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5 de marzo de 2014

Samuel García Barrajón - Tras los pasos de Nibiru - Entrevista Exclusiva - Débora Goldstern

Samuel García Barrajón
Tras los pasos de Nibiru
Entrevista Exclusiva
Débora Goldstern©


Samuel García Barrajón


Sucedió el año pasado, cuando que el nombre de Samuel García Barrajón tomó por asalto internet, a través de su trabajo “Nibiru, si no existe habrá que inventarlo”, donde daba cuenta de una largo estudio de casi siete años, en el cual se repasaba la historia de uno de los enigmas más comentados entre los creyentes, acerca del misterioso planeta errante.

Debo decir, que cuando supe de la novedad editorial la cual me fuera comentada por su propio protagonista, no sentí mucha empatía, debido a mis propios prejuicios en cuanto al tema, especialmente por los desvíos que sobre el mismo contribuyó, el legado del extinto investigador de origen ruso, Zecharías Sitchin, con su saga anunnakis a la cabeza.

A pesar de estas objeciones, decidí dar una oportunidad a la historia, así como a su joven realizador, el cual aceptó brindar una entrevista para Crónica Subterránea, donde no guardamos nada en el tintero, en un memorable mano a mano, demostrando su interlocutor, paciencia y espontaneidad para responder a todas nuestras inquietudes, dando paso al primer reportaje del 2014, el cual inaugura el ciclo del blog.

Atienda el lector!


Pregunta inicial obligada: ¿cómo y porque se inicia Samuel García Barrajón, en la búsqueda de Nibiru?

Mi interés sobre este astro nace debido a la profunda inquietud e inclinación que poseo por intentar resolver o, al menos formar una opinión acertada, acerca de los grandes enigmas que presentan algunas de las antiguas civilizaciones.

Me considero un tío curioso por definición. Tanto los misterios como todo aquello que presente ciertos interrogantes, llaman poderosamente mi atención. Hasta el punto que, si no consigo dar con una explicación que me satisfaga, a nivel personal me resulta imposible pasar página. Así pues cuando me planto delante de un misterio no sólo me maravillo ante este sino que deseo o trato de arrancarle sus secretos más recónditos. Y supongo que tal actitud me conduce ineludiblemente a la investigación, siempre tratando de confrontar toda la información relacionada o de relevancia y, sobre todo, sacando la lupa para examinar los pequeños detalles. Pues a menudo, es ahí donde se hallan las auténticas claves a los grandes enigmas esperando a ser descubiertas.

De forma análoga la Historia me atrae sobremanera, en especial, la de aquellas primeras etapas de lo que en la actualidad entendemos por civilización. Particularmente encuentro muy intrigante el modo de pensar de sus protagonistas, y que, de algún modo, quedó impregnado en pinturas, representaciones, escritos, construcciones, etc. que hoy todavía se conservan. Así que suelo empatizar bastante bien con aquello que muestra su lado más etnológico. Sí, ese soy yo.

Entonces, visto con cierta perspectiva, era cuestión de tiempo que Nibiru llamara a las puertas de mi entendimiento. Al principio buceé en nuestra historia, luego en los misterios de la misma y… allí encontré entre muchos otros igual de atractivos, dos elementos que sobresalían por encima del resto y que a mi entender no se le ha dado la importancia que merecen desde el mundo académico. Son, la figura de los dioses instructores y su estrecha relación, así como también la presencia, de lo que podríamos llamar un “astro sagrado”, cuyo paradero e identidad además resulta una verdadera incógnita. Con lo cual, no quedaba otra; tuve que inspeccionar a fondo lo que se me antoja una pieza fundamental para entender plenamente varios de los pasajes más importantes de la historia de nuestra raza. Como por ejemplo el momento justo en el que el ser humano se convierte en “hombre civilizado”.

Confieso que todo aquello se había convertido en un reto, únicamente. Sin embargo, ya desde los primeros pasos sentí que necesitaba comunicar y compartir mis opiniones. Lo estaba viviendo de forma muy intensa. En consecuencia, dado que la escritura ofrecía el espacio y el tiempo requeridos para mi exposición, finalmente decidí plasmarla en un libro. Un volumen con cabida para abordar diferentes misterios relacionados con antiguas culturas y civilizaciones, desde la recogida y la contrastación de datos. Al final resultó un medio donde Nibiru encontró su lugar, diría. Y añadiría, que si bien era una especie de actor secundario al iniciar el proyecto, poco a poco fue cobrando protagonismo a medida que avanzaba con mis indagaciones y terminó ocupando el papel principal por méritos propios.

Tu tesis principal, aborda la visita en el pasado de un astro desconocido, bautizado como Nibiru, que habría actuado como un disparador, con gran incidencia en el desarrollo de culturas mesopotámicas y africanas, citándose dogones, egipcios y sumerios, como los principales referentes en cuanto a su vinculación con el planeta errante. Lo cual me lleva a inquirir, ¿cuáles son los elementos asociativos que te llevaron a elaborar esta hipótesis?

Incluso para mi propia sorpresa… Muchísimos más de los que cualquiera esperaría encontrar aun teniendo total certeza de antemano de que 5000 años atrás fue avistado un cuerpo celeste, inadvertido en la actualidad. Me he topado con numerosas referencias contenidas en mitos y tradiciones, pinturas o representaciones… mas si bien resultan muy llamativas, no son la auténtica base sobre la que se asienta mi tesis. No obstante citaré alguno de estos para ilustrar un poco. Por ejemplo, tenemos el sorprendente caso de “Horus de la duat” en el antiguo Egipto, el equivalente a Nibiru por aquellas tierras de leyenda. Y sucede que, la primera pirámide allí edificada lleva su nombre. Me refiero a la escalonada de Sakkara, levantada por Imhotep para el faraón Netjerkhet de la III dinastía, una construcción bautizada como “Horus es la estrella a la cabeza del cielo”. Sugerente ¿no? Pues tres cuartos de lo mismo sucede con la esfinge de Gizeh, cuyo nombre de “Harmakis” alude directamente a dicho Horus sideral.

Por supuesto cualquier egiptólogo u astrónomo es ajeno a la controversia, ninguno de estos se ha planteado remotamente que la identidad astral de Horus pueda corresponderse con un cuerpo celeste por descubrir en el mismo sistema solar.

Después de todo ¿cómo iban a imaginarse algo que les resulta totalmente desconocido e inesperado? Nunca podrían haber visto venir dicho concepto, lógicamente, porque no existen precedentes o cosas similares en la astronomía tradicional. Hay que escuchar muy bien a los antiguos y estar atento para percatarse. Y no insinúo que no lo estén dichos profesionales, seguro que lo hacen y cien veces mejor que yo, pero creo que al tratarse de un evento inhabitual e insospechado simplemente ha pasado inadvertido. Si bien, con todo, es cierto que la postura que defiendo no deja de ser una conjetura a falta de su verificación; será la propia ciencia quien termine por confirmar o refutar mi hipótesis si es que alguna vez la considera.

Pero volviendo al tema en cuestión, planteemos el siguiente escenario. Supongamos por un momento que en las inmediaciones del año 3000 a.C., un cuerpo celeste no identificado de nuestro sistema solar (me da igual si es un planeta, un cometa u otro tipo de astro) se acerca lo suficiente al Sol como para reflejar su luz y ser visible durante un intervalo de tiempo indefinido (días, meses o años) a ojos de un observador desde la Tierra. Esto no quiere decir que pasara rozándola, basta con que su trazada discurriera un poco más allá de Saturno. Entonces lo lógico es que se avistara desde multitud de rincones del planeta, por no decir de todos. Y, si en aquel tiempo hubiesen habido (que las hubo) culturas con una astronomía más o menos desarrollada, seguro que se habrían fijado en este nuevo astro que decoraba de forma única y distinta a la habitual, la maravillosa bóveda celeste que cada noche contemplaban. De este modo, lo lógico y razonable sería que, aparte de tomar buena nota en su memoria, lo plasmaran de alguna forma en su arte, sus compendios, o simplemente tan espectacular suceso dejara huella en sus tradiciones y costumbres. Quizá muy poco pero alguna de las pruebas señaladas necesariamente tendría que haber sobrevivido junto con sus vestigios. E igualmente sería de esperar que estas evidencias, desde distintos lugares del globo, apuntaran en la misma línea de observaciones.

Pues bien, justo a esos elementos son a los que recurro para formular y darle apoyo a mi hipótesis. A la existencia en los contextos astronómicos, de una especie de “astro entre los astros”, por su importancia -la que le otorgan los antiguos según sus propios criterios cosmogónicos y astronómicos-, que además se repite a lo largo y ancho del planeta en distintos lugares donde la ciencia celeste parece haber hecho mella en la antigüedad. Se trata de ubicaciones cuyos pobladores remontan sus tradiciones, orígenes o linaje, según se mire, hasta finales del cuarto milenio a.C. o principios del tercero. Y cómo no, posee unas propiedades muy concretas que le caracterizan, lo cual imposibilita en mi opinión que estemos tratando cualquier otra cosa que no sea el mismo astro. Muy a pesar de que reciba distintos nombres; uno por tradición como es normal, y con un fuerte nexo con sus divinidades más ilustres.

