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16 de mayo de 2011

Hayumarka, la puerta del misterio Primera Parte Débora Goldstern

Hayumarka, la puerta del misterio

Primera Parte

Débora Goldstern©

Cuando en el 2010 iniciamos después de doce años el periplo andino, la Puerta de Hayumarka, en la región de Puno, fue uno de los destinos obligados y una de nuestras metas principales, al planificar la agenda de Perú. De esta construcción enigmática teníamos recolectado tan solo un informe, publicado en Crónica Subterránea en su oportunidad, que remitía a la experiencia narrada por el investigador chileno, Camilo Valdivieso.

En la búsqueda de datos adicionales acerca de esta misteriosa puerta ciega, como también se la denomina, encontramos que nadie tenía idea del real significado de Hayumarka, cuya arquitectura parecía vincularse con las ruinas ciclópeas ubicadas en Sacsahumán. Una de las preguntas que a esta escritora rondaba, era si esta edificación podía tener una conexión subterránea, sospecha que para quién escribe estaba más que fundada como ya veremos a continuación.

Alejándonos de la leyenda que circula sobre Hayumarka, tramos de buscar alguna vinculación que la historia local parecía negarle. Desgraciadamente durante nuestra visita en situ, los guías nativos fueron incapaces de resolver nuestras dudas. Al parecer Hayumarka se resistía a revelar sus secretos, erigiéndose como un acertijo que el tiempo parecía perpetuar.

Como señalamos la conexión subterránea adquirió sentido al percatarnos que Hayumarka se encontraba al otro lado del Lago Titicaca, en Bolivia, donde sabemos se asentó una de las civilizaciones madres Tiahuanaco. ¿Pero existía algún tipo de relación o tan solo una presunción poco fundada?

Este interrogante solo pudo ser parcialmente dilucidado a nuestro regreso a Buenos Aires, cuando descubrimos en un viejo texto de la investigadora francesa, Simone Waisbard, “Tiahuanaco: diez mil años de enigmas incas”, 1975, lo siguiente:




“El enigma de las chinkanas subterráneas"

Desde la conquista española no hay ningún aymará ni quechua que no crea firmemente que largos chinkanas secretos, unían bajo tierra, al lago Titicaca, cuna de los incas, con Cuzco, la ciudad ombligo del Imperio Tahuantinsuyo. Según la tradición popular, estos túneles saldrían de la Isla del Sol para terminar en el espléndido Coricancha, Templo del Sol de maravillosos jardines poblados de árboles, de pájaros, de animales y de personajes de oro puro, "andeza natural ... ¿Leyenda o realidad? Los arqueólogos peruanos que he consultado, que son los más indicados para saberlo; no quieren ni negarlo ni confirmarlo. Conozco a quiénes han reconocido haber jugado de niños en estos oscuros y peligrosos chinkanas en los que muchos buscadores de oro murieron asfixiados. Otros salieron locos: o mudos de terror. Existen todavía, probablemente intactos, numerosos laberintos escondidos como estos. La mayoría de los conquistadores los mencionaron, Garcilaso de la Vega, usualmente tan mesurado en sus escritos, insiste en su importancia. Cieza de León observó "junto a una muralla muchos agujeros y cuevas subterráneas". Cristóbal de Molina dice que: Manco Cápac pudo haber seguido esta galería subterránea desde la isla de Titicaoa hasta Cuzco. El gran viajero francés Alcide d'Orbigny observó el siglo pasado que "por todas partes se ven entradas subterráneas". ¿Exagera? Su émulo, el sabio austriaco Tschudi describe a su vez "toda la región atravesada por caminos subterráneos que se agrandan en algunos lugares para formar grandes salas cuidadosamente construidas". Parece ser que visitó fragmentos en un lugar a dos leguas de la ciudad muerta. "Todas las entradas están obstruidas", precisa, "y los indios sólo conocen algunas".

