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26 de junio de 2017

Alan Stivelman - Reporte exclusivo desde Isla de Pascua- Débora Goldstern

Alan Stivelman
Reporte exclusivo desde Isla de Pascua
Débora Goldstern


Alan Stivelman filmando los fabulosos Moáis.

Mi amigo Alan Stivelman se encuentra en estos momentos recorriendo la fabulosa Isla de Pascua, y envía desde esa zona mágica, reporte exclusivo para los lectores de Crónica Subterránea

A su vuelta esperamos tenerlo en una entrevista para que nos relate su visión, acerca de aquellos enigmas milenarios.

Atienda el lector!


2 de noviembre de 2009

Los continentes perdidos y su conexión con América

Los continentes perdidos y
su conexión con América
Débora Goldstern


Hoy revistamos una de las obras cumbres de Oscar Fonck Sieveking, “Construyamos Arcas. Los enigmas del pasado”. Para ilustrar elegimos un capítulo que invita a la lectura y reflexión, donde una vez más, nuestro querido continente americano, es el eje en cuestión, que espera la historia actual lo ubique en el lugar que merece por derecho propio. Ni más ni menos, la reparación de América como centro civilizador, algo que a fuerza de repetir, por ahí alguna vez se grabe en el inconsciente colectivo.

Este post se lo dedico a un hijo dilecto de Crónica, que hace unos días cumplió años. Para vos "Baby" que lo pediste.


Se hundió la isla de Hiva. ¿Dónde quedó Mapu?


Desde hace muchos años la atención de los científicos de todo el mundo se encuentra concentrada sobre el pueblo que habita la isla de Pascua. Las bizarras estatuas de piedra (Moai), los enigmáticos jeroglíficos de las "tabletas parlantes" Y el idioma de los isleños exigían un estudio más profundo. Muchos libros han sido publicados sobre este apasionante tema y seguirán apareciendo otros nuevos. Es demasiado distinta la cultura de estos isleños, al ser comparada con otras culturas primitivas.

El sacerdote Padre Sebastián Englert, que desde hace muchos años es el jefe espiritual de los isleños, es una de las personas mejor informadas en el mundo sobre las costumbres, tradiciones Y mitos de este pequeño pueblo que vive alegremente sobre un islote pedregoso en el Océano Pacífico, separado por miles de kilómetros del continente americano como de los demás archipiélagos e islas. Este sacerdote ha tenido ocasión de investigar las características de este grupo étnico, por ser el cura párroco de la población. Basado sobre estos estudios publicó su libro, magníficamente documentado, bajo el título de La Tierra de Hotu Matúa (Imprenta y Editorial San Francisco, Padre las Casas), que abre nuevos horizontes a los estudiosos interesados en este tema.

El Padre Englert tuvo la suerte de conocer muchos detalles referentes al pasado de los isleños de Rapa Nui (Isla de Pascua), debido a los lazos de amistad que lo unen a la mayoría de ellos, pudiendo así esclarecer puntos que parecían dudosos o sinceramente eran desconocidos. Los isleños contaban la llegada de sus antepasados a Rapa Nui con un cúmulo de detalles, entre los que destacaban el hecho de que éstos habían abandonado su país de origen por haber desaparecido debajo de las aguas. Las historias de los pascuenses fueron ignoradas o se las puso en duda. Es probable que solamente haya desaparecido una isla aislada. Pero lo que sorprende es que aún existan científicos que no quieran dar importancia a las leyendas y a las tradiciones antiguas, ya que ha quedado demostrado innumerables veces que éstas están basadas sobre hechos concretos, que por haber sucedido hace muchos años, adquieren ese viso de leyenda. Cuando las historias se transmiten a través de generaciones de padre a hija, aunque. las mismas estén a veces entreveradas con noticias ciertamente inverosímiles o con aspectos religiosos inesperados, siempre vale la pena investigarlas seriamente y tratar de entresacar aquellas noticias dignas de fe, ya que muchas veces contienen un mensaje de importancia para las generaciones futuras.

Si se ha podido comprobar la verdad del contenido de las antiguas escrituras encontradas en Babilonia y en Egipto y de los rollos hebreos del Mar Muerto, como se desprende de la lectura del libro Y la Biblia tenía razón, de Werner Keller (Egon-Verlag G m. b. H., Düsseldorf) y si la leyenda troyana también resultó verídica, no debemos dudar de la veracidad de los relatos de los isleños de Rapa Nui, conociendo así una catástrofe prehistórica que ya no estamos en situación de comprobar, salvo que las "tablillas parlantes" entreguen su secreto mensaje, ahora que el Profesor Barthel, de la Universidad de Hamburgo, ha podido descifrar algunos de los pictogramas de Pascua. Para mí no existe duda alguna acerca de que esa isla realmente desapareció. Dónde estuvo localizada Hiva, no lo sabemos, pero el relato da una idea acerca de la dirección, desde la cual llegaron las embarcaciones. Dejemos contar a los isleños. El continente Rapa Nui antes era muy grande, pero ahora se redujo, desde que el Dios Uoke (Dios de los mares) levantó las tierras con una barreta y después las hundió. Motivado por los pecados de los habitantes de Te Pito Henua (El ombligo de la tierra como era el nombre antiguo de Rapa Nui), el Dios los castigó levantando las tierras para reducirlas después. Es de suponer, por el relato que fuerzas volcánicas levantaron las tierras, agrandando así la isla, para hundirlos después, dejando solamente las más altas cumbres sobre el nivel de las aguas. La isla da en realidad la impresión de la cima de un cerro, azotada innecesariamente por los vientos y las tempestades, el cual posteriormente fue adquiriendo una capa de tierra vegetal en ciertas partes, mientras que los volcanes apagados mantuvieron sus características. La isla está virtualmente cubierta de piedras.