He aquí los rasgos destacables e inequívocos de lo que podríamos denominar de una forma más universal como “la estrella de los dioses”. Tonalidad generalmente rojiza. Atravesó los cielos de sur a norte. Siempre vinculado a una zona del cielo muy particular, que comprende una extensión delimitada por Tauro, las Pléyades y Orión en las parte sur, así como las Osas y sus cercanías en la parte norte, pasando por Sirio, Cáncer y vecinos. Parentesco directo en sus cosmogonías con Sirio y Orión. Nació, fue visible por primera vez cerca de Orión. Margen temporal remontable más allá del II milenio a.C.

De modo que cuando nos encontramos una y otra vez con esta serie de facciones vinculadas a un astro, en distintos entornos culturales, y también con la más que probable certeza de que este conocimiento haya surgido de diferentes focos… sí o sí, algo vio en el cielo aquella gente que les llamó profundamente la atención. Porque, sobre todo, era diferente a lo que allí moraba habitualmente -quizá de ahí su estatus privilegiado-. Un astro atípico en definitiva, pero astro al fin y al cabo, y que no conocemos. Miembro de la consorte del Sol. Y a partir de ahí ya podemos entrar en el debate de si era un planeta, un cometa, etc. Yo me quedo con la de cuerpo planetario pero, en cualquier caso, no podemos ignorar y hacer oídos sordos a lo que los antiguos consideraban “la cosa más grandiosa jamás creada”. Una etiqueta que bien merece mayor profundización en el asunto por nuestra parte.

Es imposible separar Nibiru, de la figura del investigador ruso desaparecido Zecharía Sitchin, quién popularizó el tema en su saga sobre los Annunakis, según interpretaciones personales y muy cuestionadas, resultado de sus lectura de tablillas sumerias 

¿Pudiste hallar referencias anteriores a Sitchin, en cuanto a la existencia de este astro errante, también bautizado como Planeta X?

Sí, así es, aparentemente el trinomio Nibiru, anunnakis y Sitchin siempre van de la mano, levantando acalorados debates entre sus defensores y detractores.

He podido examinar los trabajos de Sitchin, todas sus publicaciones en castellano para ser exactos. Sin embargo no comparto lo más mínimo las conclusiones de Zecharia, aunque las respeto en la medida de que todos somos libres de formar una opinión a partir de nuestras experiencias.

La verdad es que el investigador ruso creó un precedente que, de alguna manera me afecta, para lo bueno y para lo malo. De forma un tanto automática, la gente me suele encasillar en el apartado de “derivados” de Sitchin y sus anunnakis, pero no es el caso. Para colmo ambos abordamos la figura de los dioses instructores, sugerimos la existencia de un planeta no reconocido dentro del sistema solar, y con el mismo nombre de Nibiru por su componente sumerio… en fin, resulta difícil escapar de esta asociación.

En cambio, ni mi planteamiento obedece los criterios de Zecharia, ni tampoco tengo en cuenta ninguno de sus argumentos, creo, para formular o darle validez a mi hipótesis. De hecho en mi libro apenas le dedico un minúsculo párrafo a este autor y sólo para aclarar que mis trabajos no se relacionan con los suyos. Aunque también reconozco, qué duda cabe, que si no hubiese leído sus libros nunca me hubiese fijado en Nibiru; y jamás me habría planteado la idea de que podría tratarse de un planeta. Eso resulta indiscutible.

Así pues opino que hay diferencias harto sustanciosas entre nuestros razonamientos sobre Nibiru y la forma de entender el mundo, y en particular la historia. Mis argumentos no necesitan de una historia paralela, unas traducciones hechas a medida o de extraterrestres que construyen pirámides, etc. Simplemente reclamo una mayor profundización de lo que ya conocemos o tenemos noticia, por decirlo de algún modo.
Y bueno, Sitchin no fue el primero ni el único en proclamar la existencia de astros desconocidos dentro de nuestro sistema. Como tu muy bien reportas en uno de tus artículos publicados aquí en Crónica Subterránea, más que notable resulta el caso de George Hunt Williamson y su planeta Maldek o también la revisión de Faetón de Alexander Petrovich Kazantsev. Incluso un caso similar resulta el de Velikovsky y su libro “Mundos en colisión” donde argumenta que en un pasado reciente, el planeta Venus habría sido un cometa.

Especial esmero merece también la terminología de “Planeta X”, por otro lado. Sus andanzas empiezan a mediados del siglo XIX con John Couch Adams, astrónomo británico que por aquel entonces estudiaba las irregularidades orbitales de Urano. Concluyó que debía existir otro cuerpo planetario más allá, “tirando” de aquel gigante gaseoso. De este modo se descubrió Neptuno pocos años después. Pero la cosa no terminó aquí, pues era evidente por el mismo tipo de anomalías que, detrás de Neptuno tenía que haber algo, al menos igual de masivo como este, ejerciendo sus influencias gravitatorias. Fuerzas o parámetros que aún en nuestros días siguen sin explicación definitiva. En consecuencia no tardó a arrancar una búsqueda a la caza de un noveno planeta en el sistema solar, que de una forma u otra, sigue vigente en la actualidad. Fue Percival Lowell, astrónomo aficionado, quien empezó a buscarlo en 1905 y finalmente terminaría acuñando dicha expresión.

Uno de los puntos centrales de tu investigación, se basa en los misteriosos hombres-anfibios Apkallus, quiénes según viejas crónicas atribuidas al sacerdote caldeo Beroso, del siglo III a.C., actuaran como instructores de los primeros pobladores mesopotámicos. 

Recuerdo que la primera vez que supe de esta historia, fue gracias a la lectura de “La Rebelión de los Brujos”, editado en 1971 por los franceses Pawles y Bergier. Cuatro años después sería Robert Temple en “El Misterio de Sirio”, quién volvería a reflotar el tema, con agregados adicionales ¿Qué opinión te merecen estos estudios?

Francamente estamos delante de dos obras excepcionales con extensos conocimientos como denominador común. Erudición y abundancia de datos son sus ingredientes estrella. Deberían estar en cualquier biblioteca que se precie.

“La Rebelión de los Brujos” resulta imprescindible para pisar suelo firme en este terreno tan pantanoso que es el de los temas misteriosos que tanto nos gustan. Todo aquel que se adentre debiera conocerlo. Y bueno, por poner un ejemplo gráfico, tomaré como muestra el tratamiento que hacen de los mitos. Pues resulta de vital importancia discernir cuanto de leyenda y cuanto de verdad hay, en las sagas u relatos mitológicos. El trabajo de los franceses no es exclusivamente una herramienta para tal fin, pero su criterio si resulta modélico; una pauta perfecta de cómo mantener los pies en el suelo de forma que se evite caer en las garras del puro idealismo, a la hora de afrontar la ambigüedad de ciertos enigmas. Parafraseando a los autores: “las investigaciones sobre posibles paleocontactos y su problemática no son absurdas ni anticientíficas; sólo es preciso no perder la sangre fría”.

Respecto a la obra de Temple yo destacaría que permite entrever la complejidad, cantidad e importancia de los mitos del mundo antiguo relacionados con Sirio u otros astros extrañamente colindantes. También aplaudo la minuciosidad de este escritor. Su aporte sobre los apkallus no solamente se limita a los fragmentos de Beroso si no que se amplía hacia otros manuscritos derivados de la misma tradición mesopotámica. Lo cual aporta y suma un sinfín de detalles reveladores que permiten hacerse una idea más completa de lo que pudo suceder hace 5000 años en la región de Sumer. Una historia increíble que narra  el encuentro de los lugareños próximos a Eridú, con una suerte de seres anfibios dotados de razón que, aparte de instruir a los pueblos mesopotámicos, habrían llegado desde los cielos en el interior de “huevos luminosos” o “estrellas llameantes” según los términos utilizados.

Dentro de tus informes, también se repasa el misterio Dogón, tomado como una de las narraciones más importantes, en cuanto a dilucidar el enigma Nibiru. Convengamos que fue gracias a “Le renard pâle’”, 1965, escrito por el antropólogo francés, Marcel Griaule, en colaboración con la documentalista Germaine  Dieterlen, que la historia se volvió internacional. 

Sin embargo, el testimonio recogido por Griaule de sus conversaciones con Ogotomeli, chamán ciego de la tribu, actualmente es cuestionado por muchos críticos. Muy recordado es el Cerebro de Broca, 1981, donde el fallecido astrónomo Carl Sagan, entrega una mirada devastadora sobre la cuestión, concluyendo que los conocimientos de los dogones, son producto de una contaminación externa, que no va más allá del año 1932 ¿Cómo evalúas el trabajo de Griaule, y por ende las críticas de Sagan?

