueron los ancestros de las bandas errantes de bandidos que, todavía hoy; infestan la planicie del Gobi.

El gran Imperio Uigour se extendía entonces en la región del Himalaya y en el desierto del Gobi. Había grandes ciudades y una civilización muy avanzada. Después de la destrucción de las ciudades a causa de la gran inundación, las ruinas quedaron cubiertas por las arenas movedizas del desierto. Tomamos nota de todos estos detalles que nos iban traduciendo de las tablillas. Más tarde, descubrimos dónde estaban ubicadas tres de esas ciudades. Algún día, cuando las excavaciones se completen, la autenticidad de esos archivos será verificada. Ellos afirman que el origen de esta civilización se remonta a muchos centenares de miles de años. Pero, como no es nuestra intención escribir sobre arqueología, damos por terminada esta digresión”

Interpretación de las tablillas pág 158-159

“Nuestra anfitriona se volvió hacia la tablilla y prosiguió: «En estas tablillas se halla registrado que Dios fue llamado Principio Director -Cabeza, Mente-, y que se simbolizó mediante un carácter parecido a vuestra letra M, que se llamaba M-u. Traducido a vuestro lenguaje, eso sería DIRECTOR o CONSTRUCTOR. »Este Principio Director estaba por encima de todo y lo controlaba todo. El primer Ser que creó fue llamado la expresión del Principio Director, y fue creado con la forma del Principio, pues el Principio carecía de otra forma que la Suya para expresarse.

Este Ser creado por el Principio Director era la expresión externa del propio Principio. Fue creado a imagen de éste, pues el Principio Director carecía de otra forma o muestra. El Principio Director otorgó a Su creación todos Sus atributos y esta creación tuvo acceso a todo lo que tenía el Principio. Se le dio poder sobre toda forma externa. Tenía la forma de Su Creador, los atributos de Su Creador y el poder de expresarlos de la manera perfecta en que se expresa el Creador, siempre y cuando la creación permaneciese en armonía con el Principio. No se desarrolló ninguno de los atributos del ser creado, pero el Creador, que tenía en mente el ideal o plan perfecto que debía expresar Su creación, situó a ésta en un entorno ideal o perfecto donde existían todas las condiciones para llevar a cabo su desarrollo perfecto. Una vez logradas dichas condiciones, se situó a ese Ser entre ellas; se le llamó Señor Dios, y al lugar en que se Le colocó; se le denominó M-u o M, que más tarde se conocería como la cuna o madre. Quisiera que os dieseis cuenta de que para explicar todo esto utilizo palabras de vuestro lenguaje para que podáis comprenderlo”.

Capítulo IX pág. 197-199
“A partir de ese momento, nos aplicamos con diligencia al estudio del alfabeto bajo la dirección de Chander Sen. Los días pasaban con una rapidez vertiginosa. A finales del mes de abril, cuando la fecha de nuestra partida hacia el desierto del Gobi se acercaba, la mayor parte de los archivos estaban todavía sin traducir. Nos consolábamos con la idea de que podríamos regresar para acabar el trabajo. Nuestros amigos habían traducido para nosotros una gran parte de los documentos, pero habían insistido en que estudiáramos los caracteres de las escrituras para poder traducirlas nosotros mismos. Anteriormente, en el mes de septiembre, nos habíamos reunido con el grupo que nos acompañaría en el desierto del Gobi hasta las tres antiguas ciudades en ruinas, cuya ubicación se ofrecía en algunos de estos códices. Aunque entonces no los habíamos visto, nos habían hablado de su existencia. Los que habíamos conocido no eran más que copias, que habían despertado nuestra curiosidad, de las crónicas que teníamos ahora ante nosotros. Ambos documentos remontan la existencia de esas ciudades en más de doscientos mil años. Se señala que sus habitantes disfrutaban de un elevado grado de civilización, pues conocían las artes y los oficios, y trabajaban los metales; el oro era un metal tan común que lo utilizaban para hacer vasijas y herrar los caballos.

También se señala que esa gente gozaba de un buen grado de dominio de todas las fuerzas naturales, así como de sus propios poderes otorgados por Dios. De hecho, las leyendas -si es que son tales- que hacen referencia a este asunto se parecen bastante a las de la mitología griega. Si los mapas son correctos, este vasto imperio abarcaba la mayor parte de Asia y Europa, alcanzando el mar Mediterráneo, hasta lo que hoy se conoce como Francia, y su punto más alto estaba tan sólo a doscientos metros por encima del nivel del mar. Se indica que se trataba de una gran llanura, muy productiva y muy poblada, una colonia de la Patria. No hay duda de que encontrar algún resto de dichas ciudades sería un importante hallazgo histórico, ya que la descripción que los códices ofrecen de este país eclipsa a la del antiguo Egipto en cuanto a pompa y esplendor durante las dinastías de sus siete reyes. Se dice que antes del reinado de esos reyes, había sido incluso más próspero. El pueblo se gobernaba a sí mismo; no había guerras, vasallos ni esclavos. Llamaron a su soberano «Principio Director», y amaron y obedecieron a ese Principio Director. Las crónicas aseveran que el primer rey de la primera dinastía usurpó el gobierno al Principio Director y se autoproclamó soberano.
Capítulo XII pág 228-231 Rayrnond preguntó a Bagget Irand si quería hablarnos de los pueblos que habían habitado en esa región y edificado ciudades corno aquellas cuyas ruinas se encontraban bajo nuestro campamento. Él respondió: «Poseernos sobre ese asunto escritos celosamente conservados, de generación en generación, desde hace más de sesenta mil años. Según esos documentos, la ciudad sobre la que estarnos acampados fue fundada hace unos doscientos treinta mil años. Los primeros habitantes vinieron del Oeste, mucho antes de la fundación de la ciudad, y colonizaron el Sur y el Suroeste. A medida que las colonias se desarrollaban, una parte de sus habitantes emigraba hacia el Norte y el Oeste, y al final todo el país quedó poblado. Tras haber plantado jardines fértiles y sembrado los campos, los colonos comenzaron a fundar las ciudades. Al principio, éstas no eran grandes, pero, con el correr de los años, los colonos del país consideraron que. era útil poder reunirse y asociarse para poner en práctica sus conocimientos de artes y ciencias. Edificaron templos, pero no los destinaron al culto, ya que la vida que llevaban era ya en sí un ejercicio de adoración continuo. Su existencia estaba dedicada a la gran causa de "la vida, y mientras esto duró, la vida no les falló jamás. »En esta época era habitual encontrar hombres y mujeres de varios miles de años. Ellos no conocían la muerte, pasaban de un nivel de comprensión a otro, hacia estados cada vez más elevados de vida y de realidad. Aceptaban la verdadera fuente de la vida, y la vida les daba a cambio sus tesoros ilimitados. »Pero antes de seguir, me desviaré un poco del terna. Volvamos a los templos. Eran lugares donde se conservaban documentos escritos con todos los conocimientos alcanzados en el ámbito de las artes, las ciencias y la historia, a fin de que aquellos que quisieran aprender pudieran acceder a ellos. Los templos no eran lugares para hablar de asuntos científicos profundos. Los actos de adoración eran parte de la vida cotidiana del individuo; no había horas señaladas, ni personas seleccionadas para el culto. »Los habitantes idearon nuevas vías de comunicación e inventaron el empedrado. Aprendieron a edificar casas confortables. Supieron cómo explotar las canteras de piedra, idearon el ladrillo y el mortero; desarrollaron todas esas cosas que vosotros ya conocéis y así, edificaron sus moradas y sus templos. »Comprendieron que el oro era un metal excepcionalmente útil, a causa de su inalterabilidad. Encontraron la manera de extraerlo de las arenas auríferas y de las rocas, hasta que se convirtió en un metal común para ellos. También trabajaron otros metales, que había en abundancia, según la medida de sus necesidades.
Después de esto, las comunidades dejaron de depender enteramente de la agricultura. Comenzaron a suministrar a los trabajadores del campo artículos manufacturados que les permitían extender su zona de trabajo. Los núcleos poblacionales se agrandaron y se desarrollaron hasta convertirse en ciudades de cien mil y hasta doscientos mil habitantes. »Sin embargo, no había jefes temporales ni gobernadores. El gobierno era confiado al consejo elegido por los propios habitantes. Este consejo cambiaba sus delegaciones con las de otras comunidades. No se promulgaban leyes ni reglas para la conducta de los individuos. Cada uno era responsable de sí mismo y vivía según la ley universal. Las leyes humanas eran inútiles, no había necesidad de ellas. »Enseguida, aquí y allá, algunos individuos comenzaron a desviarse. Pronto se convirtieron en amos, situándose por delante de los demás, al tiempo que desaparecían los hombres que apreciaban su trabajo. El amor, que no había sido completamente desarrollado por todos, produjo una separación imperceptible que no cesó de acentuarse, hasta el día en que un hombre de una personalidad extremadamente fuerte se instauró corno rey y dictador temporal. Corno gobernó sabiamente, las gentes aceptaron su ley sin pensar en el porvenir. Algunos tuvieron una visión de lo que vendría y se retiraron a comunidades cerradas, viviendo desde entonces una vida más o menos recluida y buscando el modo de mostrar a sus conciudadanos la locura de la separación. El rey fundó la primera orden de gobernadores temporales, en tanto que los disidentes formaron la primera orden monástica. Se necesitarían profundos estudios e investigaciones para entender el laberinto de caminos seguidos por los disidentes. Algunos conservaron la doctrina simple y vivieron según ella. Pero, en general, la vida se volvió muy compleja; tan compleja que la mayoría dejó de creer que existía una forma de vida más simple, más equilibrada, en cooperación directa con el creador de toda vida. Estas gentes ya no veían que su existencia era un camino complejo y rudo, ni que la vida simple, en armonía con la gran causa creadora, aporta la abundancia. Pero es necesario que continúen en este Camino hasta que descubran otro mejor». Dicho esto, el orador interrumpió su discurso y se quedó un momento en silencio. Apareció súbitamente ante nuestros ojos una imagen, inmóvil al principio, que después fue animándose. Las formas comenzaron a moverse y las escenas a cambiar, a veces de un modo espontáneo, y otras a medida que el orador las comentaba. Bagget Irand parecía poder mantener estas escenas y reproducirlas a voluntad según las preguntas y las explicaciones dadas. Se trataba de escenas que presumiblemente habían tenido lugar en aquella ciudad en ruinas sobre la que acampábamos. No era muy diferente a cualquier ciudad populosa del Oriente de hoy en día, salvo que las calles eran más anchas y estaban bien conservadas. Las gentes iban bien vestidas, con ropajes de gran calidad. Tenían el rostro luminoso y alegre.
No se veía en ninguna parte soldados, ni pobres o mendigos. La arquitectura atrajo nuestra atención; los edificios parecían sólidos, bien construidos y tenían un aspecto agradable. Aunque no se observaba demasiada fastuosidad, uno de los templos sobresalía por su magnificencia. Se nos informó que había sido enteramente construido por voluntarios, y que era uno de los más antiguos y bellos del país. Si esas imágenes eran verdaderamente representativas, la gente, en general, era ciertamente feliz y estaba satisfecha. Se nos dijo que los soldados no aparecieron hasta después de los doscientos años del segundo rey de la primera dinastía. Con el fin de mantener la pompa de su corona, este rey comenzó a poner impuestos y a reclutar soldados. Al cabo de unos cincuenta años la pobreza apareció en algunas zonas aisladas. Es en ese momento cuando una parte de la población abandonó la ciudad y se retiró, descontenta del reino y de los hombres en el poder. Bagget Irand y su familia descendían directamente de ese grupo de personas”.

