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8 de mayo de 2017

Xul Solar - Los Siete Rishis - "Secretos Martinistas del Hermano Nulo" - Débora Goldstern

Xul Solar 
Los Siete Rishis
"Secretos Martinistas del Hermano Nulo"



Junto a Xul Solar



Los Siete Rishis, 1943-1944.
Hace dos semanas tuve oportunidad de acercarme a la muestra de Xul Solar, que en forma gratuita, se viene exhibiendo en el Museo de Bellas Artes, barrio de Recoleta. Aunque ya conocía parte del trabajo de este artista excepcional, la inclusión de cierto material poco conocido despertó mi inquietud.

La obra que voy a referirme data de 1943-1944 como años estimativos, y se titula Los Siete Rishis. Aunque se le atribuye a Xul Solar, su paternidad no está debidamente probada, ya que el cuadro en cuestión no está firmado por el autor.

Mi primera impresión al observarla en situ, es que la misma se sale de los esquemas planteados por Xul en sus otros trabajos, así como las dimensiones empleadas. La sombra de Nicolas Roerich, el místico pintor ruso parece sobrevolar la visión plasmada en los Siete Rishis, y en más de una manera.El porque de esta presunción tiene al esoterismo como centro de vinculación encarnado en la Orden Martinista, agrupación con la cual ambos tuvieron contacto.

Según se narra en Xul Solar: pintor del Misterio de Álvaro Abós, 2017, Solar se integró al grupo St. Ives, de Buenos Aires, "que tras su iniciación, alcanzó el Quinto Grado, una de las máximas jerarquías de la Orden, en la que recibió el nombre de Hermano Nulo".

Cabe destacar que el grupo St. Ives, era parte de un vínculo más importante cuyas ramificaciones se erigían hasta la Orden Martinista de la América del Sur, siendo en aquel entonces Montevideo, Uruguay, centro neuronal de importancia, presidida por el honorable maestro Jahel, hijo del famosísimo Cedaior, a quién se cree responsable de introducir en Martinismo en Latinoamérica.

Como reza en el epígrafe de "Los Siete Rishis", el mismo fue pensado para acomodarse en un gran espacio de meditación, y parte integrante de las actividades de la Orden.

Recordemos que la Orden Martinista remonta sus orígenes a Francia, y es relanzada oficialmente en 1891, gracias a los esfuerzos del ocultista francés el legendario Papus (Dr. Gérard Encausse), siguiendo los postulados de Martín de Pascually, y Louis Claude de San Martín. La Orden Martinista es una agrupación de corte iniciático, y cuyas fuentes se nutre del esoterismo judeo-cristiano.

Pequeño esbozo del esoterismo oculto con base en Argentina, y que pronto esperamos ampliar.

Véase:

1 de febrero de 2010

El reino subterráneo de los nagas - Débora Goldstern

El reino subterráneo de los nagas
Débora Goldstern


Cuando preparaba mi mochila para partir a los Andes, uno de los pocos libros, que me llevé para amenizar el viaje, fue En las orillas de los mundos infinitos, de Andrew Thomas, escritor más de una vez reseñado en Crónica Subterránea.

Recuerdo que el motivo de compra obedeció a no dejar escapar una obra, ya agotada, y no vuelta a reeditar, que adornaba la mesas de saldos. La idea es completar la bibliografía de uno de los autores favoritos en este género, y al cual profeso gran admiración.

Por eso la sorpresa fue mayúscula, al descubrir, que la segunda parte del libro estaba consagrado al mundo subterráneo, idea que Thomas desarrolla en casi todas sus obras, comenzando por el legendario, No somos los primeros.

La tesis de Thomas, es que el mundo subterráneo de despositario de los registros de aquellas civilizaciones perdidas, poseedoras de grandes conocimientos, y que decidieron esperar mejores tiempos para revelar el legado, por ahora negado al mundo. También da por sentado, que el gran Nicolás Roerich, tuvo acceso a estos retiros ocultos, y los visitó en persona, dejando plasmado su visión en sus inmortales lienzos.

Como nosotros Andrew Thomas fue un firme defensor de esta idea, compartida por el blog, lo cual reafirma nuestro camino alentándonos a seguir en la ruta trazada.




Capítulo 16: Laberintos y Serpientes


Blavatsky opinaba que muchos rollos de la biblioteca de Alejandría escaparon al fuego origina­rio por el ejército romano, gracias a que habían sido enviados a un museo secreto del Tíbet. Esta­ba completamente seguro de ello y sustentaba su creencia diciendo que los guardianes de estas bi­bliotecas secretas «podrían, si quisieran, aseverar su derecho a tan extraño linaje y exhibir verdaderos documentos dignos de fe, que explicarían más de una página misteriosa existente en la Historia sagrada y profana»[1]. También parece razonable que los esenios de la comunidad de Qumran pudieran haber sido un pequeño grupo de esta clase. Quién sabe si algún día nos veremos estudiando documentos mucho más significativos y excitantes aún que los manuscritos del mar Muerto.

Darjeeling, en el Himalaya, es un lugar no total­mente exento de la atmósfera que percibimos de la India de Kipling, Allá me encontré con un hombre culto, de Sikkin, quien habló de la erudición, que tienen los grandes lamas del monasterio Tashi­lurnpo, en Shigatse. En sus templos elevados, la enseñanza de la ciencia antigua ha quedado siempre reservada para un grupo de discípulos prometedores. Admitió que solo un numero limitado d lamas sabían algo acerca del misterio que encierra el nevado pico Kanchinjunga que, a aquella .hora, flotaba sobre nosotros como un espejismo.

Como este gran viajero había visitado muchos monasterios budistas, le pregunté si había conocido a alguien que hubiera visitado las criptas de la montaña, entablándose entre nosotros dos el siguiente diálogo:

Él. - A lo largo de los siglos, han estado dentro de ellas los lamas, gurus e incluso algunos europeos. Pero, aunque vieron muchas cosas, dijeron pocas palabras referentes a ellas.

Yo. - ¿Cómo entraron?

Él. - Nadie puede entrar si no va con un guía o un salvoconducto, es decir, un mapa cifrado. Pero el Om Maní Padme Hum, esculpido en la roca de una forma especial, constituye a veces un signo de que la puerta está cerca.

Yo. - Supongo que será muy difícil abrir una puerta de piedra que sólo se usa cada vein­te años o más.

Él. - Por raro que parezca, no es eso lo peor. Me contó un viejo lama que la puerta sé des­liza hacia adentro con tanta facilidad como si lo hiciera sobre rodillos engrasados. Sin embargo, el paso más allá de la entrada se halla generalmente cortado por una barrera de fuego azulado.

Yo. - Resulta interesante. ¿Es algo así como la luz artificial dé un millón de voltios pro­ducida en nuestros laboratorios?

Él. - Todo lo que dicen es que, al mirarla, es aterradora y, a su vez, fascinante. Los que quieren entrar deben pasar por encima de ella caminando. Si están debidamente entre­nados, lo conseguirán; en caso contrario, mueren. Yo no lo intentaría. Pero usted debe saber algo sobre el arte de andar por encima del fuego y cómo hay gente que no su­fre daño con un calor capaz de fundir el hierro.

Yo. - Sí, en efecto. Pero es aún más sorpren­dente oír esto, ya que un amigo mío, que visitó Giza hace muchos años, me habló acerca de una barrera de llamas similar en una galería subterránea situada debajo de la. esfinge donde fue llevado por un árabe, miembro de una hermandad secreta.

Él. - Hay muchas maravillas, pero son pocos los que pueden comprenderlas.