Las elucubraciones sobre este enigma no han dejado de estar a la orden del día desde que Temple apareció en escena, así como su repercusión, antes prácticamente desapercibida. No por ello debemos echar por la borda lo que a todas luces parece una cápsula en el tiempo, de conocimientos astronómicos milenarios. Saberes salvaguardados por la tradición dogón, a cal y canto por sus sabios, al mismo estilo que lo hicieron varias antiguas civilizaciones como la egipcia o la sumeria. Pues no todo el mundo en sendas sociedades tenía acceso a la información referente a los secretos del cielo, únicamente los sacerdotes especializados.

Quizá sea un buen momento para examinar algunos puntos determinantes, si es que de verdad se pretende llegar al fondo de la cuestión. Hay que tener en cuenta diversas aclaraciones previas de transcendental importancia.

Primero, la sentencia de que los dioses “nommos” de los dogón viniesen desde Sirio, es una especie de leyenda urbana; no hay más. Es un añadido posterior, no originario de las tradiciones originarias de este singular pueblo. Si damos un mínimo voto de confianza a la labor de recopilación de Griaule, sobre las costumbres y la idiosincrasia de esta etnia subsahariana, y estudiamos “Le renard palê”, veremos que allí no hay ni rastro de lo que digo.

Supongo que el concepto tiene sus raíces con la publicación de Robert Temple. Donde en sus conclusiones, especula gratuitamente con la posibilidad de que antiguos astronautas procedentes de Sirio, visitaran la Tierra en el pasado. Todo, ante las historias de los dioses nommos y también haciendo especial hincapié en la aparente similitud de los axiomas astronómicos sirianos modernos y dogones. Sin embargo este último aspecto tampoco carece de cierta falacia. Pues si bien en los trabajos antropológicos de Griaule y Dieterlen descubrimos la importancia para los dogón de las tres estrellas más relevantes de Sirio, además se apunta claramente que lo consideran un sistema quíntuple estelar, formado por 5 estrellas y un planeta. Dato 100% contrastable en las páginas 311 y 312 de “the pale fox”, la versión inglesa del compendio antes citado. Entonces las críticas de Sagan tienen un grave problema de perspectiva al enfocar la cuestión. Pues a mi entender, difícilmente se puede argumentar que el sistema de Sirio dogón es tan exacto como el que manejan los astrónomos actuales porque hubo un contagio de datos a partir de los años 30… si en realidad, tenemos dos conceptos bien distintos del mismo conjunto de estrellas.

Es más que evidente que Carl Sagan jamás leyó “Le renard palê”, y con ello se perdió la esencia de los conocimientos astronómicos dogón. En caso contrario otro gallo cantaría, pues estoy seguro de que el astrónomo ruso, tan escrupuloso cómo era, hubiera sacado a la palestra muchos otros aspectos relevantes de la controversia y no ha sido así. Por lo tanto, estas críticas deben ser entendidas más como un mensaje dirigido a la especulación de Temple y a los autores que siguieron su estela, y menos como un ataque a los cimientos del folclore recogido por Griaule.

Entonces podríamos concluir que Sagan -a quien admiro y respeto por su buen hacer-, con su “Cerebro de Broca”, explicó muy bien como pudo haberse producido una contaminación de saberes astronómicos por parte de exploradores europeos. Pero otra cosa muy diferente sería qué pasó en realidad. Y al respecto, no aporta nada de nada, que no sea una hipótesis igual de especulativa que la de Temple pero en sentido contrario. Y por supuesto, me refiero exclusivamente al caso de los dogón, al que le dedica apenas algunas líneas. E insisto; si Carl se hubiese centrado en los trabajos de Griaule, el debate debería ser otro.

Pero a pesar de lo dicho quiero seguir enfatizando otros trazos cuanto menos significativos. Y por favor, que nadie se los tome como críticas o ataques a la figura de Sagan. Simplemente son apuntes que demuestran que las cosas no están tan claras en la discusión abierta.

Reclama la atención y resulta muy sospechoso lo que deviene una verdadera paradoja a mi entender. Y es que en su día, Sagan junto a Shklovski, consideraron que la historia de los apkallu posee indicios suficientes como para justificar y formular la hipótesis de que estos relatos podrían estar describiendo una paleovisita de seres extraterrestres llegados de otros mundos. Y luego, con los nommos de los dogón, va y se muestra extremadamente crítico, casi rozando el negacionismo. Es un verdadero sinsentido. Pues los relatos acerca de los nommos contienen los mismos indicios que presentan los de sus homólogos sumerios… y 20 o 30 más. Así que al menos, todas estas leyendas siguen siendo dignas de estudio. Y además, esto se me antoja de nuevo, como otro síntoma de que Sagan no profundizó lo suficiente.
Ciertamente, los dioses instructores de los dogón no exhiben nada en particular que les distinga de otras divinidades similares. Más bien se parecen en muchos aspectos, hasta en el físico. Incluso si cambias el concepto de “apkallu” por “nommo” en sus respectivos contextos, nadie notaría la diferencia. Y de igual forma ocurre con la astronomía dogón. No presenta una gran disconformidad con la ciencia celeste de otras culturas con raíces antiguas.

En conclusión, no veo indicios de que el antropólogo francés manipulara estas narraciones increíbles en el modo al que a este le llegaron… y entiendo que son auténticas. Entonces, considerando que probablemente son milenarias y están plagadas de mitos, casi necesariamente deben contener algún atisbo de realidad merecedor de ser decodificado y tenido en cuenta.

Otras de las controversias con el tema dogón, tuvo a Juan José Benítez, como su principal protagonista, que en uno de los capítulos de la serie televisiva Planeta Encantado,  “Señores del Agua, 2008, intentó poner al día la historia, no sin polémicas de por medio. 

Recordemos que por aquel entonces, el periodista navarro se despechó con una vuelta de tuerca un tanto sombría, plagada de visitantes anfibios, procedentes de Sirio, los cuales, según la visión de Benítez, además de educar a la tribu, debían rendírsele sacrificios de sangre ¿Te identifica la postura de Benítez?

Disfruté mucho con ese documental. Y hasta cierto punto me resulta inspirador. Porque a mí, que soy muy de leer entre líneas, me trasmite la idea de “si quieres respuestas no te quedes quieto, muévete”. Aunque evidentemente esto sea algo bastante subjetivo.

Hecho este inciso, diré que a grandes rasgos, no comparto la postura mostrada por Benítez. Sí puedo estar de acuerdo en que las leyendas de los nommos describen un escenario real, una experiencia real, en mayor o menor grado. No me cabe duda de que los antepasados de aquella gente, algún día, en un pasado remoto, se encontraron cara a cara con lo que ellos entendieron que eran seres extraterrestres. Si lo eran o no todavía no tenemos la certeza.

En lo que tampoco coincido con Juanjo, como he explicado anteriormente, es en la naturaleza siriana de estos seres; no consigo encontrar ningún motivo que me haga pensar que vinieran de allí. Es más, de acuerdo con la tradición dogón, de la que se hace eco Benítez, dichos dioses anfibios llegaron a bordo de sus “arcas resplandecientes” habiendo partido de un astro que durante esos días era visible en el cielo. “Ie Pelu Tolo”, un astro que presenta las mismas características que Nibiru y por lo tanto pienso que se trata del mismo. Un miembro no identificado del sistema solar. Un cuerpo planetario según las referencias de los dogones, pues lo consideran una especie de luna o satélite y, que se deja ver en muy raras ocasiones. En las que para más inri, sus dioses aprovechan para dejarse caer por la Tierra; claro está, siempre según estas indicaciones. ¿Eran los nommos sus moradores? Presumiblemente sí, de acuerdo con lo que se desprende de dichos relatos. E igualmente discutible, para qué nos vamos a engañar…

Educar a la tribu, sacrificios de sangre, etc. Pienso que no son ideas que se puedan coger con tanta literalidad. Se deben de examinar en un marco más etnográfico que otra cosa; lo cual no implica necesariamente la falsedad de aquel encuentro entre hombres y “dioses”. A mí me da que en este punto ya entran en el escenario los juegos de poder que suelen utilizar o han utilizado ciertas religiones u instituciones para instaurar una especie de “temor” del que sólo ellos te pueden liberar. Convirtiéndose así sus hierofantes, en una pieza necesaria para con sus feligreses y, por si fuera poco, adquiriendo una situación privilegiada en el estatus social bastante favorable. Es sólo mi impresión superficial, no tengo ninguna certeza. Con todo, me pareció esclarecedor que el propio Hogón, líder espiritual sobre los asuntos de los nommos, que entrevistaba Juanjo en el documental, vivía muy bien a costa de los demás. En fin, quizá esté equivocado, pero esa sensación es la que me llevé.

Hablemos del diluvio, tema tabú ¿Cómo se conecta Nibiru, con el llamado Diluvio Universal, que algunos sugieren fueron más de uno, así como el posterior descenso de los instructores divinos?