Capítulo X- Segunda Parte Pág. 341-348
“A la mañana siguiente, mientras esperábamos al abad, llegó un mensajero que anunció que se esperaba que acudiésemos ante el Dalai Lama a las dos en punto de esa tarde. A continuación, fuimos en busca del abad y le encontramos cuando se disponía a abandonar la sala de audiencia. Su rostro resplandecía, pues en su mano sostenía nuestro permiso para viajar a voluntad por el país. Tras leer la orden traída por el mensajero, dijo: «No se trata de una orden; es sólo una solicitud. La audiencia es para entregaros este permiso». Como estábamos todos juntos, propuso ir inmediatamente a ver los códices. Nos aguardaba una gran sorpresa. Encontramos miles de tablillas de arcilla y textos en placas de cobre y bronce, así como bellas tablillas cinceladas en fino mármol blanco. Como ésa era nuestra primera oportunidad de entrar en contacto con ese tipo de registros, decidimos examinarlos inmediatamente. El abad nos dijo que no estaba familiarizado con las tablillas, pero que le habían contado que eran de origen persa y que intentaría encontrar al lama que las conocía. Así que salió y nosotros nos quedarnos examinándolas. Los caracteres no le resultaron familiares a nadie de nuestro grupo. Las tablillas consistían en dos losetas de puro mármol blanco de alrededor de medio centímetro de grosor, unidas mediante un cemento que no pudimos identificar. Los bordes aparecían bellamente biselados y a su alrededor tenían un margen de unos cinco centímetros con figuras cinceladas. Muchas de esas figuras eran incrustaciones de oro puro, mientras que todos los títulos aparecían damasquinados en oro puro, pero sin relieves. Las tablillas estaban cuidadosamente numeradas por grupos y cada grupo recibía un número de serie. Las fechas venían indicadas mediante dibujos de coronas de flores entrelazadas con hojas de parra. Según este sistema, si tuviéramos que señalar una fecha corno 1 de enero de 1894, el primer mes del año aparecería representado con el tallo de una flor, que no acabase en yema, con una incrustación de jade. El primer día del mes estaría encarnado por el tallo rematado por un capullo, con una incrustación de oro. El de la cifra 1894, aparecería representado con el tallo con un capullo lo suficientemente abierto corno para revelar el pistilo de la flor. Los pétalos de la flor eran incrustaciones de lapislázuli, con el pistilo en oro y un pequeño diamante embutido en oro.

El 8 es la flor que muestra ocho estambres; cada uno de ellos tiene-una incrustación de oro alrededor del pistilo, con un diamante más pequeño en el oro. El 9 aparece representado por una rosa de nueve pétalos totalmente florecida, con un pétalo de lapislázuli, otro de jade, y otro de calcedonia; repitiéndose esta secuencia en tres ocasiones. Eso señala que ya no hay más dígitos. El sistema iba del O al 9, y se repetían las secuencias para expresar números mayores. El 4 es un lirio en el proceso de abrirse, mostrando los pistilos y tres estambres. La copa del lirio es una incrustación de jade pálido, los estambres son de ópalo rojizo con cuatro pequeños diamantes, y el pistilo es de lapislázuli, con cuatro pequeños diamantes.
El espacio por encima del texto estaba adornado con una especie de parra con incrustaciones de oro, mientras que las hojas eran de jade verde; podía apreciarse hasta el más mínimo detalle. Las tablillas eran una joya en sí mismas. El tipo de tablilla y el método de fechado eran del período atlante temprano. Cada tablilla podría costar una fortuna, en caso de ser puestas a la venta. Mientras cavilábamos sobre todo ello, llegaron el abad y el superior, acompañados por el anciano lama que se encargaba de los registros. Nos sumergirnos de tal manera en ese recital de historia que el abad tuvo que avisarnos de que se acercaba la hora de nuestra cita con el Dalai Lama y que debíamos cambiarnos de indumentaria para ello. Cuando llegamos a nuestros aposentos, hallarnos túnicas para cada uno de nosotros, pero cómo ponérnoslas fue todo un desafío. El tiempo había pasado con tal rapidez que decidirnos intentarlo sin consultar y acabarnos vistiéndonos de cualquier manera. Resultó que algunos nos las habíamos puesto al revés, otros habían dejado la parte interna de la túnica hacia fuera, mientras que sólo unos cuantos se las habían puesto correctamente.
Al llegar a la cámara de audiencias vimos al Dalai Lama cruzar el salón con su guardia y entrar en la cámara a través de las enormes puertas. Estuvimos seguros de haber visto una amplia sonrisa en su rostro. Nos quedarnos aguardando a que abrieran la puerta lateral, que era la señal que esperábamos para entrar en la cámara. La puerta no tardó en abrirse y nos condujeron al interior, que lucía una de las decoraciones más lujosas que jamás hemos visto. El techo de la habitación remataba en una gran bóveda central. En esta bóveda había tres grandes lucernarios por los que penetraban grandes haces de luz solar, que iluminaban la estancia con un brillo y esplendor demasiado magníficos para ser descritos. Las paredes se hallaban totalmente cubiertas de tapices bordados en oro, con figuras entretejidas en hilo de plata. En el centro de la sala, sobre un estrado elevado y cubierto con un tejido hilado en oro, se sentaba el Dalai Lama, ataviado con un manto de hilo de oro ribeteado de púrpura e hilo de plata. El abad y el superior nos condujeron ante el Dalai Lama, y, al igual que en la ocasión anterior, permanecieron a cada extremo de la fila. Tras darnos la bienvenida, el Dalai Lama bajó del estrado y se puso de pie frente a nosotros. Elevó las manos, nos arrodillarnos y recibirnos sus bendiciones. Al incorporarnos, el Dalai Lama se acercó a nuestro jefe.
Después, le prendió un broche sobre el pecho y habló a través de un intérprete: «Esto os permitirá tanto a vos como a vuestros compañeros circular con libertad por estas tierras. Podéis ir y venir según tengáis a bien y; por ello, os concedo esta encomienda que os otorga el estatus de ciudadano del Tíbet. Os concedo el título de Señor del Gran Gobi». Luego recorrió toda la fila, prendiendo broches más pequeños, aunque similares, sobre el pecho de cada uno de nosotros, diciendo: «Ésta es una muestra de mi estima. Os dará acceso a toda la tierra del Tíbet. Es vuestro salvoconducto allí donde vayáis». De manos del abad, tomó el pergamino que contenía el nombramiento y se lo entregó a nuestro jefe. Los broches estaban bellamente labrados en oro, guarnecidos de filigrana, con una imagen del Dalai Lama en el centro tallada en relieve sobre jade, como un camafeo. Para nosotros fue una joya que apreciamos con la más alta estima. El Dalai Lama fue todo bondad a lo largo de la ceremonia. Lo único que pudimos decir fue: «Gracias». El anciano lama encargado de los códices entró y nos informaron de que compartiríamos la cena con el Dalai Lama. Una vez acabada la comida, la conversación derivó hacia el tema de las admirables tablillas. El Dalai Lama, así como el lama anciano, nos ofrecieron un detallado relato -a través de un intérprete- acerca de la historia de las tablillas, que anotamos cuidadosamente. Parece ser que esas tablillas fueron descubiertas por un sacerdote budista itinerante en unas criptas halladas bajo las ruinas de un antiguo templo en Persia. El sacerdote dijo que las había hallado al escuchar -mientras estaba sentado en samadhi- una bella voz que parecía emanar de las ruinas. Las canciones eran tan dulces y la voz tan clara que finalmente se interesó en ellas, y; al seguir la dirección de la que provenían, se encontró con la cripta. La voz parecía venir de debajo. Tras realizar una inspección en profundidad y no encontrar abertura alguna, se decidió a localizar el origen de la voz.