Unas semanas más tarde decidí ir al valle de Kulu, situado en la parte occidental del Himalaya, para visitar Naggar, lugar donde había vivido Ni­cholas Roerich. Puesto que yo lo había conocido personalmente, el viaje tenía para mí una implicación sentimental. Por la angosta carretera llena de curvas, con un precipicio a un lado rocoso y el peligro de aludes al otro, no resultaba deleitoso el camino hasta esta apartada región situada cerca de
Ladakh y el Tibet. El pueblo de Naggar deriva su nombre de Naga, la serpiente. En lo alto de las montañas se encuentra la heredad de Roerich Al tratarse de un famoso artista, su casa de dos plan­tas contiene un museo de sus pinturas.

Cuando comencé la ascensión por una senda de la montaña, ví a un alto sadhu (eremita) de cabello gris, sentado junto a un torrente de la misma. En la mano sostenía un báculo en forma de serpiente cobra, lo cual, junto a las marcas que había en su antebrazo, significaba que era un devoto de Siva. Durante épocas anteriores y más pacíficas, en los tiempos de la soberanía británica, estos pe­regrinos se dirigían al lago de los Grandes Nagas, el lago Manasorowar, o al monte Kailas, la mora­da de Síva, en territorio tibetano. Escalé la mon­taña y alcancé la plataforma donde se alza la casa de Roerich. Pasé allí más de una hora estudiando las pinturas del maestro. A mi regreso pude ad­mirar el angosto valle y los picos nevados de las cordilleras que corren a ambos lados.

El sadhu estaba todavía allí. Pensé que si en un lugar llamado Naggar un devoto de los nagas con un báculo de cobra, no sabía algo acerca de los nagas, ¿quién lo iba a saber? Conociendo como conocía yo las costumbres orientales, saludé a aquel santo varón cruzándome las manos según es costumbre en la India y aguardé que fuera el an­ciano quien tomara la palabra en primer lugar.

-¿Le gustan las pinturas de Roerich? -me preguntó en un fluido inglés.

-Mucho, se lo aseguro. Dígame, ¿conoció us­ted al maestro en vida? ,

-Sí, durante muchos años. Un gran Rishi
[2]; y un arrugo de Nehru,


-Venerable sadhu, yo creo en los nagas. ¿Los ha visto usted? -pregunté diplomáticamente.

-Yo soy un pobre sadhu; no sé nada, sahib. Pero, hace unos veinte años, mi maestro de yoga me introdujo en el reino montañoso de los nagas. Había abundante luz por todas partes, grandes salones como en Taj Mahal. Maravilloso. Los nagas tienen muchas, muchas cosas y máquinas. Son listos, igual o tal vez más que los hombres de Cambridge, sahib –dijo el sadhu con una sonrisa de disculpa.

No pude evitar reírme.

-Vuestro yogui debió de ser un Rishi, ¿No es cierto que los nagas destruyen al hombre? -pre­gunté.

-Sí, pero los nagas son dioses y, aunque sólo quieren el bien para el hombre, no les gusta que, éste ande cerca de sus palacios -replicó.

-Si alguna vez ve usted a los nagas, transrní­tales mis saludos -dije antes de partir.

El sadhu movió la cabeza hacia los lados por tres veces, que es .el equivalente hindú a nuestro asentimiento. Luego concluyó:

-China ya no permite la entrada de peregrinos.

El único medio que tengo de ir es a través de lar­gas cavidades, y soy demasiado viejo.

Conforme recorría mi camino hacia el pueblo, volví la cabeza para ver al viejo sadhu con el bácu­lo de cobra. Dos encuentros permanecen frescos en mi memoria: una, bajo los plateados glaciares del Kanchinjunga, y el otro, junto al torrente de Naggar, en el ribazo donde estaba sentado aquel asceta de Aryavarta, la tierra santa del Mahabha­rata.

En el libro de C. W. Leadbeater, The Masters and the Path, se ofrece una descripción de los con­tenidos de un museo subterráneo tibetano. Las du­das que surjan sobre su autenticidad pueden estar parcialmente justificadas, pero no es debido a que la evidencia en sí sea falsa, sino a su ingenua pre­sentación. Dice Leadbeater que el museo contiene estatuas de diferentes tipos raciales que datan des­de el comienzo de los tiempos, perfiles de conti­nentes y sus cambios, diagramas de fusiones étni­cas y religiosas, y muchas cosas más. Hay, según dice, «extraños manuscritos de otros mundos dis­tintos al nuestro». Es ésta una excitante declara­ción, pues implica que, en un pasado muy remoto, tuvo lugar la comunicación con otros planetas, casa Ignorada por nuestra ciencia occidental.

Evidentemente, resulta imposible verificar es­tas manifestaciones, toda vez que al público en ge­neral le está vedado el paso al museo prehistórico.

Sin embargo, en el curso de mis viajes me han, mostrado dibujos hechos al estilo chino que describen una cripta de esta clase. Tales dibujos a pincel incluían estatuas de gigantes humanos pues­tos en pie dentro de una caverna, iluminada por las antorchas de los estudiantes lamas, solo la mitad de altos que aquéllos. Pero estos dibujos eran menos sorprendentes que el de un avión, en forma de cigarro (o posiblemente una nave espacial), ho­rizontalmente situado sobre una torre cónica. Todavía no me explico cómo y por qué se encontraba equilibrado en aquella posición. La torre cónica en cambio, debía de ser empleada para tener acceso al interior de la nave. Era imposible obtener información acerca de su fuerza propulsora, pero su tamaño se calculaba aproximadamente como de un avión de reacción de los actuales, con no menos de cincuenta asientos. Tornando en consideración estos dibujos hechos a pincel, dudé en cuanto a descartar el relato de Leadbeater.

En el cuadro titulado El poder de las cavernas, del Museo Gorky de Arte de la URSS, Nicholas Roerich nos presenta un depósito cavernario de este tipo. La obra representa entradas a espacios grutas guardadas por lamas. Hay pocas dudas de, que Roerich visitó realmente este antiquísimo museo como quedó confirmado en una conversación sostenida con un miembro de la expedición trans­asiática de Roerich, cuando yo vivía en China hace unos 35 años. El título de la pintura resulta apro­piado, ya que el conocimiento implica poder yen tales cavernas se ocultan grandes conocimientos.

Al resumir este capítulo vemos que -existe una gran similitud entre el folklore de muchos países, por separados que se hallen unos de otros. Tradiciones relativas a bóvedas, laberintos, túneles y te­soros enterrados de la más remota antigüedad se encuentran en Creta, Egipto, Tíbet, Angkor, India, México, Ecuador, Bolivia y Perú. Las leyendas usualmente conectadas con el culto a la Serpiente proceden en especial de Egipto, Creta, Angkor, Tíbet, India y México. En las mitologías de Egipto, India, Tibet, China, México, Bolivia y Perú existen fábulas relativas a dioses estelares que vinieron a la Tierra para civilizar a la Humanidad, dejando tesoros ocultos para civilizaciones futuras. En las escrituras y erudición de la India, Tíbet y Egipto se mencionan guardianes mecánicos o humanos velando por la seguridad de estos almacenes de artefactos procedentes de otro mundo, así como de Eras remotas. No hay duda de que se han forjado muchas teo­rías al respecto, pero ¿cómo se puede averiguar la verdad, a no ser que alguien tenga el suficiente coraje y atrevimiento para explorar los territorios desconocidos? Los progresos hechos en los re­cientes campos de la ciencia se han conseguido siempre gracias al osado empuje explorador que desprecia el ridículo, el fracaso y las decepciones. Esta clase de investigación tal vez pudiera propor­cionar a la ciencia moderna el hilo de Ariadna con el que se logre seguir su camino en este laberinto histórico, y así localizar los tesoros culturales y Científicos dejados por aquellos sabios, seres su­periores que gobernaron a la Humanidad de tiem­pos muy remotos en una época dorada.

[1] . P. Blavatsky.Jsis Unveiled, Nueva York, 1886.
[2] Sabio inspirado.