Yo diría algo así como que un gran diluvio, a modo de suplemento, a menudo viene en el mismo “pack” de civilización antigua con dioses instructores y astro sagrado. Lo tienes en Egipto, lo tienes en Sumer y también en el país dogón. Es un tema peliagudo y lo sé. Y para colmo siempre aparece cargado de simbolismo en todas las tradiciones. Por ello conviene separar el grano de la paja en la medida que resulte posible.

No obstante, que en estas tres por ejemplo, aparezca anclado en un marco temporal situado en los alrededores del 3000 a.C., puede indicar que haya algo interesante detrás del mito. No un megadiluvio que borre la faz de la tierra, pero sí algún episodio de lluvias fuera de lo común, y de ahí dicho recuerdo y la necesidad de tejer el suceso en la mitología para retenerlo.

En la tradición dogón además, cronológicamente, primero apareció una nueva estrella en los cielos, mi Nibiru. Luego, antes que desapareciera, tuvieron lugar unas lluvias anormalmente abundantes. Y a continuación, cuando éstas se retiraron, hicieron acto de presencia los dioses instructores. Así que, teniendo en cuenta que debe haber mucho de simbolismo aquí también, se puede especular con la idea de que el diluvio pueda estar relacionado con Nibiru; pues justo en ese momento cuando sucedió, éste brillaba en las alturas.

En efecto, dicho apunte se mueve entre corazonada y presunción. Pero entiendo que, si finalmente se confirma mi hipótesis, podría ser un dato importante de cara la historia del hombre y del planeta. Por lo tanto no hay que desterrarlo.    


Aunque en tus alocuciones  declarás diferencias con la posición emitida por Sitchin, sobre la cuestión anunnakis, en paralelo, promulgás tu propia creencia, en la existencia de vida inteligente dentro de Nibiru, al cual sindicás, como la patria de los instructores divinos. 

Teniendo en cuanta la negación de la Ciencia en cuanto a la cuestión extraterrestre, alegándose la ausencia de evidencias concretas ¿Convalidás, igualmente, esta adhesión?

El principal obstáculo que yo veo para emitir un juicio inamovible al respecto, es que no siempre es oro todo lo que reluce. Pero me voy a mojar igualmente, para eso estoy aquí.

No es en balde que con frecuencia use la palabra extraterrestre en mi discurso y, puedo decir tranquilamente, que lo hago en honor a la verdad. Me explico. A menudo se escucha, desde los sectores más ortodoxos quizás, la idea de que cuando se adjunta la etiqueta de “extraterrestre” a la figura de los dioses instructores del pasado, se está interpretando una situación u contexto que no es tal. Que se hace así simplemente porque ahora tenemos a nuestro alrededor todo esto de la ciencia ficción, la carrera espacial con sus naves, los astronautas y demás. Que la percepción de extraterrestre para un antiguo no existe porque es ajeno a nuestra óptica. En fin, que los que hacen uso de este término están sacando de madre el entorno contextual. Pues… discrepo absolutamente. Al menos en los tres casos que he podido examinar como los nommos, los apkallu y los Shemsu Hor egipcios.

Y lo peor de dicha visión equivocada es que impide acercarse a la verdadera naturaleza de estos dioses instructores que fueron tan importantes para nuestros ancestros. En el mundo antiguo, aunque no se acuñara el término extraterrestre, el concepto si se puede considerar como válido. O cuanto menos muy semejante en esencia del que tenemos en la actualidad: “moradores de otros mundos”. ¿Qué, si no el concepto de un ser de otro mundo podría formarse un sumerio al contemplar un apkallu saliendo de un huevo luminoso caído del cielo?¿Qué, si no un ser de las estrellas iba a ser un “mensajero de Horus” (Shemsu Hor) si Horus es una estrella y sus mensajeros bajaron del cielo? Y en el caso de los dogón que se encontró Griaule, que consideraban a todos los miembros visibles del sistema junto con Nibiru como parte de la misma cosa y, a éste en particular un mundo diferente al nuestro… ¿Qué, si no el morador de otro mundo extraterrestre, e igualmente extraterrestre por extensión, iba a ser uno de aquellos seres que vinieron desde dicho astro (que es la escena que contemplaron) a bordo de sus “arcas resplandecientes” en un remoto pasado? Pues eso, básicamente extraterrestres para los viejos habitantes del Oriente Próximo, Egipto y Malí.

Evidentemente esto no significa que sean auténticos extraterrestres, claro que no, pero así es como los percibieron. Y justo por esa credibilidad que le doy a los antiguos -quizá también demasiado romántica por mi parte-, a sabios como Beroso y Manetón entre otros anónimos que mantuvieron vivas las tradiciones de su pueblo del modo más fidedigno que supieron… terminé impregnándome de la misma percepción. Es por ello que hasta ahora, la posibilidad de que fuesen visitantes extraterrestres se me antojaba como una de las opciones con un buen puñado de posibilidades. Eso sí, siempre sin descartar otras y a falta de más evidencias. Sin embargo, ahora tengo que renovar esta concepción. Ya no los definiría como posibles habitantes de Nibiru exactamente. Pienso que son otra cosa bien diferente.

Aunque no tenga nada que ver con este cambio de perspectiva, lo que diga la ciencia siempre es importante; intento tenerla presente en la misma medida que mantener alejados los dogmas. En el fondo tanto la ciencia como cualquiera de nosotros somos víctimas de nuestro tiempo, el momento que nos ha tocado vivir, y por tanto, limitados en nuestras deducciones a lo que conocemos o creemos conocer. Lo que hoy es rojo puede que mañana sea verde por culpa de un nuevo descubrimiento. Así que gusto de mantener las puertas abiertas a cualquier posible cambio de paradigma en este sentido.

Claro que la ciencia debe ser precavida en los juicios que emite y, más obvio resulta si cabe, que con certeza no sabemos nada todavía de lo que pueda haber ahí afuera. Ni siquiera en un lugar tan cercano como Marte, pues apenas hemos enviado cuatro chismes para allá. Queda mucho por aprender y conocer, empezando por la Tierra. Porque ni siquiera aquí está todo explicado. Yo por mi parte, sólo intento no limitarme por los parámetros que me resultan demasiado rigurosos e inflexibles. O sea, que aunque la probabilidad de que exista vida extraterrestre inteligente en el sistema solar resulte baja lejos de nuestro planeta, entiendo que este dato no es un factor decisivo.
Pero volvamos a los dioses instructores que en el pasado se revelaron como habitantes de Nibiru. Y para ello asumo la certeza, a nivel de experiencia vivida, de lo que nos cuentan por ejemplo los dogón -y que presenta multitud de paralelismos con el resto de peripecias de otros dioses instructores-. Como decía, estoy seguro de que justo eso es lo que entendieron basándose en lo que vieron. Pues de un astro partió un arca luminosa que transportaba a sus dioses pisciformes en el interior. Seguramente todos lo creeríamos si hubiésemos presenciado el suceso. A ojos de los antiguos ¿de dónde iban a ser aquellas entidades sino del astro de donde provenían aquellos “luminosos vehículos” que los traían en su interior? 

Mas a medida que he podido adentrarme un poco en lo que denominamos ufología, cosa que antes no había hecho, me he percatado del alto grado de semejanza que presentan las narraciones de los dioses instructores venidos del cielo con las de los testigos actuales que se han topado con ovnis y humanoides. Es formidable el parecido en el modus operandi. Entonces ¿podría haber una relación?

De ufólogos como José Antonio Caravaca, Miguel Pedrero o Marcelino Requejo, y los cito porque encuentro muy cercanos y acertados sus argumentos, uno puede formarse una ligera idea de algunos hilos invisibles que se mueven por detrás del gran teatro ovni. Un fenómeno que no tiene porqué ser precisamente extraterrestre y para el que todavía no tenemos una respuesta o definición científica definitiva, entiendo, que lo explique de forma satisfactoria en todos los casos. Aunque sí parece presentar un componente externo a quien lo sufre, ajeno ser humano. Y a menudo interactúa con éste.

Entonces, a día de hoy y con los elementos de juicio de los que dispongo, considero que la verdadera naturaleza de los dioses instructores de antaño se corresponde con la casuística del binomio ovni y humanoide. Y por lo tanto, más cerca de lo paranormal o no explicado que de lo extraterrestre. Sólo que como telón de fondo y por aquel tiempo pretérito, además, una estrella extra cruzaba los cielos. Después, me imagino que todo quedaría confinado a lo sagrado y de ahí sus lazos de unión aparentes.       

Te tomó siete años dar cuerpo a “Nibiru, sino existe habrá que inventarlo”, el cual fue desarrollado no desde un punto de vista académico, al carecer de los títulos de grado, sino desde la posición de un meticuloso observador, y recopilador de datos, que finalmente alcanzó su frutos ¿Cómo sentís fue recibido tu trabajo, a pesar de tus propias limitaciones en la materia?