Uoke) es la fuerza de las olas y del mar, como lo era Poseidón para los griegos. La leyenda cuenta que el cacique Hotu Matúa se encontraba en viaje con dos naves, cuando fue testigo de que las tierras desaparecían y con ellas todos sus habitantes, hombres, mujeres y niños. Advirtió que de todo el Continente solamente quedaba sobre las olas Te Pito O Te Henúa, el ombligo de la tierra, Y por esa se radicó en esta isla. Hotu Matú'a era oriundo de un país que se llamaba Maorí y que era una parte del continente llamado Hiva. La partida de Hotu Matúa de su patria se debió a conflictos familiares. Para obviarlos, preparó dos grandes barcos, los tripuló con centenares de hombres, mujeres y niños. Pero antes de abandonar su patria, había mandado una expedición de exploradores a Rapa Nui para establecer si existía base para una colonización. Todas las tradiciones de los isleños coinciden en este punto, como también en los nombres de estos expedicionarios, e igualmente en los de dos personas que se salvaron durante el hundimiento de Hiva. Estos llevaban los nombres de Ngata Vake Y Te Ohiro. Todos los isleños que relataron sus viejas tradiciones separadamente y en forma individual, coincidieron en nombrar a los dos sobrevivientes de Hiva, como también en dar los nombres de los expedicionario y que eran Ira, Raparenga, Ku'uku'u A'Huatava, Ringi-Ringi. A'Huatava, Nonoma A'Huatava, Uhre A'Huatava y Mako'i Ringi-Ringi.

A'Huatava, Ira y Raparenga habían traído consigo una gran imagen de piedra y la habían escondido. Esta estaba adornada con un valioso collar de madreperlas. Al reproducir los relatos de los indígenas, lo hago en forma resumida para no tener que entrar en detalles cansadores. Algunos de los demás expedicionarios quisieron robar el collar, lo que no les resultó. Cinco de los primeros expedicionarios regresaron en dirección a su patria cuando llegó Hotu Matú'a a Rapa Nui. En cambio, Ira trató de convencer a Hotu Matú'a de que no desembarcara, porque la isla carecía de vegetación. El rey contestó que la patria de ellos tampoco había tenido vegetación, antes de que sus antepasados la hubiesen labrado. "Yo traigo muchas plantas y semillas que van a bastar para nuestra alimentación", exclamó, e hizo plantar y cultivar estas nuevas especies por sus súbditos lo mismo que las variedades ya existentes.

El relato deja expresa constancia de que los barcos provenían del oeste. Incluso se mencionan los puntos de la costa, desde los cuales fueron avistadas las naves por los primeros expedicionarios, lo mismo que los desembarcaderos.

De los componentes de la dinastía que los isleños se saben de memoria, se desprende que Hotu Matú'a debe de haber llegado a Rapa Nui alrededor del siglo XIII de nuestra era. Por consiguiente, debe suponerse que la desaparición de la Isla Hiva puede haberse producido en aquella época. Pero podría existir un error de cálculo de parte de los investigadores, ya que algunos cuentan 23 y otros 57 reyes, a contar desde la llegada de Hotu Matú'a a la Isla. Cada uno de los primeros visitantes de la isla que se dio el trabajo de anotar !os nombres de los reyes, indica una cantidad distinta, Así, la genealogía más larga es la que menciona los nombres de 57 reyes. Si esta lista estuviera correcta, el hundimiento de Hiva sería mucho más antiguo.

Creo que la lista indicada por Thompson a fines del siglo pasado, debería ser considerada la correcta. La suposición de los investigadores de que el reinado de cada gobernante debla calcularse en diez años la considero completamente increíble. Para poder efectuar una comparación, he estudiado las genealogías de los reyes del Níger (Yoruba) descritas por Frobenius en su libro Y África habló. Frobenius da una lista de 43 gobernantes, que reinaron en total 1.271 años, lo que daría un promedio aproximado de 30 anos por gobernante. Si consideramos que Rapa Nui se encuentra en una posición mucho más protegida, o sea, con menos peligro de invasión y guerras exteriores, podemos tomar el mismo promedio de 30 años Si consideramos la lista más corta de los reyes o sea de 31 gobernantes, la isla Hiva habría desaparecido hace unos 930 años, o sea, alrededor del año 1029 de nuestra era. Esta fecha podría ser considerada como aproximadamente correcta para la llegada de Hotu Matú'a a Te Pito O Te Henúa.

Si se comparan las cuatro primeras dinastías egipcias en relación con el promedio de gobierno de sus reyes se llega al resultado de que éste es de 22 años por gobernante, habíendo gobernado 42 faraones en el tiempo comprendido entre 3440 a 2475 a. C., o sea, en un período comprendido en 925 años. Pero insisto en que las condiciones deben ser más favorables en una isla por lo que se puede suponer que muchos reinantes habrían gobernado más de 30 años. Por consiguiente, la suposición de una dinastía que durara 930 años debe considerarse como la más aproximada. Como ya lo ha dado a conocer el profesor señor Barthel de la Universidad de Hamburgo, los Jeroglíficos de Rapa Nui tienen cierto parecido con la escritura japonesa. Es de suponer que Hotu Matú'a trajo consigo las primeras "tablillas parlantes", lo que demuestra que los habitantes de Hiva ya disponían de una escritura propia. Gracias a la labor de pionero del profesor Barthel, es de esperar que muy pronto sabremos más acerca de la misteriosa civilización de los habitantes de Rapa Nui.