Bartolomé Mitre pone mucho énfasis en su descripción. “Al oeste, no lejos del Palacio", cuando él pasó acababan de descubrir "la entrada a una construcción enlosada por todas partes y las losas tenían un espesor de medio metro ... " Sin embargo, Mitre duda en definir. ¿No son más bien de "algún acueducto destinado a llevar agua por derivación de una de las cimas más próximas y elevarla hasta la cumbre del montículo del Akapana o quizá para construir una fuente en el .palacio de Kalasasaya"?

Si se cree a este autor, los tiahuanacos eran "una raza dotada de una rara aptitud para la hidráulica". Se basa para ello en que en las ruinas se encuentran muchas piedras excavadas en forma de tubos que unidos formaban canalizaciones. Mitre insiste en que los indios de las partes alta y baja del Perú son "hidráulicos por instinto". "Con los medios más primitivos", dice, "conducen agua a través de las montañas, calculando a simple vista la inclinación necesaria, midiendo con el pie el volumen cúbico de agua corriente en un tiempo determinado ... Varias veces, indica, al viajar de noche, el indio que me servía de guía me decía la hora exacta únicamente viendo la cantidad de agua que corría por el badén".

Esta ciencia hidráulica efectivamente la poseían los incas. Los descubrimientos de Hiram Bingham en Machu-Pichu, las de Paul Fejos en las tres ciudades desconocidas durante mucho tiempo que están más arriba de la "Ciudad Perdida de los incas", la exploración reciente de Vilcabamba la Vieja hecha por el norteamericano Gene Savoy, han demostrado la maestría perfecta de los ingenieros de Cuzco en el manejo del agua corriente, tanto para fines útiles como decorativos o ceremoniales.

Los incas que heredaron el genio de los tiahuanacos, ¿aprendieron también de ellos estos conocimientos hidráulicos? Es casi cierto que el subsuelo de Tiahuanaco por una parte y de Cuzco por la otra, están perforados por misteriosos túneles empedrados.

Los indios de Tiahuanaco dicen que los chinkanas están a un metro bajo tierra y a veces incluso a cuatro por lo menos. Uno de ellos me aseguró que "la gran chinkana del inca que va a lo largo del lago Titicaca, pasa por Puno y por Cacha, donde se detuvo Viracocha antes de llegar a Cuzco". También me contó lo que le había sucedido hacía algún tiempo a un cura de Puno, que se extravió debido a los espejismos traidores que hacen flotar sobre la alta meseta árboles, rebaños, siluetas humanas y lagos inexistentes. El cura creyó oír agua corriente bajo sus pies. Se agachó para escuchar mejor, perdió el equilibrio y cayó. Se golpeó la nuca con una piedra y perdió el sentido. Cuando volvió en sí" comprendió que había caído por el agujero de una losa desprendida disimulado por una capa de tierra dura y costrosa por la sequía. Se encontraba en el fondo de un subterráneo, en una trampa. Pero el agua corría por una atarjea paralela al camino enlosado que barría un viento helado. Si lo seguía ¿podría llegar al aire libre? El infeliz sacerdote rezó para no fracasar marchando así a ciegas y llegar a Cuzco, a cuatrocientos kilómetros por lo menos, como lo pretendían los aymarás. Avanzando a tientas, tropezando con montones de piedras derrumbadas que obstaculizaban el paso, con miedo a la asfixia y a morir enterrado vivo en la chinkana, buscaba los rayos de luz de los ventiladores que se repetían de vez en cuando. Pero muchos estaban obstruidos.

Llegó a un puente pequeño, también subterráneo que pasaba por encima de la atarjea. Una semiclaridad le devolvió la esperanza .... Algunos metros más en la penumbra y chapoteando en el agua, el cura salió ¡a la playa del lago Títicaca!”


















































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25 de febrero de 2009

Hayumarka - Una Puerta Dimensional

CAMILO VALDIVIESO
PUERTA DE ARAMU MURU


Dos de los países andinos donde la presencia del mundo subterráneo emite señales muy claras, son Bolivia y Perú. De este último, cuna del reino inca por excelencia, la existencia de túneles que recorren sus tierras es un hecho preciso y documentados, no sólo en crónicas antiguas, sino por exploradores que en sus incursiones, dieron cuenta de esas construcciones.