Ha sido una etapa muy productiva e interesante en lo personal. No hay nada mejor que poderse sumergir en lo que a uno le apasiona. Y yo, me siento muy afortunado de haber disfrutado de esta oportunidad.

Durante ese periodo, lo que al principio empezó como un mero hobby, poco a poco creció hasta llegar a convertirse en parte de mi vida, transformándose al final en libro: “NIBIRU. Si no existe habrá que inventarlo”.

Mis limitaciones a nivel credencial han resultado ser una ventaja a la hora de investigar. No sólo me he librado de tener que jugarme mi carrera, como le habría pasado a muchos tipos de profesionales si hubieran publicado un trabajo como el mío, sino que también, me han permitido acercarme desde algunas ópticas un tanto menospreciadas en el presente. Pues aparte de haber flirteado con las más científicas historia, astronomía, antropología… también he hecho uso del estudio de los símbolos, la astroarqueología, entre otras.

Todavía es pronto para medir el impacto de estas labores. No obstante, el trabajo realizado contiene muchos elementos y matices capaces de alterar la visión clásica que se tiene del pasado y sus protagonistas. Ello dependerá de si la sociedad aprueba o no mis criterios. Pero, como se invocaba en época clásica al alcanzar un punto de no retorno… “alea jacta est”, la suerte está echada. He hecho y seguiré haciendo todo lo posible para resaltar algo que me parece importante que se conozca. El desenlace queda encomendado al tiempo.

Lo que sí puedo asegurar por mi propia experiencia y desde que publiqué “Nibiru”, es que existe un fuerte interés de mucha gente por esta cuestión; eso se nota. Y lo evalúo como algo muy positivo, porque significa que las personas nos seguimos haciendo las típicas grandes preguntas que vienen incomodándonos durante milenios ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? y ¿a dónde vamos? Así que me alegra ver que “no estamos solos” los que intentamos aportar nuestro granito de arena al respecto.  

Pregunta final ¿qué le recomendaría Samuel García Barrajón, a todos aquellos que se inician en estos misterios?

Que contrasten siempre la información atreviéndose a vivir la investigación en primera persona, porque resulta muy gratificante. Si ya los misterios nos fascinan con ese halo un tanto mágico que emanan, el ponerse a realizar pesquisas dirige a un nivel superior de encantamiento. Lo bonito de hacerse preguntas y ponerse en marcha tras la pista, es que las respuestas siempre terminan llegando, generalmente con sorpresa. Eso también es un misterio.

Y por supuesto amigos lectores, les recomiendo leer Nibiru y visitar a menudo Crónica Subterránea. Su curiosidad lo agradecerá. Un saludo.




Samuel García Barrajón
Infinitas Gracias!


Véase:
Samuel García Barrajón
Site: http://www.mdmisterio.com/

2 de julio de 2013

Jason Colavito - Antiguos Astronautas - Entrevista Exclusiva - Débora Goldstern

Jason Colavito
Antiguos Astronautas
Entrevista Exclusiva
Débora Goldstern©

Jason Colavito


Desde hace tiempo Crónica Subterránea viene dando cuenta de las excesivas libertades que programas como Ancient Alien, divulgan acerca de la presencia extraterrestre en la antigüedad, la cual adquiere en Sudámerica su máxima expresión.

Es por eso que esta vez convocamos para una entrevista, a un destacado autor norteamericano, Jason Colavito, el cual a través de su sitio, viene realizando una tarea titánica en contra de este modelo, el cual para nosotros se revela como una forma de dominación imperialista, y necesario de alertar.

Graduado con honores en la Universidad de Ithaca, New York, donde obtuvo un grado en Artes, Colavito se especializó además, en antropología y periodismo, así como en ciencias sociales y del comportamiento. Con varios libros publicados, Colavito es tenido como un autor de prestigio, consultado regularmente por importantes museos, así como de varios medios especializados, que lo consideran un pionero en “la exploración de las relaciones entre ciencia, pseudociencia y ficción especulativa”.

Atienda el lector!

¿Cómo se inicia Jason Colavito, en el estudio de estos misterios?

Cuando yo era un niño en los años 90’, encontré una copia del “El Oro de los Dioses” de Erich Von Däniken sobre la estantería de mi padre, del cual leí su contratapa. Fue el primer libro que leí acerca de estos temas, y aunque yo me había enterado de muchos misterios antiguos, y no teniendo a mano un trabajo mejor, profundicé seriamente en su contenido. Rápidamente leí otros libros viejos encuadernados en rústica, también de Von Däniken, gastando 25 centavos por cada ejemplar usado. Luego conocí a Graham Hancock y otros autores. 

Años más tarde, me inicié en el conocimiento de los errores, elaboraciones, y fraudes que ayudaron en la fabricación de tantos “libros de misterios antiguos”. 

Y aunque dejé de creer en ellos, nunca perdí mi amor sobre la historia antigua, la real ...!


La irrupción del nuevo milenio supuso el regreso de una vieja hipótesis, muy de moda en los años setenta, la cual basa sus creencias en la visita de antiguos astronautas  en el pasado de la Tierra ¿A qué atribuís la vuelta de esta tesis, considerada por muchos académicos como desterrada por la Ciencia Oficial?

El descontento con la historia oficial no se marchó nunca realmente, aún después que en los años 70’ finalizara la moda de antiguos astronautas. En cambio, formas diferentes de historia alternativa surgieron, en gran parte, centradas en la perdida civilización atlante. Estos tipos de creencias pseudoscientíficas, tienden a alternarse en oleadas, donde la creencia en antiguos astronautas, va y viene una y otra vez. La actual moda de los alienígenas ancestrales, se debe en gran parte a los programas de televisión estadounidense "Ancient Aliens", provocando un aumento en la demanda de audiencia, que supuestamente da espacio a personas que presumen de un conocimiento "oculto" el cual las élites buscarían "suprimir", las mismas élites, que sólo habrían tenido un accidente con el derrumbe del sistema bancario, aunque actualmente resultaron beneficiados con el sufrimiento de la gente común. Los extraterrestres, en ese sentido a igual que los ángeles, sirven como escape para una gran mayoría de público, que creen serán ayudados por estas entidades, en su lucha contra estas mismas élites, consideradas políticas y financieramente corruptas.

Aunque son muchos los países que actualmente llevan adelante un proceso de desclasificación pública de sus archivos Ovnis,  los Estados Unidos aún mantiene cierta prudencia en cuanto a la liberación de información, sin pronunciarse sobre el fenómeno extraterrestre como un factor posible. Sin embargo, History Channel, desde hace unos años promueve una política muy agresiva en cuanto al tema, especialmente a través de programas como Ancient Alien, donde lo extraterrestre juega un papel destacado ¿Cuál crees sea la razón de la posición adoptada por History Channel, que claramente difiere con la visión gubernamental sustentada por los Estados Unidos

En Estados Unidos, los operadores de televisión por cable no están regulados o controlados por el gobierno, por lo que su línea editorial no tiene nada que ver con que el gobierno apruebe su contenido. He buscado los archivos del gobierno de Estados Unidos, relacionados con las investigaciones de los antiguos astronautas desde hace varios años, y todos los documentos que he encontrado, muestran que el gobierno de EE.UU. no tenía interés alguno en los antiguos astronautas, yendo tan lejos como para tratar de convencer a Erich von Däniken, que dejara de ofrecer consejos no solicitados a Pte. Gerald Ford. Al History Channel no le importa si los extraterrestres son reales, o si la presunta conspiración del gobierno para ocultarlos es real, su objetivo es producir programas, que una gran porción suficiente de la audiencia televisiva quiere ver, y las teorías de conspiración justamente disparan una audiencia considerable.

Como estudiosa desde hace catorce años acerca de los misterios andinos, y sus antiguas civilizaciones, miro con estupor como esta intervención extraterrestre es exacerbada por programas como el citado, donde Sudamérica y sus enigmas son resueltos a través de esta mirada, la cual considero distorsionada, así como grave por sus implicancias. Luego de Egipto, no cabe duda que esta parte del continente, es la más perjudicada por esta corriente, dominada por la tesis estelar ¿Qué reflexión te merece esta inquietud?

Todos en el mundo debería estar preocupado, por el daño hecho a la prehistoria de América del Sur, acerca de las afirmaciones realizadas sobre visitantes extraterrestres en su pasado remoto. Se degrada los logros de los pueblos de América del Sur específicamente, así como de  todos los seres humanos del mundo en general. También socava la voluntad de investigar la historia real y magnífica de América del Sur.

Tu blog destaca por una sección, donde se pasa revista a cultores del género extraterrestre en forma crítica, siendo que algunos de los mismos, se encuentran participando de Ancient Alien ¿Qué opinión te merece el programa?

