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2 de diciembre de 2009

Christian Rosacruz - El Gran Maestre- Débora Goldstern

Christian Rosacruz
El Gran Maestre
Débora Goldstern



“Nosotros, diputados del Colegio principal de la Rosa-Cruz, visitamos visible e invisiblemente esta Villa por la gracia del Muy Alto, hacia Quien se vuelve el corazón de los Justos. Mostramos y enseñamos a hablar sin libros ni marcas, a hablar toda clase de lenguas de los países en los que deseamos permanecer para liberar a los hombres, nuestros semejantes, del error de la muerte. Si alguien quiere vernos solamente por curiosidad, jamás comunicará con nosotros, pero si la voluntad le lleva a inscribirse real-mente en el registro de nuestra Confraternidad, nosotros, que juzgamos los pensamientos, le haremos ver la verdad de nuestras promesas; no revelaremos el lugar donde nos alojamos en esta ciudad, porque los pensamientos junto a la voluntad real del lector, serán capaces de hacernos conocer por el y de que él nos conozca a nosotros".
Orden Rosacruz, 1623.

Hoy vamos a referirnos a la figura de Christian Rosacruz, quién se dice fuera uno de los instructores más importantes de la Orden Rosacruz. Evitamos decir fundador, porque se desconoce si verdaderamente originó todo el movimiento, que los propios miembros remontan muy anterior a la llegada de este Maestro.[1] Sin embargo, así como Saint Germain, este personaje legendario dejó su impronta en la historia, y al cual se le atribuye la autoría de unos famosos manifiestos que causaron asombro en la Europa del S.XV. Son muchos los rumores que circulan sobre Rosacruz, el cual algunos creen representa no a un hombre sino a una concepción espiritual, lo cual no evita que haya existido realmente. Así como Saint Germain, este maestro está muy vinculado con oriente en cuanto a su educación y su misión consistió en despertar el espíritu adormecido ahogado por la Iglesia Católica, que en ese entonces se encontraba en su apogeo.

Una de las características del trabajo emprendido por Rosacruz, fue su poca visibilidad entre sus contemporáneos manteniendo una aureola de misterio, que lo rodeó hasta su muerte. Justamente su desaparición física acrecentaría la leyenda, ya que 120 años después de su partida, según rumores no comprobados, su tumba fue descubierta por miembros de la Orden Rosacruz, quiénes describieron al santuario con su cuerpo incorrupto, como “una bóveda de siete lados y esquinas, cada lado de cinco pies de ancho, y con ocho pies de altura. La bóveda estaba iluminada con un sol interno
[2]. En el centro en vez de lápida, había un altar con una placa de bronce, con una inscripción enigmática[3]. El piso estaba dividido en triángulos”. Sergei Hutin, en Sociedad Secretas, agrega más datos: “los discípulos hallaron, además del cuerpo del Maestro que llevaba en la mano un libro simbólico escrito sobre pergamino, toda suerte de objetos rituales: «espejos de diversas virtudes, campanillas, lámparas encendidas (las famosas "lámparas perpetuas" de los Rosacruces), extraños cantos artificiales (¿una máquina parlante?)”. Se dice que su tumba oculta en una gruta, fue edificada por el propio Rosacruz, quién pasó sus últimos años en ese retiro, y que adecuó como una especie de cámara del conocimiento. Hay quién sugiere que esta bóveda se encuentra en el interior de la tierra[4], lo cual lleva a quién escribe a vincularlo a ese mundo subterráneo, que una vez más se revela a nuestros ojos, y por ende su relación con la misteriosa Hermandad Blanca.

Para profundizar en la historia de este maestro aún desconocido, ofrecemos un texto que proviene de tres conferencias entregadas por el que para nosotros representa uno de los esoteristas más importantes del siglo XIX, Rudolf Steiner, y a quién en varias oportunidades hicimos referencia desde Crónica Subterránea. En este trabajo del genial ocultista austríaco, encontramos datos más que importantes sobre la educación recibida por Rosacruz, que fue instruído por el “Círculo de los Doce”, una pista importante en nuestra búsqueda diaria sobre el mundo subterráneo.






CONFERENCIA I
EL MISTERIO DE CHRISTIAN ROSACRUZ


Me llena de honda satisfacción estar por primera vez en esta Rama, de reciente fundación, que lleva el sublime nombre de Christian Rosenkreutz[5], lo que me permite hablar por primera vez con más amplitud sobre esta personalidad ¿En que consiste el misterio de Christian Rosenkreutz. En una sola noche no se puede agotar este tema; lo dividiremos en dos sesiones: dedicaremos nuestra plática de hoy a la figura de Christian Rosenkreutz, y la de mañana a su obra. Hablar sobre Christian Rosenkreutz presupone una gran confianza, no en la persona, sino en los grandes secretos de la vida espiritual, de la misma manera que la fundación de una nueva Rama presupone siempre la fe en esa vida espiritual.

Christian Rosenkreutz es una individualidad que actúa, lo mismo cuando mora en un cuerpo físico que cuando no lo habita; actúa, no sólo como entidad física mediante energías físicas, sino también, y sobre todo, espiritualmente mediante energías superiores. Como sabemos, el hombre vive no sólo para sí mismo, sino vinculado a la gran evolución de la humanidad. Cuando el hombre normal muere, su cuerpo etéreo se disuelve en el universo; pero de ese cuerpo etéreo en vías de disolución, siempre se conserva una parte, de modo que estamos circundados por doquiera, de restos de cuerpos etéreos, lo que puede ser benéfico o perjudicial para nosotros, según seamos buenos o malos. De los cuerpos etéreos de grandes individualidades irradian hacia nosotros efectos de gran alcance. Así, del cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz emana una gran fuerza que puede actuar sobre nuestra alma y sobre nuestro espíritu.


Es nuestra tarea llegar a conocer estas fuerzas; a ellas apelamos como rosacruces. En sentido estricto, el movimiento rosacruz tuvo su origen en el siglo XII. En aquel entonces, esas fuerzas actuaban con vigor inusitado y dieron origen a una corriente vinculada con el nombre de Christian Rosenkreutz cuya continuidad en la vida espiritual sigue subsistiendo. Hay una ley según la cual esa corriente de energía espiritual debe manifestarse con particular intensidad cada 100 años más o menos. De esto es manifestación hoy el movimiento teosófico. En sus últimas disertaciones exotéricas, el propio Christian Rosenkreutz aludió a esta necesidad. En el año de 1785, las revelaciones esotéricas reunidas por los rosacruces se compendiaron en la obra "Los Símbolos secretos de los rosacruces" de Hinricus Madathanus Theosophus. Esta publicación contiene, aunque en cierto sentido limitado, alusiones a lo que como corriente rosacruz había actuado durante los cien años anteriores y que sólo halló expresión en los trabajos reunidos y recopilados por Hinricus Madathanus Theosophus. Otros 100años después, vemos manifestarse el efecto de la corriente rosacruz en las obras de H.P Blavatsky, particularmente en su libro "Isis sin velo". He aquí una obra que contiene un acervo de sabiduría occidental oculta, no totalmente aprovechada todavía, si bien el enfoque es a veces bastante confuso. Es interesante compara "Los símbolos secretos de los rosacruces" de Hinricus Madathanus Theosophus con la obra de H. P. Blavastsky. En sus obras posteriores, ella se alejó de esa corriente espiritual rosacruz, por lo que hemos de saber distinguir entre sus primeras y sus posteriores publicaciones, aunque ya en las primeras haya infiltraciones de la mente poco crítica de H.P. Blavastsky. El que digamos esto cuenta con el beneplácito de la propia H. P. Blavatsky aunque no pueda decírnoslo ahora de viva voz. Si enfocamos la particularidad de la conciencia humana en el siglo XIII, notamos que la clarividencia primitiva esa clarividencia elemental que los hombres de antaño poseían, había desaparecido paulatinamente. A mediados del siglo XIII se produjo un anticlímax a este respecto y de repente ya no hubo clarividencia, sino que para todos se extendió la obscuridad espiritual. Hasta los espíritus más iluminados, las personalidades más egregias y aun los iniciados, ya no tenían entonces acceso a los mundos espirituales, y sus afirmaciones respecto a esos mundos tenían que circunscribirse a lo que conservaban en el recuerdo. De los mundos espirituales sólo se sabía algo por tradición, o por lo iniciados que evocaban el recuerdo de lo que habían experimentado anteriormente, pues durante una breve época, ni incluso ellos tenían una visión directa de esos mundos.