Hay quién considera que sus ramificaciones se extienden hacia Bolivia, Ecuador, y Brasil, aunque hasta el momento no hay demasiados datos probatorios. Pero en Perú no solo sobreviven edificaciones subterráneas, sino que hay monumentos megalíticos en la superficie, desconocidos en su mayoría, que no guardan relación con las culturas estudiadas de este territorio. Si son resabios de aquellos antiguos continentes desaparecidos, Atlántida y Mu, queda aún por verificarse, sin descartar un origen autóctono, no menos importante.

La historia que ahora se va a presentar trata sobre uno de estos enigmas, vestigio de un pasado olvidado. Una misteriosa puerta que se alza cerca del magestuoso Titicaca, en territorio peruano, y que es objeto de innumerables interrogantes. La lectura escogida, pertenence a un explorador chileno, Camilo Valdivieso Rizzo, quién es además miembro del grupo de contacto Rahma. En el 2004, presentó La Revelación Atlante: Crónicas de un Mundo Real, donde entrega una visión americanista acerca de este continente al cual conecta con los Andes.


Vayamos al relato.


La Experiencia en la “Puerta de Muru”


A unos 70 kms de Puno, cerca de la localidad de July, en Bolivia, se alza majestuoso el lago, a mi modo de ver, más enigmático de la Tierra: el Titicaca. Frente a su transparente sudor, se presenta un lugar extremadamente misterioso y mágico. Es una puerta labrada perfectamente en la roca, con un contorno bien delineado que deja ver una hendidura redonda en lo que sería su plexo Xolar, es decir, casi en el medio de su estructura. Las dimensiones de este portal ciego son de aproximadamente 1, 60 cm. de alto y 1 metro de ancho.
Esta puerta está inserta dentro de un corte muy prolijo que se le ha hecho al cerro en el que está enclavada. Pareciera la entrada a una catedral antigua.

La exploración que realicé a ese lugar fue a principios del año 1997, época en la que prácticamente no habla relatos masivos de su existencia. Fue en el año 1999 en que se hizo más conocida a través de unas publicaciones españolas. Recuerdo como si fuera ayer esa noche lluviosa del mes de enero de 1997; éramos un grupo de 6 personas, prácticamente todos uruguayos (incluso el que narra nació en ese país oriental, para luego, de muy pequeño, radicarse en Chile). Nuestro objetivo era alcanzar la enigmática puerta, ya que sabíamos por referencias que tenía un extraño poder.

Los lugareños la conocen como "la puerta del diablo" ya que dicen que en las noches ese lugar se abre y ven salir a personas de blanco que pululan por los cerros. Para ellos todo lo sobrenatural es producto de la aparición del tradicional hombre de la noche.
El haber llegado al sitio ya era una hazaña, puesto que con la poca información que se maneja del lugar podríamos habernos perdido fácilmente. Mientras la mitad del grupo, armaba una carpa, Daría Silva, Mauricio García y yo buscábamos con la ayuda de nuestras linternas la localización puntual de la puerta. Lamentablemente, la lluvia arreciaba con más fuerza a cada instante, por lo que se hacía mas dificultosa la búsqueda. De un momento a otro vimos aparecer una luz que titilaba frente a nosotros, recuerdo que se veía como una pelota de ping pong, que se encendía y se apagaba.


La primera impresión fue que se trataba de la luz de una cabaña, pero lo que nos llamó fuertemente la atención era que no se mantenía totalmente estática. Como no velamos el sector, la capacidad de alertar la existencia de casas o alguna villa era imposible, así que dejamos ese fenómeno de lado y nos dispusimos a volver a la carpa.