Un hecho que demuestra que 400 años d. de C. ya se construyeron fortalezas de piedra en la isla de Pascua, lo comenta Thor Heyerdahl en su libro Aku Aku (Ruskín House Georg Allen & Unwin Ltd., p. 112, Cap. V). Las excavaciones efectuadas en una depresión de terreno que hasta entonces se había considerado natural, demostró el hecho sorprendente de que dentro del mismo se encontraban restos de huesos calcinados Y de ramas quemadas. Estos hallazgos confirmaron la antigua leyenda pascuense, de que en aquella parte de la isla se había producido la lucha final entre los orejas largas y los orejas cortas, terminando con el exterminio casi total de los orejas largas, de los cuales quedó un solo sobreviviente. Los estudios a base de Carbono 14 permitieron establecer que las fortificaciones de piedra eran del año 400 d. de C, mientras que el exterminio de los orejas largas (tal vez invasores desde el continente americano) se efectuó hace unos 300 años. Al considerar estas evidencias, puede suponerse que los orejas largas llegaron con posterioridad a los orejas cortas y que éstos construyeron las fortificaciones. Los. orejas cortas probablemente han sido los habitantes primitivos de la isla, a pesar de que las leyendas no hablan de esta circunstancia Pero indudablemente uno de los dos pueblos deben de haber construido las fortalezas de piedra. Las tradiciones de los isleños hablan de ese foso como del foso de fortificación del Iko. Los orejas largas habían dominado a los orejas cortas, y éstos tenían que erigir las grandes estatuas de piedra (moai), las que eran esculpidas por los primeros. Los primeros hablan convertido la península de Poike en una fortaleza y vivían en ella con sus familias. Desde allí dominaron la isla hasta que se produjo la batalla final. Por una estratagema, los orejas cortas supieron atacar, a los orejas largas por la espalda, mientras estos se sentían seguros detrás del foso que se encontraban lleno de ramas secas, que habían sido encendidas, Y así estos fueron obligados a caer dentro de su propio fuego de protección, donde encontraron horrorosa muerte. De los pocos orejas largas que lograron cruzar el fuego, solamente sobrevivió uno solo, que se llamaba Ororoine y que es el tronco de los descendientes de los orejas largas que aun viven en la Isla y se consideran de la aristocracia. Es realmente interesante constatar que por lo general los descendientes de los orejas largas son de pelo rojo, Es curioso igualmente que los moai, o sea, las grandes estatuas de piedra existentes en la isla de Pascua, primitivamente llevaban en la parte superior una piedra roja que debía representar el pelo rojo, que era característico en esa raza misteriosa.

Habiendo podido establecer Thor Heyerdahl y su expedición que en el foso de la península de Poike no sólo se encontraban restos de ramas carbonizadas, sino que también de seres humanos, ésta es nuevamente una demostración elocuente de que las leyendas son, por lo general, dignas de considerarse y que siempre esconden un hecho histórico en la maraña de relatos, a veces fantásticos. Este caso, naturalmente, está aún fresco en la memoria de los isleños, por haberse producido hace alrededor de 300 años. Pero, como se ha podido verificar la veracidad de este mito, también debe creerse en la autenticidad de los hechos relatados en relación con la desaparición del Continente maorí y de la isla de Hiva.

El doctor Walter Knoche- establece en su libro La Isla de Pascua, algunos hechos de gran interés: "es curioso que en la Polinesia, que en su unidad posee un eje transversal que llega desde 'I'onga hasta la isla de Pascua y que en su longitud equivaldría a un eje que se extendiera desde Berlín hasta la China central, o sea hasta la curva del río Hoang-h.o, y un eje longitudinal que abarca desde las islas Sandwich hasta Nueva Zelandia, o sea, desde Berlín hasta la antigua colonia alemana de Africa Sud-Ocidental, que en todo este enorme espacio solamente existan dialectos de una sola lengua, lo que demuestra en forma elocuente de cuán relacionador de pueblos es el mar". Al hacerse la comparación con el pequeño espacio de los Alpes, que en realidad no pueden considerarse como un caso extraordinario de reunión de distintas lenguas o idiomas, vemos que allí se hablan los siguientes: alemán, francés, italiano, latino y esloveno. Que en el enorme espacio polinésico no se haya producido una mayor diferenciación idiomática, fuera de algunos dialectos, hace pensar al doctor Knoche que la población polinésica no está radicada en aquel archipiélago desde hace mucho tiempo. Insinúa también que es -probable que el idioma polinésico no se preste para modificaciones sustanciales. Supongo que el doctor Knoche no ha tenido antecedentes acerca del hundimiento de la isla Hiva, ya que de lo contrario habría mencionado este hecho en su tan bien documentado libro. Así no consideró la probabilidad de que el pueblo o la raza polinésica haya vivido sobre un continente unido y que, al hundirse el mismo en forma parcial, haya tenido que buscar refugio en un área más extendida, conservando su idioma.

Como menciono en otros capítulos, se puede encontrar la huella de palabras de los más variados idiomas a distancias inverosímiles de sus supuestas fuentes de origen. Esto demuestra dos hechos: primero, que la navegación de las civilizaciones anteriores y ya desvanecidas, era verdaderamente digna de consideración. Segundo, que por intermedio de esta navegación o por otros medios que desconocemos, siempre ha habido un contacto entre pueblos distantes entre sí, aunque entre ellos se extendieran grandes océanos y medio globo terráqueo. Este segundo hecho lo explico por la razón de que los pueblos han debido emigrar, obligados por las más diversas causas, en busca de regiones más propicias, las que muchas veces pueden haber estado en otro continente o en otros archipiélagos o islas.

Indudablemente América fue colonizada por tribus asiáticas a través del estrecho de Behring, como lo han demostrado investigaciones antropológicas, filológicas y culturales. Igualmente coinciden costumbres y folklore entre pueblos asiáticos y americanos. Pero quisiera dejar constancia de la convicción que me he podido formar después de estudiar durante años las leyendas y tradiciones americanas, de que no todos los pueblos americanos son de procedencia asiática. Estoy convencido de que América contaba con una población autóctona, cuando se produjeron las invasiones asiáticas, atlánticas y europeas. Para ello basta considerar la leyenda de los indios norteamericanos conocidos bajo el nombre de "Sioux". Esta cuenta que Manitou, el gran Dios, quiso crear al hombre. Formó a un hombre en arcilla, lo introdujo dentro de un horno y lo expuso al calor con el objeto; de endurecerlo. Cuando lo sacó al rato, notó que se habla quemado y estaba totalmente negro. Manitou se enojó, lo tomó y lo lanzó despectivamente al suelo. Este primer hombre cayó de narices y se la aplanó. Así fueron creados los negros con sus narices anchas. Después, Manitou formo a un segundo hombre de arcilla y lo volvió a exponer al calor del horno, dejándolo menos tiempo en el mismo. Cuando lo sacó demasiado rápido aún estaba blanco. Así creó a la raza blanca; Manitou: no contento con esta segunda experiencia, volvió a formar otro hombre que, expuesto en forma precisa al calor del horno, dio como, resultado el hombre cobrizo, el más perfecto de la creación.