Este breve período de ofuscamiento fue necesario para preparar lo preeminente de nuestra época, la civilización intelectualista que caracteriza la quinta época cultural postatlante. En la época cultural greco-latina no existía esa civilización en el mismo sentido; dominaba entonces la intuición directa en vez del pensamiento intelectual. El hombre se unió, se confundió con lo que veía y oía y hasta con lo que pensaba. En aquellos tiempos no se sutilizaba tanto como sucede y tiene que suceder hoy, pues en ello consiste la misión de la quinta época post-atlante. Más adelante volverá a alborear la clarividencia de los hombres, y surgirá la clarividencia del porvenir. El origen de la corriente rosacruz cae en el siglo XIII. En aquel tiempo había que seleccionar las personas particularmente idóneas para la iniciación; ésta, sin embargo, sólo pudo tener lugar transcurrido el breve tiempo de ofuscamiento. En un lugar de Europa que no se puede mencionar todavía, aunque en un futuro no muy lejano sea permitido identificarlo, se constituyó una logia de alta espiritualidad, un colegio de doce hombres que habían asimilado la suma total de la sabiduría espiritual de los tiempos antiguos y del suyo propio. Esto quiere decir que durante ese período tenebroso vivían doce hombres, doce espíritus egregios, unidos para fomentar el progreso de la humanidad. Ninguno de ellos poseía la visión directa del mundo espiritual, pero todos podían resucitar dentro de sí el recuero de lo que habían experimentado en una iniciación anterior. El karma de la humanidad había dispuesto que en siete de estos doce hombres se hallara incorporado lo que la humanidad había conservado de los restos de la antigua época atlante. En mi "Ciencia Oculta" ya se ha dicho que los siete antiguos Rishis, los santos instructores de la época cultural de la India primitiva, conservaban y transmitían lo que había quedado de la época atlante. Los siete hombres reencarnados en el siglo XIII, integrantes del Colegio de los Doce, eran los que podían remontarse a las siete corrientes de la antigua época atlante de evolución humana ya lo que persistía de estas siete corrientes. Cada una de esas siete individualidades no podía hacer fecunda para aquella época y para hoy más que una de esas corrientes. A estos siete se incorporaron otros cuatro que no tenían la facultad de retrotraer su mirada, como los primeros siete sabios, hacia aquellos tiempos prístinos, si bien eran capaces de remontarse hasta la sabiduría oculta que la humanidad se había apropiado en los cuatro períodos culturales post-atlante. El primero de ellos podía captar la realidad cultural de la antigua India, el segundo la de la Persia primitiva, el tercero la egipcio-caldeo-asiria y el cuarto la greco-latina. Estos cuatro, unidos con los otro siete, integraron el colegio de Sabios del siglo XIII. El doceavo miembro era el que menos se asentaba en el pasado; plenamente intelectual tenía la función de cultivar sobre todo las ciencias exteriores. Estas doce individualidades no vivían únicamente en las experiencias del ocultismo occidental, sino que las doce corrientes sapienciales confluían en un cuadro global. Alusión muy peculiar a esto la llamamos en el poema de Goethe "Los Secretos". De modo que hemos de referirnos a doce individualidades egregias y buscar, a mediados del siglo XIII, el punto de partida de una cultura nueva. En ese tiempo se había llegado a una especie de nadir de la vida espiritual. El acceso a los mundos espirituales estaba vedado incluso a los más desarrollados, y fue entonces cuando se constituyó aquella logia de alta espiritualidad. En un lugar de Europa no divulgado hasta ahora, se congregaron los doce hombres que presentaban la suma del saber espiritual de su época y que representaba las doce tendencias espirituales. En este Colegio de los Doce existía en parte una clarividencia basada en recuerdos únicamente y en parte una sabiduría de orden intelectual: los siete sucesores de los siete Rishis recordaban su antigua sabiduría; los otro cinco representaban la sabiduría de las cinco culturas post-atlantes.


De manera que en los Doce se conjugaba la suma total de la sabiduría atlante y post-atlante: once de ellos, privados de la visión espiritual directa, alcanzaban su saber sumergiéndose en los recuerdos de sus encarnaciones anteriores; y el doceavo era el que poseía en el más alto grado la sabiduría intelectual de la suya. Empero el punto de partida de una nueva cultura sólo fue posible gracias a que un treceavo entró en el círculo de los Doce. Este treceavo no era un erudito en el sentido de aquella época; era una individualidad que había estado encarnada en tiempos del Misterio del Gólgota. En encarnaciones subsiguientes se había preparado para su misión por un ánimo devoto y una vida de fervorosa entrega a Dios. Era una gran alma, un hombre devoto y profundamente místico que tenía innatas estas cualidades, no que las había adquirido simplemente. Si ustedes se imaginan a un joven muy devoto, en íntegra e incesante entrega a su Dios, tendrán ante sus ojos la imagen de cómo era la individualidad del treceavo. Este treceavo creció enteramente bajo el cuidado y la educación de los Doce y de cada uno de ellos recibió toda la sabiduría que eran capaces de darle. Se le educó con sumo esmero y de tal manera que sólo los Doce, y nadie más que ellos, pudieron ejercer una influencia sobre él. Se le mantuvo aislado del resto del mundo. En aquella encarnación del siglo XIII, era un niño muy endeble; de ahí que la educación que los Doce le otorgaron tuvo que influir hasta en su cuerpo físico. Los Doce, a su vez, profundamente compenetrados de sus respectivas misiones espirituales y profundamente henchidos de Cristianismo, eran conscientes de que el Cristianismo exterior de la Iglesia no era más que una caricatura del Cristianismo genuino. Pletórico de la grandeza del Cristianismo se les consideraba, exteriormente, sus enemigos.




Cada uno de ellos estudiaba y profundizaba solamente un aspecto del Cristianismo, en aspiración de reunir las diversas religiones en una gran unidad; estaban convencidos de que sus doce corrientes abarcaban la totalidad de la vida espiritual y cada uno de ellos, en la medida de sus fuerzas, ejercía su influencia sobre el discípulo. Su meta era llegar a la síntesis de todas las religiones, pero sabían que esto no podía alcanzarse por teorías sino sólo por la realización de la vida espiritual. Y para esto fue necesario la correspondiente educación del treceavo. Mientras las energías espirituales del treceavo se acrecentaban infinitamente, sus fuerzas físicas disminuían sin cesar. Esto les llevó al extremo de que cesó casi toda conexión del discípulo con la vida exterior, todo su interés por el mundo físico: vivía únicamente para el desarrollo espiritual, orientado por lo Doce; en él existía un reflejo de la sabiduría de los Doce. Finalmente el treceavo rehusó todo alimento y lentamente se consumía. Entonces sobrevino un acontecimiento realizable sólo una vez en la historia, uno de esos acontecimientos que pueden tener lugar cuando las potencias macrocósmicas, en atención a sus frutos, obran en conjunto. Tras algunos días, el cuerpo del treceavo se volvió completamente transparente y durante varios días estuvo como muerto. Entonces, entorno a él se reunieron los doce a ciertos intervalos, y en esos momentos fluía de su boca toda sabiduría. En breves fórmulas, comparables a rezos devotos, hacían fluir su sabiduría hacia el treceavo que yacía como si estuviera muerto. Lo mejor es imaginarse a los Doce agrupados en forma de círculo en torno al treceavo. Este estado terminó cuando el alma del treceavo, que había vivido una grandiosa transformación, pareció despertar como alma nueva. Existía en ella algo como un renacimiento de las doce sabidurías, de suerte que también los doce sabios pudieron aprender algo enteramente nuevo de ese joven. También el cuerpo transparente se vitalizó en forma tal que no puede compararse a nada. El treceavo pudo en adelante hablar de vivencias completamente nuevas; y los doce pudieron comprender que él había pasado por la experiencia de Damasco: se trata de una repetición de la visión que tuvo San Pablo en Damasco. En el curso de pocas semanas, el treceavo transmitía en forma nueva la sabiduría que había recibido de los Doce. A lo que él les revelaba los Doce lo llamaban el Cristianismo verdadero y el de la época en que vivían. El treceavo murió relativamente pronto y los Doce se dieron a la tarea de transcribir en forma de imaginaciones única en que era posible hacerlo, lo que el treceavo les había revelado.

Así nacieron las figuras e imágenes simbólicas contenidas en las obras de Hinricus Madathanus Theosophus, y también las comunicaciones de H. P. Blavatsky en su obra "Isis sin velo". El proceso oculto hemos de imaginar que consistió en que el fruto de la iniciación del treceavo se conservó en su cuerpo etéreo postmortem y, por lo tanto, persiste en el aura espiritual de la tierra. Este fruto tuvo efecto inspirador sobre los Doce así como sobre sus discípulos posteriores de modo que de ellos pudo originarse la corriente rosacruz oculta. Y el cuerpo etéreo continuó activo, y al reencarnarse el treceavo de nuevo, ya en el siglo XIV, compenetró el cuerpo etéreo de éste. Más o menos nació a mediados del siglo y vivió en esa encarnación más de 100 años; se educó en el círculo de los discípulos y sucesores de los Doce, de manera semejante pero no tan ajeno al mundo como en su encarnación anterior. Al llegar a los 28 años de edad surgió en él un ideal extraño. Se sintió impelido a viajar y a salir de Europa. Primero fue a Damasco, y allí se repitió para él una vez más la Experiencia que San Pablo había tenido. Esta experiencia debe considerarse como fruto de un germen de la encarnación anterior. Todas las energías del maravilloso cuerpo etéreo de la individualidad del siglo XIII habían quedado intactas, y nada de él se desvaneció después de la muerte en el éter universal; era un cuerpo etéreo íntegro permanente, intacto desde entonces en las esferas etéreas. Ese mismo cuerpo etéreo, de sutil espiritualidad, iluminaba e irradiaba desde el mundo espiritual la nueva encarnación que esa individualidad tenía en el siglo XIV. De ahí el impulso de volver a vivir el Evento de Damasco. Esta es la individualidad de Christian Rosenkreutz; él era el treceavo en el círculo de los Doce y de esa encarnación en adelante se le llamó así. Esotéricamente él ya era Christian Rosenkreutz en el siglo XIII, pero no se le dio este nombre exotéricamente hasta el siglo XIV y los discípulos del treceavo, los sucesores de los Doce del siglo XIII, son los rosacruces.