Nuestras compañeras de viaje, que se habían quedado organizando el campamento, estaban visualizando lo mismo que nosotros: una extraña luz a una distancia medía de 5O metros aproximadamente. Para no seguir mojándonos, decidimos entrar todos a la carpa a pernoctar, pero hubo algo que nos desconcentró. Se trataba de una música extraña que salía de la nada. Pensamos de inmediato que se trataba de algún carnaval cercano, puesto que casi todos los poblados del altiplano estaban celebrando sus fiestas en esa época. Pero no dejaba de ser curioso que en una noche de tanta lluvia hubiera gente tocando instrumentos sin guarecerse del agua; que fluía como si fuera tirada por baldes desde el cielo.

La banda que sonaba bastante fuerte desveló a mas de uno de nosotros, hasta que poco a poco se fue debilitando y se apagó en la bruma de la noche. Al día siguiente ya intuíamos que se estaba alzando un sol radiante, por lo que apuramos nuestra levantada para abrir la carpa. Nuestros ojos no podían creer lo que estábamos presenciando: ¡estábamos frente a la puerta de Hayu Marka! Muy pocos metros eran los que nos separaban de esta y extraña y mágica arquitectura, así es que a paso firme decidimos ir a verla. Pero había algo que no estábamos tomando en cuenta, y era que la famosa luz que habíamos observado la noche anterior venía justamente de ese preciso lugar. En los alrededores no existe ningún tipo de edificación, y las únicas villas cercanas son las de Santiago Tiri y Mulla Contihueco, las calles están a más de un kilómetro de la puerta. Entonces, ¿qué era la luz?, ¿qué se escondía detrás de tan extraña luminiscencia? Las teorías podían ser muchas pero luego entenderíamos.


Después de estudiar minuciosamente el sector nos dimos cuenta de que había una semejanza muy directa con la meseta de Markahuasi y Enladrillado, debido a las piedras con forma de animales, las cuales mostraban un gran número de formas en una especie de parque Jurásico hecho por algo o por alguien que no conocemos.

Ya pasado el medio día recibimos la visita de un campesino llamado Nelson, hombre de estatura media y tez cobriza que nos planteaba que ese lugar para ellos es delicado ya que, en diversas ocasiones al cruzar la carretera, habían divisado una luz que emanaba de la puerta y de la que había salido un hombre de blanco. Prácticamente nadie de noche se atrevía cruzar cerca del portal, por lo que solo se acercaban de día, si es que había alguna persona visitándola.

Nosotros, conociendo todo lo relacionado a esas manifestaciones, tratábamos de tranquilizarlo diciéndole que difícilmente esas personas "de blanco" podrían hacerle daño, puesto que ese tipo de seres habitaban un mundo real y paralelo, pero en ningún caso negativo. Claramente se veía en la cara de este hombre una actitud de tranquilidad, y así mejor nos sentíamos nosotros, ya que estábamos muy seguros de lo que estábamos planteando. Antes de despedirnos de él y de agradecerle la amabilidad por irnos a ver a ese lugar, le manifestamos nuestra duda acerca de la música que habíamos escuchado en, la noche. La sonrisa no se dejó esperar, y nos respondió: “Nosotros no tenemos aún carnaval, este se llevará a cabo después de mitad de febrero". Entre nosotros nos mirábamos sorprendidos, y sin entender nada, Nelson prosiguió: "Hace cerca de un año y medio llegó a este lugar una banda de músicos bolivianos que deseaban hacer una ofrenda a la puerta ya que conocían su característica sagrada. Luego de estar tocando en el lugar más de un día, entraron, para nunca más salir. Desde ese momento, siempre se escucha música que proviene de la roca, ya que como se darán cuenta, los poblados están muy lejos ... ".
Nuestras caras en ese instante lo decían todo; estábamos ante dos fenómenos muy comunes para el lugar, pero siendo honestos, bastante fuertes para nosotros.