Ayudándose de herramientas bastante toscas, empezó a cavar entre los escombros, descubriendo una losa que parecía formar parte del suelo de la cripta en ruinas. Se sintió desanimado, ya que durante un momento había pensado que la voz le guiaba por el camino adecuado a través de las ruinas. Antes de abandonar el lugar, se sentó en meditación durante unos instantes y la voz se hizo más clara y concreta, finalizando con el requerimiento de que continuase. Mediante un esfuerzo casi sobrehumano consiguió levantar la losa. Al apartarla descubrió una abertura que daba a un pasadizo. Se metió por la abertura y el pasadizo se iluminó con una fuerza invisible que brillaba delante de él. Siguió la luz y ésta le condujo hasta la entrada de una gran cripta, cerrada con enormes puertas de piedra. Se detuvo unos instantes ante las puertas. Las bisagras comenzaron a crujir y el gran bloque de piedra empezó a girar lentamente, revelando una hendija por la que pasó. Al cruzar el umbral, la voz cantó con más claridad y dulzura, como si su dueño estuviese también allí. La luz, que se había quedado en la puerta, se trasladó al centro de la gran cripta, iluminándola por completo. Allí, en nichos abiertos de las paredes de esta cripta, cubiertas con el polvo de las eras, se hallaban las tablillas. Examinó unas cuantas y, tras percibir su belleza y valor, decidió esperar hasta que pudiera hablar con dos o tres compañeros de confianza, a fin de considerar con ellos la posibilidad de trasladar las tablillas a un lugar más seguro. Salió de la cripta, volvió a colocar la losa y la cubrió de nuevo con cascotes. Luego, inició la búsqueda de compañeros que creyesen su historia y que contasen con la fortaleza de ánimo y los medios suficientes para llevar a cabo su plan.
Esa búsqueda le llevó más de tres años. Casi todos a los que les relató la historia creyeron que se había vuelto loco. Finalmente, un día, durante una peregrinación, dio con tres sacerdotes a los que había conocido en el transcurso de otro peregrinaje, y les contó la historia. Al principio se mostraron escépticos, pero una noche, exactamente a las nueve, mientras se hallaban sentados alrededor de una hoguera, la voz empezó a cantar y a hablar de los textos. Al día siguiente los cuatro se alejaron del resto de la compañía e iniciaron el viaje hacia las ruinas. A partir de ese momento, a las nueve en punto de la noche, la voz siempre volvía a cantar. Si se encontraban cansados o abatidos, la voz cantaba con más dulzura. Al final del viaje, cuando ya se acercaban a las ruinas, una hora antes del mediodía, se les apareció una forma juvenil, que empezó a cantar y los condujo hacia las ruinas. Cuando llegaron, quitaron la losa y entraron inmediatamente en la cripta. Al acercarse, las puertas se abrieron de par en par y entraron. Una corta inspección convenció a los sacerdotes del valor y la veracidad del descubrimiento. Estaban tan cautivados por el hallazgo que no durmieron en tres noches. Se apresuraron para llegar al pueblo, que se hallaba a unos ciento diez kilómetros, a fin de conseguir los camellos y suministros que les permitirían trasladar las tablillas a un lugar más seguro. Finalmente consiguieron doce camellos; los cargaron y regresaron. Embalaron las tablillas para que no sufrieran daños durante el transporte. Tras hacerse con tres camellos más, iniciaron el largo viaje a través de Persia y Afganistán, hasta llegar a Peshawar.

Cerca de Peshawar, ocultaron su carga en una gruta apartada, Permanecieron en aquel lugar durante cinco años. Uno de los sacerdotes siempre se quedaba sentado en samadhi, ante la cueva, a fin de proteger las tablillas. Desde Peshawar las trasladaron a Lahnda, en el Punjab. Allí se quedaron diez años. Luego, en etapas cortas, las fueron trayendo hasta aquí, y, finalmente, las depositaron en el palacio del Gran Lama. Todo esto les llevó más de cuarenta años. Desde este palacio deberían ser llevadas hasta Shambala. En otras palabras, las habíamos visto de paso.