Christian Rosenkreutz viajaba por todo el mundo conocido. Habiendo recibido instalada toda la sabiduría de los Doce, fecundada por la gran Entidad de Cristo, le resultó fácil asimilar, en el curso de siete años, toda la sabiduría de esa época. Regresó a Europa después de siete años de ausencia y aceptó como discípulo a los más avanzados de entre los discípulos y sucesores de los Doce y fue entonces cuando propiamente comenzó la labor de los rosacruces. Gracias a las irradiaciones del maravilloso cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz, fue posible emprender un enfoque del mundo totalmente nuevo. Ahora bien, el trabajo realizado por los rosacruces hasta nuestro tiempo ha sido externo e interno. El externo tuvo por objeto explorar lo que se halla detrás de maya, mundo fenoménico concebido como imagen falaz. Todo el macrocosmos se basa en un macrocosmos etéreo o cuerpo etéreo, en analogía al que tiene el hombre. Existe cierta transición limítrofe de la sustancia burda a la más fina. Dirijamos nuestra mirada sobre el límite entre la sustancia física y etérea. Nada en el mundo se parece a lo que se encuentra entre la sustancia física y la etérea; no es ni oro ni plata, ni plomo ni cobre; es una sustancia incomparable con cualquier otra sustancia física: es la esencia de todas ellas. Tenemos ahí una sustancia que está contenida en todas las demás substancias físicas, de modo que estas pueden considerarse como modificaciones de aquélla. Llegar a la visión clarividente de esa sustancia ha sido preocupación de los rosacruces. Ellos han considerado como preparación para el desarrollo de esa visión la actividad acrecentada de las energías morales del alma, actividad que luego hace visible la sustancia: en las energías morales del alma veían la potencia para la visión. Los rosacruces efectivamente contemplaron y descubrieron esa sustancia; encontraron que vive en forma determinada en el mundo, tanto en el macrocósmico como en el humano; Fuera, en el exterior, la veneraron como el gran manto, el ropaje del universo; en el interior, en el hombre la vieron brotar cuando en él existe una reacción armoniosa entre pensamiento y voluntad. Veían las energías volitivas en el hombre, sino también en el macrocosmos, por ejemplo, en el trueno y el relámpago. Asimismo, observaban también las energías intelectivas, por una parte en el hombre y, por otra, en el mundo exterior, en el arco iris o en aura. Los rosacruces buscaban en las irradiaciones del cuerpo etéreo del treceavo, de Christian Rosenkreutz, la energía para realizar en la propia alma esa armonía entre la voluntad y pensamiento. Ha sido regla entre los rosacruces que todos sus descubrimientos permanecieran secretos por cien años y que sólo transcurrido ese tiempo se comunicaran al mundo. Sólo después de una labor de cien años sobre algo nuevo, se permitía hablar de él en forma adecuada. Así se preparó del siglo XVII al siglo XVIII, lo que en 1785 halló la expresión en el libro "Los símbolos secretos de los rosacruces". También es de gran importancia saber que la inspiración rosacruz se transmite en cada siglo en forma tal que su mensajero nunca se identifica exteriormente. Sólo los supremos iniciados lo saben. Hasta hoy, por ejemplo, no se podía hablar públicamente de los acontecimientos de cien años atrás, período fijado para que se caractericen, ya que es demasiado grande la tentación de otorgar a una autoridad personificada, si es portadora de un mensaje, un culto de idolatría fanática, lo peor que puede suceder. Este peligro es muy natural, y la discreción es una necesidad, no sólo contra las tentaciones de la ambición y de la altanería, quizá neutralizables, sino, sobretodo, contra los ataques astrales ocultos que se dirigían continuamente hacia una individualidad de esas características. De ahí la importancia de no hablar de esos hechos durante cien años. A consecuencia de la labor rosacruz, el cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz se vigorizó y se hizo más potente de siglo en siglo. Ejercía su influencia no sólo a través suyo, sino asimismo a través de todos los que eran sus discípulos.



Desde el siglo XIV, Christian Rosekreutz ha encarnado una y otra vez. Todo lo que se promulga como Teosofía recibe el vigor del cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz, y lo que la proclaman dejan que les haga sombra este cuerpo etéreo que puede actuar sobre ellos lo mismo cuando Christian Rosenkreutz está encarnado que cuando no lo está. En el siglo XVIII, el conde Saint-Germain fue la reencarnación esotérica de Christian Rosenkreutz, sólo que ese nombre se atribuía también a otras personas, de modo que no todo lo que en diversas partes se dice del Conde de Saint-Germain es válido para el auténtico Christian Rosenkreutz. También hoy Christian Rosenkreutz se halla encarnado. De las irradiaciones de su cuerpo etéreo brotó la inspiración para la obra de H. P. Blavastsky "Isis sin velo". Esta misma influencia de Christian Rosenkreutz actuó también, invisible, sobre Lessing y le inspiró su escrito sobre "La educación del género humano" (1780).

Por el alud materialista se hizo más y más difícil lograr inspiraciones en sentido rosacruz. En el siglo XIX, el materialismo llegó a pleamar. En consecuencia, mucho pudo presentarse únicamente en rayos polirefractados. En 1851, Wiedenmann resolvió el problema de la inmortalidad, en el sentido de la reencarnación; su escrito fue premiado. Hacia 1850, Drossbach escribió en sentido reencarnacionista desde el punto de vista de la psicología. Así es como también en el siglo XIX las irradiaciones del cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz han seguido actuando. Y fue posible renovar la vida teosófica cuando, en 1899, había expirado el pequeño Kali Yuga. Por esta razón, el acceso al mundo espiritual es hoy más fácil, y el efecto espiritual es posible en mucha mayor medida. La entrega al ya poderoso cuerpo etéreo de Christian Rosenkreutz significará para los hombres la nueva clarividencia y despertará los poderes espirituales latentes, pero esto sólo será posible para las personas que sigan correctamente la disciplina de Christian Rosenkreutz. Hasta ahora se requería para ello la preparación rosacruz esotérica; el siglo XX tiene la misión de procurar que este cuerpo etéreo cobre tanto poder que pueda asimismo obrar exotéricamente. Los que reciban su influencia, podrán vivir la Experiencia que San Pablo tuvo ante las puertas de Damasco.

Hasta ahora, ese cuerpo etéreo sólo ha influido sobre el movimiento rosacruz; en el siglo XX habrá más y más personas que experimentarán ese efecto y de esta manera serán capaces de vivir la aparición de Cristo en su cuerpo etéreo. La labor de los rosacruces haráposible que tengamos la aparición etérea de Cristo y que aumente de día en día el número de quienes puedan percibirla. Hemos de atribuir esta reaparición a la magna labor de los Doce y del treceavo miembro en los siglos XIII y XIV. Una vez convertidos ustedes en instrumentos de Christian Rosenkreutz, podrán estar seguros de que hasta su más pequeño esfuerzo anímico tendrá valor para la eternidad.




[1] Sobre los orígenes rosacruces existe una gran polémica entre los estudiosos, ya que para algunos sus antecedentes no se remontan más allá del siglo XV, señalándose a Valentín Andrade como su verdadero fundador, y a su vez, el hombre tras Christian Rosacruz. Sin embargo, para quién escribe, y debido a la gran quema de documentos rosacruces practicadas, especialmente por los nazis, es probable que de la historia estén ausentes muchos datos, y en su intermedio se hayan erigidos pantallas, para desviar la atención, de la Hermandad Blanca, que aún continúa su intervención desde la sombras ¿subterráneas? El tiempo dirá …
[2] Se hace referencia a la posibilidad de una fuerte de energía desconocida, que no se apagaba nunca.
[3]“La persona que localizó la gruta vio brillar una luz, se acercó a ella y descubrió un sepulcro iluminado. En su interior había un cadáver en un estado de conservación extraordinario, con un aspecto de tener cuarenta años. En la pared del sepulcro aparecía grabada una inscripción: "Seré descubierto dentro de ciento veinte años". Al lado de su cuerpo se hallaron lámparas ardientes llamadas "eternas" que no cesaron de arder durante todos esos años en la cripta funeraria. Además, fueron encontrados libros, como el Microcosmos de Paracelso, campanillas y curiosos espejos de diversas virtudes”
[4] Vinculado al lema alquímico VITRIOL, que refiere: “Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem Veram Medicinam («Visita el interior de la Tierra, y rectificando encontrarás la lápida oculta que es la verdadera medicina».)”.
[5] Se cree que este personaje, pudo tener relación con el movimiento Cátaro, exterminado cruelmente por la Inquisición, brazo armado de la Iglesia Católica. Véase: http://www.revistabiosofia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=226&Itemid=47

Fuentes:

Zeldis, León.Los Manifiestos Rosacruces
http://www.freemasons-freemasonry.com/zeldis17.html
Callejos, Jesús.El misterio de las lámparas perennes
http://www.paleoastronautica.com/157_lamparas_perennes.html



Christian Rosenkreutz:Father of Modern Western Esoteric Science





2 de septiembre de 2008

LOS DIRIGENTES OCULTOS DEL MUNDO
por Raymond Bernard


Hoy traemos a Crónica Subterránea, un texto de Raymond Bernard, figura ya conocida dentro de nuestro Blog. En esta oportunidad, este Maestro Rosacruz, da a conocer una serie de encuentros insólitos con sabios representantes del gobierno oculto, que dicen velar por los destinos de la Humanidad. El mensaje que recoge Bernard es de importancia, por el simbolismo que lo acompaña. Acompañemos al sabio, con Turquía como escenario del relato.
Capítulo 5
QUINTO ENCUENTRO

¡Estambul. La ciudad de las quinientas mezquitas, de las cuatrocientas cincuenta iglesias y de las cincuenta sinagogas. Antigua Bizancio cargada de recuerdos, antigua Constantinopla de misteriosa historia, punto de encuentro entre oriente y occidente!