¿Cómo era posible que una banda de músicos haya entrado en esa puerta? ¿Estábamos frente a un portal dimensional, o a una estructura que de alguna manera tenía la capacidad de abrirse -a través de engranajes- como si fuera un portón mecánico?
Quizás la primera teoría podía llegar a ser la correcta, pero faltaba algo muy especial por suceder aún, algo que desde ese instante cambiaría nuestras vidas para siempre.
Luego de haber reflexionado en tan extraña experiencia, decidimos hacer una nueva inspección en el lugar, y le pedirnos a Nelson que nos acompañara antes de que se fuera a cumplir con sus oficios. Dimos vuelta la montaña que resguarda el portal de Aramu Muru, y divisamos unas cavernas que estaban cubiertas con piedras grandes. Le preguntamos a Nelson si esas cavidades conducían a la puerta, y nos señaló que sí, pero que habían sido cerradas por sus abuelos, ya que muchos niños jugueteando por el lugar hablan ingresado en ellas para perderse y nunca más salir. Obviamente que este tipo de narraciones son bastante tradicionales en muchas partes del mundo, con la existencia de esas cuevas que no tienen fin. Muchas personas dicen ver detrás de estos misteriosos lugares la presencia de hombres de blanco que de vez en cuando salen para entregar mensajes proféticos, o para ayudar a alguien que lo necesita.