En ese momento, un asistente entró con cuatro tablillas y las colocó, con sumo cuidado, sobre un mueble elevado que hacía las veces de mesa. Nos sentamos alrededor para tenerlas de frente. Cuando las manecillas del reloj señalaron las nueve, se escuchó una voz cantarina, infinitamente dulce, y, no obstante, en un tono muy agudo que recordaba la voz de un muchacho imberbe. Ésta es la traducción de las palabras que oímos: «Que existe un Espíritu omnisciente e inteligente, y que esa inteligencia es Divina e infinita y que penetra todas las cosas, es algo que no puede negarse. Como esta inteligencia lo penetra todo, es infinita y es la fuente de todo. Es Divina y su Divinidad manifiesta en forma de pensamiento o materia visible es el hecho o verdad de todas las cosas. »Podéis llamarlo Espíritu omnisciente, inteligente, Dios o Bien, o lo que deseéis, ya que el ser humano debe darle nombre a todas las cosas. Una vez que le ha dado nombre a algo, dispone del poder de hacerlo existir. Si un ser humano da nombre a cualquier cosa con verdadera reverencia, veneración y alabanza, puede convertirse, y se convierte, en lo que nombra. »Podéis ver que el ser humano puede, por elección, convertirse en Dios o en un animal. Se transforma en el ideal que se decide a seguir. De este modo, es muy fácil darse cuenta de que el ser humano es el Hijo unigénito de Dios, o el hijo unigénito del animal. Dependiendo de su elección, el ser humano puede convertirse en mal o maligno si su vista contempla el mal; o puede convertirse en Dios, si su vista contempla a Dios. »En este estado informe, el Espíritu omnisciente e inteligente permanecía silente y contemplativo; no obstante, la inteligencia estaba presente y se consideraba a sí mismo tanto productor como espectador de todas las cosas animadas e inanimadas. En este estado silente, el Espíritu omnisciente e inteligente vio que no existía modificación; y decidido a emanar o manifestar el universo, esta inteligencia elaboró una imagen de cómo sería el universo. Como no podía hacer más que seguir la imagen perfecta o plan Divino, el universo aceptó de buena gana la forma dirigida por la inteligencia. »La imagen del Ideal Divino se amplió hasta que se hizo perfectamente visible. Ése es el Universo tal y como lo vemos en la actualidad, que sigue el plan perfecto que debe seguir. »Esta inteligencia es, y siempre ha sido, el observador y director de su plan de Ideal Divino.
»Esta inteligencia sabía que era necesario manifestar forma animada y dotarla de todos los potenciales, a través de lo que podría expresarse por completo. Es lo que se conoce como hombre inmortal. Este Ideal Divino, que se manifiesta en todas las fases y direcciones, es lo inmortal de cada ser humano actual. Como este ser humano fue creado en el Ideal Divino de la Inteligencia o Espíritu omnisciente, apareció manifestado como el Hijo del Principio, con dominio sobre todos los atributos y condiciones. Hijo significa "unión con", no "sirviente de". Era necesario que este Hijo tuviese total libertad de elección y que de ninguna manera se convirtiese en esclavo o marioneta. «Este ideal inmortal siempre debe incluir una porción o chispa de la llama central que lo manifestó o proyectó en la existencia. Esta proyección fue la primera célula que finalmente terminó convirtiéndose en el cuerpo del ser humano y es la chispa de vida que permanece para siempre y que nunca muere. Esta célula recibe el nombre de Cristo. Esta célula, aunque dividida y repetida muchos millones de veces, retiene la imagen del Espíritu Divino proyectada e implantada en ella y no puede ser pervertida por el pensamiento humano. Por ello el ser humano siempre es Divino”.


Ancient Uyghur Civilization (1)-Cave art by ancient Uyghurs

31 de marzo de 2009

El llamado de los Andes

Desde hace un tiempo, Crónica Subterránea viene refiriéndose al papel que los Andes están destinados a cumplir a futuro. Este certeza se ve avalada, por algunas señales que ya se están comenzando a manifestar, y que se vienen detectando desde hace casi dos años.

Estos signos se vinculan a un cambio ya anunciado en innumerables profecías, que hacen mención al destino de esta región sudamericana, que abarcaría Perú, Chile, Bolivia, y Argentina, además de México, como uno de los focos que también son parte de este cambio por venir. Sin entrar en fechas, ni hablar de los tan mentados escritos mayas, tan de boga en estos días, podemos si coincidir que esta vez, el mundo será testigo de un evento inusual, al cual deberemos ir preparándonos, y el cual profundizaremos en la medida de lo posible, sin convertirnos en voceros de la mal bautizada "nueva era", en nuestro blog.

Muchos son los maestros que actualmente atendiendo a este llamado, se encuentran visitando las regiones andinas, confirmando este sentir. El año pasado, la Argentina recibió a Drunvalo Melchizedek, un místico norteamericano, que adquirió fama mundial a través de la enseñanza de la Mer Ka Ba, que popularizó en Flor de la Vida I, II, y III, donde dio a conocer las técnicas sobre este método oculto.

Como ya dijimos la visita de Drunvalo tuvo un motivo especial, y que se vió reflejada en una charla que adjuntamos al final del post.

Elegimos dos capítulos de su último libro, Serpiente de Luz después de 2012, donde se reflejan estas concepciones expuestas. !Andinos, atender!


Capítulo 3
LA SERPIENTE DE LUZ Y LA GRAN PIRÁMIDE BLANCA DE
TÍBET

Tal y como ha registrado la ciencia, hace dieciséis mil años tres grandes trozos de un asteroide cayeron sobre el océano Atlántico junto a la costa de lo que hoy se conoce como el estado de Georgia, en Estados Unidos. Los sacerdotes de la Atlántida supieron que el fin de su gran país estaba cercano.

Hace dos mil años, Platón denominó a este continente perdido Atlántida y habló con admiración de su cultura y su belleza, pero la mayor parte de los arqueólogos modernos siguen considerándolo solamente una leyenda. A pesar de todas las búsquedas y exploraciones realizadas a lo largo de los años para probar su existencia, no se ha podido establecer nada concluyente, pues cuando la Atlántida desapareció bajo las olas del océano Atlántico se llevó con ella toda evidencia al fondo del mar.

Por eso, en este momento, no es posible comprobar esta historia. Pero es de esperar que en el futuro sí se pueda. Edgar Cayce, el Profeta Durmiente, afirmó en los años veinte que la Atlántida volvería a surgir del océano Atlántico, cerca de Bimini, antes del año 1970, y es muy posible que así lo hiciera. En enero de ese año, la revista Life informó de que muchas islitas pequeñas procedentes del fondo oceánico, que se encuentra a más de dos kilómetros y medio de profundidad en las cercanías de Bimini, asomaron a la superficie en diciembre de 1969. Muchas de ellas volvieron a sumergirse, pero algunas siguen estando allí hoy día. ¿Era correcta la predicción de Cayce? El tiempo lo dirá.

Cayce realizó más de doce mil predicciones para los años anteriores a 1970, y sólo una de ellas resultó equivocada; una sencilla, relacionada con un hermano gemelo al que realizó un diagnóstico. Luz Espiritual del Mundo, la kundalini de la Tierra, una energía en forma de serpiente enroscada en las profundidades de la Tierra, residió dentro de este antiguo continente durante miles de años. Fue esta energía espiritual la que hizo que otras culturas acudieran de todas partes del mundo a la Atlántida en busca de iluminación, tal y como los modernos buscadores viajan de todo el mundo a India y Tíbet.

Aquel inmenso asteroide realmente se precipitó desde los cielos tres mil años antes del fin de la Atlántida, pero constituyó la razón física de la desaparición del continente. La kundalini de la Madre Tierra, la Serpiente de Luz, pronto iba a empezar a mudarse a un nuevo lugar para aportar equilibrio a lo que rápidamente se iba a convertir en un nuevo mundo. Un mundo nuevo, quizá, pero este impacto iba a significar el hundimiento y la muerte de la Atlántida.

Debes recordar siempre que no existen los errores. Todo sucede por razones que afectan a todos los tipos de vida, en todas partes y con absoluta precisión. Los sacerdotes internos del antiguo continente de la Atlántida, la Hermandad Nakkal, sabían, gracias a su conocimiento interior, el lugar exacto al que se mudaría y en el que se establecería la Serpiente de Luz, enroscada como una sierpe en el interior de la Tierra, para hibernar durante otro largo ciclo de trece mil años, y que al cambiar su situación sobre la superficie del planeta cambiaría también la forma en la que los seres humanos interpretan la vida. La Hermandad Nakkal sabía que tendría que abandonar la Atlántida y mudarse al lugar donde la Serpiente de Luz iba a encontrar su nuevo hogar.

También sabía que, dondequiera que se instalara la Luz del Mundo, las personas que habitaran en esa región se iban a convertir en los grandes maestros espirituales del planeta. Siempre ha sido así, pues esta Luz afecta a las personas que viven cerca del lugar donde reposa y les lleva de forma natural a un estado de iluminación que depende de su capacidad para recibirlo. Los habitantes de esta nueva región iban a comenzar a despertar y a recordar su íntima conexión con todo tipo de vida, en todo lugar, y con Dios. Con el tiempo recordarían incluso el lugar sagrado del interior de sus corazones donde reside Dios y donde dio comienzo la creación. Y en su recuerdo, se convertirían en luces espirituales para el resto de la humanidad simplemente por su propio ser.

Por eso, la Hermandad Nakkal comenzó a hacer planes para abandonar su amado país de la Atlántida y seguir a la fuente de su entendimiento. No tenían otra elección. Hicieron sus planes y se prepararon para irse casi doscientos años antes de que la Atlántida se hundiera finalmente y se prepararon para irse casi doscientos años antes de que la Atlántida se hundiera finalmente en el océano, antes de verse inmersos en el caos. Con el tiempo, los nakkals siguieron a la Gran Serpiente Blanca de la kundalini de la Tierra hasta una zona remota situada en las alturas de los Himalayas, en una región occidental de lo que hoy día se denomina Tíbet.