Esto demuestra que en tiempos primitivos ya convivían en América pueblos blancos, cobrizos y negros. Cuáles fueron los primeros en llegar, no se puede establecer pero es muy probable que primero hayan sido los negros después los blancos y al final los cobrizos, como indica la leyenda. Desde luego existe la evidencia de influencias melanésicas, polinésicas y de tribus australianas en las costas occidentales de América. Que se haya calculado la antigüedad de las ruinas de Tiahuanaco en 23.000 años, demostraría que hubo en América una civilización más antigua que la sumeria y la egipcia. Cuando se encuentran ruinas de ciudades ello demuestra que sus habitantes habían alcanzado una etapa superior dentro de su evolución. Ese grado de civilización es alcanzado por los pueblos después de pasar por las diversas etapas de coleccionadores de frutas, raíces y bellotas, de pueblos nómadas que persiguen la caza, de los pueblos que ya poseen rebaños propios de animales semi-domesticados y que después se hacen sedentarios, llegando a ser ya campesinos con una agricultura propia y formando aldeas que después dan base a las ciudades. Esto hace suponer que el enigmático pueblo que construyó la ciudad de 'I'iahuanaco hace unos 23.000 años, anteriormente se dedicaba al pastoreo de las llamas, guanacos y vicuñas o a la pesca. Es posible que los constructores de Tiahuanaco ya hayan, poseído una cierta cultura al radicarse a orillas del Titicaca ¿Eran sobrevivientes de una terrible catástrofe? ¿Cuántas civilizaciones que florecieron en la desembocadura de caudalosos ríos, estarán sepultadas en el fondo del mar?

Quisiera mencionar un hecho que durante la última, fue comentado por los diarios. Un piloto de guerra americano cruzaba el Atlántico en su bombardero, en viaje a Inglaterra. Era un día excepcionalmente tranquilo y hermoso. Ni una débil brisa encarrujaba la superficie de las aguas y se veía hasta el fondo del mar. Cuando el avión sobrevolaba la parte que es conocida como la de menos profundidad y que forma una especie de cadena submarina que se extiende paralela a Europa y Africa, como a América (Atlantische Schwelle), la tripulación quedó sorprendida al constatar que en las profundidades se veían las ruinas inconfundibles de una ciudad. Calles rectilíneas y plazas podían observarse claramente como las ruinas de las construcciones. No era posible establecer la longitud y latitud exacta de ese punto perdido en el océano, como el piloto lo habría deseado ardientemente. Así, después de sobrevolar en amplio círculo esas ruinas, el avión prosiguió su ruta establecida. Llegando a Inglaterra, el piloto dio cuenta de sus observaciones. Desgraciadamente, en tiempos de guerra no existía la posibilidad de una investigación. El piloto tuvo varias oportunidades más de cruzar el Atlántico pero no se le presentaron de nuevo las condiciones ideales de ese vuelo, por lo que no pudo volver a ver el espectáculo que tanto lo había impresionado. Jacques Ives Cousteau, el famoso hombre-rana francés cuenta en uno de sus libros[1] sobre investigación submarinas que en el Mar Mediterráneo tuvo ocasión de descubrir una calle pavimentada que se encontraba a unos 20 metros debajo de la superficie del agua y la que él siguió durante un buen trecho, convenciéndose de que era tan larga que no valla la pena seguirla, ya que no tenía él la posibilidad de efectuar una investigación en regla. Las exploraciones submarinas por desgracia se han limitado hasta el momento a áreas aisladas y muy reducidas, que generalmente se encuentran a una profundidad de 20 a 30 metros. Si este sistema de investigación pudiera perfeccionarse para extenderlo a profundidades mayores, podría servir seguramente para aclarar muchos enigmas. Si se llegara a hacer más segura la labor de los hombres-rana, ello permitiría efectuar buceos en el "dintel atlántico", con lo que la Arqueología seguramente obtendría valiosísimas informaciones. .

Si consideramos un hecho la desaparición de la isla Hiva, también debemos creer en que hubo una Lemuria que, según tradiciones romanas antiguas, debería haber estado situada en el océano Índico. Volviendo sobre la circunstancia de que determinadas palabras cruzan los océanos y las más largas distancias, llegando de un país a otro, quisiera mencionar algunas de ellas que pudieran ser una evidencia de que en el pasado hubo relaciones entre países situados en ambas riberas del océano Pacífico y del Indico. Otra posibilidad sería la de que estas palabras hubieran partido desde un continente o isla que entretanto hubiera desaparecido en las profundidades del mismo mar, como tiene que haber sido en el Atlántico con el hundimiento de Atlantis y siendo esta isla el centro desde el cual se esparció la civilización al Mediterráneo y a América.

La palabra "Noche" se pronuncia: en japonés: iabun
en alakaluf: aiulapu
en aymará: [aipu
en pascuense: anga po en araucano: pun
en guaraní: pug-tú
en ntomba (Africa): batió en Iíngala (Africa): butú.

A esto se añade la circunstancia desconcertante de que la palabra Lemuria contiene una parte típicamente araucana ya que Lemu significa bosque en ese idioma. La sílaba "ria'; podría compararse con la palabra araucana "rün". Según el bien documentado libro Voz de Arauco, del padre Ernesto Wilhelm van Moesbach (Editorial S. Francisco, Padre Las Casas, 1952, pp. 125 y 232), se traduce esta sílaba en la forma siguiente: "Rün", pasar, correr el agua, fluir, lo que daría la traducción de "Lemuria" como "Bosque donde corre el agua". ¿Desapareció Lemuria antes de que sus habitantes tuvieran la palabra escrita? ¿O es Lemuria el mismo continente maorí de la isla Hiva?