Llegué a Estambul el 23 de diciembre de 1966 hacia las 19 horas y en cuanto tomo el taxi que me conduciría al hotel, quedo sorprendido por el temperamento de ese pueblo para quién todo es una razón de comercio, aún el dinero. El chofer me propone de inmediato un cambio más ventajoso, decía, que el cambio oficial, y era cierto; pero me enteré más tarde que se podía conseguir por otros medios,: ¡un cambio más ventajoso aún, superior a la tarifa legal de un 30% ! En pleno período de Ramadán todas las mezquitas de Estambul están iluminadas y ciertas citas del Corán brillan con todas sus luces durante la noche sobre algunos edificios iluminados. La tolerancia más absoluta reina en este país que Ataturk, por quien los turcos tienen un verdadero culto, ha regenerado. Ningún eclesiástico está autorizado a llevar el atuendo de su culto fuera de los lugares de veneración y esta ley se aplica tanto para los musulmanes como para los judíos o cristianos. Ataturk decretó la libertad de culto, pero con esta restricción: “En la mezquita, iglesia, templo o sinagoga todos tienen libertad de usar los ornamentos o vestimentas que deseen, así como rendir a Dios el culto a que pertenecen. Fuera, se vuelve a ser hombre”

En Estambul tuve el privilegio de tener un chofer excepcional y me recordaré siempre de Mehmet. Era un hombre de sesenta y ocho años, lejos de aparentarlos y con muy amplias espaldas. Sus ojos, detrás de gruesos lentes, brillaban de malicia e inteligencia. Hablaba el francés a la perfección, lo mismo que el inglés y en ese entonces estaba aprendiendo el español. Al día siguiente de mi llegada, después de ponerse a mi disposición, hizo una larga aspiración y con solemnidad me dijo: “Estambul se llamaba antes Bizancio . . . “ y tuve derecho al curso de historia más completo que hubiese podido esperar. Le debo a Mehmet explicaciones únicas sobré la vida, las costumbres y la psicología del pueblo turco. Este hombre, de alta moralidad, sabía igualmente alabar las virtudes de su pueblo, como lamentarse por sus imperfecciones, pero concluía con filosofía: “Hoy es mejor que ayer y mañana será mejor que hoy” Es con él que asistí en la mezquita Azul, al culto musulmán cuya simplicidad y fervor sorprenden al extranjero. Me encontraba a algunos pasos de un miembro del clero y ni él, ni ninguno de los fieles —los hombres mucho más numerosos que las mujeres ubicadas atrás en un lugar reservado para ellas— prestaron atención a mi presencia. Todos, jóvenes y menos jóvenes, participaban en la ceremonia.

El contacto conmigo se hizo en la catedral que ya no ofrecía servicios como tal, donde había tenido lugar el segundo concilio que Mehmet calificaba ya de “ecuménico”, y recuerdo su asombro cuando vio dos extranjeros aproximarse a mí. Los reconocí. En Lisboa eran los dos acompañantes de Maha. Por un mensaje recibido en mi hotel sabía que debía encontrar allí a estos dos mensajeros el 28 de diciembre a las 15 horas, pero no había dicho nada a Mehmet acerca de esta entrevista. De ahí que cuando le informé que me quedaría con dos personas que nunca había visto conmigo y habiéndole dicho anteriormente que me encontraba sólo en Estambul, no sé que pudo suponer, pero me miró asombrado y me dijo: “No he visto nada, ni he oído nada. No quiero saber nada”. Me repitió a menudo esta frase con posterioridad y ifue una de la última que pronunció cuando me acompañó el 3 de enero al aeropuerto!.

Después de dejar a Mehmet, tomo ubicación en el coche de los mensajeros y partimos. ¿Quiénes son estos mensajeros? Más tarde sabré que forman parte de los doce, pero entonces lo dudaba. Por una parte, tal como se me había. descrito, el Alto Consejo era conocido solamente por los miembros componentes y estos dos hombres habían acompañado a Maha a Lisboa para una reunión oficial especial. Por otra parte, irradiaban la misma “armonía” que había sentido con mis otros interlocutores; sentía en su presencia el mismo sentimiento de seguridad y confianza que me había penetrado con motivo del primer encuentro y este sentimiento era diferente en intensidad y naturaleza del experimentado en otras circunstancia. Sin embargo, después de mi encuentro con Maha, mi curiosidad era menor por todo lo que no fuera él.

El coche avanza ahora lentamente en medio del extraordinario desorden del centro de la ciudad. Ya lo mencioné cuando hablé de Atenas: la manera de conducir de aquí es peor y cada uno se conforma. Se grita y todos quedan satisfechos.

Salimos de la ciudad y seguimos el Bósforo. Llevamos más de una hora de viaje y conociendo mal esta región, soy incapaz de situar el camino que seguimos y aún menos deducir acerca de nuestro destino final. El lugar que atravesamos es desértico, ninguna casa y a lo lejos una tierra árida, fatigante por su monotonía. El coche gira hacia la derecha, toma un pequeño camino apenas transitable y luego de diez minutos se detiene. No comprendo nada y pienso enseguida que se trata de una avería. Pero no. Mis compañeros descienden y hago lo mismo. Sin embargo, nada a la vista: ningún edificio importante, ninguna casa, ninguna construcción aún modesta.
Me encuentro en un estado de extrema perplejidad y sin embargo no experimento ninguna inquietud.
Caminamos durante unos cinco minutos y de repente creo soñar: estamos ante una hondonada, casi un valle cuyo contraste con el paisaje que acabamos de atravesar, es impresionante. Allá nada, aquí árboles, un suelo fértil, en el fondo un río y muy cerca un inmenso edificio, ¡casi un castillo! Me cuesta trabajo admitir que estoy en el plano objetivo y totalmente despierto, pero mis compañeros prosiguen su marcha y los sigo sumergido en mis reflexiones, ante tal espectáculo. No hay camino alguno, más bien un sendero.

Al aproximarnos al edificio, se ve más ancho y la propiedad aparece admirablemente bien conservada. Es muy improbable que este “valle” (si se puede llama’- “valle” a lo que es más bien cierta extensión “diferente” perfectamente circunscrita) pueda ser “adivinado’ desde lejos y me pregunto cuántos estarán al corriente. Los pueblos de Oriente y del Medio Oriente son pródigos en palabras, pero secretos en lo que consideran fuera de lo natural. Ven en ello la intervención de seres invisibles, y se callan. No hay en esto nada de extraordinario. Conozco en Francia más de una “finca” ignorada.

La residencia aparece colosal en tal contexto. Su estilo es raro y no parece de construcción reciente, aunque soberbiamente conservada y con una potente estructura. Nos dirigimos hacia una ancha escalera de peldaños abruptos y pronto nos encontramos ante una gran puerta de madera de doble hoja grabada al estilo oriental. Uno de mis acompañantes la abre y nos encontramos en un inmenso vestíbulo al fondo del cual se ve una escalera monumental. Se me conduce a una pequeña habitación a la derecha. y me piden que ahí espere. Esta habitación tiene una gran ventana y a través de la cual pueden verse los árboles que acabamos de pasar. En la pared, un símbolo que reconozco fácilmente: el sello de Ram, más conocido bajo el nombre de sello de Salomón. En la pared opuesta, un conjunto de trazos geométricos cuyo significado no entiendo.

Del lado de la puerta por la que entré, una cita del Corán en jeroglíficos finamente dibujados. En un pequeño mueble-biblioteca, obras en inglés, francés y otras lenguas. Observo una obra espléndidamente encuadernada de Al-Farabi; otras tienen por autor Michael Maier, Kunrath, Simon Studion

Algunas me son enteramente desconocidas, y a mi parecer son ediciones antiguas, raras y tal vez secretas. No me atrevo a extenderme demasiado en mi examen y además estoy a la espera de lo que va a suceder, como para prestar atención sostenida a esta pequeña biblioteca, no obstante interesante. Iba a alejarme, cuando un título retiene mi atención El libro no me parece desconocido y no me sorprende.. Se trata de “Historia desconocida de los hombres desde hace cien mil años”, de Robert Charroux, y otro libro de este autor de vanguardia: “El libro de los secretos traicionados”. Para que estos libros se encuentren aquí entre estas obras raras, es que se les concede un valor particular. Esto me parece importante y será necesario que mantenga mi corazón limpio. Iba a sentarme cuando se abre la puerta y Maha entra. Me siento transportado de alegría y paz, en ese mismo estado indefinible que ya había experimentado en su presencia. Le agradezco su confianza y le expreso mi gratitud. A través de mis palabras, siente el aturdimiento por todo lo que soy testigo, pero su sonrisa es un estímulo.