19 de agosto de 2009

Iniciación en Shambalah

INICIACIÓN EN SHAMBALAH



Hoy Crónica Subterránea vuelve su mirada al corazón de este Blog, el mundo subterráneo. Desde nuestros inicios tratamos de ir aportando luz, en un tema que suele generar mucha confusión entre los interesados.

Y es que pocos son los "entendidos" quiénes lograr ver "más allá" de lo aparente. Sin embargo, de tanto en tanto, surge "alguien" que logra captar las señales, y descifra algunos de los signos incomprensibles, que suelen pasar desapercibidos aún para los "más entrenados".

Este es el caso de Jorge Eduardo Anfrúns Dumont, que está considerado uno de los ufólogos más representativos del hermano país cordillerano. Agudo, y perceptivo, Anfrúns Dumont entrega en "Aguilas de Fuego", una visión en completa sintonía con los postulados de Crónica Subterránea.

Prestemos atención.




EL ÁGUILA DEL TÍBET


En el año 1929 nace como idea en Estados Unidos de Norteamérica denominado Pacto de Paz. Mediaba el año 1931 y en la ciudad de Brujas, Bélgica se lleva a cabo la primera reunión internacional convocada por este "Pacto", recibiendo la adhesión de Alberto I Rey de Bélgica, Rabindranath Tagore, Maurice Maeterlink y el gobernador de Nueva York en esa época, Franklin Délano Roosevelt. Más tarde, en el año 1935, en la VII Conferencia Panamericana, se firma el Pacto 'Roerich ante la presencia de Henry Wallace.

¿Quiénes eran estos personajes tan asiduos a firmar pactos?

Veamos, la historia oficial dice: Alberto 1 Rey de Bélgica asumió el trono en 1909 y murió el 17 de febrero de 1934, en un turbio accidente de alpinismo. En su retrato militar luce un parche en el cuello con tres estrellas en igual posición de las tres esferas que constituyen la bandera de Roerich . ¿Alcance de diseño? Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura 1913, estudioso de la filosofía en a India, en su libro "Recogiendo Frutos" se introdujo en el mundo de los ascetas indios y sus misterios, llevándolos a formas literarias de parábolas. Maurice Maeterlink, Premio Nobel de Literatura 1911, místico por excelencia, inundó todas sus obras con enigmas y los misterios que nos envuelven. Entre sus mejores trabajos están: "María Magdalena" y el "Pájaro Azul". Henry Wallace, político especializado en el área de la agricultura en el año 1940 fue elegido Vicepresidente de EE.UU. Pariente o quizás bien relacionado con Alfred Rusell, Wallace definido como naturalista y viajero por los biógrafos de la época, entre sus obras figuran: "El Archipiélago Malayo", "Viajes por el Amazonas" y "Río Negro". Franklin Délano Roosevelt, Presidente de EE.UU., relacionado con su tío y el trabajo de Teodoro Roosevelt, que también fue presidente de los norteamericanos y explorador del río que hoy lleva su apellido, conocido antes como "Río de la Duda", uno de los más importantes tributarios del "Madeira", Que a su vez resulta ser el más importante afluente del río Amazonas. El río Roosevelt fue descubierto en el año 1914.


Curiosamente dos de los firmantes principales están relacionados con parientes lejanos que recorrieron el río Amazonas y otros afluentes de la zona más misteriosa e incógnita hasta la fecha, incluso la remozada Naciones Unidas, después de la Segunda Guerra Mundial, propuso desarrollar la producción de alimentos en dicha selva, especialmente arroz. La finalidad era redescubrir el Amazonas, mediante una fuerza internacional de paz. La última información sobre las Naciones Unidas aparece incluso en "La Gran Enciclopedia del Mundo", Tomo I página. 955-956. Al parecer esta información llegó antes a las transnacionales, que coparon con maquinarias parte importante del área y cuenca amazónica incluida, para una rápida d forestación que hasta el día de hoy va a 25 km por día. Basta agregar que el río Amazonas tiene una extensión equivalente a 14 veces España toda Australia.

(La segunda carta de Jorge Santana relatando la llegada de Roerich a Shamballa, según relato escrito en su diario de viajes).

"El viajero llevaba doce días cruzando "La Residencia de las Nieves" más conocida por todos como el Himalaya o Himaleh en tibetano, a esas alturas ya no sentía su cuerpo. Sólo sabía que era el mes de la Liebre o Yae, los pasos de su cabalgadura eran paulatinamente borrados por el viento proveniente de las montañas que inundaban el valle recorrido. Iba solo, atrás había quedado el resto de la expedición tan agotada como él. Su mente divagaba en el lago Dangrayun, cuyo nombre significaba Madre Dangra, su extensión alcanzaba a los trescientos kilómetros, en una instancia de su trayectoria tomó la sabia decisión de "hacer un alto" para reconfortarse con un té verde, no sabía si era de noche o de día, la relación de tiempo y espacio estaban ausentes, sólo sentía que su garganta era atacada por un viento frío, sin embargo, la luz no estaba ausente y sus rayos decoraban el paraje (con una corona de infinitas luminosidades en la superficie del lago y sus alrededores, deteniendo la sensación que nada se había movido desde la creación.


El nómada suspendió su marcha, se bajó de su pequeño caballito mongol y extrajo debajo de la montura un ramo de hierbas secas que transportaba envueltas en un paño rústico, para dar inicio a lo que sería más tarde una fogata, en esas tareas se encontraba arrimando piedrecillas para equilibrar un viejo y enmohecido jarro de hierro entremedio del fuego ya naciente cuando una ráfaga de inusitado viento silbante apagó la pequeña hoguera lanzando el jarro, las piedras y las hierbas a un pequeño acantilado lateral al improvisado campamento. Era lo último que pudo haberle acontecido esa tarde o esa mañana, ya que el tiempo había perdido su propia identidad. Quizás "Yae' el mes de la liebre, no había sido en ese entonces la mejor elección para salir de expedición. Tal vez eran sus últimas horas en este planeta casi fantasmal, los elementos estaban pero no cooperaban como otras veces. Más allá, hacia el sur, los montes Kuen-Lun y Karakorum lo seguían observando, mientras el agua hembra seguía su romance eterno con el cielo macho, creando y destruyendo formas de vida que los ojos humanos no alcanzan a ver, con el permiso del vacío que estructura en nuestras mentes la sensación de tiempo. El excursionista decidió entonces sentarse en una roca lisa para seguir embebido del paisaje, y caer en la ilusión transitoria del maravilloso lago. En esos trámites imaginarios se encontraba tratando de alcanzar una meditación para anular su presencia y suprimir también a "maya" la energía ilusoria de la materia, respirando acordemente, sintiendo en cada expiración, el retumbar de su corazón. Entonces, un trino agudísimo lanzado desde el aire lo interrumpió. Un águila blanca pasó rozando con las alas su sombrero de piel, anunciando su presencia para luego remontar el vuelo en siete círculos en espiral, posándose en una loma muy cerca de la presencia del extraño. Era otra vez el símbolo solar, la hija de Zeus que en sus alas llevaba cada gota de luz lanzada por el astro rey, enemiga de la muerte y la fatalidad, la emisaria de los dioses, la conductora de las almas hacia la inmortalidad, la guerrera que no pierde su tiempo cazando moscas.

El ave retomó vuelo, danzando en torno a la ribera del lago, hasta que llegó a posarse a escasos metros del aventurero, extendió sus amplias alas en señal de dominio, clavando sus ojos negros en las pupilas cenicientas de Nikolás Konstantinovich Roerich (1874-1 quien entendió en esos momentos, el mensaje oculto en el "código" águila, símbolo secreto del planeta que conocen muy bien los Lamas tibetanos. Días antes un buitre negro lo había acompañado por largos caminos montañeses, pero en esa ocasión el buitre se había cruzado con algo brillante y hermoso que brillaba con los rayos del Sol.