Posiblemente en el océano Pacífico han existido antiguamente más islas o algún continente mayor, como lo afirma la relación de Hotu Matú'a y que fue llamado Hiva por los pascuenses y Mapu por los araucanos. Algo sabemos con certeza: hubo islas que desaparecieron debajo de las traicioneras aguas. Sabemos que en la Isla Atlántida vivía un pueblo culto que conocía los secretos de la astronomía, de las matemáticas, de la orfebrería, de la alfarería, de la escritura y que poseía otros conocimientos diversos. El diluvio cubrió la isla con todo su progreso. ¿Cuál es la antigüedad verdadera del género humano? También los araucanos de la zona sur de Chile, como sus parientes al otro lado de la cordillera, tienen tradiciones orales que hablan de la desaparición de un puente natural hacia un continente. Dejemos hablar al toqui
[2]. "En el silencio del cielo y de la tierra nos hemos extraviado como pajarillos cansados, llegando a estas tierras peladas. Calurosa era la antigua patria, como lo supo mi padre de mi abuelo, y así debe haber sido. Hoy el indio choca en todas partes con su rostro, ya que en ninguna parte esta en su hogar. Y solamente sabe de sus antepasados de que antiguamente poseía una patria propia, la tierra desaparecida de 'Mapu. Así no nos queda más que soñar de esa patria y del precioso significado que encierra el concepto de la libertad. "El puente hacia la patria cayó destrozado y se hundió, como una kui-kui, un puente colgante, cuyos soportes han cedido hundiéndose en las aguas pantanosas. Así sucedió también con la cuna. En ninguna parte tiene patria el mapuche (Mapu - tierra, ché - hombre).

"Calurosa era la tierra natal de los indios que estaban tan apegados a la naturaleza que veían su dios en el sol, en el pal, o sea, en los astros, y que los adoraban y ofrecían al espíritu de la madre tierra el sacrificio del corazón aún palpitante del animal sacrificado, en humilde ofrenda. "Nos encontrábamos en camino hacia el norte. Después de lo bello sigue lo triste. Nuestros antepasados eran esos caminantes. Y aquello sucedió en aquella época en que el gran toqui hizo acompañar a su hermana a los guerreros, para conocer la región fría de los lagos, de los volcanes (Pillán). Lindo había estado el verano. Bastante calor había dado el sol y el producto de la caza era más que suficiente. Ahora venía el regreso que no era peligroso, ya que debía ser en dirección al sol, dejando atrás las nieves y el frío. Precisamente cuando los indios se preparaban para partir de vuelta al 'pie del gran volcán, acondicionando las pieles y los cueros ricamente trabajados, como el valioso metal y las piedras brillantes sobre las andas -la princesa había partido ya en su anda con medio día de ventaja, con parte de las riquezas reunidas-, se produjo un terremoto tan fuerte que los cerros cambiaron sus cimas, se abrieron grandes grietas y boquerones que expulsaban vapores y que se tragaron una gran parte de la tribu. Otros sucumbieron a causa del fuego que expulsaba el pillán el cual estuvo tronando muchos días y noches, lanzando flechas incandescentes, por lo que sobrevivió solamente el que pudo huir a tiempo.

Y ésos fueron muy pocos. Como llovía en forma incesante, se fue acumulando mucha agua en las llanuras, ahogándose muchos indios. Fue una catástrofe terrible. Cuando al fin se pusieron en movimiento los sobrevivientes con la princesa y con los hombres que la habían acampanado, encontraron destruidos los caminos de aquellas zonas por las que siempre habían transitado, por lo que pudieron avanzar a costa de grandes sacrificios. Pero de repente terminaba el camino. Todo se había encontrado cubierto por pasto y había sido terreno duro y rocoso. Pero ahora se extendía ante ellos solamente un mar sin límites. Como un puente colgante se despeña dentro de las quebradas o dentro de las aguas correntosas, así había desaparecido el camino en forma total, y solamente se encontraba un par de olas bravías, donde antes se había extendido la tierra verdegueante con su camino seguro. Separadas estaban ellos de su patria, los extranjeros que deseaban regresar a sus hogares, y que ya no podían regresar. Pero todos los años regresaban al Fucha Lafquén buscando el camino perdido a orillas del mar que se había agrandado gritando apenadamnte "chadi, chadi" (sal, sal), porque el agua era demasiado salada para beberla. Pero el camino desaparecido jamás volvió a aflorar.

"La primera reina que reinó en el Bajo Imperial como fue nombrada esa región posteriormente, la que reunía los pueblos, cuando estaban discordes entre sí, descendía de aquella princesa, de la cual descienden también los demás toquis y caciques que supieron hacer grande y respetada la nación. Porque de los pocos extranjeros que fueron mandados por su gobernante a-este país surgió la nación de los hombres cobrizos o de piel oscura; como somos aún hoy nosotros, los indígenas o mapuches, lo que nos hace ser los verdaderos propietarios de estas tierras. Una valerosa princesa fue la madre de nuestra estirpe, y de ella debemos haber heredado la nostalgia de la patria lejana que todos los indios llevamos dentro del corazón, sin poder expresarla con palabras, lo que influye en la manera de ser del indio, que no puede estar alegre si no encuentra un medio para producir su alegría artificialmente. El dios tutelar de nuestra estirpe llegó nadando por sobre las grandes aguas en la figura de un ser de piedra, cuando mis antepasados se encontraban en grave peligro y miraban por sobre la gran extensión del mar, ansiando la salvación. Lo llamaban Puel-Che (hombre del Este) y se dice que les evitó muchos sinsabores, lo mismo que hoy en día".

Al analizar esta relación, salta a la vista el carácter melancólico, silencioso y reflexivo de los mapuches. La herencia mongólica se establece al estudiar los rasgos y la posición de sus ojos. La mancha mongoloide al extremo de la columna vertebral les es peculiar. Del relato de esta leyenda se desprende una sensibilidad como también una sentimentalidad que sólo puede pertenecer a un pueblo de cierta cultura. Un pueblo recién salido de un régimen de vida neolítico, con procedimientos rudimentarios de vida, no va a encontrar las palabras ni tener el sentimiento para relatar esta sencilla leyenda.

Indudablemente, los Mapuches venían de una tierra que ellos llamaban Mapu. Si recordarnos que los mayas tenían la tradición de un continente denominado Mu y del que pensarnos que puede haber sido el mismo que la Atlántida, mientras que otros pueblos asiáticos hablan de Lemuria, vemos con sorpresa que en los nombres de estos tres continentes desaparecidos aparecen las letras "m" y "u". ¿No sería posible que los tres pueblos se refirieran a una misma isla, dándole solamente un nombre distinto?