‘Hoy va a asistir a una reunión del Alto Consejo, dice. Es un favor muy raro que pocos han tenido. No intervendrá en todo, sino en una parte solamente. Comprenderá que es imposible que esté presente en el conjunto de las deliberaciones. Sin embargo, lo que vea y escuche será suficiente para que el resto de su vida quede compenetrado de un sentimiento de seguridad total en cuanto a la perfección de la evolución universal. Estoy seguro de que esos instantes serán de ayuda para lo que usted debe mantener y perpetuar. ¿Tiene alguna pregunta en especial que hacerme?. ..“


Estoy tan emocionado que no se que contestar. Preguntas, tendría mil, pero se precipitan en mi mente y me encuentro en una gran confusión. ¡Los libros de Robert Charroux! He aquí una pregunta que me intriga. Expongo a Maha que vi esos libros en la pequeña biblioteca y le pregunto el motivo. Me contesta enseguida.
“Nos interesamos por cierto en la producción literaria de todo el mundo; nos informa acerca del estado moral de esta época, confirma nuestras conclusiones, pero entre la masa de publicaciones de este tiempo, es hacia las obras “diferentes” que se dirige nuestra atención. El número de obras que tratan temas excepcionales es considerable, y raras son aquéllas que ofrecen un real interés. Muchas son divagaciones ocultas sobre algunos hechos fundamentales admitidos desde hace mucho, o sistemas extraños que pretenden ser un aporte para el esoterismo. No hay en ello nada válido. Pero algunos autores, extremadamente raros, buscan una solución para los problemas más grandes. Se niegan penetrar en los pantanos mortales del conformismo ó, al contrario, de lo incontrolable. Reúnen un conjunto de hechos; concentran su atención e interés en una dirección determinada y, naturalmente, circunstancias dispersas se unen entonces ante sus ojos. Sacan libremente sus conclusiones, establecen un lazo entre lo que parece distinto u opuesto y sugieren soluciones: Lo que los guía es ante todo el “por qué no?” y para este “por qué no?” hacen uso de sus observaciones e intuición, al mismo tiempo que de su razonamiento. Resultan obras válidas donde el problema está bien presentado y donde una respuesta es sugerida, y tal vez incluida. Entre los autores actuales, Robert Charroux se sitúa entre los mejores, en este terreno.

Por cierto debe soportar la condena de los pseudo sabios y de los pontífices conformistas que lo consideran, digamos • . . para ser correctos - . . con condescendencia, pero los acontecimientos se encargarán de hacerle justicia, y esto antes de lo que se piensa. Tiene su “estilo”, piensa en interesar, pero la necesidad de lo “sensacional” no hace que olvide el fin buscado. Es sincero y verdadero. Se debe favorecer a un autor semejante. Hace obra útil, ¡más aún de lo que él supone!”

Estoy contento por esta respuesta. Siempre aprecié la finalidad que persigue Robert Charroux y no pongo en duda las oposiciones e incomprensión que debió encontrar entre los defensores del pseudo materialismo y la ciencia clásica. Pero, ¿acaso no ocurre siempre ¿sí con los que tienen el valor de avanzar fuera de los caminos trillados en una búsqueda que, como el pasado lo ha demostrado, puede abrir las puertas de mañana? Maha me pide ahora seguirlo y estoy bastante emocionado por la aventura que me espera; ¿aventura?, ¡más bien acontecimiento! No subimos por la gran escalera, sino que pasamos por una puerta que se encuentra debajo de ésta -. una puerta sin característica particular y sin embargo, lo comprobar, abre hacia lo insólito, lo extraordinario, lo increíble y el sueño—; Una ancha escalera en espiral por la que descendemos, aún un vestíbulo y una magnífica puerta labrada: más allá el más extraordinario espectáculo que sea posible imaginar.

Una inmensa sala abovedada sin ninguna abertura y sin embargo tan iluminada como si fuera pleno día. En el centro una amplia mesa rectangular, maciza, grabada con magníficos símbolos que me gustaría poder observar de más cerca. En el fondo, delante de la mesa, un sillón monumental con brazos adornados con elegante finura. A cada lado de la mesa cinco sillones más pequeños, pero haciendo juego con el sillón magistral y enfrente de este último, un sillón igual a los otros diez. Bajamos tres peldaños para entrar a esta sala, desde el umbral la perspectiva era impresionante.
Alrededor, en las paredes, estanterías y sobre éstas, libros, libros y más libros. No sé con qué sala se podría comparar ésta —la sala de lectura de una antigua abadía, posiblemente— pero aquí existe otra cosa, se respira libremente. No hay esa impresión de encierro, de pesadez que se tiene a veces en las salas de esa naturaleza. ¡Y además, esta luz extraña, comparable con la del día! Es esto sobre todo lo que me llena de perplejidad. Maha parece leer otra vez en mi pensamiento, pues me conduce hacia uno de los ángulos de la habitación. Hay allí un pedestal de estilo similar al resto del mobiliario y sobre ese pedestal, se encuentra lo que parece ser una lámpara, de aspecto verdaderamente particular. De hecho, imagine una pirámide de veinte centímetros de altura, con la base proporcional a ésta y cada costado tallado en facetas de manera admirable, como si se tratara de un diamante. No hay ningún cordón, ni conexión con algo que pudiera sugerir una instalación eléctrica. Sin embargo, es de esta lámpara que viene el día. No deslumbra. No resulta molesto para los ojos al mirarla de cerca, como tampoco no es fatigoso encontrarse en la sala así iluminada.
Compruebo además que si me coloco delante de. la lámpara a un metro de distancia, esto no entorpece en absoluto la iluminación de la sala. Es entonces cuando me doy cuenta de que existen espejos de diferentes tamaños hábilmente dispuestos en diferentes puntos de la bóveda y de las estanterías. ¿Se trataría de la lámpara “eterna” a la que se refirieron ciertas tradiciones? Me atrevo a formular la pregunta a Maha que sonríe: “Tal vez, dice, pero en este caso se trata sobre todo de una forma moderna de iluminación que, en el futuro, será corriente en el mundo entero. El principio es sin embargo e/mismo que en otros tiempos y fuera de la forma de la lámpara, el origen es idéntico... La luz se da, digamos . . . por una especie de desintegración del átomo en el vacío pero a escala infinitesimal. Imagine una explosión atómica “normal” y suponga que en el momento en que se produce la claridad tan fulgurante como la del sol se consiga “perpetuarla” lo que se produce en ese momento bajo vacío. Se tendría como resultado la luz perpetua en el lugar de la explosión. Es un poco lo que sucede aquí, pero esta lámpara no es eterna. Este calificativo le fue dado porque dura varios años consecutivos sin ninguna interrupción, pero como todo, tiene un fin. Es tan fácil construir esta lámpara como una de sus bombillas eléctricas ¡Basta con saber!”

Por cierto, basta con saber, como lo declaró Maha con una sonrisa, y cuando el mundo lo sepa parecerá tan simple como la fabricación de un minúsculo transistor.. . pero no sabe aún. Hecho un vistazo rápido por las estanterías, para tener una idea de las obras guardadas aquí, pero Maha me detiene: “Esto no es más que una pequeña parte de los más antiguos manuscritos de nuestra tierra. Son el conocimiento de un mundo e idénticos manuscritos se encuentran en diversos puntos secretos de nuestro planeta de manera que si por Ventura este edificio y lo que contiene debiera ser destruido, nada se perdería. Hubieron ya grandes cataclismos y nunca se ha perdido algo. Estas encuadernaciones son recientes. Su contenido es la sabiduría de años pasados. La conservación está asegurada por los medios que el mundo “vuelve a descubrir” poco a poco. En todo caso, ninguno de los documentos reunidos por el Alto Consejo aquí o en otro sitio no ha sufrido, ni sufre las consecuencias por el paso del tiempo. Sin embargo, vea, no hay aparentemente ninguna protección y esto es comprensible, puesto que son los manuscritos mismos que han sido sometidos a una preparación que los pone al abrigo de cualquier deterioro por las condiciones ambientales y otras más.
¡Tenemos además otros “recuerdos” del pasado! ¿Por qué tales riquezas no son puestas a disposición de la humanidad en general? Ante todo porque sería contrario a los principios mismos que rigen a la evolución universal. Además todo aquello que es o debe ser conocido, lo ha sido ya, y si la evolución es de un nivel superior al precedente, el precedente estaba más avanzado que el presente. Pienso que me comprende. ¿Cómo serían luego utilizando tales conocimientos? ¡Daría usted una bomba atómica a un niño!” Al mismo tiempo que hablaba, Maha se dirigió hasta su sillón donde tomó ubicación y concluyó: “Después de todo, estos “recuerdos” volverán a la memoria deL mundo, pero bajo forma de descubrimientos “nuevos” que marcan las etapas de la Gran Evolución. Pero ya se aproxima el momento de la reunión (y designándome un asiento en el rincón derecho de la sala): “Sírvase sentarse ahí. Asistirá a las preliminares de nuestra reunión, luego uno de los nuestros lo acompañará al coche que lo llevará al hotel’.