Recordó entonces que el Lama Tsa Rimpoche le había advertido en una conversación, que el pájaro había representado al enemigo que estaba ansioso de destruir su obra, pero la fuerza protectora de sus antepasados lo habían resguardado. .

El águila seguía extendiendo sus alas, observando segundo a segundo su quehacer. No lo amenazaba, sólo lo vigilaba. Ahí fue cuando comprendió que aún era de día, y que hallaba sobre aquel lugar que siempre había soñado encontrar: Agharti y su capital Shamballa, o mejor dicho una de las entradas al mundo subterráneo donde habita "El Rey del Mundo". Los códices de la naturaleza, más sus frescos recuerdos de la conversación con el Lama, lo habían llevado a esa conclusión. Los mongoles ya le habían advertido que Agharti tenía conexiones por todas partes bajo los continentes, incluso bajo el suelo de los océanos, sabían también de la existencia de la "piedra negra", obsequio enviado por el "El Rey del Mundo" al Dalai Lama, cuyo último paradero conocido fue Urga, Mongolia. La citada piedra guarda relación con la Kaabah de la Meca. Roca espacial herencia de la dinastía solar (Surya- Vansha), enlazada con los Kumaras, aquellos siete hijos de Brahmá, los hijos del fuego, los dioses solares, esos primeros seres denominados "Mentes".


Roerich sabía que Shamballa estaba en los "valles escondidos", sitios determinados para tiempos de necesidad. De la misma forma conocía ese ancestral aforismo que nos explica que la caverna representa la cavidad del corazón, considerado como el centro del ser. Shamballa venía a ser el "Huevo del Mundo". No en vano se encontraba en el "techo del mundo", la olvidada tierra celestial o tierra de los vivos. Estaba en los dominios del Rey Dawa Sangpo, aquel que recibió en tiempos pasados la instrucción tántrica del Buda, conocida hoy domo Kalachacra, lugar de donde emergen hacia la civilización los "emisarios". Patria insigne de aquellos que arriban a sus fronteras mediante la meditación, percibiendo el momento de su fugaz materialización, para luego desmaterializarse a nivel subatómico. La puerta de entrada a la Shamballa cósmica, ubicada allá arriba en los valles cósmicos del cielo eterno, oasis cercano al globo terráqueo que flota en los océanos universales.

Hubo silencio detrás de todas estas reflexiones aisladas en la tierra de la soledad perenne. Sin embargo, el chillido del águila volvió a invadir el valle y en esa oportunidad se abalanzó sobre su observador rozando nuevamente su gorro de piel, ascendiendo a los cielos en semicírculos armoniosos, logrando que su blancura se mimetizara con la de las nubes, desapareciendo en el azul del cielo, allá donde la vista de Roerich no alcanzaba a formar imagen. Pero, a pesar de estas rememoraciones, seguían aflorando recuerdos en la' pulsante mente del expedicionario, entre esas olvidadas evocaciones estaba aún presente el Kangyur- Teng- Yur, canon tibetano escrito por su maestro Pach' en Lama, rememorizó inmediatamente el código Bushido, que en una de sus partes les señalaba, "que tener hambre con el estómago vacío, era un insulto", verdad aprendida por el símbolo del águila. El águila de Roerich, el garuda hindú, el Kami de Japón, enemiga acérrima de la serpiente atadora a la tierra, la materia que lucha hace millares de siglos en contra de la liberación procedente de la cultura solar, representada por el ave emblema de la fuerza uránica, sinónimo de la superación humana y su eterna batalla por ascender a planos negados por los avatares del engaño, que han sumido a esta humanidad, generación tras generación, induciéndolas a adorar el metal del odio y su máximo representante, el papel dinero. Nikolás había cumplido su sueño, estaba parado sobre el mundo subterráneo denominado Agharta o Asgharta, imperio del "Rey del Mundo" lugar de donde había partido una vez Rama en su nave voladora según la epopeya hindú Ramayana, del mismo punto había iniciado viaje Manco Capac, aquel sabio que ¡.instruyó a los siete incas primordiales del- Perú. Punto de partida de Quetzalcóatl el profeta de mayas y aztecas. Shamballa existió siempre, inclusive antes de que apareciera la vida en este planeta, es mucho más antigua que Mu, Lemuria y la Atlántida. Sus emisarios siempre han estado corrigiendo los pasos de esta equivocada humanidad, que va como un caballo loco tras un modo de vida que no está muy cerca ' de lo que imaginamos como "ideal". En los tiempos finales del Kali Yuga, la edad del hierro, el período más denso que vivirán todos los seres humanos dirigidos por los sudras, entes de pensamientos bajos y retorcidos, los hombres y mujeres aprenderán a conocer sus verdaderos valores. En este período surgirá la Verdad. Roerich comprendió todo esto paralogizado frente al lago sagrado del agua hembra y la presencia del águila blanca, por eso calló su experiencia posterior, su viaje al interior del mundo subterráneo. El resto es sólo conocido por pocos que también guardan cómplice silencio. Sucede a veces, que mucha luz enceguece y la palabra humana, tratando de explicar lo simple, cae en lo abstracto, consiguiendo de paso la confusión.

Debiéramos concluir por los antecedentes ya expuestos que todos los firmantes del Pacto de Paz estuvieron en conocimiento de "algo" mas allá del común saber de la humanidad. Alberto 1, buscando la puerta mágica en los Montes de Bélgica, Tagore conversando con los ascetas de la India, Maeterlink., accediendo información por intermedio de los Rosacruces, Wallace y Roosevelt heredaron en conjunto información sobre "culturas" adyacentes al río más grande del mundo, territorio de la civilización atlante, y puerta de entrada al mundo subterráneo en lo que concierne a Sudamérica, información confirmada más tarde por expediciones inglesas y japonesas. Pero no nos apuremos, ya llegaremos a ese punto.

Te, anticipo que el Río Negro, frontera natural entre Colombia y Venezuela, es parte principal de la clave. Le sigue en importancia la Sierra del Roncador en Brasil, la Cueva de los Tayos en Ecuador; Thiahuanacu en Bolivia, el Cerro Uritorco en Argentina. Payaquisa en Chile.

Es válido entender, que todos los accesos principales son vigilados por los centinelas del "Círculo Alado". En lo relativo al continente sur, los guardianes de las puertas viven en el ámbito externo de la superficie y cubren cargos de importancia en los gobiernos del "nuevo orden". Algunos se mimetizan en la política, la religión y la enseñanza. impidiendo constantemente el acceso a la información de aquellos que van despertando por los caminos de la búsqueda interna. El deshacer de intenciones investigativas es parte de las nuevas armas que emplea el sistema, para bloquear cualquier intento de acercamiento a estas verdades prediluvianas. En otro ámbito, en el terreno mismo, tribus y razas originarias no dan tregua al hombre blanco que se atreva a cruzar las fronteras impuestas por sus antecesores. La imprudencia se paga con la vida. El hombre blanco primero debe atravesar los siete círculos del saber, luego dar a conocer sus intenciones, esperando dos Lunas la respuesta desde allá. Si sus antecedentes son meritorios, traspasará el umbral invisible para los hombres de la superficie, pero visible en otros códigos, para los guardianes de los mundos intraterrestres. Logrando vencer la puerta "externa" se logra acceder a la puerta "interna". La historia nos ha relatado ciertos acontecimientos en carácter de noticias, pero la verdadera realidad oculta apunta hacia otros objetivos, que no son otra cosa que vanos intentos de atravesar ambas puertas ya citadas.

.Esto se remonta hace más de un siglo, estudiemos ciertas versiones de la historia occidental.