El canal de la historia no está en el negocio de informar la verdad. Ellos están en el negocio de producir entretenimiento. Pero también es importante tener en cuenta que History Channel no produce Ancient Aliens, éste compra el programa a una productora del exterior, Prometheus Entertainment, que son los verdaderos responsables por el contenido de la exposición. History Channel no hacen Ancient Aliens, sino que transmiten lo que Prometheus Entertainment les da.

Una de las historias que involucró al patriarca suizo, es la referida a la Cueva de los Tayos, popularizada en El Oro de los Dioses, y la cual fuera presentada en un capítulo del 2010, Underground Aliens. Como llevo investigando mucho tiempo acerca del tema, tenía curiosidad por conocer que se iba a mostrar al público, finalmente sintetizado como un refugio subterráneo para extraterrestres, además de la omisión de uno de sus protagonistas principales, Juan Móricz, a quién se evitó mencionar. Recuerdo que ante mi indignación por el programa, claramente desvirtuado en todos sus aspectos, me comuniqué con uno de los participantes del mismo, Philip Coppens, el cual hace poco falleciera. De forma arbitraria ante mis requerimientos, me dijo que Daniken digitó todo el envió, vetando incluso la figura de Móricz, debida a la controversia desatada años antes, que provocó su primera caída pública. Además de estas anomalías, el programa no hacía eco de ninguna voz latinoamericana, lo cual igualmente no me sorprendió ¿Cuál es tu opinión sobre este programa?

Ancient Aliens no está diseñado para ser justos o presentar múltiples perspectivas sobre un tema. En su lugar, está diseñado como un vehículo de entretenimiento, uno, donde los productores voluntariamente y sin mediar reparos, manipulan entrevistas para adaptarse a una narrativa predeterminada. Esto significa que las opiniones discrepantes, incluso las de otros investigadores en arqueología alternativa, así como de divulgadores, se le dan masajes para ajustarse a las ideas de von Däniken, o eliminarse por completo con el fin de crear un espectáculo que ofrece la no-ficción (nota: no es "true") entretenimiento.

Hace pocas semanas pedí entrevistar a David Hatter Childress, autor que conocía por su único trabajo traducido al español, Las Ciudades Perdidas de Lemuria, el cual sin embargó mantuvo silencio ante mi solicitud. Tengo entendido tuviste algunos problemas con Hatter Childress, por exponer en público algunas contradicciones que viene mostrando en su labor como divulgador de misterios, opiniones, las cuales decís, vienen siendo alteradas según la oferta de mercado.

Cuando escribí mi primer libro, El culto de dioses extranjeros, describí a David Childress como un teórico de los Antiguos Astronautas, oponiéndose con vehemencia a la denominación. También se negó a hablar conmigo porque Giorgio Tsoukalos, que entonces era el representante de Erich von Däniken, le dijo que yo tenía malas intenciones. Childress, en aquellos años, se veía a sí mismo como un creyente de civilizaciones perdidas y no de los extraterrestres, a pesar de haber escrito un libro acerca de artefactos alienígenas en la Luna. Escribió además libros en los que arrojó agua fría sobre las ideas de astronautas en la antigüedad, y Erich von Däniken en particular. Una vez que Ancient Aliens se hiciera popular, y él comenzara a aparecer en el programa semanal, de pronto sus opiniones anteriores se revirtieron, y ahora está promoviendo descaradamente a los Astronautas en la Antigüedad, como el origen de la civilización.

Pasemos al niño prodigio de Legendary Times, Giorgio A. Tsoukalos, quién inexplicablemente pasó de Licenciado en Comunicación de la Información Deportiva, a estrella de Ancient Alien, donde se muestra como un versado en todas las materias, no ruborizándose ante la falta de mayores acreditaciones ¿Qué te provoca escucharlo?


Giorgio A. Tsoukalos se ha convertido en una celebridad por sí mismo, debido a sus apariciones en televisión, a pesar del hecho de que él no posee un título en Historia o  Arqueología (y se enorgullece del eso!) Y el hecho de que nunca ha escrito un libro o un artículo de fondo sobre su tema predilecto. Su obra más larga y sostenida sobre antiguos astronautas es una "vertiginosa presentación en power point sobre Dioses o  Astronautas Antiguos. Audiovisuales, que él presenta en conferencias, eventos y charlas pagas. Tsoukalos y yo fuimos a la misma universidad, y no puedo imaginar cómo pudo pasar por un programa completo de cuatro años, y salió sin ninguna comprensión real de cómo realizar investigaciones argumentadas, y las funciones que éstas tienen.

No puedo dejar de preguntarte por Zecharías Sitchin, que aunque fallecido, sigue teniendo una ascendencia muy grande entre los internautas, seducidos por los inefables Anunnakis, aunque haya confundido el “sumerio con el acadio, y arameo con hebreo”.

Zecharia Sitchin se convenció a sí mismo que tenía una visión única de las lenguas antiguas, lo que le permitió combinar diferentes lenguas a voluntad, lo cual generaba la creación de cualquier palabra que necesitara, para así apoyar sus ideas. Es preocupante ver que Sitchin, que era de origen judío, imaginó extraterrestres que eran esencialmente los estereotipos antisemitas: "una élite sanguinaria y hambrienta de oro, la cual confinó al hombre en un guetto, conspirando además para gobernar al mundo en secreto".

Hace poco comenzó a emitirse un nuevo programa, Enigmas Revelados, donde un geólogo forense, Scott Walter, se presenta como un buscador de rarezas históricas norteamericanas, siendo el lema del programa “la historia no es como la contaron”, lo cual me vuelve a confundir, teniendo en cuenta la política conservadora que entiende aún prevalece ¿Estamos ante una apertura en la materia, o más de lo mismo?
  
Es importante entender que en los Estados Unidos, los programas de televisión por cable, se dirigen a una variedad de audiencias. El cable no está controlado por el gobierno, por lo que es libre de ofrecer programas de diversos puntos de vista ideológicos. “Enigmas Revelados”, con Scott Wolter, ofrece una interesante mezcla de ideas religiosas liberales, e ideas sociales conservadoras. En general, se trata de un neumático recauchutado sobre la antigua idea del difusionismo eurocéntrico, el cual busca por todas las maneras atribuir el legado de los nativos americanos, a los blancos procedentes de Europa. Por otro lado, también presenta una visión religiosa liberal de un cristianismo alternativo centrado en María Magdalena y la "divinidad femenina", que creo refleja en parte, la crisis espiritual causada por el declive de la religión organizada, y su creciente identificación con la política conservadora.

El año pasado tuve oportunidad de entrevistar a Christopher Dunn, quién postula una tesis controversial sobre la construcción de La Gran Pirámide, la cual cree heredera de una “super-civilización”, evitando pronunciarse en nombres. Esto viene al caso porque encuentro similitudes con Graham Hancock, que en su obra La Huella de los Dioses, furor editorial en los años 90’, habla casi de lo mismo, aunque su “super-civilización” se erigió en la Antártida, omitiendo cualquier referencia sobre Atlántida ¿Cómo evaluás la obra de Hancock?

Graham Hancock simplemente reemplazó los extraterrestres de Erich von Däniken por los súper-humanos de la Atlántida, aunque omite el nombre de Atlantis, para hacer un recauchutado de trabajo, similar al que en pasado realizara Ignatius Donnelli, presentándolo ahora, como algo nuevo y fresco. Hancock es un excelente escritor, pero sus ideas se basan en investigaciones viejas y anticuadas, interpretaciones erróneas intencionales, pura ilusión. Hancock admitió recientemente que se le ocurrió la idea de su civilización perdida bajo los efectos de la marihuana, y en la actualidad se considera que el uso de las drogas nos puede conectar a otra dimensión, donde los ángeles o extraterrestres dicen secretos. En este punto, ha ido más allá de los hechos, hacia un mundo de fe cuasi-religiosa. Esto es, en verdad, el secreto de la reciente historia alternativa: Se trata de la misma religión con otro nombre, en busca de la comunión con los dioses antiguos, y razones para creer en los viejos libros sagrados, en un mundo donde la ciencia dice que los milagros son imposibles.

Pregunta final y obligada: ¿qué recomendaría Jason Colovito, a todos aquellos que se inician en el mundo de los enigmas y misterios?

Nunca dejen de aprender! Si se está interesado en misterios antiguos, aprender todo lo que pueda sobre ellos, pero no limitarse a los libros de antiguos astronautas. Hacer un poco de investigación, y ver lo que los estudiosos actuales y arqueólogos tienen que decir acerca de ellos, y si no se pueden encontrar respuestas, pregúntenle a un experto. Muchos arqueólogos y profesores están dispuestos a ayudar!

Jason Colavito

Infinitas Gracias!!!

27 de septiembre de 2012

Un enigma llamado Maldek - Mito, versus, revisionismo histórico - Débora Goldstern


Un enigma llamado Maldek
Mito, versus, revisionismo histórico
Débora Goldstern©


Símbolo del planeta Maldek




Con sus Crónicas de la Tierra, Zecharía Sitchin impuso un modelo de historia revisionista que convirtió a los ignotos Annunakis, en uno de los términos más comentados acrecentado por la era de Internet.