LA ORDEN DE MELKI TSEDEC

Otro aspecto que nos sorprendió del relato de nuestro nuevo amigo fue la estatura que poseían sus ancestros y la gente antigua del lugar, la cual no bajaba de un metro noventa y aún más. Si esto sucediera en algún punto de Europa o Norteamérica no sería nada de extraño, pero aquellos que conocen las zonas altiplánicas, sabrán que la gente se caracteriza por tener un cuerpo robusto, pero una estatura más bien baja.[1]
Teníamos presupuestado estar tres días en el lugar, ya que hay una extensión de enigmas que realmente vale la pena visitar. Por ello nos separábamos en dos grupos para acceder a la mayor cantidad de lugares posible, aunque lo mas importante estaba muy cerca de nosotros. Casi a tres metros de la puerta se hallaba grabado en el piso un símbolo por demás significativo para mí, ya que lo he encontrado en una gran cantidad de textos históricos y secretos. Se trata de tres círculos concéntricos de una dimensión aproximada de cuatro metros. Estaban insertos en la tierra y perfectamente delineados, por lo que no sería nada de extraño que alguien con algún conocimiento en hermetismo los haya confeccionado.
Este símbolo es mejor conocido como el escudo de MelkiTsedec,[2] y corresponde específicamente a una orden del mundo subterráneo. Cada integrante de este "linaje" lleva consigo el apellido MelkiTsedec, el cual lo distingue de otras órdenes jerárquicas. Según René Guénon, el nombre MeIkiTsedec se le atribuye a la esencia del "Rey del Mundo", es decir a la jeraraquía máxima de la Tierra según la tradición judeocristiana.
Generalmente en lugares sagrados como la puerta de Muru se hacen recepciones de este símbolo, que representa al mismo mundo subterráneo.
No podemos negar que nuestro gran objetivo, aparte de conocer e investigar la puerta, era encontrar una prueba más de la entrada a ese mundo interno. Por ello es que sabíamos que cualquier cosa podría llegar a darse, aún más teniendo en cuenta la poca experiencia que personalmente tenía en esa época, y que generaba en mi una gran cantidad de sentimientos encontrados. Las posibilidades eran muchas, y debía experimentar la sensación de estar cerca de encontrar todas esas respuestas que estaban dentro de mí mente, y las que sobresalían desde lo profundo de mi corazón.
Es imposible negar que la estadía en ese lugar fue mágica, y no-sólo por estar frente a una de las pruebas más concretas de una civilización desconocida, sino por el ambiente, ya que había una sensación muy extraña y distinta. Tratar de describir cada instante y cada color sería imposible; es algo que solo yo y aquellos que me acompañaban pueden recordar en aquel gran lugar que guardo para mis aventuras.
Ya bajaba el sol del segundo día de campamento en la zona de Aaramu Muru cuando nos preparábamos para hacer un trabajo muy especial, que constaba en la mantralización de una palabra clave: Zin-Uru,[3] Esta palabra provendría del ocultismo egipcio, y se le atribuye a Hermes Trimegisto, creador del libro La tabla esmeralda, donde se habla de esta llave cósmica que se emite en lugares de poder para abrir las puertas entre las dimensiones. Justamente Zin-Uru significa llave.
Teniendo en cuenta que la puerta de Hayu Marka es un portal dimensional, era necesario acceder de buena forma a él, tratando de abrirlo a través de las llaves que corresponden. La noche nos abrazaba de manera completa, y ahí estábamos los seis cómplices tratando de hacer algo que nadie más sabía. Fue así que caminamos hacia la puerta y vimos cómo el cielo mágicamente se abría dejando ver constelaciones de estrellas que brillaban sin cesar.
Eran cerca de las 22:00 hrs. y ya estábamos los seis frente a la puerta descrita. Nos mirábamos unos a otros, y decidimos empezar el canto grupal que consistía en respirar profundamente y emitir este código vibracional que conocemos como Zin-Uru. Lo haríamos doce veces, comenzando de poco a poco y subiendo lentamente la voz, hasta crear una sola entonación. Ya nos habíamos tomado de las manos e hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance.
Mientras comenzábamos a mantralizar, mis ojos se prendían como nunca; no quería perderme cualquier situación o evento que se desarrollara en el lugar, y como estábamos en semicírculo tenía frente a mí toda la majestuosidad de la puerta. Por ello se me estaba haciendo eterno el proceso, y a la vez mágico. Recuerdo como si fuera ayer cuando mis ojos observaban atónitos que la puerta comenzaba a iluminarse mientras seguíamos entonando el Zin-Uru, y salía de ella una neblina gruesa y blanquizca que llenó todo su espacio. No sabía a ciencia cierta si todos veían lo mismo, pero mi corazón empezó a palpitar agitadamente. Estaba frente a una situación extremadamente especial, algo estaba saliendo d allí y lo estaba viendo. Fue así que terminamos los doce mantrams y nos dispusimos a silenciamos.

Cada uno de mis compañeros estaba viendo lo mismo que; yo, un portal de piedra iluminado por una neblina extraña que no dejaba divisar si estaba abierto o cerrado. Ya sabíamos por diversos antecedentes que aquel que ingresase a un lugar de estos no volvería jamás, y eso era lo que más temíamos.

Aún estábamos en posición de semicírculo, así que teniendo en cuenta cómo estaba la situación, cada quien intentaba: internamente hacer lo suyo. Pero el objetivo era ingresar al lugar, y nadie quería hacerlo.

De esa manera, en uno de los instantes más tensos del viaje, le pregunté a Daría si quería dar el primer paso, encontrándome con un silencio sepulcral, que duró cerca de 5 minutos. Luego de ello me dijo: "Camilo, si tú lo sientes, ve tú ... ". No me quedaba otra que avanzar e ingresar a la hendídura de la puerta. Cada paso que daba se me hacía eterno, teniendo en cuenta que la puerta de hallaba solo a tres metros. No sabía con qué me encontraría, pero ya estaba ahí y era mi responsabilidad hacerlo de la mejor forma.