Diciembre 21 de 1902. Venezuela es bloqueada por una acción germano-británica, dado a que el gobierno anuncia la suspensión de los pagos de la deuda externa.

Febrero 14 de 1903. Con la “mediación” de EE.UU., Inglaterra, Alemania e Italia firman un protocolo de paz con Venezuela, el cual será remitido al Tribunal Arbitral de La Haya.

Septiembre 7 de 1904. El Tíbet es obligado a reconocer una “deuda” con Gran Bretaña por 5 millones de dólares. Mientras esa deuda exista, no pondrá ni vender ni hipotecar ni arrendar parte de su territorio sin el permiso de los que imponen este “tratado”, por lo tanto, pasa a ser considerado como vasallo de esa potencia. China que ejercía soberanía nominal sobre el Tíbet, protestó enérgicamente.

Noviembre 8 de 1904. Los representantes de 45 estados que componen Estados Unidos, designan presidente de la nación a Theodore Roosevelt.

Diciembre 6 de 1904. "En la eventualidad de la impotencia o reiterada malicia por parte de los Estados de América Latina, Estados Unidos de América asumirá el derecho de intervenir y asegurar que esos estados cumplan sus obligaciones financieras con otras naciones". Síntesis de la declaración del presidente Theodore Roosevelt. De esta manera EE.UU. se constituye en gendarme de América Latina, con exclusión de cualquier otra potencia que pretendiese intervenir como sucedió en Venezuela (diciembre 21 de 1902).

Septiembre 10 de 1910. El Tribunal de Arbitraje de La Haya fija una indemnización de 54.000 dólares que el gobierno de Venezuela deberá pagar a los estadounidenses que puedan haber sufrido pérdidas con ocasión del movimiento revolucionario de 1889 (aquello que desconocieron su deuda externa en 1902).

Verás que con cinco fechas "que pasan como historia", dos potencias se las agencian, para marcar presencia geopolítica en territorios poco considerados en los tiempos que se vivían. Con una "mediación" y un "tratado", dos puntos importantísimos de acceso al mundo subterráneo pasan a ser dominio de otros. Cualquiera sea el pretexto, en ambos casos la deuda externa fue la razón esgrimida. Al parecer el recorrido de Theodore Roosevelt por el afluente del Amazonas le hizo pensar demasiado en la información que recogió, que obviamente transmitió a sus primos los ingleses. A todo esto, los chinos analizaban la verdadera. razón de la ocupación del Tíbet.

Septiembre 9 de 1951. Fuerzas del Ejército Popular de Liberación Chino ocupan Lhasa, capital del Tíbet.

Marzo 28 de 1959. Los tibetanos se levantan en armas. Mueren 2.000 soldados chinos. La revuelta es aplastada y el Dalai Lama debe abandonar su tierra. China da vuelta la página y comienza a buscar en los viejos textos sagrados los “indicios” a los caminos que llevan al mundo intraterrestre, y como todas las cosas hechas en ese país, van meticulosamente y en silencio.

Roerich estuvo "perdido" por su propia voluntad doce días en el interior de Shamballa, en su permanencia le fue enseñado el "Libro del Futuro" elaborado en planchas de oro, de ahí sacó la brillante idea del "Pacto de Paz", que debe imperar en el planeta. Pero, no solamente paz entre los seres humanos, también paz con la Tierra, el planeta que nos cobija, cosa que perdimos el día 16 de julio de 1945, cuando estapó la primera bomba atómica en el campo de pruebas Trinity, cerca de Alama Gordo, Nuevo México, EE.UU. A partir de ese año, cada minuto hace retroceder una hora el tiempo existencial de "ESTA HUMANIDAD". Se calculaba que en la década de los ochenta, existían más de 50.000 cabezas nucleares puestas en cohetes apuntados a todos los centros estratégicos de la Tierra. Todo eso estaba ya escrito, en el Libro del Futuro.



80 ANIVERSARIO DEL VIAJE AL CORAZÓN DE ASIA 2008

24 de julio de 2008

Habitantes Subterráneos -Nicolás Roerich

Habitantes Subterráneos
Nicolás Roerich


En nuestros viajes, una vez, llegamos a un pueblo casi en ruinas. Se veía una luz tenue solamente en dos casas. En un pequeño cuarto había un anciano sentado, limpiando un utensilio. Se convirtió en nuestro anfitrión por la noche. Le pregunté la razón de su aislamiento. El respondió

— "Todos se han marchado. Han encontrado sitios más apropiados para sus viviendas. Eran fuertes y emprendedores. Algo nuevo los atrajo. Pero yo sabía que no existe nada nuevo en la tierra. Y no quise cambiar el sitio de mi muerte.

Así se marchan los más fuertes. Los que ya están declinando, esperan la muerte con paciencia. ¿Acaso no es ésta la historia de todas las migraciones, de todas las empresas."

El tema de las grandes migraciones es el más fascinante de la historia de la humanidad. ¿Qué espíritu fue el que movió de esta manera a naciones enteras e innumerables tribus? ¿Qué cataclismo condujo a las hordas fuera de sus estepas conocidas? ¿Qué nueva felicidad y privilegios vislumbraron en la neblina azul del inmenso desierto?


Sobre rocas, en Dardistán, vimos dibujos antiguos. También vimos la misma clase de dibujos en las rocas cerca del Brahmaputra y también en las del Orkhon, en Mongolia, y en los túmulos de Minusinsk, en Siberia. Y finalmente, percibimos la misma psicología creativa en los halristningars de Suecia y Noruega. Más tarde, nos detuvimos, llenos de admiración, ante los signos poderosos del románico temprano que encontramos, basado en las mismas aspiraciones creativas de los grandes migradores.
En cada ciudad, en cada campamento del Asia, in tenté descubrir qué recuerdos apreciaba la memoria popular.
A través de estos relatos guardados y preservados, se puede reconocer la realidad del pasado. En cada destello del folklore, hay una gota de la gran verdad adornada o distorsionada. No hace mucho éramos demasiado vanos para apreciar estos tesoros del folklore. "¡Qué podría saber esta gente inculta!"
Pero después nos enteramos de que hasta los grandes Rig-Vedas fueron escritos sólo en el pasado relativamente reciente, y quizá, durante muchos siglos, fueron pasando de boca en boca. Pensábamos que la alfombra voladora de los cuentos fantásticos pertenecía sólo a los niños, pero pronto nos dimos cuenta de que si bien cada fantasía, en su manera individual, teje una bella alfombra que adorna la vida, esta misma alfombra lleva las huellas de la gran realidad del pasado.

Entre las innumerables leyendas y cuentos fantásticos de diversos países, se pueden encontrar los relatos de tribus perdidas o habitantes subterráneos. En amplias y diversas direcciones, las personas hablan de hechos idénticos. Pero al correlacionarlos, enseguida se puede ver que éstos son sólo capítulos de la misma historia. Al principio, parece imposible que exista cualquier conexión científica entre estos susurros distorsionados bajo la luz de las hogueras del desierto. Pero después comenzamos a captar la peculiar coincidencia en estas múltiples leyendas narradas por pueblos que hasta ignoran sus propios nombres.

Reconocemos la misma relación en los folklores del Tíbet, Mongolia, China, Turkestán, Cachemira, Persia, Altai, Siberia, los Urales, Caucasia, las estepas rusas, Lituania, Polonia, Hungría, Alemania, Francia; desde las montañas más elevadas hasta los océanos más profundos. En la región de Turfan se oyen relatos maravillosamente elaborados. Te cuentan cómo un tirano persiguió a una tribu sagrada y cómo el pueblo, no queriendo someterse a la crueldad, se encerró en montañas subterraneas. Hasta te preguntan si quieres ver la entrada de la cueva a través de la cual huyó el santo pueblo perseguido.