Cuando finalmente la Atlántida se hundió, hace unos trece mil años, sus sacerdotes externos (no los nakkals internos) la abandonaron rápidamente en lujosos barcos. Se vieron forzados a salir del país por los terremotos, los volcanes y los incesantes hundimientos de tierras y avenidas de agua. No se trasladaron muy lejos. Los sacerdotes externos llegaron a las costas de lo que en la actualidad es la península del Yucatán, en México, y hoy día los conocemos como los mayas.

Sabemos que esto es así no sólo porque lo afirmen los mayas, sino también gracias a un antiguo documento en piedra encontrado por los arqueólogos en Yucatán, denominado Códice Troano, que se guarda L-n el Museo Británico. Se estima que tiene al menos tres mil quinientos años de antigüedad, fue traducido por el historiador Augusto Le Plongeon y describe con gran detalle el hundimiento de la Atlántida.

El calendario que los mayas tienen en el presente fue creado originalmente durante la época en que la Atlántida estaba viva y en 1 menas condiciones, y fue llevado en mano a Yucatán por los sacerdotes en su fuga de una muerte segura. Este sacerdocio externo está vivo entre los mayas actuales y su representante es Hunbatz Men, un sacerdote y chamán maya elegido en los años ochenta por los ancianos secretos como portavoz para el mundo exterior. Ahora ha sido reemplazado por un hombre humilde llamado don Pedro Pablo, también elegido por los ancianos mayas. En el interior de la cultura maya encontramos a don Alejandro Cino Pérez Oxlaj, que conserva la información original desde los comienzos mismos de esta cultura. Don Alejandro es en la actualidad el presidente del Alto Consejo Sacerdotal Maya, formado por más de cuatrocientos ancianos de México, Belize y Guatemala. El tiempo desvelará la profundidad de sus conocimientos y su sabiduría.

La Gran Pirámide Blanca

Los nakkals, los sacerdotes internos de la Atlántida, llegaron a Tíbet con tremendas dificultades para comenzar la construcción de una de las mayores pirámides del mundo. Es una pirámide hecha de sólidas piedras blancas y que, en la actualidad, da la impresión de haber sido creada en tiempos modernos, pues su estado de conservación es perfecto. Parece completamente nueva. Esta Gran Pirámide Blanca tenía dos misiones simultáneas: marcar la localización exacta de la energía kundalini de la Tierra y enfocar esa energía en beneficio de la humanidad. Creó una zona de energía que abarcaba enormes distancias; los habitantes de aquella región iban a experimentar unos cambios muy especiales en sus mentes, cuerpos y corazones. Algunos iban a cambiar más que otros, pero con entrenamiento los cambios iban a ser inevitables. Esta influencia sobre las personas hizo surgir grandes maestros espirituales, cuya iluminación alcanzó al resto del mundo. Tíbet, algunas partes de China, India y Nepal se convirtieron en el nuevo centro de la Luz del Mundo (aunque en la época de la construcción de esta pirámide, ninguno de estos países había nacido aún). Tuvieron que pasar casi seis mil años después de que la Atlántida se sumergiera en el océano antes de que la raza humana comenzara a recordar lo que realmente era y la civilización volviera a florecer una vez más. Durante todos esos miles de años, los nakkals permanecieron junto a la Gran Pirámide Blanca para protegerla y para prosperar con su energía iluminadora.

Con el tiempo, los nakkals dieron origen a la raza tibetana y han perdurado hasta la época moderna. Lentamente, la influencia de la Serpiente de Luz comenzó a dar vida a grandes almas como Lao Tzu, que escribió el Tao Te Ching {Libro del recto camino}, una de las obras más importantes jamás creadas. Y por supuesto, creó el / Ching, probablemente el libro más asombroso que se haya escrito nunca y que provino también de esta región. Buda vivió dentro de su área de influencia y creó el budismo, una religión mundial que, según mi experiencia personal, posee más que ninguna otra un profundo entendimiento de los campos de energía humanos y unas dimensiones de consciencia que sobrepasan la consciencia normal de cualquier otra religión. El budismo tibetano es la única religión que aún recuerda la Mer-Ka-Ba, el cuerpo humano de luz, y lo que es más importante: lo que significa y cómo crearla y utilizarla. (La Mer-Ka-Ba es el campo humano de energía que se extiende esféricamente entre ocho y nueve metros, en todas direcciones, a partir del cuerpo físico.) Muchos grandes hombres y mujeres (aunque fundamentalmente hombres durante esta parte masculina del ciclo) surgieron allí sencillamente porque la Serpiente Blanca estaba enroscada en el interior de la Tierra bajo la Gran Pirámide Blanca construida por la antigua Hermandad Nakkal. Pero muy pronto todo esto podría cambiar una vez más. Los mayas actuales sabían, gracias a su asombroso calendario, el más exacto que la humanidad haya creado jamás, que se estaba acercando una época especial. Como el gran Sol que se asoma para desvelar el cielo matutino y la belleza del mundo vivo, algo tremendo estaba comenzando a moverse en el interior de la Tierra, algo que iba a desvelar un secreto fantástico que el alma humana perdió hace ya mucho tiempo. Muy dentro del vientre de la Madre, una energía ancestral comenzaba a moverse lentamente de un lado a otro, de una forma muy parecida a la de una serpiente que se desliza sobre la Tierra. Esta energía con aspecto de serpiente comenzó a despertar y a sentir la necesidad imperiosa de hallar un nuevo hogar y una nueva forma de expresar la vida mientras la constelación de Acuario, lentamente, comenzaba a ejercer su influencia.
¡Cada doce mil novecientos veinte años, este impulso resulta innegable!

China invade Tíbet y la Serpiente de Luz comienza a moverse

El Panchen Lama, el segundo en categoría tras el Dalai Lama, que entonces contaba sólo once años de edad, pidió a China en 1949 que «unificara la tierra madre», con lo que quería decir que volviera a colocar a Tíbet bajo su dominio. El dirigente comunista chino Mao Tsé Tung respondió anunciando la intención de China de «liberar a Tíbet de los imperialistas extranjeros». En 1949, China invadió Tíbet.

El mundo se sentía aún cansado y enfermo por todas las muertes y el dolor provocados por la Segunda Guerra Mundial, que había terminado sólo cuatro años antes. Los británicos, que declararon en las Naciones Unidas que estaban «interesados en el mantenimiento de la autonomía tibetana», no tuvieron el corazón ni los medios para resistir a los chinos, y no apoyaron a los tibetanos ni salieron en su defensa.

En el año 1959, tras el levantamiento tibetano en Lhasa y su salvaje represión por parte del gobierno chino, el Dalai Lama huyó a India en busca de refugio, seguido por miles de refugiados tibetanos. En ese mismo momento, tras un descanso de trece mil años, la Serpiente de Luz comenzó a deslizarse desde el interior de la Gran Pirámide Blanca de Nakkal hacia la superficie de la Tierra. Lentamente al principio, más y más deprisa después, esta energía kundalini comenzó a moverse a través de Tíbet. Luego, en un solo día, abandonó el país junto con el Dalai Lama y pasó a India. Fue casi como si el Dalai Lama invocara a la Serpiente para que abandonara Tíbet. Pero este movimiento de la Serpiente de Luz hacia India fue sólo el comienzo de un viaje terrenal muy, muy largo, que con el tiempo iba a atravesar la mayor parte del planeta, exactamente igual que había sucedido cuando abandonó la antigua Atlántida para mudarse a las alturas de las montañas tibetanas trece mil años antes.

El gran encuentro

En el otro lado del mundo, los ancianos mayas de todas las zonas de México, Belize y Guatemala convocaron un gran encuentro de todas las tribus mayas. Era la primera vez que una reunión así se convocaba en tiempos modernos, y se trataba de un acontecimiento realmente importante. Este encuentro se produjo porque el calendario maya mostraba claramente que la Serpiente de Luz iba a moverse en 1959 y que iba a necesitar la asistencia de los nativos, tanto de América del Norte como del Sur. Los ancianos mayas se reunieron para celebrar juntos una ceremonia por lo que el calendario maya estaba profetizando: el final de un gran ciclo y el comienzo de un nuevo ciclo y un nuevo mundo; un mundo en el que todos los cielos se abrirían a la humanidad y seríamos libres de explorar nuestro entorno natural de espacio, tiempo y dimensión más allá de la Tierra. La profecía había predicho una época de maravillosa paz y crecimiento espiritual. Los mayas guatemaltecos predijeron el comienzo de este nuevo ciclo para el 19 de febrero de 2013.