Cual fue mi sorpresa al ingresar al lugar y darme cuenta de que estaba todo duro dentro; aún había roca, por lo tanto la puerta no se abrió. Pero eso no terminaba ahí, ya que decidí poner mi cabeza en el orificio de la roca, encontrándome con algo que no esperaba ... Comencé a percibir una imagen muy clara que se presentaba ante mí; era la cara de un hornbre prácticamente anciano, que con voz calmada me dijo que se llamaba Soromez, regente del lago Titicaca. Mi mente no me podía estar jugando una mala pasada, ya que me encontraba en todos mis cabales, además de que todo era tan real. Luego de plantearme muchas cosas me dijo que aún no era mi momento de entrar, ya que en mi vida faltaba mucho por hacer, y tal como sabía, ellos no podían permitir el regreso a ',nadie que ingresara a su mundo. Luego de ello mi mente quedó perpleja al ver cómo se introducían en ella un sinfín de puntos de distintos colores que al parecer era información. No era consciente de su contenido, pero este ser me manifestó que poco a poco la iría recordando. Mientras esto sucedía, el grupo había perdido rastros de mí, llegando incluso a pensar que ya había desaparecido. Deben haber pasado cerca de 13 minutos en que viví la experiencia, para luego reponerme y salir del lugar. Después de esto, cada uno de los integrantes de la exploración decidió vivir su propia experiencia, la cual algún día se encargarán de relatar.
No puedo negar que después de lo vivido en la zona de Muru mi vida dió un giro total, dándome la oportunidad de experimentar situaciones aún más fuertes y enriquecedoras que espero narrar en el libro Los Esenios de los Andes, que esta en proceso de elaboración.
Según los datos recogidos en el lugar no hay duda de que la puerta de Hayu Marka es el vestigio de .una cultura muy desarrollada que habitó estas zonas del continente americano (MU), y por su ubicación, esta debió estar en el Océano Pacífico entre América y Asia. Los remanentes que existen de su cultura también los podemos encontrar en las zonas polinésicas, además de la misteriosa y conocida Isla de Pascua.
Ya sabemos que esta supercivilización fundó a su llegada a tierras americanas muchas de las bases de futuras culturas originarias de estos lugares, como es el caso de la Inca y la Maya, entre otras. Hoy en día los descubrimientos apuntan directamente a oficializar su existencia en el pasado, y así armar un rompecabezas que hasta nuestros días no tiene todas sus fichas.

[1] Teniendo en cuenta la posibilidad marcada de que este lugar sea remanente de la cultura de MU, no nos debería extrañar la altura de la gente del pasado, ya que los supervivientes de esa Isla del Pacífico se caracterizaban por tener una altura considerablemente superior a la actual. Desde esas épocas nacen las leyendas de los gigantes de edades avanzadas.

[2] MelkiTsedec es rey y sacerdote a la vez. Su nombre significa "Rey de Justicia", y es al mismo tiempo rey de Salem, es decir de la "paz". La palabra Salem, contrariamente a lo que se cree, no ha sido designada como nombre de una ciudad como Jerusalén o Jerusalem, sino a que se le da un carácter simbólico derivado de la morada de MelkiTsedec, que puede verse como sinónimo de Agartha (El Rey del mundo, de René Guénon).

[3] No deja de ser importante que un mantra de poder como el Zin -Uru deba cantarse solo en lugares y situaciones puntuales, ya que es muy probable que la poca conciencia de las personas que lo emitan genere efectos inversos, como es el caso de abrir puertas hacia otras dimensiones bajas.

Véase:

Camilo Valdivieso Rizzo
En:
http://es.wikipedia.org/wiki/Camilo_Valdivieso

Camilo Valdivieso Rizzo
En:
http://www.aforteanosla.com.ar/Colaboraciones/autores/chile/camilo%20valdivieso.htm

Bluth Solari, Alejandra
El buscador de mitos: Camilo Valdivieso Rizzo
En:
http://espanol.groups.yahoo.com/group/ching_tien_tao/message/2291

Damon, Paul
Redescubierta en Perú una Puerta Estelar
En:
http://www.bibliotecapleyades.net/esp_stargate03.htm



MachuPicchu one of the seven wonders