En Kuchar se habla del Rey Po-chan, soberano de los tokhars que, cuando se acercaba el enemigo, desapareció con todos los tesoros de su reino, dejando tras de sí sólo arena, piedras y ruinas.

En Cachemira hablan de la tribu perdida de Israel; algunos rabinos cultos quizá te expliquen que Israel es el nombre de aquellos que están buscando y que constituyen, no una nación, sino la naturaleza de un pueblo. En conexión con estas creencias, te enseñan en Srinagar la tumba del Santo Issa: Jesús. También se puede oir una historia elaborada de cómo el Salvador fue crucificado pero no murió y sus seguidores se llevaron el cuerpo del sepulcro y desaparecieron. Se dice que Issa se recuperó y pasó el resto de su vida en Cachemira predicando el mismo evangelio. Se dice que en esta tumba subterránea, se perciben diversas fragancias. En Kashgar, te enseñan la tumba de la Virgen María, donde la Santa Madre de Issa huyó tras la cruel persecución de su hijo. Por todas partes, se oyen historias diferentes de viajes y movimientos de gran significado. Avanzar con la caravana proporciona el mayor placer y la mayor educación. Desde Turfan también llega el agradable relato de cómo los jóvenes son enviados en largos viajes como si fueran peregrinajes, para adquirir el mejor conocimiento de otras tierras.


Cada entrada de una cueva sugiere que ya ha entrado alguien allí. Cada arroyo, en especial los subterráneos, atrae nuestra fantasía hacia los pasajes subterráneos. En muchas partes del Asia Central hablan de los agharti, el pueblo subterráneo. En numerosas y bellas leyendas resumen la misma historia de cómo los mejores abandonaron la tierra traicionera y buscaron la salvación en regiones ocultas, donde adquirieron nuevas fuerzas y conquistaron poderosas energías.

En los Montes Altai, en el magnífico valle elevado de Uimon, un venerable Viejo Creyente (starover) me dijo:

— "Te demostraré que el relato sobre los Chud. los habitantes subterráneos, no es una fantasía. Te conduciré hasta la entrada del reino subterráneo."

En el camino a través del valle rodeado de montañas nevadas, nuestro anfitrión nos contó muchos relatos sobre los Chud. Es notable que "Chud", en ruso, tenca el mismo origen que la palabra "maravilla". De modo que quizá podamos considerar a los Chud una tribu maravillosa. Mi guía barbado contó cómo "una vez, en este fértil valle, vivió y floreció la poderosa tribu Chud. Sabían cómo explorar el terreno en busca de minerales y cómo segar la mejor cosecha. Esta tribu era muy pacífica e industriosa. Pero entonces vino un Zar Blanco con hordas innumerables de guerreros crueles. Los pacíficos e industriosos Chud no pudieron resistir los ataques de los conquistadores y, no queriendo perder su libertad, permanecieron como siervos del Zar Blanco. Entonces, por primera vez, comenzó a crecer un abedul blanco en esta región. De acuerdo con las profecías, los Chud supieron que era el momento de su partida. Y los Chud, no queriendo permanecer sometidos al Zar Blanco, se marcharon bajo la tierra. Sólo a veces se puede oír cantar al pueblo sagrado; ahora sus campanas resuenan en los templos subterráneos. Pero llegará el glorioso momento de la purificación humana, y en esos días, los grandes Chud volverán a aparecer en toda su gloria."

De esta manera concluyó el Viejo Creyente. Nos aproximamos a una baja colina rocosa. Con orgullo me enseñó:

— "Aquí estamos. He aquí la entrada del gran reino subterráneo. Cuando los Chud entraron en el pasaje subterráneo, cerraron la entrada con piedras. Ahora nos encontramos junto a esta sagrada entrada."

Estábamos delante de una enorme tumba rodeada de piedras grandes, tan típicas del período de las grandes migraciones. Vimos estas tumbas, con los bellos restos de reliquias góticas, en las estepas de la Rusia meridional, a los pies de las colinas del Caúcaso septentrional. Al estudiar esta colina, recordé que durante nuestro cruce del paso del Karakorum, mi guía, que provenía de Ladak me había preguntado:

— «¿Sabe por qué hay una meseta tan peculiar aquí? ¿Sabe que en las cuevas subterráneas de aquí hay muchos tesoros ocultos y que en ellas vive una maravillosa tribu que aborrece los pecados de la tierra?»

Y nuevamente, cuando nos acercamos a Khotán, los cascos de nuestros caballos sonaban huecos, como si cabalgáramos sobre cuevas o vacíos. La gente de nuestra caravana atrajo nuestra atención hacia ello, diciendo:

— «¿0ís qué pasajes subterráneos estamos cruzando? A través de estos pasajes, aquellos que los conocen bien pueden llegar a tierras lejanas."

Cuando vimos entradas de cuevas, los hombres de nuestra caravana nos dijeron:



— «Hace mucho tiempo, había personas que vivían allí; ahora se han ido al interior. Han encontrado un pasaje subterráneo que conduce al reino subterráneo. Solo en raras oportunidades aparecen algunos de ellos otra vez sobre la tierra. Estas personas llegan a nuestro bazar con dinero extraño, muy antiguo, pero nadie sería capaz de recordar la época en que ese dinero se usó aquí.»

Les pregunté si también nosotros podríamos ver a estas personas. Y ellos respondieron:

— «Sí, si vuestros pensamientos son igual de elevados y están en contacto con este pueblo sagrado, pues en la tierra sólo hay pecadores y las personas puras y valerosas pasan a algo más bello.»

Grande es la creencia en el Reino del pueblo subterráneo. A lo largo de toda Asia, a través de los desiertos, desde el Pacífico hasta los Urales, se puede oír el mismo relato maravilloso del pueblo sagrado desaparecido. Y aún más allá de los Montes Urales, podrá oírse el eco del mismo relato. Muchas veces, se oye hablar sobre las tribus subterráneas. En ocasiones, se dice que un pueblo sagrado invisible vive detrás de una montaña. Unas veces, se expanden sobre la tierra gases venenosos o vitalizantes, para proteger a alguien. Otras, se oye cómo se mueven las arenas del gran desierto y revelan, por un instante, tesoros de las entradas de reinos subterráneos y que bellísimas princesas en una época ocuparon estos castillos naturales.

Desde la distancia se puede tomar estas aberturas por nidos de águilas, pero todo lo que pertenece al pueblo subterráneo está oculto. A veces, la Ciudad Sagrada está sumergida, como en el folklore de los Países Bajos y Suiza. Y existen folklores que coinciden con verdaderos descubrimientos en los lagos y a lo largo de las costas del mar. En Siberia, en Rusia, Lituania y Polonia, hay muchas leyendas y cuentos fantásticos de gigantes que vivieron en otras épocas en estos países pero que después, al no gustarles las nuevas costumbres, desaparecieron. En estas leyendas, se puede reconocer los orígenes específicos de los antiguos clanes. Los gigantes son hermanos. Con mucha frecuencia, las hermanas de los gigantes viven en las otras orillas de los lagos o del otro lado de las montañas. Muchas veces no les gusta moverse del sitio pero algún acontecimiento especial les obliga a irse de su morada patrimonial. Cerca de estos gigantes siempre hay aves y animales; como testigos, los siguen y anuncian su partida.

Entre las historias de las ciudades sumergidas, la de la ciudad de Kerjenetz, en la región de Nijni Novgorod, posee una soberbia belleza. Esta leyenda tiene tanta influencia sobre las personas que aun ahora, una vez al año, numerosos creyentes se reúnen en una sagrada procesión alrededor del lago, donde se sumergió la ciudad sagrada. Es conmovedor ver qué vitales son estas leyendas, vitales como las hogueras y antorchas de la procesión misma, que resuena con canciones sagradas acerca de la ciudad. Después, en completo silencio, alrededor de las hogueras, estas personas esperan y están atentas a las festivas campanas de las invisibles iglesias.