Se ha podido establecer que en tiempos precolombinos, los Mapuches o Araucanos vivían en Argentina y que desde allí irrumpieron por sobre la cordillera de los Andes a territorios chilenos. Una parte del pueblo Araucano permaneció en Argentina (indios Pampas) y opuso una tan tenaz resistencia a los Españoles, lo mismo que en Chile, que en Argentina significó su aniquilamiento casi completo. El mismo motivo fue causa de la salvación de grandes grupos indígenas en Chile. Estos se atrincheraron entre cordillera y mar en la región comprendida desde el sur de Concepción hasta casi Valdivia, no dejando pasar por tierra a ninguna expedición española. Así, estos grupos étnicos pudieron mantenerse a través de generaciones, comenzando a mezclarse poco a poco con los Españoles y sus descendientes que ya llevaban sangre india en sus venas, para formar un pueblo homogéneo con todas las características de los pueblos blancos, ya que los remanentes de tribus araucanas se encuentran reunidos en pueblos y siguen manteniendo sus costumbres y tradiciones, las que naturalmente han sido influenciadas poderosamente por las de sus connacionales chilenos. Sabiéndose que los Mapuches venían desde la Argentina. Es de suponer que la catástrofe por ellos narrada se refiera a un hecho acaecido en el océano Atlántico. Así, Mapu podría ser una parte del continente que durante el último diluvio quedó cubierto por las olas de ese océano. La desaparición de Mapu es otra demostración indiscutible de que o el diluvio, u otras causas han privado a estos pueblos de sus tierras primitivas, obligándolos a buscar otras, a Igual que a los Pascuenses,
[1] El mundo silencioso, Editorlal Jackson. Buenos Aires, 1954. 2.13 pp
[2] lndianische Maerchen aus den Cordilleren, Bertha Koessler, Hg. E. Diedrichs Verlag, Düsseldorf, p. 164

6 de marzo de 2009

Los Vigilantes del Antiguo Conocimiento Perdido


Los Vigilantes del Antiguo Conocimiento Perdido
Carmen Pérez de la Hiz


De Carmen Pérez de la Híz, este blog hizo mención en nuestro post sobre La Piedra Extraterrestre Oculta en Toledo. Esoterista de primera línea, esta estudiosa, es digna heredera de un linaje que se remonta hasta la Orden Templaria, convirtiéndola en un personaje más que atendible, y dueña de conocimientos muy especiales, sobre antiguos misterios, que merecen nuestra atención. Desde ya se convierte en invitada permanente de Crónica Subterránea que irá siguiendo sus pasos.


Nuevamente de su obra, La Atlántida y otros continentes sumergidos, elegimos uno de los capítulos donde esta escritora esgrime todo su potencial, para revelarnos los secretos que guardan los gigantes de Pascua y su misteriosa relación con una civilización desaparecida, que en remotos tiempos se alzó sobre el Océano Pacífico.

Adentrémos en sus enigmas.



Los vigilantes del antiguo conocimiento perdido




La isla de Pascua es, sin lugar a dudas, uno de esos lugares cargados de una magia especial, que envuelve hasta el más recóndito rincón de estas tierras tan llenas de misterios y claves secretas.
Uno de los mayores enigmas que aún continúa desafiando a la ciencia son sus famosos "moais"; ellos son los eternos vigilantes del secreto que encierra esta tierra mágica y los custodios del antiguo conocimiento perdido. ¿Por qué y para qué fueron erigidas esas enormes cabezas de piedra y, sobre todo, en tan desmesurada cantidad - en la actualidad existen más de 600 -, o de qué medios se valieron sus constructores para lograr trasladarlas desde la distante cantera donde la mayoría de ellas fueron esculpidas hasta el lugar donde están ubicadas? Los pascuenses se empeñan en sostener, para irritación y desconcierto de los arqueólogos y científicos, que las estatuas se fueron andando, o, como algunos más explícitamente puntualizaron, se desplazaron gracias al "Mana". Dicho así, sin previa mentalización, resulta verdaderamente increíble; sin embargo, las historia de piedras andantes o voladoras se repiten insistentemente en diferentes puntos del planeta; algunos tan distantes que es imposible dicha coincidencia en sus creencias y tradiciones, salvo que efectivamente, en algún lejano día de su prehistoria, hubieran estado comunicados o habitados por razas que provenían de un continente común. Resulta bastante significativo que todas estas supuestas piedras voladoras pertenezcan, sin excepción, a pirámides y monumentos megalíticos, los cuales evidencian ser la obra de los iniciados supervivientes de la Atlántida y de Mu. ¿Y si realmente los Moais, al igual que las piedras de ciertos megalitos, se desplazan movidas por una energía cuyo poder hoy desconocemos? Si tenemos en cuenta todas las características de estos gigantes de piedra, veremos en primer lugar que, como en el caso de los megalitos, su ubicación no fue escogida al azar, sino que fueron emplazados en los puntos claves y de mayor poder energético de la Tierra. Ello demuestra su conocimiento sobre el sistema energético que se extiende por todo el planeta y sobre sus poderosas energías cosmotelúricas, que constituían la base de la ciencia perdida de ambos continentes sumergidos. Estas fabulosas fuerzas secretas de la tierra y del cosmos eran catalizadas, y posteriormente canalizadas hacia un fin concreto, a través de ciertos minerales y estructuras cristalinas. En este punto es necesario mencionar que los transductores personales de los que hablaba en el capítulo tercero y que estaban realizados en forma de huevos y de esfera, cuando se situaban sobre una corriente de energía telúrica o de agua subterránea, se cargaban y esto hacía que se mantuvieran levitando en el aire. Cuando esto ocurría no podían tocarse directamente ni dejar que se posaran sobre el suelo, pues ello produciría en la persona una fuerte descarga; de ahí que previamente se aislaran las piedras con un paño de lana o con las hojas de diferentes plantas. Sobre ello trata un antiguo manuscrito árabe, en el cual se explica claramente que los enormes bloques de piedra de las pirámides egipcias eran aislados con hojas de papiro y golpeadas con el instrumento de un sacerdote, con un ritmo rápido, hasta que dejaban de tener peso y se colocaban en su lugar.