El relato sumerio de estos dioses alienígenas, llegados del planeta Niburu en una época remota, descendiendo en la cuenca mesopotámica oriental (Irak), originó una verdadera fila de creyentes que toman a estas obras legadas por el desaparecido estudioso de origen ruso, como fuentes fidedignas, de una pasado actualmente no aceptado por los cronistas oficiales.

Se hace difícil calcular el impacto que el padre de los llamados Annunakis tuvo en nuestra cultura popular, siendo quizás una de las primeras sagas bibliográficas que más adhesión cosechó desde su aparición en los 70’. Sin embargo, lo cierto es, que hoy día, Zecharía Sitchin constituye un modelo de divulgación comulgado por muchos partidarios, que ven en sus textos, la comprobación de visitantes extraterrestres en nuestro pasado lejano.

No tenemos intención de discutir sobre estas presencias estelares en la antigüedad, ni hablar de sus incursiones, que muchos alegan sucedió en un tiempo donde el hombre aún se encontraba en sus inicios como especie, discusión obligatoria y que de tanto en tanto abordamos en más de una oportunidad en Crónica Subterránea.

Nuestro interés al abordar este artículo, es desarrollar un punto a todas luces “importante” de esta pretendida evidencia de un pasado ignorado, según alega Sitchin en sus escritos, basándonos en su primer trabajo, “El 12º Planeta”, publicado en 1976, el cual es en parte gran responsable de la posterior fiebre “Annunaki”, e iniciador de la saga antes mencionada.

Quizás uno de los capítulos más memorables referido en “El 12º Planeta”, sea el apartado número siete, “La Epopeya de la Creación”, donde Sitchin se explaya en los orígenes de nuestro planeta, al cual hace remontar sus inicios a un desaparecido planeta llamado Tiamat, el proto-génesis terrestre.

Para hacer encajar su tesis sobre Tiamat, Sitchin, citó como argumento la “Ley de Titius- Bode”, que admitía la posibilidad de un hipotético planeta preexistente en aquellas órbitas comprendidas entre Marte y Júpiter, y que en la mitología griega se conoce como Faetón. Sin embargo, este enunciado hoy encuentra rechazo en la comunidad científica que considera caduca aquella idea de hace casi dos siglos, la cual hace tiempo se reemplazó por una nueva hipótesis que encuentra en el “Modelo de Acrecimiento” una evidencia más plausible.  

Además de la controvertida Ley de Titius- Bode, Sitchin, echa mano de la famosa cosmología babilónica, narración de la cual fuera tan afecto, encarnado en el poema Enuma Elish, que algunos no dudan en definir como la fuente bíblica por excelencia.

Sintetizando el pensamiento de Sitchin, Tiamat que en lengua sumeria significa, “la doncella de la vida”, colisionó con un planeta llegado del espacio exterior, que según el sabio no pertenecía a nuestro sistema solar, conocido como Marduk (Niburu), el hogar de los sempiternos Annunakis. Como resultado de aquella catástrofe, Tiamat, se dividió en dos mitades, generando con sus restos el planeta Tierra. Dentro de esta saga cósmica, el Cinturón de Asteroides provendría también de aquella batalla estelar, así como la Luna, antiguo satélite del planeta perdido, y que los sumerios denominaron Kingu. Los cometas, también son contemplados como restos de aquel desgraciado planeta.

Pero si para Sitchin, la saga de Marduk y compañía resuelve todos los misterios cósmicos, acerca del nacimiento de nuestro sistema solar, para nosotros en cambio, la historia de Tiamat es resultado de conceptos míticos poco fundados, que se nutre de datos menos sustentables que los alegados en “El Doceavo Planeta”.

Antes de sumergirnos en Faetón y su trastienda, factor fundamental para comprender el universo elaborado por Sitchin, vamos a remontarnos a otro personaje, alguna vez citado dentro de nuestro blog, evocando un texto de su autoría un tanto olvidado, pero no menos imprescindible, para comprender el mito del supuesto planeta desaparecido.

Vayamos al tema en cuestión.

En 1953 se edita un libro que alcanza gran repercusión en los círculos contactistas, “Other Tongues -Other Flesh”, obra, que no se tradujo al castellano, siendo su mentor “George Hunt Williamson”[i]. De este autor norteamericano, en su momento hicimos nuestro descargo en Crónica Subterránea, y que para más datos fuera el padre del célebre libelo “El Secreto de los Andes”, escudándose en ese escrito bajo el apelativo de Brother Philip, quién a su vez se decía perteneciente a la famosa “Hermandad de los Siete Rayos”. 

Para ser honestos, los apuntes biográficos que en su momento elaboramos sobre George Hunt Williamson, eran de una naturaleza un tanto crítica, por lo cual se hace necesario brindar una lectura más acabada sobre este personaje, que como veremos a continuación, tuvo una influencia fundamental en muchos autores sustentadores de esta teoría, que al parecer optaron por hacer una omisión, en cuanto a la verdadera fuente de la tesis del planeta desaparecido.

Veamos algunos hitos cronológicos que marcan a este estudioso e investigador norteamericano.

En 1947 mientras estudiaba antropología en la University Eastern, New Mexico, en la cátedra del profesor experto en evolución orgánica Dr. James Martin, declaró: “que creía que los dinosaurios se encontraría aún viviendo en dos lugares de la Tierra: América del Sur y Africa”. Aunque su comentario provocó risas entres sus compañeros, el profesor Martin lo secundó admitiendo la posibilidad de supervivencia de reptiles aún en nuestra era. Otra idea que provocó murmullo en su época universitaria, fue cuando propuso que “los antiguos japoneses cruzaron el Océano Pacífico alcanzando Sudamérica”. Y aunque esa idea sonaba demasiada revolucionaria, en 1950 sería una realidad debido a los descubrimientos de los arqueólogos del Smithsonian, Dr Clifford Evan y Betty Meggers quiénes anunciaron “que en la zona de Valdivia, Ecuador fue descubierto un tipo de cerámica datada en 3.200 AC, semejante al producido en Japón en la misma época”. Durante 1961 realizó una observación sorprendente, mientras se encontraba visitando el país nipón, “se dio cuenta que los antiguos Jomon, figuras Dogu que hace miles de años se descubrieron en la Isla de Honshu, eran evidencias de presencia alienígenas en la antigüedad. Las figuras parecían portar trajes espaciales, toma de corriente en las mangas por debajo de los hombros, y en la parte trasera de los cascos, en los cuales había cajas que ofrecían puntos de líneas, probablemente de comunicación”.

Ese mismo año declaró “que exploradores del espacio pudieron haber visitado la tierra en los tiempos bíblicos”, idea, que más tarde florecería bajo el apelativo de Antiguos Astronautas, influenciando a toda una generación posterior.

La tesis extraterrestre de “Las Líneas de Nazca”, también lo tuvieron como precursor, incluso mucho antes de ser expuesta con bombos y platillos por el denominado padre de las visitas alien en la antigüedad, el siempre polémico Erich Von Daniken.

George Hunt Williamson
Pero vamos a detenernos aquí, para pasar a ocuparnos de los enigmas de Maldek, sin abandonar a George Hunt Williamson, protagonista fundamental a la hora de decodificar a Sitchin e incluso autores rusos, quiénes al parecer sufrieron también de amnesia colectiva a la hora de brindar los créditos necesarios, al trabajo legado por el norteamericano en la materia.

Poniendo las cosas en sus lugar.

La idea presentada en Other Tongues – Other Flesh trataba sobre las transmisiones dictadas por los “hermanos del espacio”, que según Wiiliamson lo eligieron como médium para comunicar al mundo, empleándose como técnica de contacto, la escritura automática, tan en boga en aquellos días. En su mayoría los apuntes volcados en el texto, versaban sobre los orígenes de las antiguas civilizaciones estelares y terrestres, así, como de los enigmas aún subyacentes sobre la construcción del Sistema Solar. 

Según las lecturas obtenidas a través de sus mensajeros espaciales, que se materializan en el tercer capítulo de Other Togues – Other Flesh, “Maldek and Malona”, al Tierra debió su nacimiento a un planeta hoy extinto, Maldek, que se destruyó a causa de una conflagración nuclear  y el cual orbitaba entre Marte y Júpiter.
Escribe Williamson: “esto significa que Maldek era un mundo de iniquidad que explotó y se quemó, además de ser un planeta de nuestro sistema solar que contaminó todos los demás planetas, debido a su maldad, Maldelk (la lengua) prendió fuego su vórtice, el poder de su nacimiento y ser, y por lo tanto fue incendiada en estado invisible … porque Maldek libera el poder del hidrógeno terrible y lo redujo así, a un estado invisible”.

En otro párrafo se lee: “en nuestros contactos con inteligencias espaciales en el norte de Arizona, al planeta Lucifer es referido siempre como Maldek, y a su luna, Malona”.