Esta procesión recuerda al festival sagrado en el Lago Manasarowar, en los Himalayas. La leyenda rusa de Kerjenetz es atribuida a los tiempos del yugo tártaro. Se cuenta que cuando las victoriosas hordas mongoles se acercaron, la antigua ciudad rusa de Kerjenetz fue incapaz de defenderse. En aquel momento, todo el pueblo sagrado de esta ciudad se dirigió al templo y oró por su salvación. Entonces, ante los mismísimos ojos de los les conquistadores, se hundió la ciudad solemnemente en el lago, que de allí en adelante fue considerado sagrado. Si bien la leyenda habla de la época del yugo taártaro, se puede percibir que las bases esenciales de esta son mucho más antiguas y se pueden distinguir las huellas de los efectos típicos de la migración. Esta leyenda no sólo dio origen a muchas variantes, sino que hasta inspiró a muchos compositores y artistas modernos. Todos podemos recordar la bellísima ópera de Rimsky-Korsakoff, La ciudad invisible de Kitesh.


Las interminables kurgans de las estepas meridionales conservan numerosas historias al respecto de la aparición del guerrero desconocido, proveniente nadie sabe de dónde. Los Montes Cárpatos, en Hungría, poseen muchas historias similares de tribus desconocidas, guerreros gigantes y ciudades misteriosas. Si, pacientemente, señalamos en nuestro mapa, sin prejuicio, todas las leyendas e historias de esta naturaleza, nos sorprenderemos. Cuando juntamos todos los cuentos fantásticos de tribus perdidas y subterráneas, ¿no tendremos ante nosotros un mapa entero de grandes migraciones? Un viejo misionero católico nos dice casualmente que el sitio de Lhasa a veces se llamó Ghota. En los Transhimalayas, a alturas de 4.500 ó 4.800 metros, encontramos varios grupos de menhires. De estos menhires, en el Tíbet, nadie sabe nada. Una vez, después de un día entero de viaje a través de las estériles colinas y rocas de los Transhimalayas, vimos, a distancia, algunas tiendas negras dispuestas para nuestro campamento. Al mismo tiempo, notamos, no lejos de la misma dirección, aquellas piedras alargadas que son tan significativas para todos los arqueólogos. Aun desde lejos, se podía distinguir el peculiar diseño de su disposición.

— "¿Qué clase de piedras son aquéllas, en las laderas?"

Preguntamos a nuestro guía tibetano.

— "Ah — contestó —, son Doring, piedras alargadas; éste es un antiguo lugar sagrado. Es muy útil poner grasa en las cabezas de las piedras. Entonces, las deidades de este sitio ayudan a los viajeros."

— "¿Quién puso estas piedras juntas?"

— "Nadie lo sabe. Pero desde épocas antiguas esta zona ha sido llamada Doring, piedras largas. Las personas dicen que gentes desconocidas pasaron por aquí hace mucho."

A través del relieve de los Transhimalayas, vimos con toda claridad las extensas hileras de piedras verticales. Estos pasillos terminaban con un círculo con tres piedras altas en el centro. La dirección de toda la figura era de oeste a este.

Después de acampar, nos dirigimos aprisa a este sitio. Y con toda la evidencia ante nosotros, nos dimos cuenta de que aquí había un típico menhir, como el que dio gloria al campo de piedras de Carnac. En las laderas circundantes no había objeto alguno. No muy lejos del menhir se hallaba la huella de un pequeño río, temporalmente seco. No se permitía hacer ninguna excavación gracias al estúpido prejuicio de los tibetanos que inventaron la historia de que Buda prohibió que tocaran la tierra. Pero no hacía falta ninguna excavación para reconocer la típica construcción druídica transportada con tanto cuidado desde las costas del océano... "Los más fuertes han pasado por aquí y han encontrado los sitios más apropiados."

Durante los siguientes cuatro días encontramos otros cuatro grupos de menhires. Algunos de ellos tenían los mismos pasillos de piedra, más bien largos; otros se componían sólo de varias piedras alargadas rodeadas de otras más pequeñas. Cuando nos aproximamos a los pasos altos antes del Brahmaputra, no vimos más de estas construcciones. En conexión con estos antiguos santuarios encontramos varias tumbas, un cuadrado formado por enormes piedras. Otra vez se revelaba una completa repetición de las de Altai y el Cáucaso. Ante mí, desde el mismo lugar, hay una fíbula característica: el águila bicéfala. Conocemos el mismo diseño por las tumbas del Cáucaso septentrional. Delante de mí hay espadas tibetanas, exactamente como las de las tumbas góticas. Las mujeres de la misma región usan el tocado como el de los pueblos eslavos, el llamado Kokoshnik.

A medida que viajamos a través de las cimas elevadas del Tibet con su frío y huracanes insoportables, a medida que distinguimos estos salvajes tibetanos en desechas pieles, que devoran carne cruda, nos sentimos profundamente sorprendidos cuando por el gorro de piel asoma lo que al parecer es el rostro de un español, un húngaro o un francés del sur. Es verdad, tienen las facciones distorsionadas, pero no tienen relación con el tipo mongol o chino. Sólo se pueden relacionar con los europeos. También podemos imaginar que el pueblo mejor y más valiente se ha marchado a alguna parte y ahora tenemos delante de nosotros sólo a algunos restos pobres y degenerados.

Al observar los crueles glaciares de los Transhimalayas, el terreno estéril, las rocas yermas, donde hasta los animales son escasos, donde hasta las águilas sólo se ven en contadas ocasiones, podemos comprender que los pueblos se hayan visto obligados a marcharse y que, desde las altas montañas, hayan alcanzado las expansiones de los futuros desiertos. Pero sus espíritus no quedaron satisfechos. Echaban de menos las montañas. Así fue cómo los Montes Altai les brindaron la ilusión temporal de una anhelada felicidad. Pero los glaciares de los Altai estaban demasiado cerca de ellos; sólo ahora están comenzando a retroceder, pues los científicos han estimado que la recesión de los glaciares ha sido de unos 7,5 metros durante los últimos treinta años. Una nueva y fértil zona de vivienda para los valerosos viajeros había de encontrarse en el Cáucaso septentrional y en la península de Crimea. Una vez más, las montañas les permitieron tener un espacio para respirar. Sin embargo, ya no deberían combatir contra los glaciares. El largo viaje fue recompensado. ¿Por qué, entonces, no intentar ir más lejos? Los Montes Cárpatos también eran tentadores; de modo que los peregrinos llegaron hasta las mismísimas orillas del océano. Y recordaron todos los signos sagrados de su extenso viaje. Por esta razón, apreciamos tanto los menhires y el Stonehenge de Bretaña y las Islas Británicas. No podemos hacer declaraciones de finalidad, cada finalidad es una conclusión y las conclusiones significan la muerte. En amplias decisiones, en amplias expectativas y búsqueda, nos alegra añadir más perlas al collar de la investigación.

Cuando me preguntaron:

— "¿Por qué te regocijas tanto con estos menhires?"

Yo respondí:

— "¿Porque mi mapa de cuentos fantásticos se vio comprobado. Cuando en Carnac sostienes en una mano el extremo de una cuerda encantada, ¿no es una alegría encontrar el otro extremo en los Transhimalayas?"

Puede que alguien sostenga que quizá los constructores de los menhires llegaron a los Transhimalayas de alguna parte y que los Transhimalayas, de esta manera, pueden haber sido su lugar de detención, pero no su morada original. Por lo tanto, cuantas menos conclusiones definidas formemos y cuanto menos esperemos, tanto mejor para el futuro.

— "¿Pero estás seguro de que las personas de quienes hablas son los llamados godos?"