Es interesante señalar que todos estos monumentos destinados a canalizar las energías cosmotelúric;s están invariablemente realizados con cierto tipo de piedras poseedoras de extraordinarios poderes ocultos; de ahí el interés por unas canteras determinadas, a pesar de que generalmente se encontraban a considerable distancia y ello supusiese un complicado traslado. No es menos significativo comprobar que los más importantes monumentos asociados al desaparecido continente de Mu, que aún perduran en varias islas del Pacífico, están realizados con piedras volcánicas entre las que destaca el basalto. Atención a esto último, porque es una de las piedras principales de la ciencia perdida de Mu y de la Atlántida.
Actualmente el basalto es considerado en la tradición mágica de todas las tierras del Pacífico como una roca sagrada que empleaban para construir sus centros mágicos y curativos. Para pedir la curación de una persona es común en estas islas envolver con hojas de plantas mágicas un trozo de basalto; pues tienen el convencimiento de que esta roca está viva y posee el mismo poder que los dioses de la tierra y de los volcanes. Pero quizás lo más curioso es que existen estatuas TIKI, realizadas también en basalto y situadas en puntos muy concretos de la geografía sagrada, que los nativos consideran que aún están vivas. Esto de las piedras vivas me trae a la memoria una extraña historia que me contaron siendo niña en Extremadura según la cual, en la montaña mágica de un pueblo de Badajoz, aún quedaba una piedra viva que gritaba cuando había tormenta y a veces se trasladaba de lugar ella sola, por lo que los habitantes del pueblo vecino, que le tenían gran temor, decidieron atarla con cuerdas para impedir que se moviera. No sabría decir que me impresionó más, si la acción de esta piedra misteriosa o la convicción con que esta persona aseguró, como si fuera una creencia muy común en esta zona, que en la antigüedad existían en el mundo piedras vivas, pero que ya sólo quedaba ésta con vida.
Recientemente estuve investigando la montaña mágica donde estaba la piedra y, entre los fascinantes misterios que rodean ese enclave especialísimo, descubrí que ésta era una piedra de gran historia y de fabuloso poder, tras la cual llegaron allí los Templarios, quienes conocían sin duda el extraordinario secreto que encierra. Un secreto que podría guardar relación con esas otras piedras vivas de la ciencia de los continentes sumergidos, pues recordemos que muchos eruditos, entre ellos Roso de Luna (ver capítulo segundo), sostenían que Extremadura, o una gran parte de la misma; perteneció en tiempos protohistóricos a la Atlántida, esto explicaría que en algunos monumentos megalíticos y en una iglesia Templaria de un pueblo de Badajoz, sus constructores grabaran a modo de clave la figura de MAKE-MAKE, que es el dios supremo de los pascuenses. Según una antigua leyenda de la Isla de Pascua, Make-Make, que es el dios de los habitantes del cielo y de las aves, encontró tan aislada esta isla que dejó en ella a las aves y sus huevos (¿los supervivientes del continente sumergido, que eran descendientes de los dioses alados venidos de las estrellas, y su ciencia representada por huevos?) por creer que así estarían al resguardo de los hombres. Todos los mitos relacionados con Make-Make tienen como símbolo y principal protagonista a los huevos. Esto es interesante, porque todos los antiguos cultos que remontan su origen a la ciencia de los continentes desaparecidos tienen como símbolo al huevo y como ya se ha dejado dicho en capitulas anteriores a las aves. El huevo es el símbolo de la fuerza creadora que dio origen a la vida o, lo que es lo mismo, de la gran Energía Unificadora que se encierra en las energías cosmotelúricas esta Energía de Vida es la base de la ciencia de los iniaciados de Mu y de la Atlántida. En un pasaje del Oera Linda - este enigmático libro, según la opinión de un conocido atlantólogo, narra la historia de la Atlántida - varios sacerdotes protogriegos le preguntan a Minerva - que en este raro libro aparece como un ser de carne y hueso - para que servían los huevos que siempre llevaba con ella, a lo cual Minerva respondió que eran el símbolo del consejo de Frya (madre tierra). Los iniciados que heredaron parte de esta ciencia de Minerva o sabiduría atlante, también poseían estos huevos, que en realidad eran los míticos transductores de los cuales se servían para conectar con las piedras "extraterrestres" que a su vez están en conexión con el Santo Grial. Los Druidas, por ejemplo, denominaron a sus transductores "huevos de serpiente" en alusión a las serpientes telúricas cuyo inmenso poder era catalizado y dirigido gracias a los transductores personales.
El poder secreto del basalto

Los basaltos son rocas volcánicas compuestas esencialmente de microlitos de plagioclasa básica, augita, olivino (que contiene el poder del magnesio) y abundantes granillos de magnetita. Esta composición particular les permite mantener durante largo tiempo cargas proyectadas de energía vital, que, debidamente programadas, les permite adquirir un poder determinado. Las energías de estas piedras están tan estrechamente relacionadas con las telúricas que, cuando se sitúan sobre una de estas líneas leys, se atraen como un magneto. Esta atracción especial es la que les permite, cuando son bombardeadas con una frecuencia determinada (diapasón, mantras, cánticos, etc.) o un transductor (los transductores tenían, entre otros, el poder de actuar sobre la gravedad y los campos magnéticos) moverse a través de los leys. Las rocas volcánicas empleadas en edificaciones piramidales, como la de Güimar, tenían la finalidad de cargarse con las energías cosmotelúricas y las proyecciones mentales y energéticas de los iniciados, que eran dirigidas a través del cristal que se encontraba en su cima y que permitía su activación. Los basaltos, cuando están cargados, poseen un poder tan increíble que sólo podían tocarlos y dirigirlos aquellos iniciados que eran expresamente preparados para este fin; de hecho, nadie que no esté preparado debe tocar sin protección estas rocas volcánicas, estén cargadas o no.

¿Es el "Mana" la misteriosa energía de la superciencia de Mu y de la Atlántida?



Según los nativos de Pascua, el "Mana", además de permitir el desplazamiento de los "moais", los cargaba convirtiéndolos en estatuas vivas al igual que los "Tikis", si bien los "moais" sólo adquirían este poder cuando les era colocado el sombrero o "pukao" de escoria volcánica y se les "abrían los ojos", haciéndoles unos agujeros donde se colocaban unos ojos de coral blanco. El sistema empleado para activar el poder del "mana" parece que se ha perdido; sin embargo, algunas pistas pueden encontrarse si sabemos mirar una vez más en el fondo de sus tradiciones y leyendas.