Unos instantes más tarde los otros miembros del Alto Consejo entran. Me levanto. Reconozco a algunos de entre ellos: ante todo al oriental del primer encuentro, luego al “Señor Jans”, después a mi anfitrión de Atenas y por fin a los dos acompañantes de Maha, mis mensajeros de hoy. Los seis miembros del Alto Consejo que veo por primera vez parecen todos occidentales. Digo “parecen” pues en un ambiente vibratorio de esta naturaleza ¿Cómo estar “seguro” de algo desde el punto de vista de la emoción y aún de la realidad “actual”? Todos se parecen por lo que emana de ellos. Más exactamente, tienen por así decir, una “nota” parecida que establece entre ellos un lazo sorprendente de “parentesco”. Al avanzar hacia Maha una mirada hacia mí. Los que ya me conocen me sonríen; los demás Sostienen la mirada breves instantes. ¡Nada debe pasar desapercibido a tales seres y aún los más grandes se sentirían ante ellos como chiquillos! Al llegar ante Maha, cada uno de ellos se inclina y hace el signo que ahora conozco bien, y Maha a su vez, les toca ligeramente la mano con la suya.


Luego todos toman asiento y noto que mi interlocutor de Atenas se ubica a la derecha de Maha, lo que significa que él es el “secretario” del que me habían hablado, el “brazo derecho” de Maha. Una vez más me sorprende su extrema juventud; no es que alguno de los miembros del. Alto Consejo parezca viejo, sino que él, en comparación, parece muy joven. iQué alma extraordinaria debe poseer para ya encontrarse ahí! Un “alma vieja, muy vieja” bajó esta apariencia de juventud. Desde el lugar donde me encuentro veo muy bien solamente a aquéllos que están enfrentándome y debo deducir sus gestos, por los gestos que hacen los demás. Todos en estos momentos tienen las manos con las palmas apoyadas sobre la mesa ante ellos. Ningún documento, ningún papel. El que Juego me acompañará, al contestar a una pregunta que le hice a este respecto, me dirá que el “secretario” hará enseguida después de la reunión, un informe que se guardará en los archivos del Alto Consejo en este mismo edificio y, agrega, hará constar palabra por palabra lo que fue dicho. No me sorprendió tal afirmación.

Todos en este momento, en la posición que ya describí tienen los ojos cerrados. Me pregunto si debo hacer in mismo, pero mi curiosidad es más fuerte. Mi mirada no podría dejar de contemplar esta augusta asamblea. Siento de una manera intensa la solemnidad de estos instantes y el privilegio incomprensible que recayó en mí. A unos pasos, tengo delante de mí a los seres sobre quienes en este mismo momento y a cada instante descansa la responsabilidad de un mundo y su evolución. Y Todos son seres sencillos, tal vez porque son todo. Su concentración se prolonga y de repente se eleva un sonido, indistinto primero, luego más fuerte al progresar, para morir suavemente. Es Maha que lo entona, y lo repite tres veces. Seria incapaz de definir este sonido. No se parece a ninguno de los que conozco. Es una extraña mezcla de vocales; ninguna consonante, es todo de lo que estoy en condiciones de captar.
En cuanto Maha termina su última entonación, los once restantes toman el final del sonido y hacen los mismo’ por tres veces. Me encuentro en un estado psíquico y mental indescriptible. Me parece que mí cuerpo ha tomado proporciones inmensas, que la sala se torna gigantesca y estoy ahí, espectador de mi mismo y de este extraordinario espectáculo que me rodea.
El mundo entero parece estar reunido en esta sala. Es una impresión increíble, inimaginable. Como un libro abierto, el mundo parece estar ahí delante de esta augusta asamblea, veo todo esto, participo y me siento un extraño. Es todo lo que puedo decir acerca de un estado que ninguna palabra humana podría describir, pero en esos instantes comprendí, sin poderlo expresar, como el Alto Consejo, el A... , realiza su obra. Lo que sucede alrededor de la mesa es aún más extraordinario. Ninguno de los miembros del Alto Consejo pronuncia palabra alguna y sin embargo todos se comunican entre sí, como si se entendiesen normalmente. No puedo participar en este intercambio. Lo “veo”, sin comprenderlo. Para hacer uso de una imagen, la impresión es la misma que se capta cuando en una sala se ve a la gente en medio de una conversación ininterrumpida, sin oír lo que dicen. La sala está como “cargada” de azul. Nada es cuestión de tiempo, espacio o “separación”. Todo vibra todo “se comunica” y me siento “integrado” a ese todo.

La “ruptura” de este estado no es brusca. Es progresiva, lenta, diría: suave. Se vuelve a ser “como antes” en todos los sentidos, hombre en una palabra, con la sorpresa de un cuerpo y las limitaciones que implica física y emocional mente.

Los miembros del Alto Consejo también han vuelto a ser “ellos mismos” y todos dirigieron su mirada hacia mí. Siento su afecto, un afecto que sin duda tienen por todos los hombres a través del que tienen delante de ellos. Me levanto y lleno de gratitud, me inclino profundamente ante estos seres que ahora son para mi sublimes. Luego me dirijo hacia el sitio de Maha, tomo su mano y la beso con devoción. Como la primera vez que nos vimos coloca la otra mano sobre mi cabeza y siento el extraordinario influjo de esta bendición invadir todo mi ser. Luego Maha se levanta y enseguida todos hacen lo mismo.

“Ahora debe irse, dice Maha, pues las conclusiones que debemos sacar de nuestro “análisis” no pueden ser escuchadas por usted, ni por nadie fuera del A... Además, no podría comprender el lenguaje que se emplea en esta circunstancia; se remonta lejos en el pasado, pero es para nosotros la lengua sagrada y lo será hasta el fin de los tiempos. Pero solamente el Alto Consejo puede escucharla. No olvide nunca la manera por la que debe aceptar. Que estas reglas sean para usted la guía profunda de su acción, como de su comportamiento. Puede revelar una parte de lo que le fue concedido ver y escuchar, pero espere la señal; vendrá mucho antes de lo que supone, pero al principio reserve esto al pequeño núcleo, pues éste tendrá ya dificultades para entenderlo. Importa poco el resultado. La verdad sabrá llamar al corazón de quien la espera. Obre para el bien y no se preocupe por las consecuencias. Estas nos conciernen y aquel que está listo recogerá nuestro mensaje de esperanza y de fe”.

Dejé esta augusta asamblea, triste por ver “tal vez” el fin de un suceso único, pero al mismo tiempo en un profundo estado de paz y serenidad. Acompañado por un miembro del Alto Consejo, camino en sentido contrario el sendero tomado para venir aquí, entro en el coche y al darme vuelta cuando éste arrancaba, saludé con un gesto rápido en el que ponía todo mi ser, a aquel que con la mano levantada, llevaba, con el pulgar doblado, tres dedos a su frente.

El chofer no dijo una sola palabra en el camino de regreso y yo no tenía deseos de hablar. Regresé a París el 3 de enero de 1967. La “señal” me llegó pronto en la noche del 19 al 20 de ese mismo mes. Comencé enseguida el relato de estos encuentros con lo insólito. Lo termino hoy, en la noche del 23 al 24 de enero.


Lost Horizon (Frank Capra, 1937)

11 de agosto de 2008

Los Actuales Místicos Lemures de California

Los Actuales Místicos Lemures de California
Débora Goldstern

Continuando con nuestros relatos subterráneos de Shasta, hoy es el turno de citar uno de los libros clásicos del tema: “Lemuria, el continente perdido del Pacífico: la gente misteriosa del Monte Shasta” (1959) de Wishar S. Cervé, integrante de la agrupación rosacruz norteamericana, Gran Logia Suprema de Amorc, a quién se le encargó la tarea de hacer público algunos documento sobre Lemuria, continente desaparecido que una vez se extendió en el Océano Pacífico.

Cervé tardó diez años en compilar todos los datos que luego fueron la base de su obra, considerado un libro de culto sobre el tema.

Este pasaje que citamos a continuación, corresponde al Capítulo XII “Los Actuales Místicos Lemures de California”. Hay muchas pistas en este escrito, que conecta con otros post subterráneos que integran nuestro menú y que luego invitamos a revisar. El lector observador sabrá leer entre líneas y estará atento a las señales.

“El actual lago Klamath ocupa tan solo una corta porción de superficie en el ángulo nordeste de Siskiyou, mientras que en otro tiempo ocupaba todo este condado y parte del contiguo. En este lago se proyecta hoy una pequeña península, que es el residuo de una gran montaña donde estuvo ubicada una de las colonias de los lemurianos supervivientes.