¿Y por qué no el 21 de diciembre de 2012, como se había predicho considerando el momento del cambio de la PE a Acuario? Lo siento, no lo sé. Esta pregunta habrá que hacérsela a los propios mayas guatemaltecos, pues son los únicos que realmente pueden entender el porqué de esta discrepancia de dos meses. Como ya hizo la Hermandad Nakkal antes que ellos, los mayas celebraron este importante encuentro para compartir sus conocimientos y su profecía, de forma que pudieran estar preparados como cultura para responder correctamente a su responsabilidad cósmica de guiar y marcar el movimiento de esta eterna Serpiente de Luz. Durante esta reunión se descubrió que los mayas de las tierras bajas, aquellos que habitan en México y Belize, habían perdido, a causa del tiempo y de los conquistadores españoles, casi todos sus conocimientos y la profecía, y que su legado vivo prácticamente había desparecido. Pero para alivio de la Madre Tierra, el legado no estaba muerto. Todavía seguía vivo en Guatemala. Allí, en lo alto de las montañas, cerca de la bella ciudad antigua de Tikal, los ancianos mayas, la mayoría de los cuales contaban más de cien años de edad, aún conservaban los conocimientos y profecías que habían llegado de la Atlántida trece mil años antes.

Así que los ancianos guatemaltecos entregaron a los mayas de las tierras bajas «quince libros». Los mayas de las tierras bajas recibieron el encargo de estudiar y aprender estos conocimientos, y se les comunicó que en el futuro recibirían más libros. De este modo se inició el regreso del calendario, los conocimientos y las profecías mayas. En esa época, el mundo exterior no supo nada de este intercambio, aunque tampoco les importaba. El materialismo era lo que regía el mundo. El hombre industrial interviene

Con la mejor de las intenciones, algunos exploradores del conocimiento, como José Arguelles y muchos otros, comenzaron a estudiar el calendario maya con la creencia de que los mayas de México mantenían sus conocimientos intactos, cuando en realidad no era así. Estaban limitados por una infusión incompleta de los mayas guatemaltecos. Y por eso se escribieron muchos libros acerca del calendario maya, que realmente no pueden completarse y hacerse exactos hasta que los mayas guatemaltecos no terminen de devolver sus conocimientos a los de las tierras bajas.

Según los mayas de Guatemala, los mayas de las tierras bajas todavía deben leer y comprender cinco «libros» más, y afirman que el decimosexto libro, El libro de los insectos y las estrellas fijas, es el que determina el comienzo y el final de los ciclos cósmicos. Esta es la razón de que la fecha del 21 de diciembre de 2012 nunca se entendiera realmente y de que la del 19 de febrero de 2013 nunca se supiera.

La Serpiente de Luz busca su nuevo hogar

La Serpiente de Luz siguió al Dalai Lama a India, pero no se quedó allí. Continuó moviéndose, abriéndose camino gradualmente a través de todas las regiones de la superficie de la Tierra. Este movimiento duró unos diez años, desde 1959 hasta algún momento a finales de los años sesenta. Finalmente, cerca ya del término de su viaje por todo el mundo, la energía kundalini de la Madre Tierra bajó desde Canadá, atravesando Estados Unidos, hacia México, Belize y Guatemala, para seguir adentrándose en América Central. Cuando llegó a Panamá tuvo lugar algo increíble que la mayoría de las tribus indígenas, con excepción de los mayas, no esperaban. Cuando la Serpiente de Luz llegó al canal de Panamá, no pudo cruzarlo. El canal de Panamá era la mayor geomancia terrestre que jamás se había llevado a cabo en el mundo. Separa, literal y energéticamente, dos continentes entre sí e impidió por la fuerza que la energía kundalini cruzara hacia Sudamérica.

La energía kundalini de la Tierra se quedó atascada, bloqueada. Muchos creen que la detención de la Serpiente de Luz fue la fuente de los problemas de guerras y conflictos de Colombia y otros países cercanos. La kundalini de la Tierra no podía cruzar el canal, lo que provocaba un inmenso desequilibrio energético. (Esto mismo puede suceder en una persona. Cuando la kundalini asciende por la columna vertebral, si uno de los chakras está bloqueado la energía kundalini no puede seguir subiendo, aunque lo sigue intentando. Esto puede producir dolor, enfermedad e incluso la muerte de la persona si el problema no se soluciona.) Este hecho supuso un problema real para los indígenas del mundo, un problema que tardaría muchos años en ser resuelto.
Nadie, excepto los mayas, sabía qué hacer.

Perú responde al nuevo ciclo


Mientras tanto, en las alturas de las montañas de Perú, un hombre plenamente iluminado llamado Óscar Ichazo, junto con otros doce hombres que le rodeaban como los apóstoles rodeaban a Jesús, estaba listo para ayudar a la energía kundalini de la Tierra a cumplir su recorrido y para preparar al mundo para la nueva era que se avecinaba. Esperaban que la Serpiente de Luz se asentara en las altas montañas del norte de Chile antes de finales de los años sesenta y que en esa época su trabajo pudiera comenzar.

Así que Óscar viajó a Estados Unidos con uno de esos doce grandes hombres, Claudio Naranjo, a mediados de los años sesenta para presentar al mundo industrial una antigua forma de conocimiento basada en algo que no se comprendía en aquella época, la geometría sagrada, que Óscar denominó Arica.

Claudio también se preparó para presentar otra forma de conocimiento, basada en la obra del gran ruso Sufi Gurdjieff, y que provenía de lo que recibe el nombre de eneagrama, un sistema de conocimiento que liga la transformación humana al sonido y a la música. Claudio iba a presentar un aspecto poco conocido de esta sabiduría, por la cual la personalidad humana puede ser dividida en veintisiete formas. Su propósito era sencillo: ofrecer al mundo industrial una herramienta para salir de la rueda de los «tipos de ego» y acceder al mundo superior de la iluminación. Creía que, al hacerlo, comenzaría a cambiar a todo el mundo, sacándonos de la vida materialista que llevamos, de forma que pudiéramos acceder a los chakras superiores y al mayor potencial humano. Pero todo esto finalizó unos cuantos años después de haber empezado. En un solo día Óscar paralizó la escuela que había puesto en marcha, y que se había extendido por todo Estados Unidos, y volvió a Perú. ¿Por qué? Muy sencillo: la Serpiente de Luz estaba bloqueada, su culminación no llegaba a tiempo (al menos según lo que interpretaba la mayor parte del mundo indígena) y nadie sabía cuándo lo iba a hacer. Los mayas, por supuesto, sabían con exactitud en qué consistía el problema, cómo corregirlo e incluso cuándo sería corregido. Pero permanecían en silencio y esperando.

La ceremonia del águila y el cóndor

Ellos sabían que este problema no podría solucionarse hasta que no se llevara a cabo la ceremonia del águila y el cóndor. Así lo afirmaba su calendario. También sabían que mover el flujo de poder de la gran Serpiente de Luz iba a requerir más energía humana que la contenida sólo en América Central y del Sur. Necesitaban la energía y la cooperación de Norteamérica. Y esta ceremonia podía reunir a América del Norte, el Águila, y a América del Sur, el Cóndor, de forma que pudieran trabajar al unísono para ayudar a esta energía kundalini de la Tierra a llegar a su destino final.

Muchas tribus, incluso blancos que imitaban a los nativos, creyeron que podían llevar a cabo esta ceremonia del águila y el cóndor, y lo intentaron varias veces. Lo que no se entendió fue que la ceremonia debía aguardar hasta un determinado día del futuro y que sólo podía ser celebrada por los mayas.

El 19 de febrero de 2001, tal y como había predicho el calendario maya, este pueblo y otros doscientos de América del Norte, Central y del Sur se reunieron en Guatemala, y la ceremonia del águila y el cóndor tuvo lugar al fin. Todo está documentado en una preciosa película titulada

El camino blanco: visiones de los indígenas de América, que se cita al final de este libro. Cuando la ceremonia quedó concluida, ya se podía por fin hacer algo para ayudar a la Serpiente de Luz a encontrar su lugar de descanso, aquél donde podría enroscarse en las profundidades de la Tierra durante los próximos trece mil años y presentar al mundo entero los nuevos conocimientos espirituales y la energía que iba a necesitar la raza humana para seguir su camino.