En el cuaderno de bitácora de Carl Friedrich Behrens - que fue el primer hombre que pisó la tierra de esta isla el día 6 de abril de 1722, cuando una expedición holandesa de tres barcos descubrió y dio el nombre de Isla de Pascua a esta tierra mágica que los nativos denominaban Te-Pito o Te -Henva, que traducido significa el ombligo del mundo - se lee lo siguiente: "Pudimos ver a cierta distancia que los nativos se habían postrado en dirección al Sol naciente y habían encendido varios centenares de hogueras, lo cual probablemente representaba una oblación matinal a sus dioses. Estos dioses - se refiere a los "moais" eran ciertas figuras de considerable altura, que asombraron a los marinos. Estos ídolos estaban todos labrados en piedra, en forma de hombres con largas orejas, la cabeza adornada con una corona, pero todo realizado con gran habilidad, ante lo cual no fue poca nuestra sorpresa". En estas líneas encontramos dos pistas: la oración o repetición de cánticos y mantras, destinados a producir una vibración determinada, y el fuego, que como saben todas las personas que trabajan actualmente con minerales es uno de los más eficaces métodos para "activar la energía de los mismos. También es probable que empleasen transductores personales o alguna piedra que los supliera. Intuyo que éste es el secreto de las piedras esculpidas y cargadas con poder mágico, que algunas familias pascuenses conservan celosamente en sus cuevas familiares. La Isla de Pascua está llena de grutas, como todos los enclaves mágicos, y no por casualidad, aunque en el caso de Pascua sean fruto de la erosión natural de antiguas bolsas de gas aprisionadas por la lava. En una de estas cavernas - que son, no lo olvidemos, de lava, lo cual representa un poderoso instrumento de poder para cualquier iniciado que posea aunque sólo sea parte del conocimiento perdido -, según las viejas tradiciones ubicadas en el islote de Motu-Nui, se encontraría el testimonio secreto del pueblo y la historia y los enigmáticos orígenes de los pascuenses, recogidos en las tablillas "rongo rongo". El descubridor de estas tablillas fue el misionero Eugene Eyraud, quien, todo hay que decirlo, no concedió la más mínima importancia ni la menor atención a su valioso descubrimiento. Afortunadamente, monseñor Jaussen, que en 1868 recibió una de estas tablillas como regalo y testimonio de fidelidad por parte de los pascuenses, supo apreciar la extraordinaria importancia que poseían y fue el primer occidental que intentó descifrar esta escritura primitiva de la Isla de Pascua. Su interés, sin embargo, fue inútil, porque no logró encontrar ningún nativo que lograra hacer una traducción lógica de las mismas; desde entonces, a pesar de que muchos sabios de todo el mundo lo han intentado y han ofrecido diferentes tesis sobre sus posibles orígenes, ninguno ha conseguido aún resolver satisfactoriamente este enigma.

¿Eran los primitivos pascuenses adoradores del solo iniciados que sabían catalizar y controlar las poderosas energías cósmicas?

Cuanto más se profundiza en este grandioso misterio que es la Isla de Pascua, mayor es el número de indicios que revelan su vinculación a ese mítico continente de Mu que en un remoto pasado se hundió bajo las aguas del Pacífico y del cual dicen proceder los nativos de muchas de estas islas. Puede que las respuestas a todos los enigmas que plantea Pascua estén claramente representadas en la cima del Rano Kao, el volcán más alto, donde está situado Orongo, el principal templo o centro mágico sagrado de los hombres -pájaros, en cuyas rocas volcánicas llenas de petroglifos y representaciones de aves aparece en diferentes formas su divinidad principal, Make-Make, sujetando en la que ilustra su leyenda el famoso huevo y el símbolo solar.

También es interesante observar que el culto del hombre-pájaro suponiendo que se trate de un culto - parece que corresponde a una religión posterior, como pone de manifiesto el hecho de que generalmente estas imágenes de hombre-pájaro aparecen superpuestas al primitivo símbolo solar. Los primeros informes sobre la isla suelen dar por sentado, sin pararse a profundizar en el tema, que los nativos rendían culto al Sol; ¿pero eran realmente adoradores del Sol o hábiles iniciados en las energías cósmicas? Durante la expedición de Thor Heyerdahl, se descubrió que este lugar, además de recinto sagrado, es un observatorio solar con un dispositivo para registrar los movimientos del astro rey, especialmente los solsticios y los equinoccios. En la llanura de la isla existen además varias plataformas orientadas astronómicamente, que ayudan a confirmar los elevados conocimientos que poseían los primitivos habitantes de esta isla que tan celosamente custodia sus secretos. Pascua encierra aún muchos misterios que prometen ser fascinantes, como las entradas que se encuentran en el centro sagrado de Orongo y dan acceso a unos recintos ceremoniales subterráneos. Cuando estas cámaras ocultas sean debidamente investigadas, sin duda depararán sorprendentes revelaciones.

Pascua parece empeñada en no perder el aura de misterio que la envuelve y que hace que nos planteemos las mismas preguntas que se formularon los antiguos navegantes y exploradores: ¿Qué pueblo misterioso erigió estos colosales megalitos? ¿De dónde proceden realmente los nativos de esta isla solitaria? Si bien todos los vestigios de Pascua hablan de una civilización de Mu, como señalan las leyendas y tradiciones de la mayoría de las islas del Pacífico, la última palabra la tienen de momento las herméticas tablillas "RONGO RONGO"; en ellas puede que se encuentren todas las respuestas a las eternas preguntas que plantea Pascua, pero de momento haremos bien en seguir leyendo en su paisaje, un paisaje que puede demostrarnos una vez más que la madre naturaleza encierra, en las claves de su geografía secreta y de sus tradiciones, la historia de su propio pasado.
Fuente:

Pérez de la Híz, Carmen. La Atlántida y otros continentes sumergidos. Madrid: Espacio y Tiempo, 1992.

Programa: Espacio en Blanco, nº 52
Tema: El Secreto de los Templarios
Invitada: Carmen Pérez de la Híz
Fecha: 01-03-09
http://www.espacioenblanco.es/archivosonoro91.htm