En las rocas de esta península se ven grabados unos signos de escritura criptográfica o jeroglífica, que la ciencia moderna no ha sido capaz de interpretar. Hay millares de estos caracteres criptográficos, de los que reproduce el grabado alguna de las principales muestras.

Quienes intentaron descifrar estos caracteres, se dieron cuenta que revelan una escritura uniforme, pero no lograron descubrir el alfabeto o clave capaz de interpretar lo allí escrito para que las futuras generaciones conocieran la índole de las colonia ubicada en las orillas del lago, y lo concerniente a la catástrofe que allí los llevó y las luchas que hubieron de sostener en defensa de su vida.

Por mi parte encontré cierta analogía con algunos otros también lemurianos, en que aparece la cruz según veremos más adelante.

Conviene advertir que, desde muy antiguo, ciertas partes del país del lago Klamath y de su cuenca tienen nombres extraños y hace un siglo se creían que eran nombres dados por los indios en su idioma; pero un más detenido estudio de tales nombres ha demostrado que ya existían mucho antes de que los indios pudieran haberse establecidos en aquel país y que no son nombres indios.

Los arqueólogos convienen que la mayoría de los caracteres criptográficos aparecen grabados en rocas que en diferentes períodos estuvieron sumergidas en el agua o emergidas de la superficie, es decir, debajo del agua, según el período y que por lo tanto datan de hace muchos siglos, de suerte que sucesivas generaciones futuras fueron aumentando dichos escritos con objeto que la historia de su pueblo alcanzara a una época relativamente moderna.

Otras circunstancias muy significativas es que en algunos puntos de estas escrituras aparece el roble sagrado de la antigua fraternidad mística de los druidas, y en otros puntos se ve la lámpara sagrada de la misma fraternidad.

Se sabe que eventualmente tuvieron los druidas el centro de su actividad en las Islas Británicas, y en el norte de las Galias al principio de la era cristiana. A parte de esta prueba de relación entre las Galias y la colonia lemuriana de Klamath, tenemos la positiva que los autores de esos extraños caracteres contribuyeron a la formación del sánscrito y del latín y por lo tanto, pertenecieron a las cultas y civilizadas razas que derramaron la cultura literaria por varias partes del mundo. Ejemplo de ello nos da la circunstancia que los indios modocos, establecidos posteriormente en el valle del lago, lo llamaron “Valle del Conocimiento”, porque encontraron señales evidentes de que aquel lugar había sido el centro de instrucción de antiguas tribus.


Los indios norteamericanos llamaron a este Valle del Conocimiento el “Walla-Was-Skeeny”, que significa también “Valle del Conocimiento”; pero las palabras de aquella denominación no correspondían con la de su dialecto, sino que habían heredado dicho nombre de los descendientes de las primitivas tribus que allí vivían cuando llegaron los indios y que la palabra “Walla-Was Skeeny”, era un intento de pronunciar la palabra latina Vallis Sentía. Así mismo se descubrió que los indios modocos habían heredado la palabra “wocus”, para el nombre del lirio, que en latín es lotus.

Estos mismos indios llamaron moinia a las ruinas de un recinto amurallado que los lemurianos habían construído en la cumbre de una montaña al norte de Olene, en el condado de Klamath, y en latín es munitio toda obra de fortificación, reparo y defensa. A las colinas las llamaban collil, que en latín son collis. Por otra parte aparecen en la toponimia algunos indicios del léxico griego, pues a una montaña la llamaban Mu-Pi, en cuyas dos sílabas se reconoce dos letras del alfabeto griego.

Valga decir de paso, que cuando los primeros exploradores de esa parte de California descubrieron a los indios modocos y observaron los caracteres criptográficos de las rocas, los indios dijeron que nada tenían que ver con el origen de dichos caracteres ni sabían interpretarlos. Además, los filólogos que estudiaban el lenguaje hablado y escrito de los indios afirmaron que los caracteres del lago Klamath eran totalmente distintos de los de la escritura de cualquier indio norteamericana.

Se ha dicho que hace muchos años, la comarca contigua a estas extrañas escrituras quedaban nocturnamente iluminada por luces blancas, sin que nadie pudiese indagar la causa de semejantes luces, pues en aquel entonces no se conocía la luz eléctrica en aquel distrito ni había señales de fogatas en parte alguna.

Este elemento de las luces extraña interviene a menudo en los misterios de California. En algunas partes del país y en ciertas noches de cada mes aparecen iluminados los picos de las montañas o se ve entre los árboles de los grandes bosques una extraña luz blanca muy parecida a la del magnesio que usan los fotógrafos, pero que subsiste durante algunas horas, sin que modo alguno hayan podido averiguar su causa los investigadores.

Así por ejemplo, en el año 1930, reapareció en las laderas del oriente de San José, a unos tres kilómetros de la Misión, una luz blanca que ya había aparecido hace cincuenta años y se difundía por el espacio de muchos metros por el Valle de Santa Clara, como si tuviera un foco en medio de un espeso bosque y que sobrepusiera a los árboles. Se veía claramente desde la Bahía de San Francisco.

Al principio creyeron algunos que aquella era una señal convenida que hacían los clandestinos fabricantes de licores, para avisar algunos barquichuelos de la bahía; pero las indagaciones hechas durante el día no descubrieron ni rastro de casa, choza ni cueva de nada que indicase fuego. Finalmente se encargó a varios agrimensores que trazaron el paso al exacto punto en que por la noche se veía la luz y resultó ser un denso grupo de árboles en la falda de la montaña, sin vivienda alguna por aquel paraje ni señal de hojas quemadas en el suelo. El alumbrado eléctrico no se conoce en aquel distrito montaneros y uno de los inescrutados misterios que preocupan a muchos pensadores es cómo puede producirse una luz que dura largo rato sin dejar señal ni rastro de su aparición.

Por otra parte, en prueba de que estas luces pueden relacionarse con alguno de los misterios de Lemuria y sus habitantes, tenemos las fascinadoras leyendas del Monte Shasta, ubicado en la extremidad de la sierra septentrional de Sierra Nevada, en el condado de Siskiyou, a pocos kilómetros del Lago Klamath. Dicho monte es el cráter de un volcán apagado, con 4.312 metros de altitud. Los geólogos infieren de las profundamente estriadas laderas de esta montaña, que en un tiempo era mucho mayor su altitud; pero que se ha hundido el terreno en que se asienta y la acción corrosiva de los hielos la fue desgastando.

Hay cerca de allí otra montaña de 2.772 metros del altitud que da pruebas de ser el resto de su primitiva ingencia. El cráter de Shasta todavía es susceptible de reavivarse, pues inmediatamente del bajo del tope hay un respiradero sulfuroso y otros dos en la estribación septentrional, que echan humo e irradian calor, con riesgo que un día sobrevenga una no muy violenta erupción del volcán.

Pero hubo un tiempo en que era la montaña de Shasta la más alta de California. Ofrece una hermosa vista con sus cimas cubiertas de nieve la mayor parte del año y se ve desde muy lejanas distancias. Las corrientes fluviales de la comarca son de excelente calidad y fertilizan el suelo, remontándose su antigüedad a la de las demás partes de California. A oriente del volcán, está el famoso bosque de Shasta, cuyo centro dista algo menos de cincuenta kilómetros del pie del volcán y la tierra de entre éste y el bosque es baja y la surcan suaves arroyos. Aunque poco conocida esta comarca, la recuerdan millares de personas que la han contemplado desde ventajosas posiciones.

Durante siglos los habitantes del norte de California y los turistas, exploradores, funcionarios públicos, científicos, escritores, novelistas, artistas y curiosos, enfocaron su atención en los extraños sucesos de esta comarca. Hace muchos años era muy frecuente escuchar en el norte de California relatos acerca de apariciones de personas que salían de los bosques y retrocedían para esconderse cuando alguien los veía. De cuando en cuando, uno de aquellos extraños personajes, raramente vestidos, se acercaba a una aldea y cambiaba pepitas y polvo de oro por algunas modernas mercancías.

Estas extrañas gentes no solamente lo eran por su traje, completamente distinto de lo usual entre los indios norteamericanos y especialmente de California, sino por el color de su rostro, facciones, talla, agilidad y gracia, con aspectos de ser muy viejos y sin embargo, sumamente viriles. Tenían traza de extranjeros, pero con cabeza más voluminosa, más ancha frente y un tocado que tenía un especial adorno que les caía por el centro de la frente hasta el caballete de la nariz, con lo que ocultaban parte de la frente a las miradas de los que hubieran querido examinarla.

En pasado tiempo se veían en el centro de los bosques, grandes fogatas cuyo resplandor disipaba la oscuridad de entre los árboles. Entre la fogata del observador se veía de cuando en cuando, pasar la silueta de extrañas figuras iluminadas por el resplandor de la hoguera.

Otras veces, cuando el viento era favorable, se escuchaban mágicas canciones acompañadas de fantástica música cuyos sones vibraban en dirección de una cercana aldea.

Todos los intentos de los investigadores que vinieron a este distrito para observar lo que sucedía, dieron por resultado los mismos fenómenos, que también presenciaron muchas personas que previamente no habían oído hablar de ellos, y esta circunstancia comprueba señaladamente la veracidad de los relatos.