— "Para mí no tiene importancia cómo se llamen, si fueron los antepasados de los godos o sus descendientes. ¿Acaso éstos fueron vínculos profundos con las tribus celtas o alanas o escitas? Alguna otra persona deberá hacer estos escrupulosos cálculos. Pero me regocijo ante el hecho de que en las cimas de los Transhimalayas he visto la personificación de Carnac. No insisto en las nomenclaturas, pues las nomenclaturas superficiales han cambiado con mucha frecuencia ante mis propios ojos, y muchas veces un así llamado hecho ha sido falsificado con toda facilidad por períodos de aproximadamente mil años. Nunca olvidaré mi sorpresa cuando, al excavar un kurgan que en ese momento se había definido como característico de un período no posterior al siglo X, encontré en las manos del esqueleto una moneda del siglo XIV. ¡Así son las fluctuaciones!

Los pueblos determinan estos problemas con mayor simplicidad: para ellos, todo lo que ha desaparecido, se ha marchado al interior de la tierra."

Cuando preguntamos a nuestro centenario abuelo sobre el carro cubierto de su juventud, con toda certeza muchas cosas de una manera fantástica. Pero siempre se revelarán algunas verdades. Cuando preguntamos a las personas sobre sus antepasados, todavía son capaces de contarnos cosas, quizá hasta nos canten canciones de una gran verdad.

Desde tiempos antiguos, las viejas leyendas tibetanas han atraído la atención hacia los menhires y dólmenes de origen desconocido. La memoria del pueblo tibetano recuerda a estos Grandes Viajeros de la siguiente manera:

"De la lejana India partieron dos príncipes y dirigieron sus pasos hacia el norte. En el camino, uno de los príncipes murió y su hermano honró su memoria erigiendo sobre él una resplandeciente morada de enormes piedras. Y él mismo continuó su largo camino hacia las tierras desconocidas."

¡Así es cómo se conocen los recuerdos de los pueblos!


Tangoo, 1928


Los Ojos de Shambhala

21 de julio de 2008

Nicolás Roerich -Enviado de Shambhala -Misión en Rusia

Nicolás Roerich -Enviado de Shambhala -Misión en Rusia
Shambhala, Oasis de Luz - Andrew Thomas -Capítulo XII

En las crónicas que venimos publicando, vislumbramos la existencia de unos seres sabios que apartados del mundo mantienen aún viva la tradición, perdida y buscada por los iniciados del mundo. Tal fue el caso de Nicolás Roerich, cuya misión fue difundir el mensaje de estos personajes misteriosos, que retirados en los confines del mundo le encargaron predicar.

Estas criaturas desconocidas y supuestos detentores del conocimiento abolido, no son solo entidades meramente espirituales, sino que también suelen jugar un rol político, interviniendo a veces en acontecimientos históricos claves, como a continuación comprobaremos.

Retomando Shambala: Oasis de Luz, en el capítulo 12: Intervenciones Históricas, encontramos estos conceptos vertidos por Andrew Tomas sobre los interrogantes planteados al comienzo.


“¿Han sido enviados otros agentes de esta misma Autoridad Mundial al siglo en que vivimos? La respuesta debe ser afirmativa En este terreno, surge ahora a la luz la obra de Nicolás Roerich” //”Pintor ruso de fama mundial que abandonó Rusia por Finlandia, poco antes de la Revolución, pasó largos años en Europa y América antes de retirarse al valle himaláyico de Kulu, donde murió en 1947.

Sus lienzos se exponen en las galerías de arte de Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia y otros países.

Como representante del Consejo de los Arhats (hombres sabios) Roerich estableció contacto con las superpotencias –la URSS y los Estados Unidos -, en 1926 y en 1935. Cronológicamente, su misión en Rusia se ha de situar en primer lugar. La expedición de Roerich al Asia Central partió de Cachemira (India) en el mes de agosto de 1925. En setiembre atravesó la cadena montañosa, extremadamente difícil, de Karakoram, a 5.575 metros de altitud, donde sus miembros sufrieron falta de oxígeno y trastornos visuales.


Más allá de estas fortificaciones se extendía el poderoso reino de Takla Makan. La expedición permaneció cuatro meses en Jotan, hasta finales de enero de 1926, en que partió hacia Urumtchi, en Mongolia, para alcanzar finalmente, el lago Zaisun, en la frontera chino-soviética en mayo de 1926.

Por mediación del cónsul soviético en Mongolia, Roerich obtuvo el visado para un viaje a la URSS, pese a su condición de emigrado. El 29 de mayo de 1926, Nicolás Roerich, su esposa Helena, y su hijo Jorge atravesaron la frontera rusa y llegaron a Moscú el 13 de Junio.

El comisario del pueblo para Asuntos Exteriores, G.V. Tchitcherine, y el comisario de Educación, A.V. Lunatcherine, expresaron el deseo de ver a Roerich, cuya celebridad artística no había sido olvidad en Rusia.

La República de los Soviets pasaba entonces por una fase crítica. Lennin había muerto hacía dos años, y la lucha entre el poder entre Trostki y Stalin hacía estragos. Cada uno tendía a una política diametralmente opuesta. “¡Extendamos al mundo el fuego de la revolución!”, gritaba Trostki. “Construyamos el socialismo en un país: Rusia”, insistía Stalin y éste último ganó.

En aquel momento de tensión Roerich llegaba a Moscú con una misión especial de los Mahatmas. El pintor ofreció su tela Maitreya el Conquistador –expuesta más adelante en el Museo de Arte Gorki –a los dos comisarios del pueblo Tchitcherine y Lunatcherine. Ofreció asimismo un cofre que contenía tierra del suelo tibetano, con esta inscripción: “Para la tumba de nuestro hermano, el Mahatma Lennin. La palabra Mahatma - como ya hemos dicho anteriormente- significa Alma Grande. Cuando los Arhats califican a una persona de “Alma Grande”, quieren acentuar su importancia respecto a la Historia futura. Este significado se puede apreciar hoy más fácilmente que en 1926, ya que el socialismo ha hecho desde entonces enormes progresos.

Roerich aportaba además a la recién constituida República de los Soviets, un mensaje de los Mahatmas del Himalaya, conservado hoy en los archivos del Estado de la URSS. La traducción de esta breve misiva tiene gran interés:

Desde el fondo del Himalaya sabemos lo que estáis haciendo.

Habéis abolido a la Iglesia, que se había convertido en el crisol de la mentira y la superstición. Habéis destruido a la Burguesía, que se había convertido en el agente de los prejuicios. Habéis aniquilado las Escuelas, que eran casi prisiones.

Habéis condenado la hipocresía de la Familia. Habéis liquidado al Ejército, que dominaba a los Esclavos. Habéis aplastado las arañas de la codicia.


Habéis cerrado las Casas de Tolerancia. Habéis liberado la Tierra del poderío del Dinero. Habéis reconocido la insignificancia de la Propiedad Privada. Habéis comprendido la Evolución Social. Habéis subrayado la importancia del Saber y os habéis inclinado ante la Belleza.

Habéis aportado a los niños todo el poder del Cosmos. Habéis abierto las ventanas de los Palacios.

Para concluir el mensaje:

Hemos evitado una revuelta en la India, por considerarla prematura. Pero, al mismo tiempo reconocemos la oportunidad de vuestro movimiento. Nuestros mejores deseos a vosotros que buscáis el Bien Común.

¿Habrá que sorprenderse de que los hombres más sabios del Planeta expresaran su simpatía por un sistema que, cerrando los burdeles, destruyendo a los especuladores, condenando al colonialismo, instituyendo la enseñanza obligatoria y aboliendo la propiedad privada, se mostraba como el citerium del Estado social?”.

Lo que los sabios acogían era la doctrina pura de Lennin, que como sabemos luego fue desvirtuada con el régimen de Stalin.


Nicolás Roerich