A semejanza de Sitchin en sus Crónicas de la Tierra, la narración de Williamson también se nutre de pasajes bíblicos seleccionados, los cuales supuestamente evidencian la “catástrofe que acabó con Maldek”.

“El Antiguo Testamento está literalmente lleno de referencias al final del planeta conocido por los antiguos de la Tierra como Lucifer, y que las inteligencias del espacio exterior denominan Maldek (lengua plateada)”. (A los cuales hay que agregar citas enteras de versículos de comentaristas como Isaías, Santiago, Josué, así como del Éxodo, durante el período de Moisés).

Además de Maldek, Williamson proporciona datos más que sugestivos sobre Marte, adelantándose a una discusión de más de treinta años, en cuanto a la artificialidad de los satélites del mismo.

“¿Recuerdas lo que nos dijo Zo:” … Después de la destrucción de Maldek-Lucifer, hubo terribles desastres en Masar (Marte) Grandes erupciones volcánicas ocurrieron. Muchos de los nuestros perecieron. Marte, literalmente, entonces, se convirtió en un horrible, furioso, dios flameante”.

“Evidentemente la gente de Marte sabía lo que venía por lo que construyeron los dos satélites artificiales llamados Fobos y Deimos. Estos dos objetos se llamaba así (Miedo y Pánico) para los que fueron creados en un momento de gran temor, no solo en Marte, pero en la Tierra también, y ciertamente había pánico como Isaías nos ha mostrado”.

Agregando: “Las lunas son equilibradores de planetas con los que están conectados”.

Una diferencia que se establece luego de examen de “Other Tongue – Other Flesh”, enfrentado al “EL Doceavo Planeta” de Sitchin, queda evidenciada en una línea tomada del primero: “cabe señalar aquí que la palabra Marduk pudo haber venido de Maldek”. Toda una declaración de principios.

Y vuelvo a repetir que estamos hablando de un texto editado en 1953, veintiséis años antes que Sitchin presentara su famosa tesis alienígena! Buceando en la interminable bibliografía de la cual hace alarde “El Doceavo Planeta”, no encontramos referencias a “Other Tongue – Other Flesh” dentro de la lista, sin embargo, teniendo en cuenta las semejanzas entre ambos “abordajes”, se nos hace imposible pensar que Sitchin desconociera el mismo, aunque suponemos se guardó muy bien de hacerlo público.

Lo mismo pensamos de otros sabios rusos, quiénes también decidieron silenciar a Williamson en cuanto a su importancia en el mito de Maldek, a quiénes los soviets rebautizaron como Faetón.

Veamos.

Alexander Petrovich Kazantsev
Se cree que fue Serguéi Orloff quien bautizó al planeta perdido como Faetón (brillante-radiante), término basado en un mito griego que narra como el héroe sufre un accidente al remontar su cuadriga, con tan mala suerte, que termina incendiando la Tierra. Así como el Maldek de Williamson quién lo vincula a Lucifer, resplandeciente estrella expulsada de los cielos, Faetón, también se nutre de esa asociación, enrolándose en la leyenda de los “caídos que se rebelaron contra dios”. Más tarde Alexander Zavaritsky siguió la línea de Orloff, clamando que “ los restos de asteroides pertenecían a un planeta semejante a la Tierra, que tenía un núcleo de hierro en estado de fusión, un interior rocoso así como una superficie de montañas y océanos, rodeados por una atmósfera, resultando condiciones ideales para el desarrollo de la vida”.  Pero sería Alexander Petrovich Kazantsev, quién verdaderamente resucitaría el enigma de Faetón.

El que más tarde se convertiría en adalid del affaire Tunguska, nació en Akmolins, Rusia, en 1906. Graduado en la Universidad Politécnica de TOMSK como ingeniero electromecánico, trabajo muchos años en la planta metalúrgica de Beloretsk, región de región Bashkortostan. Estudios posteriores lo llevaron a incursionar en la literatura de ciencia ficción, llegando a obtener premios como escritor por algunos de sus ensayos. Ejerció como ufólogo, y fue uno de los pioneros en la divulgación de visitantes alienígenas en la antigüedad. En 1946 se dio a conocer a nivel mundial por sus aseveraciones acerca de lo ocurrido en Tunguska, afirmando que una nave de origen espacial se estrelló en la estepa siberiana, causando una violenta explosión de proporciones termonucleares que arrasaron con la zona. Fallece en el 2002.

Además de ocuparse de los enigmas de Tunguska, cuyos aportes le granjearon la simpatía de la comunidad ufológica de los 70’s, Kazantsev, también se interesó en un tema que con los años convirtió en obsesión, la búsqueda del planeta perdido.  Como una forma de exorcizar sus ideas, en 1974 publica “PHAETAE”, que también se conoció como “La Destrucción de Faena”, donde especula que el planeta fue habitado por una civilización avanzada, que luego de una violenta destrucción de origen nuclear, sus supervivientes deciden refugiarse en la Tierra, influenciando a las razas prehistóricas del pasado, al cual llamó Instructores.

Un año después de dar a conocer su novela, Kasantsev, acompañado por algunas autoridades rusas de prestigio, el profesor Yevgeny Krinov, jefe del Comité Científico de Meteoritos, y Félix Ziegel, profesor de Cosmobiología del Instituto de Aviación de Moscú, vuelva a la carga con Faetón, señalando en exclusiva mundial: “ que aquel fue un planeta, el cual se cree alguna vez orbitó entre Marte y Júpiter, destruido en la antigüedad por una explosión termonuclear, desencadenada por una avanzada raza de humanidades en el área del actual cinturón de asteroides”.  Paralelamente a este enunciado tan contundente, Kasantsev también se arrogaba haber puesto de moda el misterio de las estatuillas de Japón, que databa en 8.500 años, rematando: “son los astronautas de Faetón”.

Hagamos un alto y practiquemos un ejercicio de memoria.

No hace falta demostrar que Faetón, es la reencarnación de los postulados de Maldek, enunciados por George Hunt Williamson en Other Tongues – Other Flesh, que encima especula con una explosión “termonuclear producida por una bomba de hidrógeno”. Pero si estas pruebas no son suficientes para establecer la paternidad de la criatura, vayamos entonces al asunto de las estatuillas japonesas reivindicadas por Kasantsev. Según sabemos en la década de los 60’, Williamson estuvo en Japón, siendo en ese país donde tomó contacto con estas figuras que más tarde asombrarían al mundo.


Estatuillas Dogu


Está probado que dos años después, en 1962, el norteamericano envió fotografías e informes de sus observaciones al ruso, quién ese momento ya era “consultor del programa espacial soviético”. Se dice que éste contestó a su misiva diciéndole que las “fotografías eran muy interesantes”, a las cuales catalogó de suma importancia. Para 1963 Kasantsev publica su famoso ensayo sobre el misterio de las estatuillas Dogu, cuidándose muy bien de mencionar a su misterioso benefactor, el cual como sabemos, fue eludido una vez más en la redacción de los créditos.

¿Pudiera ser que la alegación de contactos con entidades estelares por parte de Williamson, jugaran en contra del reconocimiento por parte de sus pares? Sea cual fuera la razón, el mito de Maldek-Faetón-Tiamat definitivamente no empezó con Sitchin, ni tampoco con Kasantsev, sino que nació de la mente de un contactado, que en 1953 escribió "Other Tongues – Other Flesh".


Bibliografía:

Gris; Dick. Phaeton, el Planeta Desaparecido.
En: Revista Planeta, ago-1979, nº 83

Martinelli, Maurizio. George Hunt Williamson - Michael D’Obreno: The herald of the encounter among Father and Sons. 2009.

Sitchin, Zecharia. El Doceavo Planeta, Barcelona: Obelisco, 1976.

Williamson, George Hunt. Other Tongues – Other Flesh, 1953




[i]  “George Hunt Williamson, 1926-1986, conocido como uno de los primeros contactados en la naciente ufología. Salido del riñón de George Adamsky, Williamson inició sus actividades a través de la escritura automática y la ouija, medios de los cuales se valía, para proclamar sus controvertidos mensajes, que decían los hermanos del espacio le entregaban. Su camino sudamericano se cruzará a través de otra mística, Sister Thedra, (Marion Dorothy Martin), de la cual tomará toda su producción intelectual, la cual nunca le perdonará tamaña infidencia. Civilizaciones desaparecidas, razas de gigantes, órdenes esotéricas secretas, son la base que volcará en su trabajo, convirtiendo al Secreto de los Andes en un texto clásico en su género. El currículum de Williamson, también conocido bajo el apelativo de Michael D 'Obrenovic Obilic Von Lazar, cuenta además con algunos signos oscuros, como su afiliación a los movimientos neonazis norteamericanos, asi como el controvertido culto fundado por Guy Ballard, I’M (Yo Soy)”.

Faetón: el hijo del Sol 
Cortometraje de animación de los estudios Soyuzmultfilm, 1972