Al investigadores se les tenía por intrusos, pues cuando uno de ellos llegaba cerca del foco de la luz y de los sones, se le aparecía un sujeto de extraña facha y gigantesco corpacho que se lo cargaba a hombros y lo ponía fuera del distrito, o bien se sentía el investigador invadido por una fuerza extraña que le impulsaba a escapar más que de prisa o esta misma fuerza lo clavaba en su sitio sin permitirle pasar delante ni moverse en otra dirección que la del retroceso para irse por donde había venido.

Así continuaron durante muchos años los relatos de estos extraños fenómenos, hasta que el famoso científico, el profesor Edgard Lucin Larkin, director del observatorio astronómico de Mont Lowe, en el sur de California, descubrió unos cuantos misterios relacionados con este misterio de la California septentrional.

Mientras experimentaba probando las nuevas características de un en telescopio de largo alcance, lo dirigió hacia el Norte y después al Sur de su situación, a lo largo de las cimas de la cordillera en que hacía muchos años estaba ubicado el observatorio, con el objeto de calcular el tiempo diurno que había de servirle para el trazado de una nueva escala de distancias. Aseguró Larkin que jamás había oído hablar de los misteriosos fenómenos que ocurrían al decir de las gentes en el distrito de Shasta, y probablemente no hiciera gran caso de ello si lo oyera. Asestó el telecopio a la cumbre del Shasta, con el propósito de comparar estas cifras con las obtenidas en su nueva escala de distancias, movió el telescopio de modo que en el campo de visión queda incluída la parte inferior de la falda oriental del Shasta, creyendo solo vería las copas de los árboles del fondo, cuando le sorprendió el espectáculo de una luciente superficie curva completamente desconocida hasta entonces.

Como quiera que el sol hería aquel reluciente objeto ubicado entre los árboles, semejaba aquella vista la de la dorada cúpula de un templo oriental. A intervalos de unos veinte minutos iba Larkin anotando sus observaciones y según fue el sol adelantando en su aparente carrera, acabó por descubrir que la columbrada superficie eran dos cúpulas que sobresalían de la copa de los árboles cercanos al Shasta y que a muchos metros de distancia se veía parte de una tercera cúpula. Moviendo de nuevo el telescopio descubrió entre los árboles, el ángulo de otro edificio al parecer de mármol.

Como quiera que Larkin estaba seguro que no había tales construcciones en el norte de California y mucho menos en el distrito de Shasta, mantuvo fijo el telescopio en la última posición para observar qué aspecto tomaban aquellas cosas durante la puesta del sol y por la noche y mucho fue su asombro al observar una vez cerrada la noche, que alrededor de las cúpulas brillaban varias luces, al parecer blancas, que las iluminaban en parte y las hacían visibles, aunque no era noche de luna.

Anotó escrupulosamente Larkin sus observaciones y esperó la salida del sol para proseguirlas, descubriendo por nueva variación del telescopio, una columna de humo que se levantaba entre los árboles y parte de otro edificio.

Después de una semana de estudiar el asunto, decidió llevar más adelante las investigaciones y a su ejemplo otros científicos decidieron explorar el distrito hasta donde les fuese posible y compilaron los informes recibidos de las gentes del país, de los que se vino en conocimiento que hubo tiempo en que un anciano personaje había aparecido en el distrito, marchándose a pie a la ciudad de San Francisco, donde lo recibió una comisión de ciudadanos opulentos, que lo acompañaron a la Casa de la Ciudad, donde se celebró una ceremonia secreta.

Quienes vieron al anciano personaje acompañado de tal suerte, dijeron que en la vida habían visto tanta nobleza y a la par humildad y majestuosa prestancia. Nunca se supo quién era ni a que fue a San Francisco y aún la misma fecha de esta visita no se quiere revelar a los investigadores; pero el relato es de real conocimiento y concuerda con otros relatos de análogas visitas por partes de extraños personajes al distrito. A varios vecinos que tenían su vivienda al pie del Shasta, se les vio inesperadamente en medio de la carretera, vestidos de blanco, con sandalias, larga cabellera rizada, de alta estatura y majestuoso aspecto, pero que se retraían de la pública atención, pues apenas intentaba retratarlos un fotógrafo o si alguien se acercaba para hablarles, desaparecían repentinamente, diciendo uno que se habían ocultado en los bosques lindantes con la carretera, mientras que otros aseguraban que habían desaparecido en la sombra.

Quiénes de estas extrañas gentes han ido a perpetrarse en las aldeas aledañas, especialmente en Leed, hablaban un inglés correcto, con ligero acento británico y nunca quisieron decir nada acerca de ellos. Siempre pagaron las mercancías que compraban en pepitas de oro de valor mucho más subido que de el género comprado, sin que aceptaran compensación, pues decían que para ellos no tenía el oro ningún valor ni necesitaban para nada el dinero.


Quiénes han observado de lejos las ceremonias de estas extrañas gentes alrededor del fuego a medianoche, aseguran haber contado de cuatrocientas a quinientas siluetas en sólo un lado del fuego, cuyo origen y naturaleza se desconocen, pues desde luego no son fogatas de leñas o de malezas ni lámparas de aceites ni gasolinas, porque la luz es blanca tirando a violada.

En cierto punto de la ceremonia de medianoche hieren las copas de los árboles, rayos de brillantes luz que iluminan el firmamento y tiñen el borde de alguna baja nube. También iluminan estos rayos la parte superior de los edificios y especialmente las cúpulas que parecen chapadas de oro. Cuando por estar iluminados los edificios se los puede observar más detenidamente, parecen como si fuesen entonces de mármol y ónice.

Al salir el sol se celebra entonces una ceremonia análoga, pero más curiosa, por las luces en las partes sombrías del bosque. La única clave de estas ceremonias es la reproducción escultórica en unas estelas semejantes a las de Egipto, ubicadas en los linderos del bosque.

En una de esas estelas se ven muchos jeroglíficos debajo de los cuales aparece cuidadosamente esculpida en inglés una inscripción que traducida dice:
“CEREMONIA DE ADORACIÓN A GAUTAMA”.

Indican los jeroglíficos que esta ceremonia se celebraba al salir el sol, al ocaso y a medianoche, y que la palabra “Gautama” significa el continente americano.

Es posible que estas ceremonias tuviesen carácter de acción de gracias, por haberse salvado sus descendientes de la catástrofe que hundió el continente lemuriano excepto la pare oriental donde lograron refugiarse.

Los relatos que atribuyen místicas facultades a estas gentes, se escuchan con incredulidad y desconfianza, aunque el lector puede interpretarlo como guste. Por ejemplo, se dice cuando en varias ocasiones estallaron incendios en los bosques de California, al acercarse las llamas al de Shasta, se levantó del suelo ocupado por aquellas gentes una densa niebla que rodeó como una muralla todo el territorio, sin que las llamas pudieran atravesarlas.

Algunos indígenas de aquel distrito se complacen en acompañar a los escépticos e incrédulos a que de vuelta por allí y vean el cinturón de árboles quemados que señalan el círculo en donde se detuvo el incendio. Dentro de este círculo abundan lo árboles milenarios de talla gigantesca, sin la menor huella del incendio que abrasó los árboles cercanos.

Dicen otros que intentaron penetrar en automóvil en aquel distrito y al llegar a cierto punto se les apareció una luz y el coche perdió la acción, como si los detuviera un circuito eléctrico, viéndose precisado los pasajeros a bajar del auto, empujarlo hacia atrás unos treinta metros y virar en redondo, para que el motor volviese a funcionar.

También se refiere que a veces salieron del bosque rebaños de reses completamente distintas de cuantas se conocen en América, pero antes de alejarse mucho por los vericuetos, quedaron los animales espantados por alguna señal invisible y de pronto dieron vuelta entera y retrocedieron al lugar de dónde habían salido.

Muchos otros testimonios hay de gente que aseguran haber visto surgir de los bosques una especie de barcos que volando por encima de las montañas de Californias fueron a bogar por las aguas del Pacífico.

Los marinos han visto barcos semejantes en alta mar, que se levantaban en los aires para aterrizar en alguna isla del Pacífico, y no falta quién los viera tan hacia el norte como en una de las islas Aleutianas.

Hace poco tiempo, unos deportistas que jugaban al golf en uno de los campos cercanos a Sierra Nevada, vieron en los aires un extraño barco que parecía de plata, y desapareció de su vista tras las cumbres de las montañas.


Acaso la más verosímil explicación de lo que se observa en este distrito es que allí subsisten centenares de lemurianos que con su trabajo satisfacen sus más imperiosas necesidades y se mantienen aislados, como se mantuvo el otro grupo de lemurianos que hace muchos años vivió en Santa Bárbara. Pero su poblado está sólo en parte en la falda del Shasta, pues atraviesa la montaña un túnel que da a un vasto recinto en el que se asienta una ciudad de extrañas viviendas, de las que salen el calor y el humo que parecen surgir el cráter del volcán. Esto no es cuento peregrino, pues hay datos demostrativos de la existencia en México de otros grupos de descendientes de Lemuria, que moran en el centro de un volcán apagado, retraídos de toda mundana observación”.


Mystic Mt. Shasta



Beyond Lemuria