Los dos grandes pájaros vuelan al unísono

En fechas posteriores de ese mismo año de 2001, tribus de toda América (entre las que se encontraban los esquimales, los hopis y muchas otras de Estados Unidos; los mayas, por supuesto, y más de quinientos pueblos de ambos continentes) comenzaron a trabajar juntos con un propósito único: ayudar a la Gran Serpiente Blanca a cruzar el canal de Panamá y completar su viaje.

Los mayas me pidieron ayuda, pues mis raíces también forman parte de una tribu de Norteamérica: los taos pueblo de Nuevo México. Se designaron tres días, que recuerdo que fueron en septiembre de 2001, para que cada tribu y cada persona pudieran trabajar a su modo en pro de este único objetivo común. Tribus indígenas de los dos continentes, trabajando juntos el mismo día, comenzaron a celebrar ceremonias por todas partes. Recuerdo que abandoné todas mis ocupaciones durante esos tres días y me puse a meditar. En mi tradición, el método elegido es la Mer-Ka-Ba, el cuerpo humano de luz, por lo que coloqué un campo Mer-Ka-Ba viviente sobre el canal de Panamá y entré en meditación profunda, utilizando todo lo que sabía para ayudar a la kundalini de la Tierra a cruzar el canal.

El primer día y el segundo pareció que no sucedía nada. Yo podía sentir la tremenda energía de todas aquellas personas dedicadas trabajando al unísono, pero no era capaz de percibir ningún cambio en la Serpiente. Estaba empezando a pensar que quizá podíamos estar fallando, pero no permití que las dudas entraran en mí ser y seguí meditando.

Al final del tercer día sentí que algo estaba ocurriendo. Al principio fue como un pequeño flujo de energía, como una diminuta fuga en una presa, pero la energía siguió ensanchándose y haciéndose cada vez más poderosa. Por fin, la Serpiente de Luz se liberó y comenzó a agitarse con energía de un lado a otro como hacía cuando se estaba trasladando alrededor del mundo. Entró en Colombia, con gran fuerza y determinación, y continuó por Sudamérica, moviéndose por todas partes, entrando en cada región y en cada país. Todo el mundo indígena exhaló un gran suspiro de alivio y gritos de júbilo llenaron el aire desde los dos continentes. Los dos grandes pájaros volando al unísono, como uno solo, habían obrado el milagro. Los mayas sabían que eso era lo que iba a suceder, pues así había sido profetizado en su calendario sagrado; pero con calendario o sin él, cuando sucedió en la vida real fue excitante. Ahora es cuestión de experiencia humana y profundas emociones. Al mismo tiempo, allá arriba, en las alturas de los Andes del norte de Chile, ciento doce tribus estaban sentadas en un enorme círculo esperando la llegada de la Serpiente de Luz. El sitio exacto había sido ya predicho por los mayas, y las tribus rodeaban el lugar, cantando y bailando, haciendo de esta ceremonia el acontecimiento humano más importante en miles de años.

También ayudaron a convertir a este diminuto trozo de tierra en la región más sagrada sobre la superficie del planeta. Estos hombres y mujeres puros siguieron celebrando ceremonias hasta muchos meses después, cuando la Serpiente de Luz finalmente reptó hasta su casa y entró en su sagrado lugar de descanso en la Tierra. Es un lugar que transformará la zona de Chile y Perú en unos nuevos Tíbet e India, un lugar en el que nacerán grandes maestros; unos maestros que serán brillantes luces para el mundo, tal y como lo han sido los de Tíbet e India.

Mi parte en esta saga no había hecho más que empezar. Había que hacer muchas más cosas y yo no tenía ninguna premonición de los cambios que iban a acontecer en mi vida. La Madre Tierra estaba a punto de apuntarme a la tribu del arco iris de liberación e iluminación. Una parte de mi vida estaba a punto de desvelarse en formas que yo no podría haber imaginado jamás.
¿Qué otra cosa podemos hacer más que servir de ayuda?

Capítulo 4
La Pirámide Nakkal


Aquella mañana me desperté en las alturas del árido desierto de Nuevo México, a unos dos mil quinientos metros sobre el nivel del mar. Como un vasto océano, los arbustos de salvia verde grisácea se extendían hasta el horizonte en todas direcciones excepto hacia el este, donde la imponente cadena montañosa Sangre de Cristo se alzaba contra el cielo. La nieve que aún se podía contemplar en las cumbres en aquel día de comienzos de verano no era algo inusual. A veces no desaparece en todo el año. Hacia el oeste, escondido a mi vista, yacía el profundo cañón del río Grande, abriéndose camino en secreto a través de esta parte del desierto en la que no ha estado casi ningún ser humano. Al norte, a unos treinta kilómetros de mi hogar, se alzaba la segunda montaña aislada más alta del mundo, la montaña Ute.

Fue en esta montaña Ute donde la caballería de Estados Unidos intentó eliminar a los utes en 1800. Como éstos pretendían defenderse contra la terrible injusticia que les estaba infligiendo el gobierno estadounidense, eran considerados peligrosos y se afirmaba que debían ser aniquilados.

La caballería persiguió a los utes durante cientos de kilómetros hasta llegar a esta montaña, que recibió su nombre muchos años después en su honor. Los utes y la caballería sabían que en la montaña no había agua, pero en su desesperación los nativos ascendieron por ella para esconderse. La caballería rodeó la montaña y esperó. En realidad no estaban seguros por dónde habían ido los utes, pero esperaron, creyendo que al carecer de agua, si estaban allí arriba, tendrían que bajar.

Según cuenta la historia, los utes rezaron a la Madre Tierra para que les diera agua, pues sabían que sin ella morirían en la montaña o se verían forzados a bajar para que la caballería los matara a todos: hombres, mujeres y niños. Se extinguirían.

Y la Madre Tierra, que vivía en los corazones de los utes, respondió. Un manantial brotó de la montaña, nutriendo sus cuerpos y salvando sus vidas. Unos tres meses después, la caballería de Estados Unidos decidió que los utes no debían haberse refugiado en la montaña y abandonaron la búsqueda. Los utes siguen vivos en la actualidad gracias a esta montaña y a su milagro, cuya energía se difunde por todo el valle en el que yo vivía en 1985.

Yacía en mi lecho pensando que algo parecía diferente o especial aquella mañana, pero no sabía por qué. Ese sentimiento permaneció en mí durante todo el día.

Yo formaba parte de un grupo de hombres y mujeres que regentaba una escuela esotérica llamada Escuela de Misterio Nakkal. El nombre me lo habían dado los ángeles, que nunca me contaron el motivo. Yo sabía que los nakkals eran los antiguos sacerdotes de la Atlántida, pero fuera de eso no sabía nada más. Sencillamente acepté el nombre porque la sugerencia procedía de una fuente superior.

Nuestro recinto abarcaba unas ocho hectáreas y estaba rodeado por millones de hectáreas, literalmente, deshabitadas. Teníamos dos casas de adobe, un jardín natural, una pequeña zona de apartamentos, un área de trabajo y garaje, un precioso centro de conferencias de adobe (con techos de siete metros y medio de altura y construido en forma de pentágono) y lo más importante de todo, una bella sala de oración subterránea llamada kiva. La escuela era perfecta para enseñar y aprender.

Estar completamente aislados de la civilización facilitaba mucho nuestra tarea, pues no había nadie que pudiera juzgar nuestro trabajo ni nuestras acciones, que habrían resultado extraños para algunas personas de nuestra cultura actual. Cada luna nueva, por ejemplo, instalábamos una cabaña de sudación de los nativos americanos con una enorme hoguera para calentar las piedras. Unas cuarenta personas ayunábamos al menos un día antes de la sudación y, durante horas, tocábamos los tambores y cantábamos, entonando el nombre de la Madre y la presencia del Gran Espíritu, entrando en nuestros corazones y esperando a que las piedras se pusieran del color rojo anaranjado de la vida.
Cuando llegaba el momento adecuado, entrábamos en la kiva subterránea rodeados de la más completa oscuridad, con humildad y sin ropa, tal y como marcaba la tradición nativa, y con una actitud de absoluta santidad para estar con la Madre. Era como estar en su seno. Prana, vacío, tierra, agua, fuego, aire, los seis elementos de la creación y la naturaleza estaban presentes al mismo tiempo en esta ceremonia.

Aquella tarde escuché a alguien que gritaba un fuerte « ¡Uau!» y corrí a ver quién era. El Sol se iba a poner en unos treinta minutos y llovía suavemente contra las montañas del este. La razón del «¡Uau!» estaba clara. Enmarcando la cadena montañosa Sangre de Cristo aparecía el arco iris más increíble que he visto en toda mi vida. No había uno solo, sino tres: un arco iris dentro de otro arco iris dentro de otro arco iris. Los intensísimos y brillantes colores vibraban como si estuvieran cargados de electricidad. Me quedé sin habla.
Mientras observaba aquel milagro, me inundó el mismo sentimiento que había notado al despertarme aquella mañana. De algún modo u otro, aquel día era especial. Pero no había nada que pareciera distinto de los demás días a excepción de aquel asombroso arco iris. Sin embargo, el sentimiento se negaba a abandonarme. La mañana siguiente, una furgoneta blanca y sin rotular paró frente a nuestro centro de conferencias. Como estábamos escondidos del público y en un sitio tan remoto, era poco habitual que alguien nos encontrara cuando no se estaba llevando a cabo ningún taller.

Un grupo de cuatro hombres jóvenes, en la treintena, bajó de la furgoneta y caminó hasta la sala de conferencias donde me encontraba yo en una pequeña cocinita preparando el desayuno.
Uno de ellos abrió la puerta delantera, me miró y preguntó:
— ¿Sabe dónde puedo encontrar a un hombre llamado Drunvalo?
Le dije quién era yo, y él fue derecho al grano:
— ¿Alguna vez ha visto este dibujo?
Me entregó un dibujo de la Flor de la Vida. Los diecinueve círculos me eran tan familiares
como la palma de mi mano.

Yo vi este dibujo por primera vez pintado sobre una pared egipcia de seis mil años de antigüedad, y desde entonces lo he encontrado por todo el mundo: en India, Inglaterra, Irlanda, Turquía, Israel, Polonia, Suiza, Grecia, China, Japón, México y en unos cincuenta países más, casi siempre en sitios antiguos. Y seguimos descubriéndolo en distintos países todos los años. Pero lo más significativo de esta historia, como podrás comprobar, es que también lo había visto en Tíbet. Como yo llevaba impartiendo enseñanzas acerca de este dibujo desde 1984, aquellos hombres habían hecho averiguaciones sobre mí y querían saber lo que significaba. En ese punto les pregunté por qué estaban tan interesados en la Flor de la Vida. Se sentaron a mí alrededor y empezaron a relatarme una larguísima historia acerca del descubrimiento en Tíbet de una pirámide muy inusual que su equipo de exploración había encontrado unos meses antes. Lo que tenían que decirme era prodigioso.

Hace ya tanto tiempo de aquello que he olvidado los nombres de aquellos cuatro hombres, pero el que parecía ser el portavoz, o el que llevaba la voz cantante, se excitó y comenzó a hablar con autoridad. Sacó mapas y fotografías que puso sobre la mesa, los extendió, y me miró directamente a los ojos. Me habló acerca del primer equipo de investigación que había intentado llegar a esta pirámide tibetana, pero me contó que sencillamente no estaban preparados para el largo y difícil viaje. Se tardaban seis meses en alcanzar la pirámide, que se encontraba a gran altura en las montañas occidentales de los Himalayas. No existían mapas claros, pues prácticamente nadie había estado jamás en aquella zona, y habían subestimado el tiempo que tardarían en llegar. Para complicar el tema aún más, la pirámide era completamente blanca y estaba permanentemente cubierta de nieve, a excepción de dos o tres semanas al año, por lo que el equipo debía cronometrar perfectamente su llegada para poder encontrar la estructura y, con suerte, entrar en ella.

Me contó que el primer equipo llegó hasta el borde de las montañas desde donde se podía contemplar aquella magnífica pirámide en el valle que se encontraba a sus pies, pero no pudieron continuar, pues de haberlo hecho todo el equipo habría muerto. No tenían suficientes provisiones para el tiempo extra y no tuvieron más remedio que dar la vuelta. Yo creo que esto ocurrió a principios de la década de los ochenta. Pero sólo unos pocos años más tarde, aquellos hombres que estaban sentados alrededor de la mesa lo intentaron una vez más. En esta ocasión se prepararon mejor y llegaron a la pirámide tibetana justo en el momento en que se encontraba completamente expuesta para su exploración. Se quedaron pasmados al comprobar que, a diferencia de la Gran Pirámide de Egipto, ésta no estaba sellada. Tenía una única abertura, que permitió al equipo entrar sin hallar ningún obstáculo.

Durante los dos días siguientes, me relataron cómo encontraron la pirámide, que denominaron Gran Pirámide Blanca. Explicaron el aspecto que tenía y cómo carecía de marcas, escrituras, jeroglíficos o cualquier otra cosa sobre la superficie o en las paredes, tanto interiores como exteriores, a excepción de una única imagen preferente colocada en la parte superior de una pared central de la sala principal. Se trataba de la imagen de la Flor de la Vida. Aquélla era la razón de que me hubieran buscado y encontrado en medio del solitario desierto. Querían que les hablara acerca del significado de la Flor de la Vida. Esperaban que yo les podría conducir a quienquiera que hubiera construido aquella pirámide, pues no tenían ni idea de quién podría haber sido.

Yo no podía explicar lo que la Flor de la Vida «significaba realmente» en una o dos horas. Por eso se quedaron dos días. Es el dibujo de la creación de todo el universo y todo lo que éste contiene, incluyendo a todas las criaturas vivientes. Es incluso el dibujo de la creación de aspectos del universo que no son considerados cosas o materias, tales como las emociones y los sentimientos. Puse el máximo empeño y les di un minitaller sobre la de Flor de la Vida, en el que suprimí todas las ceremonias, los círculos de oración, los relatos con mensaje y, por supuesto, la cabaña de sudación de los nativos americanos.

Aquellos hombres me hablaron acerca de la increíble suerte que habían tenido de ser los primeros seres humanos en tocar realmente aquella inusual pirámide. Me informaron de que no se conocía ninguna otra pirámide cerca de ella y que estaba completamente aislada en una región inaccesible de los Himalayas. Siguieron contándome lo extraño que resultaba que una pirámide así estuviera situada en un lugar en el que jamás había existido civilización alguna.

El sentimiento que había tenido el día anterior de que algo especial iba a ocurrir no me había abandonado. Yo sabía que aquella información era importante, pero en realidad, en aquel momento, no sabía hasta qué punto. Cuando se fueron de la Escuela de Misterio Nakkal, llenos de entusiasmo, las fotografías que me habían mostrado de la asombrosa pirámide seguían volviendo a mi cabeza una y otra vez. Casi podía saborear la causa de su importancia, pero todavía no acudía nada a mi mente. Finalmente, un par de días más tarde, cuando me encontraba meditando, los dos ángeles aparecieron en mi visión interior, y me dijeron:

—Esa construcción se llama Pirámide Nakkal. Sabemos que en este momento no lo entiendes, pero a su debido tiempo lo harás. En un futuro, todo te será revelado.
Pero ¿por qué Pirámide Nakkal? ¿Y por qué Escuela de Misterio Nakkal? En aquel momento, lo único que sabía era que los nakkals eran los sumos sacerdotes de la Atlántida. No sabía que tuvieran ninguna relación con Tíbet.

Había tanto que yo no sabía... Pero confié en los ángeles y los guardé en mi corazón. Cuando me hablaban, siempre me sentía como un niño pequeño que pretende entender el mundo que le rodea, unas veces desconcertado y otras excitado, pero fundamentalmente asombrado por la vida y por el modo en que los ángeles introducían el conocimiento con tanta suavidad en mi simple entendimiento. Llegó un día en que la Escuela de Misterio Nakkal se disolvió, como sucede con todas las escuelas de ese tipo, pero el recuerdo del equipo de exploración y la pirámide que habían encontrado no me abandonaba. Y a su debido momento, los ángeles me contaron toda la historia, que iré compartiendo contigo mientras continuamos caminando. La Serpiente de Luz había dejado su hogar, la Pirámide Nakkal, y se estaba moviendo libremente para encontrar un hogar nuevo y, con el tiempo, una nueva pirámide, y la Red de Conciencia de Unidad sobre la Tierra estaba casi concluida. Para 1989 y 1990, cuatro años antes de mi primer aprendizaje sobre la pirámide, la red había crecido hasta alcanzar el primer nivel de Unidad, pero la Serpiente de Luz todavía seguía buscando su sitio en la Tierra, aparentemente desfasada con el ADN cósmico.

Pero jamás debemos olvidar que la Vida es perfecta.
Véase:


Drunvalo Mechizedek en Argentina 1 - 4